[:es]
La respuesta es clara: aportamos la firma que avala nuestra capacidad profesional.
Pero antes definamos un par de términos, arquitecto y arquitectura.
Primero nosotros, arquitecto, del latín architectus, que deriva a su vez del griego architekton, compuesta por archi, principal o jefe y tekton, obra. El arquitecto es pues el jefe o maestro de obras. Según la Real Academia es, sencillamente y en una frase, aquella
“persona que profesa o ejerce la arquitectura”.
Y segundo, la que está por encima de nosotros, arquitectura, del latín architectūra, definida como el
“arte de proyectar y construir edificios”.
Así, sin más, en dos fases consecutivas, proyectar y construir; lo que la convierte inmediatamente en un acto cuasi indivisible. Un arte, pues así lo dice, compuesto por dos partes con una finalidad, construir, pero que une a una fase previa, proyectar.
Louis Kahn, que tanto juego da en esto de hablar de arquitectura, decía en su ya famosa conferencia en el Politécnico de Milán de 1967, una de sus famosas sentencias:
“Ante todo debo decir que la arquitectura no existe, existe la obra de arquitectura”.
Hasta aquí la cosa parece clara, compliquémosla un poco.
En La estructura ausente1 Umberto Eco nos dice:
“El arquitecto se verá obligado continuamente a ser algo distinto para construir. Habrá de convertirse en sociólogo, político, psicólogo, antropólogo, semiótico… y la situación no cambiará si lo hace trabajando en equipo, es decir, haciendo trabajar con él a todos los profesionales anteriores.
Obligado a descubrir formas que constituyan sistemas de exigencia sobre los cuales no tiene poder; obligado a articular un lenguaje, la arquitectura, que siempre ha de decir algo distinto de sí mismo (lo que no sucede en la lengua verbal, que a nivel estético puede hablar de sus propias formas; ni en la pintura, que puede pintar sus propias leyes; y menos aún en la música, que solamente organiza relaciones sintácticas internas a su propio sistema), el arquitecto está condenado, por la misma naturaleza de su trabajo, a ser con toda seguridad la única y última figura humanística de la sociedad contemporánea; obligado a pensar la totalidad precisamente en la medida en que es un técnico sectorial, especializado, dedicado a operaciones específicas y no a hacer declaraciones metafísicas.”
Ya en los años setenta escribía Antonio Miranda la situación de la profesión en los siguientes términos:
“La realidad compleja y la cantidad de agentes que intervienen en el proceso de producción de la arquitectura, y sobre todo, la indiscriminada y masiva banalización de los códigos arquitectónicos para su incorporación a la economía de mercado, han obligado a la mayoría de arquitectos a prescindir de su endogámica capacidad creativa, para convertirse en piezas mecánicamente estereotipadas del engranaje productivo.”
Poco parece haber cambiado.
Desde ese punto de vista somos un agente necesario para la sociedad, ésta nos confía la ideación y construcción de las, otra vez en palabras de Kahn, instituciones del hombre que conforman el hábitat construido del hombre.
El panorama parece cuando menos de mutua dependencia, pero desgraciada o afortunadamente la ecuación no es tan sencilla y son muchos los condicionantes que se interponen en tan aparentemente clara relación. Una relación que es cada vez más distante y más difusa. Una relación difícil en la que creemos partir de una posición de ventaja desde nuestra exclusiva atribución. Quizás por ello se nos ha llegado a ver como un mal necesario a menudo incómodo.
Esta sensación heredada de momentos pasados de la profesión hoy no es real; la sociedad demanda hoy otro tipo de relación más participativa y las iniciativas colectivas surgen mostrándonos otra manera de ejercer y entender la profesión. Todo ello quizás debido a las circunstancias socio-económicas actuales, o a una evolución de la profesión que ha agotado el modelo actual de trabajo y nuestra relación con él.
