[:es]
Architecture comes from The Making of a Room, Louis I. Kahn, 1971.
Todo tiene un comienzo
La arquitectura comporta el habitar y el habitar comporta, inexcusablemente, al habitante. Sin éste podemos hablar de escultura, de ciertas instalaciones artísticas o de juegos formales, todos ellos de indiscutible valor propositivo, pero difícilmente podemos hablar de arquitectura en su más amplia y extensa expresión. Este habitar conlleva un uso básico, el uso del espacio, el uso de un espacio. Un uso asociado a menudo una o varias funciones específicas o a otro más indeterminado o cambiante; usos al fin y al cabo.
Desde la inicial cabaña primitiva hasta la tumba, pasando por el templo, la casa, la fábrica o el museo, las distintas funciones o usos que la arquitectura ha recorrido en su historia la han enriquecido y completado y especializado. Como los picos de los pinzones de Darwin, el tiempo, la experiencia y la experimentación, evolución a fin de cuentas, han decantado algunas, muchas, soluciones arquitectónicas, otras en cambio son carne de cañón de una continua e imparable evolución que a veces se torna en re-volución. La vivienda es una de ellas.
Tan cambiante como conservadora, la vivienda ha sufrido múltiples cambios a lo largo de su historia, algunos muy necesarios debidos a las nuevas condiciones sociales y económicas, como los impulsados por la revolución industrial, y otros debidos al estancamiento heredado y a las nuevas vanguardias del siglo XX, como los surgidos al amparo del Movimiento Moderno, tantas veces resucitado como enterrado. La vivienda es el paradigma del habitar.
Se habita el espacio, el espacio ocupado y por reducción a su “partícula elemental”, se habitan las estancias, las habitaciones. Decía Kahn, como me gusta recordar, que la arquitectura comienza con la habitación, o más bien haciendo -construyendo- una habitación. La habitación debe estar pues definida, construida. Debe ser espacio contenido y, como en el conocido dibujo de Kahn, con habitantes usándola, habitándola. En su boceto de 1971 aparecen dibujadas dos personas sentadas, hablando frente a frente al lado de una gran ventana –la luz– con un hogar encendido –el fuego– bajo una cúpula nervada –la estructura-. Tenemos pues en la habitación la luz, que define el espacio y ayuda a percibirlo, Kahn decía que
“una habitación sin luz natural no es una habitación”
y luz a través de una ventana, una gran ventana, un hueco que establece tanto la diferencia como la relación entre interior y exterior, separando más que uniendo uno del otro. Tenemos también el fuego, que ofrece la comodidad de la habitabilidad, elemento primitivo en torno al que reunirse y que nos retrotrae a la imagen de una cabaña primigenia construida para cobijar una comunidad y proteger el necesario y preciado fuego. Y por último contamos con una estructura, que construye el espacio material y lo contiene en su interior, y que mejor para ello que el espacio contenido bajo una cúpula, epítome del espacio central.
Kahn elige con cuidado sus imágenes y sus palabras, todos los elementos básicos de la arquitectura quedan representados en el dibujo. Sobre él escribe a modo de título la lapidaria y conocida frase:
“Architecture comes from The Making of a Room”,
dejando claro su ideario, basta con recorrer su arquitectura para confirmarlo. Pero Kahn también escribe otras cosas en el mismo, bajo el dibujo, y separando intencionadamente la palabra habitación de la siguiente línea, escribe:
“The Room is The Place of the mind”,
la habitación es el lugar de la mente. Si arriba Kahn nos inicia el origen de la arquitectura en la habitación, abajo nos relaciona ésta con el hombre. La mente del habitante tiene también su alojamiento en la estancia. La habitación requiere, necesita, la vida del habitante, pero también necesita de la percepción de éste hacia ella. La estancia se convierte así también en una construcción para la mente, siendo ésta la que no sólo la habita sino también la que la significa. La relación bidireccional enriquece a ambos.
Dos siglos antes, a mediados del XVIII, en 1752 -el mismo año en el que Benjamin Franklin realiza su famoso experimento con la cometa y la llave descubriendo la naturaleza de la electricidad en los rayos y abriendo así un incipiente camino hacia la luz artificial; no en vano estamos en El Siglo de las Luces que, a la luz clarificadora de la razón, iluminará las oscuridades en las que la humanidad habría caído en los siglos anteriores- Marc-Antoine Laugier, el abate Laugier, publica su conocido
“Essai sur l’architecture”.
