[:es]
El horizonte histórico que nos ha tocado habitar hace que todos los ciudadanos occidentales de la actualidad pertenezcamos ya sin excepción a la asentada sociedad del consumo y el exceso. Un síndrome que avanzaron y denunciaron desde sus inicios, a mediados del s.XX, diferentes pensadores y sociólogos. El capitalismo inundó desde entonces nuestras vidas de comportamientos superfluos y de objetos innecesarios. A partir de los años 60´s los programas arquitectónicos se fueron transformando poco a poco para conseguir áreas suplementarias de almacenamiento y el proyecto del habitar doméstico comenzó a ocuparse con urgencia de esta nueva demanda.
La acumulación, como importante problema de índole material y ecológica, también fue detectada como cuestión central para la arquitectura por los arquitectos de la segunda generación de la modernidad; específicamente por algunos de los componentes del Team X. Así muy tempranamente, en 1958, este tema de la inflación del mundo material fue abordado en el crítico artículo “The future of furniture” de Alison Smithson que terminaría por formalizarse, aunque mucho mas tarde en 1993, en el planteamiento teórico para la casa “Todo en su Sitio” que hoy podríamos entender como una propuesta denuncia de los conflictos generados por esta nueva sociedad.
Uno de los principales valores que plantea el proyecto de la casa “Todo en su sitio”, es la reflexión por un programa cuyo objetivo primero es el orden y almacenamiento de lo accesorio. No se trata de una propuesta-investigación en torno al habitante y su relación con el espacio o el emplazamiento geográfico envolvente sino de éste con su tiempo, el tiempo de la acumulación innecesaria al interior doméstico. Lo que buscan los Smithson es ordenar la vida de la casa y sus habitantes a través del “guardado” de las cosas.
Guardar lo inútil, como nuevo objetivo, en tanto que con anterioridad a la sociedad de consumo no existía nada que mantener fuera de la vista, todo lo que era, poco o nada, estaba -por imprescindible- a mano para su uso directo. Recordemos la espontaneidad y austeridad del mobiliario vernáculo y la escasez de los ajuares que acompañaban la vida de los ciudadanos, así como la crisis que suponía la rotura de alguno de ellos, un cántaro, un plato, una silla…
Lo que se propone finalmente es una casa denuncia, un reconocimiento de la artificialidad de lo sobrante, una respuesta crítica a la inflación de lo poseído.
Al contrario, un ejemplo que abordó el problema de la acumulación desde una perspectiva no teórica sino real, e imprescindible para este texto, es la propuesta ejecutada por Aldo van Eyck en la ampliación de la casa Visser en 1967-68, para un creciente coleccionista de arte, sobre un proyecto anterior de Gerrit Rietveld. Frente al planteamiento abstracto de la Casa todo en su sitio, la ampliación de la casa Visser demuestra cómo sobre un objeto real, el problema de la acumulación puede ser resuelto -al contrario de la estrategia de guardar lejos de la vista, en una caja cerrada alrededor de la que gravite el resto del programa- mediante un núcleo libre y abierto donde emplazar lo acumulado y desde donde reformular el espacio doméstico original.

La ampliación de la casa Visser parece contraponerse a la lógica de guardado de los Smithson, puesto que la necesidad de un lugar donde almacenar, esta vez, debe ser colocada “a la vista” exhibiendo una colección de arte, para ser interpelada y discutida diariamente. Esta manera de abrir lo guardado para su observación le confiere un sentido de utilidad a la acumulación, que es contraria a la estrategia del gran armario cofre de la Casa todo en su sitio. En el fondo lo que distingue a estos dos ejercicios –más allá del encuentro entre un planteamiento teórico y una obra real- es la diferente utilización de lo que acumulamos como pretexto y motor de un proyecto y, como esa delgada línea entre la acumulación cerrada o abierta, da un sentido u otro a la vida del habitante y a la arquitectura.
