[:es]
La Gran Vía de Madrid. Breve biografía crítica de una gran calle (V) | Antón Capitel

El edificio Madrid-París ocupa con especial atractivo una posición intermedia del tramo segundo y horizontal de la Gran Vía, en la acera Sur, o de los números pares. La singularidad del edificio procede sobre todo de haber sido primero un edificio más bajo (de 7 alturas más unos torreones en las esquinas) y de haber sido, más adelante, prácticamente duplicado, esto es con 5 alturas más sobre las cinco primitivas. Parece ser que el primer proyecto llegó de Francia, producto de un arquitecto desconocido, y que fue ejecutado por el arqto. madrileño Teodoro de Anasagasti y Algán, con la colaboración del ingeniero Maximiliano Jacobson, y de 1920 a 1922. Se trataba de una disposición comercial (los almacenes “Madrid-París”) situada en los diferentes pisos y en torno a un patio cubierto.
La ampliación, producto del cierre de los almacenes y de un cambio de propiedad, fue realizada también por Anasagasti entre 1933 y 1934. Le añadió, en realidad, sólo 3 pisos, uno de ellos en forma de ático, pero modificó completamente la fachada de los dos pisos del último cuerpo antiguo para unirlos con los 3 últimos del nuevo y otorgar a la composición un carácter duplicado, diríamos. Esto es, tomando el hecho de la ampliación como si se tratara en efecto de una duplicación, aunque, en realidad, no lo fuera, y concediendo a este hecho de la duplicación un estatuto compositivo.
El edificio se presenta así ante la calle como un edificio doble, y este gesto le concede un empaque especial, dando a su escala un interesante acierto, y relacionándolo casi directamente con operaciones famosas y bien conocidas de los grandes edificios comerciales de Chicago del final del siglo XIX. La composición tiene así un primer piso de carácter basamental, dos cuerpos superiores de 4 y 3 alturas, separados por una gran cornisa, y ambos animados por composiciones distintas, pero presididas las dos por órdenes gigantes de un clasicismo simplificado y elegante. La composición se corona por medo de un piso completo y otro menor, que se unifican y hacen las veces de cuerpo de coronación.

El resultado es bastante atractivo y especialmente relacionado con las ciudades estadounidenses, incluso en una medida mayor y quizá más cualificada que el edificio de la Telefónica. La composición que hemos descrito era bastante propia de los arquitectos de la ya aludida “Escuela de Chicago”, y fue ridiculizada por Frank Lloyd Wright cuando dijo que los arquitectos de la ciudad proyectaban los edificios en altura poniendo un palacio clásico encima de otro. Quizá el gran genio estadounidense envidiaba aquellos importantes encargos, y es preciso reconocer que no definió mal el método propio de sus antecesores, aunque también es necesario observar que dicho método, aunque rozase en cierto modo el ridículo, como Wright observó, también lograba una notable eficacia.
El edificio Madrid-París es, de hecho, un edificio más atractivo como volumen urbano después de su ampliación (o duplicación), pues antes era un volumen relacionado con la arquitectura ecléctica, mucho más anodino. El hecho de la duplicación, falsa o no (“poner un palacio clásico encima de otro”), decidida, brutal y metropolitana, le benefició mucho en el aspecto que estamos tratando.
De 1933 a 1935, el arquitecto Anasagasti, con la colaboración de Charles Siclis, realizó en una parte de las plantas bajas del edificio, el cine “Madrid-París”, instalación del tiempo del racionalismo especialmente sofisticada y atractiva, y de la que tenemos documentación ya sólo a través de las revistas de la época, pues ya no existe. Inmediatamente después de la guerra civil, y aunque continuó el uso con el nombre de “Cine Imperial”, su decoración y su forma fue modificada para someterse al cretino gusto ecléctico y provinciano de los vencedores de la guerra fratricida. Finalmente, este segundo cine también desapareció.
Sintetizando, la Gran Vía es una calle de altísima vitalidad comercial y popular, y cuyo trazado fue un acierto para definir más cualificadamente la estructura urbana de la metrópoli. Esta doble condición la ha convertido en un elemento valiosísimo de la capital y cuya importancia nunca morirá. Su condición paisajística y ambiental, su capacidad de ser un “teatro” arquitectónico, representa así, fiel y adecuadamente, esta importancia.
Antonio González-Capitel Martínez · Doctor arquitecto · catedrático en ETSAM
Madrid · enero 2016
Referencias:
– 100 años de Gran Vía. El Mundo.
– Gran Vía. Memoria de Madrid.

