[:es]https://veredes.es/blog/entre-parentesis-ii-jorge-rodriguez/
Principios de Junio. Una mañana de calor, viento fuerte del Sur. Scirocco. Asomando la vista al oeste se adivina el perfil de Monastir. Hay que querer verlo. Apenas 70 Km nos separan del continente africano. Lampedusa es una maravilla.
Si caminamos la isla descubrimos que su encanto está en el encuentro con el mar. Mucho y bien se ha escrito sobre el límite, ese inquietante punto de contacto y frontera. Lampedusa podría ser una apología a éste. Su cercanía a Túnez, la convierte, desde hace siglos, en el punto de entrada más utilizado por los inmigrantes centroafricanos1, así, su entera cultura, desde el dialecto a la gastronomía, está tremendamente influida por la riqueza del continente africano.
Evidentemente, la arquitectura no queda al margen de esta boa mistura2. La escasa presión demográfica así como su privilegiada posición de “desconocida” han permitido que hasta los últimos diez años la isla haya crecido a un ritmo totalmente sostenible. Si salimos de los dos pequeños núcleos que se han desarrollado alrededor de las dos calas que sirven como puerto, nos encontramos con un terreno rocoso, árido y muy desprotegido del viento, sin apenas vegetación de altura. En este páramo, y separadas por terrenos de un cultivo intensivo y de subsistencia, aparecen construcciones de piedra, baja altura y cubierta encalada. Llama la atención la homogeneidad de sus formas. El terreno de las Islas Pelagie (Lampedusa, Linosa y Lampione) es un terreno kárstico, de alta meteorización caliza, muy similar al que se encuentra en la cordillera cantábrica. Así las construcciones ciclópeas de este pequeño archipiélago del sur del sur me remiten a la delimitación parcelaria del valle de Cabuérniga, un ejercicio de entendimiento de los fundamentos de la arquitectura, geometría y gravedad. Como los dammusi, originarios de Pantelleria, pero extendidos por similitud de clima y terreno.

Se trata de recintos cuadrangulares, con las esquinas rematadas en chaflán, de pequeñas dimensiones, que servían como refugio elemental para el trabajo en el campo, lejos de la población principal, recogida en el puerto pesquero. Responden de manera brillante al fuerte viento, rebajando la resistencia ejercida a través de los pequeños huecos que se dejan entre las rocas, tomadas a hueso. La cubierta, una cúpula encalada en blanco, recoge el agua de lluvia para las cisternas de la vivienda, fundamental dado el bajísimo nivel de precipitaciones y la aridez del suelo. Una construcción pensada y diseñada sin prisa, sin burocracia, sin especulación. Fruto del tiempo.

Más dispersos aparecen otras construcciones similares, de menor tamaño y descubiertos, que me recuerdan a los cortines celtas, muros de mampostería tomados a hueso, generalmente en círculo, que encerraban las colmenas para evitar que los osos devorasen la miel. Estas pequeñas fortificaciones, los giardini panteschi, protegen los cultivos, sobre todo en las primeras fases, de los fuertes vientos de mar abierto. Echando un vistazo a la última Obradoiro3, encuentro una imagen tomada por Rudofsky de éstos jardines, en una serie en la que se incluyen también los místicos muros irlandeses de Dun Eochla. El límite se hace cada vez más estrecho. Parece que no somos tan distintos.

