[:es]
“Por entonces nos habíamos convertido ya en dos venerables ancianos. Con el paso de los años yo me había quedado sordo como una tapia y él fue perdiendo la vista hasta convertirse en un miope profundo. Quiere decir eso que, mientras estábamos juntos, vivíamos en una especie de simbiosis, como esas plantas sin apenas sabía que se aprovechan la una de la otra. Sentado cada cual en su sillón, en un ángulo del amplio salón y muy cerca de la cristalera que daba al jardín, yo me servía de su oído y el de mi vista. Es decir, yo (aplicando trompetilla de plata a mi oído derecho) le preguntaba por los rumores que se alzaban a nuestro alrededor y él, a su vez, me pedía que le recordase los colores y los perfiles de las cosas”.
Javier Tomeo. Problemas oculares. Cap Simbiosis. Edt Anagrama 1990. Barcelona
Me gustaría a través de estas líneas encontrarme con un tema demasiado evidente, aquel que tiene que ver con el sentido del oído (y la escucha) frente al de la vista (y la mirada). La obviedad de este acercamiento, nada científico por otra parte y que espero sepáis perdonar, sólo puedo afrontarla teniendo presente las palabras del maestro Cornelius van Eesteren al decirnos que
“los principios elementales deben ser constantemente redescubiertos”.
No se trata de confrontar dos formas de entender, sino más bien de repensar su coordinación ante la hoy flagrante inflación de lo visible y lo imaginario frente a las demás facetas de la percepción, y entre ellas las ligadas al sentido del oído. Pararnos a pensar por qué ver y oír, cada día más, están en franca discordancia y divergencia.
El hombre, como ser perceptivo, enjuicia principalmente a través de los ojos, orientándose e intentando acertar, en proporción tanto parecida como engañándose y errando sobre su entorno. Pero este juicio se ha ido haciendo cada día más coercitivo y acelerado, sin tener en cuenta a los otros consultores que acompañaban a lo visual en una lectura más global de los fenómenos a entender.
Este cambio así como gran parte de las alteraciones en el equilibrio del ritmo de la percepción se originaron y gestaron durante el siglo que muchos han denominado como del cinematógrafo. El siglo XX -que se inició poniendo en movimiento la imagen quieta del XIX, la fotografía, para irla aligerando de contenido en tres fases sucesivas: el cine, la televisión y, más recientemente, los nuevos sistemas de telecomunicación, consiguió artificializar y mecanizar el mirar, convirtiéndolo en un proceso acelerado y controlado que se adueña cada día de manera más profunda de nuestra forma de entender la mayor parte de nuestros habituales comportamientos y por ende de la arquitectura.
No deja, sin embargo, de resultar una paradoja que la contemplación de los fenómenos reales a través de los medios de la imagen, que reproducen movimiento y aceleración, presuponga y exija una quietud, un estar parados y sentados, controlados en la oscuridad de un recinto privado (antes privado y colectivo, la sala de cine, ahora privado y particular, cualquier habitación de la casa). Se trata de una observación que exige, frente a la apariencia de realidad en movimiento, una mirada estática y neutra. Una quietud también trasladada al mundo de la razón y las ideas, provocada por las dinámicas de vaciamiento originadas en el control de la imagen.
Los medios de información despliegan su funcionamiento tomando una parte aislada de la realidad que más tarde remiten a un sujeto pasivo que la contempla, y que tanto como observador es un muy probable cliente. En este esquema las situaciones descritas son aisladas de su entorno, de sus antecedentes y consecuencias, organizando, como explicaba Pierre Bordieu, todos sus movimientos entorno a una visión “deshistorizada y deshistorizante, atomizada y atomizante”, que evita cualquier percepción global del fenómeno enseñado (podríamos decir capturado).
Antes de producirse la revolución mediática, el conocimiento (no la información) exigía un viaje físico o intelectual. Un esfuerzo que requería el acercamiento de nuestra consciencia a los objetos o ideas buscados. Un movimiento del individuo frente y hacia lo indagado y una actitud en la que debían participar casi todos nuestros sentidos.
