El asiento como arquitectura y la arquitectura como asiento | Luis Gil Pita – Cristina Nieto Peñamaría

Nadia Comaneci, 1976. Fotografía: Cordon Press | Fuente: jotdown.es

Del María Moliner,

Asiento:
2. Lugar en que está asentada una cosa = emplazamiento;
3. Cualquier cosa que se sirve o se utiliza para sentarse sobre ella;
12. Firmeza o inmovilidad de una cosa que queda bien apoyada en un sitio = estabilidad.
Sentarse:
1. Tomar postura que consiste en descansar con las nalgas apoyadas en algún sitio;
2. Colocar una cosa, firmemente apoyada en el sitio en que debe estar.

Cuando el antecesor del hombre, tal como hoy lo conocemos, superó un nuevo eslabón de la evolución incorporando su cuerpo sobre la vertical, supo no sólo de la riqueza y la ventaja de erguirse para despegar la mirada del suelo hacia el horizonte, sino del cansancio que esta acción, antinatural y hasta entonces no practicada, le provocaba. Un esfuerzo que, a pesar de los miles de años transcurridos en la evolución humana, sigue, aunque de forma inconsciente, siendo tan grande como el de estar de pie sobre una barra de equilibrios y que tan pronto desaparece la necesidad de mantenernos en la vertical hace que volvamos a buscar el suelo, también como asiento.

Sentarse pues, viene a significar, por obvia que nos parezca la reflexión, la búsqueda del inmediato descanso a la tarea de mantenernos en pie, un regreso constante a la naturalidad de la cercanía del suelo, como bien saben los niños. Sentarse es buscar descanso en el camino del nómada Abel y parar, al menos por unos instantes, para convertirse en un Caín que se hace con un territorio que controla parcialmente. Sentarse es gestionar una geografía mínima, la que ocupa uno mismo, susceptible de ampliarse alrededor en función de la actividad realizada, tal como explican las pautas que Edward T. Hall nos da en La dimensión oculta, pues uno no ocupa solo con su cuerpo, sino con sus acciones.

De esta manera tomar asiento nos lleva no solo a la idea del descanso y a pensar en la apropiación temporal del lugar, para os objetivos o usos a los que nos dirigimos cuando queremos comer, trabajar, dialogar, jugar, etc., sino que tiene que ver también con el resto de manifestaciones culturales asociadas y adjetivizadoras de estas acciones.

Aldo y Hannie van Eyck en la meseta de Tademaït (desierto del Sáhara) en el viaje de 1951. Fuente © Aldo van Eyck Archive. | Fuente: papiro.unizar.es

El conjunto de textos que se presentan y relacionan en esta publicación nacen a la par y como complemento de la exposición, El asiento como arquitectura y la arquitectura como asiento, soportando una doble interpretación en un enriquecedor e incierto camino de ida y vuelta. Una manera de ver y acercarse al hecho arquitectónico, como la más básica acción del ciudadano, la de tomar asiento, para hacer lugar y más tarde arquitectura.

Aparecen deliberadamente entremezclados en esta secuencia dos tipos de textos, los dedicados al asiento-mueble como arquitectura-maquina y los que tratan la arquitectura como acción doméstica-da y localizadora para el asiento. Ambas perspectivas intentan desdoblar subvertir la arquitectura buscando cuáles son las facultades y diálogos más primarios de uso hacia el habitante, dando descanso y alivio al mismo tiempo que enriqueciendo sus acciones vitales. Son entonces:

-Por un lado un grupo de textos que abordan la acción de reposar y hacer lugar a través de un invento, la silla (María Moliner, 1. Silla: Asiento con patas y respaldo, para una sola persona) que permite el descanso y que pertenece a la familia del pensamiento arquitectónico, el asiento como máquina, complemento directo de la sentencia de la arquitectura. Se trata de asiento fabricado como pieza artificial que nos separa del suelo y que habrá de cumplir al igual que la arquitectura con los tres preceptos clásicos, firmitas, utilitas, venustas. Asiento como objeto que se enmarca, cuando no es nómada, en el recinto cubierto y protegido de lo arquitectónico; una arquitectura dentro de la arquitectura, como la hemos denominado en muchas ocasiones, que se rigen por leyes ciertamente más suaves y flexibles que le permiten articular organizaciones menores del programa dentro del gran contenedor de la arquitectura.

Así es, porque el asiento, junto a la mesa, además de su función de descanso y uso, es un elemento primario con el que reordenar el espacio y generar encuentros y disposiciones que pueden alterar, corregir y mejorar las condiciones iniciales del lugar arquitectónico. El asiento tratado como socio continuo en el habitar humano de la arquitectura, flexible amigo y compañero, tanto por su fidelidad como por su versatilidad. La silla ha sido y sigue siendo gestor fundamental para el encuentro familiar y social del hombre.