El aparente e inevitable ensimismamiento que nuestra profesión parece que propicia, debido a la especial naturaleza de su arte, de su praxis, o a un modelo determinado de docencia que los planes de estudio de nuestras escuelas continúan aplicando sin evolución, y a los que la reciente implantación del plan Bolonia no creo que mejore, y ojalá me equivoque por la parte que me toca2; ha hecho que tardemos en reconocer que ciertas relaciones han cambiado y que se demandan otros modelos de actuación. Nuevos modos de relación con una sociedad que avanza rápida cada vez más concienciada socialmente y mejor educada en nuevas necesidades y de la que surgen, o resurgen, nuevos y distintos modelos de relaciones sociales y urbanas.
Las cada vez más inevitables e indispensables redes sociales, con sus relaciones virtuales, no han hecho sino aflorar y acrecentar esas relaciones que, de vuelta a la calle, a la realidad, han cristalizado todos esos anhelos en nuevas acciones.
Los sistemas complejos, y la sociedad lo es, evolucionan por medio de sus propias crisis, está en su propia naturaleza; se necesitan revulsivos y hartazgos, o empachos como el que hemos pasado, para ayudar a ver las cosas de otra manera. Como decía Lampedusa por boca del Gatopardo,
“si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.
Las activas y cada vez más generalizadas acciones colectivas no se derivan sólo de la falta de encargos, sino que son consecuencia de una nueva sensibilidad social hacia los temas urbanos, de nuevos usos de la ciudad y sus espacios, y de inquietudes sobre el estado de nuestra profesión. Y quiero pensar que esto no es debido exclusivamente al enrarecimiento de los encargos sino que es fruto de una nueva inquietud acerca de un modelo de profesión que necesita y quiere repensarse.
Por otro lado las iniciativas de carácter urbano, con la rehabilitación de usos y espacios, surgen como si nos hubiéramos dado cuenta ahora de que la ciudad es realmente nuestra; en la que han de insertarse nuevos espacios y repensar los existentes para que acojan todas estas iniciativas. Bienvenidas sean todas aquellas que ayuden a rehabilitar y regenerar tanto mentes como espacios.
Hemos sido actores y espectadores a partes iguales de una creciente vulgarización y un inexorable empobrecimiento de nuestro trabajo. Hemos participado, por acción o por omisión, en la degradación de nuestras condiciones de trabajo y por extensión de los resultados del mismo. Hemos admitido premisas inasumibles, condiciones, plazos, honorarios, etc. por parte de los agentes encargantes, públicos o privados, con los que difícilmente se puede realizar lo que todos entendemos que debe ser un buen trabajo de arquitectura. Esto ha pasado y hemos entradoa la fuerza en un juego en el que todo se ha banalizado, relativizado y degradado.
Esa banalización es la que no instruye a una sociedad, y la que la hace confundir arquitectura, el trabajo de arquitectura del que Kahn nos hablaba, con otros fines. Al final todo se simplifica y se confunde.
Reclamamos por todo ello una autocrítica del estado de la profesión.
El desconcierto y la desazón de las circunstancias actuales quizás nos brinden un buen momento para reestructurarnos como colectivo. Quizás no vendría mal un poco de corporativismo saludable que nos una y nos dote de una voz más coherente y conjunta, que aprenda a transmitir y conectar.
Tenemos en estos momentos una de las generaciones de arquitectos mejor preparados, más capacitados y con más medios que nunca. Nuestra arquitectura es ejemplo y nuestros arquitectos solicitados. Es un capital que no se puede desperdiciar, desaprovechar o degradar.
De todas las crisis se sale y se suele salir reforzado, mientras tanto preparemos el camino.
Alguien dijo que es en los comienzos cuando las cosas deben quedar bien establecidas. Conviene recordar los inicios de determinadas situaciones para ver más clara su trayectoria, con sus errores y aciertos, y ver su final o las soluciones para su arreglo.
Al igual que Kahn recordaba:
“Me encantan los comienzos. Me maravillan los comienzos. Creo que es el comienzo lo que confirma la continuación. Siento veneración por el aprendizaje porque es una inspiración fundamental; no es sólo algo que tiene que ver con la obligación, sino que nace dentro de nosotros. La voluntad de aprender, el deseo de aprender, es una de las más importantes inspiraciones”.
