[:es]
En esta nueva entrega de la sección “baliza”, nos acercamos al mundo de la “crítica de arquitectura”, y que mejor forma de hacerlo que de la mano de Fredy Massad (Buenos Aires, 1966).
Arquitecto atípico (tiene que obtiene en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Planeamiento Urbano de la Universidad de Buenos Aires) y que en compañía de Alicia Guerrero Yesto investiga y realiza análisis críticos sobre la arquitectura contemporánea. Combina su labor docente (profesor de Teoría y Crítica de la Arquitectura en School of Architecture-UIC en Barcelona, profesor invitado ad honorem en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires en Argentina y profesor invitado de la Vilniaus Dailès Akademija en Lituania) con su trabajo como crítico de arquitectura en el periódico ABC (Desde 2013, autor del blog La viga en el ojo) y colaborador en diferentes medios internacionales de Hispanoamérica, Europa y Asia.
Os dejamos con el ojo clínico de Freddy, esperamos que os guste.

¿Cómo se definiría Fredy Massad?
Una vez, con ánimo de ofender, alguien me llamó ‘inconformista patológico’. Yo lo tomé como un halago, así que me sirve aquí como auto-definición.
Soy alguien que cree en la necesidad de la duda persistente. Soy pesimista.
Creo que en la vida se puede cambiar de todo menos de camiseta. Yo llevo siempre la de Boca, que es la de Diego Armando Maradona.
En alguna entrevista anterior comenta que recibió una enseñanza imperfecta pero que, gracias a esa imperfección, no le ha condicionado como individuo y no le había inculcado ningún tipo de dogmatismo ¿Qué opina de los programas y del sistema educativo actual en las escuelas de Arquitectura?
Cuando digo que mi educación fue imperfecta, quiero decir que estudié en una facultad masificada y en un periodo en el que ir a la universidad no era una decisión, sino algo que se sentía como una responsabilidad, una obligación. Sin embargo, el Estado no lo asumía como una prioridad. Se invertía y se sigue invirtiendo muy poco en la educación pública. Pese a ello, la Universidad de Buenos de Aires tenía y sigue teniendo magníficos docentes.
Aquella masificación, que a priori podía ser contraproducente, te obligaba a crecer. Te dejaba libertad como individuo. Te daba calle, como decimos en Argentina. Te obligaba a perfilar el camino que debías recorrer para formarte. Te ofrecía las herramientas básicas, permitiendo que fueras tú mismo quien aprendiera a usarlas.
Me gusta dar valor a esta imperfección porque se suele tener en general un cierto complejo de inferioridad respecto a otras universidades, consideradas más prestigiosas, con más ‘marca’, más ‘vanguardistas’… y de donde se sale con un pensamiento endogámico y cerrado, de cierta arrogancia. Creo preferible el aprendizaje que aportan centros menos ‘perfectos’, donde el alumno tiene que mantener la inquietud por su propia formación, incluso después de haber salido de la universidad.
Respecto a los actuales programas y el estado del sistema educativo, es una pregunta difícil y que a la que no se puede dar una respuesta general. Basándome en mi propia experiencia como docente, creo que el panorama está cambiando demasiado rápido y hemos perdido algunas cosas, y que hoy se está volviendo más difícil inculcar la importancia de reflexionar sobre ideas complejas a una generación cada vez más dominada por lo visual y que tiende a reducir al mínimo sus ideas.
Pero me parece que el gran problema no tiene tanto que ver con los estudiantes sino con cómo nos estamos desempeñando como docentes. Creo que hay profesores cada vez más cegados por la vanidad que interesados por incentivar y motivar a sus alumnos. Es como si prefirieran adoctrinar y crearse fans que alentarlos a ser ellos mismos y hacerlo con rigor y respeto a la profesión.
¿Qué aspectos se podrían mejorar y completar?
Insisto, según mi experiencia, creo que es esencial despertar en cada uno de los alumnos el pensamiento crítico. Esto, en la práctica, se torna casi imposible debido a la terrible brevedad de tiempo que se otorga a la enseñanza de las asignaturas. Tengo la sensación de que justo cuando se están empezando a sentar las primeras bases para comprender el concepto de la asignatura, el semestre ya ha concluido.
Lo más deseable sería valorar y fomentar la construcción sólida de conocimiento antes que la acumulación de información. Compruebo que, en general, los estudiantes poseen un conocimiento muy vago de la historia de la arquitectura. No creo en la historia como acumulación de datos sino como una lectura analítica y crítica que les debiera servir para cimentar su propia formación, evitando así que caigan en el embrujo del último charlatán de moda o creer que cualquier cosa es una innovación.
Creo que habría que tratar de combatir esta inercia de esquematismo en los conocimientos y rapidez que parece determinar el carácter de la formación universitaria hoy en día. No puedo decir cuál sería la fórmula para hacerlo, pero habría que intentar armonizar al máximo posible el acceso a la información que hoy nos brindan las tecnologías con la vocación de construir un conocimiento sólido y amplio, que no rehúya enfrentarse la complejidad.
Durante su formación en Buenos Aires en los años 80 también sufrió el contexto de una crisis como ha ocurrido y ocurre en España en estos momentos, ¿fue este el motivo que le llevó a encauzar su vida profesional hacía la crítica?
Argentina, al igual que otros países de Latinoamérica, se caracteriza por vivir crisis cíclicas, pero que no se pueden equiparar a la crisis en que nos encontramos inmersos en España. Las crisis de este tipo son más rápidas, casi fulminantes, pero también la recuperación manifiesta una cierta celeridad. Lo que ha sucedido es que de cada crisis han ido quedando cosas en el camino: la sanidad, la educación pública… se han ido deteriorando a la par que la clase media iba destruyéndose e iba surgiendo un importante puñado de nuevos ricos.
No decidí estudiar Arquitectura por cuestiones pragmáticas sino por ese empuje que uno tiene cuando es joven, sin plantearme nunca qué pasaría cuando me recibiera. Mis años universitarios estuvieron marcados por una de esas tantas crisis cíclicas, dominados por la incertidumbre de cuál sería el futuro. Posiblemente esto tenga algo que ver con haber derivado hacia la crítica. Sin querer frivolizar, diría que si las crisis no te matan te fortalecen. Siempre que uno esté abierto a aprender de ellas.

Se ha comentado y debatido bastante sobre la muerte de la crítica de arquitectura, pero ¿existe realmente una diferencia substancial entre la crítica actual y la de épocas pasadas?
La animadversión contra la crítica no está solamente en la órbita de la arquitectura. La sociedad se ha tornado cada vez más pasiva o complaciente. La brutal crisis del sistema que estamos padeciendo propició el surgimiento del 15-M, pero finalmente esa indignación fue absorbida por el sistema y de esa forma se contuvo. Tal vez porque algunos no estaban tan indignados como parecía con ese sistema, sino que su única intención era abrirse nichos en él.
Quienes determinan la muerte de la crítica de la arquitectura son normalmente los mismos que buscan destruir cualquier atisbo de insumisión al sistema en que se encuentran demasiado cómodos. Creo que, finalmente, lo que han logrado es no tener que decretar su muerte sino amansarla. Y lo han hecho mediante prebendas.
Siempre hubo críticos obsecuentes y que escribieron al dictado de ciertos personajes, o exclusivamente para loarlos. Pero hoy se me hace difícil, sino imposible, encontrar una verdadera crítica. Abundan charlatanes y boutadistas pero falta gente que hable claro y que exponga ideas con solidez.
¿Cuándo cree que se ha producido esa pérdida de rumbo? (Si se ha producido)
No pienso que se haya perdido el rumbo sino que vamos hacia dónde quieren que vayamos quienes manejan el barco, y los demás han convenido obedecer sin rechistar o sobreactuando una supuesta rebeldía con la sola intención de captar elogios en redes sociales, pero sin un genuino interés de torcer el sistema.
Creo que hemos llegado a un punto de no retorno. La sociedad camina hacia un empobrecimiento cultural, ideológico, espiritual… generalizado. Supongo que se trata de ciclos históricos y estamos viviendo uno de esos momentos de decadencia y crisis, de los que emergen otras estructuras.
Ayer en un programa de televisión entrevistaban a una ‘influencer’, un personaje insulso e ignorante y que se jactaba además de su propia ignorancia. Viendo esto, confirmaba una vez más que el problema no radica en que exista este modelo de personajes embrutecidos sino en que estos se hayan acabado convirtiendo en ejemplos admirados. Se puede replicar que en eso consiste la televisión basura, pero si trasladamos esta misma inercia a la arquitectura, veremos que los modelos ensalzados por los medios con objeto de que sean reverenciados por los arquitectos no difieren en exceso de esos zangolotinos cuya profesión es ser influencer.
En este mismo sentido, recomiendo ver el documental que forma parte de la serie ‘Abstracts’, emitido por Netflix, dedicado a Bjarke Ingels. Personalmente, ha reforzado las preguntas que no deja de suscitarme Ingels: cómo puede haber ascendido a esta categoría de pseudo-mito un tipo que solamente repite eslóganes dignos de libro de autoayuda, sin la menor enjundia intelectual.
Esta veneración a todo este tipo de figuras ha conducido a este punto muerto y vergonzante.