O edificio Madrid-París ocupa con especial atractivo unha posición intermedia do tramo segundo e horizontal da Gran Vía, en acéiraa Sur, ou dos números pares. A singularidade do edificio procede sobre todo de ser primeiro un edificio máis baixo (de 7 alturas máis uns torreóns nas esquinas) e de ser, máis adiante, practicamente duplicado, isto é con 5 alturas máis sobre as cinco primitivas. Parece ser que o primeiro proxecto chegou de Francia, produto dun arquitecto descoñecido, e que foi executado polo arqto. madrileño Teodoro de Anasagasti e Algán, coa colaboración do enxeñeiro Maximiliano Jacobson, e de 1920 a 1922. Tratábase dunha disposición comercial (os almacéns “Madrid-París”) situada nos diferentes pisos e ao redor dun patio cuberto
A ampliación, produto do peche dos almacéns e dun cambio de propiedade, foi realizada tamén por Anasagasti entre 1933 e 1934. Engadiulle, en realidade, só 3 pisos, un deles en forma de ático, pero modificou completamente a fachada dos dous pisos do último corpo antigo para unilos cos 3 últimos do novo e outorgar á composición un carácter duplicado, diriamos. Isto é, tomando o feito da ampliación coma se tratásese en efecto dunha duplicación, aínda que, en realidade, non o fose, e concedendo a este feito da duplicación un estatuto compositivo.
O edificio preséntase así #ante a rúa como un edificio dobre, e este xesto concédelle un empaquetado especial, dando á súa escala un interesante acerto, e relacionándoo case directamente con operacións famosas e ben coñecidas dos grandes edificios comerciais de Chicago do final do século XIX. A composición ten así un primeiro piso de carácter basamental, dous corpos superiores de 4 e 3 alturas, separados por unha gran cornixa, e ambos os animados por composicións distintas, pero presididas as dúas por ordes xigantes dun clasicismo simplificado e elegante. A composición coróase por medo dun piso completo e outro menor, que se unifican e fan as veces de corpo de coroación.

O resultado é bastante atractivo e especialmente relacionado coas cidades estadounidenses, mesmo nunha medida maior e quizá máis cualificada que o edificio da Telefónica. A composición que describimos era bastante propia dos arquitectos da xa aludida “Escola de Chicago”, e foi ridiculizada por Frank Lloyd Wright cando dixo que os arquitectos da cidade proxectaban os edificios en altura poñendo un palacio clásico encima doutro. Quizá o gran xenio estadounidense envexaba aqueles importantes encargos, e é preciso recoñecer que non definiu mal o método propio dos seus antecesores, aínda que tamén é necesario observar que devandito método, aínda que rozase en certo xeito o ridículo, como Wright observou, tamén lograba unha notable eficacia.
O edificio Madrid-París é, de feito, un edificio máis atractivo como volume urbano despois da súa ampliación (ou duplicación), pois antes era un volume relacionado coa arquitectura ecléctica, moito máis anodino. O feito da duplicación, falsa ou non (“poñer un palacio clásico encima de outro”), decidida, brutal e metropolitana, beneficioulle moito no aspecto que estamos a tratar.
De 1933 a 1935, o arquitecto Anasagasti, coa colaboración de Charles Siclis, realizou nunha parte das plantas baixas do edificio, o cinema “Madrid-París”, instalación do tempo do racionalismo especialmente sofisticada e atractiva, e da que temos documentación xa só a través das revistas da época, pois xa non existe. Inmediatamente despois da guerra civil, e aínda que continuou o uso co nome de “Cinema Imperial”, a súa decoración e a súa forma foi modificada para someterse ao cretino gusto ecléctico e provinciano dos vencedores da guerra fratricida. Finalmente, este segundo cinema tamén desapareceu.
Sintetizando, a Gran Vía é unha rúa de altísima vitalidade comercial e popular, e cuxo trazado foi un acerto para definir máis cualificadamente a estrutura urbana da metrópole. Esta dobre condición converteuna nun elemento valiosísimo da capital e cuxa importancia nunca morrerá. A súa condición paisaxística e ambiental, a súa capacidade de ser un “teatro” arquitectónico, representa así, fiel e adecuadamente, esta importancia.
Antonio González-Capitel Martínez · Doutor arquitecto · catedrático en ETSAM
Madrid · xaneiro 2016
Referencias:
– 100 años de Gran Vía. El Mundo.
– Gran Vía. Memoria de Madrid.