“Ver no es comprender. Pues no se comprende màs que con la razón”
dice Ignacio Ramonet. Profundización y conocimiento demandan para ser, estabilidad, tiempo suficiente y una reflexión ordenada. Un proceso cuyo desarrollo exige acercamiento, viaje hacia lo interior como argumento fundamental. Este acercamiento, como forma de entender, parece más próximo a lo que se despliega entorno al sentido del oído y los fenómenos que de él se derivan: diálogo y escucha. No enfrentados sino coordinados con lo que la vista y el ojo puedan aportar.
El oído y la oreja, el sentido y la parte exterior del sistema físico que lo permite, funciona, frente a la rapidez con que la imagen viaja desde el ojo, de forma mucho menos veloz en el trasvase de información desde el exterior al cerebro.
La vista funciona a partir de la retina que es una prolongación diferenciada del encéfalo, y el nervio óptico que los comunica es considerado, más que un nervio periférico, una verdadera vía intercraneal que asegura una instantaneidad que no existe entre el sistema exterior del oído y el cerebro. Casi una metáfora respecto del ritmo vital del oir, no del escuchar- todos escuchamos-, pues es un movimiento que exige calma y silencio personal, tiempo demorado para dejar que lo exterior pueda acceder y ser analizado.
Oir exige una actitud de predisposición que también puede existir para ver, pero a diferencia del sentido de la vista, el oído nos pone más lejanamente en contacto con el mundo de lo sensible en cuanto forma, y sin embargo nos acerca mucho más a las personas que habitan y construyen la vida a nuestro alrededor. Aquellos que se hacen “visibles” mediante el diálogo y el rumor.
El mundo neoliberal que habitamos no sólo se apoya en una inflación imaginaria sino también en una ausencia de dialogo, una especie de monólogo que evita la presencia de la voz del otro y que fácilmente se ha transportado al espacio vital de la arquitectura. Un espacio en el que por tradición los resultados siempre han parecido más visuales e imaginarios que organizados por la atenta escucha y el diálogo.
Frente a esta tradicional y últimamente agudizada y propositada falta de diálogo ,casi de profunda sordera, resulta reconfortante recordar aquellas otras actitudes nacidas en la naturaleza del escuchar y oir, del hablar y también del callar oportuno.
Para ello, no casualmente estas palabras comenzaban citando las de un maestro holandés, recurrimos al experimento social continuo, el de los Países Bajos. Holanda, como conquista territorial común y como espacio urbano por antonomasia, desde el pólder a Spuy Plein. Tejido fabricado a cualquier escala que procura lugar para la reclamación política, para el movimiento Provo, los kabouters y la ciudad utópica de Constant.
Holanda como lugar de deliberación social continuo donde la queja, el rumor, la charla, el grito y la reclamación social se hacen efectivos de manera más cercana a lo oído y no a lo visto.
Una Holanda en la que el mundo construído de Aldo van Eyck representa este espíritu del equilibrio entre lo visto y lo oído, formulando ideas, posiciones y trabajos, en una sociedad, la de los 60 y 70, en crisis y muy alejada de la perspectiva simplificadora con la que hoy es presentado aquel tiempo.
Un oído, el de Aldo van Eyck que se enriquece del habla y de la mesa redonda, donde participan el individuo y la comunidad, para atender a todos incluyendo a las minorías. Este incluyendo se dirigía no sólo a las minorías políticamente rentables, sino a otras que igual que siempre presentes, también eran siempre olvidadas, la de los niños. Escuchar hasta a los que parecen todavía no tener qué decir.
Existe en su visión del mundo una consciencia del valor de lo colectivo que se acrecienta mediante la anarquía, como respeto de cada una de las individualidades, la minoría de las minorías.