Por tanto, ¿cuál debe ser la función de un crítico? ¿Cómo debe posicionarse un crítico de arquitectura?
Hoy suelen confundirse la idea de teórico y la de crítico, que son totalmente diferentes. Yo me siento más crítico que teórico.
En mi opinión, el crítico tiene que ser un desestabilizador, alguien que genere preguntas y ponga en liza las certezas colectivas. Lejos, muy lejos, de ser un cazatalentos o un curador, como hoy se empeñan en promulgar quienes dicen estar haciendo crítica. Un crítico debe observar e instigar preguntas. Creo que, dado el tiempo en que vivimos, que tiende a ser pasivo, a necesitar explicaciones y respuestas esquemáticas y rápidas, es necesario cierto espíritu beligerante y vehemente, que haga zozobrar las certezas que se han absorbido irreflexivamente. Creo que más que generar dogmas o verdades, el crítico debe abrir dudas.
Como he dicho, en la actualidad se tiende, de una manera muy taimada, a menospreciar la figura del crítico. En una sociedad infantilizada no son bienvenidas las disidencias.
Hay razones claras para que esto suceda, y muchas de ellas han sido fomentadas por la acción de muchos autoconsiderados críticos, los cuales funcionan más como community managers o publicistas de ciertos arquitectos y que nunca tuvieron por cometido ejercer de críticos. Han anulado la idea de la reflexión y han desfigurado el concepto de lo que significa hacer crítica. También se ha generalizado el modelo del crítico como un personaje amargado y frustrado, un pobre desgraciado que canaliza sus miserias y envidias arremetiendo contra otros: el criticón.
Con esa proliferación de farsantes por un lado y esta trivialización de la función del crítico por otro, se ha vuelto muy difícil crear un entorno en el que la crítica pueda recuperar su razón de ser.
Por mi parte, creo que la reflexión crítica es fundamental para desarrollar y hacer crecer el cuerpo teórico que da base a la construcción de la propia arquitectura. Equipa también los propios criterios, nuestra responsabilidad sobre la integridad de nuestras ideas.
Define la crítica que realiza como pragmática, esto le ha acarreado algún que otro enfrentamiento, ¿por qué cree que no se reciben bien sus reflexiones?
Sostengo que la crítica, y más aún en estos tiempos, debe apuntar directamente al problema, sin perderse en derivas retóricas. Intento, como ya decía, que éstas no sirvan para abonar ningún tipo de dogmatismo sino para generar debate.
No estoy de acuerdo con que mis reflexiones no sean bien recibidas. Seguramente quienes se las toman a mal son más ruidosos, y quizá por ello se tenga esta impresión, pero también se reciben con interés y ganas de diálogo. Percibo que hay mucha gente deseosa de que le hablen con claridad, que el crítico tome una posición libre de ambigüedades.
Respecto al primer caso, el matonismo de la corrección política no acepta divergencias y esto se ha convertido en uno de los grandes males de nuestro tiempo, provocando un retroceso peligroso para el pensamiento. De esa corrección política se están beneficiando muchos crápulas que la utilizan para proteger y mantener a flote sus negocios. El buenismo imperante, por paradójico que suene, es el arma más potente para dejar fuera de juego al discrepante. Amparados en esa auto-atribuida superioridad moral y ética y su poder como ‘grupo’, se intenta eliminar y anular a quien opina y cuestiona desde la individualidad. Tal vez, el problema sea no querer participar en esta comparsa.
En el entorno de la arquitectura, siempre se ha visto como una traición el ejercicio de la crítica independiente, pocas veces como algo útil y constructivo. En una profesión determinada por los egos y el corporativismo se ve muy mal esa insumisión de hablar claro, pedir cuentas. Se premia al tonto útil que blasfema y gesticula pero cuyo discurso no es incómodo.
En un artículo reciente, Santiago de Molina escribía sobre “vivir sin maestros”, ¿podría radiografiar el panorama actual de la arquitectura española e internacional?
Creo que la arquitectura está sumida en un aturdimiento general. Sostengo, a mi pesar, que la crisis no ha servido para reflexionar y generar una catarsis. Que sobreviven, aunque como muertos vivientes, personajes del pasado, que aún siguen infundiendo miedo, lo que evita que se los cuestione por temor a quedarse fuera del sistema que aún rigen.
Me parece que se ha reflexionado poco y mal sobre los motivos que llevaron al colapso de la arquitectura. Estamos ante un escenario al cual está regresando gradualmente todo lo que llevó a ese colapso. Dos ejemplos de este déjà-vu: que Foster gane el reciente concurso del Museo del Prado y la inauguración de la Filarmónica de Hamburgo (otro edificio icónico que ha multiplicado por diez su presupuesto original). Ambos ponen de manifiesto que quienes apostaron para que esta crisis fuera solamente un impasse han ganado. Las reglas del juego y sus jugadores siguen siendo los mismos, y han logrado eliminar o convertir en perdedores a gran parte de una generación. Más aún, generando en ellos un complejo de culpa, de responsabilidad compartida, y haciendo que acaten un estado de precariedad profesional como castigo que deben pagar.

