Retratos a través de los ojos de un miope (IX) | epR


Don Alejandro daba liebres a quien le pedía gatos.

Sota, el arquitecto, construyó aulas que flotaban sobre un gimnasio, vació la fachada de un gobierno civil, suspendió miradores vítreos sobre una calle vestida de piedra.

Sota, el dibujante, garabateó edificios y rostros con líneas quebradizas, escasas, agonizantes.

Sota, el profesor, gallego y teimado, declinó pisar la universidad que le había negado una cátedra.

Don Alejandro encontraba hilarante la arquitectura, al contrario que la vida.

El primo Ramón
Malpica de Bergantiños, otoño de 2014

el primo Ramón

Nadie sabe con certeza quién es el primo Ramón.

Muchos creen que Ramón nació en algún lugar de Galicia, aunque pronto los azares de la vida le obligaron a cruzar el Atlántico. Afincado en Buenos Aires, y tras fracasar en su intento de ganarse la vida como lateral izquierdo de Ferro Carril Oeste y como bajista de Los Desconocidos de Siempre, aprendió el oficio de ilustrador en un puñado de talleres del barrio de San Telmo.

Otros opinan que tras el seudónimo se esconde Borja López Cotelo, un arquitecto que ante la pertinaz insistencia del editor jefe Veredes comenzó a publicar ilustraciones hasta que una mañana, como el malogrado Gregor Samsa, se despertó después de un sueño intranquilo convertido en un monstruoso ilustrador. Aunque esta versión no parece muy verosímil.

Tal vez por eso hay quien asegura que, en realidad, Ramón ni siquiera es una persona sino dos, tres o incluso un equipo tumultuoso y variopinto como la tripulación del Pequod.

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