[:es]
Hace unos días terminé de leer el libro Mi Vida del crítico alemán de origen polaco, judío, Marcel Reich-Ranicki, un hombre notorio en Alemania, donde vive sus noventa y dos años. Hago constar su condición judía porque MRR sufrió mucho a consecuencia de ello en su país adoptivo durante los tiempos en los que el nazismo gobernó e hizo lo posible por destruir Alemania y buena parte de Europa. Y esa condición marcó su desarrollo personal e intelectual hasta convertirlo en una especie de vigilante celoso, participante calificado, del contencioso que los judíos necesariamente tienen con el universo cultural alemán.
MRR dice haber decidido desde muy joven convertirse en crítico literario, con lo cual en cierto modo coloca a la crítica como una especialidad, una profesión, un oficio que se abraza como cualquier otro y cuya finalidad es la de hacer juicios de valor sobre la literatura, señalar lo meritorio o lo menos logrado, ensalzar lo que se considera herencia cultural básica, desmontar prestigios y afirmar otros, y así por el estilo, destacando algo sobre lo cual MRR no ahorra palabras: la importancia del arte literario, la gloria, podríamos decir, de la literatura.
Y al hacer esta observación tenemos en mente los prejuicios de los creadores sobre los críticos, que ven en ellos unos diletantes un poco indeseables que se pavonean juzgando aquí y allá de manera superficial y desorientadora. Bien conocido es el aforismo de Nietzsche que otras veces he citado:
«los críticos ven el arte de cerca sin llegar nunca a tocarlo» 1,
frase que deja muy clara una visión despreciativa fundada, precisamente, en esa condición diletante que le impediría al crítico profundizar, penetrar más allá de las apariencias.
Pero ese no parece ser el caso de Reich-Ranicki por varias razones. En primer lugar por el respeto que se ha ganado en un país de tan altas exigencias culturales; en segundo lugar porque ha publicado decenas de libros siempre dirigidos a destacar los valores de la literatura (particularmente la de lengua alemana) que en general han sido muy bien recibidos como vehículos de acercamiento a la creación literaria; y en tercer lugar porque, por ejemplo en el caso de su programa de televisión El cuarteto literario que se trasmitió entre 1988 y 2002 en la televisión pública alemana, el formato que estableció se basaba en una discusión sobre obras concretas entre él, dos participantes estables y un escritor invitado, que dejaba espacio para puntos de vista diversos arrojando siempre como logro inmediato el interés del público por la lectura, lo cual proporcionó al programa una audiencia entusiasta, tal como ocurrió en Francia con Apostrophes el programa de crítica literaria de Bernard Pivot. (1935).
O sea que MRR es, pese a todo lo que se pueda objetarle, un gran amante de la literatura y es hacia ella que dirige sus esfuerzos de convocatoria, asunto que viene muy a cuento a propósito de la Arquitectura, campo en el que la crítica parece a veces adorarse a sí misma y a su discurso antes que a los edificios y la ciudad, tal como si se tratase de una actividad independiente con lenguaje especializado que repele a un público que, lógicamente, quiere entender lo que se dice. Los críticos hablan entonces para la Academia y en lugar de trabajar por el amor hacia el arte del que se ocupan, poniendo en el foco de los medios de comunicación determinadas arquitecturas y sus autores, aplauden y se ocupan de razonar sobre lo que los medios destacan a partir del éxito general de público. Tratan de mantenerse en terreno neutral subrayando contenidos filosóficos, políticos o generalizaciones culturales para no comprometerse.
Es más, la mayor parte de los críticos de arquitectura, si lo fueran literarios se ocuparían sobre todo de los best-sellers y de lo que las editoriales quieren que se venda.
Eso es lo que movía hace poco el comentario de un colega extranjero a propósito de Reich-Ranicki. ¿Por qué no hay en arquitectura críticos así, me decía, con independencia de criterio respecto a los intereses editoriales o políticos, con valentía para señalar lo que consideran malo, con empeño en señalar hacia lo que juzgan valioso, menos convencionales, culturalmente más vivos?
Hay muchas cosas que pueden decirse para intentar contestar esa pregunta.