A día de hoy, los dammusi han quedado relegados a un plano meramente estético, una “inspiración” a pobres construcciones de piedra tomadas con mortero y cubiertas de hormigón lacado en blanco que intentan acercarse de manera soeza la fotografía desprendida por una arquitectura que reacciona a unos condicionantes geográficos de forma brillante. Del mismo modo que sucede con la vivienda tradicional de infinidad de pueblos españoles. Incluso de manera más sangrante.
Es reciente mi acercamiento a éste tipo de arquitecturas, tan elementales y depuradas que sirven como lección. Destilan el proceso de respuesta a una necesidad y su ejecución. De hecho, me sorprende que en los años que he pasado en la escuela de arquitectura, tanto la de aquí como la de allí, muy pocas veces aparecen éstas referencias como algo más que pura anécdota. Las yurtas, las jaimas, los dammusi, la palloza, las domus romanas. Me atrae la idea de trazar una cartografía con los hilos comunes que unen éstas construcciones, una suerte de sendero que muestre los caminos transitados por gentes muy distintas, en épocas en las que el lejos, estaba aún más lejos
Aprovechamos muy poquito el caldo concentrado que nos aportan para elaborar un buen proyecto. Tenemos que atrevernos a echar el ojo a esas construcciones que han pasado a formar parte del paisaje como un todo sin necesidad de mimetismos ingenuos. Redibujar sus configuraciones, estudiar su lógica tectónica. Un ejercicio enriquecedor y tremendamente satisfactorio. Porque con la arquitectura vernácula se empatiza muy rápido, la notamos muy nuestra. Cada burda imitación nos duele como un pellizco, así como cada poso destilado en un buen proyecto nos levanta una sonrisilla. Nos pertenece a todos, es parte de la colectividad. Y lo es gracias al tiempo. Otra vez.
Jorge Rodríguez Seoane
Primero días de curso 2013/14. A Coruña
Notas:
1 Mientras escribo este artículo, una patera con aproximadamente 500 inmigrantes eritreos y somalíes naufraga en la costa oeste de Lampedusa. Duele ver como la isola dei conigli permanece inalterable, tranquila; ante tremenda tragedia.
2 Me permito una licencia. El colectivo madrileño Boa Mistura ha lanzado Momentvm una pieza audiovisual que forma parte de un proyecto de colaboración con Intermón Oxfam. Como ellos mismos definen se trata de “una llamada a la reflexión y un tributo a la vida”. Muy necesario.
3 Revista del COAG. Obradoiro nº34 El límite. Marzo 2012
[:gl]
(entre paréntese) (II) | Jorge Rodríguez
Principios de Xuño. Unha mañá de calor, vento forte do Sur. Scirocco. Asomando a vista ao oeste adivíñase o perfil de Monastir. Hai que querer velo. Apenas 70 Km sepárannos do continente africano. Lampedusa é unha marabilla.
Se camiñamos a illa descubrimos que o seu encanto está no encontro co mar. Moito e ben escribiuse sobre o límite, ese inquietante punto de contacto e fronteira. Lampedusa podería ser unha apoloxía a este. A súa proximidade a Túnez, convértea, dende hai séculos, no punto de entrada máis utilizado polos inmigrantes centroafricanos1, así, a súa enteira cultura, dende o dialecto á gastronomía, está tremendamente influída pola riqueza do continente africano.
Evidentemente, a arquitectura non queda á marxe desta boa mistura2. A escasa presión demográfica así como a súa privilexiada posición de “descoñecida” permitiron que ata os últimos dez anos a illa crecese a un ritmo totalmente sostible. Se saímos dos dous pequenos núcleos que se desenvolveron arredor das dúas calas que serven como porto, nos encontramos cun terreo rochoso, árido e moi desprotexido do vento, sen apenas vexetación de altura. Neste páramo, e separadas por terreos dun cultivo intensivo e de subsistencia, aparecen construcións de pedra, baixa altura e cuberta encalada. Chama a atención a homoxeneidade das súas formas. O terreo das Illas Pelagie (Lampedusa, Linosa e Lampione) é un terreo kárstico, de alta meteorización calcaria, moi similar ao que se encontra na cordilleira cantábrica. Así as construcións ciclópeas deste pequeno arquipélago do sur do sur me remiten á delimitación parceira do val de Cabuérniga, un exercicio de entendemento dos fundamentos da arquitectura, xeometría e gravidade. Como os dammusi, orixinarios de Pantelleria, pero estendidos por similitude de clima e terreo.

Trátase de recintos cuadrangulares, coas esquinas rematadas en chafrán, de pequenas dimensións, que servían como refuxio elemental para o traballo no campo, lonxe da poboación principal, recollida no porto pesqueiro. Responden de xeito brillante ao forte vento, rebaixando a resistencia exercida a través dos pequenos ocos que se deixan entre as rochas, tomadas a óso. A cuberta, unha cúpula encalada en branco, recolle a auga de chuvia para as cisternas da vivenda, fundamental dado o baixo nivel de precipitacións e a aridez do chan. Unha construción pensada e deseñada sen présa, sen burocracia, sen especulación. Froito do tempo.

Máis dispersos aparecen outras construcións similares, de menor tamaño e descubertos, que me recordan aos cortines celtas, muros de cachotaría tomados a óso, xeralmente en círculo, que encerraban as colmeas para evitar que os osos devoraran o mel. Estas pequenas fortificacións, os giardini panteschi, protexen os cultivos, sobre todo nas primeiras fases, dos fortes ventos de mar aberto. Botando unha ollada á última Obradoiro3, encontro unha imaxe tomada por Rudofsky destes xardíns, nunha serie na que se inclúen tamén os místicos muros irlandeses de Dun Eochla. O límite fai cada vez máis estreito. Parece que non somos tan distintos.