En el ensayo el jesuita -más tarde benedictino- establece el origen de la arquitectura en una bucólica, pastoral e idílica cabaña primitiva -el grabado no parece hasta 1775 en la segunda edición- surgida en base a la razón. El texto se convierte enseguida en la teoría arquitectónica de la Ilustración en el que, a diferencia de Vitruvio, y otros tratadistas clásicos, se establece una relación con los principios naturales en vez de la imitación de modelos.
En la cabaña primitiva de Laugier estructura y construcción se funden, se con-funden en medio de un sistema racional de pilares, vigas y cubierta, correspondientes a columnas, entablamento y frontón -estructura clásica donde las halla- todo pasado por el tamiz del dibujo naturalista en el que los elementos constructivos son troncos y ramas de árbol. El resto, muros, puertas o ventanas, necesarios para la habitabilidad, quedan descartados del modelo original por innecesarios. Son innecesarios porque lo son en la arquitectura del templo. La cabaña así mostrada, limpia de accesorios muestra la verdad pura de la arquitectura. El templo.
La arquitectura original, definida así por su cabaña primitiva es, ni más ni menos, que la casa, la morada, la habitación de un dios.
¿Cuál si no puede ser el origen de la arquitectura?
Según el abate, cual más noble y más lógico para los antiguos primitivos que la casa de un dios. El hombre, la humanidad entera, ahora iluminada por el pensamiento lógico-racional, encuentra el origen de su morada en la deshabitada, o despojada, desalojada, estancia de un dios. El hombre ya no precisa de los dioses, ocupa el lugar de éstos y lo habita. Del templo a la casa.
Kahn y Laugier se unen en el ideal del concepto de morada. La casa de la mente y la casa de un dios. Pero ambos saben también que es la casa del hombre y que en ellas se ha de vivir ya que la arquitectura comporta el habitar, y el habitar comporta, inexcusablemente, al habitante, y porque sin éste no existe aquella.
jorge meijide . arquitecto
a coruña. mayo de 2013
[:en]
Architecture comes from The Making of a Room, Louis I. Kahn, 1971.
Everything it has a beginning
The architecture endures to live and to live endures, inexcusably, the inhabitant. Without this one we can speak about sculpture, about certain artistic facilities or about formal games, all of them of indisputable value propositivo, but difficultly we can speak about architecture in his more wide and extensive expression. This one to live carries a basic use, the use of the space, the use of a space. An associate use often one or several specific functions or to more indeterminate or changeable other one; uses in the end.
From the initial primitive cabin up to the tomb, happening for the temple, the house, the factory or the museum, the different functions or uses that the architecture has crossed in his history her have enriched and completed and specialized. As the beaks of Darwin’s pumphandles, the time, the experience and the experimentation, evolution ultimately, some of them have praised, many, architectural solutions, others on the other hand are a cannon fodder of a continuous and unstoppable evolution that sometimes returns in revolution. The housing is one of them.
So changeable as conservative, the housing has suffered multiple changes along his history, very necessary some owed to the new social and economic conditions, since stimulated by the industrial revolution, and others owed to the inherited stagnation and to the new forefronts of the 20th century, as the arisen ones under the protection of the Modern Movement, so often revived like buried. The housing is the paradigm of to live.
The space, the busy space is lived and for reduction to his “elementary particle”, the stays, the rooms are lived. Kahn was saying, since I like to remember, that the architecture begins with the room, or rather doing – constructing – a room. The room must be so definite, constructed. It is necessary to to be a space contained and, since in the acquaintance I draw of Kahn, with inhabitants using her, living it. In his sketch of 1971 drawn two seated persons appear, speaking opposite to opposite to the side of a great window – the light – with a flushed home – the fire – under a dome nervada – the structure-. We have so in the room the light, which defines the space and help to perceiving it-Kahn he was saying that “a room without natural light is not a room” – and light across a window, a great window, a hollow that establishes both the difference and the relation between interior and exterior, separating more that joining one of other one. We have also the fire, which offers the comfort of the habitability, primitive element concerning which to meet and that carries us back to the image of an original cabin constructed to shelter a community and to protect the necessary and valued fire. And finally we rely on a structure, that he constructs the material space and contains it in his interior, and that better for it that the space contained under a dome, epitome of the central space.
Kahn chooses carefully his images and his words, all the basic elements of the architecture remain represented in the drawing. On him he writes like title the lapidary and known phrase: “Architecture comes from The Making of a Room”, clarifying his ideology, it is enough to cross his architecture to confirm it. Pero Kahn also writes other things in same, under the drawing, and separating meaningfully the word room of the following line, he writes: “The Room is The Place of the mind”, the room is the place of the mind. If above Kahn us initiates the origin of the architecture in the room, below this one relates us to the man. The mind of the inhabitant has also his housing in the stay. The room needs, needs, the life of the inhabitant, but also he needs from the perception from this one towards her. The stay turns this way also into a construction for the mind, being this one the one that not only lives but also the one that means it. The bidirectional relation enriches both.