La arquitectura, tiene abiertos muchos frentes de batalla (LSP, Bolonia, paro, precariedad laboral, COAs, ETSAs, emigración, comunicación, etc), ¿no serán demasiados para la polarización existente dentro de la misma?
Ante preguntas así uno siempre corre el riesgo de acabar cayendo en el palabrerío, en enunciar buenas intenciones casi utópicas. La mayoría de ellos se solucionarían con determinación real de cambio, con una actitud enérgicamente crítica sobre el momento. Sin mansedumbre, con rebeldía genuina, no con eslóganes y ruido. Hay que empezar a dejar mucho atrás, denunciando las causas verdaderas que nos condujeron a este punto.
Creo que el factor de Bolonia, que a mi criterio conduce a una profesionalización extrema que va en detrimento del papel de la universidad como espacio de pensamiento y crecimiento, causará daños irreparables.
Creo que es muy difícil ir contracorriente de los flujos que empujan el mundo hoy, pero habría que empezar a perder el temor y llamar a las cosas por su nombre. Apuntar hacia arriba, señalando a quiénes y qué factores han llevado a la profesión y a la disciplina a este punto tan sensible.
¿Cómo ve el futuro de la arquitectura? ¿Y el de la profesión?
Como decía antes, soy pesimista en general. No me gusta cómo están las cosas. La arquitectura, la inteligencia de la arquitectura, se encuentra en malas manos. La frivolidad campa a sus anchas y esto no puede achacarse sólo al entorno digital, también esto afecta a muchas parcelas del mundo académico. El modelo de mercado se ha antepuesto al conocimiento.
Se suele dar valor a arquitectos que hacen mala arquitectura y que, a la vez, venden ideologías deleznablemente huecas. Los admirados modelos Bjarke Ingels y Alejandro Aravena son paupérrimos, ideológicamente perversos, pero creo que es un error contraponer a estos el modelo puritano, que encarnan figuras como Zumthor o los recientes Pritzker, RCR Arquitectes. Este modelo es elitista y poco acorde a nuestro tiempo. Seguramente producen buena arquitectura pero es una arquitectura ensimismada y que está dirigida a minorías.
Da la impresión de que hemos pasado, en el lapso de doce meses, de admirar el concepto ‘cool’ de chabolismo propuesto por Aravena o Urban Think Tank a reivindicar ahora el preciosismo y la sofisticación elitista.
No me interesa hacer de profeta, pero apostaría a que el futuro de la arquitectura tiene que pasar por el desarrollo de la industria y la tecnificación. Es necesario intentar hacer arquitectura de calidad y asequible a todos. Para ello, la crítica debe esforzarse en construir una base ideológica sólida, que defina cuáles son las necesidades reales a las que arquitectura debe dar servicio. Habría que romper con la inercia clasista que siempre ha acabado determinando la profesión. Trabajar desde lo público en serio. Dejar la superficie de los eslóganes y el efectismo y entrar en un debate responsable sobre lo que se quiere y lo que se debe hacer.
¿Qué opina de los que se han ido a trabajar al extranjero?
Procedo de una familia de inmigrantes que se vieron obligados a abandonar su país a comienzos del siglo XX. Por eso sé que emigrar es un trance complejo, aún más cuando se transforma en la única solución. En mi caso, la decisión de emigrar fue una opción personal y mi experiencia ha sido muy satisfactoria. Salir del ‘hogar’, dejar la seguridad, me hizo avanzar. No obstante, no creo que sea una condición ni necesaria ni obligatoria para desarrollarse personal o profesionalmente.
Dentro del contexto español actual, en el que se ubica tu pregunta, creo que estos discursos llamando a la emigración o presentándola como única alternativa son muy perjudiciales. Solamente pueden ser beneficiosos para dejar campo libre a una generación que ya está asentada y que no quiere competencia, ni perder vigencia, poderes y privilegios. Me resultan insultantes por la ligereza con que se invita a las personas a irse, haciendo que las personas comiencen su recorrido profesional desde la frustración y el victimismo.
Lamentablemente veo que se está propiciando también una impostura sobre el hecho de emigrar. Hay muchos migrantes vip, que se han desplazado queriendo imbuir de realidad a ese discurso engañoso y exhibiendo ese victimismo. Estos migrantes vip no tienen interés en hacer de ello una experiencia vital, sino alardear en las redes de sus vicisitudes en tierras extrañas.
Emigrar por obligación no es una cuestión fácil, y aún menos si uno se ve impelido a hacerlo. Puede acabar siendo una circunstancia muy traumática.

¿Qué opina de los arquitectos que emprenden en nuevos campos?
Creo en un individualismo bien entendido, como independencia. El emprendedor como persona que levantaba su propio proyecto profesional y vital siempre ha existido. Quien en estos momentos aplique su conocimiento en proyectos que le permitan realizarse, me parece alguien digno de elogio y respeto.
Dicho esto, ese concepto en boga de ‘emprendedor’ y lo que implica me causa mucha suspicacia. Me parece que es paradigmático de esta sociedad de pícaros y embrutecida, que confía como única solución en un aparente progreso hacia adelante y en el individualismo como espectáculo.
La educación del arquitecto es muy abarcativa, aunque esto suene a cliché, y proporciona herramientas que capacitan para poder aplicar y seguir aprendiendo en otros campos. Esto no quiere decir que, si soy arquitecto, de la noche a la mañana no puedo amanecer también capacitado para ser cineasta, artista o filósofo (o todo a la vez). Por supuesto que es positivo abrir el espectro de los intereses y de los potenciales que uno es capaz de integrar a su conocimiento y actividades, pero es importante un sentido de rigor y humildad.
Con lo que estoy totalmente en desacuerdo es con esos discursos que quieren persuadir a los arquitectos a dejar la profesión para dedicarse a otra cosa, bien sea desalentándoles o bien envaneciéndolos y haciéndoles que serán geniales en cualquier campo porque, como he dicho, parten de intereses turbios que quieren reducir al mínimo la competencia dentro de un sistema que ya está muy bien apuntalado.
¿Está contento con su trayectoria profesional? ¿Qué proyectos de futuro le esperan?
Al ser muy pesimista e inconformista me es difícil sentirme satisfecho. Recalco lo que decía al comienzo: creo que esta profesión, como casi todo, es una carrera de fondo. Me alegra haber corrido a un ritmo pausado, con momentos mejores y otros peores. Pero puedo decir que he visto a muchos pasar corriendo a más velocidad y, después, desaparecer. El aprendizaje es lento y estamos saturados de malos aprendices.
Yendo a lo concreto: el año pasado comencé con ‘Cruces Críticos’ una serie de diálogos entre arquitectos y profesionales de otros ámbitos, que tenían como objeto indagar en la reflexión sobre el papel del pensamiento crítico en este momento. En este momento me interesa mucho salir del monólogo. Hacia el futuro me interesa seguir organizando este tipo de encuentros que sirvan para romper la reflexión endogámica y buscar voces que estén más al margen de los estruendos mediáticos.
Por otro lado, estoy preparando un libro.
Para acabar, ¿qué le aconsejaría a los actuales estudiantes y futuros profesionales de la arquitectura?
Detesto que me den consejos, más aún cuando no los he pedido. Por eso evito posicionarme como consejero.
Ante esta pregunta, me acude a la cabeza la imagen de aquellos estudiantes o jóvenes arquitectos que actuaron como pedestales humanos en la Bienal de Venecia de 2012. Con las máscaras que ocultaban sus rostros y sus monos blancos, uniformándolos. Me parece una metáfora terrible de la obediencia, de la aniquilación total de la rebeldía.
Con esa imagen en mente, no les aconsejaría pero sí les diría que no se acobarden ante el panorama, que parece poco halagüeño y que algunos se empeñan en polucionar aún más. Que busquen sus propias experiencias, sin querer imitar ni obedecer. También que no mitifiquen a nadie, que construyan su propio pensamiento.

Fredy Massad · crítica de arquitectura
Marzo 2016
Entrevista realizada por Ana Barreiro Blanco y Alberto Alonso Oro. Agradecer a Fredy su tiempo y predisposición con este pequeño espacio.[:gl]
Nesta nova entrega da sección “baliza”, achegámonos ao mundo da “crítica de arquitectura”, e que mellor forma de facelo que da man de Fredy Massad (Buenos Aires, 1966).
Arquitecto atípico (ten que obtén na Facultade de Arquitectura, Deseño e Plan Urbano da Universidade de Buenos Aires) e que en compañía de Alicia Guerreiro Yesto investiga e realiza análises críticas sobre a arquitectura contemporánea. Combina o seu labor docente (profesor de Teoría e Crítica da Arquitectura en School of Architecture-UIC en Barcelona, profesor invitado ad honorem na Facultade de Arquitectura e Urbanismo da Universidade de Buenos Aires en Arxentina e profesor convidado da Vilniaus Dailès Akademija en Lituania) co seu traballo como crítico de arquitectura no xornal ABC (Desde 2013, autor do blogue A viga no ollo) e colaborador en diferentes medios internacionais de Hispanoamérica, Europa e Asia.
Deixámosvos co ollo clínico de Freddy, esperamos que vos guste.