Van Eyck demostró siempre con anticipación holandesa (no de otra forma se puede sobrevivir en un espacio fuertemente adverso), que la atención a otra arquitectura nacida de parámetros de cualidad diferente a la imaginaria, visual y comercial es posible.
Sabía que entender sólo a través del mirar, obvia el problema de que el ojo además de guiarnos de forma fundamental, también nos engaña, tanto como arquitectos o creadores, como habitantes continuos o circunstanciales, pues la mirada acostumbra a buscar el recurso de la forma para explicarse.
Su trabajo evitaba el vaciamiento de conciencia de lo público a la búsqueda de un espacio para la crítica hecha, pero también recibida, que es consustancial a esta forma de entenderse a través del oído, del que debe resultar un lugar común.
Un lugar buscado y creado, donde paradojicamente la ciudad y el país del oído llegan a convertirse en uno de los más hermosos para la mirada. Una paradoja, como uno de los twin phenómena de Aldo, que en nuestro caso se resume en el vista-oído, para seguirnos enseñando que “tenemos el poder de reconciliar los opuestos”.
Luis Gil Pita-Cristina Nieto
Texto incluido en el Nº1 de la revista Laura de la Facultad de Arquitectura de Guimarães, DAAUM,2002.
Guimarães, 2002
Bibliografía:
Bordieu, Pierre. Contrafuegos. Edt Anagrama 1999. Barcelona.
Delgado, Manuel. El animal público. Edt Anagrama 1999. Barcelona.
Durán, Mª Angeles. La ciudad compartida.Edt CSCAE 1998. Madrid.
Ramonet, Ignacio. La tiranía de la comunicación. Edt Debate 1998. Barcelona.
Strauven, Francis. A. v E. The shape of Relativity. Edt A&N. 1998 A´dam.[:gl]
“Por entón converterámonos xa en dous venerables anciáns. Co paso dos anos eu quedara xordo como un valo e el foi perdendo a vista ata converterse nun miope profundo. Quere dicir iso que, mentres estabamos xuntos, viviamos nunha especie de simbiose, como esas plantas sen apenas sabía que se aproveitan a unha da outra. Sentado cada cual na súa cadeira de brazos, nun ángulo do amplo salón e moi preto da cristaleira que daba ao xardín, eu servíame do seu oído e o da miña vista. É dicir, eu (aplicando trompetiña de prata ao meu oído dereito) preguntáballe polos rumores que se alzaban a noso arredor e el, á súa vez, me pedía que lle recordase as cores e os perfís das cousas”.
Javier Tomeo. Problemas oculares. Cap Simbiosis. Edt Anagrama 1990. Barcelona
Gustaríame a través destas liñas encontrarme cun tema demasiado evidente, aquel que ten que ver co sentido do oído (e a escoita) fronte ao da vista (e a mirada). A obviedade deste achegamento, nada científico por outra parte e que espero saibades perdoar, só podo afrontala tendo presentes as palabras do mestre Cornelius van Eesteren ao dicirnos que
“os principios elementais deben ser constantemente redescubertos”.
Non se trata de confrontar dúas formas de entender, senón máis ben de repensar a súa coordinación ante a hoxe flagrante inflación do visible e o imaxinario fronte ás demais facetas da percepción, e entre elas as ligadas ao sentido do oído. Pararnos a pensar por que ver e oír, cada día máis, están en franca discordancia e diverxencia.
O home, como ser perceptivo, axuíza principalmente a través dos ollos, orientándose e intentando acertar, en proporción tanto parecida como enganándose e errando sobre o seu ámbito. Pero este xuízo foise facendo cada día máis coercitivo e acelerado, sen ter en conta os outros consultores que acompañaban ao visual nunha lectura máis global dos fenómenos a entender.
