IniciofaroMis memorias de la Escuela de Arquitectura | Antón CapitelAs miñas memorias...

[:es]Mis memorias de la Escuela de Arquitectura | Antón Capitel[:gl]As miñas memorias da Escola de Arquitectura | Antón Capitel[:en]My memories of the School of Architecture | Antón Capitel[:]

[:es]

Terraza en la Gran Vía. 1964
Terraza en la Gran Vía. 1964 | Fuente: ibytes.es

El inicio

Llegué a la Escuela de Arquitectura de Madrid en octubre de 1964. Empezaba el plan 1964, llamado plan “ye-ye”, de cinco años y matrícula directa, sin ingreso ni iniciación, ni selectividad, ni nada. Fuimos 1.000 los matriculados. Las asignaturas eran Algebra lineal y Cálculo infinitesimal, Física, Análisis de Formas y Dibujo general. El catedrático de matemáticas era Juan del Corro Gutiérrez, y me cambié de grupo para dar clase con él. El de Análisis de Formas era Adolfo López Durán, y yo tuve al principio un espejismo, pues me tocó él, que era bueno –y me elogió el primer dibujo, que era una pluma de cambio de perspectiva del palacio de los Dux de Venecia, con gran contento por mi parte, claro-, pero era porque faltaba un profesor, que luego fue Fernando Ruiz Jaime, que era malo, un verdadero desastre. López Durán fue el que hizo la instalación de la portada del Hospital de la Latina en la Escuela. Era un mito, porque controló, en su día, la parte de dibujo del ingreso, y que, al principio del plan de 1964, aunque fuera un plan sin ingreso ni iniciación, jugó en realidad el mismo papel. Aunque es más justo decir que lo jugaban entre todos. Las calificaciones eran muy duras.

Los profesores de Análisis de Formas eran muy flojos, en general. Recuerdo apellidos como Lencina, Teresa, Carnicero (que tenía fama de bueno, pero que no lo era, en verdad) Quijada (éste algo mejor, trabajó en Regiones Devastadas, en Brunete y algunas otras cosas), y muchos más cuyos nombres no recuerdo o nunca supe. Pero el mío, si no era el peor, me lo parecía. Mi padre decía que todos los alumnos opinábamos que los profesores eran malos:

“Y ¿cómo dices que se llama? ¿Ruiz Jaime? Será Jaime Ruiz, que es muy buen arquitecto, lo conozco yo”.

(Jaime Ruiz es el padre de Gabriel Ruiz Cabrero).

“¡No, no! Fernando Ruiz Jaime. Es como si fuera ciego. Si me dice que algo es de determinada manera, yo lo corrijo al contrario”.

Un día, en el estudio de mi padre, con su socio, Javier García-Lomas, éste escuchó y dijo:

“¿Fernando Ruiz Jaime, dices? El peor de mi promoción, le hacíamos los proyectos para que aprobara”.

Vaya, ha habido suerte, pude decirle a mi padre:

“¿Ves?”.

El Análisis de Formas era el dibujo artístico, que constaba de dibujo de estatua (le llamaban encajado a dibujar a línea, con carboncillo sobre papel doble ingres, y mancha a dar las sombras); lavado, que era dibujar a lápiz una lámina, normalmente de arquitectura clásica, sobre un papel especial que se pegaba en un tablerito de madera, y dar luego sombras con tinta china de barra que se diluía en agua y con pinceles de pelo de marta. Después había otra parte de la asignatura que le llamaban varios, y que constaba de dibujar los órdenes clásicos, de dibujo de memoria o imaginación, de color, cambio de perspectiva, etc. Quitando los órdenes, las cosas más modernas eran un residuo de los cursillos implantados por Francisco Javier Sáenz de Oíza para antes del ingreso en el plan anterior al de 1957.

Casi todo el mundo hacía el dibujo de estatua tomando muchas medidas y usando plomada. Yo no lo hacía, pues Gerardo Zaragoza, mi profesor, sólo nos dejaba medir cabezas, y nos acostumbraba a controlar visualmente el dibujo, con la simple ayuda del carboncillo. Lo cierto es que era un magnífico profesor y que aprendías a juzgar tu dibujo con mucha eficacia, llegando incluso a saber lo que estaba mal aunque no supieras como corregirlo. Para mí, el dibujo de la estatua con Gerardo fue una educación visual de primer orden y que me ha servido toda la vida.

Dibujar los órdenes tenía su gracia. Había que comprar un “Viñola”, que me compró mi padre, una edición argentina, que todavía tengo. Recuerdo un examen: entró López Durán en una de aquellas inmensas clases y gritó:

“Tribuna sobre podio de orden dórico mutular, siendo el cornisamento del podio igual a dos módulos”,

y se fue. Nos quedamos todos nota. Yo tardé un rato en comprender que era cualquier fachada de templo dorico mutilar sobre pedestal, y que podía tener el número de columnas que quisieras. Bueno, el que quisieras, no, tenían que ser pares, naturalmente. Tenía un compañero de mesa bastante malo, del que no recuerdo el nombre, que se puso a hacer una fachada de tres columnas. Le advertí que lo tenia que hacer de numero par, pero no me hizo caso. Solía despreciar mis consejos.

Cuando hacíamos el lavado teníamos un cacharro con agua y varios pocillos para tener en ellos distintas tintas chinas, unas más oscuras que otras. A veces, por la inclinación de la mesa, o por que tú mismo lo empujabas, se le caía a alguien al suelo un pocillo, haciendo un ruido infernal y quizá rompiéndose. Entonces algunos gritaban:

“¡Uno menos!”.

Eran residuos de los tiempos más duros del ingreso y de la creencia todavía vigente de un número limitado de gente para aprobar. Para hacer los difíciles desvanecidos de las sombras y para perfilar bien con la tinta era por lo que había que usar pinceles de pelo de marta, que eran buenísimos y que se chupaban para que estuvieran en forma de punta perfecta. Así tragabas mucha tinta china, y a veces te dolía el estómago.

Para la estatua daban 3 o 4 sesiones de tres horas. A mí me sobraba tiempo –independientemente de cómo hubiera logrado dibujar la estatua- y me pasaba la última sesión charlando. En los “varios” había ejercicios interesantes que eran los de cambio de perspectiva: te daban una foto y tenías que hacer los alzados, o te daban alzados y tenías que hacer la perspectiva. En cambio, los ejercicios de color o de dibujo de imaginación eran una estupidez. Te ponían un tema chorra, Platero y yo; o Momo, dios del carnaval, y tenías que hacer un dibujo. Alguna vez pusieron un cartel, que era mejor. Había un truco para los ejercicios de color, que debió salir de una academia, y que bastantes usaban, y era dar primero el gouache, muy cargado, y luego llenarlo todo de tinta china. Una vez todo negro, se llevaba al lavabo y se le daba el agua a chorro, con lo que la tinta china se quedaba donde había blanco y se iba donde estaba el gouache, dejándolo desvaído y con muchos negros. Servía para resolver la entonación y era muy efectista. Yo probé una vez este método, pero fuera de la Escuela.

Para el lavado te daban a veces modelos muy nuevos sobre los que no te dejaban dibujar, y si no eran estrictamente geométricos tenías que sobreponerle un papel vegetal con un cuadriculado. Yo, a veces, y si era bastante geométrico, ni siquiera se lo ponía, y dibujaba midiendo, pues el delineado a lápiz sobre el papel del tablero, aunque tuviera muchas partes a mano, se me daba muy bien. El lavado estrictamente dicho, peor, pero me di cuenta enseguida que un buen dibujo a lápiz era lo más importante para un buen lavado, y así lo saqué adelante.

Había pocas chicas, y, todavía menos, chicas guapas. En mi grupo estaba María Victoria Lahuerta dal Ré, hija de Javier Lahuerta Vargas, que era guapa. Estuvo en nuestro curso hasta tercero, luego se casó y no acabó la carrera. Y había una tan fea que llamaba la atención, no diré su nombre. Llevaba un chaleco de falso cuero y por detrás alguien le puso con un rotulador:

“¡Llamadme para salir, por favor, llamadme!”

Quien más le tomaba el pelo, con cierta crueldad, era uno que se llama Gonzalo Gomendiourrutia. Una vez, en clase de mancha, se apagó la luz y Gomendio gritó:

“¡Fulanita, amor mío, que no abusen de ti, voy a defenderte!”.

Esta fea fue profesora de la Escuela. Había al principio algunas chicas muy guapas, que veías por los pasillos, y que luego desaparecían, incluso antes de final de curso, pues imagino que huían de una carrera tan dura. No quiero decir que los hombres no huyeran, porque muchos tambien lo hicieron, pero la desaparición de las guapas supongo que seria por eso; sea como fuere, el caso es que bastantes de ellas fueron, por desgracia, muy fugaces.

Los exámenes de Análisis de Formas, en junio, septiembre o febrero, empezaban con una fuerte dosis de sadismo, pues no te decían que tenías primero y qué después, y debías llevar todo el material, de mancha, de lavado y lo demás, incluidos dos tableros, esperar en el pasillo a ver si te llamaban para entrar en una clase, e irte a la otra con toda la inmensidad de los trastos si no te llamaban. Era un comportamiento despreciable, indicativo que como los profesores odiaban a aquella masa de alumnos, a los que no querían ni sabían enseñar.

El Dibujo general (que luego se llamó Dibujo Técnico) era delinear edificios y detalles, primero a lápiz y después a tinta china normal, para luego hacer también lavado. Empezamos por una hoja de acanto en grande y a tinta china, seguimos por dibujar un cuarto de baño y cuando íbamos a hacer lavado lo quitaron de esta asignatura. No había catedrático, y el encargado de la Cátedra era el de Geometría Descriptiva, que se llamaba José María Ruiz Aizpiri. Yo tuve de profesor a Pedro Rodríguez Ribeiro, que olía siempre a café, que no enseñaba nada, que no me hizo ni caso y que me suspendió en junio y septiembre a pesar de que yo dibujaba bastante bien. Yo llevaba mucho mejor esta asignatura que la de análisis, y era bastante bueno, al menos en comparación con los demás. Años después Ribeiro se convirtió en el encargado de cátedra de Dibujo, y con él la asignatura llegó a un grado muy notable de degeneración, como tantos recordarán.

Entonces estaba todavía en la Escuela mi primo (y también de Cangas de Onís) Francisco Javier Blanco Pérez, de la promoción de Segui y Manuel de las Casas. Un día me encontró por un vestíbulo y me dijo:

“Vente al salón de actos, que van a dar el resultado de unas oposiciones muy importantes”.

Fuimos y vimos juntos el asunto, con el salón repleto de estudiantes. Luego yo pregunté a mi primo Javier quien era la gente. Las oposiciones se celebraban para la asignatura de Composición II de la Escuela de Sevilla, que era muy reciente y concursaba Sáenz de Oíza contra Jaime López de Asiaín. El presidente era Víctor d´Ors Pérez-Peix, que era el catedrático de Madrid, y al votar en público desempató diciendo algo así como.

“Y ¿a quién votaré? No sé, no sé… Pues al señor López de Asiaín”.

Se armó un escándalo tremendo y cuando el tribunal bajó de la tarima, alguien le dio un puñetazo a d´Ors. Luego me enteré que había sido Emilio Chinarro, que era profesor y al que, según me dijeron, echaron de la Escuela de aquella. Después volvió y llegó a ser profesor titular de proyectos. Creo que fue Carlos de la Guardia (no sé si es escribe así; creo recordar que fue profesor de urbanismo con Ferrán y Mangada y Gerente de Urbanismo del Ayuntamiento cuando éste último fue concejal) quien gritó.

“¡Mejor! Así nos quedamos con Oíza aquí y el otro a Sevilla”.

Fue después de esto cuando a López de Asiaín (que era del Opus Dei) y a otro arquitecto sevillano les encargaron el Museo de Arte Contemporáneo al lado de la Escuela. Fue Florentino Pérez Embid como director general de Bellas Artes, un andaluz, que también era del Opus, y para poder contrarrestar que Ramón Vázquez Molezún, siendo pensionado en Roma, había hecho un proyecto de Museo que tuvo el Premio Nacional de Arquitectura, le dieron a este otro proyecto el mismo premio.

En el segundo año, en el que seguí cursando primero, me quedaban los dos dibujos y la descriptiva, que pusieron entonces en primero, pero que en el primer año del plan no lo habían hecho. A segundo curso habían pasado 25, casi todos –por no decir todos- enchufados por ser hijos de profesores o de arquitectos amigos de ellos. La lista de aprobados de Análisis de Formas –la asignatura que realmente seleccionaba- era un verdadero escándalo. Entre ellos, algunos dibujaban bien, como Víctor López Cotelo, que era de mi grupo, pero yo creo que no lo aprobaron por eso, sino por ser hijo de un arquitecto del Ministerio de la Vivienda, pues el profesor era el inefable Fernando Ruiz Jaime.

En primero se volvieron a matricular otros 1.000, así que el segundo año éramos ya 2.000. Mi padre me dijo que no me preocupara, porque así lo iba a pasar mejor y a aprender a dibujar de verdad. Fue cierto y tuve más suerte con los profesores. O, mejor dicho, con el profesor, pues me tocó el mismo en los dos dibujos, Oliverio Martínez Martínez. Este entendía de dibujo y trabajaba. Corregía los ejercicios de semana a semana y nos daba una especie de valoración, con lo cual yo ya veía que iba bien, o muy bien.

Mi padre me había mandado a dibujar arquitectura por la calle y también al desnudo en el Círculo de Bellas Artes. Seguíamos en la academia del escultor Gerardo Zaragoza, hijo del pintor José Ramón Zaragoza, academia en la que en tiempos de D. José Ramón, discípulo de Sorolla, daba clase de lavado López Durán, y donde habíamos empezado a dibujar en preuniversitario, aunque yo había empezado ya algo antes, en Cangas y en verano, a los quince años, también con Gerardo, por lo que llegué a la Escuela, en este aspecto, mucho mejor que la inmensa mayoría. Los Zaragoza eran, como nosotros, de Cangas de Onís, e íntimos de mi padre, que había aprendido a pintar con el mayor y era muy amigo y hasta colaboraba con el hijo en algunas de sus obras de escultura que necesitaban más la composición. Gerardo tenía cerrada la academia, pero admitió a algunos hijos de amigos. En relación con la escuela sólo ha de recordarse a Francisco Javier Bellosillo Amunategui, que fue profesor titular de Proyectos y que murió prematuramente, a los cincuenta y tantos años. Pero estaban también mi primo Julián Navarro, Juan del Corro –hijo del catedrático-, Mateo Gallego y el hermano de Javier, Luis Bellosillo.

Aprobé dibujo técnico en febrero. En el examen nos pusieron a delinear a tinta una sección de la catedral de Valladolid, para la que daban un modelo dividido en dos, a distintas escalas. Para fastidiar, claro. Yo lo acabé enseguida -la rapidez es uno de mis defectos- y como no tenía otra cosa que hacer rotulé debajo mi nombre completo en letras mayúsculas de palo delineadas a regla. Pasó un profesor, que yo no conocía, y me dijo que nadie había pedido rotulado, como si fuera un demérito. Pero le oyó mi profesor, y le dijo:

”¡Calla, hombre! ¿No ves como se llama?”

No porque mi padre fuera nadie allí, que no lo era, sino por el apellido Capitel. El caso es que aprobé, por lo que Aizpiri no debió ver muy mal lo del rotulado.

Pero en febrero suspendí el Análisis de Formas. Recuerdo que el ejercicio de mancha era un trozo del friso de las panateneas, con caballos y jinetes, muy difícil, aunque creo que me salió bien. Oliverio se disculpó conmigo diciendo que había aprobado técnico y que lo lógico era que, tal como iba, el análisis lo aprobaría en mayo por curso, así que no debía preocuparme. (Lo que debió pasar, creo yo, es que él me propuso para aprobar y no se lo aceptaron). Mi padre volvió a decirme también que no me preocupara y que si hubiera aprobado, total qué iba a hacer. Efectivamente aprobé por curso. La geometría descriptiva la aprobé también. Nos daban clase en el salón de actos con un aparato retropoyector, y el profesor, cuyo nombre no recuerdo, pero que era bueno, dibujaba en unas transparencias mientras explicaba. Las prácticas las hacíamos luego en clase y no eran fáciles, pero luego el examen fue una imbecilidad. Como ya no había que hacer estereotomía de la piedra a la descriptiva le habían quitado importancia, aunque lo enseñaban todo: gnomónico, diédrico, las diferentes axonometrías, cónico.

Al pensar en el salón de actos recuerdo (no sé si fue el primero o el segundo año) que un día de análisis de formas nos dijeron que íbamos a oír una conferencia sobre Thomas Jefferson, el tercer presidente de Estados Unidos, que era un magnífico arquitecto. Era un profesor yanqui que quería dar esta conferencia y (al saber como funcionaba la escuela después, ya lo entendí) le habían puesto una clase como público obligado, diciéndonos que luego subiríamos al aula a dibujar de memoria lo visto, como así fue. Nos enseñó la Universidad de Virginia, pero nos repartieron unas fotocopias traducidas (esto lo había hecho la embajada estadounidense, no la escuela). Pero lo mejor, y es lo que quiero contar, es que apareció el director, que era Luis Moya Blanco, a quien creo que ví y oí por primera vez. Él nos habló diez minutos de quien era Jefferson y lo hizo tan bien que casi ya no hizo falta leer la traducción. Luego lo hice, sin embargo, y lo del americano estaba muy bien y era, claro, más completo.

Impresionado con Moya le pregunté a mi padre quien era. Se lo pregunté un día que mi padre estaba en casa con su amigo Paulino Vicente, magnífico pintor de Oviedo, con el que tenía una gran amistad desde que coincidieron en Madrid de muy jóvenes en la Residencia de estudiantes. Paulino tenía entonces una exposición antológica en el Círculo de Bellas Artes. Mi padre contestó que Moya era uno de los arquitectos más importantes de España

“pero esto no se puede entender ahora”,

me dijo. Corría el año 1965, creo. Paulino, a su vez, dijo que había estado en una conferencia de Moya, en la que había dicho:

“Por ejemplo, si tenemos dos circunferencias tangentes”,

y sobre una pizarra y con ambas manos a la vez las dibujó. El pintor, extraordinario dibujante dijo:

“¡Caspitina! (fue otra exclamación, en realidad)¡y que eran tangentes!”.

Mi padre había sido director técnico de la empresa Sedes, de Oviedo, que había construido una parte de la Universidad Laboral de Gijón, y allí había conocido a Moya y a los demás arquitectos y aparejadores. Entre ellos, a Manuel de las Casas Rementería, padre de Manuel y de Ignacio de las Casas Gómez. Manuel (Manolo) fue luego catedrático de Proyectos, e Ignacio (Ñaqui) profesor titular de Dibujo Técnico. Los dos han sido siempre amigos míos, y Ñaqui y yo éramos compañeros desde ingreso de bachiller.

De aquélla, y como Paulino se pasaba más o menos la tarde en el Círculo por causa de su exposición, él y mi padre se acercaron un día a las sesiones de dibujo al desnudo, donde yo iba. Yo creo que fueron un poco de viejos verdes, por las modelos, y se quedaron aterrados de lo feas que eran.

“¡Claro!, decía mi padre, si a las guapas les dan una pasta como modelos de publicidad, en la televisión y todo eso, no van a venir aquí a desnudarse”.

Pues en su época era distinto.

Cuando ya había aprobado análisis de formas por curso, me encontré un día a Oliverio Martínez por la Escuela. Y me dijo:

“¿Cómo no me habías dicho que eras pariente de García-Lomas?”.

Se refería a Miguel Ángel García-Lomas y Mata, hijo de Miguel García-Lomas Somoano y hermano de Javier, que fue durante mucho tiempo socio de mi padre. La amistad de mi padre con los Lomas, como decían en Asturias, era tan grande que nos creían parientes, y a veces ellos mismos se presentaban como tales. El caso es que –luego me enteré- Oliverio quería presentarse a secretario del Colegio de Arquitectos de Madrid y García-Lomas, que era algo así como el comisario político de Franco para cuestiones de arquitectura y Director General, le había vetado, sin que se sepa por qué, pues Oliverio era más bien facha que rojo, valga la simplificación, pero a Miguel Angel le debió parecer poca cosa, por clasismo, sin duda. Oliverio pensó que de buena se había librado al aprobarme sin saberlo. El miedo al franquismo era enorme. Luego Oliverio, que era buen tío, fue arquitecto de la Gerencia de Urbanismo. Alguien me dijo que había muerto prematuramente. Siempre le agradecí mucho lo buen profesor que fue en aquel mundillo degenerado.

Segundo año

Pasé a segundo curso (1966-67), que constaba de Elementos de Composición, Historia del Arte, Materiales de Construcción, Ampliación de Matemáticas, Ampliación de Física, Introducción al Urbanismo, y otra que se me olvida, creo que de instalaciones.

En Elementos de Composición teníamos a Antonio Fernández Alba, de encargado de Cátedra, con Leopoldo Uría Iglesias, Alberto Donaire Rodríguez y Angel Colomina Abril como encargados de curso. Uría y Colomina son de Oviedo. Antonio Fernández Alba tenía en aquel momento un enorme prestigio como arquitecto y como profesor y pasar a aquel curso después de la mili de primero fue, simplemente, vislumbrar el paraíso. A mi padre le pedí que me suscribiera a la revista Nueva Forma, dirigida por Juan Daniel Fullaondo Errazu, y que publicó varios números magníficos sobre Fernández Alba. Mi padre era un moderno en todo, pero algo menos en arquitectura, pues desconfiaba un poco de la moderna, como era corriente ente los españoles de su edad, pero al conocer las obras, proyectos y dibujos de Alba se quedó muy contento, y me dijo:

“Ahora ya no protestarás tanto de la escuela ¿no?”.

Porque yo me había pasado los dos años de primero maldiciendo a la venerable institución que me acogió como estudiante y de la que, prácticamente, nunca salí.

En 1966, Luis Moya había dejado de ser director, sucedido por Adolfo Blanco Pérez del Camino, que había sido pensionado en Roma junto con Fernando García Mercadal. Era catedrático de proyectos y decían que lo habían hecho director para que se jubilara como tal (debía ser más grande la pensión). También decían los del plan antiguo que lo habían tenido que, cuando corregía, sólo se fijaba en los baños. Con él Javier Carvajal fue Jefe de Estudios para el plan nuevo, y con su sucesor, Rafael Huidobro, Carvajal fue ya Jefe de Estudios general de la Escuela.

En Historia del Arte tuvimos a Miguel Molina Campuzano, erudito de Madrid, que no pasó de los romanos. Hombre del todo respetable, pero un verdadero pelmazo. Yo acabé de las estelas egipcias hasta mis bellas narices. En Materiales de Construcción tuvimos al inefable Antonio Camuñas y Paredes, el catedrático, famoso por su elocuencia. Las anécdotas sobre su forma de hablar y de escribir -se estudiaba su libro de texto, hábil negocio de algunos catedráticos de entonces- eran innumerables. Baste ahora decir que llamaba ujieres a los bedeles y que en los exámenes decía:

“Queda terminantemente prohibido fumar, no sea que entre las volutas de humo se deslice la cuestión propuesta.”

De su libro es famoso el inicio del capítulo sobre alicatados o azulejería donde dejó escrito para la posteridad:

“El magnate musulmán, amante como el que más de la naturaleza, se encierra empero en su palacio, donde se rodea de profusión de fuentes y regatos…”.

De ahí el azulejo como necesidad, ya se entiende. He de confesar que en uno de los exámenes más importantes de materiales estudié por lo que se llamaba una quiniela, tuve suerte, salió lo que me había estudiado y aprobé. Nunca he sabido copiar. Soplar y ser soplado sí.

En Matemáticas volvimos a tener a Corro, que era buen profesor. Tenía la costumbre de mandar problemas para entregar los lunes, y si yo no los entregaba, o no los entregaba todos, se lo decía a mi padre, al que veía por el Ministerio, y mi padre me pedía por favor que los hiciera, aunque no fuera más que porque no se lo contara a él. Yo creo que Corro, cuñado de los García-Lomas, tenía mucho miedo que yo fuera mal y de que hubiera problemas si me suspendía. Por otro lado, me estimaba algo, pues me conocía como amigo de su hijo, y me cuidaba. Si no salía nadie a la pizarra como voluntario, me sacaba siempre a mí:

“A ver, un voluntario….. (nadie se movía)… ¡Señor Capitel”.

La verdad es que yo llevaba bien las matemáticas y creo recordar que en segundo me puso notable. En Física teníamos a Manuel Castañs Camargo, tan buen científico -en apariencia, al menos- como mal pedagogo. Aprobé. En Introducción al Urbanismo teníamos a Justo Uslé, casado (creo que ya) con Marian Alvarez Buylla, que luego se separó de él y fue y es profesora de dibujo técnico.

Mi éxito fue Elementos de Composición, porque saqué notable que sólo alcanzamos cinco (Ignacio de las Casas, Pablo Scandella, Felipe Setién y yo; me falta uno que no recuerdo). En segundo tuve bastantes amigos ya para siempre, algunos que son o han sido profesores de la Escuela. Ignacio de las Casas (compañero mío del instituto Ramiro de Maeztu desde ingreso y después de carrera), que fue otro de los notables, fue luego, y es, profesor de Dibujo Técnico. En aquel curso estaban Luis Gutiérrez Cabrero, titular de proyectos hoy, Nieves Ruiz Fernández y Francisco Rodríguez de Partearroyo, que fueron socios míos y profesores de dibujo. Javier Alau, también de dibujo, Luis Climent Soto, de Urbanismo y José Luis Rodríguez Noriega, de proyectos. Lástima que Fernando Nanclares, el otro socio nuestro, gran arquitecto, nunca quisiera dar clase, como tampoco Ignacio Lafuente, hijo de Lafuente Ferrari, que era un intelectual. Bien es cierto que Antonio Fernández Alba, que fue el que me hizo profesor, luego me tomaba el pelo diciendo que yo había sacado notable por el rotulado, que hacía con letra de palo aprendida de mi padre y que a él le pareció muy arquitectónica, y, quizá aaltiana. No me importa, de hecho me convertí en el experto rotulista para mis amigos y para mí mismo.

Recuerdo los ejercicios de Elementos. Hacer un cartel eligiendo una frase. Yo elegí la de “Mejor diseño” y lo hice neoplástico, aunque sin saberlo, verdaderamente. Dibujar a tinta el plano de nuestra casa, hacerle alguna reforma si era necesaria y volverlo a dibujar expresando el concepto de la vivienda y su disposición. Proyectar varios cuartos de baño y varias cocinas. Realizar maquetas de composiciones abstractas con módulos de cartulina en forma de L de lados iguales, de L de lados desiguales y de S. Unir tres plataformas, redonda, rectangular y cuadrada, situadas a distintos niveles, con escaleras y con rampas. Entre cuatro edificios (Villa Saboya de Le Corbusier, pabellón de Barcelona de Mies, Pabellón de Finlandia en Nueva York, de Aalto y sala de oficinas de la fábrica Johnson, de Wright), elegir dos y hacer una maqueta de interpretación espacial y formal. Yo hice lo de Mies y lo de Aalto. Hacer un recinto para una exposición de esculturas al aire libre en el Retiro, y con una topografía compleja, eligiendo entre estatuas de Miguel Angel y de Henry Moore. Elegí Miguel Angel y Fernández Alba dijo en público que lo mío era como de Luis Kahn, que yo no sabía quien era, pero me enteré inmediatamente, porque me pareció muy interesante y lujoso. Después una casa unifamiliar con estudio para un escultor y, por último, y todavía, un croquis sobre un edificio de oficinas de planta libre en altura y estudiando circulaciones verticales. Ya eran cursos, vean si no el programa: de lunes a viernes y tres horas.

Yo lo pasé fantástico en aquel curso, consciente de que ya estaba en Arquitectura de verdad. En la primavera ya tan solo Ignacio de las Casas y yo trabajábamos en clase, que estaba ocupando el vestíbulo de la planta más baja, muy próximo a lo que entonces era el bar.

Recuerdo que un día llegó Carvajal a ver a Fernández Alba y le dijo delante de todos que había tenido el segundo premio del concurso del Palacio de Congresos en Madrid, pero no el primero. Carvajal estaba en el jurado. Fue este asunto una verdadera lástima, a mi entender, pues ese proyecto de Alba era magnífico y hubiera generado un espléndido edificio.

Yo enseñaba los ejercicios a Donaire o a Uría –te tocaba uno de ellos en cada semestre; Colomina había desaparecido después de una primera temporada- y luego me dedicaba a oír las correcciones de Fernández Alba que, sin orden, iba comentando al que pescaba o se dejaba. Lo hacía siempre, y como Alba me veía continuamente allí, alguna vez me preguntaba.

“Y usted ¿qué?”.

Y yo le decía que no tenía nada, o que no lo había traído, pues no me atrevía a enseñárselo a él. Sobre todo, en medio del trabajo, pues no soportaba que te lo hicieran cambiar. Luego, después de entregar, me importaba menos; que dijeran lo que quisieran. Fernández Alba, al final del curso, fue comentando el trabajo de todos y cada uno. También lo hizo conmigo, claro, y yo atendí a todos estos comentarios.

Hicimos una excursión a Granada y Córdoba con Leopoldo Uría. Vimos arquitectura histórica, claro, que era entonces casi lo único que se podía ver. Yo me di cuenta entonces de que la Mezquita tenía dentro y encima una catedral, lo que me sorprendió mucho, y también que la Alambra tenía delante un magnífico palacio renacentista al que casi nadie le hacía caso.

Antonio Fernández Alba era un hombre alto y moreno, bien parecido, con mucho pelo, que tenía 40 años cuando nos dio clase a nosotros, dotado de bastante carisma y atractivo, al menos para mí, aunque también para muchos. Entonces estaba en la cresta de la ola, pues, después de hacer el Convento del Rollo (que fue Premio Nacional de Arquitectura) se reveló como uno de los principales campeones del organicismo español. Fullaondo publicó en Nueva Forma varios números dedicados a su obra. Mi padre los vio y quedó encantado con aquella arquitectura y con su forma de dibujar. En la enseñanza, apoyado por Javier Carvajal, significó una importante renovación, ya en la segunda mitad de los años 60 y antes de ser catedrático. Andando el tiempo, puede decirse que muchos de los que han significado algo en la Escuela deben a Antonio su presencia o su consolidación en ella. Me refiero a Manuel de las Casas, a Navarro Baldeweg, a López-Peláez, a Javier Frechilla, a Fernández-Galiano y a mí mismo. Por lo menos.

Tercer año

La suscripción de Nueva Forma nunca se acababa. Solo la pagamos una vez y la mandaban siempre. Loado sea Huarte. Precisamente al año siguiente, en el curso 1967-68, tuvimos a Juan Daniel Fullaondo Errazu, el director de la revista, que era el adjunto de Javier Carvajal Ferrer, catedrático de Proyectos I, en tercer curso, el primero que lo fue de entre los modernos. Estaba también José María Toledo Escuder, que luego fue catedrático de Dibujo técnico de la Escuela de Sevilla, y Luis Carrión. Había además dos alumnos becarios (becarios sin beca) Alfonso Casares Ávila, que luego fue profesor, y Francisco Alonso de Santos, que lo sigue siendo. Alonso era uno de esos genios que hay a veces en la Escuela ya antes de acabar, le habían publicado un proyecto de estudiante en Nueva Forma y nada menos que con un dibujo en la portada. Su historial posterior desmintió estos augurios, pues nunca llegó verdaderamente a hacer gran cosa ni en obras ni en proyectos ni en escritos, aunque lo poco que hizo ha sido muy celebrado y mitificado por algunos. Decía cosas muy lúcidas a veces, verdaderamente, pero a mí no me servía demasiado. Me apunté a Alfonso Casares, que era una persona simplemente sensata e inteligente.

El delegado (no recuerdo quien era) le dijo un día a Carvajal, de parte más o menos de todos, que no nos gustaba nada May Toledo (así le llamaban). Era hijo del pintor Gregorio Toledo, que tenía una Academia de preparación para arquitectura, y de Helia Escuder Alarcón, que, mira tú por donde, fue profesora mía de dibujo en el Ramiro de Maeztu. Esta señora entendía más o menos de dibujo, pero no nos enseñaba nada ni dibujó nunca, se limitaba a charlar como una cotorra mientras nosotros copiábamos láminas o hacíamos dibujos de tema libre. Creo que May Toledo tenía un discurso muy voluntarista, de los que hablan de entusiasmo y de mancharse de tanto dibujar. Yo, la verdad, es que no recuerdo haberle oído nunca, pero los que lo habían hecho le odiaban. Es de hacer notar que la nuestra era entonces una promoción de esteticistas e intelectuales –al menos, ese era el paradigma oficial más o menos en boga-, pues éramos discípulos directos de Fernández Alba y sus profesores, los únicos que habíamos tenido hasta entonces y que nos influyeron mucho.

El caso es que Carvajal protestó muchísimo diciendo que Toledo era un profesor estupendo, pero le debió decir que no volviera, pues no lo hizo. Carvajal era entonces Jefe de Estudios e iba poco. Llevaba Fullaondo el peso de la cátedra, y su día a día, con Carrión y con Casares y Alonso. Ligados a Carvajal, y me suena también que en aquel curso, recuerdo igualmente a Luis Gay y a Federico García-Germán, pero creo que solo picotearon un poco por allí. Tal vez fueran alumnos becarios que iban alguna vez. Yo saqué sobresaliente, que fue cosa de Carvajal y no de Fullaondo, según me enteré luego.

Las demás asignaturas eran Cálculo de Estructuras I, Construcción, Urbanismo, Estética y Composición, Fontanería y Saneamiento, Electrotecnia y Luminotecnia. Como siempre, no sé si olvido alguna. Había también lo que se llamaba “las tres Marías”: Religión, Formación del Espíritu Nacional (Política) y Educación física (gimnasia). Esto duró hasta el fin del franquismo. Y también había inglés, desde segundo curso y no recuerdo hasta cuando. Estas cosas tendías a olvidarlas y podían ser una complicación.

En Cálculo de Estructuras I se daba la teoría de la Elasticidad y la Resistencia de Materiales. Nos la daba Antonio García de Arangoá, un vasco bajito que no se quitaba ni la bufanda ni el abrigo para dar clase y al que no se entendía ni lo que hablaba, aunque nuestros amigos profesores de estructuras le tienen muy mitificado. Sería como Castañs, un sabio, no digo que no, pero un profesor espantoso para los que no fueran muy aplicados. Yo seguí una cierta costumbre entre los no muy empollones y dejé esta asignatura para el año siguiente.

Había unos apuntes de Elasticidad, tomados a mano con distintas letras y fotocopiados y vendidos a muchas generaciones. Era de Arangoá, así como el libro de Resistencia de materiales, mejor editado, y ambos negocios suyos. Entonces también se compraba mucho el formulario de estructuras de Lahuerta, de Javier Lahuerta Vargas, que era amigo de mi padre y a quien yo no tuve como profesor, pero a quien conocí. Compañera mía fue su hija María Victoria, bastante guapa, a la que ya me he referido, y su hermano Javier estudió arquitectura en Pamplona y era del Ramiro de Maeztu. El pobre se murió ahogado nadando en un pantano cuando aún era muy joven. Todavía otro hermano más pequeño de los Lahuerta fue compañero del Ramiro y amigo de mi hermano Lamberto. Lahuerta fue encargado de Cátedra, y se marchó a la Escuela de Pamplona, pues era del Opus Dei, y me imagino que a raíz de haber ganado una cátedra en Madrid, aunque no sé si fue a pelo. Tenía, en cualquier caso, bastante prestigio. Yo hablé con él cuando hacía la tesis sobre Luis Moya, porque Lahuerta, con otro profesor de estructuras, Luis Rodríguez, fueron comisionados como peritos cuando llevaron a Girón y a sus colaboradores a juicio por temas económicos de la obra de la Universidad Laboral de Gijón. Eran peritos del Tribunal Supremo, que llevó la causa por ir ésta contra un ex ministro, y se les encargó valorar la obra para evaluar las posibles irregularidades económicas. Lahuerta me dijo entonces que la valoración que hicieron ellos era superior a lo realmente gastado, por lo que el juicio fue sobreseído.

La construcción la daba Rafael Fernández Huidobro, que era entonces el director. A Luis Moya le había sucedido Adolfo Blanco Pérez del Camino, como ya dije. No le tuvimos, pues sólo daba clase al plan viejo. Luego vino Huidobro, con Carvajal como jefe de estudios, y que por su cargo también iba poco a clase. Daba un trimestre, basado en unos apuntes (las láminas de Huidobro). Luego, un profesor, llamado Julián Navarro como mi primo, nos explicaba las estructuras de cubiertas de Félix Candela, que fue lo mejor, y después había un tercero del que no recuerdo el nombre –le llamábamos “el exhaustivo”- para cosas más de batalla.

El Urbanismo (o la Urbanística, como se llamaba oficialmente) la daba Pedro Pinto, encargado de cátedra y funcionario del Ministerio de la Vivienda. Cuando salió esta cátedra a oposición la ganó José López Zanón y Pinto se fue. Daba la teoría, y tenía tres ayudantes para prácticas, Alfonso Soldevilla, otro que se llamaba, creo, Valentín Rodríguez, que creo que era el peor, y que fue precisamente el que me dio clase a mí, y Julio García Lanza, que fue el único de ellos que permaneció en la Escuela, llegando a ser profesor titular. No me gustó nada aquel curso.

Estética y Composición la daba el catedrático Víctor D´Ors Pérez-Peix, que era hijo de Eugenio D´Ors, falangista, arquitecto municipal (¡!) y caradura y payaso vocacional. Le debía la cátedra a Luis Moya, franquista como todos ellos, aunque no falangista, y admirador de don Eugenio, al que en gran modo, y a su vez, debía, al menos en alguna medida, el sillón de la Academia de Bellas Artes, que de hecho fue quien le contestó al discurso de recepción. En nuestros tiempos tenía de ayudante a Ramón Garriga Miró, un inefable producto catalán, que había venido a Madrid a hacer una tesis sobre Xenius, y ya se quedó de paso. Llegó a ser profesor titular del departamento de estética de las facultades de historia, que fue una chapuza que le apañaron para que tuviera de que vivir, y en la Escuela no daba clase. Cuando era director Aroca, para mantenerle ocupado, pensó que era lo que había en la Escuela que fuera mejor si funcionaba mal, y lo puso en las convalidaciones de títulos extranjeros. Estuvo allí unos años y luego lo quitaron, pues resultaba demasiado torturante para los interesados. Hoy ya, 2008, se ha jubilado, pero todavía se le ve por la escuela.

Nosotros sufrimos a ambos, pero poco, pues en cuanto vimos de que iba la cosa aparecíamos escasa vez por clase. D´Ors, cuando iba, hablaba sobre un libro que tenía de la editorial Labor, y que yo no compré, bailaba la sardana y hacía toda clase de payasadas. Garriga explicaba (es un decir) la estética marxista de Gyorg Lukàcks y pedía un trabajo de no sé qué. Era, como se ve, una ensalada mixta, y muy fácil.

Fontanería y Saneamiento la daba Mariano Rodríguez Avial, que era encargado de cátedra y que tenía un libro muy bueno que sí compré. Le llamaban en broma, el tigre, porque era un bendito. Daba clase también su hijo, Luis Rodríguez Avial, el tigrín. Era cuatrimestral, enseñaban bien y se aprobaba. En la oposición a cátedra, años después, don Mariano perdió y ganó Pedro María Rubio Requena, llamado por su aspecto atlético Tarzán. Luis Rodríguez Avial, supongo que en vista del fracaso de su padre, se pasó al urbanismo, donde es profesor titular.

Electrotecnia y luminotecnia, también cuatrimestral, no recuerdo como se llamaba quien nos la daba; creo que era ingeniero. Luego hubo una catedrática, no arquitecto, que se llamaba Alicia Crespí y que se llevaba fatal con Tarzán, y a quien yo no tuve.

Con Carvajal hicimos viviendas en hilera, viviendas colectivas, un centro parroquial y una escuela. Actuábamos sobre un plano de Chandigarh, como si fuera España, y por grupos y regiones distintas. El mío era el de Santander, con Ignacio Lafuente, José Luis Noriega, Nieves Ruiz, Luis Climent, Fernando Nasarre (que ha sido Director General de Arquitectura), Julio Herrero y algunos otros, y había que terminar en una maqueta final, usando algunos de los edificios proyectados por todos. Recuerdo que se usaron mis grandes bloques de viviendas, que eran corbuserianos, pero que se aplicaron a un esquema de ciudad que pretendía ser aaltiano, como la urbanización de Pavía, algo de lo que nos convenció Lafuente, y que tuvo bastante éxito con Fullaondo y Carvajal.

Cuando Carvajal vio el plano principal, que era muy bonito, rezongó porque lo blanco era la zona verde. Fullaondo, muy bajito, pero que se oyó, le dijo: “Lo ha visto Antonio [Fernández Alba] y ha dicho que es un cuadro de veinte mil duros”. Carvajal rezongó un poco más –no se sabe bien porque tenía siempre a gala estar de mal humor-, pero se fue más bien satisfecho.

La verdad es que la maqueta la hicimos después de un plante con Carvajal, al que le dijimos que no la íbamos a hacer, pues nos parecía absurdo. Habíamos trabajado mucho y además nos parecía que era completamente equivocado lo de hacer una maqueta de ciudad con los edificios dados. Carvajal cogió un cabreo como un mono, y nosotros, después de ruegos y paños calientes de Fullaondo, acabamos haciéndolas. A ellos les encantaba ver 10 o 12 maquetas inmensas –cada grupo hacía una- llenas de formas, y todos compitiendo porque fuera la tuya la más bonita.

Carvajal nos hacía entregar unos croquis, como entrega previa, que se metían doblados en un sobre grande. Cuando yo estaba haciendo el centro parroquial me lié con una cosa entre corbuseriana y miesiana, empeñado en una estructura con vigas en ambos sentidos, cosa que a Casares, con toda lógica, no le parecía del todo bien, pero me dejó seguir. En la Iglesia, esa estructura se convertía en espacial, y bajaba en la zona del altar para señalarlo. Yo no sabía muy bien lo que estaba haciendo, pero dibujé una sección fugada para convencerme a mí mismo, quedó aparente, y la entregué. Un día apareció Carvajal y vino hacía mí con un sobre debajo del brazo. Era el mío, sacó el dibujo del interior de la iglesia y me dijo algo así:

“Si esto es formalista, está muy mal, pero si usted me dice que esto no es formalista, está muy bien”.

Yo me quedé de una pieza, y le dije:

“Por Dios, don Javier, ¿cómo va a ser formalista? Yo creo que no.”

Entonces se fue muy satisfecho. No sabía yo muy bien lo que era exactamente formalista, aunque sospechaba que lo mío, que no acababa de estar claro, debía serlo. A Carvajal le dije lo que evidentemente quería oír, pues mis ejercicios le parecían bien. De todos modos procuré hacerlo con la máxima seriedad y con un lenguaje “serio” y escueto y quedó interesante. Fullaondo decía que en la Iglesia lo más difícil era la cruz. Yo, visto este comentario, me la tomé bastante en serio y la hice de cuatro soportes con dobles vigas cruzadas en los dos sentidos, lo que era un emblema de mi proyecto –o sea, de mi error- y debió gustarles. Esta obsesión mía por la estructura en las dos direcciones me sirvió para, más adelante, entender bien a Mies.

Carvajal era un hombre alto y muy delgado, con pelo ondulado y gafas, y con una cara muy singular que algunos decían que era de perro. De perro pequeñito, diría yo, en todo caso. Siempre estaba como enfadado. Fue bastante importante para la Escuela de Madrid, pues, además de ser un buen catedrático de Proyectos, cuando fue Jefe de Estudios introdujo en Proyectos a Fernández Alba, a Fullaondo y a Moneo, y consolido a Sáenz de Oiza. También intento transformar el Análisis de Formas y el Dibujo Técnico mediante la introducción de Moneo y Hernández Gil y en el primero, y de Feduchi y de la Mata en el segundo. No logro que esta su Escuela moderna se consolidara completa, pero fue en definitiva el padre de la primera y real renovación de la enseñanza.

Fullaondo era un hombre gordito y algo calvo, de cara redonda y atractiva y casi siempre sonriente. Era el adjunto de Carvajal y nuestro curso lo llevó casi completamente, ya que D. Javier, como era Jefe de Estudios, iba poco. Era una persona culta, buen profesor, de mucho sentido crítico, aunque muy escorado hacia el organicismo exacerbado tipo Utzon, que era una de las cosas que se llevaban en aquella época. Tenía también el marchamo de ser entonces director de la revista Nueva Forma, pagada por Huarte, y que era en aquellos tiempos la revista más leída en la Escuela, y que nos educó a todos. Al año siguiente Fullaondo se enfadó con Carvajal porque no le dejaba plantear su propio programa y se fue de la Escuela. Volvió al final de los años 70 a la cátedra de Sáenz de Oiza, y fue luego, primero, Profesor Titular, y más tarde catedrático. Murió prematuramente.

En ese curso, que era nuestro paso del Ecuador, hicimos una cena, creo que en el hotel Wellington. Recuerdo que fueron López Durán, Oliverio y Pedro Hernández Escorial, que era profesor de Análisis de Formas y estaba también en el CEU. Siempre se dijo que López Durán y Escorial eran homosexuales, aunque ignoro si se entendían, radiomacuto no lo aclaraba. También hicimos una visita con comida a Segovia, de la que se conserva una foto del curso hecha por Paco Partearroyo; y, lo mejor, un viaje a Roma, al que iban también los de cuarto, acompañados por Sáenz de Oíza. Se hizo en clase la típica lista y un día Carvajal la cotilleó, se conoce que no me vio en ella, luego me encontró y me dijo:

“Y usted, ¿por qué no va a Roma?” “Porque no tengo dinero”,

dije yo.

“Se lo pago y después trabaja un mes en mi estudio”.

Yo acepté encantado e inmediatamente sacó una chequera y me firmó un talón. La verdad es que yo había ido ya a Roma con el Instituto Ramiro de Maeztu, en preuniversitario, pero me apetecía mucho volver con la escuela. Javier Carvajal me hizo un gran favor, con el que demostró su estima por mí y una bonhomía que desmentía su bronco carácter. Lo más raro fue que luego no quiso que trabajara en el estudio el mes que le debía, lo que para mí fue peor, pues me apetecía haberlo hecho. Me perdonó, sin más, la deuda.

Lo cierto es que fuimos a Roma. En avión nos acompañaron nada menos que Helena Iglesias y Adolfo González Amézqueta, de tan siniestro recuerdo para mí luego y, en general, para la escuela, descontados aquellos que fueron profesores gracias al montaje de su oscura pandilla de poder. Francisco Javier Sáenz de Oíza, con su mujer, María Felisa Guerra, fueron en coche, en el Morgan que inmortalizó su discípulo Javier Vellés para la primera portada de la revista Arquitectura que hicimos Frechilla, Ruiz Cabrero y yo en 1981.

En Roma, Iglesias y Amézqueta desaparecieron, por fortuna; únicamente aprovechaban el viaje. En la Academia Española de Bellas Artes estaban de pensionados Gerardo Salvador Molezún, primo de Ramón, y José Ramón Menéndez de Luarca, que habían ganado la oposición contra Manuel de las Casas y Javier Segui. Aparecido Oíza, Gerardo y José Ramón nos acompañaron a ver algunas cosas, entre las que recuerdo el EUR y algunas obras de Ridolfi. Fuimos al EUR en un autobús y acabamos viendo allí el Palacio de los Deportes de Marcelo Piacentini y Pier Luigi Nervi, y una pequeña casa de Scarpa. Ignacio Lafuente y yo pedíamos que pararan en las cosas mussolinianas que nos parecían más interesantes a primera vista, como eran las del palacio de congresos de Libera y el palazzo della civiltà del lavoro, de Lapadula, aunque nosotros no sabíamos que eran ni de quién. Ni a los pensionados les interesaban estas cosas, ni mucho menos a don Paco, que las vería con mala conciencia y no sabría que decir, así que no nos hicieron ni caso.

A final de curso, me quedaba pendiente el cálculo de estructuras, al que tampoco me presenté en septiembre. Carvajal puso tres matrículas: a Fernando Nanclares, a José María Chofre y a Miguel Martínez Garrido, que luego llegaría a ser profesor titular de proyectos. Nos puso a Paco Partearroyo y a mí, sobresaliente, y daría quizá alguno más que ya no recuerdo. Hubo una cena final de curso, a la que yo no fui, pero en la que reapareció José María Toledo. Se ve que en aquel curso nuestro iba de gafe, porque un camarero, al pasar cerca de él, tropezó, y le tiró una sopera encima de su impecable traje de verano. Qué coherencia tiene a veces la mala suerte.

Como en este curso teníamos de becario a Paco Alonso, tan respetado y famoso, creo que es oportuno este momento para relatar lo que me contó Javier Vellés, que supongo anécdota cierta. Decía que, cuando tenían a D. Ramón Aníbal Álvarez García-Baeza, que era catedrático de proyectos y sordo (llevaba aparato), entró el profesor en clase y se encontró con Paco, sentado ante un tablero de papel casi en blanco, excepto un pequeño y exquisito dibujo, y se sentó allí con él a ver que estaba haciendo. Entonces Paco empezó a hablar y hablar (imitaba bastante a Sáenz de Oíza) y D. Ramón, paciente (quizá tenía apagado el aparato) esperó a que acabara, mientras miraba su pequeño dibujo. Y cuando acabó le dijo: “¡Señor Alonso! Usted habla mucho y dibuja poco, y yo veo muy bien, pero estoy sordo como una tapia. ¡Así que no nos vamos a entender!”

En ese verano nos fuimos al primer campamento de milicias universitarias en La Granja de San Ildefonso. Nos tocó en Ingenieros zapadores a varios compañeros juntos, por fortuna. Allí llegó un ejemplar de Nueva Forma en el que Fullaondo había publicado cosas de nuestro curso. Mías salían unas fotos del centro parroquial. El asunto tuvo su gracia, porque había un estudiante de Caminos que se apellidaba Larrauri y que no ocultaba su odio enfermizo por los arquitectos, que se quedó extrañadísimo al ver que proyectábamos ya edificios y nos preguntó si no era tercer curso lo que habíamos hecho. Era tan estúpido este hombre, que gastaba bromitas como encontrarte y decirte:

“Oye, que se te ha caído un pincel”,

pues nos consideraba pintores. Otra cosa graciosa en torno a esta revista es que, ya en Madrid y en casa, mi padre me dijo que le parecía rarísima una fachada, y yo le dije que era peor, pues no era una fachada, sino una cubierta: la de la maqueta del proyecto de escuela de Martínez Garrido.

En septiembre, después de la mili, a Ignacio Lafuente y a mí nos había salido un trabajo divertido. Se trataba de que Luis Martínez Feduchi, el arquitecto del Capitol y gran diseñador y experto en muebles, había propuesto a la editorial Blume hacer una gran enciclopedia sobre la arquitectura popular española. Contaba con otros para dirigir y prologar cada tomo y eran, quiero recordar, su hijo Javier, Fernández Alba, Rafael Moneo (que era su yerno), Carlos Flores, José Luis García Fernández, alguno más que no recuerdo, y él mismo. Pero el trabajo de campo tenía que resolverlo con estudiantes. Quería hacerlo por parejas, y a Nacho Lafuente y a mí nos lo había dicho Fernández Alba. En aquella pandilla estuvieron también Paco Partearroyo, y Junquera y Pérez Pita, entre bastantes otros. Nacho y yo fuimos a ver a D. Luis, a quien conocimos entonces, y que era un hombre inteligente, hablador y simpático. Nos propuso hacer el recorrido de los pueblos de las provincias de León y de Zamora, nos dio algunas indicaciones sobre los pueblos que podían ser, aunque dejaba en nuestras manos las decisiones últimas. Nos daba 800 pesetas por pueblo, y había que sacar fotos, algunos datos, y hacer planos, más o menos medidos, y dibujos.

El problema era que ni Nacho ni yo teníamos coche, lo que complicaba las cosas, sobre todo económicamente; pero decidimos tirar para delante proponiéndoselo a Javier Lacarte, que era compañero nuestro de promoción, aunque poco amigo, y que tenía un 600 y le apetecía. Lacarte dijo que sí, resultó ser un agradable compañero de fatigas, y allá fuimos a la conquista de las dos provincias. Por causa del escaso dinero había que hacerlo a toda velocidad; pero lo hicimos y bien. A D. Luis le gustó el resultado, se quedó con las cosas y nos pagó. Yo estuve luego algunos días en el estudio de Fernández Alba haciendo dibujos definitivos de algunas cosas, pero enseguida se supo que aquello no se podía financiar así y la cosa se paró. Con el tiempo lo hizo todo D. Luis, que se las arregló para sacar adelante, él sólo, cuatro tomos.

Cuarto año

En Cuarto Curso teníamos Proyectos II, Cálculo de Estructuras II, Construcción, Composición II, Urbanística II, y algunas otras. En Proyectos tuvimos a José Rafael Moneo Vallés, que era Encargado de Cátedra y tenía como encargados de curso a Germán de Castro y a Ramón Bescós. Rafael Moneo, tenía entonces 31 años, nosotros andábamos por los 21. Moneo, después de venir de Roma como pensionado (estuvo con Dionisio Hernández Gil, con el escultor Francisco López Hernández y con el pintor Agustín de Celis), fue incorporado como profesor de Análisis de Formas en 1965-66, juntamente con Dionisio y también con Agustín, pues este continuó en esta asignatura, siendo luego profesor titular. Moneo y Dionisio, con Agustín y quizá algún otro, llevaron un grupo experimental que eliminaba en gran medida la tendencia tradicional, y que fue una cosa impuesta a López Durán por Carvajal como jefe de estudios para el plan nuevo cuando Moya, o quizá Huidobro, era Director. Eduardo Sánchez López, luego ayudante en el estudio de Antonio Fernández Alba y más tarde activo arquitecto, profesor de proyectos y excelente fotógrafo, fue alumno de ese curso, y me contaba que se pasaron un trimestre con espirales para desembocar en el capitel jónico, pero hablaba bien de todo ello. Esta experiencia duró solo dos cursos. Dionisio se quedó algún tiempo más como profesor de Análisis de Formas en el modo académico convencional y a Moneo le paso Carvajal a Proyectos, en el segundo curso del plan antiguo. Allí tuvo de alumnos a Enrique Perea Caveda, que sería profesor de Proyectos y al que fue tanto tiempo su socio, Gabriel Ruiz Cabrero, que es ahora catedrático de Proyectos. También es de aquél curso Alberto Campo Baeza, igualmente hoy catedrático.