Una de ellas es que la separación entre vida y crítica se origina en que la apreciación de la arquitectura y como consecuencia los juicios que sobre ella se forman, se hace a partir de una percepción de ella en segundo grado, no en vivo sino a través de fotografías o dibujos. Esa percepción deja fuera dos asuntos fundamentales, por una parte el tiempo y por la otra el medio ambiente y su influencia. Para entender la arquitectura, gozarla, conmoverse o ser ajeno a ella es necesario recorrerla, percibirla en el tiempo. Y el papel del medio ambiente es fundamental en esa percepción, como he insistido muchas veces en recordar. Porque, por ejemplo, no es lo mismo valorar la sombra en el medio tropical que en tierras del norte o del sur, con lo cual la capacidad del edificio de producir y albergar la sombra benefactora, un asunto central, no influiría el juicio del observador.
Por otra parte el valor excesivo que se viene dando a la fotografía ha hecho de la estética de lo gráfico plano, un criterio importante de valoración de la arquitectura, que si bien no es un asunto negativo en sí mismo, pone de primero lo que es consecuencia. Lo subsidiario, si bien valioso, pasa a ser principal.
De todo esto puede aventurarse una conclusión preliminar: tal como a un crítico literario se le pide que lea el libro, al crítico2 de arquitectura se le debe pedir que haya recorrido la arquitectura que pretende juzgar.
Empezamos por ahí, ya veremos lo que sigue.
Óscar Tenreiro Degwitz, Arquitecto.
Venezuela, febrero 2013,
Entre lo Cierto y lo Verdadero
Notas:
1. Pese a que intento no hablar de ello, la situación me obliga. Seguimos aquí los venezolanos haciendo acopio de paciencia frente a los absurdos que se multiplican día a día. Y demostramos, pese a todo lo que se dice en contrario, una admirable fe en que se impondrá la lógica democrática. Y digo admirable porque en cualquier parte del mundo lo que nos acontece hubiera sumido a la sociedad en la violencia y el caos. No ha sido así porque la dirigencia opositora, no toda desde luego pero sí la parte más influyente de ella, ha hecho valer esa fe por encima de los constantes atropellos y absurdos. Que son tantos y tan agresivos frente a una parte fundamental de la sociedad que disiente de quienes manejan el autoritarismo en el Poder, que califican como abiertas provocaciones para buscar una violencia callejera que les permitirá apretar más las tuercas de un poder ilegítimo.
Y ante ese panorama seguimos intentando pensar en lo que es verdaderamente nuestro, en nuestra pasión, la de buscar y promover la arquitectura. Cerramos pues nuestros ojos hacia lo inmediato e intentamos mantener la mirada alta.
2. Y vamos de nuevo hacia el tema de la crítica que tanto me ha ocupado, a mí y a muchos, a lo largo de los años. Descubro por ejemplo que en la conversación que tuve con Kenneth Frampton en 1985 ya estaba esa preocupación, que se sumaba además a la de él cuando decía por ejemplo esto:
“En primer lugar reconozco que aunque uno parte de la neutralidad de la cámara porque teóricamente una fotografía de un edificio es una fotografía de un edificio, tuve la experiencia de que cuando uno manda fotógrafos diferentes a fotografiar un edificio, termina teniendo dos edificios distintos, porque el ojo a través de la máquina no ve la misma cosa…. Estas cosas se mueven en la dirección de reducir la arquitectura a imágenes fotográficas…”,
agregando después un comentario sobre el contexto cultural que expresaba así:
“…la cuestión del paisaje y la luz reviste enorme importancia. La tendencia universal civilizada de reducir los edificios a objetos aislados inmortales los divorcia de lo que debería ser su inherente relación con el paisaje y su inserción en el territorio…”.
Estos puntos de vista junto a muchos otros que expresó Frampton en esa conversación (que publicamos en 1990 en el librito titulado ‘Sobre Arquitectura”), no sólo siguen siendo plenamente vigentes, sobre todo a la luz del giro que han tomado las cosas en el mundo de la crítica arquitectónica, sino que señalan una posición personal que sin duda distingue a Frampton entre sus pares.
