InicioartículosLa conjura de los necios | Jorge RodríguezA conxura dos necios |...

[:es]La conjura de los necios | Jorge Rodríguez[:gl]A conxura dos necios | Jorge Rodríguez[:en]The conspiracy of the fools | Jorge Rodríguez[:]

[:es]

Abbas Iranian-French, b. 1944
Abbas
Iranian-French, b. 1944 | Fuente: Magnum Photos

‘Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,

y un huerto claro donde madura el limonero.’

Los versos que abren el retrato más certero del mejor de los Machado, son el inicio de una tempestad.

Arranca con la fuerza de las palabras desnudas, ligeras de equipaje, para llevarnos al sutil mundo de sus dudas, sus pasiones y sus raíces. Pero ese no es el motivo por el que he elegido los primeros versos de ‘Retrato’ para arrancar este artículo. Los he elegido porque Machado era perfectamente consciente mientras los escribía, de que escondía un plan. Cuando Machado arranca con estos versos, sabe perfectamente a donde se dirige. El resto, lo que separa este lúcido arranque de su objetivo, es un bonito dejarse llevar.

La ausencia de un objetivo al que dirigirse, de un fin, dificulta el pasear. Sabiendo hacia donde vamos, somos capaces de caminar con mayor libertad, de tomar rutas alternativas, medir las pausas, ajustar el ritmo y dejarnos llevar. Queda a un lado el miedo a perderse, a desviarse del camino en exceso, a interrumpir la marcha. Sabemos que antes o después, de una forma u otra, acabaremos llegando. La rigidez de los planes y los trazados, desaparece.

En los bordes de ese camino que vamos eligiendo para dirigirnos al objetivo que nos hemos marcado, encontraremos la mayor riqueza. Quien obra con tibieza, cerca está de caer. En el límite que posibilita la existencia de dos mundos, uno a cada lado, será donde asumamos los riesgos, encontremos las alegrías, los miedos. Es en ese límite donde debemos introducir el puñal para conocernos en profundidad, aunque duela.

Esto solo es posible con un caminar decidido, sin titubeos, propio de quién sabe adónde se dirige.  En ocasiones avanzamos demasiado ocupados en evitar los riesgos que se pueden presentar en el camino, las pruebas que se suceden, preocupados por el juicio de unos tribunos de miradas miopes incapaces de ver que las imperfecciones en nuestro caminar, que el asumir el riesgo de mojarnos, que nuestros defectos, son acaso lo más interesante de nuestra personalidad. Unos tribunos que hace tiempo que perdieron la ilusión por enseñar y se limitan a cumplir, que nos ven desorientados, dubitativos, como un grupo de necios, y no se dan cuenta de que quienes realmente están perdidos, son ellos.

Las lecciones apócrifas de Machado, camuflado de profesor de ética y gimnasia, han de ser el pilar central de la nave que nos conduzca a ese nuevo florecer que soñaba Giner de los Ríos en la sierra del Guadarrama. Caminar dejándonos llevar, disfrutando de la ciudad moruna y las luces de la infancia, soñando los caminos de la tarde, pero teniendo muy presente que la única senda que nos dirige a donde realmente queremos, es aquella que hacemos con el propio caminar.

En una de sus conversaciones con Tórtolez, su alumno más respondón, Mairena nos dejó una pista que anticipaba el final del retrato con el que he abierto esta mala juntera de párrafos. Dice así.

‘No os extrañéis de que un necio se descuerne luchando por una idea’.

Que esos necios no pierdan la ilusión por explorar sus límites, por disfrutar de la incertidumbre y el riesgo. Que se descuernen luchando por sus ideas.

Pero que atiendan al ejemplo de Machado, que no se olviden que para caminar decidido hay que saber a dónde ir. Hay que tener un plan. El suyo nos lo reveló en los últimos versos de este retrato. Quería que cuando llegase al final del camino le encontrasen ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar.

Así fue, en Coillure, con la única compañía de un abrigo raído, unas flores amarillas y sus dos últimos versos.

‘Estos días azules y este sol de la infancia.’

Lo tenía claro desde el principio, el resto, lo que separaba ese lúcido arranque de su objetivo, fue un bonito dejarse llevar.