Fue aquel año el año de la guerra, como decía Isabel Sáiz de Arce, que era entonces estudiante (ya había muchas más chicas guapas). Nosotros empezamos el curso con Moneo, muy contentos, pues ya le conocíamos de referencias, por la revista Hogar y Arquitectura, y también por que había estado una vez en clase de Elementos de Composición de Fernández Alba en una sesión crítica, como profesor invitado. Pero aquel año, 1968, le tocaba a Madrid responder a los ecos de la revolución del mayo francés y se armó un gran revuelo en la universidad y, concretamente, en la Escuela. Fue el año de los juicios críticos a los profesores, y de toda clase de cosas. Moneo planteó como ejercicio un Instituto de Enseñanza media en Artesa de Segre, e hicimos una excursión con él a Cáceres para ver institutos, que eran todos feísimos. Vimos también la ciudad antigua de Cáceres y Moneo nos pedía que “leyéramos” las fachadas antiguas, que no sabíamos, claro. Nos enseñó un hotel de Dionisio Hernández Gil y las casas racionalistas de Ángel Pérez.

No sé si a aquella excursión fue Miguel Martínez Garrido, porque recuerdo que, a pocas semanas de empezar el curso, se abrió la puerta de la clase, como a la una de la tarde y apareció Miguel, que era la primera vez que iba. Moneo se volvió y le dijo:

“Y usted ¿quién es?”.

Miguel le explicó que había estado en Inglaterra, y no sé qué, y el profesor le contestó:

“Bueno, pues hasta septiembre”.

Martínez Garrido quedó aterrado y a la salida se fue con Moneo, como un buhito, dándole la vara.

Al volver de Cáceres, la guerra había estallado. Antonio Fernández Alba tenía un curso de Elementos de Composición de 800 alumnos, o más. Sus profesores principales eran Leopoldo Uría y Julio Vidaurre Jofre, pero había muchos más: Juan Navarro Baldeweg, Carlos Trabazo, Antonio Pruneda, Francisco Alonso de Santos, Antonio Vélez Catraín, Alfonso Iglesias,… El curso de Alba, perfeccionado dos años después del nuestro, era muy abstracto, postbauhasiano (se hablaba mucho entonces de la Escuela de Ulm, dirigida por Maldonado) y los alumnos de primero se pusieron en huelga contra la asignatura de Análisis de Formas, de López Durán, que seguía con la línea clásica y que había perdido ya la modernización de Moneo, sucesora de la de Oíza. La Escuela se solidarizó con los de primero y se declaró huelga total. Para contrarrestar estas cosas el director, Rafael Huidobro, lanzó una especie de carta abierta a los estudiantes, poniendo a caldo la enseñanza moderna, lo que entonces se llamaba el diseño básico, la escuela de Ulm, etc., etc. Se dijo, y creo que con verdad, que la carta la había escrito José López Zanón. Fernández Alba, que se sintió desautorizado y que estaba algo rebasado ya por el enorme curso que le tocaba dirigir, dimitió, y con él Uría y Vidaurre. También dimitieron Javier Feduchi Benlliure, el hijo de D. Luis, el de la arquitectura popular, y José de la Mata Gorostizaga, que llevaban el Dibujo Técnico, más o menos en coordinación o coherencia con ellos. Era la línea de los modernos, que Carvajal estaba introduciendo a partir del plan nuevo.

La Escuela, naturalmente, siguió parada, pero estábamos constantemente en asamblea, de curso o de escuela, y los problemas internos se mezclaron con los políticos y culturales. Solíamos usar la clase de proyectos para no ir a la teórica y no coincidir con los profesores. A Moneo le dejábamos asistir a la clase porque esta no era tal, sino una asamblea, que se celebraba todos los días en clase de proyectos si no había asamblea de Escuela. Pero para arreglar la enseñanza, que era el objetivo –se ponía este objetivo más moderado, en vez de los políticos, culturales y de oposición al franquismo, para hacérselo de serios y lograr que casi todo el curso aceptara el parón- y, así, sin dar clase ni hablar de arquitectura, que se consideraba lo mismo. En cuanto Moneo se deslizaba hacia la pizarra a hacer un croquis y se ponía a charlar de arquitectura, que era lo que le gustaba y quería, le parábamos. Nosotros, al estar en cuarto curso –o sea cansados de tanto trabajar el año anterior, pero sin la prisa de acabar, al no estar en quinto- jugamos un papel bastante intenso en aquel año, aunque más bien de tipo acrático, que de rojería tradicional. El cansancio de trabajar en proyectos de manera poco controlada y la acracia se había manifestado ya desde el principio. Al comienzo del curso le habíamos dicho a Moneo que nada de poner un tema y decir

“¡Hale, hale, a trabajar!”,

que queríamos saber como se hacía un proyecto, cuál era lo metodología, y todo eso. Eran aquellos años.

Una muestra de cómo llegábamos –de antes de empezar la guerra- fue que, como ya Moneo no conseguía que arrancáramos a trabajar, un día le echó el ojo a Fernando Nanclares –que había sido matrícula con Carvajal y había trabajado con Fernández Alba y, sin duda, Moneo lo sabía- para preguntarle una cosa. El objetivo estaba bien elegido: Fernando no llevaba el pelo largo y, siendo de Oviedo e hijo de una modista de alta costura, iba vestido de forma moderna, pero buenísima, jersey, pantalón y zapatos excelentes. Un chico muy buen proyectista, refinado y burgués; ninguna pinta de radical. Rafael dijo

“Bueno, bueno, hay que crear una situación de trabajo, hay que crear una situación de trabajo,…”

y le preguntó:

“Y a usted, Nanclares, por ejemplo ¿qué le gustaría hacer?”.

Fernando echó una calada al ducados que estaba fumando, miró al techo, y contestó:

“Yo, para empezar, pintaría esta clase de rojo”.

Moneo, muy rápido, percibió que su experimento había sido certero, pero de resultado negativo: si Nanclares pensaba así, en el curso dominaba la acracia, más que la rojería, o la vulgaridad, que se situaría en todo caso, medio escondida, disimulando. Desolado, Moneo exclamó.

“Ah, pero ustedes son imposibles, son imposibles,..”.

La verdad es que Nanclares le había respondido bien, pues lo que le decía era que había que acondicionar ambientalmente la clase –en plan pop- para crear una buena situación de trabajo. Era lo que Fernando creía y le apetecía.

En la promoción, además de Nanclares, había otros personajes intelectual y personalmente atractivos, algunos ya citados (Nieves Ruiz, José Luis Noriega, Francisco Rodríguez de Partearroyo, Ignacio de las Casas, Miguel Martínez Garrido), y otros como Felipe Setién, Ignacio Lafuente, Luis Climent,… En aquel año de cuarto curso habían aterrizado además tres sevillanos interesantes, Paco Torres, Antonio Cruz y Antonio Ortiz, y un alicantino, Ernesto Benlloc. Nuestro rojo más importante era José María Gómez Santander.

Todo se mezclaba: política de distintas clases; problemas pendientes de todo tipo; crisis de la arquitectura moderna y crisis del modo de enseñar. No nos bastaba que fueran modernos los profesores. Queríamos saber como se proyectaba, cuál era la metodología. El panorama se llenaba de toda clase de cuestiones. De un lado estaban las neo-hiper-vanguardias: Archigram, Hausruker, Superstudio, Metabolistas,…De otro, la semiótica, el estructuralismo,… Los reyes de la metodología eran gentes como Alexander ,la informática (entonces llamada cibernética) se erigía como una mágica solución para proyectar,…, las tecnologías sofisticadas, el imperio de las funciones y el ansia de la certeza y de la cientificidad caricaturizaban los mensajes de la modernidad. Todas estas cosas, todos estos campos de debate internacional entraban en juego en aquellos años, negando a la arquitectura su contenido específico y tendiendo a situarla como campo vicario, dependiente.

En la Escuela, y en proyectos, las gentes más avanzadas no habían llegado a concebir, en realidad, un modelo didáctico capaz de superar como únicas armas ante el papel en blanco la intuición, la fuerza creadora y el difuso ejemplo de los maestros, con lo que resultaba bien lógico que una escuela ya masiva, al percibirlo, se decidiera por la eliminación del irracionalismo y la garantía de la certeza. La crisis de la arquitectura se mezcló con la crisis de la política y todo resultaba muy difícil de distinguir, pero lo cierto es que de 1968 a 1970, más o menos, lo más avanzado de la institución escolar– alumnos de cursos superiores, recientes profesores- discutía en torno a las metodologías, cibernéticas o no, y los tecnologismos de la de la cultura europea y americana.

Volviendo a Moneo dentro de este panorama, cuando una vez le pedimos un método, él contestó:

“¿Conocen ustedes el artículo El huevo y el salmón, de Alvar Aalto?”.

No lo conocíamos, desde luego, y con ello quería decirnos que no hay método, claro está. De aquélla lo leí yo –lo había publicado Fullaondo en “Nueva Forma”- y en verdad fue muy importante para mí, incluso más adelante; de él surgió, tantísimos años después, mi libro Las formas ilusorias en la arquitectura moderna.

Como dije, nuestro curso, jugó un papel bastante importante en aquel barullo. Un día, nuestro portavoz, que era Pedro Salmerón, pidió la palabra en una asamblea de Escuela y proclamó, en nombre del curso, la desautorización total del claustro de profesores. Lo habíamos acordado proponer a la Escuela en nuestra asamblea de curso, a pesar de nuestro respeto por Moneo, y fue aclamado por la asamblea de Escuela con gritos de júbilo. Uno de clase tenía guardado en una taquilla un globo de goma lleno de pintura verde y destinado a Antonio Cámara, pero nunca le pescó. La situación se fue complicando cada vez más; Carvajal pretendía jugar el papel de mediador, pero no era aceptado por los alumnos, la rojería oficial le odiaba. Inventaron una “comisión de hombres buenos” para pactar, en la que recuerdo que estaba Margarita Mendizábal, pero no funcionó.

El paro general se acabó, en un principio, claro es, con las vacaciones de Navidad. En el transcurso de éstas, en vista del estado de revuelta de la universidad y de otras huelgas, creo recordar que de mineros en Asturias, obreros industriales, etc., Carrero Blanco, que era entonces el vicepresidente del gobierno, habló en las cortes franquistas de “la droga y la anarquía” en la universidad, el muy farsante, y decretó un estado de excepción. De acuerdo con él se suspendieron muchas garantías de la ley, y, con ellas, la de que la policía no pudiera entrar en las facultades, y la de que para nombrar un director de Escuela o Decano de Facultad había que hacerlo entre tres elegidos por el claustro de profesores, y así se destituyó a Huidobro, que solo fue director dos años, y se nombró directamente a Víctor d´Ors. Muchos años después nos enteramos de que los viejos (léase, por ejemplo, López Durán, pero no solo) fueron al Ministerio a contar que Carvajal estaba metiendo en la Escuela a los rojos. Esto no era verdad, era a los modernos, a quienes estaba metiendo y los antiguos, celosos, emplearon esta sucia trampa. Lo cierto es que descabalgaron a Huidobro y a Carvajal, que ya nunca fue director de la Escuela de Madrid, pero a la que ésta le debe la operación de dar entrada a los modernos que, en definitiva, acabó consolidando a tanta gente importante.

La Escuela se abrió en Enero de 1969 de modo siniestro, con policía dentro, o en los alrededores, y con permiso para entrar. D´Ors, sin embargo, quiso celebrar su toma de posesión en público y convocó una reunión en el salón de actos, a la que fueron algunas autoridades, entre las que recuerdo a Miguel Angel García Lomas. Hablaron algunos. Larrodera, que era el secretario, leyó el oficio de nombramiento, un tanto forzado, con cara de cabreo, y preocupado por el tenso ambiente. Al acabar, y como saliendo al paso del ruido de fondo y de algunos gruesos comentarios y risas que había entre los estudiantes, Víctor dijo:

“Seguro que mis queridos alumnos han inventado ya una canción para su director, a ver, a ver,…”

Uno empezó, y ya todos, a voz en grito:

“¡Dimisión, dimisión, dimisión…!”

Las autoridades, bastante asustadas, huyeron entre bastidores. Un récord, pedirle la dimisión el primer día. El se lo buscó.

Como Fernández Alba había dimitido y no quería volver, D´Ors le preguntó quien podía ser el jefe de todos los que habían quedado, que, menos Alba, Uría y Vidaurre, eran los demás. Antonio dijo que el jefe tenía que ser Juan Navarro Baldeweg, demostrando que sabía elegir a la gente. Por cierto, que, antes de la dimisión, Ignacio Lafuente y yo habíamos sido convencidos para servir de ayudantillos, becarios sin beca, como los que habíamos tenido con Carvajal. Lo fuimos de Juan Navarro y de Carlos Trabazo. Como íbamos a faltar algo a clase de proyectos por causa de esto, se lo dijimos a Moneo, que nos dio un corte tremendo:

“Pero es que, verdaderamente, ¿ustedes creen que pueden enseñar algo?”.

Así que, en parte por esta opinión de Moneo, en parte por el lío de la dimisión de los jefes y todo lo demás, lo dejamos. Aunque a mí me enganchó Antonio Vélez cuando me iba y me pidió por favor que me quedara con él en un grupo de repetidores (no sé si es que él tenía dos). De aquel año recuerdo a María Luisa López Sardá, que fue luego mujer de José Carlos Velasco, profesor en algún momento de Dibujo Técnico.

Cuando ya estábamos en paro completo vino alguna vez a la asamblea de la hora de Proyectos Francisco Fernández Longoria, que con María Pérez Sherif eran nuestros profesores de prácticas de urbanismo. El catedrático, que daba la teoría era Emilio Larrodera López. Longoria, que había estado en América, manejaba mucho los tópicos de la época, el estructuralismo, etc. Pero Moneo y él no se ponían de acuerdo y se peleaban intelectualmente delante de nosotros. Recuerdo, por ejemplo, que Longoria dijo algo así como que.

“La iglesia de Ronchamp de Le Corbusier puede definirse como: ¡luz!”.

Y Moneo replicó:

“Pero Paco, pero Paco, ¡qué disparate, qué disparate!”

Con el estado de excepción a algunos de los rojos conocidos de la Escuela los desterraron a su pueblo. A nuestro rojo, José María Gómez Santander, lo desterraron a Ponferrada, de donde era su mujer, pues estaba ya casado. Esto era a los rojos comunistas, y a los que estaban identificados como activistas contra el régimen. A los ácratas y radicales por libre, que no nos tenían identificados, no nos hicieron nada.

La clase ya no pudo ser asamblea, pero como no hacíamos nada, Moneo decidió dar clase teórica todos los días. Nos dijo que iba a seguir un libro muy reciente, que era el Banham (Teoría y diseño arquitectónico en la era de la máquina), lo que me vino muy bien, pues era el único libro importante de arquitectura que yo había leído; la acababa de leer, realmente. Y así fue: Moneo empezó, capítulo por capítulo, y, cuando venía a cuento, traía directamente de la biblioteca el libro a que Banham se refería, como hizo con el “Elements….” de Julien Guadet, justo al empezar. Siguió hasta final de curso y fueron unas clases espléndidas.

Quizá antes de empezar con este libro, Moneo, que estaba harto de tener que hablar todo el rato y muchos días no sabía que hacer, vio un día a Paco Alonso pasar por el pasillo –dejaba la puerta abierta- y le llamó para que nos contara algo. Paco se enrolló y cuando estaba en medio de su parlamento me di cuenta que estaba contando El humanismo imposible, un librito de Carlos Castilla del Pino, que entonces estaba muy de moda, y que yo acababa de leer. Naturalmente, no lo citó, y además tuvo la desfachatez de acabar con la última frase del libro.

“Lo que hay que hacer es convertir el misterio en problema”,

en plan feliz y como si fuera una gran ocurrencia suya. Bueno, luego se fue y Moneo se puso a hablar de algo. A él, que no había leído a Castilla del Pino, le debió gustar lo de Paco, y al salir, como coincidió que bajábamos juntos la escalera, me agarró del brazo y me dijo:

“Y a usted, Antón –te llamaba de usted, pero por el nombre- ¿qué le ha parecido el profesor Alonso?”

Y yo le dije:

“Pues que ha leído el mismo libro que yo”,

y le conté que todo era de Castilla del Pino. A él no le debía de parecer mal que un profesor contara lo que salía en el libro de otro –a mí tampoco, si lo hubiera citado- y me dijo: “Hay que ver, que duro es usted”. No era cierto, pues Alonso, simplemente, hacía trampa.

También Moneo era duro. Otro día que coincidimos de nuevo bajando la escalera al final de la clase, me espetó:

“Bueno, Antón, verdaderamente, verdaderamente, aquellos que como usted mucho han hablado, mucho también deberían de hacer…”.

Esto es, me avisó de que tal como iba, suspendería, como así fue. Realmente era completamente lógico pues no trabajamos casi nada.

Un día fuimos a ver un solar en Guadalajara para el proyecto, que pasó de Artesa de Segre allí, porque había una ficción, que pasaba por real, de que el instituto se construiría por parte del Ministerio de Educación, y cambiaron el lugar. Allá fuimos todos con varios coches, y nos paseamos un rato por el descampado que supuestamente era el terreno para el instituto, mientras Moneo hablaba. De pronto, y cuando ya nos íbamos, aparecieron dos coches de la Guardia Civil, que preguntaron quienes éramos, Moneo lo explicó, le pidieron el carnet de identidad, y nos llevaron en fila hacia el cuartel, con un coche de los civiles por delante y otro por detrás. Nos acordamos que, en el estado de excepción, el gobierno de Carrero Blanco había advertido a “las provincias” que podría aparecer por cualquier parte gente de Madrid para manifestarse y hacer acciones subversivas. Cuesta trabajo ahora recordar lo dementes que eran los franquistas. Por lo visto, gentes del pueblo, al ver coches con bastante gente y que se paseaban por un terreno, interpretaron que eran estas gentes subversivas sobre las que el gobierno había advertido, y llamaron a la Guardia Civil. Nos llevaron al cuartelillo y allá entró Moneo, él solo, para hablar con la Escuela y que D´Ors lo identificara y resolviera el asunto. Tardó bastante en salir, con el problema ya arreglado. Alguien le preguntó:

“¿Le han pegado?”.

Y el dijo,

“No, por favor ¿Cómo me van a pegar?”

Y así quedó la cosa.

Como no trabajábamos casi nada nos puso dos encerronas, una para hacer un aparcamiento de bicicletas en el Instituto y otra para el mueble escolar. Se lo entregábamos y él nos lo devolvía corregidos con una cuartilla con comentarios escritos a máquina. Le daba una parte a Germán Castro –Ramón Bescós no había llegado a ser profesor, pues sobraba-, pero Germán no los traía nunca, por lo que Moneo los cogió todos y lo hizo él solo. Hacía unos comentarios cortos y afortunados. El trabajo era un instituto, y se hacía por equipos, como correspondía a la moda de la época. Nuestro equipo era Fernando Nanclares, Nieves Ruiz, José Luis Noriega, Paco Partearroyo y yo. Como éramos unos modernos, y muy comprometidos con los rollos del momento, le hicimos una maqueta conceptual, que a nosotros nos parecía muy bonita y le presentamos fotografías. Era una cosa hecha con tubos de plástico, una media esfera de metal (procedente de una lámpara globo de la Escuela) y cosas así. Nos echó una bronca de campeonato. Del trabajo hicimos luego unas secciones, dibujadas por Fernando y bastante bonitas, pero no lo acabamos, realmente. Nos suspendió a todos, como hizo con la mayoría de la clase. Aprobó a los trabajicas que le habían entregado un proyectito, más o menos precario, pero completo.

En Septiembre nos examinó. Nos dio una planta del Instituto de Norfolk, de los Smithson, y nos pidió hacer para el edificio un gimnasio, que él recomendaba sin más que fuera a la manera de Mies. Yo, no recuerdo por qué, empecé a trabajar unos días más tarde que José Luis Noriega, en cuyo chiringuito –un trastero en semisótano de la clínica dental de su padre- trabajaba también yo con él. Cuando empecé él ya tenía un esquema pensado y le perdí permiso para copiárselo. Así, hicimos los dos un ejercicio parecido, con el mismo esquema de base. A mí me puso notable y a él le aprobó solamente. Lo malo fue que devolvió los ejercicios con la consabida cuartilla mecanografiada, y en el de Jose empezaba

“Ejercicio muy semejante al de González-Capitel….”.

Jose se cabreó muchísimo, ya que el croquis básico era suyo, pero yo no podía hacer nada. En aquel examen no aprobaron ni Nieves ni Ignacio de las Casas, que tuvieron que cursar otra vez Proyectos de 4º con Julio Cano, lo que fue un poco cruz para ellos. A Fernando, que no hizo el examen miesiano, sino independiente, sólo le aprobó. Creo que puso también notable a Errazquin, que era un vasco que aparecía y desaparecía. A Nieves y a Ñaqui Casas les pidió perdón por haberles suspendido cuando supo que tenían que ir con Cano, y no con Sáenz de Oíza.

Rafael Moneo era un hombre de estatura mediana, con gafas de concha, siempre ligeramente encorvado o con la cabeza baja, y que se la rascaba al hablar a menudo. Casi siempre sonriente y de aspecto agradable, nos trataba de usted, como ya dije, pero por el nombre de pila, a medida que lo iba sabiendo. Se aprendía las fichas y sabía el lugar de nacimiento de cada uno y el profesor del padre. De gran cultura arquitectónica y de extraordinario sentido crítico, era un gran profesor, aunque nosotros lo desaprovechamos casi por completo en aquel año. Cuando le tuvimos era muy joven, 31 años, y casi hacia las veces de un hermano mayor. Como arquitecto no era todavía muy famoso, pues aunque había hecho obras interesantes que se publicaron en la revista Hogar y Arquitectura, aun no había realizado la ampliación del Bankinter, que fue la que le dio un inmenso prestigio, sobre todo entre mi generación. Se escandalizaba falsamente de que no conociéramos algunos arquitectos (“Pero, verdaderamente, verdaderamente, ¿no saben ustedes quien es McIntosh?”) y algo nos desbravo en este sentido, no solo con el Banham, sino también llevándonos a veces a algunas exposiciones. Recuerdo una de arquitectura alemana en la Biblioteca Nacional, donde nos quedamos bastante chocados –y atraídos, al menos yo- por la obra de Scharoun. A pesar de todos los conflictos, la incomodidad que el pasaba con nosotros, pues apenas hacíamos nada, y todas las cosas de aquel curso, el trato con el era muy bueno, y algunos nos hicimos amigos suyos.

En aquel curso, como Cálculo de Estructuras I (con Arangoa) nos lo habíamos saltado a la torera, estudiábamos esa asignatura con un profesor particular, en vez de la siguiente. Nos examinamos en febrero, y aprobaron todos menos yo, que tampoco aprobé en junio, así que me quedó para 5º, lo que me desvió definitivamente, y a la fuerza, por la especialidad de urbanismo.

En Urbanística teníamos a Larrodera para teoría (nunca íbamos) y a Longoria y a Maruja Pérez Sherif en prácticas, como dije. El ejercicio más importante fue hacer un Plan Parcial en un terreno de Arturo Soria, en equipo, en el que estábamos Fernando y Nieves, Ignacio Lafuente y yo. Como no sabíamos que hacer y nos aburría mucho el método del plan parcial corriente, hicimos una gran Unidad de Habitación, en la que cabía todo el mundo, y sobre un parque. Maruja nos dijo que bien, pero que teníamos que proyectar el parque. Lo hicimos y nos puso notable.

En construcción teníamos a Cámara, una de las bichas negras de la Escuela. Nos dio dos o tres clases, porque en cuanto empezaron los conflictos desapareció. Recuerdo que en una clase explicaba una estructura metálica, y exageraba muchísimo con los refuerzos en los nudos, venga a poner angulares y cartelas. Se levantó Zacarías Jiménez y le dijo:

“D. Antonio, ¿no sería más sencillo coger acero líquido y hacerle un mogollón en los nudos, en vez de ese lío de cartelas y angulares?”.

Cámara sacó una libreta y un lápiz y le dijo:

“¿Cómo se llama usted?”.

No sé si Zacarías le contestó, pero luego alguien comentó:

“¡Uf, qué susto! Creí que sacaba la pistola…”.

Esa fama tenía Cámara. Luego aprobamos con unas prácticas y unos exámenes algo macarras.

En Composición II teníamos de nuevo al inefable D´Ors, con Jaime Lafuente (hermano de Ignacio) y Adolfo Amézqueta. D´Ors fingía enseñar una metodología de proyecto personal y realmente impresentable. Aprobamos mediante unos exámenes ficción en los que fingimos, a nuestra vez, seguir su método para proyectar no se qué. Con cuatro tonterías te ponía notable, pues utilizaba la conocida técnica de vender barato.

En la Escuela ese año hicimos, pues, poca cosa, pero fuera algo más. Empezamos por grabar en una cinta una lectura declamada de la obra “Marat-Sade”, de Peter Weiss, uno de los mitos de la época. Ibamos a toda clase de conferencias, eventos y happenings, y devorábamos a Marcuse, Castilla del Pino y otros autores entonces de moda. Luego picamos más alto y, como Paco Partearroyo tenía una máquina de cine Super 8, decidimos hacer una película nihilista, que se llamaba PLONC. Empezaba con unos dibujos animados, que se filmaban foto a foto, sobre modelos de Antonio Ceresuela, que dibujaba extraordinariamente bien. Los actores, principales y únicos, eran Olga –una chica rubia, muy guapa, que era entonces novia de Paco- y Jose Noriega, que era el guapo y rubio de nuestra pandilla. El argumento era elemental, casi inexistente, pero la hicimos. La estrenamos para los amigos en una buhardilla que tenía José Ignacio López Brea, e invitamos a Moneo. No dijo nada de la película –que, dentro de su nadería nihilista, valga la redundancia, no estaba del todo mal-, pero comentó.

“Vaya, vaya, están ustedes como Bofill…”.

Yo creo que lo dijo con cierta envidia.

Algunos nos hicimos más amigos de Moneo, como ya dije, y algún domingo –no muchos; él se hartaría y su mujer le protestaría- hicimos excursiones. Recuerdo sobre todo un día que fuimos a ver pueblos de Guadalajara, por ejemplo Cogolludo, con su impresionante palacio renacentista. Hacía mucho frío; nos bajábamos del coche para ver el edificio o la plaza que fuera, luego nos subíamos apresuradamente, y encendíamos un pitillo. Moneo iba en el coche en que iba yo, y observó como se repetía el vicioso rito. Una de las veces, dijo:

“Pero esto de fumar, ¿tan bien tan bien está? No sea que uno se esté perdiendo….”

No sé si fue un comentario cualquiera o una declaración de hedonismo potencial, para no parecer un puritano.

Quinto curso

Moneo había quedado muy frustrado con el curso, pues éramos una promoción pequeña, pero con bastante gente interesante, y que no habíamos hecho nada. Pactó con D´Ors tenernos en 5º de nuevo, que le dijo que sí, y que pondría a Sáenz de Oíza en 4º, y se pasó el verano preparando el curso sistemático que nosotros le habíamos pedido. Al llegar octubre, D´Ors, que era un traidor clásico, le colocó en el plan viejo junto con Sáenz de Oíza –esto es, llevando a dos de los más importantes profesores modernos al plan a extinguir- y a nosotros nos puso a Emilio García de Castro, buscando así destruir lo que Carvajal había iniciado. García de Castro tenía el certero y cruel mote de “Ojo piedra”, porque tenía un ojo de cristal; era un arquitecto más bien mediocre, mal profesor y de escasa cultura, con quien no hicimos otra cosa que pelearnos. Este personaje acabó de catedrático de Proyectos de Sevilla, aupado por algunos de sus amigos, y para desgracia de aquella Escuela. Era homosexual y le ayudó una cierta mafia rosa de la Escuela, franquista y vergonzante.

Moneo aplicó el curso que había ideado para nosotros a la promoción de 5º del Plan Viejo, y él y Oíza suspendieron a muchos. Los alumnos –de una promoción masiva y mediocre, a la que no rescata la presencia de algunos ilustres, como Vellés y López-Peláez- les abrieron un expediente, que el mierdecilla de D´Ors hizo prosperar algo. El año siguiente Moneo se retiró de la Escuela y se dedicó a preparar la oposición a cátedra de Elementos de Composición, tomando como borrador el curso que nos había reservado. Años después, cuando ya hacía tiempo que había ganado brillantemente la cátedra de Barcelona, que luego se relatará, y hojeando con él y en su estudio la memoria de la oposición, le dije:

“Rafa, has de admitir que cuando preparaste la cátedra de Elementos, lo hiciste sobre lo que habías empezado para el programa de 5º dedicado a nosotros, y que, así, tu historial de profesor sistemático, que tanto éxito tuvo en Barcelona, fue generado en origen por las demandas de aquella impertinente promoción, la mía, que te pidió métodos para proyectar”.

Y el lo reconoció.

“Sí, verdaderamente, así fue”.

Trabajamos bastante en proyectos para aquel mentecato de Ojo Piedra. Hicimos, que recuerde, 6 soluciones en planta para distintos programas de vivienda, uno de los cuales había que desarrollar; yo lo hice con un bloque abierto. Pepe Yuste decía que luego nos iba a poner 12 iglesias en alzado. Nos puso un hotel.

Mi padre me preguntaba siempre si en la Escuela no nos enseñaban proporciones, que era una obsesión suya, y yo le decía que la verdad es que no. Luego le comentaba que de lo que no teníamos ni idea era de construcción. Él replicaba que la construcción era una tontería, y que cualquier tarde me la enseñaba toda. Cuando tuve que desarrollar el bloque abierto para Ojo piedra, como había que entregar una sección constructiva completa a la escala 1/20, le dije que había llegado esa tarde. El cogió varios papeles de croquis y, mirando mi proyecto, empezó a dibujar a mano alzada la sección constructiva mientras me la iba explicando. Cuando hablaba de una alternativa la dibujaba también al lado. Así, en menos de una hora, me explicó y dibujó, de cornisa a sótano, como podía construirse mi edificio. Luego yo lo pasé a limpio y me quedó estupendo. Pero, sobre todo, lo aprendí. Creo que he perdido aquellos dibujos de mi padre de la explicación constructiva, que guardé, pues eran estupendos. Mi padre, como dibujaba extraordinariamente bien, cualquier cosa que hacía, aunque fuera de construcción o hasta de matemáticas, quedaba extraordinariamente transformada por su dotada y mágica mano.

Los proyectos para Ojo Piedra los hacíamos a conciencia, pero nos aburríamos, y teníamos una cierta compensación con prácticas de Urbanismo (como el curso anterior, Larrodera daba la teoría, y tampoco íbamos), de lo que eran profesores Eduardo Mangada y Carlos Ferrán. Nosotros (mi grupo) teníamos directamente a Carlos, y con ellos aprendimos al fin algo de urbanismo y, además lo pasamos bien. Nos dedicamos a hacer trozos de un Plan General que ellos habían hecho, el de Irún, y del que tapaban cosas que ellos ya habían resuelto y que nosotros teníamos que resolver. Una de las cosas fue hacer la zonificación general de usos del territorio municipal, y nos asaltaban muchas dudas, sobre todo por como salir al paso de la arbitrariedad. No se quien de nuestro grupo de trabajo pescó un día el Plan General de Bilbao, de Bidagor y del año catapún, que hacía la figura de un cóndor y declaraba su creencia sobre una ciudad orgánica. A nosotros nos fascinó y descubrimos que podíamos convertir el municipio de Irún en la figura de un dinosaurio, y nos dedicamos con énfasis al empeño y equilibrando en él, más o menos, formalismo y seriedad. La respuesta interesó, aunque fue muy criticada. A raíz de aquel curso Paco Partearroyo y yo trabajamos una pequeña temporada en el estudio de Mangada y Ferrán. Mangada estaba especialmente interesado en un libro de Kevin Lynch, The view from the road, con el que nos liaba y quería que hiciéramos un trabajo similar sobre la carretera de Extremadura. De aquella yo he tenido siempre cierta amistad con ellos.

En Historia de la Arquitectura teníamos a Chueca, pero él iba poco, y nosotros también, en justa correspondencia. Practicaba una suerte de crítica gastronómica:

“Exquisita composición, deliciosa fachada,..”

Decía cosas como:

“Por la munificencia de los Reyes Católicos,…”,

todo muy rimbombante. Fue un curso sin pena ni gloria, aunque quizá deberíamos haber tenido más paciencia con Chueca de la que tuvimos y algo hubiéramos aprendido y hasta disfrutado. Su ayudante y sustituto era José Miguel Merino de Cáceres. En el examen, además de otras cosas, nos puso dibujar la Puerta de Alcalá. Yo la había dibujado varias veces, por lo que me la sabía bastante y me estaba quedando bien. Merino, paseando y vigilando, miró mi dibujo y me espetó:

“¡Saca la chuleta!”

Yo le miré de mal humor y le dije:

“¡No tengo chuleta”.

También, para aprobar, había que hacer un trabajo gráfico, y Fernando, Nieves y yo elegimos hacer unos dibujos de Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo y Santa Cristina de Lena. Eran plantas y alzados y secciones, pero éstas eran fugadas. Quedó un trabajo precioso, pero no nos lo devolvieron, lo tirarían por ahí.

Yo aprobé, al fin, Estructuras I en febrero –la verdad es que ya sabía muchísimo- y me examiné libre en junio de Estructuras II con Luis Felipe Rodríguez. Había estudiado también mucho para esta segunda asignatura, pues mi fracaso con la primera me había asustado, y saqué notable. Porque, de acuerdo con el reglamento de entonces, yo no podía ser oficial en 5º, ya que me faltaba una asignatura de dos cursos antes, con lo que era libre. Por esta razón, Ojo Piedra –que me odiaba, por las veces que me había metido con él- me dijo que me había autorizado a seguir el curso, pero que no me podía calificar, y que tenía que pasar a examen.

Lo hicimos en julio, en la clase de arriba del todo, la que llaman la nevera, pero en aquella fecha con un calor insoportable. Había que hacerlo allí, pues tenía que ser en papel pegado sobre el tablero. Yo convencí a Ojo Piedra de que me dejara hacerlo en papeles biblia, que yo fijaría al tablero con papeles cello por arriba, uno encima de otro y sin sacarlos, y me dejó. Quería hacerlo en ese papel porque, como yo dibujaba muy bien a lápiz, en aquel papel se dibujaba fantástico, si, como era el caso, no se querían hacer copias. Nos puso proyectar una casa de viviendas de lujo en el terreno de la plaza de Colón esquina a Goya, donde entonces había un basamento de tiendas, con un friso de Oteiza, y una casa histórica encima, y donde no se podía construir en realidad. O sea, el sueño de los especuladores. Yo me quedé de una pieza y le pregunté a mi padre que podía hacer. El me dijo que, dado el talante del profesor, lo mejor es que hiciera una casa tipo Gutiérrez Soto. Yo no sabía lo que era eso, y entonces me trajo del estudio unos ejemplares de la revista Arquitectura con casas de este arquitecto, y me explicó un poco el modo de hacerlas. Yo me puse a ello y, la verdad es que lo pasé bastante bien con el programa superburgués de salones, biblioteca, comedor, suite principal, zona de servicio, juego de niños, etc., etc. y recubrí el programa –véase que empleé exactamente, pero sin saberlo, el método de Gutiérrez Soto- con una envuelta suavemente expresionista-racionalista, a la manera madrileña de los años 30, más o menos, con esquina redonda y terrazas en voladizo. Cuando me vio Ojo Piedra dibujar aquello, la verdad es que no se lo creía: me miraba de hito en hito sin lograr entender que yo, una especie de progre hippy con el pelo largo y bigotes mejicanos, fuera capaz de hacer aquellas plantas. El caso es que le encantó y me aprobó, casi el único del examen. Nos devolvió el ejercicio corregido por él con lápiz rojo, y a mí me había señalado un giro de puerta. Pero el muy miserable se vengó de mí, pues me había tenido que poner notable, dado mi curso completo, por un lado, y lo que le gustó el examen, por otro. Era un mierda. A Errazquin, que era de mi curso y bastante bueno, y que le hizo un ejercicio tipo Torres Blancas muy bonito, mejor que el mío, se lo cargó. Yo se lo había advertido:

“No le pases por encima a este cabrón, que es muy peligroso”.

Recuerdo que Javier Seguí, que era profesor nuestro de Fin de Carrera, y al que yo conocía por Ignacio Casas, le enseñé el examen porque pasó por allí de cotilleo y le pregunté qué le parecía cuando ya tenía la planta tipo dibujada. Me dijo, con algo de desprecio:

“Muy tradicional”.

Y yo le contesté:

“Pero, para Ojo Piedra, bien, ¿no?”.

Y respondió:

“Eso sí”.

Luego pensé que la palabra justa era convencional, no tradicional, aunque él iba por ahí.

Me quedó para septiembre Instalaciones urbanas, que daba Tarzán (Rubio Requena). Estudié como pude la práctica que ponía en el examen y allá me las arreglé para hacerlo, más o menos. Al acabar el examen, juntamente con Nieves Ruiz e Ignacio Casas, fui a hablar con él para decirle que me quedaba solo esa para acabar la carrera. Me dijo que a tanta gente le había quedado esta asignatura para acabar, pero finalmente salí aprobado. Con Ignacio de las Casas se enrolló muchísimo, pues él se las arregló para decirle que su padre era de Talavera, con lo que quedó encantado (el debía de ser de allí). Y con Nieves llegó a discutir. Le dijo: “¡Ah!, usted me discute. ¿Sabe más que yo? Pues véngase a dar clase conmigo el año que viene”. Y esto lo dijo en serio; Nieves le gustaba, contrariamente a los rumores en muy otro sentido que corrían sobre él.

Arte de proyectar en arquitectura, Ernest Neufert, edición 1964
Sexto curso

Así que para el curso siguiente me quedó el Fin de Carrera. Yo ya había empezado uno de Instituto, con Ignacio Prieto como profesor, al modo de Fernández Alba en los años 60 (Loeches, y esas cosas), que abandoné porque no podía entregar todavía, y empecé otro aún, un poco absurdo, de ambulatorio de urgencia en carretera, que había puesto Aburto y que también abandoné. Finalmente, y ya en octubre, empecé un tercero, que era un gran complejo polideportivo, con piscina cubierta, descubierta, polideportivo y gimnasio, del que había que elaborar como proyecto de ejecución uno de los pabellones, y que fui haciendo en ese trimestre, para entregar en febrero. Seguía siendo Ignacio el profesor, pero no era como los tutores de ahora; hacías el proyecto completamente solo, a no ser que quisieras consultarle algo, cosa que yo no hice.

Antes de entregar el proyecto, en diciembre de 1970, se celebró la esperada oposición a cátedra de Elementos de Composición, con tres plazas para Madrid, Barcelona y Sevilla, a la que se presentaron Alejandro de la Sota (que había dado la asignatura el primer año del plan), Antonio Fernández Alba (que la había dado después durante dos cursos completos y uno incompleto, el que dimitió), Rafael Moneo, Federico Correa (que la había dado en la Escuela de Barcelona) y Alberto Donaire (que había sido profesor con Alba un año en Madrid y después la había dado en Sevilla).

Los ejercicios fueron en el Salón de Actos y seguidos por una gran cantidad de público. El tribunal estaba presidido por Víctor D´Ors y compuesto por Luis Moya, Javier Carvajal, Lozoya (catedrático de dibujo técnico de Barcelona) y Rafael de la Hoz (perejil de tantas salsas, al parecer, en representación de los Colegios de Arquitectos y según una legislación de entonces).

Fernández Alba, que era el de mayores méritos docentes para aquél asunto y que tenía un brillante historial como arquitecto, perfectamente publicado en Nueva Forma, no lo hizo del todo bien, pues aunque era bastante interesante fue demasiado intelectual y abstracto, poco arquitectónico, todo lleno de alambicados gráficos y que se entendía mal. Quedó lujoso e importante, pero algo raro. Alejandro de la Sota lo hizo muy mal, limitándose casi a enseñar su, por otro lado, excelente arquitectura en todos y cada uno de los ejercicios, acompañada de comentarios “gallegos”, por decir algo. A mucha gente le parecía fantástico, pero a mí me pareció muy limitado y muy soberbio, como si le tuvieran que dar la cátedra simplemente por su obra, tal y como él esperaba. Rafael Moneo lo hizo extraordinariamente bien, resultando ser la estrella emergente en aquellas oposiciones, una revelación para muchos, aunque no para los que ya lo conocían, entre los que nos contábamos sus antiguos alumnos. Federico Correa lo hizo también regular tirando a mal, demasiado sencillo y natural; fue la persona a la que yo vi entonces por primera vez con la corbata de la misma tela y color que la camisa. Alberto Donaire lo hizo discreto, incluso tirando a bien; algo soso, pero muy completito y de chico aplicado como él era. Todo el mundo dijo luego que era del Opus, a la vista del resultado, pero no es verdad, porque yo, que le conocía por haber sido profesor mío con Alba y, además, porque los dos fuimos alumnos del Instituto Ramiro de Maeztu, sé bien que no era verdad en absoluto. Era de un grupo católico, eso sí.

Como había tanto público y tan expectante, después del cuarto ejercicio el tribunal dijo que, para cumplir con el reglamento que obligaba a decir el resultado al día siguiente como pronto, lo iba a decir pasadas las 12 de la noche, para hacerlo cuanto antes. Yo creo que era un truco para que fuera poca gente, pero allá fuimos todos. Eduardo Mangada se las arregló para que el Conserje de la Escuela, que creo que era Polo y que vivía allí, nos abriera el bar, y allí estuvimos tomando copas hasta que el tribunal apareció y nos metimos todos en el Salón de Actos.

Empezaron a votar para la primera plaza. D´Ors lo hizo por Moneo (le votó las tres veces), pero salió Fernández Alba, al que le votaron los otros cuatro. Luego salió Donaire para la segunda plaza, y ya se organizó una fuerte pita. Después salió Moneo para la tercera, y ya se organizó la gran bronca. Todo el mundo gritaba, organizando un inmenso barullo, y el tribunal se quedó sentado y aterrado. Unos protestaban porque no había salido Moneo en primer lugar, otros porque había salido Donaire en el segundo, otros porque había perdido De la Sota y otros porque había perdido Correa, y la mayoría por varias cosas a la vez. Sáenz de Oíza logró hacerse un hueco entre tantas voces y declaró que dejaba la Escuela (por causa de que Moneo no hubiera sacado el primer lugar), lo que en efecto hizo.

Al fin el tribunal se animó a salir y fueron avanzando, D´Ors delante, por el pasillo central del Salón de Actos. Pero a mitad de camino se puso delante de él Antonio Cruz (Monchi), que había sido compañero nuestro en 4º y 5º y que era moneísta, y avanzando lentamente de espaldas, le iba diciendo cosas a D´Ors, que pálido y con las cejas hirsutas, evitaba mirar la cara de aquel desconocido gigante. Monchi le decía cosas como ésta:

“Víctor, eres un verdadero hijo de puta, y lo que deberíamos hacer era darte una manta de hostias….”

Resulta curioso el que D´Ors, que había querido curarse en salud votando las tres veces a Moneo (lo cual, en realidad era absurdo) no lo había conseguido, pues su merecida fama de maniobrero hacía que todos le hicieran responsable del desaguisado.

El tribunal se fue, nos quedamos un rato hablando en la puerta principal de la Escuela y ya nos fuimos cansando y yéndonos. Luego los opositores tenían que elegir plaza, por orden. Alba eligió Madrid, naturalmente, Donaire eligió Sevilla y Moneo tuvo que elegir Barcelona, que era lo único que quedaba, con lo que los catalanes, que tantas veces tienen suerte, se llevaron a Moneo, que les sacó la Escuela adelante.

Se decía que habían dado la segunda plaza a Donaire para que Moneo tuviera que aceptar Barcelona en vez de Sevilla, ya que siendo Moneo amigo de Correa, no hubiera querido pisarle lo que se consideraba su plaza. Porque Correa era el inicio de una línea de “Composición” (Elementos de Composición era iniciación a proyectos, pero los catalanes, a la vista del nombre, lo consideraban también la iniciación de la teoría) que continuaba con “Estética y Composición”, de la que había ganado la cátedra hacía poco Xavier Rubert de Ventós –un hombre inteligente, desde luego, pero también un pelmazo insoportable, en realidad-, y que seguía con “Composición II”, de la que Oriol Bohigas era también reciente catedrático. El fracaso de Correa lo estropeaba todo, y Moneo, aunque amigo de ellos, aparecía allí en medio como poco menos que un intruso.

Años después, hablando yo con Luis Moya cuando hice la tesis doctoral sobre su obra, y ya en la temporada en que se relajaba mucho conmigo y hablábamos de todas las cosas, le pregunté como había sido aquello de Donaire. Él dijo que Donaire era un chico muy aplicado, que todo lo hacía bien, y que era muy apropiado para catedrático.

“Porque –decía-, total, ¿qué es un catedrático?”.

Como diciendo, muy poca cosa, aunque él lo era. Me dijo que Fernández Alba había estado fantástico, y que tenía un gran historial, que había demostrado ya su gran clase en Madrid, que era además algo mayor, y para él debía ser en toda lógica la primera plaza. De Federico Correa dijo, textualmente que “no era nada”. De de la Sota dijo que no lo había hecho nada bien y que su arquitectura a él le parecía buena, pero no tan fantástica como a otros. De Moneo dijo que era un genio para la enseñanza y lo intelectual, y que era suficientemente joven para que se hiciera cargo de una Escuela tan importante y tan conflictiva como la de Barcelona. Admitió que alteraron el orden lógico para que Moneo tuviera que conformarse con esa plaza. Así que resultó que los viejos franquistas eran, en realidad, bastante cucos, y mandaron a Rafa Moneo deliberadamente como virrey a la Escuela catalana, lo que en verdad fue, y hay que reconocer que esto resultó tan bueno para él como para Barcelona.

En Enero de 1971 ingresé como alférez de complemento en prácticas en el Regimiento de Ingenieros número 1 de la División Acoraza Brunete, con sede en Campamento, y allá sorteé estas prácticas de milicias como pude mientras, por las tardes, y si no tenía servicio, iba acabando el Proyecto Fin de Carrera. Lo acabé antes de las prácticas, y después de una semana de permiso (o más bien de escaqueo) que le pedí a mi jefe, el teniente Adolfo González, que era amable y simpático además de buen militar (una rara avis, que me había pedido prestados libros de Freud). Había que entregarlo en un papel pegado, dibujado en la Escuela, y el resto de los planos, que eran la mayoría, aparte. Yo imité a Ángel Fernández Alba y a sus amigos, que empleaban el truco de hacer un plano importante en una copia muy bien sacada y en un color bonito y pegarla en el tablero, dibujando ya sobre el papel de éste algunas cosas complementarias y los rótulos. Se sabía que este truco colaba, así que saqué la planta general de mi conjunto, dibujada a lápiz y con sombras, en una copia en azul intenso, que quedó fantástica, y la pegué, dibujando algunas cosas más y con unos rótulos bastante chulos a regla y compás con letra bauhaus. Era Carvajal el Presidente del Tribunal y me pusieron un aprobado, con él que yo me quedé más contento que unas pascuas. Días después, cuando andaba por la Escuela resolviendo los papeles del título, me tropecé con Carvajal, que me había dado sobresaliente en tercero, y que me espetó, con voz de trueno:

“¡Capitel!, ha hecho usted un proyecto fin de carera de trámite!”

Yo puse cara de circunstancias, balbucí alguna cosa y me fui en cuanto pude.

Pero, mucho tiempo después, cuando tuvimos que vender la casa de mi pobre madre, ya con la cabeza perdida, y hubo que vaciar el piso, yo saqué casi todos los proyectos de la carrera, que iba guardando en un maletero, y me los llevé al estudio. Ya allí, y buscándoles lugar, me dio curiosidad el fin de carrera y lo desenrollé para mirarlo. La verdad es que me pareció que era más un 7 que un 5, por lo que pensé que la Escuela, a fin de cuentas, siempre es igual. Claro, aquel proyecto, que era una arquitectura que podríamos comparar con Jacobsen, y algo con de la Sota, a Carvajal, aunque antes era de esos rollos, entonces era un orgánico, aquello ya no le interesaba mucho, y me despachó con un aprobado. Pero el proyecto estaba bastante bien y muy bien desarrollado. Así que a mí me pasó lo mismo que les pasa a muchos alumnos, que los tribunales son poco eclécticos, siguen sus propios criterios, siempre algo estrechos, y tienden a poner notas demasiado bajas.

Séptimo año

Hice el Fin de Carrera en un apartamento que habíamos alquilado como estudio en la prolongación de la Castellana (que entonces se llamaba todavía Avenida del Generalísimo), en el 12 D de un edificio pegado a donde estaba la cafetería Oliveri. Lo alquilé con Paco Partearroyo, Nieves Ruiz y Fernando Nanclares, que fuimos socios durante bastantes años, aunque la verdad es que, entonces, solo Paco había acabado ya la carrera. Yo consideré que, como en las prácticas de milicias pagaban, ya no tendría que pedir dinero a mi padre, pues, después de las prácticas, ya saldría algo.

Y la verdad es que algo nos salió. Lo primero nos lo pasó mi padre, un pequeño hotel residencia en la calle Príncipe de Asturias. La cosa no cuajó, pues el cliente no se entendió con el dueño del solar, y se quedó en anteproyecto. Le pedimos al cliente 90.000 ptas. y nos dio sólo 30.000 –menos mal-, con las que compramos una máquina de escribir Valentine y nos fuimos a cenar al restaurante “Ruperto de Nola”, que estaba en Torres Blancas. Éramos solteros y seguíamos viviendo en casa de nuestros padres, así que podíamos tirar con escasos problemas. Pero, bueno, fue saliendo alguna otra cosa, más o menos precaria. Entonces apenas había concursos, y si los había eran sólo de temas muy importantes y que no considerábamos a nuestro alcance.

Estando entretenidos con algunas promesas, un día de abril, o por ahí -de primavera- me llamó José Manuel López-Peláez para proponerme, de parte de Antonio Fernández Alba, si quería ser profesor de Elementos de Composición, donde él estaba ya. Me quedé bastante sorprendido y no sabía qué pensar. Pero el caso es que sólo unos días después me llamó también Javier Blanco, un primo mío del que ya hablé, no muy cercano, pero que era primo por ambas partes (y que también era, como yo, de Cangas de Onís) y que estaba entonces de arquitecto jefe de la Delegación de Vivienda de Oviedo, refugio que se había buscado por oposición y en vista de que el ejercicio de la profesión en Madrid era poco menos que imposible. Me contó que con el trabajo del Ministerio no daba ya para más, y que tenía que rechazar los encargos. Si yo me iba con él a Oviedo podía colocarme en la Delegación, si quería, pero, sobre todo, abríamos un estudio y hacíamos proyectos por las tardes, o yo todo el día, si lo prefería así.

Me quedé más sorprendido todavía que con lo de la Escuela, y algo perplejo, porque, la verdad, irme a Oviedo, no me apetecía nada, aunque esto parecía lo mejor profesionalmente hablando, por lo que estaba bastante preocupado. Así las cosas, se lo conté a mi padre, un día en casa, cuando él estaba leyendo el periódico, para ver qué opinaba y que me aconsejaba. Mi padre se quedó parado unos segundos y me preguntó:

“Pero, en la Escuela ¿pagan?”.

Yo le dije que sí, claro, que no sabía cuanto, pero que sí que pagaban un sueldete. Él me dijo que si era así, que me fuera a la Escuela, que siempre significaba un cierto lujo, sobre todo con Fernández Alba, porque irme de arquitecto corriente a Asturias le parecía una cosa muy siniestra, muy poco recomendable. Le hice caso; también, desde luego, porque coincidía con mis ganas de quedarme en Madrid, que era lo que realmente me apetecía, conservando la reciente sociedad con mis amigos, así que llamé a Peláez para decirle que había decidido ser profesor, y a mi primo Javier para darle calabazas; con lo que de este modo, un poco a lo tonto, y sin haberlo pensado nunca antes, comencé una carrera académica en la que había de quedarme ya toda la vida. Tenía entonces 24 años.

D´Ors había dividido la cátedra de Fernández Alba y había nombrado dos profesores, jefes de grupo independientes de él, que eran Genaro Cristos y Francisco Alonso de la Joya. Esto era bastante insólito e irregular, pues Alba era catedrático numerario y los demás, nada, ni tenían prestigio docente alguno, pero como D´Ors era el director tenía que obedecerle. Lo hacía para llevar las aguas a su molino. Pero Alba, que había recuperado a Manuel de las Casas –que había sido ayudante con de la Sota- consiguió que lo nombraran también jefe de grupo, con lo que lograba dominar –o que fuera bueno, en fin- al menos la mitad del curso. Así se configuraron dos grupos, uno el dirigido por Alba, con Julio Vidaurre, López-Peláez, Estanislao Pérez Pita y Ramón de Soto de profesores, y otro el de Manolo Casas, con el que estábamos Ángel Fernández Alba, el hermano de Antonio, Javier Navarro Zuvillaga, Luis de la Rica y yo. Personalmente, yo estaba contento, pues me gustaba estar con Manolo, a quien yo conocía algo por ser el hermano mayor de Ignacio, que fue compañero mío de bachiller y de carrera, y también con Ángel. Yo, ciertamente, llegué a la Escuela como un pato a un garaje, pero me tranquilicé algo al ver que, efectivamente, aquello era más bien un garaje lleno de patos. Por lo menos, la comparación no iba a ser demasiado escandalosa.

Hicimos un curso con un programa algo marciano, de análisis de barrios y que acabó en un diseño de “habitat de emergencia”. Hay testimonio editado, pues de aquel curso Juan Daniel Fullaondo publicó un número de la revista “Nueva Forma”, el núm. 93, de octubre de 1973. En aquel curso tuve de alumno a Javier Ortega, luego socio mío, profesor, y hoy catedrático de dibujo. También a Alfonso Millanes, que fue igualmente profesor, aunque luego dejó la Escuela. Eran alumnos también aquél año, creo que de Julio Vidaurre, Gabriel Allende y José Barbeito, los dos luego profesores. Creo que también estaba en esa promoción Jaime Cervera Bravo, hoy catedrático de Estructuras.

Me parece que fue cuando yo empecé de profesor cuando Josefina (la habilitada de la Escuela, a quien llamaban la “portaaviones”, por su inmensa delantera; era muy gorda y cojeaba) metió como administrativas a sus sobrinas Virginia y Alicia Mirón, que son hermanas, dos tías buenas impresionantes, que entonces eran jovencísimas. Virginia era –es- extraordinariamente guapa, y a mí me gustaba muchísimo, pero nunca tuve el valor suficiente para decirle nada. Yo frecuentaba a Ángel Fernández Alba y a sus amigos, entre los que estaba Manolo Gómez Gaite, alias “el Cristo”, porque tenía barba y lo recordaba, un tío guapo, de buena planta y muy simpático. Manolo tenía entonces una novia inglesa bajita con la que iba a hacerse un veraneo en África. Pero antes de irse rompió con ella y se quedó sin compañía para el viaje. Entonces se fue a la Escuela, buscó a Virginia y le propuso a ella el plan. Ella le dijo que sí, y se fueron. Y luego se casaron.