A día de hoxe, os dammusi quedaron relegados a un plano meramente estéticos, unhas «inspiracións» a pobres construcións de pedra tomadas con morteiro e cubertas de formigón lacado en branco que intentan achegarse de xeito soeza a fotografía desprendida por unha arquitectura que reacciona a uns condicionantes xeográficos de forma brillante. Do mesmo modo que sucede coa vivenda tradicional de infinidade de pobos españois. Mesmo de xeito máis sangrante.
É recente o meu achegamento a este tipo de arquitecturas, tan elementais e depuradas que serven como lección. Destilan o proceso de resposta a unha necesidade e a súa execución. De feito, sorpréndeme que nos anos que pasei na escola de arquitectura, tanto a de aquí coma a de alí, moi poucas veces aparecen estas referencias como algo máis que pura anécdota. As iurtas, as jaimas, os dammusi, a palloza, as domus romanas. Atráeme a idea de trazar unha cartografía cos fíos comúns que unen estas construcións, unha sorte de sendeiro que mostre os camiños transitados por xentes moi distintas, en épocas nas que o lonxe, estaba aínda máis lonxe.
Aproveitamos moi pouquiño o caldo concentrado que nos achegan para elaborar un bo proxecto. Temos que atrevernos a botar o ollo a esas construcións que pasaron a formar parte da paisaxe como un todo sen necesidade de mimetismos inxenuos. Redebuxar as súas configuracións, estudar a súa lóxica tectónica. Un exercicio enriquecedor e tremendamente satisfactorio. Porque coa arquitectura vernácula se empatiza moi rápido, a notamos moi nosa. Cada burda imitación dóenos como un belisco, así como cada pouso destilado nun bo proxecto levántanos unha sonrisilla. Perténcenos a todos, é parte da colectividade. E éo grazas ao tempo. Outra vez.
Jorge Rodríguez Seoane
Primeiros días de curso 2013/14. A Coruña
Notas:
1 Mentres escribo este artigo, unha pateira con aproximadamente 500 inmigrantes eritreos e somalís naufraga na costa oeste de Lampedusa. Doe ver como a isola dei conigli permanece inalterable, tranquila; ante tremenda traxedia.
2 Me permito unha licenza. O colectivo madrileño Boa Mistura lanzou Momentvm unha peza audiovisual que forma parte dun proxecto de colaboración con Intermón Oxfam. Como eles mesmos definen trátase de “unha chamada á reflexión e un tributo á vida”. Moi necesario.
3 Revista del COAG. Obradoiro nº34 O límite. Marzo 2012
(entre paréntese) (IV) | Jorge Rodríguez[:en]
(in brackets) (II) | Jorge Rodríguez
Beginning of June. A morning of heat, strong wind of the South. Scirocco. Putting the sight out in the western part Monastir’s profile is guessed. It is that to want to see. Scarcely 70 Km separate us from the African continent. Lampedusa is a marvel.
If we travel the island we discover that his captivation is in the meeting with the sea. Very much and well he has written himself on the limit, this worrying point of contact and border. Lampedusa might be an apology to this one. His nearness to Tunis, turns, for centuries, into the point of entry most used by the Central African immigrantss1, like that, his entire culture, from the dialect to the gastronomy, is tremendously influenced by the wealth of the African continent.
Evidently, the architecture does not stay to the margin of this boa mistura2. The scanty demographic pressure as well as his privileged position of “stranger” have allowed that until the last ten years the island should have grown to a totally sustainable pace. If we go out of both small cores that have developed about both coves that serve as port, we meet a rocky, arid and very unprotected area of the wind, without scarcely vegetation of height. In this high plateau, and separated by areas of an intensive culture and of subsistence, there appear constructions of stone, low height and whitewashed cover. It is called the attention the homogeneity of his forms. The area of the Islands Pelagie (Lampedusa, Linosa and Lampione) is an area kárstico, of discharge meteorización limy, very similar to the one that is in the Cantabrian mountain chain. This way the cyclopean constructions of this small archipelago of the south of the south send me to the delimiting parcelaria of Cabuérniga’s valley, an exercise of understanding of the foundations of the architecture, geometry and gravity. As the dammusi, original of Pantelleria, but extended over similarity of climate and area.