Que esa conciencia que podemos llamar cultural se haya visto confirmada en obras en los años posteriores ya es otra cosa. Porque no ha sido así. Más de una década después de esa conversación Frampton publicó su libro “Estudios de la cultura tectónica…”, un libro difícil de leer, pesado, que a pesar de que revela el espesor cultural de su autor, aclara muy poco sobre sus preferencias o el lugar hacia donde apuntan. Y dedica muy poco, si es que dedica algo, a las cosas que ocurren con la arquitectura de estos lados del mundo. A veces parece que Frampton está en muchas partes sin dejar claro cual de ellas prefiere, que se mueve haciendo borrosos sus criterios con el peso de demasiadas palabras de significados esquivos. Incurre, me parece, en lo que menciono en la nota de hoy: escribe pensando en la Academia.
Por otra parte, es evidente que Frampton es un hombre del mundo anglosajón, responde a las tensiones y propuestas de ese mundo ante todo; y es hacia allá donde dirige sus argumentos y preocupaciones. Su interlocutor es un medio cultural que hoy más que nunca se distancia de las cosas que interesan en el mundo periférico.
Lo cual puede decirse de otro modo: habiéndose focalizado el mundo periférico en las últimas décadas y especialmente a raíz de la explosión de la opulencia globalizada de modo casi obsesivo en las prioridades establecidas por los países centrales, las gentes del mundo intelectual en estos últimos no ven razones para buscar contenidos específicos en el mundo periférico. En cierto modo esta actitud es el resultado de lo que en la entrevista que cité de 1985 Frampton dice de los países latinoamericanos: que en ellos se manifiesta a la vez una “mezcla de justificado orgullo y auto-desaprobación, una mezcla contradictoria de dos respuestas que se dan al mismo tiempo”. Lo cual equivale a decir que a pesar de nuestro presumir identitario estamos insatisfechos con nosotros mismos.
Una situación que está en agudo contraste con lo que ocurría en los años cincuenta del siglo pasado, lo cual me impresionó hace un par de días, cuando, leyendo la fotocopia de una vieja carta dirigida por Le Corbusier a Lucio Costa el 23 de Diciembre de 1949, éste hacía notar la repercusión extraordinaria que había tenido en el mundo europeo un número especial de “L’Architecture d’Aujourd’hui” dedicado a la arquitectura brasileña.
Era un momento histórico en el que lo que se hacía en América Latina (hubo también un número dedicado a Venezuela en 1956 o 57) interesaba en Europa; y lo que es aún mejor, nos interesaba a los de aquí. Ya eso no ocurre y más bien parece que los de aquí estamos demasiado interesados en hacer las cosas “como los de allá”, tanto en el sentido caricaturesco cuando se trata de lo espectacular (poliedros, diagonales, torceduras y demás cosas), como en el sentido de un cierto tipo de refinamiento respecto a volúmenes exentos, pieles limpias y énfasis en un minimalismo abstracto “à la mode”, asunto que practican con éxito jóvenes arquitectos del sur de nuestro continente.
Volviendo a Frampton, confieso que en esos tiempos tuve una fe ingenua en que a raíz de sus repetidas visitas a Venezuela su postura de crítico consciente y culturalmente consistente que le han dado el prestigio tan especial del cual goza, lo orientara en un sentido más afin a nuestras preocupaciones, pero me equivoqué y más bien pienso hoy que tal cosa no puede venir sino de nosotros mismos, cuando los críticos de nuestra región del mundo se decidan a ver lo que aquí se produce sin el complejo de hermanos menores y con plena conciencia de que se trata de un camino suficientemente sólido y digno de divulgación, pese a que no coincida con las líneas establecidas más allá de nosotros.
Creo que algo de eso viene ocurriendo. Va ayudando el bienvenido derrumbe de la crítica sobrecargada de ideología populista que reinó por muchos años e hizo de las suyas en encuentros y foros latinoamericanos ya desde mediados de los ochenta del siglo pasado. Comienzan a percibirse nuevos rumbos. Preferible es no señalar nombres por ahora. Este tema nos volverá a ocupar.
[:gl]
Hai uns días terminei de ler o libro A miña Vida do crítico alemán de orixe polaca, xudeu, Marcel Reich-Ranicki, un home notorio en Alemaña, onde vive os seus noventa e dous anos. Fago constar a súa condición xudía porque MRR sufriu moito a consecuencia diso no seu país adoptivo durante os tempos nos que o nazismo gobernou e fixo o posible por destruír Alemaña e boa parte de Europa. E esa condición marcou o seu desenvolvemento persoal e intelectual ata convertelo nunha especie de vixiante celoso, participante cualificado, do contencioso que os xudeus necesariamente teñen co universo cultural alemán.