Two centuries before, in the middle of the XVIIIth, in 1752 – the same year in which Benjamin Franklin realizes his famous experiment with her comet and the key discovering the nature of the electricity in the beams and opening this way an incipient way towards the artificial light; not uselessly we are in The Century of the Lights that, to the light clarificadora of the reason, it will illuminate the darknesses in which the humanity would have fallen in the previous centuries – Marc-Antoine Laugier, it brings down Laugier, publishes his acquaintance “Essai sur l’architecture”. In the test the Jesuit – later late Benedictine – it establishes the origin of the architecture in a bucolic, pastoral and idyllic primitive cabin – the engraving does not seem until 1775 in the second edition – arisen on the basis of the reason. The text turns immediately into the architectural theory of the Illustration into the one that, unlike Vitruvio, and other classic commentators, establishes a relation with the natural beginning instead of the imitation of models.
In Laugier’s primitive cabin he structures and construction they fuse, get confused in the middle of a rational system of props, girders and cover, correspondents to columns, entablamento and fronton – classic structure where all past finds them – for the sieve of the naturalistic drawing in which the constructive elements are trunks and branches of tree. The rest, walls, doors or windows, necessary for the habitability, remain rejected the original model for unnecessary. They are unnecessary because they it are in the architecture of the temple. The cabin like that showed, clean of accessories shows the pure truth of the architecture. The temple.
The original, defined like that architecture for his primitive cabin is, not more not less, that the house, the mansion, the room of a god. Which if it cannot be the origin of the architecture? As there brings down, more noble and more logical which for the former primitive ones that the house of a god. The man, the humanity informs, now illuminated by the logical – rational thought, finds the origin of his mansion in the uninhabited one, or cleared, removed, stay of a god. The man already is not necessary the gods, occupies the place of these and lives it. From the temple to the house.
The original, defined like that architecture for his primitive cabin is, not more not less, that the house, the mansion, the room of a god. Which if it cannot be the origin of the architecture? As there brings down, more noble and more logical which for the former primitive ones that the house of a god. The man, the humanity informs, now illuminated by the logical – rational thought, finds the origin of his mansion in the uninhabited one, or cleared, removed, stay of a god. The man already is not necessary the gods, occupies the place of these and lives it. From the temple to the house.
Kahn and Laugier join in the ideal one of the concept of mansion. The house of the mind and the house of a god. But both know also that it is the house of the man and that in them it has to be lived since the architecture endures to live, and to live endures, inexcusably, the inhabitant, and because without this one that one does not exist.
jorge meijide . architect
a coruña. may 2013
[:gl]
Architecture comes from The Making of a Room, Louis I. Kahn, 1971.
Todo ten un comezo
A arquitectura comporta o habitar e o habitar comporta, inexcusablemente, ao habitante. Sen este podemos falar de escultura, de certas instalacións artísticas ou de xogos formais, todos eles de indiscutible valor propositivo, pero difícilmente podemos falar de arquitectura na súa máis ampla e extensa expresión. Este habitar conlleva un uso básico, o uso do espazo, o uso dun espazo. Un uso asociado a miúdo unha ou varias funcións específicas ou a outro máis indeterminado ou cambiante; usos á fin e ao cabo.
Desde a inicial cabana primitiva ata a tumba, pasando polo templo, a casa, a fábrica ou o museo, as distintas funcións ou usos que a arquitectura percorreu na súa historia enriquecérona e completado e especializado. Como os picos dos pinzones de Darwin, o tempo, a experiencia e a experimentación, evolución a final de contas, han decantado algunhas, moitas, solucións arquitectónicas, outras en cambio son carne de canón dunha continua e imparable evolución que ás veces se torna en re-volución. A vivenda é unha delas.
Tan cambiante como conservadora, a vivenda sufriu múltiples cambios ao longo da súa historia, algúns moi necesarios debidos ás novas condicións sociais e económicas, como os impulsados pola revolución industrial, e outros debidos ao estancamento herdado e ás novas vanguardias do século XX, como os xurdidos ao amparo do Movemento Moderno, tantas veces resucitado como enterrado. A vivenda é o paradigma do habitar.