Los cursos de Elementos con Alba siguieron siendo algo perplejos de programa, al menos para nosotros. Yo me esforzaba por desnatar los ejercicios y explicarlos todo lo posible. El segundo año, o el tercero, me asocié con Manolo Casas, y unimos nuestros grupos para dar clase juntos. Creo que fue el segundo año cuando pedí la Beca de Formación de Personal Investigador, que me dieron, y cuando, también, tuve un accidente de coche en la provincia de León, yendo a Cangas de Onís, con Fernando Nanclares y mi hermano Emilio, a llevar el proyecto de edificio de viviendas que nos había encargado Álvaro Fernández Valle, que fue mi primera obra, y que se edificó en el parque esquina a la avenida de Covadonga. Quedó bastante bien; todavía hoy, que allí sigue, lo miro con cierta satisfacción. Los tres quedamos bastante mal de aquel golpe, aunque sin gravedad, pero estuvimos escorados un tiempo. Me estrellé con un flamante SEAT 127 que me había comprado, y que, aunque no le dieron siniestro total, quedó bastante mal, por lo que lo vendí.

Uno de los primeros años hicimos un viaje a Barcelona con los estudiantes. Fuimos José Manuel López-Peláez y yo, pero nos acompañó también Alfonso Valdés, Isabel Sáiz de Arce y alguien más que ahora no recuerdo. Era pleno franquismo, creo que Carvajal era entonces el Director-comisario de la Escuela, y entre sus enredos y los de los otros ésta estaba cerrada. No se si fue el propio Carvajal, incluso, el que la había cerrado. Tenían un Colegio Mayor que les servía de refugio, para dar charlas, y eso, y allí fuimos a parar, pues Fernández Alba había hablado con Bohigas y nos iban a dar unas conferencias. Una iba a darla el propio Bohigas, otra Cantallops, que de aquella era socio de Elías y de Martínez Lapeña, y otra Clotet y Tusquets. Bohigas llegó y cuando estaba colocando las diapositivas yo me di cuenta que iba a enseñar las mismas obras suyas que nos había enseñado ya en Madrid unas semanas antes. Yo se lo dije, que eran los mismos alumnos, y se quedó paradísimo.

“Y ahora ¿qué hacemos?”.

Yo le dije que por qué no contaba, sin imágenes, la historia de la arquitectura moderna en Barcelona, que yo se la había oído contar, y que se sabía de memoria. Le pareció muy bien, eso hizo, quedó estupendamente y nadie se dio cuenta de nada. Luego Cantallops nos enseñó una gran cantidad de edificios de vivienda hechos por él y sus socios. Bien. Y después llegaron Clotet y Tusquets, que iban a enseñar obra reciente. Yo, que hacía las veces de interlocutor, me senté con ellos, y con la mujer de Óscar, delante. Empezó Clotet, que llevaba el pelo a lo afro y parecía Garfunkel. Contó una casa de pisos, bonita, luego una pequeñísima y sofisticada casa, y luego subió Óscar al estrado, sin bajar Luis, y enseñaron el Belvedere Georgina, un pequeño chalet, disfrazado de templete clásico, con muchos acentos “pop” y venturianos. Yo creo que a los estudiantes les gustó bastante, pero después, en el coloquio, se vio que a Alfonso Valdés, y tal vez a algún otro mayor, que no recuerdo, les había molestado mucho. Supongo que no sólo por las permisividades formales y el pseudo clasicismo del asunto, sino también por la actitud cínica y desenfadada de Tusquets.

Lo cierto es que, en el coloquio, y estando en la pantalla la imagen del Belvedere, que tenía un coche encima, pues así estaba pensado, Alfonso Valdés preguntó.

“¿Cuánto decíais que ha costado la obra?”

Respondieron:

“Cuatrocientas mil pesetas”.

Y Valdés preguntó:

“¿Con coche o sin coche?”.

Ellos se quedaron un poco parados, y Clotet, que era el que entonces estaba en el estrado, le dijo:

“Pero, ¿porqué esa agresividad?”.

Yo estaba sentado entre Óscar y su mujer, que me preguntaban,

“Pero ¿quién es este tío?”.

Yo contestaba con dificultad: un discípulo de Oíza, que estaba bien, pero que era de mentalidad muy racionalista y técnica, y al que, por lo visto, le ha debido de parecer fatal vuestros sofisticados juegos. Bueno, se discutió algo más y se acabó la cosa. Los estudiantes quedaron encantados.

José Manuel López-Peláez, que no había dicho nada, debió quedarse preocupado. En realidad, él era de una mentalidad arquitectónica bastante puritana, parecida a la de Valdés, pero sin el talante violento de éste. Lo cierto es que me encargó una clase para su grupo sobre la Escuela de Barcelona, pues creía que los alumnos estaban un poco despistados y algo traumatizados. Yo la preparé, llevé también a los nuestros para aprovechar la ocasión, y traté de explicarles la posición intelectual, aparentemente frívola y muy sofisticada de este grupo de catalanes. Creo que lo conseguí y que las aguas volvieron a su cauce.

Octavo año

Creo que fue en 1973 cuando decidí pedir la Pensión de Arquitectura de la Academia de Bellas Artes en Roma. Ya no se hacía por concurso de proyectos, sino pidiendo realizar un trabajo de investigación. Fui a ver a Moneo por dos razones, una porque había que llevar cartas de recomendación oficial de tus profesores, y otra para pedirle consejo sobre el tema de investigación a presentar. Entre los dos pergeñamos un tema sobre análisis de la arquitectura del imperio romano, que luego yo desarrollé y que quedó bien. En un momento dado, yo le pregunté:

“Y tú, en Roma, ¿qué hiciste?”.

Él se quedó un poco parado, y luego dijo:

“Pues, la verdad, es que no hice nada, absolutamente nada; eso sí, conocer Roma, perfectamente, iglesia a iglesia, casa a casa, tienda a tienda…”.

Luego me fui a ver a Carvajal, que era entonces Decano del Colegio, y que me tenía identificado como partidario de la oposición. Le conté lo de Roma –él, como Moneo, había sido pensionado-; le pareció muy bien y me hizo una lujosa carta, a pesar de que se le notaba mucho lo mal que le parecía que yo, que había sacado sobresaliente con él, fuera de la oposición. Luego le pedía Fernández Alba, mi jefe, la carta.

Estando en la preparación de esto, mi madre me dijo que Luis Menéndez Pidal, que había sido muy amigo de mi padre, tenía una exposición de su obra en la Real Academia de San Fernando. Vete a verle, me dijo, mi madre, que es muy mayor, y estará allí muy solo. Mi padre había muerto el año anterior, en mayo de 1972. Menos mal que, por lo menos, me vio arquitecto y profesor de la Escuela.

El caso es que fui a ver a D. Luis y, efectivamente, y como mi madre pensaba, allí estaba él solo, en medio de sus dibujos. Me enrollé algo con él y, para hablar de algo, le conté que me presentaba a lo de Roma. Él me dijo que era una idea magnífica y recordó cuando fueron Moneo y Hernández Gil, pues él estaba en el jurado, y me elogió muchísimo a Dionisio, y me dijo también que él me hacía una carta. Luego, de pronto, dijo:

“¡Ah! ¡Inútil! ¡Completamente inútil! ¡Está Chueca en el jurado!”

Y me contó que Chueca siempre tenía sus discípulos y enchufados particulares y que no daba lugar a ninguna otra cosa. Luego se quedó pensativo y me dijo que, bueno, que lo pidiera, y que en vez de darme una carta que él le iba a escribir directamente a Chueca.

El caso es que lo pedí y que, como Menéndez Pidal había profetizado, no me lo dieron. Recibí una carta de D.Luis, en la que me mandaba la que él había recibido de Chueca. Éste decía textualmente en un párrafo.

“¡Magnífica candidatura la González-Capitel! Ha obtenido el puesto de primer suplente.”

D.Luis me escribía:

“Ya sabe usted, amigo Capitel, que en este tipo de partidos solo juegan los titulares”.

Lo cierto es que me quedé sin ir a la Academia. Aunque aquel no fue un buen año. Los pensionados se plantaron con la dirección, por las precareidades y absurdos del reglamento, y dimitieron todos en febrero.

En la Escuela, hacia el tercer o cuarto año empezamos con el programa de Fernández Alba, pero, a mitad de curso, le dijimos que íbamos a introducir un programa nuestro. Hicimos un ejercicio sobre recopilación de tipologías residenciales de Madrid, que acabó publicado por el Colegio de Arquitectos por empeño del propio Fernández Alba. Eran los tiempos en que el alcalde García-Lomas había congelado el sector Malasaña (de ahí salió el nombre moderno del barrio, que en realidad se llama de las Maravillas) y pusimos el ultimo ejercicio como una aplicación de las tipologías estudiadas al sector congelado. Eran también, arquitectónicamente, los tiempos de la Tendenza, y de Aldo Rossi, y con estas referencias y la de Venturi, nos orientábamos nosotros, también atendiendo a lo que Moneo hacía en Barcelona.

De aquellos años era estudiante Fabriciano Posada, que luego trabajó con Javier Vellés, José Ángel Vaquero, luego profesor de la Escuela, Julia Alonso-Martínez, que fue mi novia, y Victoria Burillo, cuyo hermano Luis fue ayudante becario nuestro y luego profesor de Dibujo y de Proyectos. Habíamos empezado a hacer viajes con los estudiantes, prolongación, en mi caso, de los que hacía en verano con mis amigos desde que acabamos la carrera. En aquellos años la ideología de la Escuela era poco más que nula, no se sabía dónde, o en qué, estaba la arquitectura. Mis amigos y yo, en nuestros viajes particulares de verano, que empezamos en 1971, comprobamos que la arquitectura estaba en las calles de las ciudades de Europa, y también en las librerías. Volvíamos cargados de libros y de diapositivas de Le Corbusier, la Escuela de Ámsterdam, Van Eyck, Dudock, Rietveld, Jacobsen, Utzon, Terragni, Aymonino y Rossi, Loos, Otto Wagner, arquitectura histórica,…. Yo ponía en clase todas las diapositivas que traía, mostrando que la arquitectura estaba ahí, en el inmediato pasado, y que de ahí había que aprender. Ya, a través de aquello y de lo ya dicho empezamos a aclararnos y a llenar la Escuela, poco a poco, pero muy intensamente, con su propia cultura.

Uno de estos años, Julio Vidaurre, al que habíamos animado a hacerlo, ganó la cátedra de Dibujo Técnico y nos pidió ayuda para contratar a los profesores. Nosotros le recomendamos a nuestros amigos y conocidos mejores, Ignacio de Las Casas, Paco Partearroyo, Ginés Sánchez Hevia, Javier Vellés, Alfonso Valdés, Juan Antonio Cortés, María Teresa Muñoz… Por otro lado, y para Elementos, recomendamos a Antonio Fernández Alba que –además de Javier Frechilla que había sido ayudante becario- metiera a José Luis Noriega y a Antonio Rivière. La Escuela se fue así animando, pues además Antonio Vázquez de Castro había ganado la cátedra de Proyectos II -muy apoyado por Fullaondo, que se había ido de la Escuela, reñido con Carvajal, que no le dejaba hacer el programa- y Javier Seguí la de Análisis de Formas. En esta cátedra compitieron también Adolfo González Amézqueta y Elena Iglesias, el inefable matrimonio. Amézqueta ganó la segunda plaza y se fue unos años de catedrático a Sevilla. Elena Iglesias no ganó plaza. Tampoco Francisco Cabrero, que hizo una oposición magnífica, y que a mí me pareció que era quien debía de haber sido el catedrático. En el tribunal, presidido por López Durán, el viejo cacique de la asignatura, solo Ruiz Aizpiri, catedrático de descriptiva, votó por Cabrero. Yo le dije a él en un pasillo que me habían gustado mucho sus ejercicios, y que había otros profesores jóvenes como yo que opinaban lo mismo. Se sorprendió, me lo agradeció bastante, y desde entonces tuve con él cierta amistad. Recuerdo que la simple de Helena Iglesias, ante un magnífico dibujo del Museo del Prado que Cabrero había hecho como uno de los ejercicios de la oposición y que tenía sombras azules, dijo:

“¡Ah, azul! Claro, como es facha,…”

Antonio Fernández Alba había logrado que la segunda cátedra de Elementos –la que detentaba Alonso de la Joya, cuya plaza en la Escuela era, con pocas dudas, un pago de D´Ors a las colaboraciones en proyectos que aquél le daba- saliera a oposición, a la que casi obligó a Juan Navarro Baldeweg, que estaba entonces en Estados Unidos, a que se presentara, y la ganó. También compitió Helena Iglesias y también perdió. A partir de entonces –Juan incorporó a Javier Climent, se llevó a Ángel,…- la asignatura de Elementos, dividida en dos, pero con los dos grupos buenos, fue durante bastantes años la base misma de la Escuela.

Por otro lado, Sáenz de Oíza, que se había ido a raíz de la oposición de Elementos y que estuvo a punto de perder la plaza, volvió a la Escuela, y con él fueron Vellés y Valdés, Araujo, Ruiz Cabrero,… Carvajal renovó también su gente con Alberto Campo, Ignacio Vicens, y algún otro. Antonio Vázquez de Castro también había montado su grupo, y, así, con los equipos de aquellas cinco personalidades –a las que habría que añadir también algunos otros grupos, como el de Vidaurre- funcionó la Escuela durante bastantes años. Todo esto fueron los años setenta, los verdaderamente fundamentales para la institución, fundadores de una cultura que fue in crescendo durante los ochenta y los noventa hasta llegar a la altura que la hizo famosa.

Por aquellos tiempos hicimos una especie de asociación con los de Sáenz de Oíza, y, con él mismo como gran jefe y presidente, hacíamos todos los martes en el Salón de Actos una conferencia o clase teórica, de la que se encargaba cada uno de nosotros por turno o se conseguía un visitante ilustre, y a la que iban todos nuestros grupos. Por allí pasaron todas las cuestiones que más o menos estaban en boga y que nos preocupaban. Esto duró bastantes años y fue el principal alimento de difusión cultural de la Escuela de entonces. También tomamos la costumbre de hacer sesiones críticas de los concursos a los que se presentaban profesores de la Escuela, que resultaban bastante interesantes y divertidas. Se hicieron muchas veces. Esto llegó a institucionalizarse algo más, les llamamos “Sesiones de Academia” y algunas veces las hicimos en colaboración con profesores de Barcelona, como Oriol Bohigas, Ignacio Solá-Morales o el propio Moneo. Una de éstas fue la dedicada al concurso de la Facultad de Ciencias de Córdoba, que ganó Sáenz de Oíza, y en la que tuvieron también un premio Ortiz y Cruz. Se celebró una sesión con presencia del jurado, entre los que estaba Oscar Tusquets. Yo figuraba también en la mesa como ponente. También estaba Moneo, que elogió el proyecto de Oíza, para contrarrestar lo muy criticado por otros y dejar a su maestro un sabor más dulce. La anécdota de aquel día, aunque solo es importante para mí, fue que, empezado ya el acto, entró en el salón Consuelo Martorell, tan alta y tan guapa, y que a mí me gustaba tanto, y Oscar, que estaba a mi lado, la vio y me dijo:

“¿Quién es aquella mujer?”.

Y yo le dije:

“Una estudiante, que además tiene novio….”.

“¡Una estudiante, una estudiante! ¡No puede ser! ¡Será la mujer de un profesor!”.

Años después, en 1981, le invité a mi boda con ella, ya que había sido algo profeta. No vino, pero me escribió felicitándonos.

Yo conocí por estas cosas a Sáenz de Oíza –o, mejor dicho, él me conoció a mí-, pues yo no había sido alumno suyo. Nos hicimos más o menos amigos por el trato en la Escuela, y luego algo más cuando Javier Vellés nos invitó, hacia 1978, a veranear en Pollensa, justo al lado de la casa del maestro, y cuando yo estaba acabando la tesis. Allí conocí a toda su familia, y especialmente a su hija Noemí, que me gustó mucho. Salimos juntos aquel verano y luego fue alumna mía. Javier Vellés y yo íbamos casi todas las tardes, hacia las 5 o así, después de la siesta, a casa de ellos, que estaba al lado. Oíza nos esperaba, algo ansioso, con el periódico en la mano, y en cuanto llegábamos nos empezaba a comentar las noticias. Nos acababa doliendo el vientre de tanto como nos reíamos. Fue un verano de risas. Luego yo aprovechaba para enganchar a Noemí e irnos por ahí.

Sáenz de Oíza (don Paco) era un hombre calvo, de figura muy enhiesta, con grandes gafas de concha que se ponía en la frente a la manera de Le Corbusier (se parecía algo) cuando la presbicia le contrarresto la miopía, de nariz aguileña y de cara muy interesante y expresiva. Extraordinariamente inteligente, era el mejor charlista del mundo. En aquellos martes, cuando le tocaba dar clase, no llevaba diapositivas, no le hacía falta, o aparecía con unos planos en fotocopias ennegrecidas, malísimas, para proyectar en opacos. Llevaba muy mal que los demás pusieran diapositivas. Un día, después de una clase de Alfonso Valdés con muchísimas diapositivas, Oíza le dijo:

“Desde luego, has puesto diapositivas como quien dispara con una ametralladora, tatatata, tatatata, tatatata,….”.

Era enormemente ingenioso y ocurrente, muy simpático cuando quería y extraordinariamente antipático cuando le daba la gana. Cuando venía alguien famoso a dar una conferencia y tenía mucha afluencia de público, él se encelaba y montaba un corrillo propio de comentario, muy concurrido, al acabar la charla del otro. Había chistes, anécdotas y ejemplos o consejos que siempre contaba. Un día, en clase, después de contar algo de su repertorio, un estudiante dijo:

“Don Paco, usted se repite”.

Él se volvió con cara de desprecio y le dijo:

“Creo que se equivoca, el que repite es usted”.

Otro día ocurrió que vino un padre de un alumno a verle, sin duda porque su hijo suspendía, y él le dijo:

“¡Ah! ¿Es usted el padre de Fulano? Un momento que le doy el teléfono de mi padre…”

Tenía mucha fama de buen profesor, aunque la verdad es que casi nunca preparaba nada y lo fiaba todo a su capacidad de improvisación y de mantener una charla ingeniosa. Era un gran arquitecto, como su obra prueba, aunque quizá fuera demasiado inteligente para ser arquitecto, como De la Sota –su gran rival, en el fondo- decía. Lo cierto es que, como veía las contradicciones de todo y que la arquitectura era una convención, a veces se quedaba perplejo, sin saber por donde tirar. Pero su arquitectura, aunque de fortuna desigual, siempre era empeñada, siempre tenía intenciones intensas; puede que hiciera obras y proyectos flojos, pero nunca descuidados o para salir del paso, siempre con mucho empeño. Y construyó las dos torres mejores de la ciudad de Madrid, que no serán nunca superadas. Yo le recuerdo con mucho afecto por lo que aprendí de él, por lo que me reí con sus salidas y porque tuve el honor de que me apreciara y me considerara un amigo.

Pero antes de consumadas estas cosas de la unión de nuestras pandillas y de los martes que ampliaron in crescendo la cultura de la Escuela, conviene recordar algunos otros episodios, bastantes de ellos anteriores. Siendo D´Ors director, exactamente un día antes de cesar, cuando la Junta de Profesores estaba reunida para elegir al nuevo, la policía entró violentamente en la Escuela, pues había una asamblea –quizá D´Ors los llamó, como solía hacer después de dar permiso-, se dedicaron a pegar a todo el mundo y llegaron a entrar a la Sala de Profesores, interrumpiendo la Junta. D´Ors dimitió –gran cosa, pues cesaba al día siguiente- el nuevo director no se eligió y quedó Arangoa, que era subdirector jefe de estudios de director accidental, y estuvo bastante tiempo. Esto debió ser hacia 1972.

Poco tiempo después, en la clase de Estética y Composición –de cuya asignatura era D´Ors catedrático- llevada por Simón Marchán y por Ignacio Gómez de Liaño, hubo unos happening tirando a golfos, que algunos denunciaron a Arangoa. Éste llamó a Simón y a Ignacio, que no comparecieron, y entonces los suspendió de empleo y sueldo.. Era lógico, pues no ir si te llama el director es, desde luego, falta grave. (Aunque testimonio de Simón Marchán es que no los llamó). Pero la cosa es que se montó una carta de firmas solidarizándose con ellos y pidiendo su reincoporación, a mí me la pasaron, y firmé. Al día siguiente llegó Fernández Alba, riñéndome por haberla firmado, pues Arangoa proponía expulsar a todos los firmantes. Y la verdad es que los echaron a todos, menos a mí, aunque también hay que decir que al año siguiente los volvieron a contratar a todos.

No sabíamos lo que había pasado, pero un día Fernández Alba se enteró –no sé si por el propio Arangoa o por otras vías- que cuando se había propuesto echar a un numeroso grupo de profesores de la Escuela de Arquitectura, el Ministro, o alguien importante del Ministerio, donde no se fiaban de Arangoa, pues era un desconocido para el régimen, pidieron informe a Miguel Ángel García-Lomas, que había sido Director General de Arquitectura y que entonces no era nada –era antes de ser Alcalde-, pero que era hombre de confianza del enano del Pardo, y algo así como el sheriff franquista de la arquitectura. García-Lomas llamó a Arangoa y le dijo –según Alba- que si creía que el hijo de Antón Capitel era rojo es que él era un gilipollas y le iba a romper la cara. No es textual, desde luego, pero debió de ser algo así. El caso es que a mí no me echaron. Yo lo supe muchos años después, y pensé, que mi padre –que de aquella ya había muerto- había recibido muy pocas cosas de su precario historial franquista, pero que, al fin, algo era algo.

Noveno año

Por cierto, yo le había dicho a mi padre que en la Escuela sí que pagaban, pero la verdad es que la cosa no estaba tan clara. El año en que empezamos no nos dieron un contrato, sino un papel de nombramiento, en el que por un lado figuraba el emolumento de 500 pesetas por hora de clase y, por otro, sobrepuesto con máquina distinta, decía que había un límite de 14.000 pesetas al mes. Dado que las horas de clase eran 60 al mes (todos los días, de lunes a viernes, de 11,30 a 14,30), López-Peláez y yo fuimos a preguntar al que hacía las veces de administrador, que era Valentín, como es que si dábamos clase por valor de 30.000 pretendían pagarnos menos de la mitad. Valentín dijo, que, bueno, bueno, que los profesores de proyectos iban muy poco, y que lo que se calculaba es que fueran por valor de 20.000 como mucho; no supo explicar lo de las 14.000. Por cierto la “claúsula”, por llamarle algo, de las 14.000 estaba firmada por Arangoa, al que yo fui a ver para protestar. (Esto era antes de lo de García-Lomas). Prometió que se pagarían las 20.000, y así lo hicieron siempre, si no recuerdo mal. Cobraban el descuento de la Hermandad, 800, y nos daban (lo hacía en mano, Josefina, que era la habilitada) 19.200. O quizá menos, al quitar el 14% de impuestos, no recuerdo bien. Resulta especialmente significativo recordar que entonces (con D´Ors de director y Arangoa como Jefe de Estudios) el profesor administrador de la Escuela era un tal Francisco Lencina, que daba clase –es un decir- en Análisis de Formas (era un personaje sencillamente nulo, por decir algo suave) y que tenía reconocida fama de sinvergüenza desde su juventud, como me confirmó a mí Gerardo Zaragoza, mi profesor de dibujo, pues el tal Lencina había estado en su academia, donde ya le habían visto las maneras.

Pero el caso es que José Manuel López-Peláez y yo hacíamos las 60 horas de clase completas, y algunas más que ya no nos correspondían, pues entonces no había tutorías. Y además estaban demostradas, pues entonces se fichaban las horas de permanencia en la Escuela. Alguien nos dijo que no nos daban los contratos porque éstos eran, en efecto, por 60 horas y 30.000 pesetas, dinero que se recibía efectivamente del Ministerio, pero la Escuela se quedaba con las 10.000 para los usos que se estimara conveniente.

Convencidos de esto, José Manuel y yo quedamos en ir juntos a ver a Valentín, el que hacía las veces de administrador, e ideamos una treta, tan tonta como efectiva. Íbamos los dos, nos enrollábamos con él, y luego, mientras él estuviera intentando envolvernos con sus supuestas razones, José Manuel se quedaría con él en el despacho para entretenerle y yo enredaría en los armarios de la sala grande de la administración para buscar los contratos. La verdad es que los encontré enseguida, todos cuidadosamente amontonados, y sin firmar, naturalmente, por los profesores, que ni siquiera los conocían. Busqué los dos nuestros y me fui al despacho con ellos en la mano. Sin dar opción a Valentín los firmamos, los entregamos para que los cursara convenientemente, y le dijimos que esperábamos cobrar nuestro sueldo completo de forma inmediata. Que, como éramos personas moderadas, no íbamos a pedir lo que se nos debía de antes si se procedía desde entonces a pagarnos lo que era nuestro derecho. Se quedó de una pieza y no dijo nada, pero el siguiente mes, y ya para siempre, cobramos las 30.000 pesetas (menos las 1.200 que Josefina descontaba para la Hermandad). Como éramos los dos solteros y vivíamos ambos con nuestros padres (yo con mi madre viuda), la verdad es que las 28.800 que ganábamos eran entonces un sueldo estupendo. Yo podía invitar a lo que fuera a las chicas con las que salía, y sostener pacientemente un estudio con muy escasa, casi nula, obra.

Cuento esto porque es curioso y divertido, pero, sobre todo, porque da idea de aquella Escuela, en muchos aspectos muy siniestra, del franquismo tardío, que nos tocó todavía vivir y a la que dimos lo mejor de nuestra vida, llenándola con mucho esfuerzo de una cultura que a nosotros se nos había, en gran medida, regateado.

Añado aquí una anécdota que me contó Ángel Colomina, y que supongo verdadera. Ángel era un profesor y arquitecto muy brillante, extraordinariamente inteligente; era de Oviedo, y años después se fue a Canarias a trabajar, de donde ya no volvió. Era y es muy amigo de Fernando Nanclares. En los primeros tiempos de Elementos de Composición de Antonio Fernández Alba, más o menos cuando yo fui alumno de ellos, Ángel era profesor, y por los extraños e irregulares modos de contrato de la Escuela él estuvo algún año nombrado y cobrando mucho, pues luego lo repartía con otros que no estaban nombrados. Un día que iba a cobrar al despacho de Josefina vio que también iba Ricardo Magdalena, que había sido profesor suyo y le había suspendido. Se puso delante de él en la cola de modo que pudiera ver la cantidad inmensa que cobraba cuando él se la guardaba con premeditada parsimonia. Luego, después de que se lo acabó de meter todo aparatosamente en el bolsillo y dijo: “¡Hombre, don Ricardo! ¿Qué tal? Ya ve, me he metido de profesor en la Escuela ¡y me estoy forrando!”. Le dejó de una pieza. Es muy divertido, y espero que sea verdad, pues la imaginación de Ángel siempre daba para mucho.

Décimo año

Después de que D´Ors tuvo la caradura de dimitir el día antes de su cese, por causa de una entrada de la policía a la que es muy probable que él mismo hubiera llamado, Arangoa estuvo una larga temporada de Director en funciones, en cuya etapa la más brillante gestión que se recuerda fue el enrejado de las ventanas de las clases que daban a las terrazas, para evitar que los estudiantes se asomaran a ellas y tiraran cosas a la policía. Hacia 1975, más o menos (quizá antes) cuando la muerte del ya ridículo y ancianísimo dictador, fue elegido Juan del Corro Gutiérrez, catedrático de matemáticas, Director de la Escuela. Corro había sido profesor mío en primero y segundo, y era bueno. Yo seguía su clase con asiduidad y aprobé siempre, incluso con nota. Era cuñado de los García-Lomas, y por ello, muy conocido de mi padre. Yo era amigo de su hijo Juan, que fue compañero mío de academia de dibujo con Gerardo Zaragoza, y tuve que ver como él aprobaba el Análisis de Formas el primer año, y por ser quien era, y yo debía repetir. Bien es cierto que él, percibiendo lo ridículo de la situación así me lo hizo notar a modo de disculpa.

Corro hizo Jefe de Estudios a Santiago Fernández Pirla, catedrático de arquitectura legal, y creo recordar que era Candel, catedrático de economía, el Secretario. Un trío –matemáticas, legal, economía- poco apropiado para dirigir la Escuela. Creo recordar que Corro fue a la vez Director de la Escuela y Decano del Colegio de Arquitectos. Al principio lo hicieron discretamente, pero, poco a poco, lo hicieron peor, y, sobre todo se resistieron a modernizar las estructuras de poder de la Escuela, fuertemente demandadas cuando ya eran los tiempos de la transición.

En tiempos de Corro yo tuve un conflicto con el jefe de bedeles, Luis, porque algunos estudiantes habían puesto en las estatuas de yeso que decoraban los vestíbulos algo de tipo antifranquista. Luis hizo las veces de Guardia Civil, quitó lo que habían hecho y los denunció. Lo vimos Ignacio de las Casas y yo, e increpamos al bedel diciéndole que no debía intervenir a favor de la ya, por otro lado, desaparecida dictadura, y que no pasaba nada porque se pusieran cosas en las estatuas. Luis nos increpó a su vez y nos dijo que nos iba a denunciar al Director, cosa que hizo. A mí me llamó Corro, pero no me riñó en absoluto; me dijo, por el contrario, que había reprendido al bedel por meterse con los profesores. Corro, en algunos casos muy puntuales o de detalle, estuvo a la altura de las circunstancias, o, por lo menos, era suficientemente clasista para hacer cosas así.

Pero la gestión de la Escuela iba de mal en peor. En realidad parece ser que la llevaba Pirla, que empezó a hacer reformas mentecatas en el edificio. La más simbólica fue la de quitar la gran placa de benefactores de la biblioteca del gran frente donde estaba para llevarla al pasillo anterior, donde quedaba fatal, y con el objeto de hacer una taquilla de atención para pedir libros desde el vestíbulo de la biblioteca. Pero esto, como digo, no era más que un símbolo; la Escuela iba muy mal, y, de otro lado, se demandaba el cambio de estructuras de dirección y gestión de la Escuela, en concreto la Junta de Escuela, o asamblea de representantes de todos los estamentos que, según muchos de nosotros, debía dirigirla. Se celebraron bastantes asambleas de profesores demandando estas cosas, a las que algunas veces iba Corro, a quien imprecábamos con nuestras peticiones.

Así las cosas, todos muy calientes porque las estructuras de poder escolar no se adecuaban a la transformación democrática del país, y por la mala gestión interna, se acabó tomando la decisión entre profesores y alumnos de echar a Corro y a su equipo de dirección. Esto fue hacia 1980. Así, por las buenas, y a la fuerza. Y como se dijo se hizo. Los estudiantes no les dejaron entrar más a la Escuela y les pidieron la dimisión. El edificio se ocupó de forma acrática, se llenó de pintadas, y los estudiantes, apoyados por una cantidad de profesores bastante significativa, se hicieron fuertes en el edificio y Corro no volvió a entrar ya nunca. Creo que los estudiantes, por otro lado, se pasaron bastante, en el sentido de que llamaban constantemente a su casa a decir groserías y lo tenían acosado.

La cosa se puso muy grave y el Ministerio decidió pactar llamando a algunos catedráticos para acordar un equipo de dirección que se hiciera cargo de la Escuela y la llevara a la normalidad. La asamblea de profesores y alumnos había elegido a Fernández Alba para proponerlo como director, cosa que el Ministerio aceptaba, pero él no quiso. Finalmente, entre escolares de los dos estamentos y el Ministerio se pactó una dirección provisional con Larrodera como director, Aroca como Jefe de Estudios y Navascués como secretario. Esto funcionó; el equipo formó una Junta de Escuela con representación de todos los estamentos y la Escuela tiró para delante.

No lejos de esta época se montó una huelga de estudiantes de Fin de Carrera para protestar por la, según ellos, gran cantidad de suspensos. Se encerraron en las vacaciones de Navidad en el pabellón nuevo y no salían de allí día y noche. Por cierto, Fisac, que nunca fue profesor de la Escuela, se solidarizó con ellos y estuvo allí animándolos. Fue esto un comportamiento intolerable por su parte, que a mí nunca se me olvidará como uno de los síntomas de cómo era en realidad este personaje, pues, en definitiva, los estudiantes estaban encerrados porque no aprobaban; esto es, porque no sabían hacer un proyecto fin de carrera decente, por mucho que a la propia Escuela se le pudiera, acaso, echar gran parte de la culpa, o de la causa, de aquella situación.

Un día de aquel conflicto estaba yo en el vestíbulo del bar discutiendo con un grupo de estudiantes, que habían sido alumnos míos de Elementos, y que se empeñaban en que si no sabían hacer bien un proyecto, la Escuela tenía la culpa, y, por ello, debería aprobarlos. Yo les decía que eso no era verdad, como probaba el hecho de los muchos que sí sabían y que pasaban sin problemas; pero que, además, la Escuela tenía dos misiones, una enseñar, y la otra, comprobar que se sabía para expender títulos que comportan atribuciones profesionales muy concretas, exclusivas y peligrosas, y que si cumplía mal la primera misión, no podía dimitir de la segunda.

Cuando estábamos enredados en esto, pasó Sáenz de Oíza a grandes zancadas. Oíza era precisamente uno de los miembros, el principal, podría decirse, del tribunal de fin de carrera, y los alumnos aprovecharon para increparle. Uno le dijo que habían calculado que en la última sesión el tribunal había gastado un minuto de tiempo corrigiendo cada proyecto. Oíza se volvió con extrema rapidez y le espetó.

“No es verdad. Si nos referimos concretamente al suyo, me bastaron cinco segundos para suspenderlo”.

Se dio la vuelta y se fue dejando al estudiante con un palmo de narices. Genio y figura.

Onceavo año

Después de echar a Corro, y dentro de las nuevas, y provisionales, estructuras de la Escuela, pasé a pertenecer a la Junta de Escuela, creo que se llamaba. Esto debía ser ya hacia el año 79 u 80, porque yo ya había leído la tesis doctoral, que hice sobre la arquitectura de Luis Moya Blanco, dirigida por Moneo.

La historia de mi tesis arranca de mi conocimiento de la Universidad Laboral de Gijón. Como Paco Partearroyo y yo, con Nieves Ruiz y Fernando Nanclares, trabajábamos algo para Asturias, íbamos algunas veces allí. Paco y yo hacíamos el doctorado y estábamos concretamente en un curso con Julio Vidaurre, y teníamos que hacerle un trabajo. A mí se me ocurrió que Paco hiciera un reportaje fotográfico sobre la Laboral, yo hacía el texto y lo presentamos como trabajo. A Julio le gustó mucho.

Carlos Sambricio era ya profesor de la Escuela y cuando se enteró de que yo había hecho un texto sobre la Laboral, me dijo que eso era importantísimo, y que él estaba haciendo otro sobre la arquitectura falangista, o no se qué, y que iba a proponer a Salvador Tarragó –que era el director de la revista rossiana “2C-Construcción de la ciudad”- que los publicara los dos. Llamó a Salvador y quedó con él en Madrid, en su casa, un domingo por la mañana. Yo llevé mi texto, las fotos de Paco –que eran un taco como de 150- y unas copias de planos de la Laboral, que yo tenía en casa, pues eran de mi padre.

Salvador miró y remiró todo durante mucho rato, y después dijo:

“Yo no puedo publicar esto”.

Y Sambricio:

“Pero, ¿qué dices? ¡No seas hortera! ¿Cómo no lo vas a publicar? ¿Es que no te gusta?” “Gustar, claro que me gusta. Esto es una lección de arquitectura impresionante. Pero, si a mí en Barcelona me llaman fascista por publicar a Rossi, si publico esto me fusilan. Esto podría publicarlo una revista ecléctica, como Arquitecturas bis, por ejemplo.”

Total, que nos fuimos con el rabo entre las piernas. Yo, dándole vueltas en mi casa, y ya a la semana siguiente, pensé:

“¡Claro! ¡Arquitecturas bis! Voy a llamar a Moneo a ver si le interesa”.

Yo vivía entonces en casa de mi madre, ya viuda, y con mi hermano Emilio. El sábado siguiente a la reunión con Tarragó, después de comer, llamé a casa de Moneo. Se puso. Le dije:

“Oye, mira, Rafa, es que he escrito un texto sobre la Universidad Laboral de Gijón, de Luis Moya, y quizá os interesara para Arquitecturas bis”.

Al otro lado se oyó un profundo silencio que duró algunos segundos. Y luego:

“¿Dices que un artículo sobre la Universidad Laboral de Gijón, de Luis Moya? ¿Y quién dices que lo ha escrito?” “Yo; lo he escrito yo” “¿Qué tú has escrito un artículo….? ¡Pues claro que me interesa, me interesa muchísimo! ¿Por qué no te vienes a casa a tomar café?” “¿Ahora?” “Sí, ahora mismo, si puedes…” “Vale, voy. Lo que tarde.”

Cogí el coche y me fui a casa de Rafa. Creo recordar que vivía todavía en su primera casa de El Viso, en la calle Oria, que no era exactamente la colonia, casi enfrente de Dionisio Hernández Gil. Me llevé el texto, el taco de fotos y la carpeta de planos. El lo miró todo y luego dijo que se quedaba con el texto y con las fotos, y que el lunes en Barcelona, que tenían comida de redacción, lo presentaría.

“Cuando vuelva ya te llamo”.

Y así quedó la cosa, con satisfacción por mi parte.

El caso es que llegó el jueves y Moneo no me había llamado. Yo sabía que volvía siempre el miércoles, por lo que estaba un poco mosqueado. Pero me daba un poco de corte llamarlo, por lo que decidí llamar a Ignacio Solá-Morales, con el que yo tenía ya amistad, para ver si sabía él algo. Esto es, consciente yo, como hombre de la capital, de que Barcelona es un pueblo. Le llamé y di en el blanco. Me dijo:

“Pues, mira, sí, porque yo, que les estoy haciendo una cosa ahora, fui precisamente a la comida del lunes. Llegó Rafa, y en un momento dado sacó el texto y las fotos, todo el mundo se puso a mirarlas, y enseguida dijo Oriol:

“Claro es que esta revista es para publicar a los fachas de Madrid. Ya hemos publicado esas casas de Cano Lasso, y ahora ya, vamos a por Moya.”

Moneo saltó:

“Pero Oriol, es que no entiendes nada,…”,

y se pusieron a discutir violentamente. Todos nos hartamos enseguida de la discusión, menos Federico Correa, que sin hacerles caso, miraba lenta y sosegadamente tu colección de fotos. Por fin se cansaron, y al ver Oriol que Federico seguía con las fotos, le dijo.

“Y tú Federico ¿qué opinas?”

Y él dijo:

“Yo ya conocía esta obra, pues hace años, un verano y desde Comillas, me acerqué a verla. Y es una obra fantástica, creo yo. A mí me interesa mucho.”

Oriol se quedó callado, pero, más o menos, se decidió que se publicaría.

Yo, después de estos datos, llamé a Rafa, que me citó en su estudio. Dijo que había leído el texto; que estaba bien, pero que tenía que pulirlo un poco todavía, y que cuando tuviera la versión definitiva se lo volviera a dar con una colección de fotos elegidas a propósito. Así lo hice. Tardó tiempo en publicarse, porque recuerdo que todo esto era en 1975, año de la muerte del dictador, y no se publicó hasta 1976, en el número 12 de la revista. Yo le había puesto el título de “Sobre la construcción de una ciudad ideal”, pero ellos se lo cambiaron por “La universidad laboral de Gijón o el poder de las arquitecturas”, como réplica al título del artículo anterior, que hacía de acompañante y que se llamaba “Ideología y lenguaje en las arquitecturas del poder”, escrito por Helio Piñón, y que estaba bien, pero sin dejar de manejar algunos de los tópicos al uso.

Lo cierto es que, después de esto, y sabiendo Moneo que yo, como profesor, estaba haciendo el doctorado y necesitaba hacer una tesis, me dijo:

“Y ¿por qué no haces la tesis sobre la arquitectura de Moya?”.

Yo le respondí.

“Si me la diriges tu, sí”.

El dijo que sí, que me la dirigía, y yo la presenté y me lancé. Se lo dije a Moya, que le pareció muy exagerado, pero puso a mi disposición el archivo de su estudio, que entonces ya no funcionaba; apenas estaba allí. Yo me metí allí a fondo, fotografié y copié muchos de sus planos y dibujos, localicé sus artículos y las publicaciones de sus obras, visité muchas de éstas y fui a Gijón repetidas veces, incluso para bucear en un archivo de planos –de copias- que había allí, procedente de la obra.

Decidí hacer la tesis fundamentalmente sobre la obra historicista y, también, que la iba a dividir en dos partes. Una, la teoría que se deducía de sus escritos, que eran bastantes, y que yo iba a ordenar, casi al modo de un evangelista, y a glosar, más que a criticar. Y otra, compuesta por el análisis de las obras, que iban a ser las más importantes desde el “Sueño Arquitectónico” hasta la Laboral. La entregué y leí en 1979. El tribunal lo presidía Antonio Fernández Alba, y estaba compuesto también por Antonio Bonet Correa, Ignacio de Solá-Morales, Carlos Sambricio y Rafael Moneo, pues entonces el director formaba parte del tribunal. Me pusieron sobresaliente por unanimidad, que era el equivalente al “cum Laude”, pues esa nota no existía entonces en las Escuelas Técnicas. Llevé a comer al tribunal y a algún amigo al restaurante “Pepe Botella”, que estaba en la plaza del Dos de Mayo. Yo había dejado de ser novio de Julia Alonso-Martínez; quizá el rollo de la tesis, siempre tan duro, nos había envenenado. La tesis, que me había costado mucho esfuerzo, la publicó el Colegio de Arquitectos en 1981 en forma de libro con el título La arquitectura de Luis Moya Blanco. Muchos años después, cuando trabajé en Bellas Artes a las órdenes de Dionisio Hernández Gil, éste me dijo que un día había aparecido Adolfo López Durán por su casa con mi libro debajo del brazo y le había dicho.

“¡Mira, mira, lo que a nosotros nos parecía muy bien y a vosotros no, ahora lo valoran!”

Sin duda se refería a discusiones en la Escuela sobre la modernización de la enseñanza cuando Dionisio y Moneo fueron profesores de Análisis. Lo cierto es que, como yo pensaba, la gran personalidad de Moya, capaz de escribir defendiendo la arquitectura clásica y atacando la moderna, y capaz de hacer arquitectura clasicista no convencional, era casi la única base de la ideología arquitectónica conservadora en el franquismo. Sin Moya se hubieran quedado simplemente en pelota.

Luis Moya había dejado de pertenecer a la Escuela en 1971 o 1972, para dar clase en la Escuela de Pamplona, del Opus Dei. Los de Pamplona lo engancharon porque D´Ors se había inventado una historia con los profesores “mayores” (Moya, Cámara,..), que era nombrarles “supernumerarios”. Lo que hizo fue, en definitiva, quitarles las clases e invitarles a la jubilación anticipada. Moya, como le llamaron de Pamplona, se fue, y allí estuvo bastantes años.

Lo cuento porque Moya añadió la Escuela de Pamplona a la lista de sus benefactores, entonces compuesta tan sólo por los Marianistas, a cuyo Colegio (El Pilar) había ido y que fueron unos de sus más importantes clientes. Por ello decidió dividir en dos el legado de su biblioteca, una parte para la Escuela de Pamplona y otra para el Colegio Mayor Chaminade, obra suya, y de los Marianistas. Supongo que con la Escuela de Madrid, de la que había sido tanto tiempo profesor –uno de los más ilustres- y que al final le había dado una bofetada, no quería saber nada.

Pero, en fin, mi tesis significó en alguna medida una cierta reconciliación con la Escuela y, así, Antonio Fernández Alba –jefe mío y que fue presidente del tribunal de tesis- se puso en contacto con Moya –yo sabía que éste, de hecho, lo respetaba mucho, y la prueba fue su voto en la oposición de Elementos- y le pidió que dejara a la Escuela de Madrid su documentación profesional; sus planos y dibujos, vaya, y lo que a él le pareciera conveniente. A Moya le pareció bien, y así quedó convenido.

Un buen día Moya me llamó a mí y me dijo que había vendido el estudio, por lo que había que llevarse su material a la Escuela con urgencia. Yo no sabía que hacer, así que llamé a Javier Ortega y le pedí el favor de que me ayudara a llevarlo en mi propio coche. Así lo hicimos, en varios viajes, y lo dejamos depositado y completamente desordenado en la biblioteca. Cuando lo estábamos recogiendo, Moya me dijo que antes de que lo metiéramos todo en la Escuela yo debería elegir un dibujo para mí. Me pareció estupendo, y después de mucho pensar elegí el plano de la fachada definitiva de San Agustín, que había decidido ya como portada del libro de mi tesis. En medio de la elección, me dijo.

“La verdad es que deberías de elegir 2. Qué menos, después de tu esfuerzo”.

Entonces cogí también la axonometría seccionada de la pirámide del “Sueño arquitectónico”. Él, al ver la elección, comentó:

“¡Qué técnicos!”.

No sé si era una cierta decepción porque yo no los hubiera elegido más “artísticos”. Luego subió a su casa y bajó con otro dibujo de la fachada de San Agustín, uno de una versión anterior a la definitiva, más pequeño y bastante bonito. Y me dijo:

“Mira, recordaba que éste lo tenía en casa, Quédatelo tú también”.

Así que tengo tres muy buenos dibujos de Moya, regalados por él mismo.

Luis Moya era un hombre con una cabeza muy singular –el decía que de indio, por su ascendencia mejicana-, de estatura media y con gafas, pues era extremadamente miope. Cuando yo le conocí apenas veía; me aclaró que a mi me conocía por la voz. Era amable y muy buen charlista, extremadamente culto y con bastante sentido crítico. Cuando ya se relajó conmigo –pues al principio desconfiaba- pasamos muchas tardes hablando de muchísimas cosas, aunque solía ser el quien lo contaba casi todo. Su mujer, Conchita Pérez Masegosa era una mujer muy singular, poco sociable y muy crítica, y que a mí me tomó mucho apreció por mi dedicación a la obra de su marido. Me llamaba Cristóbal Colón; es decir, el descubridor. Ambos fueron a mi boda cuando Chinina y yo nos casamos en San Agustín, su Iglesia. El cura –que era un jesuita amigo- habló de el en la homilía.

Luego Javier García-Gutiérez Mosteiro hizo otra tesis sobre Luis Moya, esta vez sobre Moya como dibujante, en todos sus aspectos, y logró organizar algo el legado que Javier Ortega y yo habíamos dejado caóticamente en la Biblioteca. Descubrió muchos dibujos, que yo ni siquiera conocía, y que justificaban quizá el comentario de Luis cuando mi elección. Después organizamos algunas exposiciones. Una fue para el Colegio de Arquitectos, otra para Gijón, más completa, en el edificio del Real Instituto de Jovellanos. Otra, casi igual que ésta, fue para la Academia española de Bellas Artes en Roma, hecha cuando Ricardo Aroca era el director de la Escuela, y a quien le había pedido Felipe Garín, entonces director de la Academia, que le hiciéramos algo. De aquélla fuimos a Roma, a inaugurar la exposición, Aroca, Hernández León (que era entonces el Jefe de Estudios) y Mosteiro y yo, que la habíamos montado. En la Academia de Roma, los dibujos de Moya quedaban espléndidos, y los romanos que los veían los encontraban tan naturales como magníficos.

Con todas estas cosas, el legado de Moya se iba ordenando, y lo que se exponía se guardaba ya enmarcado. La ordenación más fuerte fue, sin embargo, posterior, con motivo de una última exposición, que yo propuse a Gerardo Mingo, dentro de la serie que hacía la dirección general de Arquitectura en las arquerías. La hicimos Mosteiro y yo como comisarios y documentalistas y mis socias, Consuelo Martorell –mi mujer- y Mónica Alberola como diseñadoras. Se encargó una gran serie de fotografías nuevas al fotógrafo, arquitecto y profesor de la Escuela Eduardo Sánchez. La exposición quedó muy bien, tuvo bastante éxito y se hizo un magnífico catálogo, cuyos textos escribimos casi solos –se añadieron solamente unos textos complementarios de Luis Moya González y Juan Moya Arderíus- Mosteiro y yo. A raíz del legado la Escuela de Arquitectura dedicó un aula a Moya, donde se puso una placa.

Doceavo año

El caso es que, ya doctor, Antonio Fernández Alba me propuso que cubriera la plaza de Adjunto Interino de Dibujo Técnico, no para dar clase allí, sino para seguir con Elementos de Composición, y que mejorase de nombramiento. Julio Vidaurre se quedaba tranquilo porque, como no tenía doctores, no se le metía nadie que no le interesara. Lo pedí, me lo dieron, y seguí dando clase en Elementos, aunque ayudé también puntualmente a Julio.

Pero volvamos ahora a la Junta de Escuela (a la revolucionaria o provisional, a la que yo pertenecía) y al año 1980. Yo estaba pensando que, a pesar de mi historial, no hacia nada en Elementos, pues había catedrático –Antonio-, agregado –Juan Navarro- y adjunto –Manolo Casas-. Para la carrera académica en Elementos no había porvenir, y yo, decididamente, quería hacer la carrera académica. La profesión estaba fatal y había muchas cosas que me desagradaban.

Así que me fijé en que lo que estaba vacante y sin ningún numerario era la antigua cátedra de D´Ors, la de Composición II, que era teoría, ocupada como encargado por Miguel Durán Lóriga. Me empecé a encandilar con esta idea y, de hecho, me apunté a una oposición al cuerpo de adjuntos para esta asignatura. Luego me acordé de Moneo y pensé que, a la vuelta de unos años, y harto de Barcelona, se acabaría presentando a esta cátedra, que le iba como anillo al dedo. Así que decidí que le iba a liar yo mismo. Mejor ser el adjunto de Moneo que encandilarme yo con la cátedra y que me la pisara él. Un día me fui a verle y le pregunté que qué tal le parecería dar en Madrid esta asignatura como Catedrático Interino. Me dijo que podría ser y que si había posibilidades. Yo le dije que sí, y que de hecho pensaba plantearlo en la Escuela.

Y lo planteé en la Junta de Escuela. Dije que ya había hablado con Moneo y que estaba de acuerdo. Así que la Junta aprobó proponerle como Encargado de Cátedra, pero para eso tenía que dimitir Miguel Durán. Larrodera –director provisional entonces; luego lo fue efectivo- quedó en hablar con él y pedirle la retirada. En la siguiente Junta Larrodera nos informó que Durán se negaba a dimitir; que se había enterado de cómo funcionaba el asunto y que para destituirle era preciso declarar previamente su “incapacidad pedagógica”. La verdad es que yo tenía testimonios muy siniestros de cómo daba clase este señor, por lo que no dudé en apoyar esta declaración, que se aprobó en la Junta por mayoría, y se hizo efectiva, a pesar de lo violento que todo aquello le resultaba a Larrodera. Se hizo así, se le destituyó y se le dijo a Moneo que solicitara el nombramiento. Lo hizo, le nombraron, y dio clase con gran éxito más o menos desde 1981 hasta 1985 en que se fue de Decano a Harvard.

Recuerdo una reunión un día, no sé de qué, en la que estábamos Carlos Sambricio y yo, con Manuel Castañs y Antonio Fernández Alba. Carlos Sambricio sacó el tema de Harvard y Moneo, sin ninguna duda para ver que decía Alba. Y éste dijo:

“Pero, Carlos, ¿tú, de verdad, quieres ir a Harvard, porque eso es una tontería, se consigue fácil….”

Carlos dijo

“Mira, Antonio, para mí Harvard es como Hollywood para una rubia tetuda…”.

Manuel Castañs se moría de risa.

Pero sigamos con lo importante. Cuando Moneo sentó la plaza, Antonio Fernández Alba propuso que a mí, que estaba inscrito en las oposiciones a adjunto de Composición, que se me nombrara ya interino de esa asignatura y que trabajara en ella con Moneo. Yo dije que bueno, pero volvimos a tropezar con el interino, que era interina, Maria Victoria Gutiérrez Guitián, que tampoco quiso dimitir. Ya que se había forzado a Durán pensaron en forzar también esta destitución, que era más fácil, pero yo no quise. Seguí en Elementos y fui preparando la oposición a la adjuntía.

Yo era ya entonces adjunto interino de Elementos, porque Manolo Casas, el adjunto titular, con el que yo trabajaba al alimón, se había ido. Había sentado la plaza de Jefe de la Inspección de Monumentos de la Dirección General de Bellas Artes, sucediendo a Dionisio Hernández Gil, que había sido nombrado Subdirector General de Restauración por Javier Tusell, que era entonces el Director General (con UCD y el gobierno de Suárez), y que había creado esa subdirección para Dionisio y para que pudiera continuar con ese puesto el impulso y la modernización de la restauración oficial de monumentos que había iniciado. Estando ya Manolo de Jefe de la Inspección, ya en el año 1980, me encargó hacer obras en la Catedral de Oviedo, y luego alguna otra, con las que yo empecé una cierta carrera como arquitecto restaurador. Hacia esa época empecé a salir con Consuelo Martorell Aroca, una de las chicas más guapas que habían pisado la Escuela, si no la que más, encantadora y simpática, y que fue mi alumna en Elementos. El 3 de julio de 1981 nos casamos.

Juan Daniel Fullaondo había vuelto a la Escuela y lo pusieron de adjunto de Sáenz de Oíza, y era el único que lo llamaba de usted. Era muy celoso de la fama de Moneo y, aunque teóricos amigos, hablaba muy mal de él. Le sentó fatal que llamáramos a Moneo para ser catedrático interino de Composición, en vez de a él. Los profesores más famosos y queridos por los estudiantes del grupo de Oíza eran Gabriel Ruiz Cabrero, Javier Vellés y Alfonso Valdés. En algunas temporadas Fullaondo acaudilló la envidia hacia estos profesores, y entre todos los otros les bajaban las notas a sus alumnos. Un curso, después de una indecente bajada de notas, yo me cabreé, pues había visto los ejercicios, que eran muy brillantes, algunos de antiguos alumnos míos, y montamos una exposición –la verdad es que no recuerdo como se iniciaron los contactos- en la Galería Ynguanzo, que era de la marquesa viuda de Santa Cruz de Ynguanzo, un título asturiano, y una señora que tenía dos hijos en arquitectura y que estaba interesada en hacer alguna exposición de ese tipo. Reunimos una pandilla de profesores y de estudiantes, y algunos pintores amigos, como Guillermo Pérez Villalta y Carlos Forns; expusimos los ejercicios de los estudiantes y cosas nuestras. Cuando se inauguró, el éxito de público fue asombroso, no se cabía en la galería, por supuesto, pero casi ni en la calle de Antonio Maura. Esta exposición tuvo cierto eco, se paseó por algunas escuelas de arquitectura y alguna otra galería y salió en algunas revistas modernas de la época –era 1980-, lo que nos hizo ingresar en la “movida madrileña” como el grupo de arquitectos de aquel rollo. De todo ello quedó también un libro, Arquitecturas Modernas, editado por ProNaos y pagado por la Subdirección General de Artes Plásticas del Ministerio de Cultura, a la que pedimos una beca.