MRR di decidir desde moi novo converterse en crítico literario, co cal en certo xeito coloca á crítica como unha especialidade, unha profesión, un oficio que se abraza como calquera outro e cuxa finalidade é a de facer xuízos de valor sobre a literatura, sinalar o meritorio ou o menos logrado, enxalzar o que se considera herdanza cultural básica, desmontar prestixios e afirmar outros, e así polo estilo, destacando algo sobre o cal MRR non aforra palabras: a importancia da arte literario, a gloria, poderiamos dicir, da literatura.
E ao facer esta observación temos en mente os prexuízos dos creadores sobre os críticos, que ven neles uns diletantes un pouco indesexables que se pavonean xulgando aquí e alá de maneira superficial e desorientadora. Ben coñecido é o aforismo de Nietzsche que outras veces citei:
«os críticos ven a arte de preto sen chegar nunca a tocalo» 1,
frase que deixa moi clara unha visión despreciativa fundada, precisamente, nesa condición diletante que lle impediría ao crítico profundar, penetrar máis aló das aparencias.
Pero ese non parece ser o caso de Reich-Ranicki por varias razóns. En primeiro lugar polo respecto que se gañou nun país de tan altas esixencias culturais; en segundo lugar porque publicou decenas de libros sempre dirixidos a destacar os valores da literatura (particularmente a de lingua alemá) que en xeral foron moi ben recibidos como vehículos de achegamento á creación literaria; e en terceiro lugar porque, por exemplo no caso do seu programa de televisión O cuarteto literario que se transmitiu entre 1988 e 2002 na televisión pública alemá, o formato que estableceu baseábase nunha discusión sobre obras concretas entre el, dous participantes estables e un escritor invitado, que deixaba espazo para puntos de vista diversos arroxando sempre como logro inmediato o interese do público pola lectura, o cal proporcionou ao programa unha audiencia entusiasta, tal como ocorreu en Francia con Apostrophes o programa de crítica literaria de Bernard Pivot. (1935).
Ou sexa que MRR é, a pesar de todo o que se poida obxectarlle, un gran amante da literatura e é cara a ela que dirixe os seus esforzos de convocatoria, asunto que vén moi a conto á mantenta da Arquitectura, campo no que a crítica parece ás veces adorarse a si mesma e ao seu discurso antes que aos edificios e a cidade, tal como se se tratase dunha actividade independente con linguaxe especializada que repele a un público que, loxicamente, quere entender o que se di. Os críticos falan entón para a Academia e en lugar de traballar polo amor cara á arte do que se ocupan, poñendo no foco dos medios de comunicación determinadas arquitecturas e os seus autores, aplauden e ocúpanse de razoar sobre o que os medios destacan a partir do éxito xeral de público. Tratan de manterse en terreo neutral subliñando contidos filosóficos, políticos ou xeneralizacións culturais para non comprometerse.
É máis, a maior parte dos críticos de arquitectura, se o fosen literarios ocuparíanse sobre todo dos best-sellers e do que as editoriais queren que se venda.
Iso é o que movía hai pouco o comentario dun colega estranxeiro á mantenta de Reich-Ranicki. Por que non hai en arquitectura críticos así, dicíame, con independencia de criterio respecto dos intereses editoriais ou políticos, con valentía para sinalar o que consideran malo, con empeño en sinalar cara ao que xulgan valioso, menos convencionais, culturalmente máis vivos?
Hai moitas cousas que poden dicirse para tentar contestar esa pregunta.
Unha delas é que a separación entre vida e crítica orixínase en que a apreciación da arquitectura e como consecuencia os xuízos que sobre ela fórmanse, faise a partir dunha percepción dela en segundo grao, non en vivo senón a través de fotografías ou debuxos. Esa percepción deixa fóra dous asuntos fundamentais, por unha banda o tempo e pola outra o medio ambiente e a súa influencia. Para entender a arquitectura, gozala, conmoverse ou ser alleo a ela é necesario percorrela, percibila no tempo. E o papel do medio ambiente é fundamental nesa percepción, como insistín moitas veces en lembrar. Porque, por exemplo, non é o mesmo valorar a sombra no medio tropical que en terras do norte ou do sur, co cal a capacidade do edificio de producir e albergar a sombra benefactora, un asunto central, non influiría o xuízo do observador.