Habítase o espazo, o espazo ocupado e por redución á súa “partícula elemental”, habítanse as estancias, as habitacións. Dicía Kahn, como me gusta recordar, que a arquitectura comeza coa habitación, ou máis ben facendo -construíndo- unha habitación. A habitación debe estar pois definida, construída. Debe ser espazo contido e, como no coñecido debuxo de Kahn, con habitantes usándoa, habitándoa. No seu boceto de 1971 aparecen debuxadas dúas persoas sentadas, falando fronte a fronte á beira dunha gran fiestra –a luz– cun fogar acendido –o lume– baixo unha cúpula nervada –a estrutura-. Temos pois na habitación a luz, que define o espazo e axuda a percibilo -Kahn dicía que “unha habitación sen luz natural non é unha habitación”- e luz a través dunha fiestra, unha gran fiestra, un oco que establece tanto a diferenza como a relación entre interior e exterior, separando máis que unindo un do outro. Temos tamén o lume, que ofrece a comodidade da habitabilidad, elemento primitivo en torno ao que reunirse e que nos retrotrae á imaxe dunha cabana primigenia construída para acubillar unha comunidade e protexer o necesario e preciar lume. E para rematar contamos cunha estrutura, que constrúe o espazo material e conteno no seu interior, e que mellor para iso que o espazo contido baixo unha cúpula, epítome do espazo central.
Kahn elixe con coidado as súas imaxes e as súas palabras, todos os elementos básicos da arquitectura quedan representados no debuxo. Sobre el escribe a modo de título a lapidaria e coñecida frase: “Architecture comes from The Making of a Room”, deixando claro o seu ideario, basta con percorrer a súa arquitectura para confirmalo. Pero Kahn tamén escribe outras cousas no mesmo, baixo o debuxo, e separando intencionadamente a palabra habitación da seguinte liña, escribe: “The Room is The Place of the mind”, a habitación é o lugar da mente. Si arriba Kahn inícianos a orixe da arquitectura na habitación, abaixo relaciónanos esta con o home. A mente do habitante ten tamén o seu aloxamento na estancia. A habitación require, necesita, a vida do habitante, pero tamén necesita da percepción deste cara a ela. A estancia convértese así tamén nunha construción para a mente, sendo esta a que non só a habita senón tamén a que a significa. A relación bidireccional enriquece a ambos.
Dous séculos antes, a mediados do XVIII, en 1752 -o mesmo ano no que Benjamin Franklin realiza o seu famoso experimento con cométaa e a chave descubrindo a natureza da electricidade nos raios e abrindo así un incipiente camiño cara á luz artificial; non en balde estamos no Século das Luces que, á luz clarificadora da razón, iluminará as escuridades nas que a humanidade caería nos séculos anteriores- Marc-Antoine Laugier, o abate Laugier, publica o seu coñecido “Essai sur l’architecture”. No ensaio o jesuita -máis tarde benedictino- establece a orixe da arquitectura nunha bucólica, pastoral e idílica cabana primitiva -o gravado non parece ata 1775 na segunda edición- xurdida en base á razón. O texto convértese enseguida na teoría arquitectónica da Ilustración no que, a diferenza de Vitruvio, e outros tratadistas clásicos, establécese unha relación cos principios naturais no canto da imitación de modelos.
Na cabana primitiva de Laugier estrutura e construción fúndense, se con-funden no medio dun sistema racional de alicerces, vigas e cuberta, correspondentes a columnas, entablamento e frontón -estrutura clásica onde as acha- todo pasado polo tamiz do debuxo naturalista no que os elementos constructivos son troncos e ramas de árbore. O resto, muros, portas ou fiestras, necesarios para a habitabilidad, quedan descartados do modelo orixinal por innecesarios. Son innecesarios porque o son na arquitectura do templo. A cabana así mostrada, limpa de accesorios mostra a verdade pura da arquitectura. O templo.
A arquitectura orixinal, definida así pola súa cabana primitiva é, nin máis nin menos, que a casa, a morada, a habitación dun deus. Cal si non pode ser a orixe da arquitectura? Segundo o abate, cal máis nobre e máis lóxico para os antigos primitivos que a casa dun deus. O home, a humanidade enteira, agora iluminada polo pensamento lóxico-racional, atopa a orixe da súa morada na deshabitada, ou desposuída, desalojada, estancia dun deus. O home xa non precisa dos deuses, ocupa o lugar destes e habítao. Do templo á casa.
Kahn e Laugier únense no ideal do concepto de morada. A casa da mente e a casa dun deus. Pero ambos saben tamén que é a casa do home e que nelas se ha de vivir xa que a arquitectura comporta o habitar, e o habitar comporta, inexcusablemente, ao habitante, e porque sen este non existe aquela.
jorge meijide . arquitecto
a coruña. maio de 2013
[:]