Bastante años antes –cuando, en los 70, sacábamos la Escuela adelante como podíamos- habíamos hecho una pandilla de 7 –Manuel de las Casas, Carlos Sambricio, Gabriel Ruiz Cabrero, Javier Vellés, Alfonso Valdés, Javier Frechilla y yo-, y la habíamos forzado, para consolidar una amistad incipiente que teníamos de la Escuela. Decidimos cenar juntos todos los viernes, un día en casa de cada uno, y con las mujeres y novias. Decíamos que teníamos una Logia masónica, y lo pasábamos fantástico. En la Escuela, envidiosos, otros profesores, le llamaban “la mafia”. Si fue o no una mafia, quizá más o menos funcionó, pues cinco llegamos a catedráticos, todos menos Javier Vellés, que se fue de la Escuela, y Alfonso Valdés, que entró en una cierta decadencia, le echaron luego como profesor, pues seguía de asociado después de muchos años, y luego de algunas tristes peripecias murió prematuramente. La Logia duró unos años, y luego se fue diluyendo. Gabriel, Javier Vellés y yo montamos una nueva pandilla, con Antonio Riviére y con otros más jóvenes que habían sido alumnos nuestros: Cristóbal Bellver, Pedro Miralles, Pedro Feduchi, Luis Moreno, Álvaro Soto, Sigfrido Martín Begué y Consuelo Martorell. Estaban, claro, otras mujeres y novias, y algunas otras chicas que no eran arquitectos, como Selina Blasco, amiga de Pedro Feduchi y que luego se casó con él, y Paloma Canivet. Íbamos todos los viernes al bar Chicote, que entonces estaba en total decadencia, y luego cenábamos por ahí o en casa de alguien. Esto duró también unos años, lo pasamos muy bien y las amistades se consolidaron mucho. Ha habido otras dos bajas, pues Cristóbal Bellver y Pedro Miralles, los dos valencianos, murieron muy prematuramente.

Decimotercer año

En aquellos tiempos llevaban la revista Arquitectura, la del Colegio, Jerónimo Junquera y Estanislao Pérez Pita. Yo había colaborado a veces con ellos, y también lo habían hecho Carlos Sambricio, Javier Frechilla, Gabriel Ruiz Cabrero, Alfonso Valdés, Mayte Muñoz y Juan Antonio Cortés. Cuando llegó el nuevo concurso de la revista por parte del Colegio, y en vista de que los siete habíamos colaborado ya tanto con ellos, les propusimos presentarnos todos juntos. Ellos no quisieron, porque entonces nosotros seríamos mayoría, lo cual era absurdo pues los siete no presentábamos ningún monolitismo. El caso es que les dijimos que entonces nosotros nos presentaríamos solos, como así hicimos. El Decano del Colegio era Larrodera, al mismo tiempo que era, creo recordar, el director de la Escuela. A mí y a Frechilla nos conocía y estimaba bastante, por lo que teníamos esa baza. Pero nadie se animaba a ser el director. Yo hablé con el que entonces era mi cuñado, Manuel Vega, periodista y fundador de bastantes revistas, para ver si se animaba a ir con nosotros, y me dijo que sí. Yo animé a mi vez a Gabriel y a Javier a presentarse conmigo de directores y a proponer a los otros cuatro como consejeros de redacción. Así lo hicimos y ganamos el concurso. Estuvimos en la revista hasta el año 86, después de haber ganado un nuevo concurso en el 82. Mi cuñado Manolo nos lo montó todo, pero al año dijo que se iba. Lo sustituimos con Juan Paz Canalejo, arquitecto y amigo nuestro, que estuvo hasta el final. También tuvimos algunas temporadas a Macarena Grande, Ramón Guerra y Luis Moreno Mansilla. Hicimos una revista que fue muy pedagógica –éramos todos profesores- y también muy popular. Entonces había pocas y tuvimos gran éxito. Eso sí, en 1986, cuando la hacíamos mejor, el Colegio no nos renovó el concurso, así que nos fuimos por donde habíamos venido.

En los años en que empezábamos en la revista Arquitectura, Alberto Campo estuvo muy activo en la Escuela y –creo recordar que con la ayuda del Colegio- trajo a algunas personalidades a dar conferencias. Recuerdo a Siza, Mario Botta, Richard Meier, Vittorio de Feo, Mario Galdensonas, etc. Se celebraban charlas y sesiones críticas. Yo era entonces un crítico en alza, y así era perejil obligado de todas estas salsas.

A finales de 1982, cuando Moneo daba clase de Composición II con la ayuda de Juan Antonio Cortés, José Barbeito y María Victoria Gutiérrez Guitián, se celebró la oposición a la adjuntía con dos plazas para el cuerpo y de esa asignatura, es decir a lo que yo estaba inscrito. Se presentaron conmigo la citada María Victoria (Mariví) y Emilio Jiménez Julián, un valenciano. En el tribunal estaban Fernando Chueca Goitia de Presidente, y además Ignacio de Solá Morales, Jaime López de Asiaín y los dos hermanos Trillo de Leyva, Manuel y Juan Luis. La oposición era un primer ejercicio de autobombo y programa, en el que echaron a Mariví, otro segundo de tres lecciones de tu programa sacadas al sorteo, del que el tribunal elegía una, que habías de desarrollar por escrito y luego leer, y un tercero práctico, en el que nos pusieron hacer un arreglo de la plaza de las Comendadoras. En la presentación del ejercicio práctico había mucha gente, estaba Moneo, y estaba también Manolo Casas que había llevado a Dionisio. Eso me vino bien ante el tribunal –ante Chueca- pues se suponía que el público iba por mí. Me dieron la primera plaza y a Emilio la segunda. Al principio te sentaban provisionalmente en la plaza, que luego tenías que ocupar por concurso de acceso. A nosotros nos sentó en la plaza una disposición de la L.R.U. de 1984, que nos cambió de Adjuntos a Titulares. Era peor, pero con mejor nombre.

Yo no empecé a dar clase –y, así, nunca la di con Moneo-, pues a consecuencia de la ascensión al poder del PSOE con el gobierno de Felipe González, a Antonio Vázquez de Castro, catedrático de la Escuela, le nombraron Director General de Arquitectura, y propuso a Manolo Casas que dejase la Inspección de Monumentos para pasarse con él de Subdirector General. Manolo aceptó y me recomendó a mí para la Inspección. Dionisio me lo propuso y allá fui. Era Director General de Bellas Artes Manuel Fernández-Miranda, un catedrático de arqueología gijonés, sobrino de don Torcuato, algo mayor que yo y muy inteligente y simpático. Murió años después prematuramente. El Ministro era Javier Solana y el Subsecretario, Ignacio Quintana, un ovetense, también inteligente y simpático.

Tuve que pedir la comisión de servicio a D. Paco Sáenz de Oíza, que era entonces el director de la Escuela, con el que yo tenía el privilegio de tener cierta amistad, y que la informó positivamente, claro está, pero lo hizo rezongando y diciéndome que no le apetecía nada que me fuera de la Escuela. Esto me halagó, claro, viniendo de él, pero le dije que tampoco sería mucho tiempo.

En Bellas Artes encontré –ya lo sabía- a algunos arquitectos bastante conocidos por mí, la mayor parte de ellos profesores de la Escuela, tales como Antonio Almagro, Carlos Baztán, Amparo Berrinches, Alberto Humanes y José Miguel Merino de Cáceres. Yo fui así el Inspector General de Monumentos del Estado, según la Ley de 1933, y de 1983 a 1985, el último antes de las transferencias a las Comunidades Autónomas y de la nueva Ley del Patrimonio Histórico. Allí lo pasé bien, aunque también mal algunas veces, aprendí mucho y me encargaron la restauración y la terminación del Museo de América, de Luis Moya, trabajo que hice primero de oficio y luego como profesional libre cuando volví a la Escuela. Compatibilicé este puesto con la dirección de la revista Arquitectura, y en él fui haciendo un trabajo de investigación que acabó convirtiéndose en un libro que ha tenido bastante éxito: “Metamorfosis de monumentos y teorías de la restauración”, que fue publicado por Alianza Forma.

En 1985 el Ministro Solana hizo aprobar por el parlamento la nueva Ley del Patrimonio Histórico Español y fue celebrando las transferencias a las regiones, por lo que la Inspección se quedó casi sin contenido. Además, Dionisio Hernández Gil había sido nombrado Director General después de Fernández-Miranda –yo fui una temporada subdirector general en funciones- y creó el Instituto Español del Patrimonio Histórico, nombrando a Antonio Fernández Alba como Director. A mí me dijo que si quería que me quedara, pero yo se lo agradecí y volví a la Escuela.

Allí me incorporé a la cátedra de Composición II, que llevaba Juan Antonio Cortés como Encargado, pues había resultado ser Profesor Titular al haber aprobado las pruebas de idoneidad que hizo la L.R.U. Seguían con él Pepe Barbeito y Mariví. Era Larrodera el director de la Escuela –ahora ya no provisional- y me propuso ser yo el Encargado de la cátedra. Yo le dije que no, porque quería estar en dedicación no completa para ser más libre con la revista Arquitectura y tampoco me gustaba pasar por encima de Juan Antonio, aunque él creo que de este gesto mío nunca se enteró.

Luego hicieron profesor asociado de la asignatura a Bernardo Ynzenga, al que yo sólo conocía de vista, y a Juan Antonio le sentó mal, pues era mayor que nosotros y sin experiencia de dar la asignatura tal y como se daba –algo fundado por Moneo- y le condenó a dar comentario de textos en ambos grupos, cosa que Bernardo hizo con alegría y eficacia. De aquélla nos hicimos amigos. El programa principal lo dábamos Juan Antonio y yo, cada uno el suyo y a los dos grupos. Por la tarde lo daban Barbeito, que doblaba a Juan Antonio, y Mariví, que me doblaba a mí. Bernardo daba los comentarios de textos sobre los libros recomendados de los dos programas. Lo hicimos durante dos cursos, al menos, y funcionó bien. Hay testimonios de algunas publicaciones que preparamos.

Moneo, como dije, se había ida a Harvard, donde ya había sido profesor, contratado como Decano de la Facultad. Una temporada antes de irse me llamó para vernos y charlar, y nos fuimos andando por la Castellana hasta la Estación de Atocha, donde a él le apetecía mirar el hueco que habría de rellenar con su proyecto. Allí me contó lo de Harvard, diciéndome que, después de su familia, me lo decía a mí antes que a nadie, y que lo hacía porque la cátedra iba a salir a oposición y él ya, con lo de Harvard, no se iba a presentar. Así, que debía prepararme.

En efecto, salió la oposición a cátedra, y no una, sino 2 plazas. Lo que había ocurrido es que Juan Miguel Hernández León, que se había presentado y ganado una adjuntía de Estética y Composición, como aspiraba lógicamente a cátedra, había presionado a Adolfo Amézqueta para que saliera una plaza. Amézqueta, que se había ido a Sevilla como catedrático de Análisis de Formas, había recuperado su situación en Madrid presentándose a la cátedra de Estética, que había ganado. Después de la L.R.U., el departamento de Composición reunía las asignaturas de Estética, Composición, Historia del Arte e Historia de la Arquitectura. También algo de Análisis de Formas, pues Helena Iglesias y su marido habían maniobrado para conseguir esta cosa absurda, ya que Análisis es dibujo y tendría que estar en otro Departamento, y así estar juntos y dominar el cotarro. Helena había sido catedrática de Valladolid, de Análisis de Formas, por oposición, y de Madrid por concurso de traslado. Después de esta maniobra, que permitieron la Escuela y el Ministerio no se sabe porqué, dominaban el Departamento y Adolfo era el director. Juan Miguel le dijo a Amézqueta que sacara la cátedra de Composición, para no competir con él si era de Estética, y le convenció para que pidiera dos plazas. Él mismo me dijo a mí, que sabiendo que yo me iba a presentar, logró que salieran dos, una para él y otra para mí.

El caso es que nos inscribimos a las plazas y también lo hizo Juan Antonio Cortés, que no podía presentarse porque no tenía la antigüedad suficiente, pero que pidió al Consejo de Universidades la exención que preveía la ley, y que tenía que tener concedida, en todo caso, cuando se celebrara la oposición. También se inscribió Miguel Ángel Baldellou, que no era siquiera titular y que también necesitaba la exención.

Amézqueta, que era el presidente del tribunal nombrado por el Departamento –o sea, autonombrado; el secretario era Pedro Navascués- se negó a celebrar las 2 plazas a la vez y las separó, inexplicablemente, aunque luego supimos porque era. Así que tenían que celebrarse por separado. Eran tiempos de oposiciones, a causa del impulso que la L.R.U. les había dado, y también se presentaba Carlos Sambricio, que ya era adjunto, a la de Historia de la Arquitectura. A ésta se presentaba también Navascués, que ya era catedrático de Historia del Arte, no se sabe porqué, aunque después se supo: Navascués le había dicho a Chueca que quería ser académico de Bellas Artes, y éste le dijo que entonces lo mejor era que fuera el catedrático de Historia de la Arquitectura. Lo cierto es que no logró serlo y luego, sin embargo, le hicieron académico. El clan Chueca era más fuerte que las convenciones.

La oposición a Historia de la Arquitectura fue antes que la nuestra. No recuerdo bien el tribunal. Sé que estaba Ignacio de Solá-Morales, Helena Iglesias y un valenciano del que se me ha olvidado el nombre; no recuerdo más. Fue muy reñida y, finalmente, ganó Carlos. En el último ejercicio, y actuando Navascués, yo me senté al lado de Carlos. Navascués dijo no se qué que a Carlos le sentó fatal, y éste empezó a hacer ruido con el asiento. Su mujer, que estaba detrás de nosotros, le dijo que saliera del aula, que no podía montar números, y Carlos se fue. Estaba Chueca en la sala, que debía estar en mal sitio, porque al ver que quedaba libre el asiento de Carlos, se cambió él, no sé si porque me vió y tenía ganas de hacer comentarios. El caso es que me hizo bastantes, y como estábamos en primera fila y él debía de estar un poco sordo, los hacía en voz alta y todo el mundo le miraba. Navascués hablaba, creo que del siglo XVIII, como comiéndole el terreno a Sambricio, y no ponía imágenes. Y Chueca, después de un rato, dijo: “¡Qué oposición más aburrida! No hay diapositivas…”, en voz alta, y yo le dije, más bajito –no sé si lo oyó-, “Sí, don Fernando, pero fíjese que es su candidato”. Porque se sabía bien que Chueca apoyaba a Navascués y no a Carlos. El caso es que Carlos salió. Navascués cogió un tremendo rebote y ya se envenenó para nuestra oposición.

Se celebró la primera plaza nuestra. A Juan Antonio le habían concedido la exención, por lo que también se presentó. El tribunal eran Amézqueta, Navascués, López Aisiaín, y otros dos que no recuerdo. No estaba Helena Iglesias, que actuaba entre bastidores. Los tres lo hicimos bastante bien. Yo creo que lo hice bastante mejor, aunque esto no sea más que una opinión sin valor al proceder de mí mismo, pero tenía –y esto ya es más objetivo- muchos más méritos que ellos. Además presenté para el segundo ejercicio una investigación –lo que luego fue el libro Metamorfosis de monumentos y teorías de la restauración– que era muy interesante y muy elaborada. No obstante, que le dieran la plaza a Juan Miguel, ni me molestó ni me sorprendió. No era mal candidato, era amigo de la pandilla y quedaba todavía otra plaza.

Se celebró luego la segunda plaza. Seguían estando Amézqueta y Navascués en el tribunal, y también López Aisiaín, que era por sorteo y que volvió a salir. Estaban además el ínclito Rafael Manzano y una catedrática de Valencia desconocida que se llamaba Violeta Montoliu. La sorpresa fue que se presentó Baldellou, que había recibido la exención, y ya entendimos lo de las plazas separadas: estaban esperando, estirando el plazo, para que le diera tiempo a Baldellou a presentarse. Por cierto que estaba también inscrito a la cátedra de Historia del Arte, pero nos contaron que hubo un pacto, se la dieron a Antonio Ruiz –muy buen profesor- porque a Baldellou le habían prometido la segunda plaza de Composición. Baldellou, aunque es mayor que yo, había hecho el doctorado hacía muy poco, y no sé si no era titular cuando se presentó a cátedra o si lo era, en todo caso, desde hacía muy poco tiempo.

Juan Antonio y yo lo hicimos igual. O sea, muy bien; yo, creo honestamente, que mejor, y seguía teniendo mejor currículum y mejor investigación. Baldellou lo hizo muy mal. Se notaba que el proyecto docente era para Historia del Arte, o para las dos cosas a la vez. El proyecto de investigación, sobre Velázquez Bosco, lo hizo fatal; tenía hasta desordenadas las diapositivas. Recuerdo que, al acabar, Leopoldo Uría, que entonces estaba de subdirector general en el Instituto a las órdenes de Fernández Alba, me dijo que lo había hecho muy bien y el otro muy mal, así que había ganado. Yo le dije que no; que ya había entendido que yo no iba a ganar de ninguna manera.

Y así fue. Ganó Baldellou, con gran escándalo del público, que le montó un pollo al tribunal, como si fuera en el franquismo. Lo más divertido fue que Jose Luis Rodríguez-Noriega le llamo chorizo y fascista a Amézqueta, que se extrañaba y escandalizaba porque se cree ¡rojo! ¡Ja! Simón Marchán, indignado, me vino a decir que esto no tenía remedio, pero que la investigación que había hecho era estupenda y que la tenía que publicar, y me puso en contacto con Alianza Forma, cuyo director era Fernando Villaverde, que aprobó la edición del libro. Luego Fernando se fue, y le sucedió Paco Calvo Serraller, que siguió echando el libro para delante. Acabé de escribirlo en el verano de 1987, en Cangas de Onís, cuando nació mi hijo Alberto, y se publicó en 1988. Ha tenido varias reimpresiones y se convirtió en mi libro más conocido e importante. Ahora se va a publicar, saldrá en 2009, una segunda edición revisada y aumentada. Ha sido la única publicación significativa –en el sentido de investigación original- publicada en España sobre la restauración y la interpretación de los cambios en la arquitectura del pasado.

El resultado de las oposiciones me deprimió bastante y lo pasé fatal durante un tiempo. Para mí fue un fracaso absoluto, pues ésta era la línea de mi carrera docente para la que me había preparado mucho. Nunca olvidaré las maniobras de Amézqueta y de Helena Iglesias, ni tampoco la colaboración de Navascués y de Manzano. Todos ellos me eliminaron a sabiendas de que merecía la plaza. La Escuela de Madrid se quedó sin que yo fuera catedrático de Teoría, y ella se lo perdió, no tanto yo, que, con el tiempo, ya me dio lo mismo. En Composición continuamos dando clase hasta final de curso, pero yo decidí marcharme de allí, y utilizando una cláusula de la L.R.U., pedí mi cambio de Titularidad a Proyectos. Había que tener la venia del Departamento al que querías ir, que obtuve mediante la amabilidad de Antonio Vázquez de Castro, y mandar la petición y el currículum al Consejo de Universidades, que me concedió el cambio. Volví a dar clase con Manolo Casas que, después de haber sido Director General de Arquitectura, se había presentado a cátedra –yo se lo aconsejé vivamente- y la había ganado. También habían ganado cátedras de Proyectos en aquellos años Juan Daniel Fullaondo y Alberto Campo. Esto era hacia 1987. Trabajábamos juntos Manolo Casas, Emilio Tuñón y yo, llevando Proyectos I. Eran los tiempos de los talleres verticales, y ya había desaparecido incluso la condición horizontal de Elementos de Composición, que al principio se conservó. El primer año tuvimos una promoción en la que hicimos muy buenos amigos, como Mónica Alberola (que luego fue socia mía y profesora conmigo en la Escuela), Juan García Millán (que se casó con Mónica y que fue mucho tiempo después director de la revista Arquitectura conmigo de 2000 a 2008), Pilar Sánchez Izquierdo(que trabajó mucho tiempo con Manolo Casas), Vega Ortiz (hija de Miguel el librero), Pedro Morales, César Cabanas y Paloma Santamaría, que trabajaron algún tiempo conmigo.

Decimocuarto año

Estando ya de nuevo en los cursos de proyectos me llamaron de la Escuela de Valladolid –me llamó Javier Rivera, profesor de Historia y director entonces del Departamento de Teoría y Proyectos- para proponerme que me presentara a una cátedra de Composición de allí. Yo le dije que no, que me había retirado de Composición, pero que llamaran a Juan Antonio, que seguro que quería. También les dije que si sacaban una cátedra de Proyectos sí que me presentaría. Hicieron las dos cosas. Sacaron la de Composición, a la que se presentó Juan Antonio y ganó, y sacaron la de Proyectos, ya en 1989, a la que yo me presenté. Estaban en el tribunal, nombrados por la Escuela, Manuel Trillo y José Ignacio Linazasoro, que habían sido catedráticos de allí, y por sorteo salieron Oriol Bohigas, Juan Navarro y Muntañola. Me vino bien que el tribunal fuera bueno, con Oriol y Juan para darle verdadera altura, pues me presentaba solo y no me apetecía que pareciera un paseo militar. Preparé bastante el proyecto docente, pensando que me serviría más adelante como así fue, y volví contar el “Metamorfosis de Monumentos” como proyecto de investigación. Era ya un libro, y se lo regalé a todos los miembros del tribunal. Saqué la plaza y me incorporé allí ya en mayo o junio, con el curso casi acabado.

Lo primero que encontré allí fue una huelga bastante salvaje por causa de Proyectos. Complicada, pero, en realidad, porque suspendían. Javier Rivera dijo que tenía que hablarles yo, que el hecho de que fuera flamante catedrático y de Madrid tenía mucha importancia. Se hizo una reunión en el salón de actos y les hablé. Les dije sobre todo que el más importante capital de la carrera era saber proyectar y que había que trabajar. Salvador Mata comentó, que bien, que parecía un coronel y que eso era lo que hacía falta. La verdad es que la huelga se acabó.

Rivera se empeñaba en que me presentara a Director. Decía que me elegiría todo el mundo. Yo dije que sí, pero con la boca chica. A medida que iba pasando el tiempo cada vez me apetecía menos, y un día, desde Madrid, le llamé y le dije que estaba decidido a no presentarme; que me prestaba a ser director del departamento. Se me había ocurrido que a Ramón Rodríguez Llera, que era profesor de historia y estaba en Roma, seguro que le apetecía. Javier dijo, que bueno, pues al departamento, pero que no dijera nada y como él había hecho correr la voz de que me presentaba yo, no se iba a presentar nadie.

“Entonces, el último día presentamos a Ramón, ya no le da tiempo a presentarse a nadie, y sale”.

Así lo hicimos y salió. Estos de letras son unos estrategas y les gusta ser directores de una Escuela de Arquitectura más que a un tonto un lápiz.

Lo pasé bien en Valladolid. Fui director del departamento. Me hacían caso en todo. Con financiación del Colegio de Arquitectos llevé a muchos conferenciantes; hice desfilar por allí a la mayor parte de lo más lujoso de España. Ramón, ya director, decía:

“Antón reina, pero no gobierna”.

Dejé allí muchos buenos amigos: Javier Rivera, Ramón, Salvador Mata, Josefina González, Miguel Ángel de la Iglesia, Paloma Gil, Julio Grijalba, Darío Álvarez, Pedro Luis Gallego, Fernando Díaz-Pinés (que fue alumno mío en Madrid)…..Estuve tres cursos. Antes de cumplir los tres gané una plaza de catedrático de Madrid, pero me quedé en Valladolid hasta completar el curso.

En Madrid habían salido tres plazas juntas y me inscribí, pues era mi oportunidad: o entonces, o dificilísimo volver. Nos presentamos Luis Fernández-Galiano, María Teresa Muñoz, Salvador Pérez Arroyo, Francisco Fernández-Longoria, José Miguel Prada Poole y yo. El tribunal eran Antonio Vázquez de Castro, Manuel de las Casas, Muntañola, Luis Peña y Helio Piñón. En el primer ejercicio, Salvador Pérez Arroyo, que ya había perdido en una oposición anterior contra Linazasoro, se presentaba en plan combativo, y les enseñó algo así como 10 carros de diapositivas de los redondos grandes con sus proyectos y obras, aprovechando que el primer ejercicio no tenía limitación de tiempo. Yo no era capaz de entrar a los ejercicios de los otros, pero tampoco de irme de la Escuela. Cuando lo de Salvador, intrigado, entré a ver que pasaba: salían plantas de chalés. Me fui. Volví a mirar mucho después y seguían saliendo plantas. Era como un culebrón venezolano. No me quedé a los comentarios del tribunal, pero fue como a las 2 de la mañana. Me contaron que Helio le había dicho que si les había confundido con directivos de alguna multinacional japonesa y pretendía colocarles obras. Sólo pasamos al segundo ejercicio Fernández-Galiano y yo. Presenté un proyecto de investigación sobre Alvar Aalto que hoy es un libro en la editorial Akal. Nos dieron las plazas y quedó una vacante. Esto fue a finales de 1991.

Pérez Arroyo recurrió el resultado ante el Rector, sobre todo con el argumento de que él era un gran proyectista muy experimentado, empleando a Fernández-Galiano, que no ejerce la profesión, como ejemplo de agravio. Respondimos al recurso, con la ayuda de un abogado de Ricardo Aroca, pero el Rector no resolvía. Pasó el tiempo, yo no tenía prisa, pues seguía en Valladolid, pero la cosa pasó ya de castaño oscuro. Le pedimos a Ricardo –que era entonces el director de la escuela- que le dijera algo al Rector –ya lo había hecho- y dijo que sí, que insistiría, pero que le enviáramos también nosotros una carta. Yo le escribí argumentando mi condición de catedrático de la asignatura y de haber ganado la plaza en buena lid –yo sí era proyectista- y Galiano le envió un texto muy subido de tono. El caso es que reaccionó y sentenció salomónicamente aceptando nuestro nombramiento, pero ordenando al tribunal que, en cuanto a la tercera plaza que se había quedado desierta, que se volviera a juzgar la actuación de Pérez Arroyo y que siguiera con él la oposición. El tribunal se reunió, volvió a juzgar a Pérez Arroyo, y en vez de un 2 le pusieron un 0. Se veía venir. La cosa acabó ahí, pues Salvador no insistió.

Bueno, en realidad, no acabó, pues Longoria y Prada Poole abrieron un recurso contencioso. Yo, que había estado en la administración y algo sé de procedimientos administrativos dije que el contencioso no podía ser admitido a trámite, pues ellos, al no haber recurrido contra el rector, no habían agotado la vía administrativa, previa a la contenciosa. Pero, con mi sorpresa, se lo admitieron y nos dieron conocimiento a nosotros, como partes afectadas, para que nos personáramos en el procedimiento. Todo el mundo nos dijo que teníamos que hacerlo por que si no podía ser fatal. Era mentira; si alguien está en un caso parecido lo mejor es que no se persone en el procedimiento; sólo perderá tiempo y dinero. Nosotros de hecho, estábamos sentados en nuestra plaza, y nos habían dicho también de que en caso de fallar el contencioso a favor de ellos, a nosotros, ya en plaza, no nos la quitaban. El caso es que Galiano y yo, por empeño de él, decidimos dejar al abogado de Ricardo y picamos más alto, y cogimos uno del despacho de Alzaga, del que no recuerdo el nombre. Cuando hizo el escrito principal lo hizo bastante mal y yo se lo tuve que corregir. Nos cobró 250.000 ptas. y le deberíamos otras tantas al final. Este final llegó y me dieron la razón: no había lugar al contencioso por no haber agotado la vía administrativa. Pero lo habían admitido a trámite, y en decir esto tardaron me parece que tres años. Yo le dije a Galiano que al abogado no le pagáramos la segunda parte, en realidad, no había hecho nada, más que un escrito malo que además había sido inútil. Pero Galiano dijo que esta gente era muy peligrosa –esto es verdad- y que era mejor pagarle, así que lo hicimos. Craso error, si os veis en caso parecido no paguéis. ¡Vivan los tribunales y los picapleitos! Resulta bastante claro que el tribunal, al admitir en un principio el recurso “para que no hubiera indefensión” no hizo otra cosa que perjudicar a los que habíamos ganado y proteger la existencia de pleitos y de picapleitos. Si en España se dejara en el 50 por ciento a los abogados y jueces y a su actividad el país estaba salvado.

Cuando estaba en Valladolid llegó allí el rumor de que Víctor D´Ors se había casado con Alicia Mirón. La verdad es que con Alicia nadie se había atrevido en la Escuela. Su hermana Virginia se casó en seguida –con Manolo Gómez Gaite, como ya dije-, pero Alicia permanecía soltera. Ya algo mayor le dio el sí a D. Víctor, que estaba entonces más que jubilado. Dicen que Chueca, al enterarse, comentó, sin duda con envidia,

“¡Ah, Víctor, pillín, pillín,..”

Ricardo Aroca contaba las tres mentiras que D. Víctor le había contado a Alicia para convencerla. Una, que tenía dinero; otra, que ya no era activo sexualmente y la tercera, que se iba morir pronto. La verdad es que duró unos años, pero murió relativamente pronto. Cuando Ricardo Aroca se casó años después con María Jesús, su secretaria, aunque Ricardo no estaba jubilado ni había tanta diferencia de edad, yo, para hacerle rabiar, le pregunté:

“Y tú, ¿qué mentiras le has contado a María Jesús”.

Le dio mucha rabia, desde luego, y no dijo nada.

Todo el lío del contencioso de la oposición era cuando yo ya llevaba un tiempo de catedrático de Madrid, pues, como dije, nos sentaron en plaza después de la resolución del rector. Al principio me asocié con Manolo Casas, en una cátedra con dos jefes, y muchos profesores, nuestros compañeros de siempre de Elementos y algunos otros. Luego nos separamos y yo me llevé a los modernos, que Manolo me dejó con cierta generosidad, pero que, en realidad, eran mis amigos: Emilio Tuñón, Luis Moreno, Álvaro Soto, Pedro Feduchi, Luis Rojo y Federico Soriano. Este último, de acuerdo con su talante, se fue enseguida a otro grupo con un jefe más moderno que yo.

La verdad es que no estábamos muy de acuerdo con el programa –el disentimiento sobre los programas ha sido muchas veces, y seguirá siendo, característica común de los grupos de proyectos-, pero hicimos una solución que funcionó. Eran los tiempos de los talleres verticales, y decidimos hacer un programa marco, con una temática y un lugar comunes, y de ahí concretar dos programas específicos, uno para Proyectos I, II y III, que lo llevaban Emilio, Luis, Álvaro y el otro Luis, y otro para Elementos de Composición y una parte de Proyectos I (para equilibrar el número) que lo llevábamos Pedro Feduchi y yo, lo que coincidía con las aulas, pues teníamos una grande y otra pequeña. Yo daba a veces clases teóricas más organizadas y para todos en la clase grande. Estuvimos así unos cuantos años y salió bien; hicimos algunas publicaciones que reflejan esta etapa. Hicimos también algunos viajes divertidos con los estudiantes: a Londres, a Berlín, a Nueva York,… Luego, algo más adelante, entró con nosotros de profesor Sergio de Miguel, que había sido alumno mío de doctorado.

Creo que fue hacia 1994 cuando Ricardo Aroca me propuso que fuera Sub-director de la Escuela, encargándome de Investigación, Doctorado y posgrado. Al principio le dije que no, pero acabé diciéndole que sí. Estuve 6 años, pues continué algo, muy poco, con Juan Miguel Hernández León cuando le sucedió. Antes, siendo director del departamento Antonio Miranda, Aroca le había dicho que me nombrara representante de Proyectos en la comisión que elaboraba el Plan de 1996, y allí estuve; fue bastante lata, sobre todo por las insoportables posturas de algunos, varios de ellos profesores de proyectos, que ahora no nombraré, pues si lo hiciera no podría evitar censurarles.

La Subdirección con Aroca no estuvo mal. Me divertí, trabajé, aprendí cosas, y me relacioné con gente interesante de la Escuela distinta de la de proyectos. Lo peor era que, como Sub-director de Doctorado, tenía que ir a las comisiones del rectorado donde también estaba Helena Iglesias, lo que yo llevaba muy mal, por lo ya sabido y porque es insoportable. Tuvimos unas cuantas peleas, algunas gordas, y yo las gané todas, pero no me gustaba nada.

Participar de la dirección de Aroca, de la redacción del nuevo Plan y todo eso fue interesante y muchas veces divertido. Aroca trabajó en aquellos años incansablemente para la Escuela, le dio a todo la vuelta, instituyó muchas cosas, y hoy le debemos casi todo lo bueno que la ordenación de la Escuela tiene. En lo concreto, lo peor eran las Juntas de Escuela, pues Aroca provocaba una oposición feroz de la pandilla de Amézqueta y Helena, a la que se había unido Soriano y los suyos, y las juntas eran verdaderas batallas campales, pues Ricardo, al que le gusta la lucha, gozaba con aquellos conflictos que a mí me resultaban agotadores.

Cuando en 1996 empezó el Plan nuevo –entonces denostado por todos, absurdamente, pues el Plan 1975 fue uno de los peores que la escuela tuvo- yo me presté a ir a primero, que en el segundo semestre ya tenía proyectos. También fue Fernández-Galiano, igualmente voluntario. Yo tuve que compatibilizar ese año el grupo de Elementos –para el que me busqué como ayudante extra oficial a Pilar García Arranz, que había sido alumna mía y le apetecía- y destiné conmigo a 1º del Plan nuevo a Pedro Feduchi y a Sergio de Miguel. Los demás se quedaban con el Plan viejo. Fue una promoción muy buena, a la que seguimos dando clase en segundo, algunos –pocos- cambiaban y otros no. De aquella primera promoción hicimos buenos amigos, como Antonio Morales, David de Diego, Miriam López Rodero, Laura Andueza, Victoria Mateos, Anais González,… hoy todos arquitectos. A esta promoción, junto con el Plan viejo, los llevamos a un viaje para ver las obras de Le Corbusier en Francia –viaje que ya habíamos hecho otra vez- en primero, y a Extremadura, Lisboa y Oporto en segundo, junto con la promoción siguiente. Luego hicimos viajes más cortos con otras promociones. Varias veces hicimos en otoño un viaje por Asturias Santander y el País Vasco. Otra vez volvimos a Nueva York, pero yo no fui.

Al año siguiente ya fuimos todos al Plan nuevo, siempre en 1º y 2º, nos repartíamos los semestres y grupos y hacíamos programas similares o distintos. Hay testimonios publicados. Luego fueron entrando profesores nuevos (Mónica Alberola, primero, y luego Luis Díaz-Mauriño y José María Churtichaga), y los de antes, menos Sergio de Miguel, fueron desapareciendo. Luis Moreno y Emilio Tuñón acabaron el doctorado y se hicieron titulares. Montaron sus propias unidades docentes y se llevaron a Luis Rojo, primero, y a Álvaro Soto, después. Pedro Feduchi propuso una optativa de Diseño de Mobiliario, que se le aceptó, y dejó de dar clase en los cursos normales de Proyectos.

La enseñanza en el Plan nuevo, en primero y segundo, resultaba para mí altamente satisfactoria. Era parecido a Elementos de Composición, pero a lo largo de curso y medio y con chicos más jóvenes. Se notaba mucho –y se sigue notando- la alta nota de la selectividad con la que los alumnos entran a la Escuela. Empezaba la gran afluencia de mujeres, algo más de la mitad.

En 1998 Juan Miguel Hernández León me propuso participar en la fundación de una nueva revista, con la editorial América Ibérica, teniendo a Pepe Ballesteros como el editor responsable. Iba a ser una revista de formato no convencional, barata, y se iba a llamar “Pasajes de arquitectura y crítica”. Me preguntó a qué gente me parecía que podíamos llamar, y yo le dije que a Gabriel Ruiz Cabrero, a Emilio Tuñón y a Luis Moreno Mansilla. Los llamó, e incorporamos también al consejo de redacción, en forma más teórica que real, a Eduardo Souto, Elías Torres Y José Ramón Sierra. La revista arrancó y funcionó; era muy económica, tuvo mucho éxito en la Escuela y nos dedicamos a sacarla adelante, sin cobrar o con emolumentos simbólicos. Durante dos años escribí muchísimos artículos y pertenecí muy activamente al consejo de redacción.

Pero en 2000, justamente cuando Juan Miguel Hernández León se presentó a Director de la Escuela y salió elegido, a Pepe Ballesteros se le ocurrió que podíamos presentarnos a la dirección de la revista Arquitectura, la del Colegio, y nos convenció a Ricardo Sánchez Lampreave y a mí de que lo hiciéramos con él. Javier García Mosteiro, que estaba entonces en la Junta del Colegio con Fernando Chueca como Decano, nos animaba mucho a hacerlo, pues confiaba en nosotros y estaba muy empeñado en que la revista prosiguiera y mejorara. Nos animamos al fin, nos presentamos y ganamos el concurso. Pero yo me puse malo. Me inventé a Juan García Millán, el marido de Mónica Alberola, que había sido alumno mío y luego socio, para que me cubriera la baja, y así la iniciaron ellos sin mí. Al año siguiente Ricardo decidió dejarlo y yo, que ya estaba bien, me incorporé. Luego se fue Pepe y quedamos Juan y yo solos. En 2004 volvimos a presentarnos al concurso, con Ricardo otra vez como consejero de dirección, y lo volvimos a ganar. Hicimos así la revista durante 8 años y medio, casi 9, sacando 32 números, y quedamos bastante contentos de haber hecho una revista que pudiera entenderse como colegial y que tuviera bastante calidad. En 2008 volvimos a presentarnos al concurso, aunque con pocas esperanzas y con no demasiadas ganas. Perdimos.

En la Escuela estuve dando clase unos años con Sergio, Mónica, Luis y José María. Seguimos al principio en primero y segundo, pero luego el departamento nos cambió a 5º, primero, y a 4º, después. Volvimos a 1º y 2º en el curso 2008-2009. Justamente en la primavera anterior se eligió como Director de la Escuela a Luis Maldonado, y en el departamento de Proyectos Darío Gazapo sucedió a Gabriel Ruiz Cabrero. Un cambio de generación; la mía empezaba a deslizarse hacia la ancianidad.

Antón Capitel · Doctor arquitecto · catedrático en ETSAM
Madrid · mayo 2009

[:gl]

Terraza na Gran Vía. 1964 | Fonte: ibytes.es

1.

Cheguei á Escola de Arquitectura de Madrid en outubro de 1964. Empezaba o plan 1964, chamado plan “ye-ye”, de cinco anos e matrícula directa, sen ingreso nin iniciación, nin selectividad, nin nada. Fomos 1.000 os matriculados. As asignaturas eran Algebra lineal e Cálculo infinitesimal, Física, Análise de Formas e Debuxo xeral. O catedrático de matemáticas era Juan del Corro Gutiérrez, e cambieime de grupo para dar clase con el. O de Análise de Formas era Adolfo López Durán, e eu tiven ao principio un espejismo, pois me tocou el, que era bo –e me elogió o primeiro debuxo, que era unha pluma de cambio de perspectiva do palacio dos Dux de Venecia, con gran contento pola miña banda, claro-, pero era porque faltaba un profesor, que logo foi Fernando Ruiz Jaime, que era malo, un verdadeiro desastre. López Durán foi o que fixo a instalación da portada do Hospital da Latina na Escola. Era un mito, porque controlou, no seu día, a parte de debuxo do ingreso, e que, ao principio do plan de 1964, aínda que fose un plan sen ingreso nin iniciación, xogou en realidade o mesmo papel. Aínda que é máis xusto dicir que o xogaban entre todos. As cualificacións eran moi duras.

Os profesores de Análise de Formas eran moi flojos, en xeral. Recordo apelidos como Lencina, Teresa, Carnicero (que tiña fama de bo, pero que non o era, en verdade) Quijada (este algo mellor, traballou en Rexións Devastadas, en Brunete e algunhas outras cousas), e moitos máis cuxos nomes non recordo ou nunca souben. Pero o meu, si non era o peor, parecíamo. O meu pai dicía que todos os alumnos opinabamos que os profesores eran malos: “E ¿como dis que se chama? ¿Ruiz Jaime? Será Jaime Ruiz, que é moi bo arquitecto, coñézoo eu”. (Jaime Ruiz é o pai de Gabriel Ruiz Cabrero). “¡Non, non! Fernando Ruiz Jaime. É coma se fose cego. Si dime que algo é de determinado xeito, eu corríxoo ao contrario”. Un día, no estudo do meu pai, co seu socio, Javier García-Lomas, este escoitou e dixo: “¿Fernando Ruiz Jaime, dis? O peor do meu promoción, faciámoslle os proxectos para que aprobase”. Vaia, houbo sorte, puiden dicirlle ao meu pai: “¿Ves?”.

A Análise de Formas era o debuxo artístico, que constaba de debuxo de estatua (chamábanlle encaixado a debuxar a liña, con carboncillo sobre papel dobre ingres, e mancha a dar as sombras); lavado, que era debuxar a lapis unha lámina, normalmente de arquitectura clásica, sobre un papel especial que se pegaba nun tablerito de madeira, e dar logo sombras con tinta chinesa de barra que se diluía en auga e con pinceles de pelo de marta. Despois había outra parte da asignatura que lle chamaban varios, e que constaba de debuxar as ordes clásicas, de debuxo de memoria ou imaxinación, de cor, cambio de perspectiva, etc. Quitando as ordes, as cousas máis modernas eran un residuo dos cursillos implantados por Francisco Javier Sáenz de Oíza para antes do ingreso no plan anterior ao de 1957.

Case todo o mundo facía o debuxo de estatua tomando moitas medidas e usando plomada. Eu non o facía, pois Gerardo Zaragoza, o meu profesor, só nos deixaba medir cabezas, e afacíanos a controlar visualmente o debuxo, coa simple axuda do carboncillo. O certo é que era un magnífico profesor e que aprendías a xulgar o teu debuxo con moita eficacia, chegando ata a saber o que estaba mal aínda que non soubeses como corrixilo. Para min, o debuxo da estatua con Gerardo foi unha educación visual de primeira orde e que me serviu toda a vida.

Debuxar as ordes tiña a súa graza. Había que comprar un “Viñola”, que me comprou o meu pai, unha edición arxentina, que aínda teño. Recordo un exame: entrou López Durán nunha daquelas inmensas clases e gritou: “Tribuna sobre podio de orde dórico mutular, sendo o cornisamento do podio igual a dous módulos”, e foise. Quedámonos todos nota. Eu tardei un intre en comprender que era calquera fachada de templo dorico mutilar sobre pedestal, e que podía ter o número de columnas que quixeses. Bo, o que quixeses, non, tiñan que ser pares, naturalmente. Tiña un compañeiro de mesa bastante malo, do que non recordo o nome, que se puxo a facer unha fachada de tres columnas. Advertinlle que o tenia que facer de numero par, pero non me fixo caso. Adoitaba desprezar os meus consellos.

Cando faciamos o lavado tiñamos un cacharro con auga e varios pocillos para ter neles distintas tintas chinesas, unhas máis escuras que outras. Ás veces, pola inclinación da mesa, ou por que ti mesmo o empuxabas, caíaselle a alguén ao chan un pocillo, facendo un ruído infernal e quizá rompéndose. Entón algúns gritaban: “¡Un menos!”. Eran residuos dos tempos máis duros do ingreso e da crenza aínda vigente dun número limitado de xente para aprobar. Para facer os difíciles desvanecidos das sombras e para perfilar ben coa tinta era polo que había que usar pinceles de pelo de marta, que eran buenísimos e que se chupaban para que estivesen en forma de punta perfecta. Así tragabas moita tinta chinesa, e ás veces doíache o estómago.

Para a estatua daban 3 ou 4 sesións de tres horas. A min sobrábame tempo –independientemente de como lograse debuxar a estatua- e pasábame a última sesión charlando. Nos “varios” había exercicios interesantes que eran os de cambio de perspectiva: dábanche unha foto e tiñas que facer os alzados, ou che daban alzados e tiñas que facer a perspectiva. En cambio, os exercicios de cor ou de debuxo de imaxinación eran unha estupidez. Poñíanche un tema chorra, Platero e eu; ou Momo, deus do carnaval, e tiñas que facer un debuxo. Algunha vez puxeron un cartel, que era mellor. Había un truco para os exercicios de cor, que debeu saír dunha academia, e que bastantes usaban, e era dar primeiro o gouache, moi cargado, e logo enchelo todo de tinta chinesa. Unha vez todo negro, levábase ao lavabo e dábaselle a auga a barullo, co que a tinta chinesa quedábase onde había branco e íase onde estaba o gouache, deixándoo desvaído e con moitos negros. Servía para resolver a entonación e era moi efectista. Eu probei unha vez este método, pero fóra da Escola.

Para o lavado dábanche ás veces modelos moi novos sobre os que non che deixaban debuxar, e si non eran estrictamente geométricos tiñas que sobrepoñerlle un papel vegetal cun cuadriculado. Eu, ás veces, e si era bastante geométrico, nin sequera poñíallo, e debuxaba medindo, pois o delineado a lapis sobre o papel do taboleiro, aínda que tivese moitas partes a man, dáballeme moi ben. O lavado estrictamente devandito, peor, pero deime conta enseguida que un bo debuxo a lapis era o máis importante para un bo lavado, e así o saquei adiante.

Había poucas mozas, e, aínda menos, mozas guapas. No meu grupo estaba María Vitoria Lahuerta dal Ré, filla de Javier Lahuerta Vargas, que era guapa. Estivo no noso curso ata terceiro, logo casouse e non acabou a carreira. E había unha tan fea que chamaba a atención, non direi o seu nome. Levaba un chaleco de falso coiro e por detrás alguén lle puxo cun rotulador: “¡Chamádeme para saír, por favor, chamádeme!” Quen máis lle tomaba o pelo, con certa crueldade, era un que se chama Gonzalo Gomendiourrutia. Unha vez, en clase de mancha, apagouse a luz e Gomendio gritou: “¡Fulanita, amor meu, que non abusen de ti, vou defenderche!”. Esta fea foi profesora da Escola. Había ao principio algunhas mozas moi guapas, que vías polos corredores, e que logo desaparecían, ata antes de final de curso, pois imaxino que fuxían dunha carreira tan dura. Non quero dicir que os homes non fuxisen, porque moitos tambien fixérono, pero a desaparición das guapas supoño que seria por iso; sexa como for, o caso é que bastantes delas foron, por desgraza, moi fugaces.

Os exames de Análises de Formas, en xuño, setembro ou febreiro, empezaban cunha forte dose de sadismo, pois non che dicían que tiñas primeiro e que despois, e debías levar todo o material, de mancha, de lavado e o demais, incluídos dous taboleiros, esperar no corredor a ver si chamábanche para entrar nunha clase, e irche á outra con toda a inmensidade dos trastos si non che chamaban. Era un comportamento despreciable, indicativo que como os profesores odiaban a aquela masa de alumnos, aos que non querían nin sabían ensinar.

O Debuxo xeral (que logo se chamou Debuxo Técnico) era delinear edificios e detalles, primeiro a lapis e despois a tinta chinesa normal, para logo facer tamén lavado. Empezamos por unha folla de acanto en grande e a tinta chinesa, seguimos por debuxar un cuarto de baño e cando iamos facer lavado quitárono desta asignatura. Non había catedrático, e o encargado da Cátedra era o de Geometría Descriptiva, que se chamaba José María Ruiz Aizpiri. Eu tiven de profesor a Pedro Rodríguez Ribeiro, que cheiraba sempre a café, que non ensinaba nada, que non me fixo nin caso e que me suspendeu en xuño e setembro malia que eu debuxaba bastante ben. Eu levaba moito mellor esta asignatura que a de análise, e era bastante bo, polo menos en comparación cos demais. Anos despois Ribeiro converteuse no encargado de cátedra de Debuxo, e con el a asignatura chegou a un grado moi notable de dexeneración, como tantos recordarán.

Entón estaba aínda na Escola o meu primo (e tamén de Cangas de Onís) Francisco Javier Blanco Pérez, da promoción de Segui e Manuel de las Casas. Un día atopoume por un vestíbulo e díxome: “Venche ao salón de actos, que van dar o resultado dunhas oposicións moi importantes”. Fomos e vimos xuntos o asunto, co salón repleto de estudantes. Logo eu preguntei ao meu primo Javier quen era a xente. As oposicións celebrábanse para a asignatura de Composición II da Escola de Sevilla, que era moi recente e concursaba Sáenz de Oíza contra Jaime López de Asiaín. O presidente era Víctor d´Ors Pérez-Peix, que era o catedrático de Madrid, e ao votar en público desempató dicindo algo así como. “¿E a quen votarei? Non sei, non sé… Pois ao señor López de Asiaín”. Armouse un escándalo tremendo e cando o tribunal baixou da tarima, alguén lle deu un puñetazo a d´Ors. Logo decateime que fora Emilio Chinarro, que era profesor e ao que, segundo dixéronme, botaron da Escola daquela. Despois volveu e chegou a ser profesor titular de proxectos. Creo que foi Carlos da Garda (non sei si é escribe así; creo recordar que foi profesor de urbanismo con Ferrán e Mangada e Gerente de Urbanismo do Concello cando este último foi concelleiro) quen gritou. “¡Mellor! Así nos quedamos con Oíza aquí e o outro a Sevilla”.

Foi logo disto cando a López de Asiaín (que era do Opus Dei) e a outro arquitecto sevillano encargáronlles o Museo de Arte Contemporánea á beira da Escola. Foi Florentino Pérez Embid como director xeneral de Belas Artes, un andaluz, que tamén era do Opus, e para poder contrarrestar que Ramón Vázquez Molezún, sendo pensionado en Roma, fixera un proxecto de Museo que tivo o Premio Nacional de Arquitectura, déronlle a leste outro proxecto o mesmo premio.

No segundo ano, no que segui cursando primeiro, quedábanme os dous debuxos e a descriptiva, que puxeron entón en primeiro, pero que no primeiro ano do plan non o fixeron. A segundo curso pasaran 25, case todos –por non dicir todos- enchufados por ser fillos de profesores ou de arquitectos amigos deles. A lista de aprobados de Análise de Formas –a asignatura que realmente seleccionaba- era un verdadeiro escándalo. Entre eles, algúns debuxaban ben, como Víctor López Cotelo, que era do meu grupo, pero eu creo que non o aprobaron por iso, senón por ser fillo dun arquitecto do Ministerio da Vivenda, pois o profesor era o inefable Fernando Ruiz Jaime.

En primeiro volvéronse a matricular outros 1.000, así que o segundo ano eramos xa 2.000. O meu pai díxome que non me preocupase, porque así o ía a pasar mellor e a aprender a debuxar de verdade. Foi certo e tiven máis sorte cos profesores. Ou, mellor devandito, co profesor, pois me tocou o mesmo nos dous debuxos, Oliverio Martínez Martínez. Leste entendía de debuxo e traballaba. Corrixía os exercicios de semana a semana e dábanos unha especie de valoración, co cal eu xa vía que ía ben, ou moi ben.

O meu pai mandoume a debuxar arquitectura pola rúa e tamén ao espido no Círculo de Belas Artes. Seguiamos na academia do escultor Gerardo Zaragoza, fillo do pintor José Ramón Zaragoza, academia na que en tempos de D. José Ramón, discípulo de Sorolla, daba clase de lavado López Durán, e onde empezaramos a debuxar en preuniversitario, aínda que eu empezara xa algo antes, en Cangas e no verán, aos quince anos, tamén con Gerardo, polo que cheguei á Escola, neste aspecto, moito mellor que a inmensa maioría. Os Zaragoza eran, como nós, de Cangas de Onís, e íntimos do meu pai, que aprendera a pintar co maior e era moi amigo e ata colaboraba co fillo nalgunhas das súas obras de escultura que necesitaban máis a composición. Gerardo tiña pechada a academia, pero admitiu a algúns fillos de amigos. En relación coa escola só ha de recordarse a Francisco Javier Bellosillo Amunategui, que foi profesor titular de Proxectos e que morreu prematuramente, aos cincuenta e tantos anos. Pero estaban tamén o meu primo Julián Navarro, Juan del Corro –fillo do catedrático-, Mateo Gallego e o irmán de Javier, Luís Bellosillo.

Aprobei debuxo técnico en febreiro. No exame puxéronnos a delinear a tinta unha sección da catedral de Valladolid, para a que daban un modelo dividido en dous, a distintas escalas. Para amolar, claro. Eu acabeino enseguida -a rapidez é un dos meus defectos- e como non tiña outra cousa que facer rotulé debaixo o meu nome completo en letras mayúsculas de pau delineadas a regra. Pasou un profesor, que eu non coñecía, e díxome que ninguén pedira rotulado, coma se fose un demérito. Pero oír o meu profesor, e díxolle:”¡Cala, home! ¿Non ves como se chama?” Non porque o meu pai fose ninguén alí, que non o era, senón polo apelido Capitel. O caso é que aprobei, polo que Aizpiri non debeu ver moi mal o do rotulado.

Pero en febreiro suspendín a Análise de Formas. Recordo que o exercicio de mancha era un anaco do friso das panateneas, con cabalos e xinetes, moi difícil, aínda que creo que me saíu ben. Oliverio desculpouse comigo dicindo que aprobara técnico e que o lóxico era que, tal como ía, a análise aprobaríao en mayo por curso, así que non debía preocuparme. (O que debeu pasar, creo eu, é que el me propuxo para aprobar e non llo aceptaron). O meu pai volveu dicirme tamén que non me preocupase e que si aprobase, total que ía facer. Efectivamente aprobei por curso. A geometría descriptiva aprobeina tamén. Dábannos clase no salón de actos cun aparello retropoyector, e o profesor, cuxo nome non recordo, pero que era bo, debuxaba nunhas transparencias mentres explicaba. As prácticas faciámolas logo en clase e non eran fáciles, pero logo o exame foi unha imbecilidad. Como xa non había que facer estereotomía da pedra á descriptiva quitáronlle importancia, aínda que o ensinaban todo: gnomónico, diédrico, as diferentes axonometrías, cónico.

Ao pensar no salón de actos recordo (non sei si foi o primeiro ou o segundo ano) que un día de análise de formas dixéronnos que iamos oír unha conferencia sobre Thomas Jefferson, o terceiro presidente de Estados Unidos, que era un magnífico arquitecto. Era un profesor yanqui que quería dar esta conferencia e (ao saber como funcionaba a escola despois, xa o entendín) puxéronlle unha clase como público obrigado, dicíndonos que logo subiriamos ao aula a debuxar de memoria o visto, como así foi. Ensinounos a Universidade de Virginia, pero repartíronnos unhas fotocopias traducidas (isto fíxoo a embaixada estadounidense, non a escola). Pero o mellor, e é o que quero contar, é que apareceu o director, que era Luís Moya Branco, a quen creo que ví e oín por primeira vez. El falounos dez minutos de quen era Jefferson e fíxoo tan ben que case xa non fixo falta ler a tradución. Logo fíxeno, con todo, e o do americano estaba moi ben e era, claro, máis completo.