Por outra banda o valor excesivo que vén dando á fotografía fixo da estética do gráfico plano, un criterio importante de valoración da arquitectura, que aínda que non é un asunto negativo en si mesmo, pon de primeiro o que é consecuencia. O subsidiario, aínda que valioso, pasa a ser principal.
De todo isto pode aventurarse unha conclusión preliminar: tal como a un crítico literario pídeselle que lea o libro, ao crítico2 de arquitectura débeselle pedir que percorrese a arquitectura que pretende xulgar.
Empezamos por aí, xa veremos o que segue.
Óscar Tenreiro Degwitz, Arquitecto.
Venezuela, febreiro 2013,
Entre lo Cierto y lo Verdadero
Notas:
1. Pese a que intento non falar diso, a situación obrígame. Seguimos aquí os venezolanos facendo provisión de paciencia fronte aos absurdos que se multiplican día a día. E demostramos, pese a todo o que se di en contrario, unha admirable fe en que se impoñerá a lóxica democrática. E digo admirable porque en calquera parte do mundo o que nos acontece sumise á sociedade na violencia e o caos. Non foi así porque a dirigencia opositora, non toda desde logo pero si a parte máis influyente dela, fixo valer esa fe por encima dos constantes atropellos e absurdos. Que son tantos e tan agresivos fronte a unha parte fundamental da sociedade que disiente de quen manexan o autoritarismo no Poder, que cualifican como abertas provocaciones para buscar unha violencia callejera que lles permitirá apertar máis as tuercas dun poder ilexítimo.
E ante ese panorama seguimos intentando pensar no que é verdaderamente noso, na nosa paixón, a de buscar e promover a arquitectura. Pechamos pois os nosos ollos cara ao inmediato e intentamos manter a mirada alta.
2. E imos de novo cara ao tema da crítica que tanto me ocupou, a min e a moitos, ao longo dos anos. Descubro por exemplo que na conversación que tiven con Kenneth Frampton en 1985 xa estaba esa preocupación, que se sumaba ademais á del cando dicía por exemplo isto:
“En primeiro lugar recoñezo que aínda que uno parte da neutralidade da cámara porque teoricamente unha fotografía dun edificio é unha fotografía dun edificio, tiven a experiencia de que cando un manda fotógrafos diferentes a fotografar un edificio, termina tendo dous edificios distintos, porque o ollo a través da máquina non ve a mesma cousa… Estas cousas móvense na dirección de reducir a arquitectura a imaxes fotográficas…”,
agregando despois un comentario sobre o contexto cultural que expresaba así:
“…a cuestión da paisaxe e a luz reviste enorme importancia. A tendencia universal civilizada de reducir os edificios a obxectos illados inmortais divórciaos do que debería ser a súa inherente relación coa paisaxe e a súa inserción no territorio…”.
Estes puntos de vista xunto a moitos outros que expresou Frampton nesa conversación (que publicamos en 1990 no librito titulado ‘Sobre Arquitectura”), non só seguen sendo plenamente vixentes, sobre todo á luz do xiro que tomaron as cousas no mundo da crítica arquitectónica, senón que sinalan unha posición persoal que sen dúbida distingue a Frampton entre os seus pares.
Que esa conciencia que podemos chamar cultural viuse confirmada en obras nos anos posteriores xa é outra cousa. Porque non foi así. Máis dunha década despois desa conversación Frampton publicou o seu libro “Estudos de la cultura tectónica…”, un libro difícil de ler, pesado, que a pesar de que revela o espesor cultural do seu autor, aclara moi pouco sobre as súas preferencias ou o lugar cara a onde apuntan. E dedica moi pouco, se é que dedica algo, ás cousas que ocorren coa arquitectura destes lados do mundo. Ás veces parece que Frampton está en moitas partes sen deixar claro cal delas prefire, que se move facendo borrosos os seus criterios co peso de demasiadas palabras de significados esquivos. Incorre, paréceme, no que menciono na nota de hoxe: escribe pensando na Academia.
Por outra banda, é evidente que Frampton é un home do mundo anglosaxón, responde as tensións e propostas dese mundo ante todo; e é cara a alá onde dirixe os seus argumentos e preocupacións. O seu interlocutor é un medio cultural que hoxe máis que nunca se distancia das cousas que interesan no mundo periférico.