Este cambio así como gran parte das alteracións no equilibrio do ritmo da percepción orixináronse e xeraron durante o século que moitos denominaron como do cinematógrafo. O século XX -que se iniciou poñendo en movemento a imaxe quieta do XIX, a fotografía, para ir alixeirándoa de contido en tres fases sucesivas: o cine, a televisión e, máis recentemente, os novos sistemas de telecomunicación, conseguiu artificializar e mecanizar mirar, converténdoo nun proceso acelerado e controlado que se apodera cada día de xeito máis profundo da nosa forma de entender a maior parte dos nosos habituais comportamentos e por ende da arquitectura.
Non deixa, non obstante, de resultar un paradoxo que a contemplación dos fenómenos reais a través dos medios da imaxe, que reproducen movemento e aceleración, presupoña e esixa unha quietude, un estar parados e sentados, controlados na escuridade dun recinto privado (antes privado e colectivo, a sala de cine, agora privado e particular, calquera cuarto da casa). Trátase dunha observación que esixe, fronte á aparencia de realidade en movemento, unha mirada estática e neutra. Unha quietude tamén trasladada ao mundo da razón e as ideas, provocada polas dinámicas de baleirado orixinadas no control da imaxe.
Os medios de información despregan o seu funcionamento tomando unha parte illada da realidade que máis tarde remiten a un suxeito pasivo que a contempla, e que tanto como observador é un moi probable cliente. Neste esquema as situacións descritas son illadas do seu ámbito, dos seus antecedentes e consecuencias, organizando, como explicaba Pierre Bordieu, todos os seus movementos entorno a unha visión “deshistorizada e deshistorizante, atomizada e atomizante”, que evita calquera percepción global do fenómeno ensinado (poderiamos dicir capturado).
Antes de producirse a revolución mediática, o coñecemento (non a información) esixía unha viaxe física ou intelectual. Un esforzo que requiría o achegamento da nosa consciencia aos obxectos ou ideas buscados. Un movemento do individuo fronte e cara ao indagado e unha actitude na que debían participar case todos os nosos sentidos.
“Ver non é comprender. Pois non se comprende màs que coa razón”
di Ignacio Ramonet. Afondamento e coñecemento demandan para ser, estabilidade, tempo abondo e unha reflexión ordenada. Un proceso cuxo desenvolvemento esixe achegamento, viaxe cara ao interior como argumento fundamental. Este achegamento, como forma de entender, parece máis próximo ao que se desprega entorno ao sentido do oído e os fenómenos que del se derivan: diálogo e escoita. Non enfrontados senón coordinados co que a vista e o ollo poidan achegar.
O oído e a orella, o sentido e a parte exterior do sistema físico que o permite, funciona, fronte á rapidez con que a imaxe viaxa dende o ollo, de forma moito menos veloz no transvasamento de información dende o exterior ao cerebro.
A vista funciona a partir da retina que é unha prolongación diferenciada do encéfalo, e o nervio óptico que os comunica é considerado, máis que un nervio periférico, unha verdadeira vía intercranial que asegura unha instantaneidade que non existe entre o sistema exterior do oído e o cerebro. Case unha metáfora respecto do ritmo vital do oir, non do escoitar- todos escoitamos-, pois é un movemento que esixe calma e silencio persoal, tempo demorado para deixar que o exterior poida acceder e ser analizado.
Oir esixe unha actitude de predisposición que tamén pode existir para ver, pero a diferenza do sentido da vista, o oído ponnos máis afastadamente en contacto co mundo do sensible en canto forma, e non obstante nos achega moito máis ás persoas que habitan e constrúen a vida a noso arredor. Aqueles que se fan “visibles” mediante o diálogo e o rumor.
O mundo neoliberal que habitamos non só apóiase nunha inflación imaxinaria senón tamén nunha ausencia de dialogo, unha especie de monólogo que evita a presenza da voz do outro e que doadamente se transportou ao espazo vital da arquitectura. Un espazo no que por tradición os resultados sempre pareceron máis visuais e imaxinarios que organizados pola atenta escoita e o diálogo.
Fronte a esta tradicional e ultimamente agudizada e propositada falta de diálogo ,casi de profunda xordeira, resulta reconfortante recordar aquelas outras actitudes nacidas na natureza do escoitar e oir, do falar e tamén do calar oportuno.