El trabajo de arquitectura es un hecho compacto que fusiona proyecto y obra. El proyecto es una fase fundamental que no se inicia con el encargo, con el programa o con el lugar; es una fase previa a todo que lleva implícita tanto una actitud como unos conocimientos. Empieza el día en que empezamos a mirar las cosas de otra manera.
Un proyecto es un proceso y eso es en lo que estamos. Un proceso constante de regeneración. Un proceso tan completo como complejo. Hay tantas arquitecturas como arquitectos y definir una única arquitectura es una tarea fútil y estéril. Hablar de arquitectura es adentrarse en un quehacer, en una profesión que es tanto un modo de ver las cosas como un modo de hacer las cosas. Hace falta una ética del trabajo.
Un proyecto de arquitectura es, inevitablemente, un proceso personal, diríamos que íntimo, en el que se dan cita todas aquellas cosas que con el tiempo se van adquiriendo. Toda creación es un acto de intimidad, es un acto solitario, individual, cualquier acto de creación, cualquier acto de comprensión lo es. Todo sentimiento es individual.
Se trata de la búsqueda de una nueva aproximación a la arquitectura, y por extensión de la profesión, en respuesta a las dificultades, la degradación y la manipulación de la escena arquitectónica actual. Se trata de operar a nivel emocional frente a arquitecturas que operan en el campo meramente material, o directamente vacías de contenido; arquitecturas que no dicen nada frente a aquellas en las que la emoción de su creación expone su realidad. La emoción de la arquitectura.
Jorge Meijide . Arquitecto
Coruña. Noviembre 2017
Notas:
1 La estructura ausente. Introducción a la semiótica, Umberto Eco, 1968.
2 Cinco años han pasado desde que esto se escribió y a día de hoy he de constatar que, tristemente, las cosas en este campo no han mejorado ni tienen visos de mejorar.
Texto para las Jornadas del Laboratorio de Ideas celebradas en la sede del Colegio de Arquitectos de Vigo en junio de 2012, revisado en noviembre de 2017.
[:gl]
A resposta é clara: achegamos a firma que avala a nosa capacidade profesional.
Pero antes definamos un par de termos, arquitecto e arquitectura.
Primeiro nós, arquitecto, do latín architectus, que deriva á súa vez do grego architekton, composta por archi, principal ou xefe e tekton, obra. O arquitecto é pois o xefe ou mestre de obras. Segundo a Real Academia é, sinxelamente e nunha frase, aquela
“persoa que profesa ou exerce a arquitectura”.
E segundo, a que está por encima de nós, arquitectura, do latín architectūra, definida como o
“arte de proxectar e construír edificios”.
Así, sen máis, en dúas fases consecutivas, proxectar e construír; o que a converte inmediatamente nun acto case indivisible. Unha arte, pois así o di, composto por dous partes cunha finalidade, construír, pero que une a unha fase previa, proxectar.
Louis Kahn, que tanto xogo dá nisto de falar de arquitectura, dicía na súa xa famosa conferencia no Politécnico de Milán de 1967, unha das súas famosas sentenzas:
“Ante todo debo dicir que a arquitectura non existe, existe a obra de arquitectura”.
Ata aquí a cousa parece clara, compliquémola un pouco.
En A estrutura ausente1 Umberto Eco dinos:
“O arquitecto verase obrigado continuamente a ser algo distinto para construír. Haberá de converterse en sociólogo, político, psicólogo, antropólogo, semiótico… e a situación non cambiará se o fai traballando en equipo, é dicir, facendo traballar con el a todos os profesionais anteriores.