El edificio Madrid-París ocupa con especial atractivo una posición intermedia del tramo segundo y horizontal de la Gran Vía, en la acera Sur, o de los números pares. La singularidad del edificio procede sobre todo de haber sido primero un edificio más bajo (de 7 alturas más unos torreones en las esquinas) y de haber sido, más adelante, prácticamente duplicado, esto es con 5 alturas más sobre las cinco primitivas. Parece ser que el primer proyecto llegó de Francia, producto de un arquitecto desconocido, y que fue ejecutado por el arqto. madrileño Teodoro de Anasagasti y Algán, con la colaboración del ingeniero Maximiliano Jacobson, y de 1920 a 1922. Se trataba de una disposición comercial (los almacenes “Madrid-París”) situada en los diferentes pisos y en torno a un patio cubierto.
La ampliación, producto del cierre de los almacenes y de un cambio de propiedad, fue realizada también por Anasagasti entre 1933 y 1934. Le añadió, en realidad, sólo 3 pisos, uno de ellos en forma de ático, pero modificó completamente la fachada de los dos pisos del último cuerpo antiguo para unirlos con los 3 últimos del nuevo y otorgar a la composición un carácter duplicado, diríamos. Esto es, tomando el hecho de la ampliación como si se tratara en efecto de una duplicación, aunque, en realidad, no lo fuera, y concediendo a este hecho de la duplicación un estatuto compositivo.
El edificio se presenta así ante la calle como un edificio doble, y este gesto le concede un empaque especial, dando a su escala un interesante acierto, y relacionándolo casi directamente con operaciones famosas y bien conocidas de los grandes edificios comerciales de Chicago del final del siglo XIX. La composición tiene así un primer piso de carácter basamental, dos cuerpos superiores de 4 y 3 alturas, separados por una gran cornisa, y ambos animados por composiciones distintas, pero presididas las dos por órdenes gigantes de un clasicismo simplificado y elegante. La composición se corona por medo de un piso completo y otro menor, que se unifican y hacen las veces de cuerpo de coronación.

El resultado es bastante atractivo y especialmente relacionado con las ciudades estadounidenses, incluso en una medida mayor y quizá más cualificada que el edificio de la Telefónica. La composición que hemos descrito era bastante propia de los arquitectos de la ya aludida “Escuela de Chicago”, y fue ridiculizada por Frank Lloyd Wright cuando dijo que los arquitectos de la ciudad proyectaban los edificios en altura poniendo un palacio clásico encima de otro. Quizá el gran genio estadounidense envidiaba aquellos importantes encargos, y es preciso reconocer que no definió mal el método propio de sus antecesores, aunque también es necesario observar que dicho método, aunque rozase en cierto modo el ridículo, como Wright observó, también lograba una notable eficacia.
El edificio Madrid-París es, de hecho, un edificio más atractivo como volumen urbano después de su ampliación (o duplicación), pues antes era un volumen relacionado con la arquitectura ecléctica, mucho más anodino. El hecho de la duplicación, falsa o no (“poner un palacio clásico encima de otro”), decidida, brutal y metropolitana, le benefició mucho en el aspecto que estamos tratando.
De 1933 a 1935, el arquitecto Anasagasti, con la colaboración de Charles Siclis, realizó en una parte de las plantas bajas del edificio, el cine “Madrid-París”, instalación del tiempo del racionalismo especialmente sofisticada y atractiva, y de la que tenemos documentación ya sólo a través de las revistas de la época, pues ya no existe. Inmediatamente después de la guerra civil, y aunque continuó el uso con el nombre de “Cine Imperial”, su decoración y su forma fue modificada para someterse al cretino gusto ecléctico y provinciano de los vencedores de la guerra fratricida. Finalmente, este segundo cine también desapareció.
Sintetizando, la Gran Vía es una calle de altísima vitalidad comercial y popular, y cuyo trazado fue un acierto para definir más cualificadamente la estructura urbana de la metrópoli. Esta doble condición la ha convertido en un elemento valiosísimo de la capital y cuya importancia nunca morirá. Su condición paisajística y ambiental, su capacidad de ser un “teatro” arquitectónico, representa así, fiel y adecuadamente, esta importancia.
Antonio González-Capitel Martínez · Doctor arquitecto · catedrático en ETSAM
Madrid · enero 2016
Referencias:
– 100 años de Gran Vía. El Mundo.
– Gran Vía. Memoria de Madrid.
[:]