Para iso, non casualmente estas palabras comezaban citando as dun mestre holandés, recorremos ao experimento social continuo, o do Países Baixos. Holanda, como conquista territorial común e como espazo urbano por antonomasia, dende o pólder a Spuy Plein. Tecido fabricado a calquera escala que procura lugar para a reclamación política, para o movemento Provo, os kabouters e a cidade utópica de Constant.
Holanda como lugar de deliberación social continuo onde a queixa, o rumor, a charla, o berro e a reclamación social se fan efectivos de xeito máis próximo ao oído e non ao visto.
Unha Holanda na que o mundo construído de Aldo van Eyck representa este espírito do equilibrio entre o visto e o oído, formulando ideas, posicións e traballos, nunha sociedade, a dos 60 e 70, en crise e moi afastada da perspectiva simplificadora coa que hoxe é presentado aquel tempo.
Un oído, o de Aldo van Eyck que se enriquece do fala e da mesa redonda, onde participan o individuo e a comunidade, para atender a todos incluíndo ás minorías. Este incluíndo dirixíase non só ás minorías politicamente rendibles, senón a outras que igual que sempre presentes, tamén eran sempre esquecidas, a dos nenos. Escoitar ata aos que parecen aínda non ter que dicir.
Existe na súa visión do mundo unha consciencia do valor do colectivo que se acrecienta mediante a anarquía, como respecto de cada unha das individualidades, a minoría das minorías.
Van Eyck demostrou sempre con anticipación holandesa (non doutra forma pódese sobrevivir nun espazo fortemente adverso), que a atención a outra arquitectura nacida de parámetros de calidade diferente á imaxinaria, visual e comercial é posible.
Sabía que entender só a través do mirar, obvia o problema de que o ollo ademais de guiarnos de forma fundamental, tamén nos engana, tanto como arquitectos ou creadores, como habitantes continuos ou circunstanciais, pois a mirada adoita buscar o recurso da forma para explicarse.
O seu traballo evitaba o baleirado de conciencia do público á busca dun espazo para a crítica feita, pero tamén recibida, que é consubstancial a esta forma de entenderse a través do oído, do que debe resultar un lugar común.
Un lugar buscado e creado, onde paradojicamente a cidade e o país do oído chegan a converterse nun dos máis fermosos para a mirada. Un paradoxo, como un dos twin phenómena de Aldo, que no noso caso se resume no vista-oído, para seguir ensinándonos que “temos o poder de reconciliar os opostos”.
Luis Gil Pita-Cristina Nieto
Texto incluido en el Nº1 da revista Laura de la Facultad de Arquitectura de Guimarães, DAAUM,2002.
Guimarães, 2002
Bibliografía:
Bordieu, Pierre. Contrafuegos. Edt Anagrama 1999. Barcelona.
Delgado, Manuel. El animal público. Edt Anagrama 1999. Barcelona.
Durán, Mª Angeles. La ciudad compartida.Edt CSCAE 1998. Madrid.
Ramonet, Ignacio. La tiranía de la comunicación. Edt Debate 1998. Barcelona.
Strauven, Francis. A. v E. The shape of Relativity. Edt A&N. 1998 A´dam.[:en]
“For then we had turned already into two venerable elders. As the years went by I had remained as deaf as a post and he was losing the sight up to turning into a deep near-sighted person. It wants to say it that, while we were united, we were living in a species of symbiosis, since these plants without scarcely it knew that they take advantage of the one of other one. Sat everyone in his armchair, in an angle of the wide lounge and closely together of the window that was giving to the garden, I was served his ear and that of my sight. That is to say, I (applying ear-trumpet of silver to my right ear) was asking him about the rumors that were raising to ours around and he, in turn, was asking myself him to remember the colors and the profiles of the things”.