Así, en el caso de los Smithson, el centro de la casa sería un núcleo cerrado, el gran armario, que se ve atravesado por el pasillo central, una especie de falso cardo y decumano doméstico, que además desplaza la habitual situación de los tradicionales elementos repartidores de una casa, como las escaleras o el fuego, desde el centro hacia la periferia de la planta. Al contrario la ampliación, para contener más cosas-más arte- de la casa Visser, trae al centro de la casa un nuevo lugar y centralidad que sin embargo se ejecuta mediante un crecimiento-contenedor que está afuera. Este nuevo centro lo genera la burbuja descentrada que dibuja Aldo van Eyck como espacio reservado a la acumulación que, sin embargo al contrario del de la casa todo en su sitio, es habitable y abierto, el verdadero ágora y pretexto para la nueva vida doméstica de la casa ya remozada.
La tensión que debe soportar la preexistencia del proyecto de Rietveld ante la ampliación, nos habla además de cómo las construcciones ya existentes, también las modernas y contemporáneas, han de enfrentarse a lo largo del tiempo a nuevas demandas basadas en el exceso, y de si es posible el crecimiento y añadido de un nuevo cuerpo sin menoscabo de la pieza original. Así en esta obra, lo que resulta de la implementación no es un edifico previo mas una ampliación, sino un nuevo organismo, compacto, coherente y con identidad propia -separado del pasado y del futuro- en el que se ha generado una nueva tensión arquitectónica y vital.
Aunque comenzamos emplazándonos en los inicios de la sociedad de consumo, como pretexto adecuado a los ejemplos referidos, la historia nos demuestra que el problema del sobredimensionado del uso original de un edificio, no es estrictamente una cuestión moderna o contemporánea, sino uno de los más frecuentes temas de la arquitectura. La proposición de nuevas y crecientes demandas a antiguos edificios, son expresión de la auténtica y fundamental materia de la arquitectura, el paso del tiempo, que acostumbra a formalizarse no solo a través del natural envejecimiento y ruina final (quizás no un destino tan malo como nos han hecho creer), sino también, al igual que en la casa Visser, mediante el añadido de programas a las figuras y construcciones originales que todavía se demuestran capaces de ofrecer soporte, y servir de infraestructura a una nueva actividad.
Arquitecturas matrices a las que se incorporan superposiciones, adiciones y entrelazados que responden de forma positiva a nuevas demandas. Así se mantuvieron vivas las construcciones a lo largo de la historia sin perder identidad si, como dice Rafael Moneo, esos principios resultaban suficientemente sólidos para poder absorber transformaciones, cambios, distorsiones, etc. sin que éste (el edificio original) dejase de ser fundamentalmente el que era, respetando, en una palabra, lo que fueron sus orígenes.
Finalizamos pensando que la dialéctica encontrada entre ambos proyectos es, aunque alejada, complementaria y productiva, pues cada uno de ellos ayuda a subvertir y entender las dudas y certezas del otro. Esta lectura conjunta afianza el planteamiento de que la arquitectura ha de observar siempre el imprevisible crecimiento y modificación de las acciones en la larga vida de un edificio, de manera que ese incierto futurible sea siempre capaz de ser absorbido por la adaptación del programa original o su extensión, mientras como sociedad no aprendamos a prescindir de lo inútil y a recuperar lo realmente útil, incluso la acumulación de arte.
Luis Gil Pitao, arquitecto
Santiago de Compostela, noviembre 2016
Notas entresacadas del aula “From imperfect past to imperfect future” impartida por Luis Gil en el curso de Doctorado de Rehabilitación de la Facultad de arquitectura de Guimarães 2016-17 para la publicación Universitaria T+U (Telling+Unbuilts). Edt Luis Estéves
[:gl]
O horizonte histórico que nos tocou habitar fai que todos os cidadáns occidentais da actualidade pertenzamos xa sen excepción á asentada sociedade do consumo e o exceso. Unha síndrome que avanzaron e denunciaron desde os seus inicios, a mediados do s. XX, diferentes pensadores e sociólogos. O capitalismo alagou desde entón as nosas vidas de comportamentos superfluos e de obxectos innecesarios. A partir dos anos 60´ s os programas arquitectónicos fóronse transformando aos poucos para conseguir áreas suplementarias de almacenamento e o proxecto do habitar doméstico comezou a ocuparse con urxencia desta nova demanda.