O cal pode dicirse doutro xeito: focalizándose o mundo periférico nas últimas décadas e especialmente por mor da explosión da opulencia globalizada de modo case obsesivo nas prioridades establecidas polos países centrais, as xentes do mundo intelectual nestes últimos non ven razóns para buscar contidos específicos no mundo periférico. En certo xeito esta actitude é o resultado do que na entrevista que citei de 1985 Frampton di dos países latinoamericanos: que neles maniféstase á vez unha “mestura de xustificado orgullo e auto-desaprobación, unha mestura contraditoria de dúas respostas que se dan ao mesmo tempo”. O cal equivale a dicir que a pesar de noso presumir identitario estamos insatisfeitos connosco mesmos.
Unha situación que está en agudo contraste co que ocorría nos anos cincuenta do século pasado, o cal me impresionou fai un par de días, cando, lendo a fotocopia dunha vella carta dirixida por Le Corbusier a Lucio Costa o 23 de Decembro de 1949, este facía notar a repercusión extraordinaria que tivera no mundo europeo un número especial de “L’Architecture d’Aujourd’hui” dedicado á arquitectura brasileira.
Era un momento histórico no que o que se facía en América Latina (houbo tamén un número dedicado a Venezuela en 1956 ou 57) interesaba en Europa; e o que é aínda mellor, interesábanos aos de aquí. Xa iso non ocorre e máis ben parece que os de aquí estamos demasiado interesados en facer as cousas “como os de alá”, tanto no sentido caricaturesco cando se trata do espectacular (poliedros, diagonais, torceduras e demais cousas), como no sentido dun certo tipo de refinamiento respecto de volumes exentos, peles limpas e énfases nun minimalismo abstracto “à la mode”, asunto que practican con éxito novos arquitectos do sur do noso continente.
Volvendo a Frampton, confeso que neses tempos tiven unha fe inxenua en que por mor das súas repetidas visitas a Venezuela a súa postura de crítico consciente e culturalmente consistente que lle deron o prestixio tan especial do cal goza, orientáseo nun sentido máis afin ás nosas preocupacións, pero equivoqueime e máis ben penso hoxe que tal cousa non pode vir senón de nós mesmos, cando os críticos da nosa rexión do mundo decídanse a ver o que aquí se produce sen o complexo de irmáns menores e con plena conciencia de que se trata dun camiño suficientemente sólido e digno de divulgación, a pesar de que non coincida coas liñas establecidas máis aló de nós.
Creo que algo diso vén ocorrendo. Vai axudando o benvido derrube da crítica sobrecargada de ideoloxía populista que reinou por moitos anos e fixo das súas en encontros e foros latinoamericanos xa desde mediados dos oitenta do século pasado. Comezan a percibirse novos rumbos. Preferible é non sinalar nomes por agora. Este tema volverá ocupar.
[:en]
A few days ago I stopped reading the book My Life of the German critic of Polish, Jewish origin, Marcel Reich-Ranicki, a well-known man in Germany, where it lives his ninety two years. I make consist his Jewish condition because MRR suffered very much as a result of it in his adoptive country during the times in which the Nazism governed and did the possible thing for destroying Germany and Europa’s good part. And this condition marked his personal and intellectual development up to turning it into a species of watchman jealous, qualified participant, of the contentious one that the Jews necessarily have with the cultural German universe.
MRR says to have decided from very young woman to turn into literary critic, with which in certain way he places to the critique as a speciality, a profession, a trade that embraces each other like any other one and which purpose is it of doing judgments of value on the literature, indicating the meritorious thing or the least successful thing, ensalzar what is considered to be a cultural basic inheritance, to dismantle prestiges and to affirm others, and like that for the style, emphasizing something on which MRR does not save words: the importance of the literary art, the glory, we might say, of the literature.
And on having done this observation we have in mind the prejudices of the creators on the critics, that there see in them a few a bit undesirable dilettantes who swagger judging here and there in a superficial way and desorientadora. Well-known it is Nietzsche’s aphorism that I have mentioned other times:
«the critics see the art closely without 1 never managing to touch it» 1,
phrase that there clarifies a scornful founded vision, precisely, in this condition dilettante who would prevent the critic from penetrating, from penetrating beyond the appearances.