Impresionado con Moya pregunteille ao meu pai quen era. Pregunteillo un día que o meu pai estaba en casa co seu amigo Paulino Vicente, magnífico pintor de Oviedo, co que tiña unha gran amizade desde que coincidiron en Madrid de moi novas na Residencia de estudantes. Paulino tiña entón unha exposición antológica no Círculo de Belas Artes. O meu pai contestou que Moya era un dos arquitectos máis importantes de España “pero isto non se pode entender agora”, díxome. Corría o ano 1965, creo. Paulino, á súa vez, dixo que estivera nunha conferencia de Moya, na que dixera: “Por exemplo, si temos dúas circunferencias tangentes”, e sobre unha pizarra e con ambas mans á vez debuxounas. O pintor, extraordinario debuxante dixo: “¡Caspitina! (foi outra exclamación, en realidade)¡e que eran tangentes!”. O meu pai fora director técnico da empresa Sedes, de Oviedo, que construíra unha parte da Universidade Laboral de Xixón, e alí coñecera a Moya e aos demais arquitectos e aparejadores. Entre eles, a Manuel de las Casas Rementería, pai de Manuel e de Ignacio das Casas Gómez. Manuel (Manolo) foi logo catedrático de Proxectos, e Ignacio (Ñaqui) profesor titular de Debuxo Técnico. Os dous foron sempre amigos meus, e Ñaqui e eu eramos compañeiros desde ingreso de bachiller.

Daquela, e como Paulino pasábase máis ou menos a tarde no Círculo por causa da súa exposición, el e o meu pai achegáronse un día ás sesións de debuxo ao espido, onde eu ía. Eu creo que foron un pouco de vellos verdes, polas modelos, e quedáronse aterrados do feas que eran. “¡Claro!, dicía o meu pai, si ás guapas danlles unha pasta como modelos de publicidade, na televisión e todo iso, non van vir aquí a espirse”. Pois na súa época era distinto.

Cando xa aprobara análise de formas por curso, atopeime un día a Oliverio Martínez pola Escola. E díxome: “¿Como non me dixeches que eras parente de García-Lomas?”. Referíase a Miguel Anxo García-Lomas e Mata, fillo de Miguel García-Lomas Somoano e irmán de Javier, que foi durante moito tempo socio do meu pai. A amizade do meu pai cos Lomas, como dicían en Asturias, era tan grande que nos crían parentes, e ás veces eles mesmos presentábanse como tales. O caso é que logo me decatei- Oliverio quería presentarse a secretario do Colexio de Arquitectos de Madrid e García-Lomas, que era algo así como o comisario político de Franco para cuestións de arquitectura e Director Xeral, vetoulle, sen que se saiba por que, pois Oliverio era máis ben facha que vermello, valla a simplificación, pero a Miguel Angel debeulle parecer pouca cousa, por clasismo, sen dúbida. Oliverio pensou que de boa librouse ao aprobarme sen sabelo. O medo ao franquismo era enorme. Logo Oliverio, que era bo tío, foi arquitecto da Gerencia de Urbanismo. Alguén me dixo que morrera prematuramente. Sempre lle agradecín moito o bo profesor que foi naquel mundillo degenerado.

2.

Pasei a segundo curso (1966-67), que constaba de Elementos de Composición, Historia da Arte, Materiais de Construción, Ampliación de Matemáticas, Ampliación de Física, Introdución ao Urbanismo, e outra que se me esquece, creo que de instalacións.

En Elementos de Composición tiñamos a Antonio Fernández Alba, de encargado de Cátedra, con Leopoldo Uría Iglesias, Alberto Donaire Rodríguez e Angel Colomina Abril como encargados de curso. Uría e Colomina son de Oviedo. Antonio Fernández Alba tiña naquel momento un enorme prestixio como arquitecto e como profesor e pasar a aquel curso logo da mili de primeiro foi, simplemente, albiscar o paraíso. Ao meu pai pedinlle que me subscribise á revista Nova Forma, dirixida por Juan Daniel Fullaondo Errazu, e que publicou varios números magníficos sobre Fernández Alba. O meu pai era un moderno en todo, pero algo menos en arquitectura, pois desconfiaba un pouco da moderna, como era corrente ente os españois da súa idade, pero ao coñecer as obras, proxectos e debuxos de Alba quedouse moi contento, e díxome: “Agora xa non protestarás tanto da escola non?”. Porque eu pasoume os dous anos de primeiro maldicindo á venerable institución que me acolleu como estudante e da que, prácticamente, nunca saín.

En 1966, Luís Moya deixara de ser director, sucedido por Adolfo Branco Pérez do Camiño, que fora pensionado en Roma xunto con Fernando García Mercadal. Era catedrático de proxectos e dicían que o fixeron director para que se xubilase como tal (debía ser máis grande a pensión). Tamén dicían os do plan antigo que o habían ter que, cando corrixía, só se fixaba nos baños. Con el Javier Carvajal foi Xefe de Estudos para o plan novo, e co seu sucesor, Rafael Huidobro, Carvajal foi xa Xefe de Estudos xeral da Escola.

En Historia da Arte tivemos a Miguel Molina Campuzano, erudito de Madrid, que non pasou dos romanos. Home do todo respectable, pero un verdadeiro pelmazo. Eu acabei dos ronseis egipcias ata os meus belos narices. En Materiais de Construción tivemos ao inefable Antonio Camuñas e Paredes, o catedrático, famoso polo seu elocuencia. As anécdotas sobre a súa forma de falar e de escribir -estudábase o seu libro de texto, hábil negocio dalgúns catedráticos de entón- eran innumerables. Baste agora dicir que chamaba uxieres aos bedeles e que nos exames dicía: “Queda terminantemente prohibido fumar, non sexa que entre as volutas de fume deslícese a cuestión proposta.” Do seu libro é famoso o inicio do capítulo sobre alicatados ou azulejería onde deixou escrito para a posteridade: “O magnate musulmán, amante como o que máis da natureza, encérrase emporiso no seu palacio, onde se rodea de profusión de fontes e regatos…”. De aí o azulexo como necesidade, xa se entende. Hei de confesar que nun dos exames máis importantes de materiais estudei polo que se chamaba unha quiniela, tiven sorte, saíu o que me estudou e aprobei. Nunca souben copiar. Soprar e ser soprado si.

En Matemáticas volvemos ter a Corro, que era bo profesor. Tiña o costume de mandar problemas para entregar os luns, e si eu non os entregaba, ou non os entregaba todos, dicíallo ao meu pai, ao que vía polo Ministerio, e o meu pai pedíame por favor que os fixese, aínda que non fose máis que porque non llo contase a el. Eu creo que Corro, cuñado dos García-Lomas, tiña moito medo que eu fose mal e de que houbese problemas si suspendíame. Doutra banda, estimábame algo, pois me coñecía como amigo do seu fillo, e coidábame. Si non saía ninguén á pizarra como voluntario, sacábame sempre a min: “A ver, un voluntario….. (ninguén se movía)… ¡Señor Capitel”. A verdade é que eu levaba ben as matemáticas e creo recordar que en segundo me puxo notable. En Física tiñamos a Manuel Castañs Camargo, tan bo científico -en aparencia, polo menos- como mal pedagogo. Aprobei. En Introdución ao Urbanismo tiñamos a Xusto Uslé, casado (creo que xa) con Marian Alvarez Buylla, que logo se separou del e foi e é profesora de debuxo técnico.

O meu éxito foi Elementos de Composición, porque saquei notable que só alcanzamos cinco (Ignacio das Casas, Pablo Scandella, Felipe Setién e eu; fáltame un que non recordo). En segundo tiven bastantes amigos xa para sempre, algúns que son ou foron profesores da Escola. Ignacio das Casas (compañeiro meu do instituto Ramiro de Maeztu desde ingreso e logo de carreira), que foi outro dos notables, foi logo, e é, profesor de Debuxo Técnico. Naquel curso estaban Luís Gutiérrez Cabrero, titular de proxectos hoxe, Neves Ruiz Fernández e Francisco Rodríguez de Partearroyo, que foron socios meus e profesores de debuxo. Javier Alau, tamén de debuxo, Luís Climent Soto, de Urbanismo e José Luís Rodríguez Noriega, de proxectos. Mágoa que Fernando Nanclares, o outro socio noso, gran arquitecto, nunca quixese dar clase, como tampouco Ignacio Lafuente, fillo de Lafuente Ferrari, que era un intelectual. Ben é certo que Antonio Fernández Alba, que foi o que me fixo profesor, logo tomábame o pelo dicindo que eu sacara notable polo rotulado, que facía con letra de pau aprendida do meu pai e que a el lle pareceu moi arquitectónica, e, quizá aaltiana. Non me importa, de feito convertinme no experto rotulista para os meus amigos e para min mesmo.

Recordo os exercicios de Elementos. Facer un cartel elixindo unha frase. Eu elixín a de “Mellor deseño” e fíxeno neoplástico, aínda que sen sabelo, verdaderamente. Debuxar a tinta o plano da nosa casa, facerlle algunha reforma si era necesaria e volvelo a debuxar expresando o concepto da vivenda e a súa disposición. Proxectar varios cuartos de baño e varias cociñas. Realizar maquetas de composicións abstractas con módulos de cartulina en forma de L de lados iguais, de L de lados desiguais e de S. Unir tres plataformas, redonda, rectangular e cadrada, situadas a distintos niveis, con escaleiras e con rampas. Entre catro edificios (Vila Saboya de Le Corbusier, pabellón de Barcelona de Mies, Pabellón de Finlandia en Nova York, de Aalto e sala de oficinas da fábrica Johnson, de Wright), elixir dúas e facer unha maqueta de interpretación espacial e formal. Eu fixen o de Mies e o de Aalto. Facer un recinto para unha exposición de esculturas ao aire libre no Retiro, e cunha topografía complexa, elixindo entre estatuas de Miguel Angel e de Henry Moore. Elixín Miguel Angel e Fernández Alba dixo en público que o meu era como de Luís Kahn, que eu non sabía quen era, pero decateime inmediatamente, porque me pareceu moi interesante e luxoso. Despois unha casa unifamiliar con estudo para un escultor e, para rematar, e aínda, un esbozo sobre un edificio de oficinas de planta libre en altura e estudando circulacións verticais. Xa eran cursos, vexan si non o programa: de luns a venres e tres horas.

Eu paseino fantástico naquel curso, consciente de que xa estaba en Arquitectura de verdade. Na primavera xa tan só Ignacio das Casas e eu traballabamos en clase, que estaba ocupando o vestíbulo da planta máis baixa, moi próximo ao que entón era o bar.

Recordo que un día chegou Carvajal a ver a Fernández Alba e díxolle diante de todos que había ter o segundo premio do concurso do Palacio de Congresos en Madrid, pero non o primeiro. Carvajal estaba no xurado. Foi este asunto unha verdadeira mágoa, á miña entender, pois ese proxecto de Alba era magnífico e xerase un espléndido edificio.

Eu ensinaba os exercicios a Donaire ou a Uría –tocábache un deles en cada semestre; Colomina desaparecera logo dunha primeira tempada- e logo dedicábame a oír as correcciones de Fernández Alba que, sen orde, ía comentando ao que pescaba ou se deixaba. Facíao sempre, e como Alba víame continuamente alí, algunha vez preguntábame. “E vostede que?”. E eu dicíalle que non tiña nada, ou que non o trouxo, pois non me atrevía a ensinarllo a el. Sobre todo, no medio do traballo, pois non soportaba que cho fixesen cambiar. Logo, logo de entregar, importábame menos; que dixesen o que quixesen. Fernández Alba, ao final do curso, foi comentando o traballo de todos e cada un. Tamén o fixo comigo, claro, e eu atendín a todos estes comentarios.

Fixemos unha excursión a Granada e Córdoba con Leopoldo Uría. Vimos arquitectura histórica, claro, que era entón case o único que se podía ver. Eu deime conta entón de que a Mezquita tiña dentro e encima unha catedral, o que me sorprendeu moito, e tamén que a Alambra tiña diante un magnífico palacio renacentista ao que case ninguén lle facía caso.

Antonio Fernández Alba era un home alto e moreno, ben parecido, moitísimo pelo, que tiña 40 anos cando nos deu clase a nós, dotado de bastante carisma e atractivo, polo menos para min, aínda que tamén para moitos. Entón estaba na crista da ola, pois, logo de facer o Convento do Rolo (que foi Premio Nacional de Arquitectura) revelouse como un dos principais campións do organicismo español. Fullaondo publicou en Nova Forma varios números dedicados á súa obra. O meu pai viunos e quedou encantado con aquela arquitectura e coa súa forma de debuxar. No ensino, apoiado por Javier Carvajal, significou unha importante renovación, xa na segunda metade dos anos 60 e antes de ser catedrático. Andando o tempo, pode dicirse que moitos dos que significaron algo na Escola deben a Antonio a súa presenza ou a súa consolidación nela. Refírome a Manuel de las Casas, a Navarro Baldeweg, a López-Peláez, a Javier Frechilla, a Fernández-Galiano e a min mesmo. Polo menos.

3.

A suscripción de Nueva Forma nunca se acababa. Só pagámola unha vez e mandábana sempre. Loado sexa Huarte. Precisamente ao ano seguinte, no curso 1967-68, tivemos a Juan Daniel Fullaondo Errazu, o director da revista, que era o achego de Javier Carvajal Ferrer, catedrático de Proxectos I, en terceiro curso, o primeiro que o foi de entre os modernos. Estaba tamén José María Toledo Escuder, que logo foi catedrático de Debuxo técnico da Escola de Sevilla, e Luís Carrión. Había ademais dous alumnos becarios (becarios sen beca) Alfonso Casares Ávila, que logo foi profesor, e Francisco Alonso de Santos, que o segue sendo. Alonso era un deses xenios que hai ás veces na Escola xa antes de acabar, publicáronlle un proxecto de estudante en Nova Forma e nada menos que cun debuxo na portada. O seu historial posterior desmentiu estes augurios, pois nunca chegou verdaderamente a facer gran cousa nin en obras nin en proxectos nin en escritos, aínda que o pouco que fixo foi moi celebrado e mitificado por algúns. Dicía cousas moi lúcidas ás veces, verdaderamente, pero a min non me servía demasiado. Apunteime a Alfonso Casares, que era unha persoa simplemente sensata e intelixente.

O delegado (non recordo quen era) díxolle un día a Carvajal, de parte máis ou menos de todos, que non nos gustaba nada May Toledo (así lle chamaban). Era fillo do pintor Gregorio Toledo, que tiña unha Academia de preparación para arquitectura, e de Helia Escuder Alarcón, que, mira ti por onde, foi profesora miña de debuxo no Ramiro de Maeztu. Esta señora entendía máis ou menos de debuxo, pero non nos ensinaba nada nin debuxou nunca, limitábase a charlar como unha cotorra mentres nós copiabamos láminas ou faciamos debuxos de tema libre. Creo que May Toledo tiña un discurso moi voluntarista, dos que falan de entusiasmo e de mancharse de tanto debuxar. Eu, a verdade, é que non recordo haberlle oído nunca, pero os que o fixeron odiábanlle. É de facer notar que a nosa era entón unha promoción de esteticistas e intelectuais –polo menos, ese era o paradigma oficial máis ou menos en boga-, pois eramos discípulos directos de Fernández Alba e os seus profesores, os únicos que habiamos ter ata entón e que nos influíron moito.

O caso é que Carvajal protestou muchísimo dicindo que Toledo era un profesor estupendo, pero debeulle dicir que non volvese, pois non o fixo. Carvajal era entón Xefe de Estudos e ía pouco. Levaba Fullaondo o peso da cátedra, e a súa día a día, con Carrión e con Casares e Alonso. Ligados a Carvajal, e sóame tamén que naquel curso, recordo igualmente a Luís Gay e a Federico García-Germán, pero creo que só picotearon un pouco por alí. Talvez fosen alumnos becarios que ían algunha vez. Eu saquei sobresaliente, que foi cousa de Carvajal e non de Fullaondo, segundo decateime logo.

As demais asignaturas eran Cálculo de Estruturas I, Construción, Urbanismo, Estética e Composición, Fontanería e Saneamiento, Electrotecnia e Luminotecnia. Como sempre, non sei si esquezo algunha. Había tamén o que se chamaba “as tres Marías”: Relixión, Formación do Espírito Nacional (Política) e Educación física (gimnasia). Isto durou ata o fin do franquismo. E tamén había inglés, desde segundo curso e non recordo ata cando. Estas cousas tendías a esquecelas e podían ser unha complicación.

En Cálculo de Estruturas I dábase a teoría da Elasticidad e a Resistencia de Materiais. Dábanola Antonio García de Arangoá, un vasco bajito que non se quitaba nin a bufanda nin o abrigo para dar clase e ao que non se entendía nin o que falaba, aínda que os nosos amigos profesores de estruturas téñenlle moi mitificado. Sería como Castañs, un sabio, non digo que non, pero un profesor espantoso para os que non fosen moi aplicados. Eu seguín unha certo costume entre os non moi empollones e deixei esta asignatura para o ano seguinte.

Había uns apuntes de Elasticidad, tomados a man con distintas letras e fotocopiados e vendidos a moitas xeracións. Era de Arangoá, así como o libro de Resistencia de materiais, mellor editado, e ambos negocios seus. Entón tamén se compraba moito o formulario de estruturas de Lahuerta, de Javier Lahuerta Vargas, que era amigo do meu pai e a quen eu non tiven como profesor, pero a quen coñecín. Compañeira miña foi a súa filla María Vitoria, bastante guapa, á que xa me referín, e o seu irmán Javier estudou arquitectura en Pamplona e era do Ramiro de Maeztu. O pobre morreuse afogado nadando nun pantano cando aínda era moi novo. Aínda outro irmán máis pequeno dos Lahuerta foi compañeiro do Ramiro e amigo do meu irmán Lamberto. Lahuerta foi encargado de Cátedra, e marchouse á Escola de Pamplona, pois era do Opus Dei, e imaxínome que a raíz de gañar unha cátedra en Madrid, aínda que non sei si foi a pelo. Tiña, en calquera caso, bastante prestixio. Eu falei con el cando facía a tese sobre Luís Moya, porque Lahuerta, con outro profesor de estruturas, Luís Rodríguez, foron comisionados como peritos cando levaron a Girón e aos seus colaboradores a xuízo por temas económicos da obra da Universidade Laboral de Xixón. Eran peritos do Tribunal Supremo, que levou a causa por ir esta contra un ex ministro, e encargóuselles valorar a obra para evaluar as posibles irregularidades económicas. Lahuerta díxome entón que a valoración que fixeron eles era superior ao realmente gastado, polo que o xuízo foi sobreseído.

A construción dábaa Rafael Fernández Huidobro, que era entón o director. A Luís Moya sucedeulle Adolfo Branco Pérez do Camiño, como xa dixen. Non lle tivemos, pois só daba clase ao plan vello. Logo veu Huidobro, con Carvajal como xefe de estudos, e que polo seu cargo tamén ía pouco a clase. Daba un trimestre, baseado nuns apuntes (as láminas de Huidobro). Logo, un profesor, chamado Julián Navarro como o meu primo, explicábanos as estruturas de cubertas de Félix Candea, que foi o mellor, e despois había un terceiro do que non recordo o nome –chamabámoslle “o exhaustivo”- para cousas máis de batalla.

O Urbanismo (ou a Urbanística, como se chamaba oficialmente) dábaa Pedro Pinto, encargado de cátedra e funcionario do Ministerio da Vivenda. Cando saíu esta cátedra a oposición gañouna José López Zanón e Pinto foise. Daba a teoría, e tiña tres axudantes para prácticas, Alfonso Soldevilla, outro que se chamaba, creo, Valentín Rodríguez, que creo que era o peor, e que foi precisamente o que me deu clase a min, e Xullo García Lanza, que foi o único deles que permaneceu na Escola, chegando a ser profesor titular. Non me gustou nada aquel curso.

Estética e Composición dábaa o catedrático Víctor D´Ors Pérez-Peix, que era fillo de Eugenio D´Ors, falangista, arquitecto municipal (¡!) e caradura e payaso vocacional. Debíalle a cátedra a Luís Moya, franquista como todos eles, aínda que non falangista, e admirador de don Eugenio, ao que en gran modo, e á súa vez, debía, polo menos nalgunha medida, o sillón da Academia de Belas Artes, que de feito foi quen lle contestou ao discurso de recepción. Nos nosos tempos tiña de axudante a Ramón Garriga Mirou, un inefable produto catalán, que viñera a Madrid a facer unha tese sobre Xenius, e xa se quedou de paso. Chegou a ser profesor titular do departamento de estética das facultades de historia, que foi unha chapuza que lle apañaron para que tivese de que vivir, e na Escola non daba clase. Cando era director Aroca, para manterlle ocupado, pensou que era o que había na Escola que fose mellor si funcionaba mal, e púxoo nas convalidaciones de títulos estranxeiros. Estivo alí uns anos e logo quitárono, pois resultaba demasiado torturante para os interesados. Hoxe xa, 2008, xubilouse, pero aínda se lle ve pola escola.

Nós sufrimos a ambos, pero pouco, pois en canto vimos de que ía a cousa apareciamos escasa vez por clase. D´Ors, cando ía, falaba sobre un libro que tiña do editorial Labor, e que eu non comprei, bailaba a sardana e facía toda clase de payasadas. Garriga explicaba (é un dicir) a estética marxista de Gyorg Lukàcks e pedía un traballo de non sé que. Era, como se ve, unha ensalada mixta, e moi fácil.

Fontanería e Saneamento dábaa Mariano Rodríguez Avial, que era encargado de cátedra e que tiña un libro moi bo que si comprei. Chamábanlle de broma, o tigre, porque era un bendito. Daba clase tamén o seu fillo, Luís Rodríguez Avial, o tigrín. Era cuatrimestral, ensinaban ben e aprobábase. Na oposición a cátedra, anos despois, don Mariano perdeu e gañou Pedro María Louro Requena, chamado polo seu aspecto atlético Tarzán. Luís Rodríguez Avial, supoño que en vista do fracaso do seu pai, pasouse ao urbanismo, onde é profesor titular.

Electrotecnia e luminotecnia, tamén cuatrimestral, non recordo como se chamaba quen nola daba; creo que era enxeñeiro. Logo houbo unha catedrática, non arquitecto, que se chamaba Alicia Crespí e que se levaba fatal con Tarzán, e a quen eu non tiven.

Con Carvajal fixemos vivendas en ringleira, vivendas colectivas, un centro parroquial e unha escola. Actuabamos sobre un plano de Chandigarh, coma se fose España, e por grupos e rexións distintas. O meu era o de Santander, con Ignacio Lafuente, José Luís Noriega, Neves Ruiz, Luís Climent, Fernando Nasarre (que foi Director Xeneral de Arquitectura), Xullo Herrero e algúns outros, e había que terminar nunha maqueta final, usando algúns dos edificios proxectados por todos. Recordo que se usaron os meus grandes bloques de vivendas, que eran corbuserianos, pero que se aplicaron a un esquema de cidade que pretendía ser aaltiano, como a urbanización de Pavía, algo do que nos convenceu Lafuente, e que tivo bastante éxito con Fullaondo e Carvajal.

Cando Carvajal viu o plano principal, que era moi bonito, rezongó porque o branco era a zona verde. Fullaondo, moi bajito, pero que se oíu, díxolle: “Viuno Antonio [Fernández Alba] e dixo que é un cadro de vinte mil duros”. Carvajal rezongó un pouco máis –non se sabe ben porque tiña sempre a gala estar de mal humor-, pero foise máis ben satisfeito.

A verdade é que a maqueta fixémola logo dun plante con Carvajal, ao que lle dixemos que non a iamos a facer, pois nos parecía absurdo. traballaramos moito e ademais parecíanos que era completamente equivocado o de facer unha maqueta de cidade cos edificios dados. Carvajal colleu un cabreo como un mono, e nós, logo de ruegos e panos quentes de Fullaondo, acabamos facéndoas. A eles encantáballes ver 10 ou 12 maquetas inmensas –cada grupo facía unha- cheas de formas, e todos competindo porque fose a túa a máis bonita.

Carvajal facíanos entregar uns esbozos, como entrega previa, que se metían dobrados nun sobre grande. Cando eu estaba facendo o centro parroquial leeime cunha cousa entre corbuseriana e miesiana, empeñado nunha estrutura con vigas en ambos sentidos, cousa que a Casares, con toda lóxica, non lle parecía do todo ben, pero deixoume seguir. Na Igrexa, esa estrutura convertíase en espacial, e baixaba na zona do altar para sinalalo. Eu non sabía moi ben o que estaba facendo, pero debuxei unha sección fuxida para convencerme a min mesmo, quedou aparente, e entregueina. Un día apareceu Carvajal e viño facía min cun sobre debaixo do brazo. Era o meu, sacou o debuxo do interior da igrexa e díxome algo así: “Si isto é formalista, está moi mal, pero si vostede dime que isto non é formalista, está moi ben”. Eu quedeime dunha peza, e díxenlle: “¿Por Deus, don Javier, como vai ser formalista? Eu creo que non.” Entón foise moi satisfeito. Non sabía eu moi ben o que era exactamente formalista, aínda que sospeitaba que o meu, que non acababa de estar claro, debía selo. A Carvajal díxenlle o que evidentemente quería oír, pois os meus exercicios parecíanlle ben. De todos os xeitos procurei facelo coa máxima seriedade e cunha linguaxe “seria” e escueto e quedou interesante. Fullaondo dicía que na Igrexa o máis difícil era a cruz. Eu, visto este comentario, tomeima bastante en serio e fíxena de catro soportes con dobres vigas cruzadas nos dous sentidos, o que era un emblema do meu proxecto –ou sexa, do meu erro- e debeu gustarlles. Esta obsesión miña pola estrutura nas dúas direccións serviume para, máis adiante, entender ben a Mies.

Carvajal era un home alto e moi delgado, con pelo ondulado e lentes, e cunha cara moi singular que algúns dicían que era de can. De can pequeñito, diría eu, en todo caso. Sempre estaba como enfadado. Foi bastante importante para a Escola de Madrid, pois, ademais de ser un bo catedrático de Proxectos, cando foi Xefe de Estudos introduciu en Proxectos a Fernandez Alba, a Fullaondo e a Moneo, e consolido a Saenz de Oiza. Tamén intento transformar a Análise de Formas e o Debuxo Técnico mediante a introdución de Moneo e Hernández Gil e no primeiro, e de Feduchi e de Mátaa no segundo. Non logro que esta a súa Escola moderna consolidásese completa, pero foi en definitiva o pai da primeira e real renovación do ensino.

Fullaondo era un home gordito e algo calvo, de face redonda e atractiva e case sempre riseira. Era o achego de Carvajal e o noso curso levouno case completamente, xa que D. Javier, como era Xefe de Estudos, ía pouco. Era unha persoa culta, bo profesor, de moito sentido crítico, aínda que moi escorado cara ao organicismo exacerbado tipo Utzon, que era unha das cousas que se levaban naquela época. Tiña tamén o marchamo de ser entón director da revista Nova Forma, pagada por Huarte, e que era naqueles tempos a revista máis lida na Escola, e que nos educou a todos. Ao ano seguinte Fullaondo enfadouse con Carvajal porque non lle deixaba suscitar o seu propio programa e foise da Escola. Volveu ao final dos anos 70 á cátedra de Sáenz de Oiza, e foi logo, primeiro, Profesor Titular, e máis tarde catedrático. Morreu prematuramente.

Nese curso, que era o noso paso do Ecuador, fixemos unha cea, creo que no hotel Wellington. Recordo que foron López Durán, Oliverio e Pedro Hernández Escorial, que era profesor de Análise de Formas e estaba tamén no CEU. Sempre se dixo que López Durán e Escorial eran homosexuais, aínda que ignoro si entendíanse, radiomacuto non o aclaraba. Tamén fixemos unha visita con comida a Segovia, da que se conserva unha foto do curso feita por Paco Partearroyo; e, o mellor, unha viaxe a Roma, ao que ían tamén os de cuarto, acompañados por Sáenz de Oíza. Fíxose en clase a típica lista e un día Carvajal a cotilleó, coñécese que non me viu nela, logo atopoume e díxome: “E vostede, por que non vai a Roma?” “Porque non teño diñeiro”, dixen eu. “Págollo e despois traballa un mes no meu estudo.” Eu aceptei encantado e inmediatamente sacou unha chequera e asinoume un talón. A verdade é que eu había ir xa a Roma co Instituto Ramiro de Maeztu, en preuniversitario, pero apetecíame moito volver coa escola. Javier Carvajal fíxome un gran favor, co que demostrou o seu estima por min e unha bonhomía que desmentía o seu bronco carácter. O máis raro foi que logo non quixo que traballase no estudo o mes que lle debía, o que para min foi peor, pois me apetecía habelo feito. Perdooume, sen máis, a débeda.

O certo é que fomos a Roma. En avión acompañáronnos nada menos que Helena Igrexas e Adolfo González Amézqueta, de tan sinistro recordo para min logo e, en xeral, para a escola, descontados aqueles que foron profesores grazas á montaxe da súa escura pandilla de poder. Francisco Javier Sáenz de Oíza, coa súa muller, María Felisa Guerra, foron en coche, no Morgan que inmortalizó o seu discípulo Javier Vellés para a primeira portada de revístaa Arquitectura que fixemos Frechilla, Ruiz Cabrero e eu en 1981.

En Roma, Igrexas e Amézqueta desapareceron, por fortuna; únicamente aproveitaban a viaxe. Na Academia Española de Belas Artes estaban de pensionados Gerardo Salvador Molezún, primo de Ramón, e José Ramón Menéndez de Luarca, que gañaran a oposición contra Manuel das Casas e Javier Segui. Aparecido Oíza, Gerardo e José Ramón acompañáronnos a ver algunhas cousas, entre as que recordo o EUR e algunhas obras de Ridolfi. Fomos ao EUR nun autobús e acabamos vendo alí o Palacio dos Deportes de Marcelo Piacentini e Pier Luigi Nervi, e unha pequena casa de Scarpa. Ignacio Lafuente e eu pediamos que parasen nas cousas mussolinianas que nos parecían máis interesantes a primeira vista, como eran as do palacio de congresos de Libera e o palazzo della civiltà do lavoro, de Lapadula, aínda que nós non sabiamos que eran nin de quen. Nin aos pensionados interesábanlles estas cousas, nin moito menos a don Paco, que as vería con mala conciencia e non sabería que dicir, así que non nos fixeron nin caso.

A final de curso, quedábame pendente o cálculo de estruturas, ao que tampouco me presentei en setembro. Carvajal puxo tres matrículas: a Fernando Nanclares, a José María Chofre e a Miguel Martínez Garrido, que logo chegaría a ser profesor titular de proxectos. Púxonos a Paco Partearroyo e a min, sobresaliente, e daría quizá algún máis que xa non recordo. Houbo unha cea final de curso, á que eu non fun, pero na que reapareceu José María Toledo. Vese que naquel curso noso ía de gafe, porque un camareiro, ao pasar preto del, tropezou, e tiroulle unha sopera encima da súa impecable trouxen de verán. Que coherencia ten ás veces a mala sorte.

Como neste curso tiñamos de becario a Paco Alonso, tan respectado e famoso, creo que é oportuno este momento para relatar o que me contou Javier Vellés, que supoño anécdota certa. Dicía que, cando tiñan a D. Ramón Aníbal Álvarez García-Baeza, que era catedrático de proxectos e xordo (levaba aparello), entrou o profesor en clase e atopouse con Paco, sentado ante un taboleiro de papel case en branco, excepto un pequeno e exquisito debuxo, e sentouse alí con el a ver que estaba facendo. Entón Paco empezou a falar e falar (imitaba bastante a Sáenz de Oíza) e D. Ramón, paciente (quizá tiña apagado o aparello) esperou a que acabase, mentres miraba o seu pequeno debuxo. E cando acabou díxolle: “¡Señor Alonso! Vostede fala moito e debuxa pouco, e eu vexo moi ben, pero estou xordo como unha tapia. ¡Así que non nos imos a entender!”

Nese verán fómonos ao primeiro campamento de milicias universitarias na Granja de San Ildefonso. Tocounos en Enxeñeiros zapadores a varios compañeiros xuntos, por fortuna. Alí chegou un exemplar de Nova Forma no que Fullaondo publicara cousas do noso curso. Miñas saían unhas fotos do centro parroquial. O asunto tivo a súa graza, porque había un estudante de Camiños que se apellidaba Larrauri e que non ocultaba o seu odio enfermizo polos arquitectos, que se quedou extrañadísimo ao ver que proxectabamos xa edificios e preguntounos si non era terceiro curso o que fixeramos. Era tan estúpido este home, que gastaba bromitas como atoparche e dicirche: “Oe, que se che caeu un pincel”, pois nos consideraba pintores. Outra cousa graciosa en torno a esta revista é que, xa en Madrid e en casa, o meu pai díxome que lle parecía rarísima unha fachada, e eu díxenlle que era peor, pois non era unha fachada, senón unha cuberta: a da maqueta do proxecto de escola de Martínez Garrido.

En setembro, logo da mili, a Ignacio Lafuente e a min saír un traballo divertido. Tratábase de que Luís Martínez Feduchi, o arquitecto do Capitol e gran diseñador e experto en mobles, propuxera á editorial Blume facer unha gran enciclopedia sobre a arquitectura popular española. Contaba con outros para dirixir e prologar cada tomo e eran, quero recordar, o seu fillo Javier, Fernández Alba, Rafael Moneo (que era a súa yerno), Carlos Flores, José Luís García Fernández, algún máis que non recordo, e el mesmo. Pero o traballo de campo tiña que resolvelo con estudantes. Quería facelo por parellas, e a Nacho Lafuente e a min habíanolo devandito Fernández Alba. Naquela pandilla estiveron tamén Paco Partearroyo, e Junquera e Pérez Pita, entre bastantes outros. Nacho e eu fomos a ver a D. Luís, a quen coñecemos entón, e que era un home intelixente, hablador e simpático. Propúxonos facer o percorrido dos pobos das provincias de León e de Zamora, deunos algunhas indicacións sobre os pobos que podían ser, aínda que deixaba nas nosas mans as decisións últimas. Dábanos 800 pesetas por pobo, e había que sacar fotos, algúns datos, e facer planos, máis ou menos medidos, e debuxos.

O problema era que nin Nacho nin eu tiñamos coche, o que complicaba as cousas, sobre todo económicamente; pero decidimos tirar para diante propoñéndollo a Javier Lacarte, que era compañeiro o noso de promoción, aínda que pouco amigo, e que tiña un 600 e apetecíalle. Lacarte dixo que si, resultou ser un agradable compañeiro de fatigas, e alá fomos á conquista das dúas provincias. Por causa do escaso diñeiro había que facelo a toda velocidade; pero fixémolo e ben. A D. Luís gustoulle o resultado, quedouse coas cousas e pagounos. Eu estiven logo algúns días no estudo de Fernández Alba facendo debuxos definitivos dalgunhas cousas, pero enseguida sóubose que aquilo non se podía financiar así e a cousa parouse. Co tempo fíxoo todo D. Luís, que llas arranxou para sacar adiante, el só, catro tomos.

4.

En Cuarto Curso tiñamos Proxectos II, Cálculo de Estruturas II, Construción, Composición II, Urbanística II, e algunhas outras. En Proxectos tivemos a José Rafael Moneo Vallés, que era Encargado de Cátedra e tiña como encargados de curso a Germán de Castro e a Ramón Bescós. Rafael Moneo, tiña entón 31 anos, nós andabamos polos 21. Moneo, logo de vir de Roma como pensionado (estivo con Dionisio Hernández Gil, co escultor Francisco López Hernández e co pintor Agustín de Celis), foi incorporado como profesor de Análise de Formas en 1965-66, juntamente con Dionisio e tamén con Agustín, pois este continuou nesta asignatura, sendo logo profesor titular. Moneo e Dionisio, con Agustín e quizá algún outro, levaron un grupo experimental que eliminaba en gran medida a tendencia tradicional, e que foi unha cousa imposta a López Durán por Carvajal como xefe de estudos para o plan novo cando Moya, ou quizá Huidobro, era Director. Eduardo Sánchez López, logo axudante no estudo de Antonio Fernández Alba e máis tarde activo arquitecto, profesor de proxectos e excelente fotógrafo, foi alumno dese curso, e contábame que se pasaron un trimestre con espirales para desembocar no capitel jónico, pero falaba ben de todo iso. Esta experiencia durou só dous cursos. Dionisio quedouse algún tempo máis como profesor de Análise de Formas no modo académico convencional e a Moneo pásolle Carvajal a Proxectos, no segundo curso do plan antigo. Alí tivo de alumnos a Enrique Perea Caveda, que sería profesor de Proxectos e ao que foi tanto tempo o seu socio, Gabriel Ruiz Cabrero, que é agora catedrático de Proxectos. Tamén é daquel curso Alberto Campo Baeza, igualmente hoxe catedrático.

Foi aquel ano o ano da guerra, como dicía Isabel Sáiz de Arce, que era entón estudante (xa había moitas máis chico guapas). Nós empezamos o curso con Moneo, moi contentos, pois xa lle coñeciamos de referencias, por revístaa Fogar e Arquitectura, e tamén por que estivera unha vez en clase de Elementos de Composición de Fernández Alba nunha sesión crítica, como profesor invitado. Pero aquel ano, 1968, tocáballe a Madrid responder aos ecos da revolución do maio francés e armouse un gran revuelo na universidade e, concretamente, na Escola. Foi o ano dos xuízos críticos aos profesores, e de toda clase de cousas. Moneo suscitou como exercicio un Instituto de Ensino medio en Artesa de Segre, e fixemos unha excursión con el a Cáceres para ver institutos, que eran todos feísimos. Vimos tamén a cidade antiga de Cáceres e Moneo pedíanos que “lésemos” as fachadas antigas, que non sabiamos, claro. Ensinounos un hotel de Dionisio Hernández Gil e as casas racionalistas de Ángel Pérez.

Non sei si a aquela excursión foi Miguel Martínez Garrido, porque recordo que, a poucas semanas de empezar o curso, abriuse a porta da clase, como á unha da tarde e apareceu Miguel, que era a primeira vez que ía. Moneo volveuse e díxolle: “E vostede quen é?”. Miguel explicoulle que estivera en Inglaterra, e non sé que, e o profesor contestoulle: “Bo, pois ata setembro”. Martínez Garrido quedou aterrado e á saída foise con Moneo, como un buhito, dándolle váraa.

Ao volver de Cáceres, a guerra estalara. Antonio Fernández Alba tiña un curso de Elementos de Composición de 800 alumnos, ou máis. Os seus profesores principais eran Leopoldo Uría e Xullo Vidaurre Jofre, pero había moitos máis: Juan Navarro Baldeweg, Carlos Trabazo, Antonio Pruneda, Francisco Alonso de Santos, Antonio Vélez Catraín, Alfonso Igrexas,… O curso de Alba, perfeccionado dous anos despois do noso, era moi abstracto, postbauhasiano (falábase moito entón da Escola de Ulm, dirixida por Maldonado) e os alumnos de primeiro puxéronse en folga contra a asignatura de Análise de Formas, de López Durán, que seguía coa liña clásica e que perdera xa a modernización de Moneo, sucesora da de Oíza. A Escola se solidarizó cos de primeiro e declarouse folga total. Para contrarrestar estas cousas o director, Rafael Huidobro, lanzou unha especie de carta aberta aos estudantes, poñendo a caldo o ensino moderno, o que entón se chamaba o deseño básico, a escola de Ulm, etc., etc. Díxose, e creo que con verdade, que a carta escribiuna José López Zanón. Fernández Alba, que se sentiu desautorizado e que estaba algo pasado xa polo enorme curso que lle tocaba dirixir, dimitiu, e con el Uría e Vidaurre. Tamén dimitiron Javier Feduchi Benlliure, o fillo de D. Luís, o da arquitectura popular, e José de Mátaa Gorostizaga, que levaban o Debuxo Técnico, máis ou menos en coordinación ou coherencia con eles. Era a liña dos modernos, que Carvajal estaba introducindo a partir do plan novo.

A Escola, naturalmente, seguiu parada, pero estabamos constantemente en asemblea, de curso ou de escola, e os problemas internos mesturáronse cos políticos e culturais. Adoitabamos usar a clase de proxectos para non ir á teórica e non coincidir cos profesores. A Moneo deixabámoslle asistir á clase porque esta non era tal, senón unha asemblea, que se celebraba todos os días en clase de proxectos si non había asemblea de Escola. Pero para arranxar o ensino, que era o obxectivo –poñíase este obxectivo máis moderado, no canto dos políticos, culturais e de oposición ao franquismo, para facerllo de serios e lograr que case todo o curso aceptase o parón- e, así, sen dar clase nin falar de arquitectura, que se consideraba o mesmo. En canto Moneo deslizábase cara á pizarra a facer un esbozo e poñíase a charlar de arquitectura, que era o que lle gustaba e quería, parabámoslle. Nós, ao estar en cuarto curso –ou sexa cansados de tanto traballar o ano anterior, pero sen a présa de acabar, ao non estar en quinto- xogamos un papel bastante intenso naquel ano, aínda que máis ben de tipo acrático, que de rojería tradicional. O cansazo de traballar en proxectos de xeito pouco controlado e a acracia manifestouse xa desde o principio. Ao comezo do curso dixémoslle a Moneo que nada de poñer un tema e dicir “¡Ale, ale, a traballar!”, que queriamos saber como se facía un proxecto, cal era o metodoloxía, e todo iso. Eran aqueles anos.

Unha mostra de como chegabamos –de antes de empezar a guerra- foi que, como xa Moneo non conseguía que arrincásemos a traballar, un día botoulle o ollo a Fernando Nanclares –que fora matrícula con Carvajal e traballara con Fernández Alba e, sen dúbida, Moneo sabíao- para preguntarlle unha cousa. O obxectivo estaba ben elixido: Fernando non levaba o pelo longo e, sendo de Oviedo e fillo dunha modista de alta costura, ía vestido de forma moderna, pero buenísima, xersei, pantalón e zapatos excelentes. Un mozo moi bo proyectista, refinado e burgués; ningunha pinta de radical. Rafael dixo “Bo, bo, hai que crear unha situación de traballo, hai que crear unha situación de traballo,…” e preguntoulle: “E a vostede, Nanclares, por exemplo que lle gustaría facer?”. Fernando botou unha calada ao ducados que estaba fumando, mirou ao teito, e contestou: “Eu, para empezar, pintaría esta clase de vermello”. Moneo, moi rápido, percibiu que o seu experimento fora certeiro, pero de resultado negativo: si Nanclares pensaba así, no curso dominaba a acracia, máis que a rojería, ou a vulgaridade, que se situaría en todo caso, medio escondida, disimulando. Abatido, Moneo exclamou. “Ah, pero vostedes son imposibles, son imposibles,..”. A verdade é que Nanclares respondeulle ben, pois o que lle dicía era que había que acondicionar ambientalmente a clase –en plan pop- para crear unha boa situación de traballo. Era o que Fernando cría e apetecíalle.

Na promoción, ademais de Nanclares, había outros personaxes intelectual e personalmente atractivos, algúns xa citados (Neves Ruiz, José Luís Noriega, Francisco Rodríguez de Partearroyo, Ignacio das Casas, Miguel Martínez Garrido), e outros como Felipe Setién, Ignacio Lafuente, Luís Climent,… Naquel ano de cuarto curso aterraran ademais tres sevillanos interesantes, Paco Torres, Antonio Cruz e Antonio Ortiz, e un alicantino, Ernesto Benlloc. O noso vermello máis importante era José María Gómez Santander.

Todo se mesturaba: política de distintas clases; problemas pendentes de todo tipo; crise da arquitectura moderna e crise do modo de ensinar. Non nos bastaba que fosen modernos os profesores. Queriamos saber como se proxectaba, cal era a metodoloxía. O panorama enchíase de toda clase de cuestións. Dun lado estaban as neo-hiper-vanguardias: Archigram, Hausruker, Superstudio, Metabolistas,…Doutro, a semiótica, o estructuralismo,… Os reis da metodoloxía eran xentes como Alexander ,a informática (entón chamada cibernética) se erigía como unha máxica solución para proxectar,…, as tecnoloxías sofisticadas, o imperio das funcións e o ansia da certeza e da cientificidad caricaturizaban as mensaxes da modernidad. Todas estas cousas, todos estes campos de debate internacional entraban en xogo naqueles anos, negando á arquitectura o seu contido específico e tendendo a situala como campo vicario, dependente.

Na Escola, e en proxectos, as xentes máis avanzadas non chegaran a concibir, en realidade, un modelo didáctico capaz de superar como únicas armas ante o papel en branco a intuición, a forza creadora e o difuso exemplo dos mestres, co que resultaba ben lóxico que unha escola xa masiva, ao percibilo, decidísese pola eliminación do irracionalismo e a garantía da certeza. A crise da arquitectura mesturouse coa crise da política e todo resultaba moi difícil de distinguir, pero o certo é que de 1968 a 1970, máis ou menos, o máis avanzado da institución escolar– alumnos de cursos superiores, recentes profesores- discutía en torno ás metodoloxías, cibernéticas ou non, e os tecnologismos da da cultura europea e americana.

Volvendo a Moneo dentro deste panorama, cando unha vez pedímoslle un método, el contestou: “¿Coñecen vostedes o artigo O ovo e o salmón, de Alvar Aalto?”. Non o coñeciamos, desde logo, e con iso quería dicirnos que non hai método, está claro. Daquela lino eu publicouno Fullaondo en “Nova Forma”- e en verdade foi moi importante para min, ata máis adiante; del xurdiu, tantísimos anos despois, o meu libro “As formas ilusorias na arquitectura moderna”.

Como dixen, o noso curso, xogou un papel bastante importante naquel barullo. Un día, o noso portavoz, que era Pedro Salmerón, pediu a palabra nunha asemblea de Escola e proclamou, en nome do curso, a desautorización total do claustro de profesores. Acordámolo propoñer á Escola na nosa asemblea de curso, malia o noso respecto por Moneo, e foi aclamado pola asemblea de Escola con gritos de xúbilo. Un de clase tiña gardado nunha taquilla un globo de goma cheo de pintura verde e destinado a Antonio Cámara, pero nunca lle pescó. A situación foise complicando cada vez máis; Carvajal pretendía xogar o papel de mediador, pero non era aceptado polos alumnos, a rojería oficial odiáballe. Inventaron unha “comisión de homes bos” para pactar, na que recordo que estaba Margarita Mendizábal, pero non funcionou.

O paro xeral acabouse, nun principio, claro é, coas vacacións de Nadal. No transcurso destas, en vista do estado de revolta da universidade e doutras folgas, creo recordar que de mineros en Asturias, obreiros industriais, etc., Carrero Branco, que era entón o vicepresidente do goberno, falou nas cortes franquistas de “a droga e a anarquía” na universidade, o moi farsante, e decretó un estado de excepción. De acordo con el suspendéronse moitas garantías da lei, e, con elas, a de que a policía non puidese entrar nas facultades, e a de que para nomear un director de Escola ou Decano de Facultade había que facelo entre tres elixidos polo claustro de profesores, e así se destituíu a Huidobro, que só foi director dous anos, e nomeouse directamente a Víctor d´Ors. Moitos anos despóis decatámonos de que os vellos (léase, por exemplo, López Durán, pero non só) foron ao Ministerio a contar que Carvajal estaba metendo na Escola aos vermellos. Isto non era verdade, era aos modernos, a quen estaba metendo e os antigos, celosos, empregaron esta sucia trampa. O certo é que descabalgaron a Huidobro e a Carvajal, que xa nunca foi director da Escola de Madrid, pero á que esta lle debe a operación de dar entrada aos modernos que, en definitiva, acabou consolidando a tanta xente importante.

A Escola abriuse en xaneiro de 1969 de modo sinistro, con policía dentro, ou nos arredores, e con permiso para entrar. D´Ors, con todo, quixo celebrar o seu toma de posesión en público e convocou unha reunión no salón de actos, á que foron algunhas autoridades, entre as que recordo a Miguel Angel García Lomas. Falaron algúns. Larrodera, que era o secretario, leu o oficio de nomeamento, un tanto forzado, con cara de cabreo, e preocupado polo tenso ambiente. Ao acabar, e como saíndo ao paso do ruído de fondo e dalgúns grosos comentarios e risas que había entre os estudantes, Víctor dixo: “Seguro que os meus queridos alumnos inventaron xa unha canción para o seu director, a ver, a ver,…” Un empezou, e xa todos, de viva voz: “¡Dimisión, dimisión, dimisión…!” As autoridades, bastante asustadas, fuxiron entre bastidores. Un récord, pedirlle a dimisión o primeiro día. O buscoullo.

Como Fernández Alba dimitira e non quería volver, D´Ors preguntoulle quen podía ser o xefe de todos os que quedaran, que, menos Alba, Uría e Vidaurre, eran os demais. Antonio dixo que o xefe tiña que ser Juan Navarro Baldeweg, demostrando que sabía elixir á xente. Por certo, que, antes da dimisión, Ignacio Lafuente e eu foramos convencidos para servir de ayudantillos, becarios sen beca, como os que habiamos ter con Carvajal. Fómolo de Juan Navarro e de Carlos Trabazo. Como iamos faltar algo a clase de proxectos por causa disto, dixémosllo a Moneo, que nos deu un corte tremendo: “Pero é que, verdaderamente, vostedes creen que poden ensinar algo?”. Así que, en parte por esta opinión de Moneo, en parte pola lea da dimisión dos xefes e todo o demais, deixámolo. Aínda que a min enganchoume Antonio Vélez cando me ía e pediume por favor que me quedase con el nun grupo de repetidores (non sei si é que el tiña dous). Daquel ano recordo a María Luisa López Sardá, que foi logo muller de José Carlos Velasco, profesor nalgún momento de Debuxo Técnico.

Cando xa estabamos en paro completo veu algunha vez á asemblea da hora de Proxectos Francisco Fernández Longoria, que con María Pérez Sherif eran os nosos profesores de prácticas de urbanismo. O catedrático, que daba a teoría era Emilio Larrodera López. Longoria, que estivera en América, manexaba moito os tópicos da época, o estructuralismo, etc. Pero Moneo e el non se poñían de acordo e pelexábanse intelectualmente diante de nós. Recordo, por exemplo, que Longoria dixo algo así como que. “A igrexa de Ronchamp de Le Corbusier pode definirse como: ¡luz!”. E Moneo replicou: “Pero Paco, pero Paco, ¡que disparate, que disparate!”

Co estado de excepción a algúns dos vermellos coñecidos da Escola os desterraron ao seu pobo. Ao noso vermello, José María Gómez Santander, o desterraron a Ponferrada, de onde era a súa muller, pois estaba xa casado. Isto era aos vermellos comunistas, e aos que estaban identificados como activistas contra o réxime. Aos ácratas e radicais por libre, que non nos tiñan identificados, non nos fixeron nada.

A clase xa non puido ser asemblea, pero como non faciamos nada, Moneo decidiu dar clase teórica todos os días. Díxonos que ía seguir un libro moi recente, que era o Banham (“Teoría e deseño arquitectónico en éraa da máquina”), o que me veu moi ben, pois era o único libro importante de arquitectura que eu lera; acabábaa de ler, realmente. E así foi: Moneo empezou, capítulo por capítulo, e, cando viña a conto, traía directamente da biblioteca o libro a que Banham referíase, como fixo co “Elements….” de Julien Guadet, xusto ao empezar. Seguiu ata final de curso e foron unhas clases espléndidas.

Quizá antes de empezar con este libro, Moneo, que estaba farto de ter que falar todo o intre e moitos días non sabía que facer, viu un día a Paco Alonso pasar polo corredor –deixaba a porta aberta- e chamoulle para que nos contase algo. Paco se enrolló e cando estaba no medio do seu parlamento deime conta que estaba contando “O humanismo imposible”, un librito de Carlos Castilla do Piñeiro, que entón estaba moi de moda, e que eu acababa de ler. Naturalmente, non o citou, e ademais tivo a desfachatez de acabar coa última frase do libro. “O que hai que facer é converter o misterio en problema”, en plan feliz e coma se fose unha gran ocorrencia súa. Bo, logo foise e Moneo púxose a falar de algo. A el, que non lera a Castilla do Piñeiro, debeulle gustar o de Paco, e ao saír, como coincidiu que baixabamos xuntos a escaleira, agarroume do brazo e díxome: “E a vostede, Antón –chamábache de vostede, pero polo nome- ¿que lle pareceu o profesor Alonso?” E eu díxenlle: “Pois que leu o mesmo libro que eu”, e conteille que todo era de Castilla do Piñeiro. A el non lle debía de parecer mal que un profesor contase o que saía no libro doutro –a min tampouco, si citouno- e díxome: “Hai que ver, que duro é vostede”. Non era certo, pois Alonso, simplemente, facía trampa.

Tamén Moneo era duro. Outro día que coincidimos de novo baixando a escaleira ao final da clase, espetoume: “Bo, Antón, verdaderamente, verdaderamente, aqueles que como vostede moito falaron, moito tamén deberían de facer…”. Isto é, avisoume de que tal como ía, suspendería, como así foi. Realmente era completamente lóxico pois non traballamos case nada.

Un día fomos a ver un solar en Guadalajara para o proxecto, que pasou de Artesa de Segre alí, porque había unha ficción, que pasaba por real, de que o instituto construiríase por parte do Ministerio de Educación, e cambiaron o lugar. Alá fomos todos con varios coches, e paseámosnos/paseámonos un intre polo descampado que supuestamente era o terreo para o instituto, mentres Moneo falaba. De súpeto, e cando xa nos iamos, apareceron dous coches da Garda Civil, que preguntaron quen eramos, Moneo explicouno, pedíronlle o carnet de identidade, e leváronnos en fila cara ao cuartel, cun coche dos civís por diante e outro por detrás. Acordámosnos/Acordámonos que, no estado de excepción, o goberno de Carrero Branco advertira a “as provincias” que podería aparecer por calquera parte xente de Madrid para manifestarse e facer accións subversivas. Costa traballo agora recordar o dementes que eran os franquistas. Polo visto, xentes do pobo, ao ver coches con bastante xente e que se paseaban por un terreo, interpretaron que eran estas xentes subversivas sobre as que o goberno advertira, e chamaron á Garda Civil. Leváronnos ao cuartelillo e alá entrou Moneo, el só, para falar coa Escola e que D´Ors identificáseo e resolvese o asunto. Tardou bastante en saír, co problema xa arranxado. Alguén lle preguntou: “Pegáronlle?”. E o dixo, “Non, por favor Como me van a pegar?” E así quedou a cousa.

Como non traballabamos case nada nos puxo dous encerronas, unha para facer un aparcamiento de bicicletas no Instituto e outra para o moble escolar. Entregabámosllo e el devolvíanolo corrixidos cunha cuartilla con comentarios escritos a máquina. Dáballe unha parte a Germán Castro –Ramón Bescós non chegara a ser profesor, pois sobraba-, pero Germán non os traía nunca, polo que Moneo colleunos todos e fíxoo el só. Facía uns comentarios curtos e afortunados. O traballo era un instituto, e facíase por equipos, como correspondía á moda da época. O noso equipo era Fernando Nanclares, Neves Ruiz, José Luís Noriega, Paco Partearroyo e eu. Como eramos uns modernos, e moi comprometidos cos rolos do momento, fixémoslle unha maqueta conceptual, que a nós nos parecía moi bonita e presentámoslle fotografías. Era unha cousa feita con tubos de plástico, unha media esfera de metal (procedente dunha lámpada globo da Escola) e cousas así. Botounos unha rifa de campionato. Do traballo fixemos logo unhas seccións, debuxadas por Fernando e bastante bonitas, pero non o acabamos, realmente. Suspendeunos a todos, como fixo coa maioría da clase. Aprobou aos trabajicas que lle entregaron un proyectito, máis ou menos precario, pero completo.