Como se definiría Fredy Massad?
Unha vez, con ánimo de ofender, alguén me chamou ‘inconformista patolóxico’. Eu tomeino como un halago, así que me serve aquí como auto-definición.
Son alguén que cre na necesidade da dúbida persistente. Son pesimista.
Creo que na vida pódese cambiar de todo menos de camiseta. Eu levo sempre a de Boca, que é a de Diego Armando Maradona.
Nalgunha entrevista anterior comenta que recibiu un ensino imperfecta pero que, grazas a esa imperfección, non lle condicionou como individuo e non lle inculcaba ningún tipo de dogmatismo Que opina dos programas e do sistema educativo actual nas escolas de Arquitectura?
Cando digo que a miña educación foi imperfecta, quero dicir que estudei nunha facultade masificada e nun período no que ir á universidade non era unha decisión, senón algo que sentía como unha responsabilidade, unha obrigación. Con todo, o Estado non o asumía como unha prioridade. Investíase e séguese investindo moi pouco na educación pública. A pesar diso, a Universidade de Bos de Aires tiña e segue tendo magníficos docentes
Aquela masificación, que a priori podía ser contraproducente, obrigábache a crecer. Deixábache liberdade como individuo. Dábache rúa, como dicimos en Arxentina. Obrigábache a perfilar o camiño que debías percorrer para formarche. Ofrecíache as ferramentas básicas, permitindo que foses ti mesmo quen aprendese a usalas.
Gústame dar valor a esta imperfección porque se adoita ter en xeral un certo complexo de inferioridade respecto doutras universidades, consideradas máis prestixiosas, con máis ‘marca’, máis ‘vanguardistas’… e de onde se sae cun pensamento endogámico e pechado, de certa arrogancia. Creo preferible a aprendizaxe que achegan centros menos ‘perfectos’, onde o alumno ten que manter a inquietude pola súa propia formación, mesmo despois de saír da universidade.
Respecto dos actuais programas e o estado do sistema educativo, é unha pregunta difícil e que á que non se pode dar unha resposta xeral. Baseándome na miña propia experiencia como docente, creo que o panorama está a cambiar demasiado rápido e perdemos algunhas cousas, e que hoxe se está volvendo máis difícil inculcar a importancia de reflexionar sobre ideas complexas a unha xeración cada vez máis dominada polo visual e que tende a reducir ao mínimo as súas ideas.
Pero paréceme que o gran problema non ten tanto que ver cos estudantes senón con como nos estamos desempeñando como docentes. Creo que hai profesores cada vez máis cegados pola vaidade que interesados por incentivar e motivar aos seus alumnos. É coma se preferisen adoutrinar e crearse fans que alentalos a ser eles mesmos e facelo con rigor e respecto á profesión.
Que aspectos poderíanse mellorar e completar?
Insisto, segundo a miña experiencia, creo que é esencial espertar en cada un dos alumnos o pensamento crítico. Isto, na práctica, tórnase case imposible debido á terrible brevidade de tempo que se outorga ao ensino das materias. Teño a sensación de que xusto cando se están empezando a sentar as primeiras bases para comprender o concepto da materia, o semestre xa concluíu.
O máis desexable sería valorar e fomentar a construción sólida de coñecemento antes que a acumulación de información. Comprobo que, en xeral, os estudantes posúen un coñecemento moi vago da historia da arquitectura. Non creo na historia como acumulación de datos senón como unha lectura analítica e crítica que lles debese servir para cimentar a súa propia formación, evitando así que caian no encanto do último charlatán de moda ou crer que calquera cousa é unha innovación.
Creo que habería que tratar de combater esta inercia de esquematismo nos coñecementos e rapidez que parece determinar o carácter da formación universitaria hoxe en día. Non podo dicir cal sería a fórmula para facelo, pero habería que tentar harmonizar ao máximo posible o acceso á información que hoxe nos brindan as tecnoloxías coa vocación de construír un coñecemento sólido e amplo, que non rehúya enfrontarse a complexidade.
Durante a súa formación en Buenos Aires nos anos 80 tamén sufriu o contexto dunha crise como ocorreu e ocorre en España nestes momentos, foi leste o motivo que lle levou a canalizar a súa vida profesional facía a crítica?
Arxentina, do mesmo xeito que outros países de Latinoamérica, caracterízase por vivir crises cíclicas, pero que non se poden equiparar á crise en que nos atopamos inmersos en España. As crises deste tipo son máis rápidas, case fulminantes, pero tamén a recuperación manifesta una certa celeridade. O que sucedeu é que de cada crise foron quedando cousas no camiño: a sanidade, a educación pública… fóronse deteriorando á vez que a clase media ía destruíndose e ía xurdindo un importante puñado de novos ricos.
Non decidín estudar Arquitectura por cuestións pragmáticas senón por ese empuxe que un ten cando é novo, sen exporme nunca que pasaría cando me recibise. Os meus anos universitarios estiveron marcados por unha desas tantas crises cíclicas, dominados pola incerteza de cal sería o futuro. Posiblemente isto teña algo que ver con derivar cara á crítica. Sen querer frivolizar, diría que se as crises non che matan fortalécenche. Sempre que un estea aberto a aprender delas.

Comentouse e debatido bastante sobre a morte da crítica de arquitectura, pero existe realmente unha diferenza substancial entre a crítica actual e a de épocas pasadas?
A animadversión contra a crítica non está soamente na órbita da arquitectura. A sociedade tornouse cada vez máis pasiva ou compracente. A brutal crise do sistema que estamos a padecer propiciou o xurdimento do 15-M, pero finalmente esa indignación foi absorbida polo sistema e desa forma contívose. Talvez porque algúns non estaban tan indignados como parecía con ese sistema, senón que a súa única intención era abrirse nichos nel.
Quen determina a morte da crítica da arquitectura son normalmente os mesmos que buscan destruír calquera indicio de insubmisión ao sistema en que se atopan demasiado cómodos. Creo que, finalmente, o que lograron é non ter que decretar a súa morte senón amansarla. E fixérono mediante prebendas.
Sempre houbo críticos obsecuentes e que escribiron ao ditado de certos personaxes, ou exclusivamente para loalos. Pero hoxe fáilleme difícil, senón imposible, atopar unha verdadeira crítica. Abundan charlatanes e boutadistas pero falta xente que fale claro e que expoña ideas con solidez.
Cando cre que se produciu esa perda de rumbo? (Se se produciu)
Non penso que se perdeu o rumbo senón que imos cara a onde queren que vaiamos quen manexa o barco, e os demais conviñeron obedecer sen rechistar ou sobreactuando unha suposta rebeldía coa soa intención de captar eloxios en redes sociais, pero sen un xenuíno interese de torcer o sistema.
Creo que chegamos a un punto de non retorno. A sociedade camiña cara a un empobrecimiento cultural, ideolóxico, espiritual… xeneralizado. Supoño que se trata de ciclos históricos e estamos a vivir un deses momentos de decadencia e crise, dos que emerxen outras estruturas.
Onte nun programa de televisión entrevistaban a unha ‘influencer’, un personaxe insulso e ignorante e que se jactaba ademais da súa propia ignorancia. Vendo isto, confirmaba unha vez máis que o problema non radica en que exista este modelo de personaxes embrutecidos senón en que estes se acabaron convertendo en exemplos admirados. Pódese replicar que niso consiste a televisión lixo, pero se trasladamos esta mesma inercia á arquitectura, veremos que os modelos enxalzados polos medios con obxecto de que sexan reverenciados polos arquitectos non difiren en exceso deses zangolotinos cuxa profesión é ser influencer.
En leste mesmo sentido, recomendo ver o documental que forma parte da serie ‘Abstracts’, emitido por Netflix, dedicado a Bjarke Ingels. Persoalmente, reforzou as preguntas que non deixa de suscitarme Ingels: como pode ascender a esta categoría de pseudo-mito un tipo que soamente repite eslóganes dignos de libro de autoaxuda, sen a menor enxunlla intelectual.
Esta veneración a todo este tipo de figuras conduciu a este punto morto e vergonzante.