Obrigado a descubrir formas que constitúan sistemas de esixencia sobre os cales non ten poder; obrigado a articular unha linguaxe, a arquitectura, que sempre ha de dicir algo distinto de si mesmo (o que non sucede na lingua verbal, que a nivel estético pode falar das súas propias formas; nin na pintura, que pode pintar as súas propias leis; e menos aínda na música, que soamente organiza relacións sintácticas internas ao seu propio sistema), o arquitecto está condenado, pola mesma natureza do seu traballo, a ser con toda seguridade a única e última figura humanística da sociedade contemporánea; obrigado a pensar a totalidade precisamente na medida en que é un técnico sectorial, especializado, dedicado a operacións específicas e non a facer declaracións metafísicas.”
Xa nos anos setenta escribía Antonio Miranda a situación da profesión nos seguintes termos:
“A realidade complexa e a cantidade de axentes que interveñen no proceso de produción da arquitectura, e sobre todo, a indiscriminada e masiva banalización dos códigos arquitectónicos para a súa incorporación á economía de mercado, obrigaron á maioría de arquitectos a prescindir do seu endogámica capacidade creativa, para converterse en pezas mecanicamente estereotipadas da engrenaxe produtiva.”
Pouco parece cambiar.
Desde ese punto de vista somos un axente necesario para a sociedade, esta confíanos a ideación e construción das, outra vez en palabras de Kahn, institucións do home que conforman o hábitat construído do home.
O panorama parece cando menos de mutua dependencia, pero desgraciada ou afortunadamente a ecuación non é tan sinxela e son moitos os condicionantes que se interpoñen en tan aparentemente clara relación. Unha relación que é cada vez máis distante e máis difusa. Unha relación difícil na que cremos partir dunha posición de vantaxe desde a nosa exclusiva atribución. Quizais por iso chegóullenos a ver como un mal necesario a miúdo incómodo.
Esta sensación herdada de momentos pasados da profesión hoxe non é real; a sociedade demanda hoxe outro tipo de relación máis participativa e as iniciativas colectivas xorden mostrándonos outra maneira de exercer e entender a profesión. Todo iso quizais debido ás circunstancias socio-económicas actuais, ou a unha evolución da profesión que esgotou o modelo actual de traballo e a nosa relación con el.
O aparente e inevitable ensimismamiento que a nosa profesión parece que propicia, debido á especial natureza da súa arte, da súa praxe, ou a un modelo determinado de docencia que os plans de estudo das nosas escolas continúan aplicando sen evolución, e aos que a recente implantación do plan Bolonia non creo que mellore, e oxalá me equivoque pola parte que me toca2; fixo que tardemos en recoñecer que certas relacións cambiaron e que se demandan outros modelos de actuación. Novos modos de relación cunha sociedade que avanza rápida cada vez máis concienciada socialmente e mellor educada en novas necesidades e da que xorden, ou rexorden, novos e distintos modelos de relacións sociais e urbanas.
As cada vez máis inevitables e indispensables redes sociais, coas súas relacións virtuais, non fixeron senón aflorar e acrecentar esas relacións que, de volta á rúa, á realidade, cristalizaron todos eses anhelos en novas accións.
Os sistemas complexos, e a sociedade éo, evolucionan por medio das súas propias crises, está na súa propia natureza; necesítanse revulsivos e hartazgos, ou empachos como o que pasamos, para axudar a ver as cousas doutra maneira. Como dicía Lampedusa por boca do Gatopardo,
“se queremos que todo siga como está, é necesario que todo cambie”.
As activas e cada vez máis xeneralizadas accións colectivas non se derivan só da falta de encargos, senón que son consecuencia dunha nova sensibilidade social cara aos temas urbanos, de novos usos da cidade e os seus espazos, e de inquietudes sobre o estado da nosa profesión. E quero pensar que isto non é debido exclusivamente ao enrarecimiento dos encargos senón que é froito dunha nova inquietude acerca dun modelo de profesión que necesita e quere repensarse.
Doutra banda as iniciativas de carácter urbano, coa rehabilitación de usos e espazos, xorden coma se désemonos/désemosnos conta agora de que a cidade é realmente nosa; na que han de inserirse novos espazos e repensar os existentes para que acollan todas estas iniciativas. Benvidas sexan todas aquelas que axuden a rehabilitar e rexenerar tanto mentes como espazos.
