[:es]
¿Qué? Explicar lo acontecido.
En relación al dibujo, como necesaria herramienta para la expresión del proyecto, la arquitectura contemporánea ya no se concibe sin la inflación de la representación gráfica del plano, una inflación paralela al crecimiento burocrático de la documentación escrita del propio proyecto, fruto de la obligación de uso, la mayoría de las veces, de forzadas y exacerbadas normativas al servicio más de las aseguradoras que del ciudadano y usuario de la arquitectura.
Aún, y muy a pesar de esta formalización de los medios de representación, la arquitectura, la intensa y real, no lo sería de verdad si tampoco existiese otro dibujo, anterior (porque ya existía cuando no existían los planos, nos referimos a las trazas de las monteas de los maestros constructores de la antigüedad) y también posterior al plano, el dibujo de obra. Un dibujo que acierta y afina el orden y medida de la traza ideal de la oficina, como lugar abstracto, adaptándolo a la realidad material última del proceso de obra.
¿Dónde? El lugar de los hechos.
¿Cuándo? El momento en que se presentaron los hechos.
Comenzamos con una obviedad, que se relaciona con la realidad del dibujo del que hablamos: para hacer dibujos de obra hay que estar en la obra, siempre, casi siempre. No existen pues, dibujos de obra sin pararse en el discurso de la vigilancia del proceso constructivo. El dibujo de obra se debe a la parada y reflexión casi última del que piensa en arquitectura y eso quiere decir tomar tiempo, algo más, una última dilación que fije las ideas y aleje el imprevisto del lugar de la acción…
Este tipo de dibujo nos pone en contacto directo con la realidad, en un mundo de ideas y parámetros vistos como fijos e inamovibles pero que finalmente no son ciertos. Por eso nos interesa, porque nos demuestra la falta de acierto continuo que el discurrir de los procesos mentales frente a los reales tiene. Las cuestiones de la arquitectura, como del resto de acciones humanas, casi nunca son exactamente iguales a lo que preveíamos, así que ahí encontramos el hueco lugar-tiempo, para con el dibujo de obra poner de acuerdo, lo probable con lo realmente posible. El dibujo del laboratorio, el del proyecto, es un dibujo que imagina a la realidad, pero no lo es, es un dibujo ideal, a veces muy pretencioso, como diciendo, prepárate futuro, que así va a ser. Sin embargo, el dibujo de obra nos dice que la vida y su construcción están llenas de pequeñas fracturas y desencuentros con los que hay que negociar para hacerse llegar a buen puerto. Es por ello que el dibujo de obra casi siempre es un dibujo de escala 1/1 y que se refiere mayormente al detalle, al encuentro, al ajuste entre medidas al frente de los ojos. No conviene confundir el dibujo de obra con las marcas de obra, las referencias de altura y de derecha e izquierda, propias de fontaneros, electricistas, instaladores, etc. éstas son traslaciones del plano a la pared sobre las que se discute, pero en las que no existe el juego cortés del acierto, ni el diálogo creativo entre el arquitecto y el oficial buscando el mejor posible para todos, y en especial hacia lo construido.

¿Quién? Los involucrados en el hecho.
Es además, y eso nos agrada sobremanera, un dibujo en el que la discusión y el diálogo ya no se producen tanto con las supuestas jerarquías altas de la obra, sino con el operario y el oficial. Aquellas personas que durante todo el largo proceso proyectual de la oficina han estado más lejos y que ahora se acercan y se demuestran imprescindibles para los ajustes del atraque de las ideas al muelle de la verdad. A través del dibujo de obra los oficiales nos demuestran toda su capacidad y nosotros la nuestra, llegando a consensos que el papel del plano, a una escala ya tan alejada, no permite. Es así porque dibujar a 1/1 o a 1/2 sobre la pared o en la libreta de obra nos permite meter los dedos en la llaga de la realidad, porque los mm se hacen finalmente reales. Un diálogo en el que se resuelve qué línea mata a cual, que junta conviene más por su sombra, la de 3mm o la de 5mm, que raya continúa hasta el encuentro, qué habrá de quedar finalmente por delante o detrás, o si pasa el aire por una junta… Son todos pequeños ejemplos que delatan la necesidad de un dibujo tan real como el material al que representan y que se ve al frente. Los dibujos de obra, pues, no se hacen para que los demás los entiendan en la lejanía, con cierta laxitud deliberada para no entenderse (como los de los planos de proyecto y oficina), se hacen al contrario para entenderse todo el mundo, nosotros los primeros, ahora ya al final del camino.