Por tanto, cal debe ser a función dun crítico? Como debe situarse un crítico de arquitectura?
Hoxe adoitan confundirse a idea de teórico e a de crítico, que son totalmente diferentes. Eu síntome máis crítico que teórico.
Na miña opinión, o crítico ten que ser un desestabilizador, alguén que xere preguntas e poña en liza as certezas colectivas. Lonxe, moi lonxe, de ser un cazatalentos ou un curador, como hoxe empéñanse en promulgar quen di estar a facer crítica. Un crítico debe observar e instigar preguntas. Creo que, dado o tempo en que vivimos, que tende a ser pasivo, a necesitar explicacións e respostas esquemáticas e rápidas, é necesario certo espírito belixerante e vehemente, que faga zozobrar as certezas que se absorberon irreflexivamente. Creo que máis que xerar dogmas ou verdades, o crítico debe abrir dúbidas.
Como dixen, na actualidade téndese, dunha maneira moi taimada, a menosprezar a figura do crítico. Nunha sociedade infantilizada non son benvidas as disidencias.
Hai razóns claras para que isto suceda, e moitas delas foron fomentadas pola acción de moitos autoconsiderados críticos, os cales funcionan máis como community managers ou publicistas de certos arquitectos e que nunca tiveron por labor exercer de críticos. Anularon a idea da reflexión e han desfigurado o concepto do que significa facer crítica. Tamén se xeneralizou o modelo do crítico como un personaxe amargado e frustrado, un pobre desgraciado que canaliza as súas miserias e envexas arremetendo contra outros: o criticón.
Con esa proliferación de farsantes por unha banda e esta trivialización da función do crítico por outro, volveuse moi difícil crear unha contorna no que a crítica poida recuperar a súa razón de ser.
Pola miña banda, creo que a reflexión crítica é fundamental para desenvolver e facer crecer o corpo teórico que dá base á construción da propia arquitectura. Equipa tamén os propios criterios, a nosa responsabilidade sobre a integridade das nosas ideas.
Define a crítica que realiza como pragmática, isto carrexoulle algún que outro enfrontamento, por que cre que non se reciben ben as súas reflexións?
Sosteño que a crítica, e máis aínda nestes tempos, debe apuntar directamente ao problema, sen perderse en derivas retóricas. Intento, como xa dicía, que estas non sirvan para abonar ningún tipo de dogmatismo senón para xerar debate.
Non estou de acordo con que as miñas reflexións non sexan ben recibidas. Seguramente quen llas toma a mal son máis ruidosos, e quizá por iso téñase esta impresión, pero tamén se reciben con interese e ganas de diálogo. Percibo que hai moita xente desexosa de que lle falen con claridade, que o crítico tome unha posición libre de ambigüidades.
Respecto ao primeiro caso, o matonismo da corrección política non acepta diverxencias e isto converteuse nun dos grandes males do noso tempo, provocando un retroceso perigoso para o pensamento. Desa corrección política están a beneficiarse moitos crápulas que a utilizan para protexer e manter á boia os seus negocios. O buenismo imperante, por paradoxal que soe, é a arma máis potente para deixar fóra de xogo ao discrepante. Amparados nesa auto-atribuída superioridade moral e ética e a súa poder como ‘grupo’, téntase eliminar e anular a quen opina e cuestiona desde a individualidade. Talvez, o problema sexa non querer participar nesta comparsa.
Na contorna da arquitectura, sempre se viu como unha traizón o exercicio da crítica independente, poucas veces como algo útil e construtivo. Nunha profesión determinada polos egos e o corporativismo vese moi mal esa insubmisión de falar claro, pedir contas. Prémiase ao parvo útil que blasfema e gesticula pero cuxo discurso non é incómodo.
Nun artigo recente, Santiago de Molina escribía sobre “vivir sen mestres”, podería radiografiar o panorama actual da arquitectura española e internacional?
Creo que a arquitectura está sumida nun aturdimiento xeral. Sosteño, ao meu pesar, que a crise non serviu para reflexionar e xerar unha catarse. Que sobreviven, aínda que como mortos viventes, personaxes do pasado, que aínda seguen infundiendo medo, o que evita que llos cuestione por temor a quedar fose do sistema que aínda rexen.
Paréceme que se reflexionou pouco e mal sobre os motivos que levaron ao colapso da arquitectura. Estamos ante un escenario ao cal está a regresar gradualmente todo o que levou a ese colapso. Dous exemplos deste déjà-vu: que Foster gañe o recente concurso do Museo do Prado e a inauguración da Filarmónica de Hamburgo (outro edificio icónico que multiplicou por dez o seu orzamento orixinal). Ambos poñen de manifesto que quen apostou para que esta crise fóra soamente un impasse gañaron. As regras do xogo e os seus xogadores seguen sendo os mesmos, e lograron eliminar ou converter en perdedores a gran parte dunha xeración. Máis aínda, xerando neles un complexo de culpa, de responsabilidade compartida, e facendo que acaten un estado de precariedade profesional como castigo que deben pagar.

A arquitectura, ten abertos moitas frontes de batalla (LSP, Bolonia, paro, precariedade laboral, COAs, ETSAs, emigración, comunicación, etc), non serán demasiados para a polarización existente dentro da mesma?
Ante preguntas así uno sempre corre o risco de acabar caendo no palabrerío, en enunciar boas intencións case utópicas. A maioría deles solucionaríanse con determinación real de cambio, cunha actitude enerxicamente crítica sobre o momento. Sen mansedumbre, con rebeldía xenuína, non con eslóganes e ruído. Hai que empezar a deixar moito atrás, denunciando as causas verdadeiras que nos conduciron a este punto.
Creo que o factor de Bolonia, que ao meu criterio conduce a unha profesionalización extrema que vai en detrimento do papel da universidade como espazo de pensamento e crecemento, causará danos irreparables.
Creo que é moi difícil ir contracorriente dos fluxos que empuxan o mundo hoxe, pero habería que empezar a perder o temor e chamar ás cousas polo seu nome. Apuntar cara arriba, sinalando a quen e que factores levaron á profesión e á disciplina a este punto tan sensible.
Como ve o futuro da arquitectura? E o da profesión?
Como dicía antes, son pesimista en xeral. Non me gusta como están as cousas. A arquitectura, a intelixencia da arquitectura, atópase en malas mans. A frivolidade campa ás súas anchas e isto non pode achacarse só á contorna dixital, tamén isto afecta a moitas parcelas do mundo académico. O modelo de mercado antepúxose ao coñecemento.
Adóitase dar valor a arquitectos que fan mala arquitectura e que, á vez, venden ideoloxías deleznablemente ocas. Os admirados modelos Bjarke Ingels e Alejandro Aravena son paupérrimos, ideológicamente perversos, pero creo que é un erro contrapoñer a estes o modelo puritano, que encarnan figuras como Zumthor ou os recentes Pritzker, RCR Arquitectes. Este modelo é elitista e pouco acorde ao noso tempo. Seguramente producen boa arquitectura pero é unha arquitectura ensimesmada e que está dirixida a minorías.
Se suele dar valor a arquitectos que hacen mala arquitectura y que, a la vez, venden ideologías deleznablemente huecas. Los admirados modelos Bjarke Ingels y Alejandro Aravena son paupérrimos, ideológicamente perversos, pero creo que es un error contraponer a estos el modelo puritano, que encarnan figuras como Zumthor o los recientes Pritzker, RCR Arquitectes. Este modelo es elitista y poco acorde a nuestro tiempo. Seguramente producen buena arquitectura pero es una arquitectura ensimismada y que está dirigida a minorías.
Dá a impresión de que pasamos, no lapso de doce meses, de admirar o concepto ‘cool’ de chabolismo proposto por Aravena ou Urban Think Tank a reivindicar agora o preciosismo e a sofisticación elitista.
Non me interesa facer de profeta, pero apostaría a que o futuro da arquitectura ten que pasar polo desenvolvemento da industria e a tecnificación. É necesario tentar facer arquitectura de calidade e alcanzable a todos. Para iso, a crítica debe esforzarse en construír unha base ideolóxica sólida, que defina cales son as necesidades reais ás que arquitectura debe dar servizo. Habería que romper coa inercia clasista que sempre acabou determinando a profesión. Traballar desde o público en serio. Deixar a superficie dos eslóganes e o efectismo e entrar nun debate responsable sobre o que se quere e o que se debe facer.
Que opina dos que se foron a traballar ao estranxeiro?
Procedo dunha familia de inmigrantes que se viron obrigados a abandonar o seu país a comezos do século XX. Por iso se que emigrar é un transo complexo, aínda máis cando se transforma na única solución. No meu caso, a decisión de emigrar foi unha opción persoal e a miña experiencia foi moi satisfactoria. Saír do ‘fogar’, deixar a seguridade, fíxome avanzar. Con todo, non creo que sexa unha condición nin necesaria nin obrigatoria para desenvolverse persoal ou profesionalmente.
Dentro do contexto español actual, no que se sitúa a túa pregunta, creo que estes discursos chamando á emigración ou presentándoa como única alternativa son moi prexudiciais. Soamente poden ser beneficiosos para deixar campo libre a unha xeración que xa está asentada e que non quere competencia, nin perder vixencia, poderes e privilexios. Resúltanme insultantes pola lixeireza con que se convida ás persoas para irse, facendo que as persoas comecen o seu percorrido profesional desde a frustración e o victimismo.
Lamentablemente vexo que se está propiciando tamén unha impostura sobre o feito de emigrar. Hai moitos migrantes vip, que se desprazaron querendo imbuír de realidade a ese discurso enganoso e exhibindo ese victimismo. Estes migrantes vip non teñen interese en facer diso unha experiencia vital, senón alardear nas redes das súas vicisitudes en terras estrañas.
Emigrar por obrigación non é unha cuestión fácil, e aínda menos se un vese impelido a facelo. Pode acabar sendo unha circunstancia moi traumática.