En esta perspectiva se incluyen los textos de Álvaro Siza, Carlos Puente, Luis Moreno Mansilla y Emilio Tuñón, Luisa Castro Legazpi, Santiago González Bouzán y Alejandro de la Sota que abordan al asiento, la silla y sus derivados, el sofá, la chaise longue, etc. como objeto en sí y en relación a su paisaje de contorno arquitectónico y social.

Detalle de la fachada principal de la Casa de Cultura de Ciempozuelos, 1996, del arquitecto Carlos Puente | Fuente: miesarch.com

– Por otro lado dos textos que se acercan a la propia arquitectura, tanto la vernácula como la contemporánea, la primera de forma espontánea y la segunda creada y pensada ex profeso, ambos como localización-espacio para servir también de acomodo, de asiento y descanso propositivo de situaciones de enriquecimiento del habitar. Pensar en los bordes, los enlaces fronterizos, interiores y exteriores de la arquitectura, como lugares-forma donde acomodar e interferir en las relaciones de lo físico y estable, con las acciones de uso de los ciudadanos. Usar y repensar el reciento, por dentro y por fuera, para ser entendido como estancia ergonómica directa, sin los interlocutores flexibles o móviles que son el mobiliario. Arquitectura pensada y flexibilizada para poder descansar y ofrecer lugar donde pararse, al contagio de las acciones, muchas de ellas de intercambio social.

Si ilustramos este acontecer con la imagen de la fachada exterior del proyecto de la casa de la cultura de Ciempozuelos, en el que Carlos Puente no deja pasar la oportunidad de mostrarnos la importancia de un elemento tan básico, es porque hace significativa, en un discurso de escala más amplia que el de la propia domesticidad del interior, la importancia que sentarse con el edificio a la calle ha de tener como generador de interferencias arquitectónicas y humanas.

En esta apuesta-perspectiva, de motivar la arquitectura hacia las pequeñas-grandes acciones del asiento hacia las interferencias y enriquecimiento que en el habitar pueda tener esta acción proyectual, tal vez la referencia más importante en la arquitectura contemporánea viene de las investigaciones de Herman Hertzberger. Magisterio tanto en el análisis antropológico y crítico de las acción, el asiento, como en el resultado de sus propuestas al usar su arquitectura, tanto al interior como al exterior, para provocar y establecer frescas y básicas relaciones de socialización que devuelven al hombre su capacidad de ser ciudadano y no solo consumidor. Propuestas tan intensas y de raíz que, unas veces de manera velada y otras abiertamente, se vuelven radicales en la denuncia de la desestructuración que el uso natural de la arquitectura y el espacio público han sufrido desde los años sesenta del siglo XX hasta la actualidad.

En este apartado incluyen los textos “El asiento en arquitectura”, un extracto seleccionado por Herman Hertzberger, de su Lessons for Students in Architecture para esta publicación y el “El asiento en las construcciones vernáculas del Algarve portugués”, de los arquitectos Nuno Costa y Márcia Nascimento, donde analizan la espontaneidad con la arquitectura tradicional resuelve y construye la necesidad del asiento al borde.

Richard Learoyd | Fuente: ivasfot.com

Tanto en una como en otra perspectiva, observando tanto la pequeña arquitectura del asiento, tal que invento, como también el resquicio fronterizo y a veces marginal que la arquitectura nos reserva y propone como asiento, los textos escogidos y propuestos para acompañar a la exposición El asiento como arquitectura y la arquitectura como asiento, presentan la necesidad y la importancia crítica de recuperar la reflexión sobre acciones y actitudes en el pensar arquitectónico más básicas y también cercanas a la realidad de los habitantes y de la arquitectura.

Volver sobre las tareas más obvias y naturales a las que las arquitectura siempre respondió, como servicio al ciudadano, buscando a la manera en que Cornelis van Eesteren reclamaba y aconsejaba: redescubrir constantemente las cuestiones elementales de la arquitectura, para evitar perderse en medio de los fútiles cambios de comportamiento que la contemporaneidad neoliberal que nos ha tocado habitar propone.

Hollow Sitting Man on Table, 2009, Atelier Van Lieshout

Luis Gil Pita – Cristina Nieto Peñamaría, arquitectos
Santiago de Compostela, Agosto 2020

Texto introductorio del libro El asiento como arquitectura y la arquitectura como asiento, 2012.

Arquitecto por la ETSA de A Coruña en 1997, desde ese año colabora en el estudio de Manuel Gallego Jorreto hasta 1999. Becado de investigación en Holanda en 2000-1, con un estudio sobre lo fronterizo y liminar en arquitectura, por la Diputación de A Coruña, fue posteriormente Profesor invitado en el área de proyectos de la Facultad de Arquitectura de Guimaráes, Universidade do Minho, del 2001 hasta el 2007. Desde el inicio de su carrera ha publicado asíduamente artículos y ha participado como editor en diferentes publicaciones alrededor de la arquitectura.

follow me

Archivado en: arquitectos, capturas, diseño, Luis Gil Pita

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,