It is a question of quadrangular enclosures, with the corners finished off in bevel, of small dimensions, that they were serving as elementary refuge for the work in the field, far from the principal population gathered in the fishing port. They answer in a brilliant way to the strong wind, reducing the resistance exercised across the small hollows that are left between the rocks taken to bone. The cover, a dome whitewashed in white, gathers the water of rain for the cisterns of the housing, fundamentally in view of the bajísimo level of rainfalls and the aridity of the soil. A construction well-considered and designed without hurry, without bureaucracy, without speculation. Fruit of the time.

More dispersed other similar constructions appear, of minor size and overdrafts, which they me remember to the Celtic cortines, walls of masonry taken to bone, generally in circle, that they were enclosing the beehives to prevent the bears from devouring the honey. These small fortifications, the giardini panteschi, protect the cultures, especially in the first phases, from the strong winds of open sea. Throwing a glimpse to the last one Obradoiro3, I find an image thought by Rudofsky of these gardens, in a series in which there are included also Dun Eochla’s mystical Irish walls. The limit becomes increasingly narrow. It seems that we are not so different.

A today, the dammusi have remained relegated to a merely aesthetic plane, a “inspiration” to poor constructions of stone taken with mortar and covered of concrete lacquer in white that they try to bring over of way soeza the photography detached by an architecture that reacts to the determining geographical some of brilliant form. In the same way that happens with the traditional housing of infinity of Spanish peoples. Even in a more bleeding way.
My approximation is recent to this one type of architectures, so elementary and polished that they serve as lesson. They reveal the process of response to a need and his execution. In fact, I surprise that in the years that I have spent in the school of architecture, so much her of here since her of there, very rarely these appear references as something more than pure anecdote. The yurtas, the jaimas, the dammusi, the palloza, the Roman domus. It attracts the idea of planning a cartography with the common threads that join these constructions, a luck of path that shows the ways passed along very different peoples, in epochs in which the distant view, it was furthermore far.
We take advantage very small of the concentrated broth that they us contribute to elaborate a good project. We have to dare to throw the eye to these constructions that have happened to form a part of the landscape as everything without need of ingenuous mimetisms. To re-draw his configurations, to study his tectonic logic. A wealth-producing and tremendously satisfactory exercise. Because with the vernacular architecture empatiza very rapid, we notice it very ours. Every coarse imitation hurts us as a pinch, as well as every dreg revealed in a good project us raises a sonrisilla. It us belongs to all, is a part of the collectivity. And it it is thanks to the time. Again.
Jorge Rodríguez Seoane
First days of course 2013/14. A Coruña
Notes:
1 While I write this article, a small boat with approximately 500 immigrants eritreos and Somali Lampedusa’s west sinks on the coast. It hurts to see as the isola dei conigli remains inalterable, calm; before tremendous tragedy.
2 I allow myself a license. The group of Madrid Boa Mistura has thrown Momentvm an audio-visual piece that forms a part of a project of collaboration with Intermón Oxfam. Since they themselves define it treats itself of “a call to the reflection and a tax to the life”. Very necessary.
3 COAG MAgazine. Obradoiro nº34 El límite. Marzo 2012





¡TODOS AL MAR!
Haciendo referencia a las intervenciones que se han propuesto durante los cursos de verano del COAC pensé que no estaría mal hacer una reseña de imágenes o situaciones que representen ese impulso de colonizar el mar o dejarse colonizar por él que vengo observando en las últimas ediciones. La intrusión en medios
acuáticos como necesidad genera conexiones y posiciones extraordinariamente interesantes. Se plantean multitud de variables generadoras de paisajes cambiantes -configurables- resultado y reflejo de la necesidad y los usos. Saltar sobre el mar, flotar y caminar -levitar- sobre él como lo hacía Philippe Petit sobre la ciudad de Nueva York pueden ser opciones.
A menudo pensamos en este tipo de intervenciones como algo utópico, vemos
proyectos sobre la colonización de las costas como algo imposible,
costoso, poco útil y por supuesto poco ecológico. La mayoría de las
propuestas que pensamos utópicas (Dubai aparte) ya han sido realizadas alguna vez, atendiendo a estrategias militares o logísticas, con una vocación estrictamente funcional. Las pretensiones actuales de los núcleos urbanos nos llevan a pensar la posibilidad de una reconversion responsable de las lineas costeras urbanas en
territorios mixtos al servicio de la ciudadanía.
[…]
Rafa
http://goo.gl/bNcEXC