Que opina dos arquitectos que emprenden en novos campos?
Creo nun individualismo ben entendido, como independencia. O emprendedor como persoa que levantaba o seu propio proxecto profesional e vital sempre existiu. Quen nestes momentos aplique o seu coñecemento en proxectos que lle permitan realizarse, paréceme alguén digno de eloxio e respecto.
Devandito isto, ese concepto en boga de ‘emprendedor’e o que implica cáusame moita suspicacia. Paréceme que é paradigmático desta sociedade de pícaros e embrutecida, que confía como única solución nun aparente progreso cara a adiante e no individualismo como espectáculo.
A educación do arquitecto é moi abarcativa, aínda que isto soe a cliché, e proporciona ferramentas que capacitan para poder aplicar e seguir aprendendo noutros campos. Isto non quere dicir que, se son arquitecto, da noite para a mañá non podo amencer tamén capacitado para ser cineasta, artista ou filósofo (ou todo á vez). Por suposto que é positivo abrir o espectro dos intereses e dos potenciais que uno é capaz de integrar ao seu coñecemento e actividades, pero é importante un sentido de rigor e humildade.
Co que estou totalmente en desacordo é con eses discursos que queren persuadir aos arquitectos para deixar a profesión para dedicarse a outra cousa, ben sexa desalentándoles ou ben envaneciéndolos e facéndolles que serán xeniais en calquera campo porque, como dixen, parten de intereses turbios que queren reducir ao mínimo a competencia dentro dun sistema que xa está moi ben apontoado.
Está contento coa súa traxectoria profesional? Que proxectos de futuro espéranlle?
Ao ser moi pesimista e inconformista éme difícil sentirme satisfeito. Recalco o que dicía ao comezo: creo que esta profesión, como case todo, é unha carreira de fondo. Alégrame correr a un ritmo pausado, con momentos mellores e outros peores. Pero podo dicir que vin a moitos pasar correndo a máis velocidade e, despois, desaparecer. A aprendizaxe é lento e estamos saturados de malos aprendices.
Indo ao concreto: o ano pasado comecei con ‘Cruces Críticos’ unha serie de diálogos entre arquitectos e profesionais doutros ámbitos, que tiñan como obxecto indagar na reflexión sobre o papel do pensamento crítico neste momento. Neste momento interésame moito saír do monólogo. Cara ao futuro interésame seguir organizando este tipo de encontros que sirvan para romper a reflexión endogámica e buscar voces que estean máis á marxe dos estrondos mediáticos.
Doutra banda, estou a preparar un libro.
Para acabar, que lle aconsellaría aos actuais estudantes e futuros profesionais da arquitectura?
Detesto que me dean consellos, máis aínda cando non os pedín. Por iso evito situarme como conselleiro.
Ante esta pregunta, acódeme á cabeza a imaxe daqueles estudantes ou novos arquitectos que actuaron como pedestais humanos na Bienal de Venecia de 2012. Coas máscaras que ocultaban os seus rostros e os seus monos brancos, uniformándolos. Paréceme unha metáfora terrible da obediencia, da aniquilación total da rebeldía.
Con esa imaxe en mente, non lles aconsellaría pero si lles diría que non se acovarden ante o panorama, que parece pouco halagüeño e que algúns se empeñan en polucionar aínda máis. Que busquen as súas propias experiencias, sen querer imitar nin obedecer. Tamén que non mitifiquen a ninguén, que constrúan o seu propio pensamento.

Fredy Massad · crítica de arquitectura
Marzo 2016
Entrevista realizada por Ana Barreiro Branco e Alberto Alonso Ouro. Agradecer a Fredy o seu tempo e predisposición con este pequeno espazo.
[:en]
In this new delivery of the section “buoy”, we approach the world of the «critical architecture», and that better way of it doing that of Fredy Massad’s hand (Buenos Aires, 1966).
Atypical architect (it has that Urbano de la Universidad of Buenos Aires obtains in the Faculty of Architecture, Design and Planning) and who in Alicia Guerrero Yesto’s company investigates and realizes critical analyses on the contemporary architecture. It combines his educational labor (teacher of Theory and Critique of the Architecture in School of Architecture-UIC in Barcelona, invited teacher ad honorem in the Faculty of Architecture and Urbanism of the University of Buenos Aires in Argentina and teacher invited of the Vilniaus Dailès Akademija in Lithuania) with his work as critic of architecture in the newspaper ABC (From 2013, author of the blog La viga en el ojo) and collaborator in different international means of Spanish America, Europe and Asia.
We leave you with Freddy’s clinical eye, hope that you like.