¿Cómo? La manera en que se dio el acontecimiento.
Los dibujos de obra se hacen en libreta o en el soporte de la pared o el suelo. Los de libreta, casi siempre se hacen dobles, uno para usted y otro para nosotros, y al hacer el segundo todavía aparecen otras correcciones. Estos últimos se llevan para casa, (los arquitectos a pesar de todas las transformaciones del oficio, seguimos pensando la oficina como el espacio doméstico) y se repiensan en el coche, de camino de vuelta, luego se escanean y/o se remiten finalmente por fax o email a obra. Una variante de estos dibujos que no se hacen en pared o suelo son los dibujos en tabla, sobre un trozo o desperdicio de material que facilite una superficie plana para la discusión con el lápiz. Estos son muy propios y habituales de las conversaciones con los carpinteros y esas tablas terminan siendo como un cuaderno rígido amontonadas en la oficina hasta que se pasan las correcciones a papel y de nuevo al fax o email.
Los de pared o suelo, al contrario de los anteriores, terminan por ser fijos y últimos en el sentido de determinación final y registro notarial de las labores a realizar de manera inmediata, allí están a disposición de la ejecución para mañana mismo. Estos quizás son los más literales pero también literarios, porque son breves grafitis condenados a su cubrimiento por la pintura y los trasdosados. Son durante unas últimas horas los dibujos más importantes y necesarios, pero nunca más volverán a ser vistos, ésa es su condena. Son dibujos a mano alzada, pero medidos por el metro y/o acotados, ya no hay espacio para más interpretación será así, bajo el consenso general. Incluso cuando son reglados, dibujados perfectamente a escuadra, pueden usarse, como el ejemplo que ilustra estas palabras, a la manera de las monteas tradicionales, para servir de molde real e inmediato a la construcción y levantamiento del elemento arquitectónico.

Finalmente.
No todos los arquitectos hacen dibujos de obra, aunque sean atentos y extraordinarios profesionales, pero los que los hacen, parecen querer, justificando a veces una falsa torpeza, prolongar egoístamente el precioso período de la indefinición constructiva todavía unos días más, unos minutos más, disfrutando de la idea de lo inacabado y de la imperfección controlada de un proyecto abierto hacia el mejor de los fines, el de la obra acompañada hasta el último día.
Luis Gil Pitao, arquitectos
Santiago de Compostela, julio 2017
[:gl]
Que? Explicar o acontecido.
En relación ao debuxo, como necesaria ferramenta para a expresión do proxecto, a arquitectura contemporánea xa non se concibe sen a inflación da representación gráfica do plano, unha inflación paralela ao crecemento burocrático da documentación escrita do propio proxecto, froito da obrigación de uso, a maioría das veces, de forzadas e exacerbadas normativas ao servizo máis das aseguradoras que do cidadán e usuario da arquitectura.
Aínda, e moi a pesar desta formalización dos medios de representación, a arquitectura, a intensa e real, non o sería de verdade se tampouco existise outro debuxo, anterior (porque xa existía cando non existían os planos, referímonos ás trazas das monteas dos mestres construtores da antigüidade) e tamén posterior ao plano, o debuxo de obra. Un debuxo que acerta e afina a orde e medida da traza ideal da oficina, como lugar abstracto, adaptándoo á realidade material última do proceso de obra.
