El pazo de Monteagudo. La ruina que permanece | Luis Gil Pita

Reflexiones imprecisas sobre el trabajo de Juan Navarro Baldeweg en la ruina de Monteagudo. A Estrada. Pontevedra.”

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Del María Moliner,

Ruina:

1. Acción de hundirse una construcción.
2. Acción de destruirse cualquier cosa, material o espiritualmente.
5. Restos de una construcción hundida.

De nuestro diccionario particular,

Ruina:

1. Aquello que muestra de nuevo su naturaleza constructiva original, es decir nos vuelve a hacer notar después de la acción del tiempo o el hombre, cómo está construido un organismo.
2. Firmitas y tal vez, venustas, sin utilitas.

Siempre que abordamos un tema de reflexión relacionado con la ruina no podemos dejar de usar como arranque la escena que representa la “Lección de Anatomía del Dr Nicolaes Tulp”, en este caso para escribir una serie de apuntes imprecisos sobre el trabajo de Juan Navarro Baldeweg en la ruina del pazo de Monteagudo en A Estrada, Pontevedra.

Lección de Anatomía del Dr Nicolaes Tulp
Lección de Anatomía del Dr Nicolaes Tulp

Esta magistral pintura de Rembrandt, muestra la  lección que el  Doctor Tulp imparte a sus siete compañeros de oficio que se acompañados de la imprescindible  presencia de  un último convidado ya sin  vida, la figura inerte de un cadáver. En esta escena la magistral luz depositada sobre cada uno de los rostros de los estudiosos y compañeros de lección del Doctor Nicolaes parece equivaler, sumada con la suya propia, a la del cuerpo ya inerte, un diálogo lumínico equilibrado entre la importancia del cuerpo sin vida, como foco de atención, y la perspectiva viva y atenta de su contorno.

Este cuerpo malogrado, centro de la composición, que sirve como material de estudio, nos podría hacer pensar en la segura impotencia de estos doctores, no solo por no poder animar una nueva vida a su paciente, sino también por la frustración de no haber conseguido mantenerlo en ella. Sin embargo y muy al contrario de lo esperado, en la tensión atenta sobre el objeto sin vida, es donde nuestra metáfora quiere resolverse, sugiriéndosenos el optimismo de un futuro todavía por llegar, también susceptible de enfermar, pero al que se puede responder con el conocimiento adquirido y la  previsión de la experiencia a partir del derrumbe, del fracaso.

De este cadáver, pues, resulta una última esperanza que es la del ejemplo, en la búsqueda y el estudio en lo ya perdido, pero con la intención de un futuro posible sobre otros cuerpos aún por salvar o nuevos modelos de trabajo a los que inspirar.

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Conocimos, hace unos diez años, el lugar, la construcción original del Pazo y el dominio de Monteagudo como ruina -en sentido tradicional era un edificio vaciado- durante la realización de un catálogo e inventario arquitectónico patrimonial para la Consellería de Cultura de la Xunta de Galicia.

Más tarde y desde que se comenzó el proyecto de rehabilitación de Monteagudo pudimos seguir su proceso de obra, un tiempo demorado en el que también tuvimos la suerte de conocer personalmente a sus propietarios y a personas implicadas en trabajos de reflexión artística sobre el edificio y su entorno. Ambos nos ayudaron a acercarnos y entender Monteagudo de una manera más amplia que la puramente edilicia.

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Hoy, con la obra  ya rematada, el proceso de lectura arquitectónica del edificio es aparentemente sencillo, si se quiere, pues se trata de una rehabilitación sin vanidad formal alguna, algo muy poco habitual en la rehabilitación de esta tipología de construcciones. Para nosotros al contrario, debido al previo contacto con la ruina original y su peso en el conjunto del paisaje, esta sencillez abstracta que se reconoce en el ejercicio propuesto, ha sido muy dificultosa de interpretar al abordar con cierto juicio crítico el proyecto terminado.

En ese tiempo, que lleva de la ruina a la obra acabada, algunas inquietantes preguntas nos han acompañado, tanto, que son el origen de estas palabras, entendiendo la definición de inquietante como la dificultad de aprehensión de algunos de los sentidos que el proyecto de Juan Navarro Baldeweg puede plantear o transmitir. Nos asaltaba sobre todo una duda que resultó fundamental librar para acercarse al interior del proyecto.