But this it does not seem to be Reich-Ranicki’s case for several reasons. First for the respect that has been gained in a country of so high cultural requirements; secondly because it has published dozens of books always directed when emphasized the values of the literature (particularly that of German language) that in general they have been very well received as vehicles of approximation to the literary creation; and thirdly because, for example in case of his television program The literary quartet that trasmitió between 1988 and 2002 in the public German television, the format that it established was basing on a discussion on concrete works between him, two stable participants and an invited writer, who was leaving space for diverse points of view throwing always as immediate achievement the interest of the public for the reading, which enthusiast provided to the program a hearing, as there happened in France with Apostrophes the program of Bernard Pivot‘s literary critique. (1935).
Or that MRR is, despite everything what could object him, a great lover of the literature and is towards her that directs his efforts of summons, matter that comes very to story about the Architecture, field in which the critique seems to adore sometimes to yes same and to his speech before that to the buildings and the city, such as if it was a question of an independent activity with specialized language that it repels a public who, logically, wants to understand what is said. The critics speak then for the Academy and instead of working for the love towards the art with which they deal, putting in the area of the mass media certain architectures and his authors, applaud and are busy with reasoning on what the means stand out from the public’s general success. They try to be kept each other in neutral area underlining philosophical, political contents or cultural generalizations not to compromise.
It is more, most of the critics of architecture, if they it were literary they would deal especially with the best-sellers and with what the publishing houses want that it sells.
It is what it was moving makes small the comment of a foreign colleague about Reich-Ranicki. Why there are no in architecture critics like that, was he saying to myself, with independence of criterion with regard to the publishing or political interests, with valor to indicate what they consider to be bad, with determination in indicating towards what they judge valuable, less conventional, culturally more alive?
There are many things that can be said to try to answer this question.
One of them is that the separation between life and critique originates in that the appraisal of the architecture and as consequence the judgments that on her are formed, is done from a perception of her in the second degree, not live but across photographies or drawings. This perception leaves out two fundamental matters, on one hand the time and for other one the environment and his influence. To understand the architecture, to enjoy it, to shake or being foreign to she is necessary to cross it, to perceive it in the time. And the paper of the environment is fundamental in this perception, since I have insisted on remembering often. Because, for example, it is not the same thing the shade values for the tropical way that in lands of the north or of the south, with which the capacity of the building to produce and shelter the shade benefactora, a central matter, would not influence the judgment of the observer.
On the other hand the excessive value that one comes giving to the photography it has done of the aesthetics of the flat graphical thing, an important criterion of valuation of the architecture, which though it is not a negative matter in yes same, puts of first what is a consequence. The subsidiary thing, though valuable, it happens to be principal.
Of all that one can venture a preliminary conclusion: as it is asked a literary critic to read the book, to the critic2 of architecture it is necessary to him to ask to cross the architecture that it tries to judge.
We begin thereabouts, already we will see what continues.
Óscar Tenreiro Degwitz, Architect.
Venezuela, february 2013,
Entre lo Cierto y lo Verdadero
Notas:
1. In spite of that I try not to speak about it, the situation forces me. We are still here the Venezuelans doing collection of patience opposite to the absurdities that multiply day after day. And we demonstrate, despite everything what is said in opposite, an admirable faith in which the democratic logic will be imposed. And I say admirably because in any part of the world what us happens it should plunge to the company in the violence and the chaos. It has not been like that because the leadership opositora, not quite certainly but yes the most influential part of she, has made cost this faith over the constant violations and absurdities. That are so many people and so aggressive opposite to a fundamental part of the company that dissents of whom they handle the authoritarianism in the Power, which they qualify as opened provocations to look for a street violence that will allow them to press more the nuts of an illegitimate power.
And before this panorama we continue trying to think what is really ours, our passion, her of seeking and promoting the architecture. We close so our eyes towards the immediate thing and try to support the high look.
2. And we go again towards the topic of the critique that so much has occupied me, to me and to many, throughout the years. I discover for example that in the conversation that I had with Kenneth Frampton in 1985 already was this worry, which was adding in addition to her of him when he was saying for example this:
“First I admit that though one departs from the neutrality of the chamber because theoretically a photography of a building is a photography of a building, I had the experience of which when one gives the orders different photographers to photograph a building, it ends up by having two different buildings, because the eye across the machine does not see the same thing… These things move in the direction of reducing the architecture to photographic images…”,
adding later a comment on the cultural context that was expressing this way:
“…the question of the landscape and the light re-dresses enormous importance. The universal civilized trend of reducing the buildings to isolated immortal objects divorces them of what should be his inherent relation with the landscape and his insertion in the territory…”.