Onde? O lugar dos feitos.
Cando? O momento en que se presentaron os feitos.
Comezamos cunha obviedad, que se relaciona coa realidade do debuxo do que falamos: para facer debuxos de obra hai que estar na obra, sempre, case sempre. Non existen pois, debuxos de obra sen pararse no discurso da vixilancia do proceso construtivo. O debuxo de obra débese á parada e reflexión case última do que pensa en arquitectura e iso quere dicir tomar tempo, algo máis, unha última dilación que fixe as ideas e afaste o imprevisto do lugar da acción…
Este tipo de debuxo ponnos en contacto directo coa realidade, nun mundo de ideas e parámetros vistos como fixos e inamovibles pero que finalmente non son certos. Por iso interésanos, porque nos demostra a falta de acerto continuo que o discorrer dos procesos mentais frete aos reais ten. As cuestións da arquitectura, como do resto de accións humanas, case nunca son exactamente iguais ao que previamos, así que aí atopamos o oco lugar-tempo, para co debuxo de obra poñer de acordo, o probable co realmente posible. O debuxo do laboratorio, o do proxecto, é un debuxo que imaxina á realidade, pero non o é, é un debuxo ideal, ás veces moi pretencioso, como dicindo, prepárache futuro, que así vai ser. Con todo, o debuxo de obra dinos que a vida e a súa construción están cheas de pequenas fracturas e desencontros cos que hai que negociar para facerse chegar a bo porto. É por iso que o debuxo de obra case sempre é un debuxo de escala 1/1 e que se refire maiormente ao detalle, ao encontro, ao axuste entre medidas á fronte dos ollos. Non convén confundir o debuxo de obra coas marcas de obra, as referencias de altura e de dereita e esquerda, propias de fontaneiros, electricistas, instaladores, etc estas son translacións do plano á parede sobre as que se discute, pero nas que non existe o xogo cortés do acerto, nin o diálogo creativo entre o arquitecto e o oficial buscando o mellor posible para todos, e en especial cara ao construído.

Quen? Os involucrados no feito.
É ademais, e iso agrádanos excesivamente, un debuxo no que a discusión e o diálogo xa non se producen tanto coas supostas xerarquías altas da obra, senón co operario e o oficial. Aquelas persoas que durante todo o longo proceso proyectual da oficina estiveron máis lonxe e que agora se achegan e demóstranse imprescindibles para os axustes da atracada das ideas ao peirao da verdade. A través do debuxo de obra os oficiais demóstrannos toda a súa capacidade e nós a nosa, chegando a consensos que o papel do plano, a unha escala xa tan afastada, non permite. É así porque debuxar a 1/1 ou a 1/2 sobre a parede ou no caderno de obra permítenos meter os dedos na chaga da realidade, porque os mm fanse finalmente reais. Un diálogo no que se resolve que liña mata a cal, que xunta convén máis pola súa sombra, a de 3mm ou a de 5mm, que raia continúa ata o encontro, que haberá de quedar finalmente por diante ou detrás, ou se pasa o aire por unha xunta… Son todos pequenos exemplos que delatan a necesidade dun debuxo tan real como o material ao que representan e que se ve á fronte. Os debuxos de obra, pois, non se fan para que os demais enténdanos ao lonxe, con certa laxitud deliberada para non entenderse (como os dos planos de proxecto e oficina), fanse ao contrario para entenderse todo o mundo, nós os primeiros, agora xa ao final do camiño.
Como? A maneira en que se deu o acontecemento.