Jorge Rodriguez Seoane, arquitecto
Marzo 2016. Santander

[:gl]

Abbas Iranian-French, b. 1944
Abbas
Iranian-French, b. 1944 | Fonte: Magnum Photos

‘A miña infancia son recordos dun patio de Sevilla,

e unha horta claro onde madura o limoeiro.’

Os versos que abren o retrato máis certeiro do mellor dos Machado, son o inicio dunha tempestade.

Arrinca coa forza das palabras espidas, lixeiras de equipaxe, para levarnos ao sutil mundo das súas dúbidas, as súas paixóns e as súas raíces. Pero ese non é o motivo polo que elixín os primeiros versos de ‘Retrato’ para arrincar este artigo. Elixinos porque Machado era perfectamente consciente mentres os escribía, de que escondía un plan. Cando Machado arrinca con estes versos, sabe perfectamente onde diríxese. O resto, o que separa este lúcido arranque do seu obxectivo, é un bonito deixarse levar.

A ausencia dun obxectivo ao que dirixirse, dun fin, dificulta o pasear. Sabendo cara a onde imos, somos capaces de camiñar con maior liberdade, de tomar rutas alternativas, medir as pausas, axustar o ritmo e deixarnos levar. Queda ao carón o medo para perderse, a desviarse do camiño en exceso, a interromper a marcha. Sabemos que antes ou despois, dunha forma ou outra, acabaremos chegando. A rixidez dos plans e os trazados, desaparece.

Nos bordos dese camiño que imos elixindo para dirixirnos ao obxectivo que nos marcamos, atoparemos a maior riqueza. Quen obra con morneza, preto está de caer. No límite que posibilita a existencia de dous mundos, un a cada lado, será onde asumamos os riscos, atopemos as alegrías, os medos. É nese límite onde debemos introducir o puñal para coñecernos en profundidade, aínda que doia.

Isto só é posible cun camiñar decidido, sen titubeos, propio de quen sabe onde se dirixe. En ocasións avanzamos demasiado ocupados en evitar os riscos que se poden presentar no camiño, as probas que se suceden, preocupados polo xuízo duns tribunos de miradas miopes incapaces de ver que as imperfeccións no noso camiñar, que o asumir o risco de mollarnos, que os nosos defectos, son seica o máis interesante da nosa personalidade. Uns tribunos que hai tempo que perderon a ilusión por ensinar e limítanse a cumprir, que nos ven desorientados, dubitativos, como un grupo de necios, e non se dan conta de que quen realmente están perdidos, son eles.

As leccións apócrifas de Machado, camuflado de profesor de ética e ximnasia, han de ser o alicerce central da nave que nos conduza a ese novo florecer que soñaba Giner de los Ríos na serra do Guadarrama. Camiñar deixándonos levar, gozando da cidade moruna e as luces da infancia, soñando os camiños da tarde, pero tendo moi presente que a única senda que nos dirixe onde realmente queremos, é aquela que facemos co propio camiñar.

Las lecciones apócrifas de Machado, camuflado de profesor de ética y gimnasia, han de ser el pilar central de la nave que nos conduzca a ese nuevo florecer que soñaba Giner de los Ríos en la sierra del Guadarrama. Caminar dejándonos llevar, disfrutando de la ciudad moruna y las luces de la infancia, soñando los caminos de la tarde, pero teniendo muy presente que la única senda que nos dirige a donde realmente queremos, es aquella que hacemos con el propio caminar.

Nunha das súas conversacións con Tórtolez, o seu alumno máis respondón, Mairena deixounos unha pista que anticipaba o final do retrato co que abrín esta mala juntera de parágrafos. Di así.

‘Non vos estrañedes de que un necio se descuerne loitando por unha idea’.

Que eses necios non perdan a ilusión por explorar os seus límites, por gozar da incerteza e o risco. Que se descuernen loitando polas súas ideas.

Pero que atendan ao exemplo de Machado, que non se esquezan que para camiñar decidido hai que saber onde ir. Hai que ter un plan. O seu revelóunolo nos últimos versos deste retrato. Quería que cando chegase ao final do camiño atopásenlle lixeiro de equipaxe, case espido, como os fillos da mar.