How would Fredy Massad be defined?
Once, with intention of offending, someone was called me a ‘pathological unconformist’. I took it as a praise, so it serves me here as auto-definition.
I am someone who believes in the need of the persistent doubt. I am pessimistic.
I think that into the life it is possible to change of everything less vest. I take always that of Mouth, which is that of Diego Armando Maradona.
In some previous interview it comments that it received an imperfect education but that, thanks to this blemish, it has not determined him as individual and it had not inculcated any type of dogmatism what does think of the programs and of the educational current system in the schools of Architecture?
When I say that my education was imperfect, I want to say that I studied in a faculty masificada and in a period in which to go to the university was a decision, but anything that one was feeling as a responsibility, an obligation. Nevertheless, the State was not assuming it as a priority. It was invested and it continues being invested very little in the public education. In spite of it, the University of Good of Airs had and it continues having magnificent teachers.
That mass-production, which a priori could be counter-productive, was forcing you to grow. It was leaving freedom you as individual. It was giving you street, as we say in Argentina. It was forcing you to outline the way that you had to cross to be formed. It was offering you the basic tools, allowing that you were you itself who was learning to use them.
I like to give value to this blemish because one is in the habit of having in general a certain complex of inferiority with regard to other universities, considered more prestigious, with more it ‘marks’, more ‘avant-gardists’… and wherefrom it leaves with a thought endogámico and closed, of certain arrogance. I believe preferably the learning that less ‘perfect’ centers contribute, where the pupil has to support the worry for his own formation, even after having gone out of the university.
With regard to the current programs and the condition of the educational system, it is a difficult question and that to the one that cannot give him a general response. Basing on my own experience as teacher, I think that the panorama is changing too rapidly and we have lost some things, and that today is becoming more difficult to inculcate the importance of thinking about complex ideas to a generation increasingly dominated by the visual thing and that tends to reduce to the minimum his ideas.
But it seems to me that the great problem does not have so much that to see with the students but with how we are getting out of a jam ourselves as teachers. I think that there are teachers increasingly blocked up by the pretense that interested for stimulating and to motivate his pupils. It is as if prefirieran to indoctrinate and fans create that to encourage to be they themselves and to do it with rigor and respect to the profession.
What aspects might they improve and complete?
I insist, according to my experience, think that it is an essential awakening in each of the pupils the critical thought. This, in the practice, becomes almost impossible due to the terrible briefness of time that is granted to the education of the subjects. I have the sensation of which just when they are starting sitting the first bases to understand the concept of the subject, the semester already has concluded.
The most desirable thing would be the solid construction of knowledge values and to promote before that the accumulation of information. I verify that, in general, the students possess a very vague knowledge of the history of the architecture. I do not believe in the history as accumulation of information but as an analytical and critical reading that must to them serve to establish his own formation, avoiding so they fall down in the spell of the last fashionable charlatan or to think that any thing is an innovation.
I think that there would be necessary to try to attack this inertia of esquematismo in the knowledge and rapidity that seems to determine the character of the universitary education nowadays. I cannot say which would be the formula to do it, but there would be necessary to try to harmonize to the maximum possibly the access to the information that today the technologies drink to us with the vocation of constructing a solid and wide knowledge, that not rehúya the complexity to face.
During his formation in Buenos Aires in the 80s also it suffered the context of a crisis since it has happened and happens in Spain in these moments, it was this the motive that led him to channelling his professional life was doing the critique?
Argentina, as other countries of Latin America, characterizes for living through cyclical crises, but that cannot be compared to the crisis in which we are immersed in Spain. The crises of this type are more rapid, almost fulminating, but also the recovery demonstrates a certain speed. What has happened is that of every crisis things have been staying in the way: the health, the public education … have been deteriorating at par that the middle class was going being destroyed and an important handful of newly rich was arising.
I did not decide to study Architecture for pragmatic questions but for this push that one has when he is a young woman, without never appearing what would happen when it was receiving me. My university years were marked by one of these so many cyclical crises, dominated by the uncertainty of which it would be the future. Possibly this has something that to see in spite of having derived towards the critique. Accidentally frivolizar, he would say that if the crises do not kill you they strengthen you. Providing that one is opened to learning of them.

It has commented and debated enough on the death of the critical architecture, but there exists really a substantial difference between the current critique and that of last epochs?
The ill-will against the critique is not only in the orbit of the architecture. The company has become increasingly passive or complaisent. The brutal crisis of the system that we are suffering propitiated the emergence of 15-M, but finally this indignation was absorbed by the system and of this form it controlled itself. Maybe because some of them were not so infuriated since it seemed with this system, but his only intention was niches to be opened in him.
Those who determine the death of the critique of the architecture are normally the same ones that seek to destroy any observation of rebellion to the system in which they are too comfortable. I think that, finally, what they have achieved is not to have to decree his death but tame her. And they have done it by means of prebends.
Always there were critics obsecuentes and that wrote to the dictation of certain prominent figures, or exclusively for loarlos. But today it becomes me difficult, but impossible, to find a real critique. Charlatans abound and boutadistas but people are absent that he speaks clearly and that it exposes ideas with solidity.
When does he think that this loss of course has taken place? (If it has taken place)
I do not think that the course has got lost but we go towards where they want that we go those who handle the ship, and the others have been convenient to obey without rechistar or overacting a supposed rebelliousness with the alone intention of catching praises in social networks, but without a genuine interest of twisting the system.
I think that we have come to a point of no return. The company walks towards a cultural, ideological, spiritual impoverishment… generalized. I suppose that it is a question of historical cycles and we are living through one of these moments of decadence and crisis, of that they emerge other structures.
Yesterday in a television program they were interviewing a ‘influencer’, an insipid and ignorant personage and that was boasting besides his own ignorance. Seeing this, it was confirming once again in that the problem does not take root in that there exists this model of stultified prominent figures but in that these should have been ended turning in admired examples. It is possible to answer that of it the television consists garbage, but if we move the same inertia to the architecture, we will see that the models ensalzados for the means in order which they are revered by the architects do not differ in excess of these zangolotinos whose profession is to be influencer.
In the same sense, I recommend to see the documentary that forms a part of the series ‘Abstracts’, issued by Netflix, dedicated to Bjarke Ingels. Personally, it has reinforced the questions that me Ingels does not stop provoking: how it can have promoted to this category of pseudo-myth a type that only repeats worthy slogans of book of self-help, without the minor intellectual grease.
This worship to all this type of figures has driven to this dead and embarrassing point.

Therefore, which must be the function of a critic? How must a critic of architecture be positioned?
Today they are in the habit of confusing the idea of theoretically and that of critic, that they are totally different. I feel more critical than theoretical.
In my opinion, the critic has to be the destabilizing one, someone who generates questions and puts in combat the collective certainties. Far, very far, of being a talent-scout or a healer, as today there pledge in promulgating those who say to be doing critique. A critic must observe and instigate questions. I think that, in view of the time in which we live, that tends to be a liabilities, to needing explanations and schematic and rapid answers, it is a necessary certain belligerent and vehement spirit, which makes overturn the certainties that have been absorbed irreflexivamente. I think that more that to generate dogmas or truths, the critic must open doubts.
Since I have said, at present one tends, in a very crafty way, to despise the figure of the critic. In a become childish company the dissents are not welcome.
There are clear reasons in order that this happens, and many of them there have been promoted by the action of a lot of autoconsidered critics, which there work more like community managers or publicists of certain architects and who never had for assignment be critics. They have annulled the idea of the reflection and have disfigured the concept of what means to do critique. Also the model of the critic has been generalized as an embittered and frustrated personage, an unfortunate poor person that canalizes his miseries and you envy rushing forth at others: the fault-finder.
With this frauds’ proliferation on the one hand and this trivialization of the function of the critic for other one, it has become very difficult to create an environment in which the critique could recover his raison d’être.
For my part, I think that the critical reflection is fundamental to develop and to make to grow the theoretical body that gives base to the construction of the own architecture. It equips also the own criteria, our responsibility on the integrity of our ideas.
It defines the critique that it realizes as pragmatics, this has transported him some that another clash, why does he think that his reflections are not received well?
I hold that the critique, and even more in these times, must point directly at the problem, without getting lost in rhetorical drifts. I try, as already he was saying, that these should not serve to pay any type of dogmatism but to generate debate.
I do not agree with that my reflections are not received well. Surely those who take them to evil are noisier, and probably as it this impression is had, but also they are received by interest and desire of dialog. I perceive that there are many people anxious about whom they speak to him with clarity, that the critic takes a free position of ambiguities.
With regard to the first case, the Bullyboy of the political correction does not accept differences and this has turned into one of the big males of our time, provoking a dangerous setback for the thought. From this political correction many people are benefiting debaucheries that use it to protect and to support afloat his business. The commanding buenismo, for paradoxical that sounds, is the most powerful weapon to stop out of I play the discrepant one. Protected in this auto-attributed moral and ethical superiority and his power as ‘group’, it tries to eliminate and to annul whom it thinks and questions from the individuality. Maybe, the problem is not to want to take part in this extra.
In the environment of the architecture, always one has seen as a perfidy the exercise of the independent critique, rarely like slightly usefully and constructivly. In a profession determined by the egos and the corporativismo one sees very badly this rebellion of speaking clearly, asking for accounts. There is rewarded the useful idiot who blasphemes and gestures but which speech is not inconvinient.
In a recent article, Molina’s Santiago was writing on “living without teachers”, might it X-ray the current panorama of the Spanish and international architecture?
I think that the architecture is plunged in a general stun. I hold, to my sorrow, that the crisis has not served to think and to generate a catharsis. That survive, though as living dead men, prominent figures of the past, who still continue unfusing fear, which he prevents one from questioning them for dread of remaining out of the system that still they govern.
It seems to me that it has been thought over little and badly on the motives that led to the collapse of the architecture. We are before a scene to which it is returning gradually everything what led to this collapse. Two examples of this déjà-vu: that Foster gains the recent contest of the Prado Museum and the inauguration of the Philharmonic one of Hamburg (another building icónico that has multiplied by ten his original budget). Both reveal that those who bet in order that this crisis was only an impasse have won. The rules of the game and his players continue being the same, and have managed to eliminate or to turn in losers to great part of a generation. Even more, generating in them a complex of fault, of shared responsibility, and doing that respect a condition of professional precariousness as punishment that they must pay.