Fomos actores e espectadores a partes iguais dunha crecente vulgarización e un inexorable empobrecimiento do noso traballo. Participamos, por acción ou por omisión, na degradación das nosas condicións de traballo e por extensión dos resultados do mesmo. Admitimos premisas inasumibles, condicións, prazos, honorarios, etc. por parte dos axentes encargantes, públicos ou privados, cos que dificilmente se pode realizar o que todos entendemos que debe ser un bo traballo de arquitectura. Isto pasou e habemos entradoa a forza nun xogo no que todo se ha banalizado, relativizado e degradado.
Esa banalización é a que non instrúe a unha sociedade, e a que a fai confundir arquitectura, o traballo de arquitectura do que Kahn falábanos, con outros fins. Ao final todo se simplifica e confúndese.
Reclamamos por todo iso unha autocrítica do estado da profesión.
O desconcerto e a desazón das circunstancias actuais quizais nos brinden un bo momento para reestruturarnos como colectivo. Quizais non viría mal un pouco de corporativismo saudable que nos una e dótenos dunha voz máis coherente e conxunta, que aprenda a transmitir e conectar.
Temos nestes momentos una das xeracións de arquitectos mellor preparados, máis capacitados e con máis medios que nunca. A nosa arquitectura é exemplo e os nosos arquitectos solicitados. É un capital que non se pode desperdiciar, desaproveitar ou degradar.
De todas as crises sáese e adóitase saír reforzado, mentres tanto preparemos o camiño.
Alguén dixo que é nos comezos cando as cousas deben quedar ben establecidas. Convén lembrar os inicios de determinadas situacións para ver máis clara a súa traxectoria, cos seus erros e acertos, e ver o seu final ou as solucións para o seu arranxo.
Do mesmo xeito que Kahn lembraba:
“Encántanme os comezos. Marabíllanme os comezos. Creo que é o comezo o que confirma a continuación. Sinto veneración pola aprendizaxe porque é unha inspiración fundamental; non é só algo que ten que ver coa obrigación, senón que nace dentro de nós. A vontade de aprender, o desexo de aprender, é unha das máis importantes inspiracións”.
O traballo de arquitectura é un feito compacto que fusiona proxecto e obra. O proxecto é unha fase fundamental que non se inicia co encargo, co programa ou co lugar; é unha fase previa a todo que leva implícita tanto unha actitude como uns coñecementos. Empeza o día en que empezamos a mirar as cousas doutra maneira.
Un proxecto é un proceso e iso é no que estamos. Un proceso constante de rexeneración. Un proceso tan completo como complexo. Hai tantas arquitecturas como arquitectos e definir unha única arquitectura é unha tarefa fútil e estéril. Falar de arquitectura é penetrarse nun quefacer, nunha profesión que é tanto un modo de ver as cousas como un modo de facer as cousas. Fai falta unha ética do traballo.
Un proxecto de arquitectura é, inevitablemente, un proceso persoal, diriamos que íntimo, no que se dan cita todas aquelas cousas que co tempo vanse adquirindo. Toda creación é un acto de intimidade, é un acto solitario, individual, calquera acto de creación, calquera acto de comprensión éo. Todo sentimento é individual.
Trátase da procura dunha nova aproximación á arquitectura, e por extensión da profesión, en resposta ás dificultades, a degradación e a manipulación da escena arquitectónica actual. Trátase de operar a nivel emocional fronte a arquitecturas que operan no campo meramente material, ou directamente baleiras de contido; arquitecturas que non din nada fronte a aquelas nas que a emoción da súa creación expón a súa realidade. A emoción da arquitectura.
Jorge Meijide . Arquitecto
Coruña. Novembro 2017
Notas:
1 A estructura ausente. Introducción a semiótica, Umberto Eco, 1968.
2 Cinco anos pasaron desde que isto escribiuse e a día de hoxe hei de constatar que, tristemente, as cousas neste campo non melloraron nin teñen visos de mellorar.