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¿Por qué la propuesta de rehabilitación de esta construcción doméstica pacega no presentaba cubierta? Queremos decir que no presentaba cubierta en el sentido en que el planteamiento del proyecto no restituye al edificio la original de teja, siendo sustituida ésta por una de zinc que evita la representación de un volumen de termino y la visión de una masa de remate superior a la cornisa. Es decir se produjo la substitución de la cubierta de remate tradicional, por una cubierta “ausente” pues en la atmosfera visual de contorno- entre la niebla y el agua continua que propone gran parte del año la climatología de la comarca de Tabeirós-Terra de Montes en que se sitúa la casa- el zinc pasa absolutamente desapercibido, todavía más por la supresión de elementos complementarios de recogida de pluviales, canalones y bajantes, que acostumbran a marcar físicamente el discurrir geométrico del agua en la recogida y evacuación.

La desaparición de la cubierta, decíamos, nos inquietaba, porque quien conociese el conjunto previo a la intervención, vaciado y sólo con los muros de perímetro, y lo comparase con la actual obra rematada, no vería entre ambos estados un cambio substancial en la relación visual con el dominio e implantación en el paisaje circundante (una lectura que recoge y analiza también de forma precisa la obra del artista plástico Álvaro Negro en relación a otra poderosa presencia-ausencia, el de las esculturas del escultor Ulrich Rükriem localizadas en el parque-bosque que circunda a la casa).

Así que el edificio parece persistir como ruina en la geografía a pesar de que obviamente se ha llenado con un nuevo, sucinto y contemporáneo programa. La duda se nos va resolviendo al pensar entonces que la propuesta de Juan Navarro Baldeweg es la de hacer permanecer la ruina en relación a su emplazamiento y no recomponer la forma original, pues el edificio a través de un nuevo programa y tipo de uso será otro, que aprende del anterior pero sin rescatarlo de una historia que ya no existe. Esa nos parece la mayor lección del proyecto, quizás la más importante y el fondo de este trabajo, no alterar la ruina mientras se arma un nuevo proceso vital y arquitectónico.

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Calmada esta principal inquietud, en un acercamiento hacia el interior del edificio, del resto del trabajo no cabría mucho más que señalar que no fuese la humilde respuesta  técnica a un sencillo programa doméstico. Sin embargo, a pesar de su tranquila respiración interior, el orden horizontal de su estructura en dos plantas se ve tensionado por la colocación de una burbuja galería que arma el espacio de reparto central de comunicaciones vertical y también por la inserción de un clavo de luz -otra acción arquitectónica de presencia-ausencia, a la manera del mejor Sinohara– que cruza  y contradice la horizontalidad de la estructura de reparto de estancias, atravesando la sección de los dos pisos, desde los dormitorios en la planta alta hasta la zona del hogar o lareira en la baja.

Decimos ausencia-presencia porque mientras la carga y peso constructivo de estas intervenciones son casi inexistentes, la alteración de la espacialidad es profunda, tanto, que llevan tensión pictórica a tan sencilla ordenación de programa.

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Pareciera existir además una correspondencia inversamente proporcional entre la ligereza que propone

“la ausencia de cubierta”,

la levedad introducida por la burbuja y el clavo de luz, frente al peso y densidad de las esculturas de Rukriem en el dominio de la finca que envuelve a la casa. Un sumatorio que asemeja proponer una compensación  y equilibrio entre los pesos y masas del pequeño cosmos de planetas que componen las esculturas de Ulrich Rükriem en el exterior y los intersticios de luz  al interior de la casa que propone Juan Navarro.

Esas dudas e inquietudes que planteaba  inicialmente el acercamiento a la obra de Juan Navarro se resuelven pues, mirando este cuerpo cadáver, con la actitud con la que observan el Dr Nicolaés Tulp y sus alumnos, aprendiendo de la ruina, del desastre del tiempo y del vaciamiento de la vida, con una mirada que mantenga alejada la melancolía y la nostalgia sobre las formas muertas, para permitirnos proponer la esperanza de seguir aprendiendo en el futuro del fracaso sin querer reparar lo ya perdido.

Carlos Puente frente a la escultura Ulrich Rükriem | Fotografía: Álvaro Negro
Carlos Puente frente a la escultura Ulrich Rükriem | Fotografía: Álvaro Negro

Luis Gil Pita, arquitecto
Santiago de Compostela, septiembre 2016

Luis Gil Pita

Arquitecto por la ETSA de A Coruña en 1997, desde ese año colabora en el estudio de Manuel Gallego Jorreto hasta 1999. Becado de investigación en Holanda en 2000-1, con un estudio sobre lo fronterizo y liminar en arquitectura, por la Diputación de A Coruña, fue posteriormente Profesor invitado en el área de proyectos de la Facultad de Arquitectura de Guimaráes, Universidade do Minho, del 2001 hasta el 2007. Desde el inicio de su carrera ha publicado asíduamente artículos y ha participado como editor en diferentes publicaciones alrededor de la arquitectura.

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