These points of view together with many others that Frampton expressed in this conversation (that we publish in 1990 in the qualified librito ‘About Architecture»), not only continue being fullly in force, especially in the light of the draft that the things have taken in the world of the architectural critique, but they indicate a personal position that undoubtedly distinguishes Frampton between his couples.
That this conscience that we can call culturally has seen confirmed in works in the later years already is another thing. Because it has not been like that. More than one decade after this conversation Frampton published his book «Studies of the tectonic culture…», a book difficult to read, weighed, that in spite of the fact that it reveals the cultural thickness of his author, it clarifies very little on his preferences or the place where they appear. And he dedicates very little, if it is that he dedicates something, to the things that happen with the architecture of these sides of the world. Sometimes it seems that Frampton is in many parts without clarifies who of them prefers, that moves making his criteria blurry with the weight of too many words of shy meanings. It incurs, seems to me, in what I mention in the today note: he writes thinking about the Academy.
On the other hand, it is evident that Frampton is a man of the Anglo-Saxon world, answers to the tensions and offers of this world first of all; and it is thither where it directs his arguments and worries. His speaker is a cultural way that today more than never distance of the things that are interested in the peripheral world.
Which can be said differently: the peripheral world having been focused in the last decades and specially immediately after the explosion of the opulence included of an almost obsessive way in the priorities established by the central countries, the peoples of the intellectual world in the above mentioned do not see reasons to look for specific contents in the peripheral world. In certain way this attitude is the result of what in the interview that I mentioned of 1985 Frampton he says of the Latin-American countries: that in them demonstrates simultaneously a “mixture of well-taken pride and auto-disapproval, a contradictory mixture of two answers that are given at the same time”. Which is equivalent to say that in spite of ours to presume identitario are unsatisfied with us themselves.
A situation that is in sharp contrast with what it happened in the fifties of last century, which impressed me does a couple of days, when, reading the photocopy of an old letter directed by Le Corbusier to Lucio Costa On December 23, 1949, this one was making notice the extraordinary repercussion that had had in the European world a special number of “L’Architecture d’Aujourd’hui” dedicated to the Brazilian architecture.
It was a historical moment in that what was done in Latin America (there was also a number dedicated to Venezuela in 1956 or 57) was interested in Europe; and what is even better, we were interested to them of here. Already it does not happen and rather it seems that of here we are too much interested in doing the things “as them of there”, so much in the comical sense when it is a question of the spectacular thing (polyhedrons, diagonals, twistings and other things), since in the sense of a certain type of refinement with regard to exempt volumes, clean skins and emphasis in an abstract minimalismo “à la mode”, matter that there practise successfully young architects of the south of our continent.
Returning to Frampton, I confess that in these times I had an ingenuous faith in which immediately after his repeated visits to Venezuela his position of conscious and culturally consistent critic that they have given him such a special prestige which he enjoys, was orientating it in a more related sense to our worries, but I was wrong and rather I think today that such a thing cannot come but of us themselves, when the critics of our region of the world decide to see what here takes place without the complex of minor brothers and with full conscience of which it is a question of a sufficiently solid and worthy way of spreading, in spite of that it does not coincide with the lines established beyond us.
I think that something of it comes happening. There is helping the welcome precipice of the critique overloaded of populist ideology that he reigned many years and did of theirs in meetings and Latin-American forums already from middle of the eighties of last century. New courses begin to be perceived. Preferable it is not to indicate names for the present. This topic will turn us to occupying.
[:]





Siempre fui más de creadores que de críticos, de decidir y hacer lo que me gusta antes que esperar que me digan lo que es bueno o malo, bonito o feo. De hacer a evaluar lo hecho por otros, pero en la arquitectura, tanto como en esta vida, hay cabida para todos y creo que nadie sobra.
«Y vamos de nuevo hacia el tema de la crítica que tanto me ha ocupado, a mí y a muchos, a lo largo de los años.»
Óscar Tenreiro