A acumulación, como importante problema de índole material e ecolóxica, tamén foi detectada como #cuestión central para a arquitectura polos arquitectos da segunda xeración da modernidade; especificamente por algúns dos compoñentes do Team X. Así moi tempranamente, en 1958, este tema da inflación do mundo material foi abordado no crítico artigo “The future of furniture” de Alison Smithson que terminaría por formalizarse, aínda que moito mais tarde en 1993, na formulación teórica para a casa “Todo no seu Sitio” que hoxe poderiamos entender como unha proposta denuncia dos conflitos xerados por esta nova sociedade.
Un dos principais valores que expón o proxecto da casa “Todo no seu sitio”, é a reflexión por un programa cuxo obxectivo primeiro é a orde e almacenamento do accesorio. Non se trata dunha proposta-investigación en torno ao habitante e a súa relación co espazo ou o emprazamento xeográfico envolvente senón deste co seu tempo, o tempo da acumulación innecesaria ao interior doméstico. O que buscan os Smithson é ordenar a vida da casa e os seus habitantes a través do “gardado” das cousas.
Gardar o inútil, como novo obxectivo, en tanto que con anterioridade á sociedade de consumo non existía nada que manter fóra da vista, todo o que era, pouco ou nada, estaba -por imprescindible- a man para o seu uso directo. Lembremos a espontaneidade e austeridade do mobiliario vernáculo e a escaseza dos ajuares que acompañaban a vida dos cidadáns, así como a crise que supoñía a rotura dalgún deles, un cántaro, un prato, unha cadeira…
O que se propón finalmente é unha casa denuncia, un recoñecemento da artificialidade do sobrante, unha resposta crítica á inflación do posuído.
Ao contrario, un exemplo que abordou o problema da acumulación desde unha perspectiva non teórica senón real, e imprescindible para este texto, é a proposta executada por Aldo van Eyck na ampliación da casa Visser en 1967-68, para un crecente coleccionista de arte, sobre un proxecto anterior de Gerrit Rietveld. Fronte á formulación abstracta da Casa todo no seu sitio, a ampliación da casa Visser demostra como sobre un obxecto real, o problema da acumulación pode ser resolto -ao contrario da estratexia de gardar lonxe da vista, nunha caixa pechada ao redor da que gravite o resto do programa- mediante un núcleo libre e aberto onde emprazar o acumulado e desde onde reformular o espazo doméstico orixinal.

A ampliación da casa Visser parece contrapoñerse á lóxica de gardado dos Smithson, posto que a necesidade dun lugar onde almacenar, esta vez, debe ser colocada “á vista” exhibindo unha colección de arte, para ser interpelada e discutida diariamente. Esta maneira de abrir o gardado para a súa observación confírelle un sentido de utilidade á acumulación, que é contraria á estratexia do gran armario cofre da Casa todo no seu sitio. No fondo o que distingue a estes dous exercicios –máis aló do encontro entre unha formulación teórica e unha obra real- é a diferente utilización do que acumulamos como pretexto e motor dun proxecto e, como esa delgada liña entre a acumulación pechada ou aberta, dá un sentido ou outro á vida do habitante e á arquitectura.
Así, no caso dos Smithson, o centro da casa sería un núcleo pechado, o gran armario, que se ve atravesado polo corredor central, unha especie de falso cardo e decumano doméstico, que ademais despraza a habitual situación dos tradicionais elementos repartidores dunha casa, como as escaleiras ou o lume, desde o centro cara á periferia da planta. Ao contrario a ampliación, para conter máis cousas-máis arte- da casa Visser, trae ao centro da casa un novo lugar e centralidade que con todo execútase mediante un crecemento-contedor que está fóra. Este novo centro xérao a burbulla descentrada que debuxa Aldo van Eyck como espazo reservado á acumulación que, con todo ao contrario do da casa todo no seu sitio, é habitable e aberto, a verdadeiro ágora e pretexto para a nova vida doméstica da casa xa remocicada.