En setembro examinounos. Deunos unha planta do Instituto de Norfolk, dos Smithson, e pediunos facer para o edificio un gimnasio, que el recomendaba sen máis que fóra ao xeito de Mies. Eu, non recordo por que, empecei a traballar uns días máis tarde que José Luís Noriega, en cuxo chiringuito –un trasteiro en semisótano da clínica dental do seu pai- traballaba tamén eu con el. Cando empecei el xa tiña un esquema pensado e perdinlle permiso para copiarllo. Así, fixemos os dous un exercicio parecido, co mesmo esquema de base. A min púxome notable e a el aproboulle soamente. O malo foi que devolveu os exercicios coa consabida cuartilla mecanografiada, e no de Jose empezaba “Exercicio moi semellante ao de González-Capitel….”. Jose se cabreó muchísimo, xa que o esbozo básico era seu, pero eu non podía facer nada. Naquel exame non aprobaron nin Neves nin Ignacio das Casas, que tiveron que cursar outra vez Proxectos de 4º con Xullo Cano, o que foi un pouco cruz para eles. A Fernando, que non fixo o exame miesiano, senón independente, só lle aprobou. Creo que puxo tamén notable a Errazquin, que era un vasco que aparecía e desaparecía. A Nieves e a Ñaqui Casas pediulles perdón por haberlles suspendido cando soubo que tiñan que ir con Cano, e non con Sáenz de Oíza.

Rafael Moneo era un home de estatura mediana, con lentes de concha, sempre ligeramente encorvado ou coa cabeza baixa, e que lla rascaba ao falar a miúdo. Case sempre riseiro e de aspecto agradable, tratábanos de vostede, como xa dixen, pero polo nome de pila, a medida que o ía sabendo. Aprendíase as fichas e sabía o lugar de nacemento de cada un e o profesor do pai. De gran cultura arquitectónica e de extraordinario sentido crítico, era un gran profesor, aínda que nós o desaprovechamos case por completo naquel ano. Cando lle tivemos era moi novo, 31 anos, e case cara ás veces dun irmán maior. Como arquitecto non era aínda moi famoso, pois aínda que fixera obras interesantes que se publicaron en revístaa Fogar e Arquitectura, aínda non realizara a ampliación do Bankinter, que foi a que lle deu un inmenso prestixio, sobre todo entre a miña xeración. Escandalizábase falsamente de que non coñecésemos algúns arquitectos (“Pero, verdaderamente, verdaderamente, non saben vostedes quen é McIntosh?”) e algo nos desbravo neste sentido, non só co Banham, senón tamén levándonos ás veces a algunhas exposicións. Recordo unha de arquitectura alemá na Biblioteca Nacional, onde nos quedamos bastante chocados –e atraídos, polo menos eu- pola obra de Scharoun. Malia todos os conflitos, a incomodidad que o pasaba connosco, pois apenas faciamos nada, e todas as cousas daquel curso, o trato co era moi bo, e algúns nos fixemos amigos seus.

Naquel curso, como Cálculo de Estruturas I (con Arangoa) saltarámonolo á toureira, estudabamos esa asignatura cun profesor particular, no canto da seguinte. Examinámonos en febreiro, e aprobaron todos menos eu, que tampouco aprobei en xuño, así que me quedou para 5º, o que me desviou definitivamente, e á forza, pola especialidade de urbanismo.

En Urbanística tiñamos a Larrodera para teoría (nunca iamos) e a Longoria e a Maruja Pérez Sherif en prácticas, como dixen. O exercicio máis importante foi facer un Plan Parcial nun terreo de Arturo Soria, en equipo, no que estabamos Fernando e Neves, Ignacio Lafuente e eu. Como non sabiamos que facer e aburríanos moito o método do plan parcial corrente, fixemos unha gran Unidade de Habitación, na que cabía todo o mundo, e sobre un parque. Maruja díxonos que ben, pero que tiñamos que proxectar o parque. Fixémolo e púxonos notable.

En construción tiñamos a Cámara, unha das bichas negras da Escola. Deunos dous ou tres clases, porque en canto empezaron os conflitos desapareceu. Recordo que nunha clase explicaba unha estrutura metálica, e esaxeraba muchísimo cos refuerzos nos nós, veña a poñer angulares e cartelas. Levantouse Zacarías Jiménez e díxolle: “D. Antonio, non sería máis sinxelo coller aceiro líquido e facerlle un mogollón nos nós, no canto desa lea de cartelas e angulares?”. Cámara sacou unha libreta e un lápiz e díxolle: “¿Como se chama vostede?”. Non sei si Zacarías contestoulle, pero daquela alguén comentou: “¡Uf, que susto! Crin que sacaba a pistola…”. Esa fama tiña Cámara. Logo aprobamos cunhas prácticas e uns exames algo macarras.

En Composición II tiñamos de novo ao inefable D´Ors, con Jaime Lafuente (irmán de Ignacio) e Adolfo Amézqueta. D´Ors finxía ensinar unha metodoloxía de proxecto persoal e realmente impresentable. Aprobamos mediante uns exames ficción nos que finximos, á nosa vez, seguir o seu método para proxectar non se que. Con catro tonterías poñíache notable, pois utilizaba a coñecida técnica de vender barato.

Na Escola ese ano fixemos, pois, pouca cousa, pero fóra algo máis. Empezamos por gravar nunha cinta unha lectura declamada da obra “Marat-Sade”, de Peter Weiss, un dos mitos da época. Ibamos a toda clase de conferencias, eventos e happenings, e devorabamos a Marcuse, Castilla do Piñeiro e outros autores entón de moda. Logo picamos máis alto e, como Paco Partearroyo tiña unha máquina de cine Super 8, decidimos facer unha película nihilista, que se chamaba PLONC. Empezaba cuns debuxos animados, que se filmaban foto a foto, sobre modelos de Antonio Ceresuela, que debuxaba extraordinariamente ben. Os actores, principais e únicos, eran Olga –unha moza loura, moi guapa, que era entón noiva de Paco- e Jose Noriega, que era o guapo e louro da nosa pandilla. O argumento era elemental, case inexistente, pero fixémola. Estreámola para os amigos nunha bufarda que tiña José Ignacio López Brea, e invitamos a Moneo. Non dixo nada da película –que, dentro da súa nadería nihilista, valla a redundancia, non estaba do todo mal-, pero comentou. “Vaia, vaia, están vostedes como Bofill…”. Eu creo que o dixo con certa envexa.

Algúns nos fixemos máis amigos de Moneo, como xa dixen, e algún domingo –non moitos; el fartaríase e a súa muller protestaríalle- fixemos excursións. Recordo sobre todo un día que fomos ver pobos de Guadalajara, por exemplo Cogolludo, co seu impresionante palacio renacentista. Facía moito frío; baixabámonos/baixabámosnos do coche para ver o edificio ou a praza que fóra, logo subiámonos/subiámosnos apresuradamente, e acendiamos un pitillo. Moneo ía no coche en que ía eu, e observou como se repetía o vicioso rito. Unha das veces, dixo: “Pero isto de fumar, tan ben tan ben está? Non sexa que un se estea perdendo….” Non sei si foi un comentario calquera ou unha declaración de hedonismo potencial, para non parecer un puritano.

5.

Moneo quedara moi frustrado co curso, pois eramos unha promoción pequena, pero con bastante xente interesante, e que non fixeramos nada. Pactou con D´Ors ternos en 5º de novo, que lle dixo que si, e que poñería a Sáenz de Oíza en 4º, e pasouse o verán preparando o curso sistemático que nós lle pedimos. Ao chegar outubro, D´Ors, que era un traidor clásico, colocoulle no plan vello xunto con Sáenz de Oíza –isto é, levando a dous dos máis importantes profesores modernos ao plan a extinguir- e a nós púxonos a Emilio García de Castro, buscando así destruír o que Carvajal iniciara. García de Castro tiña o certeiro e cruel mote de “Ollo pedra”, porque tiña un ollo de cristal; era un arquitecto máis ben mediocre, mal profesor e de escasa cultura, con quen non fixemos outra cousa que pelexarnos. Este personaxe acabou de catedrático de Proxectos de Sevilla, levantado por algúns dos seus amigos, e para desgraza daquela Escola. Era homosexual e axudoulle unha certa mafia rosa da Escola, franquista e vergonzante.

Moneo aplicou o curso que ideara para nós á promoción de 5º do Plan Vello, e el e Oíza suspenderon a moitos. Os alumnos –dunha promoción masiva e mediocre, á que non rescata a presenza dalgúns ilustres, como Vellés e López-Peláez- abríronlles un expediente, que o mierdecilla de D´Ors fixo prosperar algo. O ano seguinte Moneo retirouse da Escola e dedicouse a preparar a oposición a cátedra de Elementos de Composición, tomando como borrador o curso que nos reservou. Anos despois, cando xa facía tempo que gañara brillantemente a cátedra de Barcelona, que logo se relatará, e hojeando con el e no seu estudo a memoria da oposición, díxenlle: “Rafa, has de admitir que cando preparaches a cátedra de Elementos, fixéchelo sobre o que empezaras para o programa de 5º dedicado a nós, e que, así, o teu historial de profesor sistemático, que tanto éxito tivo en Barcelona, foi xerado en orixe polas demandas daquela impertinente promoción, a miña, que che pediu métodos para proxectar”. E o o recoñeceu. “Si, verdaderamente, así foi”.

Traballamos bastante en proxectos para aquel mentecato de Ollo Pedra. Fixemos, que recorde, 6 solucións en planta para distintos programas de vivenda, un dos cales había que desenvolver; eu fíxeno cun bloque aberto. Pepe Yuste dicía que logo nos ía a poñer 12 igrexas en alzado. Púxonos un hotel.

O meu pai preguntábame sempre si na Escola non nos ensinaban proporcións, que era unha obsesión súa, e eu dicíalle que a verdade é que non. Logo comentáballe que do que non tiñamos nin idea era de construción. El replicaba que a construción era unha tontería, e que calquera tarde ensinábama toda. Cando tiven que desenvolver o bloque aberto para Ollo pedra, como había que entregar unha sección constructiva completa á escala 1/20, díxenlle que chegara esa tarde. O colleu varios papeis de esbozos e, mirando o meu proxecto, empezou a debuxar a man alzada a sección constructiva mentres ma ía explicando. Cando falaba dunha alternativa debuxábaa tamén á beira. Así, en menos dunha hora, explicoume e debuxou, de cornisa a sótano, como podía construírse o meu edificio. Logo eu paseino a limpo e quedoume estupendo. Pero, sobre todo, aprendino. Creo que perdín aqueles debuxos do meu pai da explicación constructiva, que gardei, pois eran estupendos. O meu pai, como debuxaba extraordinariamente ben, calquera cousa que facía, aínda que fóra de construción ou ata de matemáticas, quedaba extraordinariamente transformada pola súa dotada e máxica man.

Os proxectos para Ollo Pedra faciámolos a conciencia, pero aburriámonos, e tiñamos unha certa compensación con prácticas de Urbanismo (como o curso anterior, Larrodera daba a teoría, e tampouco iamos), do que eran profesores Eduardo Mangada e Carlos Ferrán. Nós (o meu grupo) tiñamos directamente a Carlos, e con eles aprendemos ao fin algo de urbanismo e, ademais pasámolo ben. Dedicámonos a facer anacos dun Plan Xeral que eles fixeran, o de Irún, e do que tapaban cousas que eles xa resolveran e que nós tiñamos que resolver. Unha das cousas foi facer a zonificación xeral de usos do territorio municipal, e asaltábannos moitas dúbidas, sobre todo por como saír ao paso da arbitrariedad. Non se quen do noso grupo de traballo pescó un día o Plan Xeral de Bilbao, de Bidagor e do ano catapún, que facía a figura dun cóndor e declaraba a súa crenza sobre unha cidade orgánica. A nós fascinounos e descubrimos que podiamos converter o municipio de Irún na figura dun dinosauro, e dedicámonos con énfasis ao empeño e equilibrando nel, máis ou menos, formalismo e seriedade. A resposta interesou, aínda que foi moi criticada. A raíz daquel curso Paco Partearroyo e eu traballamos unha pequena tempada no estudo de Mangada e Ferrán. Mangada estaba especialmente interesado nun libro de Kevin Lynch, “The view from the road”, co que nos leaba e quería que fixésemos un traballo similar sobre a estrada de Estremadura. Daquela eu hei ter sempre certa amizade con eles.

En Historia da Arquitectura tiñamos a Chueca, pero el ía pouco, e nós tamén, en xusta correspondencia. Practicaba unha sorte de crítica gastronómica: “Exquisita composición, deliciosa fachada,..” Dicía cousas como: “Pola munificencia dos Reis Católicos,…”, todo moi rimbombante. Foi un curso sen pena nin gloria, aínda que quizá deberiamos haber ter máis paciencia con Chueca da que tivemos e algo aprendésemos e ata gozado. O seu axudante e sustituto era José Miguel Merino de Cáceres. No exame, ademais doutras cousas, púxonos debuxar a Porta de Alcalá. Eu debuxouna varias veces, polo que ma sabía bastante e estábame quedando ben. Merino, paseando e vixiando, mirou o meu debuxo e espetoume: “¡Saca a chuleta!” Eu mireille de mal humor e díxenlle: “¡Non teño chuleta”. Tamén, para aprobar, había que facer un traballo gráfico, e Fernando, Neves e eu eliximos facer uns debuxos de Santa María do Naranco, San Miguel de Lillo e Santa Cristina de Lena. Eran plantas e alzados e seccións, pero estas eran fuxidas. Quedou un traballo precioso, pero non nolo devolveron, tiraríano por aí.

Eu aprobei, ao fin, Estruturas I en febreiro –a verdade é que xa sabía muchísimo- e examineime libre en xuño de Estruturas II con Luís Felipe Rodríguez. estudara tamén moito para esta segunda asignatura, pois o meu fracaso coa primeira asustoume, e saquei notable. Porque, de acordo co reglamento de entón, eu non podía ser oficial en 5º, xa que me faltaba unha asignatura de dous cursos antes, co que era libre. Por esta razón, Ollo Pedra –que me odiaba, polas veces que me meteu con el díxome que me autorizou a seguir o curso, pero que non me podía cualificar, e que tiña que pasar a exame.

Fixémolo en xullo, na clase de arriba do todo, a que chaman a nevera, pero naquela data cunha calor insoportable. Había que facelo alí, pois tiña que ser en papel pegado sobre o taboleiro. Eu convencín a ollo Pedra de que me deixase facelo en papeis biblia, que eu fixaría ao taboleiro con papeis cello por arriba, un encima doutro e sen sacalos, e deixoume. Quería facelo nese papel porque, como eu debuxaba moi ben a lapis, naquel papel debuxábase fantástico, si, como era o caso, non se querían facer copias. Púxonos proxectar unha casa de vivendas de luxo no terreo da praza de Colón esquina a Goya, onde entón había un basamento de tendas, cun friso de Oteiza, e unha casa histórica encima, e onde non se podía construír en realidade. Ou sexa, o soño dos especuladores. Eu quedeime dunha peza e pregunteille ao meu pai que podía facer. O díxome que, dado o talante do profesor, o mellor é que fixese unha casa tipo Gutiérrez Soto. Eu non sabía o que era iso, e entón tróuxome do estudo uns exemplares de revístaa Arquitectura con casas deste arquitecto, e explicoume un pouco o modo de facelas. Eu púxenme a iso e, a verdade é que o pasei bastante ben co programa superburgués de salóns, biblioteca, comedor, suite principal, zona de servizo, xogo de nenos, etc., etc. e recubrín o programa –véxase que empreguei exactamente, pero sen sabelo, o método de Gutiérrez Soto- cunha envolta suavemente expresionista-racionalista, ao xeito madrileño dos anos 30, máis ou menos, con esquina redonda e terrazas en voladizo. Cando me viu Ollo Pedra debuxar aquilo, a verdade é que non llo cría: mirábame fite a fite sen lograr entender que eu, unha especie de progre hippy co pelo longo e bigotes mejicanos, fóra capaz de facer aquelas plantas. O caso é que lle encantou e aproboume, case o único do exame. Devolveunos o exercicio corrixido por el con lápiz vermello, e a min sinaloume un xiro de porta. Pero o moi miserable vingouse de min, pois me había ter que poñer notable, dado o meu curso completo, por unha banda, e o que lle gustou o exame, por outro. Era un merda. A Errazquin, que era do meu curso e bastante bo, e que lle fixo un exercicio tipo Torres Brancas moi bonito, mellor que o meu, cargoullo. Eu advertiullo: “Non lle pases por encima a este cabrón, que é moi perigoso”. Recordo que Javier Seguín, que era profesor o noso de Fin de Carreira, e ao que eu coñecía por Ignacio Casas, ensineille o exame porque pasou por alí de cotilleo e pregunteille que lle parecía cando xa tiña plántaa tipo debuxada. Díxome, con algo de desprezo: “Moi tradicional”. E eu contesteille: “Pero, para Ollo Pedra, ben, ¿non?”. E respondeu: “Iso si”. Logo pensei que a palabra xusta era convencional, non tradicional, aínda que el ía por aí

Quedoume para setembro Instalacións urbanas, que daba Tarzán (Louro Requena). Estudei como puiden a práctica que poñía no exame e alá arranxeimas para facelo, máis ou menos. Ao acabar o exame, juntamente con Neves Ruiz e Ignacio Casas, fun falar con el para dicirlle que me quedaba só esa para acabar a carreira. Díxome que a tanta xente quedoulle esta asignatura para acabar, pero finalmente saín aprobado. Con Ignacio das Casas se enrolló muchísimo, pois el arranxoullas para dicirlle que o seu pai era de Talavera, co que quedou encantado (o debía de ser de alí). E con Neves chegou a discutir. Díxolle: “¡Ah!, vostede discúteme. ¿Sabe máis que eu? Pois véñase a dar clase comigo o ano que vén”. E isto díxoo en serio; Neves gustáballe, contrariamente aos rumores en moi outro sentido que corrían sobre el.

Arte de proxectar en arquitectura, Ernest Neufert, edición 1964

6.

Así que para o curso seguinte quedoume o Fin de Carreira. Eu xa empezara un de Instituto, con Ignacio Prieto como profesor, ao modo de Fernández Alba nos anos 60 (Loeches, e esas cousas), que abandonei porque non podía entregar aínda, e empecei outro aínda, un pouco absurdo, de ambulatorio de urxencia en estrada, que puxera Aburto e que tamén abandonei. Finalmente, e xa en outubro, empecei un terceiro, que era un gran complexo polideportivo, con piscina cuberta, descuberta, polideportivo e gimnasio, do que había que elaborar como proxecto de ejecución un dos pabellones, e que fun facendo nese trimestre, para entregar en febreiro. Seguía sendo Ignacio o profesor, pero non era como os titores de agora; facías o proxecto completamente só, a non ser que quixeses consultarlle algo, cousa que eu non fixen.

Antes de entregar o proxecto, en decembro de 1970, celebrouse a esperada oposición a cátedra de Elementos de Composición, con tres prazas para Madrid, Barcelona e Sevilla, á que se presentaron Alejandro de la Sota (que dera a asignatura o primeiro ano do plan), Antonio Fernández Alba (que a deu despois durante dous cursos completos e un incompleto, o que dimitiu), Rafael Moneo, Federico Correa (que a deu na Escola de Barcelona) e Alberto Donaire (que fora profesor con Alba un ano en Madrid e despois deuna en Sevilla).

Os exercicios foron no Salón de Actos e seguidos por unha gran cantidade de público. O tribunal estaba presidido por Víctor D´Ors e composto por Luís Moya, Javier Carvajal, Lozoya (catedrático de debuxo técnico de Barcelona) e Rafael da Hoz (perejil de tantas salsas, ao parecer, en representación dos Colexios de Arquitectos e segundo unha lexislación de entón).

Fernández Alba, que era o de maiores méritos docentes para aquel asunto e que tiña un brillante historial como arquitecto, perfectamente publicado en Nova Forma, non o fixo do todo ben, pois aínda que era bastante interesante foi demasiado intelectual e abstracto, pouco arquitectónico, todo cheo de alambicados gráficos e que se entendía mal. Quedou luxoso e importante, pero algo raro. Alejandro de la Sota fíxoo moi mal, limitándose case a ensinar o seu, doutra banda, excelente arquitectura en todos e cada un dos exercicios, acompañada de comentarios “galegos”, por dicir algo. A moita xente parecíalle fantástico, pero a min pareceume moi limitado e moi soberbio, coma se tivésenlle que dar a cátedra simplemente pola súa obra, tal e como el esperaba. Rafael Moneo fíxoo extraordinariamente ben, resultando ser a estrela emerxente naquelas oposicións, unha revelación para moitos, aínda que non para os que xa o coñecían, entre os que nos contabamos os seus antigos alumnos. Federico Correa fíxoo tamén regular tirando a mal, demasiado sinxelo e natural; foi a persoa á que eu vin entón por primeira vez coa gravata da mesma tea e cor que a camisa. Alberto Donaire fíxoo discreto, incluso tirando a ben; algo soso, pero moi completito e de mozo aplicado como el era. Todo o mundo dixo logo que era do Opus, á vista do resultado, pero non é verdade, porque eu, que lle coñecía por ser profesor meu con Alba e, ademais, porque os dous fomos alumnos do Instituto Ramiro de Maeztu, sé ben que non era verdade en absoluto. Era dun grupo católico, iso si.

Como había tanto público e tan expectante, despois do cuarto exercicio o tribunal dixo que, para cumprir co reglamento que obrigaba a dicir o resultado ao día seguinte como pronto, íao a dicir pasadas as 12 da noite, para facelo canto antes. Eu creo que era un truco para que fose pouca xente, pero alá fomos todos. Eduardo Mangada arranxoullas para que o Conserje da Escola, que creo que era Polo e que vivía alí, abrísenos o bar, e alí estivemos tomando copas ata que o tribunal apareceu e metémosnos todos no Salón de Actos.

Empezaron a votar para a primeira praza. D´Ors fíxoo por Moneo (votoulle as tres veces), pero saíu Fernández Alba, ao que lle votaron os outros catro. Logo saíu Donaire para a segunda praza, e xa se organizou unha forte pita. Despois saíu Moneo para a terceira, e xa se organizou a gran rifa. Todo o mundo gritaba, organizando un inmenso barullo, e o tribunal quedouse sentado e aterrado. Uns protestaban porque non saíra Moneo en primeiro lugar, outros porque saíra Donaire no segundo, outros porque perdera Da Sota e outros porque perdera Correa, e a maioría por varias cousas á vez. Sáenz de Oíza logrou facerse un oco entre tantas voces e declarou que deixaba a Escola (por causa de que Moneo non sacase o primeiro lugar), o que en efecto fixo.

Ao fin o tribunal animouse a saír e foron avanzando, D´Ors diante, polo corredor central do Salón de Actos. Pero a metade de camiño púxose diante del Antonio Cruz (Monchi), que fora compañeiro o noso en 4º e 5º e que era moneísta, e avanzando lentamente de costas, íalle dicindo cousas a D´Ors, que pálido e coas cellas hirsutas, evitaba mirar a cara daquel descoñecido xigante. Monchi dicíalle cousas como esta: “Víctor, es un verdadeiro fillo de puta, e o que deberiamos facer era darche unha manta de hostias….” Resulta curioso o que D´Ors, que quixera curarse en saúde votando as tres veces a Moneo (o cal, en realidade era absurdo) non o conseguiu, pois a súa merecida fama de maniobrero facía que todos lle fixesen responsable do desaguisado.

O tribunal foise, quedámonos un intre falando na porta principal da Escola e xa nos fomos cansando e índonos. Daquela os opositores tiñan que elixir praza, por orde. Alba elixiu Madrid, naturalmente, Donaire elixiu Sevilla e Moneo tivo que elixir Barcelona, que era o único que quedaba, co que os cataláns, que tantas veces teñen sorte, leváronse a Moneo, que lles sacou a Escola adiante.

Dicíase que deran a segunda praza a Donaire para que Moneo tivese que aceptar Barcelona no canto de Sevilla, xa que sendo Moneo amigo de Correa, non quixese pisarlle o que se consideraba a súa praza. Porque Correa era o inicio dunha liña de “Composición” (Elementos de Composición era iniciación a proxectos, pero os cataláns, á vista do nome, considerábano tamén a iniciación da teoría) que continuaba con “Estética e Composición”, da que gañara a cátedra facía pouco Xavier Rubert de Ventós –un home intelixente, desde logo, pero tamén un pelmazo insoportable, en realidade-, e que seguía con “Composición II”, da que Oriol Bohigas era tamén recente catedrático. O fracaso de Correa o estropeaba todo, e Moneo, aínda que amigo deles, aparecía alí no medio como pouco menos que un intruso.

Anos despois, falando eu con Luís Moya cando fixen a tese doctoral sobre a súa obra, e xa na tempada en que se relaxaba moito comigo e falabamos de todas as cousas, pregunteille como fora aquilo de Donaire. El dixo que Donaire era un mozo moi aplicado, que todo facíao ben, e que era moi apropiado para catedrático. “Porque –dicía-, total, que é un catedrático?”. Como dicindo, moi pouca cousa, aínda que el o era. Díxome que Fernández Alba había estado fantástico, e que tiña un gran historial, que demostrara xa a súa gran clase en Madrid, que era ademais algo maior, e para el debía ser en toda lóxica a primeira praza. De Federico Correa dixo, textualmente que “non era nada”. De de a Sota dixo que non o fixo nada ben e que a súa arquitectura a el parecíalle boa, pero non tan fantástica como a outros. De Moneo dixo que era un xenio para o ensino e o intelectual, e que era suficientemente mozo para que se fixese cargo dunha Escola tan importante e tan conflictiva como a de Barcelona. Admitiu que alteraron a orde lóxica para que Moneo tivese que conformarse con esa praza. Así que resultou que os vellos franquistas eran, en realidade, bastante cucos, e mandaron a Rafa Moneo deliberadamente como vicerrei á Escola catalá, o que en verdade foi, e hai que recoñecer que isto resultou tan bo para el como para Barcelona.

En xaneiro de 1971 ingresei como alférez de complemento en prácticas no Regimiento de Enxeñeiros número 1 da División Acoiraza Brunete, con sé en Campamento, e alá sorteei estas prácticas de milicias como puiden mentres, polas tardes, e si non tiña servizo, ía acabando o Proxecto Fin de Carreira. Acabeino antes das prácticas, e logo dunha semana de permiso (ou máis ben de escaqueo) que lle pedín ao meu xefe, o tenente Adolfo González, que era amable e simpático ademais de bo militar (unha rara avis, que me pediu prestados libros de Freud). Había que entregalo nun papel pegado, debuxado na Escola, e o resto dos planos, que eran a maioría, separadamente. Eu imitei a Anxo Fernández Alba e aos seus amigos, que empregaban o truco de facer un plano importante nunha copia moi ben sacada e nunha cor bonita e pegala no taboleiro, debuxando xa sobre o papel deste algunhas cousas complementarias e os rótulos. Sabíase que este truco coaba, así que saquei a planta xeral do meu conxunto, debuxada a lapis e con sombras, nunha copia en azul intenso, que quedou fantástica, e pegueina, debuxando algunhas cousas máis e cuns rótulos bastante chulos a regra e compás con letra bauhaus. Era Carvajal o Presidente do Tribunal e puxéronme un aprobado, con el que eu me quedei máis contento que unhas pascuas. Días despois, cando andaba pola Escola resolvendo os papeis do título, tropeceime con Carvajal, que me deu sobresaliente en terceiro, e que me espetou, con voz de trono: “¡Capitel!, fixo vostede un proxecto fin de carera de trámite!” Eu puxen cara de circunstancias, balbucí algunha cousa e funme en canto puiden.

Pero, moito tempo despois, cando tivemos que vender a casa da miña pobre nai, xa coa cabeza perdida, e houbo que baleirar o piso, eu saquei case todos os proxectos da carreira, que ía gardando nun maletero, e leveimos ao estudo. Xa alí, e buscándolles lugar, deume curiosidade o fin de carreira e o desenrollé para miralo. A verdade é que me pareceu que era máis un 7 que un 5, polo que pensei que a Escola, a final de contas, sempre é igual. Claro, aquel proxecto, que era unha arquitectura que poderiamos comparar con Jacobsen, e algo con de a Sota, a Carvajal, aínda que antes era deses rolos, entón era un orgánico, aquilo xa non lle interesaba moito, e me despachó cun aprobado. Pero o proxecto estaba bastante ben e moi ben desenvolvido. Así que a min pasoume o mesmo que lles pasa a moitos alumnos, que os tribunais son pouco eclécticos, seguen os seus propios criterios, sempre algo estreitos, e tenden a poñer notas demasiado baixas.

7.

Fixen o Fin de Carreira nun apartamento que alugaramos como estudo na prolongación da Castelá (que entón se chamaba aínda Avenida do Generalísimo), no 12 D dun edificio pegado a donde estaba a cafetería Oliveri. Alugueino con Paco Partearroyo, Nieves Ruiz e Fernando Nanclares, que fomos socios durante bastantes anos, aínda que a verdade é que, entón, só Paco acabara xa a carreira. Eu considerei que, como nas prácticas de milicias pagaban, xa non tería que pedir diñeiro ao meu pai, pois, logo das prácticas, xa sairía algo.

E a verdade é que algo nos saíu. O primeiro pasóunolo o meu pai, un pequeno hotel residencia en cálea Príncipe de Asturias. A cousa non callou, pois o cliente non se entendeu co dono do solar, e quedouse en anteproyecto. Pedímoslle ao cliente 90.000 ptas. e deunos só 30.000 –menos mal-, coas que compramos unha máquina de escribir Valentine e fómonos a cear ao restaurante “Ruperto de Nola”, que estaba en Torres Brancas. Eramos solteiros e seguiamos vivindo en casa dos nosos pais, así que podiamos tirar con escasos problemas. Pero, bo, foi saíndo algunha outra cousa, máis ou menos precaria. Entón apenas había concursos, e si os había eran só de temas moi importantes e que non considerabamos ao noso alcance.

Estando entretidos con algunhas promesas, un día de abril, ou por aí -de primavera- chamoume José Manuel López-Peláez para propoñerme, de parte de Antonio Fernández Alba, si quería ser profesor de Elementos de Composición, onde el estaba xa. Quedeime bastante sorprendido e non sabía que pensar. Pero o caso é que só uns días despois chamoume tamén Javier Branco, un primo meu do que xa falei, non moi próximo, pero que era primo por ambas partes (e que tamén era, como eu, de Cangas de Onís) e que estaba entón de arquitecto xefe da Delegación de Vivenda de Oviedo, refuxio que se buscou por oposición e en vista de que o exercicio da profesión en Madrid era pouco menos que imposible. Contoume que co traballo do Ministerio non daba xa para máis, e que tiña que rexeitar os encargos. Si eu íame con el a Oviedo podía colocarme na Delegación, si quería, pero, sobre todo, abriamos un estudo e faciamos proxectos polas tardes, ou eu todo o día, si preferíao así.

Quedeime máis sorprendido aínda que co da Escola, e algo perplexo, porque, a verdade, irme a Oviedo, non me apetecía nada, aínda que isto parecía o mellor profesionalmente falando, polo que estaba bastante preocupado. Así as cousas, conteillo ao meu pai, un día en casa, cando el estaba lendo o xornal, para ver que opinaba e que me aconsellaba. O meu pai quedouse parado uns segundos e preguntoume: “Pero, ¿na Escola pagan?”. Eu díxenlle que si, claro, que non sabía canto, pero que si que pagaban un sueldete. El díxome que si era así, que me fose á Escola, que sempre significaba un certo luxo, sobre todo con Fernández Alba, porque irme de arquitecto corrente a Asturias parecíalle unha cousa moi sinistra, moi pouco recomendable. Fíxenlle caso; tamén, desde logo, porque coincidía coas miñas ganas de quedarme en Madrid, que era o que realmente apetecíame, conservando a recente sociedade cos meus amigos, así que chamei a Peláez para dicirlle que decidira ser profesor, e ao meu primo Javier para darlle cabazas; co que deste xeito, un pouco ao parvo, e sen habelo pensado nunca antes, comecei unha carreira académica na que había de quedarme xa toda a vida. Tiña entón 24 anos.

D´Ors dividira a cátedra de Fernández Alba e nomeara dous profesores, xefes de grupo independentes del, que eran Genaro Cristos e Francisco Alonso da Xoia. Isto era bastante insólito e irregular, pois Alba era catedrático numerario e os demais, nada, nin tiñan prestixio docente algún, pero como D´Ors era o director tiña que obedecerlle. Facíao para levar as augas á súa molino. Pero Alba, que recuperara a Manuel das Casas –que fora axudante con de a Sota- conseguiu que o nomeasen tamén xefe de grupo, co que lograba dominar –ou que fose bo, en fin- polo menos a metade do curso. Así se configuraron dous grupos, uno o dirixido por Alba, con Xullo Vidaurre, López-Peláez, Estanislao Pérez Pita e Ramón de Soto de profesores, e outro o de Manolo Casas, co que estabamos Anxo Fernández Alba, o irmán de Antonio, Javier Navarro Zuvillaga, Luís da Rica e eu. Personalmente, eu estaba contento, pois me gustaba estar con Manolo, a quen eu coñecía algo por ser o irmán maior de Ignacio, que foi compañeiro meu de bachiller e de carreira, e tamén con Anxo. Eu, ciertamente, cheguei á Escola como un pato a un garaje, pero tranquiliceime algo ao ver que, efectivamente, aquilo era máis ben un garaje cheo de patos. Polo menos, a comparación non ía ser demasiado escandalosa.

Fixemos un curso cun programa algo marciano, de análise de barrios e que acabou nun deseño de “habitat de urxencia”. Hai testemuño editado, pois daquel curso Juan Daniel Fullaondo publicou un número da revista “Nueva Forma”, o núm. 93, de outubro de 1973. Naquel curso tiven de alumno a Javier Ortega, logo socio meu, profesor, e hoxe catedrático de debuxo. Tamén a Alfonso Millanes, que foi igualmente profesor, aínda que logo deixou a Escola. Eran alumnos tamén aquel ano, creo que de Xullo Vidaurre, Gabriel Allende e José Barbeito, os dous logo profesores. Creo que tamén estaba nesa promoción Jaime Cervera Bravo, hoxe catedrático de Estruturas.

Paréceme que foi cando eu empecei de profesor cando Josefina (a habilitada da Escola, a quen chamaban a “portaavións”, pola súa inmensa dianteira; era moi gorda e cojeaba) meteu como administrativas ás súas sobrinas Virginia e Alicia Mirón, que son irmás, dúas tías boas impresionantes, que entón eran jovencísimas. Virginia era –é- extraordinariamente guapa, e a min gustábame muchísimo, pero nunca tiven o valor suficiente para dicirlle nada. Eu frecuentaba a Anxo Fernández Alba e aos seus amigos, entre os que estaba Manolo Gómez Gaite, alias “o Cristo”, porque tiña barba e recordábao, un tío guapo, de boa planta e moi simpático. Manolo tiña entón unha noiva inglesa bajita coa que ía facerse un veraneo en África. Pero antes de irse rompeu con ela e quedouse sen compañía para a viaxe. Entón foise á Escola, buscou a Virginia e propúxolle a ela o plan. Ela díxolle que si, e fóronse. E logo casáronse.

Os cursos de Elementos con Alba seguiron sendo algo perplexos de programa, polo menos para nós. Eu esforzábame por desnatar os exercicios e explicalos todo o posible. O segundo ano, ou o terceiro, asocieime con Manolo Casas, e unimos os nosos grupos para dar clase xuntos. Creo que foi o segundo ano cando pedín a Beca de Formación de Persoal Investigador, que me deron, e cando, tamén, tiven un accidente de coche na provincia de León, indo a Cangas de Onís, con Fernando Nanclares e o meu irmán Emilio, a levar o proxecto de edificio de vivendas que nos encargou Álvaro Fernández Vale, que foi a miña primeira obra, e que se edificou no parque esquina á avenida de Covadonga. Quedou bastante ben; aínda hoxe, que alí segue, míroo con certa satisfacción. Os tres quedamos bastante mal daquel golpe, aínda que sen gravidade, pero estivemos escorados un tempo. Estreleime cun flamante SEAT 127 que me comprou, e que, aínda que non lle deron sinistro total, quedou bastante mal, polo que o vendín.

Un dos primeiros anos fixemos unha viaxe a Barcelona cos estudantes. Fomos José Manuel López-Peláez e eu, pero acompañounos tamén Alfonso Valdés, Isabel Sáiz de Arce e alguén máis que agora non recordo. Era pleno franquismo, creo que Carvajal era entón o Director-comisario da Escola, e entre os seus enredos e os dos outros esta estaba pechada. Non se si foi o propio Carvajal, ata, o que a pechou. Tiñan un Colexio Maior que lles servía de refuxio, para dar charlas, e iso, e alí fomos a parar, pois Fernández Alba falara con Bohigas e íannos a dar unhas conferencias. Unha ía dala o propio Bohigas, outra Cantallops, que daquela era socio de Elías e de Martínez Lapeña, e outra Clotet e Tusquets. Bohigas chegou e cando estaba colocando as diapositivas eu deime conta que ía ensinar as mesmas obras súas que nos ensinou xa en Madrid unhas semanas antes. Eu díxenllo, que eran os mesmos alumnos, e quedouse paradísimo. “E agora que facemos?”. Eu díxenlle que por que non contaba, sen imaxes, a historia da arquitectura moderna en Barcelona, que eu lla oíu contar, e que se sabía de memoria. Pareceulle moi ben, iso fixo, quedou estupendamente e ninguén se deu conta de nada. Logo Cantallops ensinounos unha gran cantidade de edificios de vivenda feitos por el e os seus socios. Ben. E despois chegaron Clotet e Tusquets, que ían ensinar obra recente. Eu, que facía as veces de interlocutor, senteime con eles, e coa muller de Óscar, diante. Empezou Clotet, que levaba o pelo ao afro e parecía Garfunkel. Contou unha casa de pisos, bonita, daquela unha pequeñísima e sofisticada casa, e logo subiu Óscar ao estrado, sen baixar Luís, e ensinaron o Belvedere Georgina, un pequeno chalet, disfrazado de templete clásico, con moitos acentos “pop” e venturianos. Eu creo que aos estudantes gustoulles bastante, pero despois, no coloquio, viuse que a Alfonso Valdés, e talvez a algún outro maior, que non recordo, molestoulles moito. Supoño que non só polas permisividades formais e o pseudo clasicismo do asunto, senón tamén pola actitude cínica e desenfadada de Tusquets.

O certo é que, no coloquio, e estando na pantalla a imaxe do Belvedere, que tiña un coche encima, pois así estaba pensado, Alfonso Valdés preguntou. “¿Canto diciades que custou a obra?” Responderon: “Catrocentas mil pesetas”. E Valdés preguntou: “¿Con coche ou sen coche?”. Eles quedáronse un pouco parados, e Clotet, que era o que entón estaba no estrado, díxolle: “¿Pero, porqué esa agresividade?”. Eu estaba sentado entre Óscar e a súa muller, que me preguntaban, “¿Pero quen é este tío?”. Eu contestaba con dificultade: un discípulo de Oíza, que estaba ben, pero que era de mentalidad moi racionalista e técnica, e ao que, polo visto, debeulle de parecer fatal vosos sofisticados xogos. Bo, discutiuse algo máis e acabouse a cousa. Os estudantes quedaron encantados.

José Manuel López-Peláez, que non dixera nada, debeu quedarse preocupado. En realidade, el era dunha mentalidad arquitectónica bastante puritana, parecida á de Valdés, pero sen o talante violento deste. O certo é que me encargou unha clase para o seu grupo sobre a Escola de Barcelona, pois cría que os alumnos estaban un pouco despistados e algo traumatizados. Eu prepareina, levei tamén aos nosos para aproveitar a ocasión, e tratei de explicarlles a posición intelectual, aparentemente frívola e moi sofisticada deste grupo de cataláns. Creo que o conseguín e que as augas volveron á súa canle.

8.

Creo que foi en 1973 cando decidín pedir a Pensión de Arquitectura da Academia de Belas Artes en Roma. Xa non se facía por concurso de proxectos, senón pedindo realizar un traballo de investigación. Fun a ver a Moneo por dúas razóns, unha porque había que levar cartas de recomendación oficial dos teus profesores, e outra para pedirlle consello sobre o tema de investigación a presentar. Entre os dous bosquexamos un tema sobre análise da arquitectura do imperio romano, que logo eu desenvolvín e que quedou ben. Nun momento dado, eu pregunteille: “E ti, en Roma, que fixeches?”. El quedouse un pouco parado, e logo dixo: “Pois, a verdade, é que non fixen nada, absolutamente nada; iso si, coñecer Roma, perfectamente, igrexa a igrexa, casa a casa, tenda a tenda…”. Logo funme a ver a Carvajal, que era entón Decano do Colexio, e que me tiña identificado como partidario da oposición. Conteille o de Roma –el, como Moneo, fora pensionado-; pareceulle moi ben e fíxome unha luxosa carta, malia que se lle notaba moito o mal que lle parecía que eu, que sacara sobresaliente con el, fóra da oposición. Logo pedíalle Fernández Alba, o meu xefe, a carta.

Estando na preparación disto, a miña nai díxome que Luís Menéndez Pidal, que fora moi amigo do meu pai, tiña unha exposición da súa obra na Real Academia de San Fernando. Vaiche a verlle, díxome, a miña nai, que é moi maior, e estará alí moi só. O meu pai morrera o ano anterior, en mayo de 1972. Menos mal que, polo menos, me vió arquitecto e profesor da Escola.

O caso é que fun a ver a D. Luís e, efectivamente, e como a miña nai pensaba, alí estaba el só, no medio dos seus debuxos. Me enrollé algo con el e, para falar de algo, conteille que me presentaba ao de Roma. El díxome que era unha idea magnífica e recordou cando foron Moneo e Hernández Gil, pois el estaba no xurado, e me elogió muchísimo a Dionisio, e díxome tamén que el me facía unha carta. Logo, de súpeto, dixo: “¡Ah! ¡Inútil! ¡Completamente inútil! ¡Está Chueca no xurado!” E contoume que Chueca sempre tiña os seus discípulos e enchufados particulares e que non daba lugar a ningunha outra cousa. Logo quedouse pensativo e díxome que, bo, que o pedise, e que no canto de darme unha carta que el lle ía a escribir directamente a Chueca.

O caso é que o pedín e que, como Menéndez Pidal profetizara, non mo deron. Recibín unha carta de D.Luís, na que me mandaba a que el recibira de Chueca. Este dicía textualmente nun párrafo. “¡Magnífica candidatura a González-Capitel! obtivo o posto de primeiro suplente.” D.Luís escribíame: “Xa sabe vostede, amigo Capitel, que neste tipo de partidos só xogan os titulares”. O certo é que me quedei sen ir á Academia. Aínda que aquel non foi un bo ano. Os pensionados plantáronse coa dirección, polas precareidades e absurdos do reglamento, e dimitiron todos en febreiro.

Na Escola, cara ao terceiro ou cuarto ano empezamos co programa de Fernández Alba, pero, a metade de curso, dixémoslle que iamos introducir un programa noso. Fixemos un exercicio sobre recopilación de tipologías residenciales de Madrid, que acabou publicado polo Colexio de Arquitectos por empeño do propio Fernández Alba. Eran os tempos en que o alcalde García-Lomas conxelara o sector Malasaña (de aí saíu o nome moderno do barrio, que en realidade se chama das Marabillas) e puxemos o ultimo exercicio como unha aplicación das tipologías estudadas ao sector conxelado. Eran tamén, arquitectónicamente, os tempos da Tendenza, e de Aldo Rossi, e con estas referencias e a de Venturi, orientabámonos, tamén atendendo ao que Moneo facía en Barcelona.

Daqueles anos era estudante Fabriciano Pousada, que logo traballou con Javier Vellés, José Anxo Vaquero, logo profesor da Escola, Julia Alonso-Martínez, que foi a miña noiva, e Vitoria Burillo, cuxo irmán Luís foi axudante becario noso e logo profesor de Debuxo e de Proxectos. empezaramos a facer viaxes cos estudantes, prolongación, no meu caso, dos que facía no verán cos meus amigos desde que acabamos a carreira. Naqueles anos a ideoloxía da Escola era pouco máis que nula, non se sabía onde, ou en que, estaba a arquitectura. Os meus amigos e eu, nas nosas viaxes particulares de verán, que empezamos en 1971, comprobamos que a arquitectura estaba nas rúas das cidades de Europa, e tamén nas librerías. Volviamos cargados de libros e de diapositivas de Lle Corbusier, a Escola de Ámsterdam, Van Eyck, Dudock, Rietveld, Jacobsen, Utzon, Terragni, Aymonino e Rossi, Loos, Otto Wagner, arquitectura histórica,…. Eu poñía en clase todas as diapositivas que traía, mostrando que a arquitectura estaba aí, no inmediato pasado, e que de aí había que aprender. Xa, a través daquilo e do xa devandito empezamos a aclararnos e a encher a Escola, aos poucos, pero moi intensamente, coa súa propia cultura.

Un destes anos, Xullo Vidaurre, ao que animaramos a facelo, gañou a cátedra de Debuxo Técnico e pediunos axuda para contratar aos profesores. Nós recomendámoslle aos nosos amigos e coñecidos mellores, Ignacio das Casas, Paco Partearroyo, Ginés Sánchez Hevia, Javier Vellés, Alfonso Valdés, Juan Antonio Cortés, María Teresa Muñoz… Doutra banda, e para Elementos, recomendamos a Antonio Fernández Alba que –ademais de Javier Frechilla que fora axudante becario- metese a José Luís Noriega e a Antonio Rivière. A Escola foise así animando, pois ademais Antonio Vázquez de Castro gañara a cátedra de Proxectos II -moi apoiado por Fullaondo, que se había ir da Escola, rifar con Carvajal, que non lle deixaba facer o programa- e Javier Seguín a de Análise de Formas. Nesta cátedra competiron tamén Adolfo González Amézqueta e Elena Igrexas, o inefable matrimonio. Amézqueta gañou a segunda praza e foise uns anos de catedrático a Sevilla. Elena Igrexas non gañou praza. Tampouco Francisco Cabrero, que fixo unha oposición magnífica, e que a min me pareceu que era quen debía de ser o catedrático. No tribunal, presidido por López Durán, o vello cacique da asignatura, só Ruiz Aizpiri, catedrático de descriptiva, votou por Cabrero. Eu díxenlle a el nun corredor que me gustaron moito os seus exercicios, e que había outros profesores novos como eu que opinaban o mesmo. Sorprendeuse, agradeceumo bastante, e desde entón tiven con el certa amizade. Recordo que a simple de Helena Igrexas, ante un magnífico debuxo do Museo do Prado que Cabrero fixera como un dos exercicios da oposición e que tiña sombras azuis, dixo: “¡Ah, azul! Claro, como é facha,…”

Antonio Fernández Alba lograra que a segunda cátedra de Elementos –a que detentaba Alonso da Xoia, cuxa praza na Escola era, con poucas dúbidas, un pago de D´Ors ás colaboracións en proxectos que aquel lle daba- saíse a oposición, á que case obrigou a Juan Navarro Baldeweg, que estaba entón en Estados Unidos, a que se presentase, e gañouna. Tamén competiu Helena Igrexas e tamén perdeu. A partir de entón –Juan incorporou a Javier Climent, levouse a Anxo,…- a asignatura de Elementos, dividida en dous, pero cos dous grupos bos, foi durante bastantes anos a base mesma da Escola.

Doutra banda, Sáenz de Oíza, que se había ir a raíz da oposición de Elementos e que estivo a piques de perder a praza, volveu á Escola, e con el foron Vellés e Valdés, Araujo, Ruiz Cabrero,… Carvajal renovou tamén a súa xente con Alberto Campo, Ignacio Vicens, e algún outro. Antonio Vázquez de Castro tamén montara o seu grupo, e, así, cos equipos daquelas cinco personalidades –ás que habería que engadir tamén algúns outros grupos, como o de Vidaurre- funcionou a Escola durante bastantes anos. Todo isto foron os anos setenta, os verdaderamente fundamentais para a institución, fundadores dunha cultura que foi in crescendo durante os oitenta e os noventa ata chegar á altura que a fixo famosa.

Por aqueles tempos fixemos unha especie de asociación cos de Sáenz de Oíza, e, con el mesmo como gran xefe e presidente, faciamos todos os martes no Salón de Actos unha conferencia ou clase teórica, da que se encargaba cada un de nós por quenda ou se conseguía un visitante ilustre, e á que ían todos os nosos grupos. Por alí pasaron todas as cuestións que máis ou menos estaban en boga e que nos preocupaban. Isto durou bastantes anos e foi o principal alimento de difusión cultural da Escola de entón. Tamén tomamos o costume de facer sesións críticas dos concursos aos que se presentaban profesores da Escola, que resultaban bastante interesantes e divertidas. Fixéronse moitas veces. Isto chegou a institucionalizarse algo máis, chamámoslles “Sesións de Academia” e algunhas veces fixémolas en colaboración con profesores de Barcelona, como Oriol Bohigas, Ignacio Solá-Morais ou o propio Moneo. Unha destas foi a dedicada ao concurso da Facultade de Ciencias de Córdoba, que gañou Sáenz de Oíza, e na que tiveron tamén un premio Ortiz e Cruz. Celebrouse unha sesión con presenza do xurado, entre os que estaba Oscar Tusquets. Eu figuraba tamén na mesa como ponente. Tamén estaba Moneo, que elogió o proxecto de Oíza, para contrarrestar o moi criticado por outros e deixar ao seu mestre un sabor máis doce. A anécdota daquel día, aínda que só é importante para min, foi que, empezado xa o acto, entrou no salón Consolo Martorell, tan alta e tan guapa, e que a min me gustaba tanto, e Oscar, que estaba ao meu lado, viuna e díxome: “Quen é aquela muller?”. E eu díxenlle: “Unha estudante, que ademais ten noivo….”. “¡Unha estudante, unha estudante! ¡Non pode ser! ¡Será a muller dun profesor!”. Anos despois, en 1981, inviteille á miña voda con ela, xa que fora algo profeta. Non veu, pero escribiume felicitándonos.

Eu coñecín por estas cousas a Sáenz de Oíza –ou, mellor devandito, el coñeceume a min-, pois eu non fora alumno seu. Fixémonos máis ou menos amigos polo trato na Escola, e logo algo máis cando Javier Vellés invitounos, cara a 1978, a veranear en Pollensa, xusto á beira da casa do mestre, e cando eu estaba acabando a tese. Alí coñecín a toda a súa familia, e especialmente á súa filla Noemí, que me gustou moito. Saímos xuntos aquel verán e logo foi alumna miña. Javier Vellés e eu iamos case todas as tardes, cara ás 5 ou así, logo da sesta, a casa deles, que estaba á beira. Oíza esperábanos, algo ansioso, co xornal na man, e en canto chegabamos empezábanos a comentar as noticias. Acabábanos doendo o ventre de tanto como nos riamos. Foi un verán de risas. Logo eu aproveitaba para enganchar a Noemí e irnos por aí.

Sáenz de Oíza (don Paco) era un home calvo, de figura moi enhiesta, con grandes lentes de concha que se poñía na fronte ao xeito de Lle Corbusier (parecíase algo) cando a presbicia lle contrarresto a miopía, de nariz aguileña e de face moi interesante e expresiva. Extraordinariamente intelixente, era o mellor charlista do mundo. Naqueles martes, cando lle tocaba dar clase, non levaba diapositivas, non lle facía falta, ou aparecía cuns planos en fotocopias ennegrecidas, malísimas, para proxectar en opacos. Levaba moi mal que os demais puxesen diapositivas. Un día, logo dunha clase de Alfonso Valdés con muchísimas diapositivas, Oíza díxolle: “Desde logo, puxeches diapositivas como quen dispara cunha ametralladora, tatatata, tatatata, tatatata,….”. Era enormemente enxeñoso e ocurrente, moi simpático cando quería e extraordinariamente antipático cando lle daba a gana. Cando viña alguén famoso a dar unha conferencia e tiña moita afluencia de público, el se encelaba e montaba un corrillo propio de comentario, moi concorrido, ao acabar a charla do outro. Había chistes, anécdotas e exemplos ou consellos que sempre contaba. Un día, en clase, logo de contar algo da súa repertorio, un estudante dixo: “Don Paco, vostede repítese”. El volveuse con cara de desprezo e díxolle: “Creo que se equivoca, o que repite é vostede”. Outro día ocorreu que veu un pai dun alumno a verlle, sen dúbida porque o seu fillo suspendía, e el díxolle: “¡Ah! ¿É vostede o pai de Fulano? Un momento que lle dou o teléfono do meu pai…” Tiña moita fama de bo profesor, aínda que a verdade é que case nunca preparaba nada e fiábao todo á súa capacidade de improvisación e de manter unha charla enxeñosa. Era un gran arquitecto, como a súa obra proba, aínda que quizá fose demasiado intelixente para ser arquitecto, como Da Sota –o seu gran rival, no fondo- dicía. O certo é que, como vía as contradicións de todo e que a arquitectura era unha convención, ás veces quedábase perplexo, sen saber por onde tirar. Pero a súa arquitectura, aínda que de fortuna desigual, sempre era empeñada, sempre tiña intencións intensas; poida que fixese obras e proxectos flojos, pero nunca descoidados ou para saír do paso, sempre moitísimo empeño. E construíu as dúas torres mellores da cidade de Madrid, que non serán nunca superadas. Eu recórdolle moitísimo afecto polo que aprendín del, polo que me rin coas súas saídas e porque tiven o honor de que me apreciase e consideráseme un amigo.

Pero antes de consumadas estas cousas da unión das nosas pandillas e dos martes que ampliaron in crescendo a cultura da Escola, convén recordar algúns outros episodios, bastantes deles anteriores. Sendo D´Ors director, exactamente un día antes de cesar, cando a Xunta de Profesores estaba reunida para elixir ao novo, a policía entrou violentamente na Escola, pois había unha asemblea –quizá D´Ors chamounos, como adoitaba facer logo de dar permiso-, dedicáronse a pegar a todo o mundo e chegaron a entrar á Sala de Profesores, interrompendo a Xunta. D´Ors dimitiu –gran cousa, pois cesaba ao día seguinte- o novo director non se elixiu e quedou Arangoa, que era subdirector xefe de estudos de director accidental, e estivo bastante tempo. Isto debeu ser cara a 1972.

Pouco tempo despois, na clase de Estética e Composición –de cuxa asignatura era D´Ors catedrático- levada por Simón Marchán e por Ignacio Gómez de Liaño, houbo uns happening tirando a golfos, que algúns denunciaron a Arangoa. Este chamou a Simón e a Ignacio, que non compareceron, e entón suspendeunos de emprego e soldo.. Era lóxico, pois non ir si chámache o director é, desde logo, falta grave. (Aínda que testemuño de Simón Marchán é que non os chamou). Pero a cousa é que se montou unha carta de firmas solidarizándose con eles e pedindo a súa reincoporación, a min pasáronma, e asinei. Ao día seguinte chegou Fernández Alba, riñéndome por habela asinado, pois Arangoa propoñía expulsar a todos os firmantes. E a verdade é que os botaron a todos, menos a min, aínda que tamén hai que dicir que ao ano seguinte volvéronos a contratar a todos.