The architecture, it has opened many fronts of battle (LSP, Bologna, unemployment, labor precariousness, Spades, ETSAs, emigration, communication, etc), will not they be too much for the existing polarization inside the same one?
Before questions like that one always traverses the risk of ending up by falling down in the palabrerío, in enunciating good almost Utopian intentions. The majority of they they would be solved by royal determination of change, by an energetically critical attitude on the moment. Without meekness, rebelliously genuine, not with slogans and noise. It is necessary to start stopping very much behind, denouncing the real reasons that led us to this point.
I think that the factor of Bologna, which to my criterion he leads to an extreme professionalization that goes to the detriment of the paper of the university as space of thought and growth, will cause irreparable hurts.
I think that it is very difficult to go cross-current of the flows that push the world today, but there would be necessary to start losing the dread and to call to the things for his name. To appear up, indicating whom and what factors they have taken to the profession and to the discipline to this so sensitive point.
How does it see the future of the architecture? And that of the profession?
As he was saying before, I am pessimistic in general. I do not like how the things are. The architecture, the intelligence of the architecture, is in bad hands. The treeless levity his broad ones and this cannot impute only to the digital environment, also this concerns many plots of the academic world. The model of market has been in front of the knowledge.
Value is in the habit of giving to architects who do bad architecture and who, simultaneously, sell fragilely hollow ideologies. The admired models Bjarke Ingels and Alejandro Araven are very poor, ideologically perverse, but I think that it is a mistake to oppose these the puritanical model, that they personify figures like Zumthor or the recent Pritzker, RCR Arquitectes. This model is elitist and slightly identical to our time. Surely they produce good architecture but it is an architecture ensimismada and that is directed minorities.
It gives the impression from which we have happened, in the space of twelve months, of admiring the concept ‘cool’ of chabolismo proposed by Aravena or Urban Think Tank to claiming now the preciosismo and the elitist sophistication.
I am not interested in doing of prophet, but he would bet that the future of the architecture has to happen for the development of the industry and the modernization. It is necessary to try to do attainable qualit architecture and to all. For it, the critique must strain in constructing an ideological solid base, which defines which are the royal needs to which architecture must give service. It would be necessary to break with the class inertia that always has finished determining the profession. To work from the public thing seriously. To leave the surface of the slogans and the straining to achieve effect and to enter a responsible debate on what it is wanted and what it is necessary to to do.
What does think of those that they have been going to work abroad?
I come from an immigrants’ family that they saw obliged to leave his country at the beginning of the 20th century. Because of it I know that emigrating is a complex situation, furthermore when it transforms in the only solution. In my case, the decision to emigrate was a personal option and my experience has been very satisfactory. To go out of the ‘home’, to leave the safety, it made me advance. Nevertheless, I do not believe that it is a condition either necessary or obligatory personnel to develop or professionally.
Inside the Spanish current context, in which your question is located, I believe that calling these speeches to the emigration or presenting it as the only alternative they are very harmful. Only they can be beneficial to leave free field a generation who already is seated and who does not want competition, nor to lose force, power and privileges. They me turn out to be insulting for the lightness with which one invites the persons to go away, doing that the persons begin his professional tour from the frustration and the victimismo.
Lamentably I see that a deceit is propitiated also on the fact of emigrating. There are many migrantes vip, which have moved queriendo to imbue from reality to this deceitful speech and exhibiting this victimismo. These migrantes vip do not have interest to do of it a vital experience, but boast in the networks of his vicissitudes in strange lands.
To emigrate for obligation is an easy question, and even less if one meets urged to do it. It can end up by being a very traumatic circumstance.

What does think of the architects who undertake in new fields?
I believe in an understood well individualism, as independence. The entrepreneur like person who was raising his own professional and vital project always has existed. The one who in these moments applies his knowledge in projects that allow him to be realized, looks like to me worthy someone of praise and respect.
Saying this, this concept in vogue of ‘entrepreneur’ and what implies me great reason mistrust. It seems to me that it is paradigmatic of this crooks’ company and stultified, that trusts as the only solution in the apparent one I progress ahead and in the individualism as spectacle.
The education of the architect is very abarcativa, though this sounds to cliche, and provides tools that qualify to be able to apply and to learn in other fields. This does not want to say that, if I am an architect, overnight I cannot dawn also qualified to be filmmaker, artist or philosopher (or quite simultaneously). Certainly that is positive opens the spectrum of the interests and of the potentials that one is capable of integrating to his knowledge and activities, but there is important a sense of rigor and humility.
With what I am totally in disagreement it is with these speeches that want to persuade the architects to leave the profession to devote itself to another thing, good they is discouraging or making conceited them and doing to them that will be brilliant in any field because, since I have said, they depart from turbid interests that want to reduce to the minimum the competition inside a system that already is very well supported.
Is it satisfied with his professional path? What projects of future do wait?
To the very pessimistic being and unconformist it is difficult to feel satisfied. I stress what he was saying to the beginning: I think that this profession, since almost quite, is a long-distance race. It makes me happy to have run to a slow pace, with better moments and worse others. But I can say that I have seen to spending many running to more speed and, later, to disappear. The learning is slow and we are saturated of bad apprentices.
Going to the concrete thing: last year I began with ‘Cruces Críticos’ a series of dialogs between architects and professionals of other areas, which they had as object investigate in the reflection on the paper of the critical thought at this moment. At this moment I am interested in going out very much of the monologue. Towards the future I am interested in continuing organizing this type of meetings that serve to break the reflection endogámica and to look for voices that are more to the margin of the media uproars.
On the other hand, I am preparing a book.
To finish, what would him advise the current students and future professionals of the architecture?
I detest that they give me advices, even more when I have not asked for them. Because of it I avoid to position myself as counselor.
Before this question, it me comes to the head the image of those students or young architects who acted as human pedestals in the Biennial show of Venice of 2012. With the masks that were concealing his faces and his white monkeys, uniformándolos. It looks like to me a terrible metaphor of the obedience, of the total annihilation of the rebelliousness.
With this image in mind, it would not advise them but yes he would say to them that they should not get frightened by the panorama, which seems to be slightly pleasing and which some of they of them pledge in polucionar furthermore. That look for his own experiences, accidentally to imitate to obey. Also that not mitifiquen to nobody, that they construct his own thought.

Fredy Massad · critical architecture
March 2016
Interview realized by Ana Barreiro Blanco and Alberto Alonso Oro. To be grateful for Fredy his time and predisposition with this small space.
[:]