A tensión que debe soportar a preexistencia do proxecto de Rietveld ante a ampliación, fálanos ademais de como as construcións xa existentes, tamén as modernas e contemporáneas, han de enfrontarse ao longo do tempo a novas demandas baseadas no exceso, e de se é posible o crecemento e engadido dun novo corpo sen menoscabo da peza orixinal. Así nesta obra, o que resulta da implementación non é un edifico previo mais unha ampliación, senón un novo organismo, compacto, coherente e con identidade propia -separado do pasado e do futuro- no que se xerou unha nova tensión arquitectónica e vital.
Aínda que comezamos emprazándonos nos inicios da sociedade de consumo, como pretexto adecuado aos exemplos referidos, a historia demóstranos que o problema do sobredimensionado do uso orixinal dun edificio, non é estritamente unha cuestión moderna ou contemporánea, senón un dos máis frecuentes temas da arquitectura. A proposición de novas e crecentes demandas a antigos edificios, son expresión da auténtica e fundamental materia da arquitectura, o paso do tempo, que afai formalizarse non só a través do natural envellecemento e ruína final (quizais non un destino tan malo como nos fixeron crer), senón tamén, do mesmo xeito que na casa Visser, mediante o engadido de programas ás figuras e construcións orixinais que aínda se demostran capaces de ofrecer soporte, e servir de infraestrutura a unha nova actividade.
Arquitecturas matrices ás que se incorporan superposiciones, adicións e entrelazados que responden de forma positiva a novas demandas. Así se mantiveron vivas as construcións ao longo da historia sen perder identidade se, como di Rafael Moneo, eses principios resultaban suficientemente sólidos para poder absorber transformacións, cambios, distorsiones, etc. sen que este (o edificio orixinal) deixase de ser fundamentalmente o que era, respectando, nunha palabra, o que foron as súas orixes.
Finalizamos pensando que a dialéctica atopada entre ambos os proxectos é, aínda que afastada, complementaria e produtiva, pois cada un deles axuda a subverter e entender as dúbidas e certezas do outro. Esta lectura conxunta afianza a formulación de que a arquitectura ha de observar sempre o imprevisible crecemento e modificación das accións na longa vida dun edificio, de maneira que ese incerto futurible sexa sempre capaz de ser absorbido pola adaptación do programa orixinal ou a súa extensión, mentres como sociedade non aprendamos a prescindir do inútil e a recuperar o realmente útil, incluso a acumulación de arte.
Luis Gil Pitao, arquitecto
Santiago de Compostela, novembro 2016
Notas entresacadas da aula “From imperfect past to imperfect future” impartida por Luís Gil no curso de Doutoramento de Rehabilitación da Facultade de arquitectura de Guimarães 2016-17 para a publicación Universitaria T+Ou ( Telling+ Unbuilts). Edt Luís Estéves
[:en]
The historical horizon that we have had to inhabit makes all Western citizens of today belong without exception to the established society of consumption and excess. A syndrome that advanced and denounced from its beginnings, in the middle of the XX century, different thinkers and sociologists. Since then, capitalism has flooded our lives with superfluous behavior and unnecessary objects. From the 60’s the architectural programs were transformed little by little to obtain additional areas of storage and the project of the domestic habitation began to deal with this new demand with urgency.
Accumulation, as an important problem of a material and ecological nature, was also detected as a central issue for architecture by the architects of the second generation of modernity; specifically by some of the components of Team X. So very early on, in 1958, this issue of material world inflation was addressed in the critical article “The future of furniture” by Alison Smithson that would eventually be formalized, although much later in 1993, in the theoretical approach for the house “Everything in your Site” that today we could understand as a proposal to denounce the conflicts generated by this new society.
One of the main values that the project of the house “Everything in its place” raises, is the reflection by a program whose first objective is the order and storage of the accessory. It is not a proposal-research around the inhabitant and its relationship with the surrounding space or geographic location but with its time, the time of unnecessary accumulation to the domestic interior. What the Smithsons seek is to order the life of the house and its inhabitants through the “keeping” of things.