Non sabiamos o que pasara, pero un día Fernández Alba decatouse –non sei si polo propio Arangoa ou por outras vías- que cando se propuxo botar a un numeroso grupo de profesores da Escola de Arquitectura, o Ministro, ou alguén importante do Ministerio, onde non se fiaban de Arangoa, pois era un descoñecido para o réxime, pediron informe a Miguel Anxo García-Lomas, que fora Director Xeneral de Arquitectura e que entón non era nada –era antes de ser Alcalde-, pero que era home de confianza do enano do Pardo, e algo así como o sheriff franquista da arquitectura. García-Lomas chamou a Arangoa e díxolle –segundo Alba- que si cría que o fillo de Antón Capitel era vermello é que el era un gilipollas e íalle a romper a cara. Non é textual, desde logo, pero debeu de ser algo así. O caso é que a min non me botaron. Eu sóubeno moitos anos despois, e pensei, que o meu pai –que daquela xa morrera- recibira moi poucas cousas da súa precario historial franquista, pero que, ao fin, algo era algo.

9.

Por certo, eu díxolle ao meu pai que na Escola si que pagaban, pero a verdade é que a cousa non estaba tan clara. O ano en que empezamos non nos deron un contrato, senón un papel de nomeamento, no que por unha banda figuraba o emolumento de 500 pesetas por hora de clase e, por outro, sobreposto con máquina distinta, dicía que había un límite de 14.000 pesetas ao mes. Dado que as horas de clase eran 60 ao mes (todos os días, de luns a venres, de 11,30 a 14,30), López-Peláez e eu fomos a preguntar ao que facía as veces de administrador, que era Valentín, como é que si dabamos clase por valor de 30.000 pretendían pagarnos menos da metade. Valentín dixo, que, bo, bo, que os profesores de proxectos ían moi pouco, e que o que se calculaba é que fosen por valor de 20.000 como moito; non soubo explicar o das 14.000. Por certo a “claúsula”, por chamarlle algo, das 14.000 estaba asinada por Arangoa, ao que eu fun a ver para protestar. (Isto era antes do de García-Lomas). Prometeu que se pagarían as 20.000, e así o fixeron sempre, si non recordo mal. Cobraban o desconto da Hermandad, 800, e dábannos (facíao en man, Josefina, que era a habilitada) 19.200. Ou quizá menos, ao quitar o 14% de impostos, non recordo ben. Resulta especialmente significativo recordar que entón (con D´Ors de director e Arangoa como Xefe de Estudos) o profesor administrador da Escola era un tal Francisco Lencina, que daba clase –é un dicir- en Análise de Formas (era un personaxe sencillamente nulo, por dicir algo suave) e que tiña recoñecida fama de lercha desde a súa mocidade, como me confirmou a min Gerardo Zaragoza, o meu profesor de debuxo, pois o tal Lencina estivera no seu academia, onde xa lle viron os xeitos.

Pero o caso é que José Manuel López-Peláez e eu faciamos as 60 horas de clase completas, e algunhas máis que xa non nos correspondían, pois entón non había tutorías. E ademais estaban demostradas, pois entón se fichaban as horas de permanencia na Escola. Alguén nos dixo que non nos daban os contratos porque estes eran, en efecto, por 60 horas e 30.000 pesetas, diñeiro que se recibía efectivamente do Ministerio, pero a Escola quedábase coas 10.000 para os usos que se estimase conveniente.

Convencidos disto, José Manuel e eu quedamos en ir xuntos a ver a Valentín, o que facía as veces de administrador, e ideamos unha treta, tan parva como efectiva. Iamos os dous, nos enrollábamos con el, e logo, mentres el estivese intentando envolvernos coas súas supostas razóns, José Manuel quedaríase con el no despacho para entreterlle e eu enredaría nos armarios da sala grande da administración para buscar os contratos. A verdade é que os atopei enseguida, todos cuidadosamente amontoados, e sen asinar, naturalmente, polos profesores, que nin sequera os coñecían. Busquei os dous nosos e funme ao despacho con eles na man. Sen dar opción a Valentín asinámolos, entregámolos para que os cursara convenientemente, e dixémoslle que esperabamos cobrar o noso soldo completo de forma inmediata. Que, como eramos persoas moderadas, non iamos pedir o que se nos debía de antes si procedíase desde entón a pagarnos o que era o noso dereito. Quedouse dunha peza e non dixo nada, pero o seguinte mes, e xa para sempre, cobramos as 30.000 pesetas (menos as 1.200 que Josefina descontaba para a Hermandad). Como eramos os dous solteiros e viviamos ambos cos nosos pais (eu coa miña nai viuda), a verdade é que as 28.800 que gañabamos eran entón un soldo estupendo. Eu podía invitar ao que fóra ás mozas coas que saía, e soster pacientemente un estudo con moi escasa, case nula, obra.

Conto isto porque é curioso e divertido, pero, sobre todo, porque dá idea daquela Escola, en moitos aspectos moi sinistra, do franquismo tardío, que nos tocou aínda vivir e á que demos o mellor da nosa vida, enchéndoa moitísimo esforzo dunha cultura que a nós se nos había, en gran medida, regateado.

Engado aquí unha anécdota que me contou Ángel Colomina, e que supoño verdadeira. Anxo era un profesor e arquitecto moi brillante, extraordinariamente intelixente; era de Oviedo, e anos despois foise a Canarias a traballar, de onde xa non volveu. Era e é moi amigo de Fernando Nanclares. Nos primeiros tempos de Elementos de Composición de Antonio Fernández Alba, máis ou menos cando eu fun alumno deles, Anxo era profesor, e polos estraños e irregulares modos de contrato da Escola el estivo algún ano nomeado e cobrando moito, pois logo repartíao con outros que non estaban nomeados. Un día que ía cobrar ao despacho de Josefina viu que tamén ía Ricardo Magdalena, que fora profesor seu e suspendeulle. Púxose diante del na cola de modo que puidese ver a cantidade inmensa que cobraba cando el gardáballa con premeditada parsimonia. Logo, despois de que llo acabou de meter todo aparatosamente no peto e dixo: “¡Home, don Ricardo!¿Que tal? Xa ve, metinme de profesor na Escola ¡e estoume forrando!”. Deixoulle dunha peza. É moi divertido, e espero que sexa verdade, pois a imaxinación de Anxo sempre daba para moito.

10.

Despois de que D´Ors tivo a caradura de dimitir o día antes do seu cese, por causa dunha entrada da policía á que é moi probable que el mesmo chamase, Arangoa estivo unha longa tempada de Director en funcións, en cuxa etapa a máis brillante xestión que se recorda foi o enrejado das fiestras das clases que daban ás terrazas, para evitar que os estudantes asomásense a elas e tirasen cousas á policía. Cara a 1975, máis ou menos (quizá antes) cando a morte do xa ridículo e ancianísimo dictador, foi elixido Juan do Corro Gutiérrez, catedrático de matemáticas, Director da Escola. Corro fora profesor meu en primeiro e segundo, e era bo. Eu seguía a súa clase con asiduidad e aprobei sempre, ata con nota. Era cuñado dos García-Lomas, e por iso, moi coñecido do meu pai. Eu era amigo do seu fillo Juan, que foi compañeiro meu de academia de debuxo con Gerardo Zaragoza, e tiven que ver como el aprobaba a Análise de Formas o primeiro ano, e por ser quen era, e eu debía repetir. Ben é certo que el, percibindo o ridículo da situación así mo fixo notar a modo de desculpa.

Corro fixo Xefe de Estudos a Santiago Fernández Pirla, catedrático de arquitectura legal, e creo recordar que era Candel, catedrático de economía, o Secretario. Un trío –matemáticas, legal, economía- pouco apropiado para dirixir a Escola. Creo recordar que Corro foi á vez Director da Escola e Decano do Colexio de Arquitectos. Ao principio fixérono discretamente, pero, aos poucos, fixérono peor, e, sobre todo resistíronse a modernizar as estruturas de poder da Escola, fuertemente demandadas cando xa eran os tempos da transición.

En tempos de Corro eu tiven un conflito co xefe de bedeles, Luís, porque algúns estudantes puxeran nas estatuas de yeso que decoraban os vestíbulos algo de tipo antifranquista. Luís fixo as veces de Garda Civil, quitou o que fixeran e denunciounos. Vímolo Ignacio das Casas e eu, e increpamos ao bedel dicíndolle que non debía intervir a favor da xa, doutra banda, desaparecida ditadura, e que non pasaba nada porque se puxesen cousas nas estatuas. Luís nos increpó á súa vez e díxonos que nos ía a denunciar ao Director, cousa que fixo. A min chamoume Corro, pero non me riñó en absoluto; díxome, pola contra, que reprendera ao bedel por meterse cos profesores. Corro, nalgúns casos moi puntuales ou de detalle, estivo á altura das circunstancias, ou, polo menos, era suficientemente clasista para facer cousas así.

Pero a xestión da Escola ía de mal a peor. En realidade parece ser que a levaba Pirla, que empezou a facer reformas mentecatas no edificio. A máis simbólica foi a de quitar a gran placa de benefactores da biblioteca da gran fronte onde estaba para levala ao corredor anterior, onde quedaba fatal, e co obxecto de facer unha taquilla de atención para pedir libros desde o vestíbulo da biblioteca. Pero isto, como digo, non era máis que un símbolo; a Escola ía moi mal, e, doutro lado, se demandaba o cambio de estruturas de dirección e xestión da Escola, en concreto a Xunta de Escola, ou asemblea de representantes de todos os estamentos que, segundo moitos de nós, debía dirixila. Celebráronse bastantes asembleas de profesores demandando estas cousas, ás que algunhas veces ía Corro, a quen imprecábamos coas nosas peticións.

Así as cousas, todos moi quentes porque as estruturas de poder escolar non se adecuaban á transformación democrática do país, e pola mala xestión interna, acabouse tomando a decisión entre profesores e alumnos de botar a Corro e ao seu equipo de dirección. Isto foi cara a 1980. Así, polas boas, e á forza. E como se dixo fíxose. Os estudantes non lles deixaron entrar máis á Escola e pedíronlles a dimisión. O edificio ocupouse de forma acrática, encheuse de pintadas, e os estudantes, apoiados por unha cantidade de profesores bastante significativa, fixéronse fortes no edificio e Corro non volveu entrar xa nunca. Creo que os estudantes, doutra banda, pasáronse bastante, no sentido de que chamaban constantemente á súa casa a dicir groserías e tíñano acosado.

A cousa púxose moi grave e o Ministerio decidiu pactar chamando a algúns catedráticos para acordar un equipo de dirección que se fixese cargo da Escola e levásea á normalidad. A asemblea de profesores e alumnos elixira a Fernández Alba para propoñelo como director, cousa que o Ministerio aceptaba, pero el non quixo. Finalmente, entre escolares dos dous estamentos e o Ministerio pactouse unha dirección provisional con Larrodera como director, Aroca como Xefe de Estudos e Navascués como secretario. Isto funcionou; o equipo formou unha Xunta de Escola con representación de todos os estamentos e a Escola tirou para diante.

Non lonxe desta época montouse unha folga de estudantes de Fin de Carreira para protestar pola, segundo eles, gran cantidade de suspensos. Encerráronse nas vacacións de Nadal no pabellón novo e non saían de alí día e noite. Por certo, Fisac, que nunca foi profesor da Escola, se solidarizó con eles e estivo alí animándoos. Foi isto un comportamento intolerable pola súa banda, que a min nunca se me esquecerá como un dos síntomas de como era en realidade este personaxe, pois, en definitiva, os estudantes estaban encerrados porque non aprobaban; isto é, porque non sabían facer un proxecto fin de carreira decente, por moito que á propia Escola puidéseselle, seica, botar gran parte da culpa, ou da causa, daquela situación.

Un día daquel conflito estaba eu no vestíbulo do bar discutindo cun grupo de estudantes, que foran alumnos meus de Elementos, e que se empeñaban en que si non sabían facer ben un proxecto, a Escola tiña a culpa, e, por iso, debería aprobalos. Eu dicíalles que iso non era verdade, como probaba o feito dos moitos que si sabían e que pasaban sen problemas; pero que, ademais, a Escola tiña dúas misións, unha ensinar, e a outra, comprobar que se sabía para expender títulos que comportan atribuciones profesionais moi concretas, exclusivas e perigosas, e que si cumpría mal a primeira misión, non podía dimitir da segunda.

Cando estabamos enredados nisto, pasou Sáenz de Oíza a grandes zancadas. Oíza era precisamente un dos membros, o principal, podería dicirse, do tribunal de fin de carreira, e os alumnos aproveitaron para increparle. Un díxolle que calcularan que na última sesión o tribunal gastara un minuto de tempo corrixindo cada proxecto. Oíza volveuse con extrema rapidez e espetoulle. “Non é verdade. Si referímonos concretamente ao seu, bastáronme cinco segundos para suspendelo”. Deuse a volta e foise deixando ao estudante cos fuciños dunha cuarta. Xenio e figura.

11.

Logo de botar a Corro, e dentro das novas, e provisionales, estruturas da Escola, pasei a pertencer á Xunta de Escola, creo que se chamaba. Isto debía ser xa cara ao ano 79 ou 80, porque eu xa lera a tese doctoral, que fixen sobre a arquitectura de Luís Moya Branco, dirixida por Moneo.

A historia da miña tese arrinca do meu coñecemento da Universidade Laboral de Xixón. Como Paco Partearroyo e eu, con Neves Ruiz e Fernando Nanclares, traballabamos algo para Asturias, iamos algunhas veces alí. Paco e eu faciamos o doctorado e estabamos concretamente nun curso con Xullo Vidaurre, e tiñamos que facerlle un traballo. A min ocorréulleme que Paco fixese unha reportaxe fotográfica sobre a Laboral, eu facía o texto e presentámolo como traballo. A Xullo gustoulle moito.

Carlos Sambricio era xa profesor da Escola e cando se decatou de que eu fixera un texto sobre a Laboral, díxome que iso era importantísimo, e que el estaba facendo outro sobre a arquitectura falangista, ou non se que, e que ía propoñer a Salvador Tarragó –que era o director da revista rossiana “2C-Construción da cidade”- que os publicase os dous. Chamou a Salvador e quedou con el en Madrid, na súa casa, un domingo pola mañá. Eu levei o meu texto, as fotos de Paco –que eran un taco como de 150- e unhas copias de planos da Laboral, que eu tiña en casa, pois eran do meu pai.

Salvador mirou e remiró todo durante moito intre, e despois dixo: “Eu non podo publicar isto”. E Sambricio: “Pero, ¿que dis? ¡Non sexas hortera! ¿Como non o vas a publicar? É que non che gusta?” “Gustar, claro que me gusta. Isto é unha lección de arquitectura impresionante. Pero, si a min en Barcelona chámanme fascista por publicar a Rossi, si publico isto fusílanme. Isto podería publicalo unha revista ecléctica, como Arquitecturas bis, por exemplo.”

Total, que nos fomos co rabo entre as pernas. Eu, dándolle voltas na miña casa, e xa á semana seguinte, pensei: “¡Claro! ¡Arquitecturas bis! Vou chamar a Moneo a ver si interésalle.”. Eu vivía entón en casa da miña nai, xa viuda, e co meu irmán Emilio. O sábado seguinte á reunión con Tarragó, despois de comer, chamei a casa de Moneo. Púxose. Díxenlle: “Oe, mira, Rafa, é que escribín un texto sobre a Universidade Laboral de Xixón, de Luís Moya, e quizá vos interesase para Arquitecturas bis”. Alén oír un profundo silencio que durou algúns segundos. E logo: “¿Dis que un artigo sobre a Universidade Laboral de Xixón, de Luís Moya? E quen dis que o escribiu?” “Eu; escribino eu” “Que ti escribiches un artigo….? ¡Pois claro que me interesa, interésame muchísimo! Por que non che vés a casa a tomar café?” “¿Agora?” “Si, agora mesmo, si podes…” “Vale, vou. O que tarde.”

Collín o coche e funme a casa de Rafa. Creo recordar que vivía aínda na súa primeira casa do Viso, na rúa Oria, que non era exactamente a colonia, case en fronte de Dionisio Hernández Gil. Leveime o texto, o taco de fotos e o cartafol de planos. O o mirou todo e logo dixo que se quedaba co texto e coas fotos, e que o luns en Barcelona, que tiñan comida de redacción, presentaríao. “Cando volva xa che chamo”. E así quedou a cousa, con satisfacción pola miña banda.

O caso é que chegou o xoves e Moneo non me chamou. Eu sabía que volvía sempre o mércores, polo que estaba un pouco mosqueado. Pero dábame un pouco de corte chamalo, polo que decidín chamar a Ignacio Solá-Morais, co que eu tiña xa amizade, para ver si sabía el algo. Isto é, consciente eu, como home da capital, de que Barcelona é un pobo. Chameille e dei no albo. Díxome: “Pois, mira, si, porque eu, que lles estou facendo unha cousa agora, fun precisamente á comida do luns. Chegou Rafa, e nun momento dado sacou o texto e as fotos, todo o mundo púxose a miralas, e enseguida dixo Oriol: “Claro é que esta revista é para publicar aos fachas de Madrid. Xa publicamos esas casas de Cano Lasso, e agora xa, imos a por Moya.” Moneo saltou: “Pero Oriol, é que non entendes nada,…”, e puxéronse a discutir violentamente. Todos nos fartamos enseguida da discusión, menos Federico Correa, que sen facerlles caso, miraba lenta e sosegadamente a túa colección de fotos. Por fin cansáronse, e ao ver Oriol que Federico seguía coas fotos, díxolle. “E ti Federico que opinas?” E el dixo: “Eu xa coñecía esta obra, pois fai anos, un verán e desde Comillas, achegueime a vela. E é unha obra fantástica, creo eu. A min interésame moito.” Oriol quedouse calado, pero, máis ou menos, decidiuse que se publicaría.

Eu, logo destes datos, chamei a Rafa, que me citou no seu estudo. Dixo que lera o texto; que estaba ben, pero que tiña que puílo un pouco aínda, e que cando tivese a versión definitiva volvésello a dar cunha colección de fotos elixidas á mantenta. Así o fixen. Tardou tempo en publicarse, porque recordo que todo isto era en 1975, ano da morte do dictador, e non se publicou ata 1976, no número 12 da revista. Eu púxolle o título de “Sobre a construción dunha cidade ideal”, pero eles cambiáronllo por “A universidade laboral de Xixón ou o poder das arquitecturas”, como réplica ao título do artigo anterior, que facía de acompañante e que se chamaba “Ideoloxía e linguaxe nas arquitecturas do poder”, escrito por Helio Piñón, e que estaba ben, pero sen deixar de manexar algúns dos tópicos ao uso.

O certo é que, logo disto, e sabendo Moneo que eu, como profesor, estaba facendo o doctorado e necesitaba facer unha tese, díxome: “¿E por que non fas a tese sobre a arquitectura de Moya?”. Eu respondinlle. “Si diríxesma o teu, si”. O dixo que si, que ma dirixía, e eu presenteina e lanceime. Díxenllo a Moya, que lle pareceu moi esaxerado, pero puxo á miña disposición o arquivo do seu estudo, que entón xa non funcionaba; apenas estaba alí. Eu metinme alí a fondo, fotografei e copiei moitos dos seus planos e debuxos, localicei os seus artigos e as publicacións das súas obras, visitei moitas destas e fun a Xixón repetidas veces, ata para bucear nun arquivo de planos –de copias- que había alí, procedente da obra.

Decidín facer a tese fundamentalmente sobre a obra historicista e, tamén, que a ía a dividir en dous partes. Unha, a teoría que se deducía dos seus escritos, que eran bastantes, e que eu ía ordenar, case ao modo dun evangelista, e a glosar, máis que a criticar. E outra, composta pola análise das obras, que ían ser as máis importantes desde o “Soño Arquitectónico” ata a Laboral. Entregueina e lin en 1979. O tribunal presidíao Antonio Fernández Alba, e estaba composto tamén por Antonio Bonet Correa, Ignacio de Solá-Morais, Carlos Sambricio e Rafael Moneo, pois entón o director formaba parte do tribunal. Puxéronme sobresaliente por unanimidad, que era o equivalente ao “cum Laude”, pois esa nota non existía entón nas Escolas Técnicas. Levei a comer ao tribunal e a algún amigo ao restaurante “Pepe Botella”, que estaba na praza do Dous de Maio. Eu deixara de ser noivo de Julia Alonso-Martínez; quizá o rolo da tese, sempre tan duro, habíanos envenenado. A tese, que me custou moito esforzo, publicouna o Colexio de Arquitectos en 1981 en forma de libro co título “A arquitectura de Luís Moya Branco”. Moitos anos despois, cando traballei en Belas Artes ás ordes de Dionisio Hernández Gil, este díxome que un día aparecera Adolfo López Durán pola súa casa co meu libro debaixo do brazo e díxolle. “¡Mira, mira, o que a nós nos parecía moi ben e a vós non, agora valórano!” Sen dúbida referíase a discusións na Escola sobre a modernización do ensino cando Dionisio e Moneo foron profesores de Análises. O certo é que, como eu pensaba, a gran personalidade de Moya, capaz de escribir defendendo a arquitectura clásica e atacando a moderna, e capaz de facer arquitectura clasicista non convencional, era case a única base da ideoloxía arquitectónica conservadora no franquismo. Sen Moya quedáronse simplemente en pelota.

Luís Moya deixara de pertencer á Escola en 1971 ou 1972, para dar clase na Escola de Pamplona, do Opus Dei. Os de Pamplona enganchárono porque D´Ors inventouse unha historia cos profesores “maiores” (Moya, Cámara,..), que era nomearlles “supernumerarios”. O que fixo foi, en definitiva, quitarlles as clases e invitarlles á xubilación anticipada. Moya, como lle chamaron de Pamplona, foise, e alí estivo bastantes anos.

Cóntoo porque Moya engadiu a Escola de Pamplona á lista dos seus benefactores, entón composta tan só polos Marianistas, a cuxo Colexio (O Alicerce) había ido e que foron uns dos seus máis importantes clientes. Por iso decidiu dividir en dous o legado da súa biblioteca, unha parte para a Escola de Pamplona e outra para o Colexio Maior Chaminade, obra súa, e dos Marianistas. Supoño que coa Escola de Madrid, da que fora tanto tempo profesor –uno dos máis ilustres- e que ao final lle deu unha bofetada, non quería saber nada.

Pero, en fin, a miña tese significou nalgunha medida una certa reconciliación coa Escola e, así, Antonio Fernández Alba –xefe meu e que foi presidente do tribunal de tese- púxose en contacto con Moya –eu sabía que este, de feito, respectábao moito, e a proba foi o seu voto na oposición de Elementos- e pediulle que deixase á Escola de Madrid a súa documentación profesional; os seus planos e debuxos, vaia, e o que a el lle parecese conveniente. A Moya pareceulle ben, e así quedou convido.

Un bo día Moya chamoume a min e díxome que vendera o estudo, polo que había que levarse o seu material á Escola con urxencia. Eu non sabía que facer, así que chamei a Javier Ortega e pedinlle o favor de que me axudase a levalo no meu propio coche. Así o fixemos, en varias viaxes, e deixámolo depositado e completamente desordenado na biblioteca. Cando o estabamos recollendo, Moya díxome que antes de que o metésemos todo na Escola eu debería elixir un debuxo para min. Pareceume estupendo, e logo de moito pensar elixín o plano da fachada definitiva de San Agustín, que decidira xa como portada do libro da miña tese. No medio da elección, díxome. “A verdade é que deberías de elixir 2. Que menos, logo do teu esforzo”. Entón collín tamén a axonometría seccionada da pirámide do “Soño arquitectónico”. El, ao ver a elección, comentou: “¡Que técnicos!”. Non sei si era una certa decepción porque eu non os elixiu máis “artísticos”. Logo subiu á súa casa e baixou con outro debuxo da fachada de San Agustín, un dunha versión anterior á definitiva, máis pequeno e bastante bonito. E díxome: “Mira, recordaba que este o tiña en casa, Quédacho ti tamén”. Así que teño tres moi bos debuxos de Moya, regalados por el mesmo.

Luís Moya era un home cunha cabeza moi singular –o dicía que de indio, polo seu ascendencia mejicana-, de estatura media e con lentes, pois era extremadamente miope. Cando eu coñecinlle apenas vía; aclaroume que ao meu coñecíame pola voz. Era amable e moi bo charlista, extremadamente culto e con bastante sentido crítico. Cando xa se relaxou comigo –pois ao principio desconfiaba- pasamos moitas tardes falando de muchísimas cousas, aínda que adoitaba ser o quen o contaba case todo. A súa muller, Conchita Pérez Masegosa era unha muller moi singular, pouco sociable e moi crítica, e que a min me tomou moito apreciou pola miña dedicación á obra do seu marido. Chamábame Cristóbal Colón; é dicir, o descubridor. Ambos foron á miña voda cando Chinina e eu casámonos en San Agustín, a súa Igrexa. O cura –que era un jesuita amigo- falou do na homilía.

Logo Javier García-Gutiérez Mosteiro fixo outra tese sobre Luís Moya, esta vez sobre Moya como debuxante, en todos os seus aspectos, e logrou organizar algo o legado que Javier Ortega e eu deixaramos caóticamente na Biblioteca. Descubriu moitos debuxos, que eu nin sequera coñecía, e que xustificaban quizá o comentario de Luís cando a miña elección. Despois organizamos algunhas exposicións. Unha foi para o Colexio de Arquitectos, outra para Xixón, máis completa, no edificio do Real Instituto de Jovellanos. Outra, case igual que esta, foi para a Academia española de Belas Artes en Roma, feita cando Ricardo Aroca era o director da Escola, e a quen lle pediu Felipe Garín, entón director da Academia, que lle fixésemos algo. Daquela fomos a Roma, a inaugurar a exposición, Aroca, Hernández León (que era entón o Xefe de Estudos) e Mosteiro e eu, que a montamos. Na Academia de Roma, os debuxos de Moya quedaban espléndidos, e os romanos que os vían atopábanos tan naturais como magníficos.

Con todas estas cousas, o legado de Moya íase ordenando, e o que se expoñía gardábase xa enmarcado. A ordenación máis forte foi, con todo, posterior, con motivo dunha última exposición, que eu propuxen a Gerardo Mingo, dentro da serie que facía a dirección xeral de Arquitectura nas arquerías. Fixémola Mosteiro e eu como comisarios e documentalistas e as miñas socias, Consolo Martorell –a miña muller- e Mónica Alberola como diseñadoras. Encargouse unha gran serie de fotografías novas ao fotógrafo, arquitecto e profesor da Escola Eduardo Sánchez. A exposición quedou moi ben, tivo bastante éxito e fíxose un magnífico catálogo, cuxos textos escribimos case sos –engadíronse soamente uns textos complementarios de Luís Moya González e Juan Moya Arderíus- Mosteiro e eu. A raíz do legado a Escola de Arquitectura dedicou un aula a Moya, onde se puxo unha placa.

12.

O caso é que, xa doutor, Antonio Fernández Alba propúxome que cubrise a praza de Achego Interino de Debuxo Técnico, non para dar clase alí, senón para seguir con Elementos de Composición, e que mellorase de nomeamento. Xullo Vidaurre quedábase tranquilo porque, como non tiña doutores, non se lle metía ninguén que non lle interesase. Pedino, déronmo, e seguín dando clase en Elementos, aínda que axudei tamén puntualmente a Julio.

Pero volvamos agora á Xunta de Escola (á revolucionaria ou provisional, á que eu pertencía) e ao ano 1980. Eu estaba pensando que, malia o meu historial, non cara a nada en Elementos, pois había catedrático –Antonio-, agregado –Juan Navarro- e achego –Manolo Casas-. Para a carreira académica en Elementos non había porvir, e eu, decididamente, quería facer a carreira académica. A profesión estaba fatal e había moitas cousas que me desagradaban.

Así que me fixei en que o que estaba vacante e sen ningún numerario era a antiga cátedra de D´Ors, a de Composición II, que era teoría, ocupada como encargado por Miguel Durán Lóriga. Empeceime a encandear con esta idea e, de feito, apunteime a unha oposición ao corpo de adjuntos para esta asignatura. Logo acordeime de Moneo e pensei que, á volta duns anos, e farto de Barcelona, acabaríase presentando a esta cátedra, que lle ía como anel ao dedo. Así que decidín que lle ía a lear eu mesmo. Mellor ser o achego de Moneo que encandearme eu coa cátedra e que ma pisase el. Un día funme a verlle e pregunteille que que tal pareceríalle dar en Madrid esta asignatura como Catedrático Interino. Díxome que podería ser e que si había posibilidades. Eu díxenlle que si, e que de feito pensaba suscitalo na Escola.

E susciteino na Xunta de Escola. Alfaia que xa falara con Moneo e que estaba de acordo. Así que a Xunta aprobou propoñerlle como Encargado de Cátedra, pero para iso tiña que dimitir Miguel Durán. Larrodera –director provisional entón; logo foino efectivo- quedou en falar con el e pedirlle a retirada. Na seguinte Xunta Larrodera informounos que Durán negábase a dimitir; que se decatou de como funcionaba o asunto e que para destituírlle era preciso declarar previamente a súa “incapacidade pedagógica”. A verdade é que eu tiña testemuños moi sinistros de como daba clase este señor, polo que non dubidei en apoiar esta declaración, que se aprobou na Xunta por maioría, e fíxose efectiva, malia o violento que todo aquilo resultáballe a Larrodera. Fíxose así, destituíuselle e díxoselle a Moneo que solicitase o nomeamento. Fíxoo, nomeáronlle, e deu clase con gran éxito máis ou menos desde 1981 ata 1985 en que se foi de Decano a Harvard.

Recordo unha reunión un día, non sei de que, na que estabamos Carlos Sambricio e eu, con Manuel Castañs e Antonio Fernández Alba. Carlos Sambricio sacou o tema de Harvard e Moneo, sen ningunha dúbida para ver que dicía Alba. E este dixo: “Pero, Carlos, ti, de verdade, queres ir a Harvard, porque iso é unha tontería, conséguese fácil….” Carlos dixo “Mira, Antonio, para min Harvard é como Hollywood para unha loura tetuda…”. Manuel Castañs morríase de risa.

Pero sigamos co importante. Cando Moneo sentou a praza, Antonio Fernández Alba propuxo que a min, que estaba inscrito nas oposicións a achego de Composición, que se me nomease xa interino desa asignatura e que traballase nela con Moneo. Eu dixen que bo, pero volvemos tropezar co interino, que era interina, Maria Vitoria Gutiérrez Guitián, que tampouco quixo dimitir. Xa que se forzou a Durán pensaron en forzar tamén esta destitución, que era máis fácil, pero eu non quixen. Seguín en Elementos e fun preparando a oposición á adjuntía.

Eu era xa entón achego interino de Elementos, porque Manolo Casas, o achego titular, co que eu traballaba ao alimón, se había ir. sentara a praza de Xefe da Inspección de Monumentos da Dirección Xeral de Belas Artes, sucedendo a Dionisio Hernández Gil, que fora nomeado Subdirector Xeral de Restauración por Javier Tusell, que era entón o Director Xeral (con UCD e o goberno de Suárez), e que creara esa subdirección para Dionisio e para que puidese continuar con ese posto o impulso e a modernización da restauración oficial de monumentos que iniciara. Estando xa Manolo de Xefe da Inspección, xa no ano 1980, encargoume facer obras na Catedral de Oviedo, e logo algunha outra, coas que eu empecei unha certa carreira como arquitecto restaurador. Cara a esa época empecei a saír con Consolo Martorell Aroca, unha das mozas máis guapas que pisaran a Escola, si non a que máis, encantadora e simpática, e que foi a miña alumna en Elementos. O 3 de xullo de 1981 casámonos.

Juan Daniel Fullaondo volvera á Escola e puxérono de achego de Sáenz de Oíza, e era o único que o chamaba de vostede. Era moi celoso da fama de Moneo e, aínda que teóricos amigos, falaba moi mal del. Sentoulle fatal que chamásemos a Moneo para ser catedrático interino de Composición, no canto da el. Os profesores máis famosos e queridos polos estudantes do grupo de Oíza eran Gabriel Ruiz Cabrero, Javier Vellés e Alfonso Valdés. Nalgunhas tempadas Fullaondo acaudillou a envexa cara a estes profesores, e entre todos os outros lles baixaban as notas aos seus alumnos. Un curso, logo dunha indecente baixada de notas, eu me cabreé, pois vira os exercicios, que eran moi brillantes, algúns de antigos alumnos meus, e montamos unha exposición –a verdade é que non recordo como se iniciaron os contactos- na Galería Ynguanzo, que era da marquesa viuda de Santa Cruz de Ynguanzo, un título asturiano, e unha señora que tiña dous fillos en arquitectura e que estaba interesada en facer algunha exposición dese tipo. Reunimos unha pandilla de profesores e de estudantes, e algúns pintores amigos, como Guillermo Pérez Villalta e Carlos Forns; expuxemos os exercicios dos estudantes e cousas nosas. Cando se inaugurou, o éxito de público foi asombroso, non se cabía na galería, por suposto, pero case nin na rúa de Antonio Maura. Esta exposición tivo certo eco, paseouse por algunhas escolas de arquitectura e algunha outra galería e saíu nalgunhas revistas modernas da época –era 1980-, o que nos fixo ingresar na “movida madrileña” como o grupo de arquitectos daquel rolo. De todo iso quedou tamén un libro, “Arquitecturas Modernas”, editado por ProNaos e pago pola Subdirección Xeral de Artes Plásticas do Ministerio de Cultura, á que pedimos unha beca.

Bastante anos antes –cando, nos 70, sacabamos a Escola adiante como podiamos- fixeramos unha pandilla de 7 –Manuel das Casas, Carlos Sambricio, Gabriel Ruiz Cabrero, Javier Vellés, Alfonso Valdés, Javier Frechilla e eu-, e forzámola, para consolidar unha amizade incipiente que tiñamos da Escola. Decidimos cear xuntos todos os venres, un día en casa de cada un, e coas mulleres e noivas. Diciamos que tiñamos unha Logia masónica, e pasabámolo fantástico. Na Escola, envexosos, outros profesores, chamábanlle “a mafia”. Si foi ou non unha mafia, quizá máis ou menos funcionou, pois cinco chegamos a catedráticos, todos menos Javier Vellés, que se foi da Escola, e Alfonso Valdés, que entrou nunha certa decadencia, botáronlle logo como profesor, pois seguía de asociado logo de moitos anos, e logo dalgunhas tristes peripecias morreu prematuramente. A Logia durou uns anos, e logo foise diluíndo. Gabriel, Javier Vellés e eu montamos unha nova pandilla, con Antonio Riviére e con outros máis novos que foran alumnos nosos: Cristóbal Bellver, Pedro Miralles, Pedro Feduchi, Luís Moreno, Álvaro Soto, Sigfrido Martín Begué e Consolo Martorell. Estaban, claro, outras mulleres e noivas, e algunhas outras mozas que non eran arquitectos, como Selina Blasco, amiga de Pedro Feduchi e que logo se casou con el, e Pomba Canivet. Iamos todos os venres ao bar Chicote, que entón estaba en total decadencia, e logo ceabamos por aí ou en casa de alguén. Isto durou tamén uns anos, pasámolo moi ben e as amizades consolidáronse moito. houbo outras dúas baixas, pois Cristóbal Bellver e Pedro Miralles, os dous valencianos, morreron moi prematuramente.

13.

Naqueles tempos levaban revístaa Arquitectura, a do Colexio, Jerónimo Junquera e Estanislao Pérez Pita. Eu colaborara ás veces con eles, e tamén o fixeron Carlos Sambricio, Javier Frechilla, Gabriel Ruiz Cabrero, Alfonso Valdés, Mayte Muñoz e Juan Antonio Cortés. Cando chegou o novo concurso da revista por parte do Colexio, e en vista de que os sete colaboraramos xa tanto con eles, propuxémoslles presentarnos todos xuntos. Eles non quixeron, porque entón nós seriamos maioría, o cal era absurdo pois os sete non presentabamos ningún monolitismo. O caso é que lles dixemos que entón nós nos presentariamos sos, como así fixemos. O Decano do Colexio era Larrodera, ao mesmo tempo que era, creo recordar, o director da Escola. A min e a Frechilla coñecíanos e estimaba bastante, polo que tiñamos esa baza. Pero ninguén se animaba a ser o director. Eu falei co que entón era o meu cuñado, Manuel Veiga, xornalista e fundador de bastantes revistas, para ver si animábase a ir connosco, e díxome que si. Eu animei canda min a Gabriel e a Javier a presentarse comigo de directores e a propoñer aos outros catro como conselleiros de redacción. Así o fixemos e gañamos o concurso. Estivemos na revista ata o ano 86, logo de gañar un novo concurso no 82. O meu cuñado Manolo montóunolo todo, pero ao ano dixo que se ía. Substituímolo con Juan Paz Canalejo, arquitecto e amigo noso, que estivo ata o final. Tamén tivemos algunhas tempadas a Macarena Grande, Ramón Guerra e Luís Moreno Mansilla. Fixemos unha revista que foi moi pedagógica –eramos todos profesores- e tamén moi popular. Entón había poucas e tivemos gran éxito. Iso si, en 1986, cando a faciamos mellor, o Colexio non nos renovou o concurso, así que nos fomos por onde viñeramos.

Nos anos en que empezabamos en revístaa Arquitectura, Alberto Campo estivo moi activo na Escola e –creo recordar que coa axuda do Colexio- trouxo a algunhas personalidades a dar conferencias. Recordo a Siza, Mario Botta, Richard Meier, Vittorio de Feo, Mario Galdensonas, etc. Celebrábanse charlas e sesións críticas. Eu era entón un crítico en alza, e así era perejil obrigado de todas estas salsas.

A finais de 1982, cando Moneo daba clase de Composición II coa axuda de Juan Antonio Cortés, José Barbeito e María Vitoria Gutiérrez Guitián, celebrouse a oposición á adjuntía con dúas prazas para o corpo e desa asignatura, é dicir ao que eu estaba inscrito. Presentáronse comigo a citada María Vitoria (Mariví) e Emilio Jiménez Julián, un valenciano. No tribunal estaban Fernando Chueca Goitia de Presidente, e ademais Ignacio de Solá Morais, Jaime López de Asiaín e os dous irmáns Trillo de Leyva, Manuel e Juan Luís. A oposición era un primeiro exercicio de autobombo e programa, no que botaron a Mariví, outro segundo de tres leccións do teu programa sacadas ao sorteo, do que o tribunal elixía unha, que habías de desenvolver por escrito e logo ler, e un terceiro práctico, no que nos puxeron facer un arranxo da praza das Comendadoras. Na presentación do exercicio práctico había moita xente, estaba Moneo, e estaba tamén Manolo Casas que levara a Dionisio. Iso veume ben ante o tribunal –ante Chueca- pois se supoñía que o público ía por min. Déronme a primeira praza e a Emilio a segunda. Ao principio sentábanche provisionalmente na praza, que logo tiñas que ocupar por concurso de acceso. A nós sentounos na praza unha disposición da L.R.Ou. de 1984, que nos cambiou de Adjuntos a Titulares. Era peor, pero con mellor nome.

Eu non empecei a dar clase –e, así, nunca a dei con Moneo-, pois a consecuencia da ascensión ao poder do PSOE co goberno de Felipe González, a Antonio Vázquez de Castro, catedrático da Escola, nomeáronlle Director Xeneral de Arquitectura, e propuxo a Manolo Casas que deixase a Inspección de Monumentos para pasarse con el de Subdirector Xeral. Manolo aceptou e recomendoume a min para a Inspección. Dionisio propúxomo e alá fun. Era Director Xeneral de Belas Artes Manuel Fernández-Miranda, un catedrático de arqueología gijonés, sobrino de don Torcuato, algo maior que eu e moi intelixente e simpático. Morreu anos despois prematuramente. O Ministro era Javier Solana e o Subsecretario, Ignacio Quintana, un ovetense, tamén intelixente e simpático.

Tiven que pedir a comisión de servizo a D. Paco Sáenz de Oíza, que era entón o director da Escola, co que eu tiña o privilexio de ter certa amizade, e que a informou positivamente, está claro, pero fíxoo rezongando e dicíndome que non lle apetecía nada que me fose da Escola. Isto me halagó, claro, vindo del, pero díxenlle que tampouco sería moito tempo.

En Belas Artes atopei –xa o sabía- a algúns arquitectos bastante coñecidos por min, a maior parte deles profesores da Escola, tales como Antonio Almagro, Carlos Baztán, Amparo Berrinches, Alberto Humanes e José Miguel Merino de Cáceres. Eu fun así o Inspector Xeral de Monumentos do Estado, segundo a Lei de 1933, e de 1983 a 1985, o último antes das transferencias ás Comunidades Autónomas e da nova Lei do Patrimonio Histórico. Alí paseino ben, aínda que tamén mal algunhas veces, aprendín moito e encargáronme a restauración e a terminación do Museo de América, de Luís Moya, traballo que fixen primeiro de oficio e logo como profesional libre cando volvín á Escola. Compatibilicei este posto coa dirección de revístaa Arquitectura, e nel fun facendo un traballo de investigación que acabou converténdose nun libro que ha ter bastante éxito: “Metamorfose de monumentos e teorías da restauración”, que foi publicado por Alianza Forma.

En 1985 o Ministro Solana fixo aprobar polo parlamento a nova Lei do Patrimonio Histórico Español e foi celebrando as transferencias ás rexións, polo que a Inspección quedouse case sen contido. Ademais, Dionisio Hernández Gil fora nomeado Director Xeral logo de Fernández-Miranda –eu fun unha tempada subdirector xeneral en funcións- e creou o Instituto Español do Patrimonio Histórico, nomeando a Antonio Fernández Alba como Director. A min díxome que si quería que me quedase, pero eu agradecinllo e volvín á Escola.

Alí incorporeime á cátedra de Composición II, que levaba Juan Antonio Cortés como Encargado, pois resultara ser Profesor Titular ao aprobar as probas de idoneidad que fixo a L.R.U. Seguían con el Pepe Barbeito e Mariví. Era Larrodera o director da Escola –agora xa non provisional- e propúxome ser eu o Encargado da cátedra. Eu díxenlle que non, porque quería estar en dedicación non completa para ser máis libre con revístaa Arquitectura e tampouco me gustaba pasar por encima de Juan Antonio, aínda que el creo que deste xesto meu nunca se decatou.

Logo fixeron profesor asociado da asignatura a Bernardo Ynzenga, ao que eu só coñecía de vista, e a Juan Antonio sentoulle mal, pois era maior que nós e sen experiencia de dar a asignatura tal e como se daba –algo fundado por Moneo- e condenoulle a dar comentario de textos en ambos grupos, cousa que Bernardo fixo con alegría e eficacia. Daquela fixémonos amigos. O programa principal dabámolo Juan Antonio e eu, cada un o seu e aos dous grupos. Pola tarde dábano Barbeito, que dobraba a Juan Antonio, e Mariví, que me dobraba a min. Bernardo daba os comentarios de textos sobre os libros recomendados dos dous programas. Fixémolo durante dous cursos, polo menos, e funcionou ben. Hai testemuños dalgunhas publicacións que preparamos.

Moneo, como dixen, se había ida a Harvard, onde xa fora profesor, contratado como Decano da Facultade. Unha tempada antes de irse chamoume para vernos e charlar, e fómonos andando pola Castelá ata a Estación de Atocha, onde a el apetecíalle mirar o oco que habería de reencher co seu proxecto. Alí contoume o de Harvard, dicíndome que, logo da súa familia, dicíamo a min antes que a ninguén, e que o facía porque a cátedra ía saír a oposición e el xa, co de Harvard, non se ía a presentar. Así, que debía prepararme.

En efecto, saíu a oposición a cátedra, e non unha, senón 2 prazas. O que ocorrera é que Juan Miguel Hernández León, que se presentou e gañado unha adjuntía de Estética e Composición, como aspiraba lógicamente a cátedra, presionara a Adolfo Amézqueta para que saíse unha praza. Amézqueta, que se había ir a Sevilla como catedrático de Análise de Formas, recuperara a súa situación en Madrid presentándose á cátedra de Estética, que gañara. Logo da L.R.U., o departamento de Composición reunía as asignaturas de Estética, Composición, Historia da Arte e Historia da Arquitectura. Tamén algo de Análise de Formas, pois Helena Igrexas e o seu marido manobraran para conseguir esta cousa absurda, xa que Análise é debuxo e tería que estar noutro Departamento, e así estar xuntos e dominar o cotarro. Helena fora catedrática de Valladolid, de Análise de Formas, por oposición, e de Madrid por concurso de traslado. Logo desta manobra, que permitiron a Escola e o Ministerio non se sabe porqué, dominaban o Departamento e Adolfo era o director. Juan Miguel díxolle a Amézqueta que sacase a cátedra de Composición, para non competir con el si era de Estética, e convenceulle para que pedise dúas prazas. El mesmo díxome a min, que sabendo que eu me ía a presentar, logrou que saísen dous, unha para el e outra para min.

O caso é que nos inscribimos ás prazas e tamén o fixo Juan Antonio Cortés, que non podía presentarse porque non tiña a antigüidade suficiente, pero que pediu ao Consello de Universidades a exención que prevía a lei, e que tiña que ter concedida, en todo caso, cando se celebrase a oposición. Tamén se inscribiu Miguel Anxo Baldellou, que non era sequera titular e que tamén necesitaba a exención.

Amézqueta, que era o presidente do tribunal nomeado polo Departamento –ou sexa, autonombrado; o secretario era Pedro Navascués- negouse a celebrar as 2 prazas á vez e separounas, inexplicablemente, aínda que logo soubemos porque era. Así que tiñan que celebrarse por separado. Eran tempos de oposicións, a causa do impulso que a L.R.U. deulles, e tamén se presentaba Carlos Sambricio, que xa era achego, á de Historia da Arquitectura. A esta presentábase tamén Navascués, que xa era catedrático de Historia da Arte, non se sabe porqué, aínda que despois sóubose: Navascués díxolle a Chueca que quería ser académico de Belas Artes, e este díxolle que entón o mellor era que fose o catedrático de Historia da Arquitectura. O certo é que non logrou selo e logo, con todo, fixéronlle académico. O clan Chueca era máis forte que as convenciones.

A oposición a Historia da Arquitectura foi antes que a nosa. Non recordo ben o tribunal. Sei que estaba Ignacio de Solá-Morais, Helena Igrexas e un valenciano do que se me esqueceu o nome; non recordo máis. Foi moi rifar e, finalmente, gañou Carlos. No último exercicio, e actuando Navascués, eu senteime á beira de Carlos. Navascués dixo non se que que a Carlos lle sentou fatal, e este empezou a facer ruído co asento. A súa muller, que estaba detrás de nós, díxolle que saíse do aula, que non podía montar números, e Carlos foise. Estaba Chueca na sala, que debía estar en mal sitio, porque ao ver que quedaba libre o asento de Carlos, cambiouse el, non sei si porque me vió e tiña ganas de facer comentarios. O caso é que me fixo bastantes, e como estabamos en primeira fila e el debía de estar un pouco xordo, facíaos en voz alta e todo o mundo miráballe. Navascués falaba, creo que do século XVIII, como coméndolle o terreo a Sambricio, e non poñía imaxes. E Chueca, logo dun intre, dixo: “¡Que oposición máis aburrida! Non hai diapositivas…”, en voz alta, e eu díxenlle, máis bajito –non sei si oír-, “Si, don Fernando, pero fíxese que é o seu candidato”. Porque se sabía ben que Chueca apoiaba a Navascués e non a Carlos. O caso é que Carlos saíu. Navascués colleu un tremendo rebote e xa se envenenó para a nosa oposición.

Celebrouse a primeira praza nosa. A Juan Antonio concedéronlle a exención, polo que tamén se presentou. O tribunal eran Amézqueta, Navascués, López Aisiaín, e outros dous que non recordo. Non estaba Helena Igrexas, que actuaba entre bastidores. Os tres fixémolo bastante ben. Eu creo que o fixen bastante mellor, aínda que isto non sexa máis que unha opinión sen valor ao proceder de min mesmo, pero tiña –e isto xa é máis obxectivo- moitos máis méritos que eles. Ademais presentei para o segundo exercicio unha investigación –o que logo foi o libro “Metamorfose de monumentos e teorías da restauración”- que era moi interesante e moi elaborada. No entanto, que lle desen a praza a Juan Miguel, nin me molestou nin me sorprendeu. Non era mal candidato, era amigo da pandilla e quedaba aínda outra praza.

Celebrouse logo a segunda praza. Seguían estando Amézqueta e Navascués no tribunal, e tamén López Aisiaín, que era por sorteo e que volveu saír. Estaban ademais o ínclito Rafael Manzano e unha catedrática de Valencia descoñecida que se chamaba Violeta Montoliu. A sorpresa foi que se presentou Baldellou, que recibira a exención, e xa entendemos o das prazas separadas: estaban esperando, estirando o prazo, para que lle dese tempo a Baldellou a presentarse. Por certo que estaba tamén inscrito á cátedra de Historia da Arte, pero contáronnos que houbo un pacto, déronlla a Antonio Ruiz –moi bo profesor- porque a Baldellou prometéronlle a segunda praza de Composición. Baldellou, aínda que é maior que eu, fixera o doctorado facía moi pouco, e non sei si non era titular cando se presentou a cátedra ou si o era, en todo caso, desde facía moi pouco tempo.

Juan Antonio e eu fixémolo igual. Ou sexa, moi ben; eu, creo honestamente, que mellor, e seguía tendo mellor currículum e mellor investigación. Baldellou fíxoo moi mal. Notábase que o proxecto docente era para Historia da Arte, ou para as dúas cousas á vez. O proxecto de investigación, sobre Velázquez Bosco, fíxoo fatal; tiña ata desordenadas as diapositivas. Recordo que, ao acabar, Leopoldo Uría, que entón estaba de subdirector xeral no Instituto ás ordes de Fernández Alba, díxome que o fixo moi ben e o outro moi mal, así que gañara. Eu díxenlle que non; que xa entendera que eu non ía gañar de ningún xeito.

E así foi. Gañou Baldellou, con gran escándalo do público, que lle montou un pollo ao tribunal, coma se fóra no franquismo. O máis divertido foi que Jose Luís Rodríguez-Noriega chámolle chorizo e fascista a Amézqueta, que se estrañaba e escandalizaba porque se cre ¡vermello! ¡Ja! Simón Marchán, indignado, veume a dicir que isto non tiña remedio, pero que a investigación que fixera era estupenda e que a tiña que publicar, e púxome en contacto con Alianza Forma, cuxo director era Fernando Villaverde, que aprobou a edición do libro. Logo Fernando foise, e sucedeulle Paco Calvo Serraller, que seguiu botando o libro para diante. Acabei de escribilo no verán de 1987, en Cangas de Onís, cando naceu o meu fillo Alberto, e publicouse en 1988. Ha ter varias reimpresiones e converteuse no meu libro máis coñecido e importante. Agora vaise a publicar, sairá en 2009, unha segunda edición revisada e aumentada. foi a única publicación significativa –no sentido de investigación orixinal- publicada en España sobre a restauración e a interpretación dos cambios na arquitectura do pasado.

O resultado das oposicións deprimiume bastante e paseino fatal durante un tempo. Para min foi un fracaso absoluto, pois esta era a liña da miña carreira docente para a que me preparou moito. Nunca esquecerei as manobras de Amézqueta e de Helena Igrexas, nin tampouco a colaboración de Navascués e de Manzano. Todos eles elimináronme a propósito de que merecía a praza. A Escola de Madrid quedouse sen que eu fose catedrático de Teoría, e ela perdeullo, non tanto eu, que, co tempo, xa me deu o mesmo. En Composición continuamos dando clase ata final de curso, pero eu decidín marcharme de alí, e utilizando unha cláusula da L.R.Ou., pedín o meu cambio de Titularidad a Proxectos. Había que ter a venia do Departamento ao que querías ir, que obtiven mediante a amabilidad de Antonio Vázquez de Castro, e mandar a petición e o currículum ao Consello de Universidades, que me concedeu o cambio. Volvín dar clase con Manolo Casas que, logo de ser Director Xeneral de Arquitectura, presentouse a cátedra –eu aconselleillo vivamente- e gañouna. Tamén gañaran cátedras de Proxectos naqueles anos Juan Daniel Fullaondo e Alberto Campo. Isto era cara a 1987. Traballabamos xuntos Manolo Casas, Emilio Tuñón e eu, levando Proxectos I. Eran os tempos dos talleres verticais, e xa desaparecera ata a condición horizontal de Elementos de Composición, que ao principio se conservou. O primeiro ano tivemos unha promoción na que fixemos moi bos amigos, como Mónica Alberola (que logo foi socia miña e profesora comigo na Escola), Juan García Millán (que se casou con Mónica e que foi moito tempo despois director de revístaa Arquitectura comigo de 2000 a 2008), Alicerce Sánchez Esquerdo(que traballou moito tempo con Manolo Casas), Veiga Ortiz (filla de Miguel o librero), Pedro Morais, César Cabanas e Pomba Santamaría, que traballaron algún tempo comigo.

14.

Estando xa de novo nos cursos de proxectos chamáronme da Escola de Valladolid –chamoume Javier Rivera, profesor de Historia e director entón do Departamento de Teoría e Proxectos- para propoñerme que me presentase a unha cátedra de Composición de alí. Eu díxenlle que non, que me retirou de Composición, pero que chamasen a Juan Antonio, que seguro que quería. Tamén lles dixen que si sacaban unha cátedra de Proxectos si que me presentaría. Fixeron as dúas cousas. Sacaron a de Composición, á que se presentou Juan Antonio e gañou, e sacaron a de Proxectos, xa en 1989, á que eu me presentei. Estaban no tribunal, nomeados pola Escola, Manuel Trillo e José Ignacio Linazasoro, que foran catedráticos de alí, e por sorteo saíron Oriol Bohigas, Juan Navarro e Muntañola. Veume ben que o tribunal fose bo, con Oriol e Juan para darlle verdadeira altura, pois me presentaba só e non me apetecía que parecese un paseo militar. Preparei bastante o proxecto docente, pensando que me serviría máis adiante como así foi, e volvín contar o “Metamorfose de Monumentos” como proxecto de investigación. Era xa un libro, e regaleillo a todos os membros do tribunal. Saquei a praza e incorporeime alí xa en mayo ou xuño, co curso case acabado.

O primeiro que atopei alí foi unha folga bastante salvaxe por causa de Proxectos. Complicada, pero, en realidade, porque suspendían. Javier Rivera dixo que tiña que falarlles eu, que o feito de que fose flamante catedrático e de Madrid tiña moita importancia. Fíxose unha reunión no salón de actos e faleilles. Díxenlles sobre todo que o máis importante capital da carreira era saber proxectar e que había que traballar. Salvador Mata comentou, que ben, que parecía un coronel e que iso era o que facía falta. A verdade é que a folga acabouse.