Texto para as Xornadas do Laboratorio de Ideas celebradas na sede do Colexio de Arquitectos de Vigo en xuño de 2012, revisado en novembro de 2017.
[:en]
The response is clear: we contribute the signature that supports our professional capacity.
But before let’s define a couple of terms, architect and architecture.
First we, architect, of the Latin architectus, that derives in turn from the Greek architekton, composed for archi, principally or chief and tekton, works. The architect is so the chief or master builder. According to the Royal Academy it is, simply and in a phrase, that one
“Person who practises or exercises the architecture”.
And I do again, which is over us, architecture, of the Latin aarchitectūra, defined as the
“art of planning and constructing buildings”.
This way, ado, in two consecutive phases, to plan and to construct; what turns her immediately into an act cuasi indivisible. An art, since this way he says it, composed on two parts with a purpose, to construct, but that joins to a previous phase, to project.
Louis Kahn, that so much I play gives in this of speaking about architecture, he was saying in his already famous conference in the Technical one of Milan of 1967, one of his famous judgments:
“First of all I must say that the architecture does not exist, the work of architecture exists”.
Hitherto the thing seems to be clear, let’s complicate it a bit.
In The absent structure1 Umberto Eco says to us:
“The architect will meet obliged constant to be something different to construct. It will will to turn into sociologist, politician, psychologist, anthropologist, semiótico … and the situation will not change if it does it being employed at equipment, that is to say, making work with him to all the previous professionals.
Bound to discover forms that constitute systems of exigency on which it does not have to be able; bound to articulate a language, the architecture, which always has to say something different of yes same (what does not happen in the verbal language, that to aesthetic level it can speak about his own forms; not in the painting, which can paint his own laws; and less still in the music, which only organizes syntactic internal relations to his own system), it is condemned, for the same nature of his work, to be the architect with complete certainty the only and last humanistic figure of the contemporary company; bound to think the totality precisely about the measure about that is a sectorial, specialized technician dedicated to specific operations and not to doing metaphysical declarations.”
Already in the seventies Antonio Miranda was writing the situation of the profession in the following terms:
“The complex reality and the agents’ quantity that intervene in the process of production of the architecture, and especially, the indiscriminate and massive banalización of the architectural codes for his incorporation to the market economy, have forced the majority of architects to do without his endogámica creative capacity, to turn into pieces mechanically stereotyped of the productive gear.”
Little seems to have changed.
From this point of view we are an agent necessary for the company, this one entrusts to us the ideación and construction of them, again in Kahn‘s words, institutions of the man that shape the habitat constructed of the man.
The panorama seems when less mutual dependence, but wretch or lucky the equation is not so simple and there are great the determining ones that intervene in so seemingly clear relation. A relation that is increasingly distant and more diffuse. A difficult relation in which we are thinking about departing from a position of advantage from our exclusive attribution. Probably for it it us has managed to see as a necessary evil often inconviniently.
This sensation inherited from moments spent from the profession today is not royal; the company demands today another type of more participative relation and the collective initiatives arise showing us another way of practising and understanding the profession. All this probably due to the socio-economic current circumstances, or to an evolution of the profession that there has exhausted the current model of work and our relation with him.
The apparent and inevitable absorption that our profession seems that it propitiates, due to the special nature of his art, of his practice, or a certain model of teaching that the plans of study of our schools continue applying without evolution, and to that the recent implantation of the plan Bologna I do not believe that it improves, and ojalá be wrong on the part that I touch2; it has done that we are late in admitting that certain relations have changed and that other models of action are demanded. New manners of relation with a company that advances rapid increasingly aroused socially and better educated in new needs and from which they arise, or they re-arise, new and different models of social and urban relations.
Increasingly inevitable and indispensable social networks, with his virtual relations, have not made but show and increase these relations that, of return to the street, to the reality, have crystallized all these longings in new actions.
The complex systems, and the company it is, they evolve by means of his own crises, it is in his own nature; revulsives and fills are needed, or embarrassments like that we have happened, to help to see the things otherwise. As Lampedusa was saying for mouth of the Gatopardo,
“If we want that everything continues since it is, it is necessary that everything changes”.