Javier Tomeo. Problemas oculares. Cap Simbiosis. Edt Anagrama 1990. Barcelona
I would like across these lines to meet a too evident topic, that one that it has to see with the sense of the ear (and the scout) opposite to that of the sight (and the look). The obviedad of this approximation, not scientific at all on the other hand and for that I wait be able to excuse, only I can confront it bearing in mind the words of the teacher Cornelius van Eesteren on having said to us that
“the elementary beginning must be constant redisclosed”.
It is not a question of confronting two ways of dealing, but rather of his coordination to rethink before today flagrant inflation of the visible thing and the imaginary thing opposite to other facets of the perception, and between them the tied ones to the sense of the ear. To stop to think why to see and to hear, every day more, disagreement and difference are in Franc.
The man, as being perceptive, judges principally across the eyes, being orientated and trying to succeed, in proportion so much seemed like deceiving itself and wandering on his environment. But this judgment has been done every more coercive and intensive day, without having in it counts other consultants who were accompanying to the visual thing in a more global reading of the phenomena to dealing.
This change as well as great part of the alterations in the balance of the pace of the perception originated and prepared during the century that many have named like of the cinematograph. The 20th century – that began putting in movement the still image of the XIXth, the photography, to be lightening it of content in three successive phases: the cinema, the television and, more recently, the new systems of telecommunication, managed artificializar and to mechanize to look, turning it into an intensive and controlled process that takes possession every day of a deeper way of our way of understanding most of our habitual behaviors and for ende of the architecture.
It does not stop turning out to be, nevertheless, a paradox that the contemplation of the royal phenomena across the means of the image, which reproduce movement and acceleration, presupposes and demands a quietude, one to be stopped and sat, controlled in the darkness of a private enclosure (before private and collective, the cinema, now private and particular, any room of the house). It is a question of an observation that it is required, opposite to the appearance of reality in movement, a static and neutral look. A quietude also moved to the world of the reason and the ideas, provoked by the dynamics of voidance originated in the control of the image.
The means of information despliegan his functioning taking a part isolated of the reality that later they send to a passive subject that he her contemplates, and that so much as observer is a very probable client. In this scheme the described situations are isolated of his environment, of his precedents and consequences, organizing, as was making clear Pierre Bordieu, all his movements I half-close to a vision “deshistorizada and deshistorizante, atomized and atomizante”, that avoids any global perception of the phenomenon taught (we might say captured).
Before the media revolution taking place, the knowledge (not the information) was demanding a physical or intellectual trip. An effort that was needing the approximation of our conscience to the objects or ideas looked. A movement of the individual forehead and towards the investigated and an attitude in which they had to inform almost all our senses.
“Seeing is to understand. Since there is not understood màs that with the reason”
Ignacio Ramonet says. Deepening and knowledge demand to be, stability, a sufficient time and a tidy reflection. A process which development demands approximation, trip towards the interior thing as fundamental argument. This approximation, as way of dealing, seems to be more next to what despliega half-close to the sense of the ear and the phenomena that from him stem: dialog and scout. Not conflicting but coordinated with what the sight and the eye could reach.
The ear and the ear, the sense and the exterior part of the physical system that allows it, works, opposite to the rapidity with which the image travels from the eye, of much less fast form in the transfer of information from the exterior to the brain.
The sight works from the retina that is a prolongation separated from the encephalon, and the optical nerve that communicates them is considered to be, more than a peripheral nerve, a real intercranial route that assures an instantaneidad that does not exist between the exterior system of the ear and the brain. Almost a metaphor I concern of the vital pace of the oir, not of to listen – we all listen-, since it is a movement that demands calmness and personal silence, time delayed to allow that the exterior thing could accede and be analyzed.
Oir demands an attitude of predisposition that also can exist to see, but unlike the sense of the sight, the ear puts us more distantly in touch with the world of the sensitive thing in all that it forms, and nevertheless it us brings over much more to the persons who live and construct the life to ours around. Those that become “visible” by means of the dialog and the rumor.