Os debuxos de obra fanse en caderno ou no soporte da parede ou o chan. Os de caderno, case sempre se fan dobres, un para vostede e outro para nós, e ao facer o segundo aínda aparecen outras correccións. Estes últimos levan para casa, (os arquitectos a pesar de todas as transformacións do oficio, seguimos pensando a oficina como o espazo doméstico) e repénsanse no coche, de camiño de volta, logo se escanean e/ou se remiten finalmente por fax ou email a obra. Unha variante destes debuxos que non se fan en parede ou chan son os debuxos en táboa, sobre un anaco ou desperdicio de material que facilite unha superficie plana para a discusión co lapis. Estes son moi propios e habituais das conversacións cos carpinteiros e esas táboas terminan sendo como un caderno ríxido amontoadas na oficina ata que se pasan as correccións a papel e de novo ao fax ou email.
Os de parede ou chan, ao contrario dos anteriores, terminan por ser fixos e últimos no sentido de determinación final e rexistro notarial dos labores para realizar de maneira inmediata, alí están a disposición da execución para mañá mesmo. Estes quizais son os máis literais pero tamén literarios, porque son breves grafitis condenados ao seu cubrimiento pola pintura e os trasdosados. Son durante unhas últimas horas os debuxos máis importantes e necesarios, pero nunca máis volverán ser vistos, esa é a súa condena. Son debuxos a man alzada, pero medidos polo metro e/ou acoutados, xa non hai espazo para máis interpretación será así, baixo o consenso xeral. Mesmo cando son regrados, debuxados perfectamente a escuadra, poden usarse, como o exemplo que ilustra estas palabras, á maneira das monteas tradicionais, para servir de molde real e inmediato á construción e levantamento do elemento arquitectónico.

Finalmente.
Non todos os arquitectos fan debuxos de obra, aínda que sexan atentos e extraordinarios profesionais, pero os que os fan, parecen querer, xustificando ás veces unha falsa torpeza, prolongar egoístamente o precioso período da indefinición construtiva aínda uns días máis, uns minutos máis, gozando da idea do inacabado e da imperfección controlada dun proxecto aberto cara ao mellor dos fins, o da obra acompañada ata o último día.
Luis Gil Pita, arquitectos
Santiago de Compostela, xullo 2017
[:en]
What? To explain the happened.
In relation to the drawing, as necessary tool for the expression of the project, the contemporary architecture already does not conceive without the inflation of the graphical representation of the plane, an inflation parallel to the bureaucratic growth of the written documentation of the own project, fruit of the obligation of use, the majority of the times, of forced and irritated regulations to the service any more of the insurance ones that of the citizen and user of the architecture.
Still, and very in spite of this formalization of the means of representation, the architecture, intense and royal, it would not be indeed if another drawing did not exist either, previous (because already it existed when the planes did not exist, we refer to the traces of the monteas of the construction teachers of the antiquity) and also later to the plane, the drawing work. A drawing that succeeds and perfects the order and measure of the ideal trace of the office, as abstract place, adapting it to the last material reality of the process of work.
Where? The place of the facts.
When? The moment in which they presented the facts.
We begin with an obviedad, which relates to the reality of the drawing about which we speak: to do drawings works it is necessary to be in the work, always, almost always. They do not exist so, drawings works without stopping in the speech of the vigilance of the constructive process. The drawing work owes to the stop and almost last reflection about that he thinks about architecture and wants to say it to take time, something more, a last delay that fixes the ideas and removes the unforeseen one of the place of the action …
This type of drawing contacts us with the reality, in a world of ideas and parameters seen like fixed and unremovable but that finally are not true. Because of it we are interested, because we are demonstrated by the lack of constant success that to think up of the mental processes frete to the royal ones has. The questions of the architecture, since of the rest of human actions, almost are never exactly equal to what we were foreseeing, so there we find the hollow place – time, for with the drawing work to put in agreement, the probable thing with the really possible thing. The drawing of the laboratory, that of the project, is a drawing that he imagines to the reality, but it it is not, is an ideal, sometimes very pretentious drawing, since saying, prepare for yourself future, which like that is going to be. Nevertheless, the drawing work says to us that the life and his construction are full of small fractures and misunderstandings with which it is necessary to negotiate to make to come to good port. It is for it that the drawing work almost always is a drawing on a large scale 1/1 and that it refers mainly to the detail, to the meeting, to the adjustment between measures at the head of the eyes. It does not suit to confuse the drawing work with the brands of work, the references of height and of right and left side, own of plumbers, electricians, installers, etc these are adjournments of the plane to the wall on which it is discussed, but in that the polite game of the success does not exist, not even the creative dialog between the architect and the official looking for the best possible one for all, and especially towards the constructed.