You activate and increasingly widespread collective actions do not stem only from the lack of orders, but they are a consequence of a new social sensibility towards the urban topics, of new uses of the city and his spaces, and of worries on the condition of our profession. And I want to think that this is not owed exclusively to the rarity of the orders but it is a fruit of a new worry it brings over of a model of profession who needs and wants to be rethought.
On the other hand the initiatives of urban character, with the rehabilitation of uses and spaces, arise as if we had realized now that the city is really ours; in that new spaces have to be inserted and to rethink the existing ones in order that they receive all these initiatives. Welcomes are all those that help to rehabilitate and regenerate both minds and spaces.
We have been actors and spectators to equal parts of an increasing vulgarization and an inexorable impoverishment of our work. We have taken part, for action or for omission, in the degradation of our conditions of work and for extension of the results of the same one. We have admitted premises inasumibles, conditions, period, fees, etc. On the part of the agents encargantes, public or private, with that difficultly it is possible to realize what we all understand that it is necessary to to be a good work of architecture. This has happened and is entradoa the force in a game in which everything has trivialized, relativized and degraded.
This banalización is the one that does not instruct to a company, and the one that makes it confuse architecture, the work of architecture about which Kahn was speaking to us, with other ends. Ultimately everything is simplified and gets confused.
We claim for all this a self-criticism of the condition of the profession.
The confusion and the unease of the current circumstances probably offer to us a good moment to restructure ourselves as group. Probably there would not come badly a bit of corporativismo healthy that us one and it us provides with a more coherent and joint voice, which it learns to transmit and connect.
We have in these moments one of the generations of better prepared, more qualified architects and with more means that never. Our architecture is example and our requested architects. It is the capital that it is not possible to waste, fail to take advantage or degrade.
Of all the crises it leaves and one is in the habit of working out reinforced, meanwhile let’s prepare the way.
Someone said that it is in the beginning when the things must remain established well. It suits to remember the beginnings of certain situations to see his path clearer, with his mistakes and successes, and see his end or the solutions for his arrangement.
As Kahn Kahn remembered
“I am charmed with the beginning. The beginning astonish me. I think that it is the beginning what confirms the continuation. I sit worship for the learning because it is a fundamental inspiration; it is not only anything that it has to see with the obligation, but it is born inside us. The will to learn, the desire to learn, is one of the most important inspirations”.
The work of architecture is a compact fact that fuses project and work. The project is a fundamental phase that does not begin with the order, with the program or with the place; it is a phase before everything that implicit ride both an attitude and a few knowledge. It begins the day in which we start looking at the things otherwise.
A project is a process and it is in what we are. A constant process of regeneration. A process so complete as complex. There are so many architectures as architects and to define the only architecture are a futile and sterile task. To speak about architecture is to enter an occupation, in a profession that is so much a way of seeing the things as a way of doing the things. It is necessary to have an ethics of the work.
A project of architecture is, inevitably, a personal process, we would say that intimate, in that they give themselves appointment all those things that with the time are acquired. Any creation is an act of intimacy, is a solitary, individual act, any act of creation, any act of comprehension it is. Any feeling is individual.
It is a question of the search of a new approximation to the architecture, and for extension of the profession, in response to the difficulties, the degradation and the manipulation of the architectural current scene. It is a question of operating to emotional level opposite to architectures that operate in the merely material field, or directly empty of content; architectures that do not say anything opposite to those in which the emotion of his creation exposes his reality. The emotion of the architecture.
Jorge Meijide . Architect
Coruña. November 2017
Notes:
1 La estructura ausente. Introducción a la semiótica, Umberto Eco, 1968.
2 Five years have happened since this was written and a today I have to state that, sadly, the things in this field neither have improved they do not even have appearances of improving.
Text for the Days of the Laboratory of Ideas celebrated in the headquarters of the Architects’ College of Vigo in June, 2012, checked in November, 2017.
[:]