Así foi, en Coillure, coa única compañía dun abrigo raído, unhas flores amarelas e as súas dous últimos versos.

‘Estes días azuis e este sol da infancia.’

Tíñao claro desde o principio, o resto, o que separaba ese lúcido arranque do seu obxectivo, foi un bonito deixarse levar.

Jorge Rodriguez Seoane, arquitecto
Marzo 2016. Santander

[:en]

Abbas Iranian-French, b. 1944
Abbas
Iranian-French, b. 1944 | Source: Magnum Photos

‘My infancy they are recollections of a court of Seville,

and a clear garden where it matures the lemon tree.’

The verses that open the portrait more accurately of the best of the Machado, are the beginning of a tempest.

It starts with the force of the nake, light words of baggage, to remove to the subtle world of his doubts, his passions and his roots. But this it is not the motive for which I have chosen the first verses of ‘Portrait’ to start this article. I have chosen them because Machado was perfectly conscious while he was writing them, from that he was hiding a plan. When Machado starts with these verses, it knows perfectly to where it goes. The rest, which separates this lucid take-off of his aim, is the nice one to be left to go.

The absence of an aim to which to go, of an end, it impedes to walk. Knowing where we go, we are capable of walking with major freedom, of taking alternative routes, of measuring the pauses, of fitting the pace and to leave ourselves to go. The fear of getting lost stays aside, to turning aside of the way in excess, to interrupting the march. We know that before or later, of a form or other one, we will end up by coming. The inflexibility of the plans and the tracings, it disappears.

In the edges of this way that we are choosing to go to the aim that we us have marked, we will find the major wealth. The one who acts with lukewarmness, fence is of falling down. In the limit that makes possible the existence of two worlds, one to every side, it will be where we assume the risks, let’s find the happy moments, the fears. It is in this limit where we must introduce the dagger to know ourselves in depth, though it hurts.

Alone this is possible with one to walk decided, without hesitations, own of whom it knows adónde goes. In occasions we advance too much occupied in avoiding the risks that they can present in the way, the tests that happen, worried by the judgment of a few tribunes of myopic looks unable to see that the blemishes in ours to walk, that the risk of getting wet to assume, that our faults, they are perhaps the most interesting of our personality. A few tribunes that some time ago that lost the illusion for teaching and they limit themselves to fulfilling, that see us disoriented, doubtful, as a group of fools, and do not realize that those who really are lost, are they.

Machado’s apocryphal lessons, camouflaged of teacher of ethics and gymnastics, have to be the central prop of the ship that us leads this new one to bloom that it was dreaming Giner de los Ríos in the saw of the Guadarrama. To walk leaving us to go, enjoying the Moorish city and the lights of the infancy, dreaming the ways of the evening, but bearing in mind that the only path that directs us where really we want, is that one that we make with the own one travel.

In one of his conversations with Tórtolez, his pupil more respondón, Mairena left us a track that was anticipating the end of the portrait with which I have opened this bad juntera of paragraphs. He says this way.

‘Don´t be surprised that a fool is dehorned fighting for an idea’.

That these fools do not lose the illusion for exploring his limits, for enjoying the uncertainty and the risk. That are dehorned fighting for his ideas.

But that attend to Machado’s example, which there do not forget that to walk determined it is necessary to know to where going. It is necessary to have a plan. His us revealed it in the last verses of this portrait. It wanted that when it was coming at the end of the way they were finding him light of baggage, almost nake, as the children of the sea.

This way it was, in Coillure, with the only company of a shabby coat, a few yellow flowers and his last two verses.

‘These blue days and this Sun of the infancy.’

It had clear from the beginning, the rest, which was separating this lucid take-off of his aim, it was the nice one to be left to go.

Jorge Rodriguez Seoane, architect
March 2016. Santander

[:]

Jorge Rodríguez Seoane
Jorge Rodríguez Seoane
Arquitecto y socio fundador y gerente de Seoane Arquitectura. Experiencia activa en evaluación de riesgos y plan de negocio, gestión de personal y dirección de proyectos de ejecución. Gestión de carteras de inversión inmobiliaria, búsqueda de activos singulares y representación de intereses.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR
0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
0 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS