El refugio de la luz | Miguel Ángel Díaz Camacho

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El taller de Joan Miró en Mallorca en una de las páginas de 'El ojo de Miró', editado por La Fábrica.
El taller de Joan Miró en Mallorca en una de las páginas de ‘El ojo de Miró‘, editado por La Fábrica.

Cuentan que fue al visitar el taller de Joan Miró en Cala Mayor cuando Aimé Maeght comprendió, con verdadera exactitud, el componente esencial para su futura Fundación en Saint Paul de Vence. Tras numerosos estudios y proyectos de arquitectos prestigiosos, Maeght descubriría una luz homogénea y vibrante en el estudio del pintor, una luz tan intensa y al mismo tiempo tan agradable, que hubo de viajar muy lejos, sin importarle, para encontrar al autor de aquel prodigio, el creador de una atmósfera que habría de repetir, si llegado el caso fuera posible.

Aquel arquitecto, un español refugiado entonces en Estados Unidos, era Josep Lluís Sert.1

La visita al taller se produce en 1960. Tras perder el matrimonio Maeght a su hijo de tan solo once años en 1953, su amigo el pintor y escultor Georges Braque, propone al coleccionista una aventura vital que de algún modo habría de girar en torno a la hermosa propiedad de los Maeght cerca de Niza: la construcción de una Fundación de Arte (museo, taller y residencia para artistas), algo insólito para la época2.

La parcela era en realidad un paisaje en lo alto, una loma agreste habitada tan solo por un bosque mediterráneo con generosas vistas sobre el mar. Cuentan que Sert realizó maquetas a escala 1:1 para reproducir aquella luz que aún resonaba en la memoria de Aimé, una luz cercana, casi visible al otro lado del horizonte de la Costa Azul. Se puede casi intuir la ligereza de los armazones provisionales en aquel lugar, su movimiento por la parcela -durante un año- buscando su mejor posición para las obras de Braque, Chagall o el propio Miró.3

En la imagen un conjunto de objetos parece flotar en medio de una luz espesa, una constelación desvinculada del suelo ante la sorprendente ausencia de sombras. En el taller de Miró la luz acepta por igual al lienzo o la butaca, la mesa o el taburete, la botella o la mecedora, convertidos aquí en una suerte de ofrenda libre del carbón abyecto de los días (Caballero Bonald).

Tal vez más allá de la atmósfera homogénea que exige el noble oficio de la pintura, más allá incluso de la ilusoria percepción submarina e ingrávida de este extraño bodegón cuyo orden desconocemos, tal vez decíamos, este grupo humano irrepetible y atormentado buscara en la luz el aliento meteórico de un refugio universal: el refugio de la luz.

Miguel Ángel Díaz Camacho. Doctor Arquitecto
Madrid. Febrero 2016.
Autor de Parráfos de arquitectura#arquiParrafos

Notas:
1 Sert había cultivado una muy buena impresión en Francia tras la construcción del Pabellón de la República Española para la Exposición Internacional de París de 1937.

2 La casualidad quiso que en la parcela existieran unos restos de una capilla dedicada a San Bernardo, precisamente el nombre de su hijo. La reconstrucción de esta capilla sirve a Braque como argumento balsámico, introduciendo inmediatamente a continuación la idea de la Fundación.

3 En este sentido, Sert pudo mantener “largas conversaciones” con los artistas. Ver Connaissance des Arts, (Redacteur en chef, Philip Jodidio), Paris, Société Française de Promotion Artistique, 1998, pág.  15.

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