
La vivienda diseñada por Jorge Cao Abad, ganadora de la categoría Gama Clásica en los II Premios Internacionales de Arquitectura Cubiertas Tejas Verea, convierte la cubierta en el principal argumento arquitectónico para integrarse en el paisaje de la ría de Ortigueira.
En la arquitectura residencial contemporánea, la cubierta suele entenderse como la culminación de un proceso proyectual. En Villa Carolina, sin embargo, sucede lo contrario: la cubierta es el punto de partida desde el que se construye la relación entre la vivienda, el paisaje y la arquitectura popular gallega.
La casa, proyectada por el arquitecto Jorge Cao Abad en el núcleo de Figueiroa, sobre un promontorio orientado al sur con extraordinarias vistas sobre la ría de Ortigueira, obtuvo el reconocimiento del jurado en la categoría Gama Clásica de los II Premios Internacionales de Arquitectura Cubiertas Tejas Verea precisamente por la calidad de su resolución constructiva y por la manera en que la cubierta consigue integrarse en el territorio.
Lejos de entender la tradición como un recurso formal, el proyecto la convierte en un instrumento de diálogo con el lugar.

Una cubierta concebida para ser vista
La topografía condiciona decisivamente la percepción de la vivienda. Desde la carretera de acceso y desde las edificaciones próximas, la cubierta se convierte en el plano más visible del edificio, hasta el punto de adquirir el protagonismo habitual de una fachada.
«La cubierta fue un tema relevante desde las primeras fases del proyecto»,
explica Jorge Cao Abad.

“Como estrategia para armonizar la vivienda con el núcleo donde se inserta, tomamos prestados los códigos de las construcciones tradicionales del entorno, prácticamente todas resueltas mediante cubiertas de teja curva».
Esta decisión convierte la cubierta en un elemento clave en la inserción de la casa en el núcleo rural. No se trata únicamente de responder a una exigencia funcional o climática, sino de construir continuidad con el paisaje edificado de la ría de Ortigueira.

La quinta fachada como estrategia de proyecto
El arquitecto define la cubierta como un quinto alzado, una afirmación que encuentra traducción directa en las decisiones de proyecto. Por un lado, los hastiales este y oeste se elevan para contener visualmente la cubierta, delimitando con precisión su geometría y reforzando la limpieza volumétrica del conjunto.
En sentido opuesto, las fachadas norte y sur disuelven sus límites mediante dos pérgolas de hormigón prefabricado que prolongan el plano horizontal bajo el alero y sirven de soporte para vegetación trepadora.

La cubierta oscila así entre la definición geométrica y la desaparición progresiva en el paisaje.
«Centramos gran parte del esfuerzo de diseño en su perímetro»,
señala Cao Abad.
«Queríamos que la cubierta armonizase la vivienda con las construcciones próximas y que, al mismo tiempo, se convirtiese en soporte de naturaleza».
Esta operación permite que la arquitectura dialogue simultáneamente con el medio construido y con el entorno vegetal que rodea la vivienda.

La teja curva como continuidad material
La elección de la teja curva de la Gama Clásica de Tejas Verea responde a una voluntad de continuidad y parentesco con las edificaciones próximas. El sistema cerámico reproduce el lenguaje material característico de la arquitectura popular gallega, al tiempo que aporta las prestaciones técnicas necesarias para una vivienda contemporánea.
Cao explica que
«el sistema de tejas de Verea se adaptaba perfectamente a los requisitos del proyecto y nos garantizaba fiabilidad y durabilidad».
La cubierta deja así de ser un elemento exclusivamente técnico para convertirse en un componente esencial de la identidad del edificio.
Su materialidad, textura y escala permiten que la vivienda se incorpore con naturalidad al paisaje construido sin recurrir a estrategias miméticas.

Un espacio interior construido desde la cubierta
La investigación proyectual no termina en la envolvente. Uno de los aspectos más interesantes de Villa Carolina reside en la relación entre la geometría de la cubierta y el espacio interior.
El techo principal no reproduce de forma literal la pendiente exterior ni genera un desván residual. Por el contrario, la geometría estructural de las vigas pared que soportan la cubierta reorganiza el espacio interior, modula la direccionalidad de la estancia y produce una mirada sosegada hacia el paisaje de la ría.
La cubierta deja de ser únicamente protección para convertirse en una herramienta espacial.

Construir desde la tradición sin reproducirla
Villa Carolina demuestra que la arquitectura contemporánea puede integrarse en contextos rurales sin recurrir a la copia de la arquitectura vernácula.
El proyecto asume los códigos esenciales del lugar —la escala, la materialidad, la cubierta inclinada y la relación con la topografía— para reinterpretarlos mediante soluciones constructivas actuales.
En este proceso, la cubierta adquiere un papel central, no solo protege el edificio, sino que lo caracteriza, contribuye a la continuidad del paisaje y establece el vínculo entre la arquitectura contemporánea y la memoria material del territorio.