The neoliberal world that we live not only rests on an imaginary inflation but also on an absence of dialog, a species of monologue that avoids the presence of the voice of other one and that easily has been transported to the living space of the architecture. A space in which for tradition the results always have seemed to be more visual and imaginary that organized by the attentive scout and the dialog.
Opposite to traditional this one and lately sharpened and propositada lack of dialog, almost of deep deafness, turns out to be recomforting to remember those other attitudes born in the nature of to listen and oir, of to speak and also of to be quiet opportunely.
For it, not by chance these words started by mentioning those of a Dutch teacher, we resort to the social constant experiment, that of the Netherlands. Holland, as territorial common conquest and as urban space par excellence, from the polder to Spuy Plein. Fabric made to any scale that tries place for the political claim, for the movement Provo, the kabouters and Constant’s Utopian city.
Holland like place of social deliberation I continue where the complaint, the rumor, the chat, the shout and the social claim become effective of way nearest to the heard and not to the seen.
The Holanda in whom the world construído of Aldo van Eyck represents this spirit of the balance between the seen and heard, formulating ideas, positions and works, in a company, that of the 60 and 70, in crisis and very removed from the perspective simplificadora with the one that today is presented that time.
An ear, that of Aldo van Eyck who prospers of the speech and of the round table, where they inform the individual and the community, to attend to all including to the minorities. Including East that of the children was going not only to the politically profitable minorities, but to others that like always you present, also were forgotten always. To listen even those that they seem still not to have what to say.
There exists in his vision of the world a conscience of the value of the collective thing that is increased by means of the anarchy, as respect of each one of the individualities, the minority of the minorities.
Van Eyck Dutch demonstrated always beforehand (not of another form it is possible to survive in a strongly adverse space), that the attention to another born architecture of parameters of quality different to the reserve guard, visual and commercial is possible.
It knew that to deal only across to look, obvious the problem of which the eye beside guiding of fundamental form, also cheats us, so much as architects or creators, as constant or circumstantial inhabitants, since the look is accustomed to look for the resource of the form to explain.
His work was avoiding the voidance of conscience of the public thing to the search of a space for the made critique, but also received, that is consubstantial to this way of understanding itself across the ear, of which it must turn out to be a common place.
A looked and created place, where paradoxically the city and the country of the ear manage to turn into one of the most beautiful for the look. A paradox, as one of Aldo’s twin phenómena, who in our case is summarized in the vista-oído, to continue teaching us that “we have the power to reconcile the opposite ones”.
Luis Gil Pita-Cristina Nieto
Texto incluido en el Nº1 de la revista Laura de la Facultad de Arquitectura de Guimarães, DAAUM,2002.
Guimarães, 2002
Bibliography:
Bordieu, Pierre. Contrafuegos. Edt Anagrama 1999. Barcelona.
Delgado, Manuel. El animal público. Edt Anagrama 1999. Barcelona.
Durán, Mª Angeles. La ciudad compartida.Edt CSCAE 1998. Madrid.
Ramonet, Ignacio. La tiranía de la comunicación. Edt Debate 1998. Barcelona.
Strauven, Francis. A. v E. The shape of Relativity. Edt A&N. 1998 A´dam.[:]





Más sobre mirar en Múltiples Estrategias de Santiago de Molina.
http://ow.ly/RCy9u
SOSTENER EL PESO, SOSTENER LA MIRAD. Santiago de Molina.
Cuenta la leyenda recogida por Vitruvio que los habitantes de la ciudad
griega de Caria fueron exterminados durante las Guerras Médicas por una
mala alianza con los Persas, y sus mujeres convertidas en esclavas y
condenadas a llevar pesadas cargas. Desde ese instante se las representó
como tales en las columnas de los edificios… Desde entonces las
cariátides han servido para sujetar con gracia arquitrabes y servir de
ornamento a las obras más dispares, a pesar de la poca gracia que supone
representar una esclavitud.
http://ow.ly/RCy1R