Save the useless, as a new objective, while prior to the consumer society there was nothing to keep out of sight, everything that was, little or nothing, was – by necessity – by hand for direct use. Let us remember the spontaneity and austerity of the vernacular furniture and the shortage of the trousseaux that accompanied the life of the citizens, as well as the crisis that supposed the rupture of some of them, a pitcher, a plate, a chair…
What is finally proposed is a denunciation house, a recognition of the artificiality of the surplus, a critical response to the inflation of the possessed.
On the contrary, an example that addressed the problem of accumulation from a non-theoretical perspective but real, and essential for this text, is the proposal executed by Aldo van Eyck in the expansion of the Visser house in 1967-68, for a growing collector of art, on a previous project by Gerrit Rietveld. Against the abstract approach of the House everything in its place, the extension of the Visser house demonstrates how on a real object, the problem of the accumulation can be solved – in contrast to the strategy of keeping away from sight, in a closed box around which the rest of the program gravitates – through a free and open nucleus where to place the accumulated and from where to reformulate the original domestic space.

The expansion of the Visser house seems to contradict the logic of the Smithsons, since the need for a place to store, this time, must be placed “in view” exhibiting a collection of art, to be addressed and discussed daily . This way of opening what is saved for observation gives a sense of usefulness to the accumulation, which is contrary to the strategy of the large chest of the House everything in its place. Basically what distinguishes these two exercises – beyond the meeting between a theoretical approach and a real work – is the different use of what we accumulate as a pretext and engine of a project and, like that thin line between closed accumulation or open, gives a sense or another to the life of the inhabitant and architecture.
Thus, in the case of the Smithsons, the center of the house would be a closed core, the large closet, which is crossed by the central aisle, a kind of false thistle and domestic decumano, which also displaces the usual situation of traditional distributing elements of a house, such as stairs or fire, from the center to the periphery of the plant. On the contrary, the enlargement, to contain more things-more art-of the house Visser, brings to the center of the house a new place and centrality that nevertheless runs through a growth-container that is outside. This new center is generated by the decentered bubble that Aldo van Eyck draws as a space reserved for accumulation, which, however, unlike the house in its entirety, is habitable and open, the true agora and pretext for the new domestic life of the house already renovated.
The tension that the pre-existence of Rietveld’s project must face before enlargement also tells us how existing constructions, also modern and contemporary ones, have to face new demands based on excess over time. the growth and addition of a new body is possible without detriment to the original piece. So in this work, what results from the implementation is not a previous building plus an extension, but a new organism, compact, coherent and with its own identity -separate of the past and the future- in which a new architectural tension has been generated and vital.
Although we began by placing ourselves at the beginning of the consumer society, as an adequate pretext to the examples referred to, history shows us that the problem of oversizing the original use of a building is not strictly a modern or contemporary issue, but one of the most frequent themes of architecture. The proposal of new and growing demands on old buildings, are an expression of the authentic and fundamental matter of architecture, the passage of time, which is usually formalized not only through the natural aging and final ruin (perhaps not a fate as bad as they have made us believe), but also, as in the Visser house, by adding programs to the original figures and constructions that are still able to offer support, and serve as an infrastructure for a new activity.
Matrix architectures that incorporate superpositions, additions and interlacing that respond positively to new demands. Thus the constructions throughout the history were kept alive without losing identity if, as Rafael Moneo says, those principles were sufficiently solid to be able to absorb transformations, changes, distortions, etc. without it (the original building) ceasing to be fundamentally what it was, respecting, in a word, what its origins were.
We end up thinking that the dialectic found between both projects is, although remote, complementary and productive, because each of them helps to subvert and understand the doubts and certainties of the other. This joint reading strengthens the approach that architecture must always observe the unpredictable growth and modification of actions in the long life of a building, so that this uncertain future is always capable of being absorbed by the adaptation of the original program or its extension, while as a society we do not learn to dispense with the useless and to recover what is really useful, even the accumulation of art.
Luis Gil Pitao, architect
Santiago de Compostela, november 2016
Notes culled from the classroom “From imperfect past to imperfect future” given by Luis Gil in the Doctorate of Rehabilitation course of the Faculty of architecture of Guimarães 2016-17 for the University publication T + U (Telling + Unbuilts). Edt Luis Estéves.
[:]