Who? The involved ones in the fact.
It is in addition, and it pleases us exceedingly, a drawing in which the discussion and the dialog already do not take place so much with the supposed high hierarchies of the work, but with the operative and the official. Those persons who during the whole long process proyectual of the office have been beyond and who now approach and are demonstrated indispensable for the adjustments of moor from the ideas to the wharf of the truth. Across the drawing work the officials demonstrate us all his capacity and we ours, coming to consensuses that the paper of the plane, to a scale already so remote, does not allow. It is like that because to draw to 1/1 or to 1/2 on the wall or in the passbook of work allows us to put the fingers in the sore of the reality, because the mm become finally royal. A dialog in which there solves what line it kills to which, which it joins is convenient more for his shade, her of 3mm or her of 5mm, that it borders continues up to the meeting, what will will to stay finally ahead or behind, or if the air happens for a meeting… They are all small examples that betray the need of a drawing as royal as the material to which they represent and which one sees to the front. The drawings works, so, are not done in order that the others them deal with the distance, with certain laxity discussed not to understand itself (as those of the project planes and office), are done on the contrary the whole world, we understand the first ones, now already at the end of the way.
How? The way in which one gave the event.
The drawings works are done in passbook or in the support of the wall or the soil. Those of passbook, almost always doubles are done, one for you and other one for us, and on having done the second one still other corrections appear. The above mentioned remove for house, (the architects in spite of all the transformations of the trade, we continue thinking the office as the domestic space) and are rethought in the car, of way of return, then they are scanned and / or are sent finally by fax or e-mail to work. A variant of these drawings that are not done in wall or soil they are the drawings in table, on a chunk or waste of material that facilitates a flat surface for the discussion with the pencil. These are very own and habitual of the conversations with the carpenters and these tables end up by being like a rigid notebook accumulated in the office until the corrections pass to paper and again to the fax or e-mail.
Those of wall or soil, unlike the previous ones, end for being fixed and last in the sense of final determination and notarial record of the labors to realizing in an immediate way, there they are at the disposal of the execution for tomorrow itself. These probably are the most literal but also literary, because they are brief grafitis condemned to his coverage for the painting and the trasdosados. They are for some last hours the most important and necessary drawings, but nevermore they will return to be seen, that one is his sentence. They are drawings to lifted hand, but measured by the meter and / or annotated, already there is no space for any more interpretation it will be like that, under the general consensus. Even when they are ruled, drawn perfectly to set square, they can be used, as the example that illustrates these words, like the traditional monteas, to use as royal and immediate mold to the construction and raising of the architectural element.

Finally.
Not all the architects do drawings works, though they are attentive and extraordinary professionals, but those who do them, seem to want, justifying sometimes a false infamy, to prolong selfishly the precious period of the constructive lack of definition still a few days more, a few minutes more, enjoying the idea of the unfinished thing and the blemish controlled of a project opened towards the best of the ends, that of the work accompanied until the last day.
Luis Gil Pita, architects
Santiago de Compostela, july 2017
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inspiradora entrada!
dibujar detalles en paredes y suelos de la obra, esencia del trabajo del arquitecto: FIRMITAS, UTILITAS Y VENUSTAS al instanate; conocer, comunicar y decidir en un dibujo que desaparece en la propia obra…me gusta
gracias por la entrada