Rivera empeñábase en que me presentase a Director. Dicía que me elixiría todo o mundo. Eu dixen que si, pero coa boca chico. A medida que ía pasando o tempo cada vez apetecíame menos, e un día, desde Madrid, chameille e díxenlle que estaba decidido a non presentarme; que me prestaba a ser director do departamento. Ocorréralleme que a Ramón Rodríguez Llera, que era profesor de historia e estaba en Roma, seguro que lle apetecía. Javier dixo, que bo, pois ao departamento, pero que non dixese nada e como el fixera correr a voz de que me presentaba eu, non se ía a presentar ninguén. “Entón, o último día presentamos a Ramón, xa non lle dá tempo a presentarse a ninguén, e sae”. Así o fixemos e saíu. Estes de letras son uns estrategas e gústalles ser directores dunha Escola de Arquitectura máis que a un bobo un lápiz.

Paseino ben en Valladolid. Fun director do departamento. Facíanme caso en todo. Con financiamento do Colexio de Arquitectos levei a moitos conferenciantes; fixen desfilar por alí á maior parte en grao sumo luxoso de España. Ramón, xa director, dicía: “Antón raíña, pero non goberna”. Deixei alí moitos bos amigos: Javier Rivera, Ramón, Salvador Mata, Josefina González, Miguel Anxo da Igrexa, Pomba Gil, Xullo Grijalba, Darío Álvarez, Pedro Luís Galego, Fernando Díaz-Pinés (que foi alumno meu en Madrid)…..Estiven tres cursos. Antes de cumprir os tres gañei unha praza de catedrático de Madrid, pero quedeime en Valladolid ata completar o curso.

En Madrid saíran tres prazas xuntas e inscribinme, pois era a miña oportunidade: ou entón, ou dificilísimo volver. Presentámonos Luís Fernández-Galiano, María Teresa Muñoz, Salvador Pérez Arroio, Francisco Fernández-Longoria, José Miguel Prada Poole e eu. O tribunal eran Antonio Vázquez de Castro, Manuel das Casas, Muntañola, Luís Pena e Helio Piñón. No primeiro exercicio, Salvador Pérez Arroio, que xa perdera nunha oposición anterior contra Linazasoro, presentábase en plan combativo, e ensinoulles algo así como 10 carros de diapositivas dos redondos grandes cos seus proxectos e obras, aproveitando que o primeiro exercicio non tiña limitación de tempo. Eu non era capaz de entrar aos exercicios dos outros, pero tampouco de irme da Escola. Cando o de Salvador, intrigado, entrei a ver que pasaba: saían plantas de chalés. Funme. Volvín mirar moito despois e seguían saíndo plantas. Era como un culebrón venezolano. Non me quedei aos comentarios do tribunal, pero foi como ás 2 da mañá. Contáronme que Helio díxolle que si lles confundiu con directivos dalgunha multinacional xaponesa e pretendía colocarlles obras. Só pasamos ao segundo exercicio Fernández-Galiano e eu. Presentei un proxecto de investigación sobre Alvar Aalto que hoxe é un libro na editorial Akal. Déronnos as prazas e quedou unha vacante. Isto foi a finais de 1991.

Pérez Arroyo recorreu o resultado ante o Rector, sobre todo co argumento de que el era un gran proyectista moi experimentado, empregando a Fernández-Galiano, que non exerce a profesión, como exemplo de agravio. Respondemos ao recurso, coa axuda dun avogado de Ricardo Aroca, pero o Rector non resolvía. Pasou o tempo, eu non tiña présa, pois seguía en Valladolid, pero a cousa pasou xa de castiñeiro escuro. Pedímoslle a Ricardo –que era entón o director da escola- que lle dixese algo ao Rector –xa o fixo- e dixo que si, que insistiría, pero que lle enviásemos tamén nós unha carta. Eu escribinlle argumentando a miña condición de catedrático da asignatura e de gañar a praza en enfrontamento limpo –eu si era proyectista- e Galiano envioulle un texto moi subido de ton. O caso é que reaccionou e sentenciou salomónicamente aceptando o noso nomeamento, pero ordenando ao tribunal que, en canto á terceira praza que se quedou deserta, que se volvese a xulgar a actuación de Pérez Arroio e que seguise con el a oposición. O tribunal reuniuse, volveu xulgar a Pérez Arroio, e no canto dun 2 puxéronlle un 0. Víase vir. A cousa acabou aí, pois Salvador non insistiu.

Bo, en realidade, non acabou, pois Longoria e Prada Poole abriron un recurso contencioso. Eu, que estivera na administración e algo sei de procedementos administrativos alfaia que o contencioso non podía ser admitido a trámite, pois eles, ao non recorrer contra o rector, non esgotaran a vía administrativa, previa á contenciosa. Pero, coa miña sorpresa, admitíronllo e déronnos coñecemento a nós, como partes afectadas, para que nos acudísemos no procedemento. Todo o mundo díxonos que tiñamos que facelo por que si non podía ser fatal. Era mentira; si alguén está nun caso parecido o mellor é que non se acuda no procedemento; só perderá tempo e diñeiro. Nós de feito, estabamos sentados na nosa praza, e dixéronnos tamén de que en caso de fallar o contencioso a favor deles, a nós, xa en praza, non nola quitaban. O caso é que Galiano e eu, por empeño del, decidimos deixar ao avogado de Ricardo e picamos máis alto, e collemos un do despacho de Alzaga, do que non recordo o nome. Cando fixo o escrito principal fíxoo bastante mal e eu tívenllo que corrixir. Cobrounos 250.000 ptas. e deberiámoslle outras tantas ao final. Este final chegou e déronme a razón: non había lugar ao contencioso por non esgotar a vía administrativa. Pero admitírono a trámite, e en dicir isto tardaron paréceme que tres anos. Eu díxenlle a Galiano que ao avogado non lle pagásemos a segunda parte, en realidade, non fixera nada, máis que un escrito malo que ademais fora inútil. Pero Galiano dixo que esta xente era moi perigosa –isto é verdade- e que era mellor pagarlle, así que o fixemos. Craso erro, si védesvos en caso parecido non paguedes. ¡Vivan os tribunais e os picapleitos! Resulta bastante claro que o tribunal, ao admitir nun principio o recurso “para que non houbese indefensión” non fixo outra cousa que prexudicar aos que gañaramos e protexer a existencia de preitos e de picapleitos. Si en España deixásese no 50 por cento aos avogados e xuíces e á súa actividade o país estaba salvado.

Cando estaba en Valladolid chegou alí o rumor de que Víctor D´Ors casouse con Alicia Mirón. A verdade é que con Alicia ninguén se atreveu na Escola. A súa irmá Virginia casouse deseguido –con Manolo Gómez Gaite, como xa dixen-, pero Alicia permanecía solteira. Xa algo maior deulle o si a D. Víctor, que estaba entón máis que xubilado. Din que Chueca, ao decatarse, comentou, sen dúbida con envexa, “¡Ah, Víctor, pillín, pillín,..” Ricardo Aroca contaba as tres mentiras que D. Víctor contoulle a Alicia para convencela. Unha, que tiña diñeiro; outra, que xa non era activo sexualmente e a terceira, que se ía morrer pronto. A verdade é que durou uns anos, pero morreu relativamente pronto. Cando Ricardo Aroca casouse anos despois con María Jesús, a súa secretaria, aínda que Ricardo non estaba xubilado nin había tanta diferenza de idade, eu, para facerlle rabiar, pregunteille: “E ti, que mentiras contácheslle a María Jesús”. Deulle moita rabia, desde logo, e non dixo nada.

Toda a lea do contencioso da oposición era cando eu xa levaba un tempo de catedrático de Madrid, pois, como dixen, sentáronnos en praza logo da resolución do rector. Ao principio asocieime con Manolo Casas, nunha cátedra con dous xefes, e moitos profesores, os nosos compañeiros de sempre de Elementos e algúns outros. Logo separámonos e eu leveime aos modernos, que Manolo deixoume con certa xenerosidade, pero que, en realidade, eran os meus amigos: Emilio Tuñón, Luís Moreno, Álvaro Soto, Pedro Feduchi, Luís Vermello e Federico Soriano. Este último, de acordo co seu talante, foise enseguida a outro grupo cun xefe máis moderno que eu.

A verdade é que non estabamos moi de acordo co programa –o disentimiento sobre os programas foi moitas veces, e seguirá sendo, característica común dos grupos de proxectos-, pero fixemos unha solución que funcionou. Eran os tempos dos talleres verticais, e decidimos facer un programa marco, cunha temática e un lugar comúns, e de aí concretar dous programas específicos, un para Proxectos I, II e III, que o levaban Emilio, Luís, Álvaro e o outro Luís, e outro para Elementos de Composición e unha parte de Proxectos I (para equilibrar o número) que o levabamos Pedro Feduchi e eu, o que coincidía coas aulas, pois tiñamos unha grande e outra pequena. Eu daba ás veces clases teóricas máis organizadas e para todos na clase grande. Estivemos así uns cantos anos e saíu ben; fixemos algunhas publicacións que reflicten esta etapa. Fixemos tamén algunhas viaxes divertidas cos estudantes: a Londres, a Berlín, a Nova York,… Logo, algo máis adiante, entrou connosco de profesor Sergio de Miguel, que fora alumno meu de doctorado.

Creo que foi cara a 1994 cando Ricardo Aroca propúxome que fose Sub-director da Escola, encargándome de Investigación, Doctorado e posgrado. Ao principio díxenlle que non, pero acabei dicíndolle que si. Estiven 6 anos, pois continuei algo, moi pouco, con Juan Miguel Hernández León cando lle sucedeu. Antes, sendo director do departamento Antonio Miranda, Aroca díxolle que me nomease representante de Proxectos na comisión que elaboraba o Plan de 1996, e alí estiven; foi bastante lata, sobre todo polas insoportables posturas dalgúns, varios deles profesores de proxectos, que agora non nomearei, pois si fixéseo non podería evitar censurarlles.

A Subdirección con Aroca non estivo mal. Divertinme, traballei, aprendín cousas, e relacioneime con xente interesante da Escola distinta da de proxectos. O peor era que, como Sub-director de Doctorado, tiña que ir ás comisións do rectorado onde tamén estaba Helena Igrexas, o que eu levaba moi mal, polo xa sabido e porque é insoportable. Tivemos unhas cantas pelexas, algunhas gordas, e eu gañeinas todas, pero non me gustaba nada.

Participar da dirección de Aroca, da redacción do novo Plan e todo iso foi interesante e moitas veces divertido. Aroca traballou naqueles anos incansablemente para a Escola, deulle a todo a volta, instituyó moitas cousas, e hoxe debémoslle case todo o bo que a ordenación da Escola ten. No concreto, o peor eran as Xuntas de Escola, pois Aroca provocaba unha oposición feroz da pandilla de Amézqueta e Helena, á que se había unido Soriano e os seus, e as xuntas eran verdadeiras batallas campales, pois Ricardo, ao que lle gusta a loita, gozaba con aqueles conflitos que a min me resultaban agotadores.

Cando en 1996 empezou o Plan novo –entón denostado por todos, absurdamente, pois o Plan 1975 foi un dos peores que a escola tivo- eu presteime a ir a primeiro, que no segundo semestre xa tiña proxectos. Tamén foi Fernández-Galiano, igualmente voluntario. Eu tiven que compatibilizar ese ano o grupo de Elementos –para o que me busquei como axudante extra oficial a Alicerce García Arranz, que fora alumna miña e apetecíalle- e destinei comigo a 1º do Plan novo a Pedro Feduchi e a Sergio de Miguel. Os demais quedábanse co Plan vello. Foi unha promoción moi boa, á que seguimos dando clase en segundo, algúns –poucos- cambiaban e outros non. Daquela primeira promoción fixemos bos amigos, como Antonio Morais, David de Diego, Miriam López Rodero, Laura Andueza, Vitoria Mateos, Anais González,… hoxe todos arquitectos. A esta promoción, xunto co Plan vello, levámolos a unha viaxe para ver as obras de Lle Corbusier en Francia –viaxe que xa fixeramos outra vez- en primeiro, e a Estremadura, Lisboa e Oporto en segundo, xunto coa promoción seguinte. Logo fixemos viaxes máis curtas con outras promociones. Varias veces fixemos no outono unha viaxe por Asturias Santander e o País Vasco. Outra vez volvemos a Nova York, pero eu non fun.

Ao ano seguinte xa fomos todos ao Plan novo, sempre en 1º e 2º, repartiámonos os semestres e grupos e faciamos programas similares ou distintos. Hai testemuños publicados. Logo foron entrando profesores novos (Mónica Alberola, primeiro, e logo Luís Díaz-Mauriño e José María Churtichaga), e os de antes, menos Sergio de Miguel, foron desaparecendo. Luís Moreno e Emilio Tuñón acabaron o doctorado e fixéronse titulares. Montaron as súas propias unidades docentes e leváronse a Luís Vermello, primeiro, e a Álvaro Soto, despois. Pedro Feduchi propuxo unha optativa de Deseño de Mobiliario, que se lle aceptou, e deixou de dar clase nos cursos normais de Proxectos.

O ensino no Plan novo, en primeiro e segundo, resultaba para min altamente satisfactoria. Era parecido a Elementos de Composición, pero ao longo de curso e medio e con mozos máis novos. Notábase moito –e séguese notando- a alta nota da selectividad coa que os alumnos entran á Escola. Empezaba a gran afluencia de mulleres, algo máis da metade.

En 1998 Juan Miguel Hernández León propúxome participar na fundación dunha nova revista, coa editorial América Ibérica, tendo a Pepe Ballesteros como o editor responsable. Ía ser unha revista de formato non convencional, barata, e íase a chamar “Pasajes de arquitectura e crítica”. Preguntoume a que xente parecíame que podiamos chamar, e eu díxenlle que a Gabriel Ruiz Cabrero, a Emilio Tuñón e a Luís Moreno Mansilla. Chamounos, e incorporamos tamén ao consello de redacción, en forma máis teórica que real, a Eduardo Souto, Elías Torres E José Ramón Sierra. A revista arrincou e funcionou; era moi económica, tivo moito éxito na Escola e dedicámonos a sacala adiante, sen cobrar ou con emolumentos simbólicos. Durante dous anos escribín muchísimos artigos e pertencín moi activamente ao consello de redacción.

Pero en 2000, justamente cando Juan Miguel Hernández León presentouse a Director da Escola e saíu elixido, a Pepe Ballesteros ocorréuselle que podiamos presentarnos á dirección de revístaa Arquitectura, a do Colexio, e convenceunos a Ricardo Sánchez Lampreave e a min de que o fixésemos con el. Javier García Mosteiro, que estaba entón na Xunta do Colexio con Fernando Chueca como Decano, animábanos moito a facelo, pois confiaba en nós e estaba moi empeñado en que a revista proseguise e mellorase. Animámonos ao fin, presentámonos e gañamos o concurso. Pero eu púxenme malo. Inventeime a Juan García Millán, o marido de Mónica Alberola, que fora alumno meu e logo socio, para que me cubrise a baixa, e así a iniciaron eles sen min. Ao ano seguinte Ricardo decidiu deixalo e eu, que xa estaba ben, incorporeime. Logo foise Pepe e quedamos Juan e eu sos. En 2004 volvemos presentarnos ao concurso, con Ricardo outra vez como conselleiro de dirección, e volvémolo a gañar. Fixemos así a revista durante 8 anos e medio, case 9, sacando 32 números, e quedamos bastante contentos de facer unha revista que puidese entenderse como colegial e que tivese bastante calidade. En 2008 volvemos presentarnos ao concurso, aínda que con poucas esperanzas e con non demasiadas ganas. Perdemos.

Na Escola estiven dando clase uns anos con Sergio, Mónica, Luís e José María. Seguimos ao principio en primeiro e segundo, pero logo o departamento cambiounos a 5º, primeiro, e a 4º, despois. Volvemos a 1º e 2º no curso 2008-2009. Justamente na primavera anterior elixiuse como Director da Escola a Luís Maldonado, e no departamento de Proxectos Darío Gazapo sucedeu a Gabriel Ruiz Cabrero. Un cambio de xeración; a miña empezaba a deslizarse cara á ancianidad

Antón Capitel · Doutor arquitecto · catedrático en ETSAM

Madrid · maio 2009

[:en]

Terrace in the Great Route. 1964 | Source: ibytes.es

1.

I arrived to the School of Architecture of Madrid in October of 1964. It began the plan 1964, called plan “ye-ye”, of five years and matrícula direct, without entry neither initiation, neither selectivity, neither at all. We were 1.000 the enrolled. The asignaturas were Algebra linear and infinitesimal Calculation, Physical, Analysis of Forms and general Drawing. The chair of mathematics was Juan del Corro Gutiérrez, and changed me of group to give class with him. The one of Analysis of Forms was Adolfo López Durán, and I had at the beginning a mirage, as it touched me he, that was well –and me elogió the first drawing, that was a feather of change of perspective of the palace of the Dux de Venecia, with big content on my part, clear-, but was because it was missing a professor, that afterwards was Fernando Ruiz Jaime, that was bad, a true disaster. López Durán was the one who did the installation of the cover of the Hospital of the Latin in the School. It was a myth, because it controlled, in his day, the part of drawing of the entry, and that, at the beginning of the plan of 1964, although it was a plan without entry neither initiation, played in reality the same paper. Although it is juster to say that they played it between all. The qualifications were very hard.

The professors of Analysis of Forms were very toneless, in general. I remember surnames like Lencina, Teresa, Carnicero (that it had fame of good, but that was not it, in truth) Quijada (this something better, worked in Regions Devastated, in Brunete and some other things), and many more whose names do not remember or never knew. But mine, if it was not the worst, seemed it to me. My father said that all the students thought that the professors were bad: “And how you say that it calls ? Ruiz Jaime? It will be Jaime Ruiz, that is very good architect, know it I”. (Jaime Ruiz is the father of Gabriel Ruiz Cabrero). “No, no! Fernando Ruiz Jaime. It is as if it was blind. If it says me that something is of determinate way, I correct it on the contrary”. A day, in the study of my father, with his partner, Javier García-Lomas, this listened and said: “Fernando Ruiz Jaime, say? The worst of my promotion, did him the projects so that it approved”. It go, there has been luck, could say him to my father: “Do you See?”.

The Analysis of Forms was the artistic drawing, that consisted of drawing of statue (called him fit to draw to line, with carboncillo on double paper ingres, and stain to give the shadows); wash, that was to draw to pencil a plate, usually of classical architecture, on a special paper that hit  in a tablerito wooden, and give afterwards shadows with Chinese ink of bar that diluted  in water and with brushes of peel of marten. Afterwards there was another part of the asignatura that called him varied, and that consisted of to draw the classical orders, of drawing by heart or imagination, of colour, change of perspective, etc. Removing the orders, the most modern things were a residue of the cursillos implanted by Francisco Javier Sáenz de Oíza for before the entry in the previous plan to the of 1957.

Almost all the world did the drawing of statue taking a lot of measures and using plummet. I did not do it, as Gerardo Zaragoza, my professor, only left us measure heads, and accustomed us to control visualmente the drawing, with the simple help of the carboncillo. The true is that it was a glorious professor and that learnt to judge your drawing with a lot of efficiency, arriving even to know what was badly although you did not know like correcting it. For me, the drawing of the statue with Gerardo was a visual education of prime importance and that has served me all the life.

Draw the orders had his grace. It was necessary to buy a “Viñola”, that bought me my father, an Argentinian edition, that still have. I remember an examination: it went in López Durán in one of those immense classes and shouted: “Grandstand on podium of Doric order mutular, being the cornisamento of the equal podium to two modules”, and went . We remain us all note. I took a while in comprising that it was any façade of temple dorico mutilate on pedestal, and that it could have the number of columns that wanted to. Well, the one who wanted to, no, had to be pairs, of course. It had a mate of table quite bad, of the that do not remember the name, that put  to do a façade of three columns. I warned him that it taenia that do of number pair, but did not do me case. It was used to to despise my councils.

When we did the wash had a cacharro with water and several pocillos to have in them distinct Chinese inks, some darker that others. Sometimes, by the inclination of the table, or by that you same pushed it, fell him  to somebody to the floor a pocillo, doing a noise infernal and perhaps breaking. Then some shouted: “One less!”. They were waste of the hardest times of the entry and of the still valid belief of a number limited of people to approve. To do the difficult dispelled of the shadows and to outline well with the ink was by what it was necessary to use brushes of peel of marten, that were very good and that sucked  so that they were in shape of perfect tip. Like this you swallowed a lot of Chinese ink, and sometimes hurt you the stomach.

For the statue gave 3 or 4 sessions of three hours. To me me sobraba time –independently of how had attained to draw the statue- and happened me the last session chatting. In the “varied “” there were interesting exercises that were the ones of change of perspective: they gave you a photo and had to do the heaved, or gave you heaved and had to do the perspective. Instead, the exercises of colour or of drawing of imagination were a stupidity. They put you a subject chorra, Platero and I; or Momo, god of the carnival, and had to do a drawing. Some time put a poster, that was better. There was a trick for the exercises of colour, that had to go out of an academy, and that quite a lot used, and was to give first the gouache, very loaded, and afterwards fill it everything of Chinese ink. Once all black, carried  to the toilet and gave him  the water to chorro, with what the Chinese ink remained  where there was white and went  where was the gouache, leaving it desvaído and with a lot of blacks. It served to resolve the intonation and was very efectista. I tested once this method, but out of the School.

For the wash gave you sometimes models very new on which did not leave you draw, and if they were not strictly geometrical had to sobreponerle a vegetal paper with a cuadriculado. I, sometimes, and if it was quite geometrical, not even put it to him, and drew measuring, as the delineated to pencil on the paper of the board, although it had a lot of parts manually, gave me  very well. The strictly said wash, worse, but gave me account immediately that a good drawing to pencil was the most important for a good wash, and like this carried it out.

There were few girls, and, still less, good-looking girls. In my group was María Victoria Lahuerta dal Ré, daughter of Javier Lahuerta Vargas, that was good-looking. It was in our course until third, afterwards married  and did not finish the career. And there was one so ugly that called the attention, will not say his name. It carried a waistcoat of false leather and by behind somebody put him with a rotulador: “Call me to go out, please, call me!” The one who more took him the peel, with some cruelty, was one that calls  Gonzalo Gomendiourrutia. Once, in class of stain, turned off the light and Gomendio shouted: “Fulanita, mine love, that do not abuse of you, go to defend you!”. This ugly was professor of the School. There was at the beginning some very good-looking girls, that saw by the corridors, and that afterwards disappeared, even before final of course, as I imagine that they escaped of a so hard career. I do not want to say that the men did not escape, because a lot of tambien did it, but the disappearance of the good-looking suppose that serious therefore; it was as it went, the case is that quite a lot of them were, unfortunately, very fleeting.

The examinations of Analysis of Forms, in June, September or February, began with a strong dose of sadism, as they did not say you that you had first and what afterwards, and had to carry all the material, of stain, of wash and the other, included two boards, expect in the corridor to see if they called you to go in in a class, and go you to the another with all the inmensidad of the trastos if they did not call you. It was a despicable behaviour, indicativo that like the professors hated to that mass of students, to which did not want neither knew to teach.

The general Drawing (that afterwards it called  Technical Drawing) was to delineate buildings and details, first to pencil and afterwards to normal Chinese ink, for afterwards do also wash. We begin by a leaf of acanthus in big and to Chinese ink, go on down to draw a chamber of bathroom and when we went to do wash removed it of this asignatura. There was not chair, and the attendant of the Chair was the one of Descriptive Geometry, that called  José María Ruiz Aizpiri. I had of professor to Pedro Rodríguez Ribeiro, that smelt always to coffee, that did not teach at all, that did not do me neither case and that suspended me in June and September although I drew quite well. I carried much better this asignatura that the one of analysis, and was quite good, at least in comparison with the other. Years afterwards Ribeiro turned into the attendant of chair of Drawing, and with him the asignatura arrived to a very remarkable degree of degeneration, as so many will remember.

Then it was still in the School my prime (and also of Cangas de Onís) Francisco Javier White Pérez, of the promotion of Segui and Manuel of the Houses. A day found me by a hall and said me: “Come you to the living room of acts, that go to give the result of some very important oppositions”. We were and we saw together the subject, with the full living room of students. Afterwards I asked to my prime Javier the one who was the people. The oppositions celebrated  for the asignatura of Composition II of the School of Seville, that was very recent and concursaba Sáenz of Oíza against Jaime López de Asiaín. The president was Víctor d´Ors Pérez-Peix, that was the chair of Madrid, and when voting in public desempató saying something as well as. “And to who will vote? I do not know, I do not know… As to the gentleman López de Asiaín”. It armed  a scandal tremendo and when the court went down of the tarima, somebody gave him a puñetazo to d´Ors. Afterwards me enteré that it had been Emilio Chinarro, that was professor and to the that, as they said me, threw of the School of that. Afterwards it went back and it arrived to be professor title of projects. I think that it was Carlos de la Guardia (do not know if it is writes like this; I create to remember that it was professor of urbanismo with Ferrán and Mangada and Manager of Urbanismo of the City council when this last was councillor) the one who shouted. “Better! Like this we remain us with Oíza here and the another to Seville”.

It was after this when to López de Asiaín (that it was of the Opus Dei) and to another architect sevillano commissioned them the Museum of Contemporary Art at the side of the School. It was Florentino Pérez Embid like general director of Fine arts, an Andalusian, that also was of the Opus, and to be able to counter that Ramón Vázquez Molezún, being pensionado in Rome, had done a project of Museum that had the National Prize of Architecture, gave him to east another project the same prize.

In the second year, in which segui cursando first, remained me the two drawings and the descriptive, that put then in first, but that in the first year of the plan had not done it. To second course had happened 25, almost all –by not saying all- enchufados for being children of professors or of fellow architects of them. The list of approved of Analysis of Forms –the asignatura that really selected- was a true scandal. Between them, some drew well, as Víctor López Cotelo, that was of my group, but I think that did not approve it therefore, but for being son of an architect of the Ministry of the House, as the professor was the ineffable Fernando Ruiz Jaime.

In first went back  to enrol other 1.000, so the second year were already 2.000. My father said me that it did not concern me, because like this it went it to happen better and to learn to draw for real. It was true and had more luck with the professors. Or, better said, with the professor, as it touched me the same in the two drawings, Oliverio Martínez Martínez. This understood of drawing and worked. It corrected the exercises of week by week and gave us a species of assessment, with which I already saw that it went well, or very well.

My father had commanded me to draw architecture by the street and also to the nude in the Circle of Fine arts. We were still in the academy of the sculptor Gerardo Saragossa, son of the painter José Ramón Zaragoza, academy in which in time of D. José Ramón, disciple of Sorolla, gave class of wash López Durán, and where had begun to draw in preuniversitario, although I had begun already something before, in Cangas and in summer, to the fifteen years, also with Gerardo, by what arrived to the School, in this appearance, much better that the immense majority. The Saragossa were, as we, of Cangas of Onís, and intimate of my father, that had learnt to paint with the elder and was very fellow and until collaborated with the son in some of his works of sculpture that needed more the composition. Gerardo had closed the academy, but admitted to some children of friends. In relation with the school only has to remember to Francisco Javier Bellosillo Amunategui, that went professor title of Projects and that died prematurely, to the fifty and so many years. But they were also my prime Julián Navarro, Juan of the Run –son of the chair-, Mateo Galician and the brother of Javier, Luis Bellosillo.

I approved technical drawing in February. In the examination put us to delineate to ink a section of the cathedral of Valladolid, for which gave a model divided in two, to distinct scales. For fastidiar, clear. I finished it immediately -the rapidity is one of my defects- and as it did not have another thing that do entitled below my complete name in capital letters of stick delineated to rule. It happened a professor, that I did not know, and said me that anybody there was request entitled, as if it was a demérito. But it heard him my professor, and said him:”Calla, man! You do not see as it calls ?” No because my father was anybody there, that was not it, but by the surname Capitel. The case is that I approved, by what Aizpiri did not have to see very bad the of the entitled.

But in February suspended the Analysis of Forms. I remember that the exercise of stain was a piece of the friso of the panateneas, with horses and riders, very difficult, although I think that went out me well. Oliverio excused with me saying that it had approved technician and that the logical was that, such as it went, the analysis would approve it in May by course, so it did not have to concern me. (What had to happen, create I, is that he proposed me to approve and no accepted it to him). My father went back to say me also that it did not concern me and that if it had approved, total what went to do. Sure enough I approved by course. The descriptive geometry approved it also. They gave us class in the living room of acts with a device retropoyector, and the professor, whose name do not remember, but that it was well, drew in some transparencies while it explained. The practical did them afterwards in class and were not easy, but afterwards the examination was an imbecilidad. As it no longer was necessary to do estereotomía of the stone to the descriptive had removed him importance, although they taught it everything: gnomónico, diédrico, the different axonometrías, conical.

When thinking in the living room of acts remember (do not know if it was the first or the second year) that a day of analysis of forms said us that we went to hear a conference on Thomas Jefferson, the third president of United States, that was a glorious architect. It was a professor Yankee that wanted to give this conference and (when knowing as it worked the school afterwards, already understood it) had put him a class like public forced, saying us that afterwards would go up to the classroom to draw by heart dress it, as like this it was. It taught us the University of Virginia, but delivered us some photocopies translated (this had done it the American embassy, no the school). But the best, and is what want to explain, is that it appeared the director, that was Luis Moya Blanco, to the one who think that ví and heard for the first time. He spoke us ten minutes of the one who was Jefferson and did it so well that almost no longer did is missing to read the translation. Afterwards I did it, however, and the of the American was very well and was, clear, more complete.

When thinking in the living room of acts remember (do not know if it was the first or the second year) that a day of analysis of forms said us that we went to hear a conference on Thomas Jefferson, the third president of United States, that was a glorious architect. It was a professor Yankee that wanted to give this conference and (when knowing as it worked the school afterwards, already understood it) had put him a class like public forced, saying us that afterwards would go up to the classroom to draw by heart dress it, as like this it was. It taught us the University of Virginia, but delivered us some photocopies translated (this had done it the American embassy, no the school). But the best, and is what want to explain, is that it appeared the director, that was Luis Moya White, to the one who think that ví and heard for the first time. He spoke us ten minutes of the one who was Jefferson and did it so well that almost no longer did is missing to read the translation. Afterwards I did it, however, and the of the American was very well and was, clear, more complete.

Of that, and like Paulino happened  more or less the afternoon in the Circle by cause of his exhibition, he and my father approached a day to the sessions of drawing to the nude, where I went. I think that were a bit of old greens, by the models, and remained  terrified of the ugly that were. “Obvious!, it said my father, if to the good-looking give them a paste like models of advertising, in the television and all this, do not go to come here to undress ”. As in his period was distinct.

When it already had approved analysis of forms by course, found me a day to Oliverio Martínez by the School. And it said me: “How you had not said me that you were relative of García-Lomas?”. It referred  to Miguel Ángel García-Lomas and Mata, son of Miguel García-Lomas Somoano and brother of Javier, that went during long partner of my father. The friendship of my father with the Lomas, as they said in Asturias, was so big that believed us relatives, and sometimes they same presented  like such. The case is that –afterwards me enteré- Oliverio wanted to present to secretary of the School of Architects of Madrid and García-Lomas, that was something as well as the political commissioner of Franco for questions of architecture and General Director, had vetoed him, without that know  why, as Oliverio was rather facha that red, cost the simplification, but to Miguel Angel had to seem him little thing, by clasismo, definitely. Oliverio thought that of good had rid  when approving me without knowing it. The fear to the Franco regime was enormous. Afterwards Oliverio, that was good uncle, went architect of the Management of Urbanismo. Somebody said me that it had died prematurely. Always I appreciated him a lot the good professor that went in that degenerate world.

2.

I happened to second course (1966-67), that consisted of Elements of Composition, History of the Art, Materials of Construction, Extension of Mathematics, Extension of Physics, Introduction to the Urbanismo, and another that forgets me , think that of installations.

In Elements of Composition had to Antonio Fernández Alba, of attendant of Chair, with Leopoldo Uría Churches, Alberto Donaire Rodríguez and Angel Colomina Abril like attendants of course. Uría And Colomina are of Oviedo. Antonio Fernández Alba had in that moment an enormous prestige like architect and like professor and happen to that course after the mili of first was, simply, discern the paradise. To my father asked him that it subscribed me to the New magazine Form, directed by Juan Daniel Fullaondo Errazu, and that published several glorious numbers on Fernández Alba. My father was a modern in everything, but something less in architecture, as desconfiaba a bit of the modern, as it was common body the Spaniards of his age, but when knowing the works, projects and drawings of Alba remained  very happy, and said me: “Now no longer you will protest so much of the school no?”. Because I had happened me the two years of first cursing to the venerable institution that received me like student and of which, practically, never went out.

In 1966, Luis Moya had left to be director, sucedido by Adolfo White Pérez of the Way, that had been pensionado in Rome together with Fernando García Mercadal. It was chair of projects and said that they had done it director so that  jubilara like such (had to be bigger the pension). Also they said the ones of the ancient plan that had had to it, when it corrected, only fixed  in the bathrooms. With him Javier Carvajal was Boss of Studies for the new plan, and with his successor, Rafael Huidobro, Carvajal went already Boss of general Studies of the School.

In History of the Art had to Miguel Molina Campuzano, scholar of Madrid, that did not happen of the Romans. Man of the all respectable, but a true pelmazo. I finished of the Egyptian trails until my beautiful noses. In Materials of Construction had to the inefable Antonio Camuñas and Walls, the chair, famous by his eloquence. The anecdotes on his form to speak and to write -studied  his book of text, skillful business of some chairs of then- were innumerable. It suffice now say that it called ujieres to the bedeles and that in the examinations said: “it Remains terminantemente forbidden smoke, was not that between the scrollworks of smoke glide  the question proposed.” Of his book is famous the start of the chapter on tiled or azulejería where left written for the posterity: “The Muslim tycoon, lover like which more than the nature, shuts  nonetheless in his palace, where surrounds  of profusión of sources and regatos…”. Of here the azulejo like need, already understands . I have to confess that in one of the most important examinations of materials studied by what called  a quiniela, had luck, went out what had studied me and approved. Never I have known to copy. Blow and be blown yes.

In Mathematics went back to have to Roll, that was good professor. It had the habit to command problems to deliver the Mondays, and if I did not deliver them, or did not deliver them all, said it to him to my father, to the that saw by the Ministry, and my father asked me please that it did them, although it did not go more than because no explained it to him to him. I think that Roll, coined of the García-Lomas, had a lot fear that I was bad and that there were problems if it suspended me. On the other hand, it estimated me something, as it knew me like fellow of his son, and took care me. If it did not go out anybody to the blackboard like volunteer, took me out always to me: “To see, a volunteer….. (Anybody moved )… Gentleman Capitel”. The truth is that I got along the mathematics and create to remember that in second put me remarkable. In Physics had to Manuel Castañs Camargo, so good scientific -in appearance, at least- as badly pedagogo. I approved. In Introduction to the Urbanismo had to Justo Uslé, married (think that already) with Marian Alvarez Buylla, that afterwards separated  of him and was and is professor of technical drawing.

My success was Elements of Composition, because I took out remarkable that only reach five (Ignacio of the Houses, Pablo Scandella, Felipe Setién and I; it is missing me one that do not remember). In second had quite a lot of friends already for ever, some that are or have been professors of the School. Ignacio of the Houses (mine mate of the institute Ramiro of Maeztu from entry and after career), that was another of the remarkable, went afterwards, and is, professor of Technical Drawing. In that course were Luis Gutiérrez Cabrero, headline of projects today, Nieves Ruiz Fernández and Francisco Rodríguez of Partearroyo, that went mine partners and professors of drawing. Javier Alau, also of drawing, Luis Climent Soto, of Urbanismo and José Luis Rodríguez Noriega, of projects. Pity that Fernando Nanclares, the another ours partner, big architect, never wanted to give class, as neither Ignacio Lafuente, son of Lafuente Ferrari, that was an intellectual. Well it is true that Antonio Fernández Alba, that was the one who did me professor, afterwards took me the peel saying that I had taken out remarkable by the entitled, that did with letter of stick learnt of my father and that to him seemed him very architectural, and, perhaps aaltiana. It does not matter me, in fact I turned me into the expert rotulista for my friends and for me same.

I remember the exercises of Elements. Do a poster choosing a sentence. I chose the one of “Better design” and did it neoplástico, although without knowing it, truly. Draw to ink the plane of our house, do him some reform if it was necessary and go back it to draw expressing the concept of the house and his disposal. Project several chambers of bathroom and several kitchens. Realise maquetas of abstract compositions with modules of cardboard in shape of L of equal sides, of L of uneven sides and of S. Join three platforms, round, rectangular and square, situated to distinct levels, with stairs and with rampas. Between four buildings (Villa Saboya of Him Corbusier, pavilion of Barcelona of Mies, Pavilion of Finland in New York, of Aalto and room of offices of the factory Johnson, of Wright), choose two and do a maqueta of space and formal interpretation. I did the of Mies and the of Aalto. Do an enclosure for an exhibition of sculptures in the open air in the Retreat, and with a complex topography, choosing between statues of Miguel Angel and of Henry Moore. I chose Miguel Angel and Fernández Alba said in public that the mine was as of Luis Kahn, that I did not know the one who was, but me enteré immediately, because it seemed me very interesting and lujoso. Afterwards a house unifamiliar with study for a sculptor and, finally, and still, a croquis on a building of offices of free plant in height and studying vertical circulations. Already they were courses, see if no the program: of Monday to Friday and three hours.

I happened it fantastic in that course, conscious that it already was in Architecture for real. In the spring already so alone Ignacio of the Houses and I worked in class, that was occupying the hall of the lowest plant, very next to what then was the bar.

I remember that a day arrived Carvajal to see to Fernández Alba and said him in front of all that had had the second prize of the contest of the Palace of Congresses in Madrid, but no the first. Carvajal Was in the jury. It was this subject a true pity, to my understand, as this project of Alba was glorious and had generated a splendid building.

I taught the exercises to Donaire or to Uría –touched you one of them in each semester; Colomina had disappeared after a first season- and afterwards devoted me to hear the corrections of Fernández Alba that, without order, went commenting to the that fished or left . It did it always, and like Alba saw me continuously there, some time asked me. “And you what?”. And I said him that it did not have at all, or that had not brought it, as it did not dare me to teach  it to him. Especially, in the middle of the work, as it did not bear that they did it to you change. Afterwards, after delivering, mattered me less; that they said what wanted to. Fernández Alba, at the end of the course, was commenting the work of all and each one. Also it did it with me, clear, and I attended to all these comments.

We did an excursion to Granada and Córdoba with Leopoldo Uría. We saw historical architecture, clear, that was then almost the only that could see . I gave me account then that the Mosque had inside and on a cathedral, what surprised me a lot, and also that it Wires it had in front a glorious palace renacentista to the that almost anybody did him case.

Antonio Fernández Alba was a high and dark man, very alike, with a lot peel, that had 40 years when it gave us class to us, endowed of quite a lot of charisma and appeal, at least for me, although also for many. Then it was in the crest of the wave, then , after doing the Convent of the Roll (that it was National Prize of Architecture) revealed  like one of the main champions of the Spanish organicism. Fullaondo Published in New Form several numbers devoted to his work. My father saw them and remained loved with that architecture and with his form to draw. In the education, supported by Javier Carvajal, meant an important renewal, already in the second half of the years 60 and before being chair. Walking the time, can say that many of which have meant something in the School are due to Antonio his presence or his consolidation in her. I refer me to Manuel of the Houses, to Navarro Baldeweg, to López-Peláez, to Javier Frechilla, to Fernández-Galiano and to me same. At least.

3.

The subscription of Nueva Forma never finished . Only we pay it once and they commanded it always. Praised was Huarte. Precisely to the following year, in the course 1967-68, had to Juan Daniel Fullaondo Errazu, the director of the magazine, that was the attach of Javier Carvajal Ferrer, chair of Projects I, in third course, the first that went it of between the modern. It was also José María Toledo Escuder, that afterwards went chair of technical Drawing of the School of Seville, and Luis Carrión. There was besides two students scholars (scholars without scholarship) Alfonso Casares Ávila, that afterwards went professor, and Francisco Alonso of Santos, that keeps on being it. Alonso was one of these genii that there is sometimes in the School already before finishing, had published him a project of student in New Form and at all less than with a drawing in the cover. His historial back denied these augurios, as it never arrived truly to do big thing neither in works neither in projects neither in writings, although the little that did has been very celebrated and mitificado by some. It said things very lúcidas sometimes, truly, but to me did not serve me too much. I aimed me to Alfonso Casares, that was a simply wise person and intelligent.

The delegate (do not remember the one who was) said him a day to Carvajal, of part more or less of all, that did not like us at all May Toledo (like this called him). It was son of the painter Gregorio Toledo, that had an Academy of preparation for architecture, and of Helia Escuder Alarcón, that, looks you by where, was mine professor of drawing in Ramiro de Maeztu. This lady understood more or less of drawing, but did not teach us at all neither drew never, limited  to chat like a cotorra while we copied plates or did drawings of free subject. I think that May Toledo had a speech very voluntarist, of which speak of enthusiasm and to mark  of so much draw. I, the truth, is that I do not remember to have him heard never, but those that had done it hated him. It is to do notice that ours was then a promotion of beauticians and intellectuals –at least, that was the official paradigm more or less in cattail-, as we were direct disciples of Fernández Alba and his professors, the only that had had until then and that influenced us a lot.

The case is that Carvajal protested a lot of saying that Toledo was a stupendous professor, but had to say him that it did not go back, as it did not do it. Carvajal Was then Boss of Studies and went little. It carried Fullaondo the weight of the chair, and his day in day out, with Carrión and with Married and Alonso. Tied to Carvajal, and sounds me also that in that course, remember equally to Luis Gay and to Federico García-Germán, but think that only picotearon a bit by there. Maybe they went students scholars that went some time. I took out excellent, that was thing of Carvajal and no of Fullaondo, as me enteré afterwards.

The other asignaturas were Calculation of Structures I, Construction, Urbanismo, Aesthetic and Composition, Plumbery and Saneamiento, Electrotechnics and Luminotecnia. As always, I do not know if I forget any. There was also what called  “the three Marías”: Religion, Training of the National Spirit (Political) and physical Education (gymnastics). This lasted until the end of the Franco regime. And also there was English, from second course and do not remember until when. These things tended to forget them and could be a complication.

In Calculation of Structures I gave  the theory of the Elasticity and the Resistance of Materials. It gave it to us Antonio García de Arangoá, a Basque bajito that did not remove  neither the scarf neither the coat to give class and to the that did not understand  neither what spoke, although our fellow professors of structures have him very mitificado. It would be like Castañs, a wise person, do not say that no, but a frightful professor for which were not very applied. I followed one some habit between the no very empollones and left this asignatura for the following year.

There were ones aim of Elasticity, taken manually with distinct letters and photocopied and sold to a lot of generations. It was of Arangoá, as well as the book of Resistance of materials, better edited, and both his businesses. Then also it bought  a lot the form of structures of Lahuerta, of Javier Lahuerta Vargas, that was fellow of my father and to the one who I did not have like professor, but to the one who knew. Mine mate was his daughter María Victoria, quite good-looking, to which already have referred me, and his brother Javier studied architecture in Pamplona and was of Ramiro of Maeztu. The poor died  drowned swimming in a marsh when it still was very young. Still another smaller brother of the Lahuerta was mate of Ramiro and fellow of my brother Lamberto. Lahuerta Was commissioned of Chair, and left  to the School of Pamplona, as it was of the Opus Dei, and imagine me that as a result of having won a chair in Madrid, although I do not know if it was to peel. It had, in any case, enough prestige. I spoke with him when it did the thesis on Luis Moya, because Lahuerta, with another professor of structures, Luis Rodríguez, went commissioners like experts when they carried to Girón and to his collaborators to trial by economic subjects of the work of the Labour University of Gijón. They were experts of the High court, that carried the cause for going this against an ex minister, and commissioned them  value the work to evaluate the possible economic irregularities. Lahuerta Said me then that the assessment that did they was upper to the really worn, by what the trial was discontinued.

The construction gave it Rafael Fernández Huidobro, that was then the director. To Luis Moya there was him sucedido Adolfo White Pérez del Camino, as I already said. We did not have him, as it only gave class to the old plan. Afterwards it came Huidobro, with Carvajal like boss of studies, and that by his charge also went little to class. It gave a quarter, based in ones aim (the plates of Huidobro). Afterwards, a professor, called Julián Navarro like my prime, explained us the structures of covers of Félix Candela, that was the best, and afterwards there was a third of the that do not remember the name –called him “the exhaustive”- for things more than battle.

The Urbanismo (or the Urbanística, as it called  officially) gave it Pedro Pinto, commissioned of chair and civil servant of the Ministry of the House. When it went out this chair to opposition won it José López Zanón and Pinto went . It gave the theory, and had three assistants for practices, Alfonso Soldevilla, another that called , create, Valentín Rodríguez, that think that was the worst, and that went precisely the one who gave me class to me, and Julio García Lanza, that went the only of them that remained in the School, arriving to be professor title. It did not like me at all that course.

Aesthetics and Composition gave it the chair Víctor D´Ors Pérez-Peix, that was son of Eugenio D´Ors, Falangist, municipal architect (!) And caradura and vocational clown. It owed him the chair to Luis Moya, francoist like all they, although no Falangist, and admirador of gift Eugenio, to the that in big way, and to his time, owed, at least in some measure, the armchair of the Academy of Fine arts, that in fact was the one who answered him to the speech of reception. In our times had of assistant to Ramón Garriga Miró, an inefable Catalan product, that had come to Madrid to do a thesis on Xenius, and already remained  of step. It arrived to be professor title of the department of aesthetics of the faculties of history, that was a botch that fixed him so that it had that live, and in the School did not give class. When it was director Aroca, to keep him busy, thought that it was what there was in the School that was better if it malfunctioned, and put it in the convalidaciones of foreign titles. It was there some years and afterwards removed it, as it resulted too torturante for the interested. Today already, 2008, it has  jubilado, but still sees him  by the school.

We suffer to both, but little, as in what we saw that it went the thing appeared scarce time by class. D´Ors, when it went, spoke on a book that had of the publishing Work, and that I did not buy, danced the sardana and did all class of payasadas. Garriga explained (is a say) the Marxist aesthetics of Gyorg Lukàcks and asked a work of do not know what. It was, as it sees , a mixed salad, and very easy.

Plumbery and Saneamiento gave it Mariano Rodríguez Avial, that was commissioned of chair and that had a very good book that yes bought. They called him jokingly, the tiger, because it was a blessed. It gave class also his son, Luis Rodríguez Avial, the tigrín. It was cuatrimestral, taught well and approved . In the opposition to chair, years afterwards, gift Mariano lost and won Pedro María Rubio Requena, called by his athletic appearance Tarzán. Luis Rodríguez Avial, suppose that in view of the failure of his father, happened  to the urbanismo, where is professor title.

Electrotechnics and luminotecnia, also cuatrimestral, do not remember as it called  the one who gave it to us; I think that it was engineer. Afterwards there was a chair, no architect, that called  Alicia Crespí and that carried  fatal with Tarzán, and to the one who I did not have.

With Carvajal did houses in hilera, collective houses, a parish centre and a school. We acted on a plane of Chandigarh, as if it was Spain, and by groups and distinct regions. Mine was the one of Santander, with Ignacio Lafuente, José Luis Noriega, Nieves Ruiz, Luis Climent, Fernando Nasarre (that it has been General Director of Architecture), Julio Herrero and some others, and it was necessary to finish in a maqueta final, using some of the buildings projected by all. I remember that they used  my big blocks of houses, that were corbuserianos, but that applied  to a diagram of city that pretended to be aaltiano, like the urbanisation of Pavía, something of what convinced us Lafuente, and that had quite success with Fullaondo and Carvajal.

When Carvajal saw the main plane, that was very beautiful, rezongó because the white was the green zone. Fullaondo, very bajito, but that heard , said him: “it has seen It Antonio [Fernández Alba] and has said that it is a picture of twenty thousand hard”. Carvajal rezongó A bit more –does not know  well because it had always to gala be of bad humour-, but was  rather satisfied.

The truth is that the maqueta did it after a plant with Carvajal, to the that said him that we did not go it to do, as it seemed us absurd. We had worked a lot and besides it seemed us that it was entirely made a mistake the to do a maqueta of city with the buildings given. Carvajal took a get angry like a monkey, and we, after ruegos and hot cloths of Fullaondo, finish doing them. To them it loved them see 10 or 12 maquetas immense –each group did a- full of forms, and all competing because it was yours the most beautiful.

Carvajal did us deliver some croquis, like previous delivery, that put  bent in an on big. When I was doing the parish centre wrapped me with a thing between corbuseriana and miesiana, empeñado in a structure with beams in both senses, thing that to Married, with all logical, did not seem him of the all well, but left me follow. In the Church, this structure turned into space, and went down in the zone of the altar to signal it. I did not know very very what was doing, but drew a section fugada to convince me to me same, remained apparent, and delivered it. A day appeared Carvajal and wine did me with an on under the arm. It was mine, took out the drawing of the interior of the church and said me something like this: “If this is formalista, is very bad, but if you says me that this is not formalista, is very well”. I remained me of a piece, and said him: “For God’s sake, gift Javier, how goes to be formalista? I think that no.” Then it was  very satisfied. It did not know I very very what was exactly formalista, although it suspected that the mine, that did not finish to be clear, had to be it. To Carvajal said him what obviously wanted to hear, as my exercises seemed him well. Anyway I procured to do it with the maximum seriousness and with a serious “language” and escueto and remained interesting. Fullaondo Said that in the Church the most difficult was the cross. I, seen this comment, took it to me quite seriously and did it of four supports with double beams crossed in the two senses, what was an emblem of my project –or was, of my error- and had to like them. This mine obsession by the structure in the two directions served me for, more advance, understand well to Mies.

Carvajal Was a high man and very thin, with peel ondulado and glasses, and with a very singular face that some said that it was of dog. Of dog pequeñito, would say I, anyway. Always it was as angered. It was quite important for the School of Madrid, then , in addition to being a good chair of Projects, when it was Boss of Studies entered in Projects to Fernandez Alba, to Fullaondo and to Moneo, and consolidate to Saenz de Oiza. Also I try to transform the Analysis of Forms and the Technical Drawing by means of the introduction of Moneo and Hernández Gil and in the first, and of Feduchi and of Kills it in the second. I do not attain that this his modern School consolidated  complete, but went in definite the father of the first and real renewal of the education.

Fullaondo Was a man gordito and something calvo, of round and attractive face and almost always sonriente. It was the attach of Carvajal and our course carried it almost entirely, since D. Javier, as it was Boss of Studies, went little. It was a literate person, good professor, of a lot of critical sense, although very escorado to the organicism exacerbated type Utzon, that was one of the things that carried  in that period. It had also the marchamo to be then director of the Nueva Forma magazine, paid by Huarte, and that it was in those times the most read magazine in the School, and that educated us to all. To the following year Fullaondo angered with Carvajal because it did not leave him pose his own program and went  of the School. It went back at the end of the years 70 to the chair of Sáenz de Oiza, and went afterwards, first, Professor Title, and later chair. It died prematurely.

In this course, that was our step of the Ecuador, did a dinner, think that in the hotel Wellington. I remember that they were López Durán, Oliverio and Pedro Hernández Escorial, that was professor of Analysis of Forms and was also in the CEU. Always it said  that López Durán and Escorial were homosexual, although I ignore if they understood , radiomacuto did not clear it. Also we did a visit with food to Segovia, of which conserves  a photo of the course done by Paco Partearroyo; and, the best, a trip to Rome, to the that went also the ones of chamber, accompanied by Sáenz of Oíza. It did  in class the typical list and a day Carvajal the cotilleó, knows  that it did not see me in her, afterwards found me and said me: “And you, why does not go to Rome?” “Because I do not have money”, said I. “I pay it to him and afterwards works a month in my study.” I accepted loved and immediately took out a chequebook and signed me a heel. The truth is that I had gone already to Rome with the Institute Ramiro de Maeztu, in preuniversitario, but me apetecía a lot go back with the school. Javier Carvajal did me a big favour, with which showed his esteem by me and a bonhomía that denied his bronco character. The rarest was that afterwards it did not want that it worked in the study the month that had to him, what for me was worse, as me apetecía have it done. It forgave me, without more, the debt.

The true is that we were to Rome. In aeroplane accompanied us at all less than Helena Iglesias and Adolfo González Amézqueta, of so sinister remember for me afterwards and, in general, for the school, discounted those that went professors thanks to the setting of his dark gang to be able to. Francisco Javier Sáenz de Oíza, with his woman, María Felisa Guerra, went in car, in Morgan that inmortalizó his disciple Javier Vellés for the first cover of the magazine Architecture that did Frechilla, Ruiz Cabrero and I in 1981.

In Rome, Churches and Amézqueta disappeared, fortunately; only they took advantage of the trip. In the Spanish Academy of Fine arts were of pensionados Gerardo Salvador Molezún, prime of Ramón, and José Ramón Menéndez of Luarca, that had won the opposition against Manuel of the Houses and Javier Segui. Appeared Oíza, Gerardo and José Ramón accompanied us to see some things, between which remember the EUR and some works of Ridolfi. We were to the EUR in a bus and finish seeing there the Palace of the Sports of Marcelo Piacentini and Pier Luigi Nervi, and a small house of Scarpa. Ignacio Lafuente and I asked that they stopped in the things mussolinianas that seemed us more interesting at first sight, as they were the ones of the palace of congresses of Free and the palazzo della civiltà of the lavoro, of Lapadula, although we did not know that they were neither of who. Neither to the pensionados interested them these things, neither much less to gift Paco, that would see them with bad consciousness and would not know that say, so they did not do us neither case.

To final of course, remained me pending the calculation of structures, to the that neither presented me in September. Carvajal Put three matrículas: to Fernando Nanclares, to José María Chofre and to Miguel Martínez Garrido, that afterwards would arrive to be professor title of projects. It put us to Paco Partearroyo and to me, excellent, and would give perhaps any more than no longer remember. There was a final dinner of course, to which I was not, but in which it reappeared José María Toledo. It sees  that in that ours course went of gafe, because a waiter, when happening near of him, tripped, and threw him a tureen on of his flawless suit of summer. Which coherence has sometimes the bad luck.

As in this course had of scholar to Paco Alonso, so respected and famous, think that is timely this moment to relate what explained me Javier Vellés, that suppose true anecdote. It said that, when they had to D. Ramón Hannibal Álvarez García-Baeza, that was chair of projects and deaf (carried device), went in the professor in class and found  with Paco, seated in front of a board of paper almost in white, except a small and exquisite drawing, and seated  there with him to see that it was doing. Then Paco began to speak and speak (imitated enough to Sáenz de Oíza) and D. Ramón, patient (perhaps had turned off the device) expected to that it finished, while it looked his small drawing. And when it finished it said him: “Gentleman Alonso! You speaks a lot and draws little, and I see very well, but am deaf like a tapia. So we do not go us to understand!”

In this summer went us to the first camp of university militias in The Farm of Saint Ildefonso. It touched us in Engineers zapadores to several together mates, fortunately. There it arrived a copy of New Form in which Fullaondo had published things of our course. Mine went out some photos of the parish centre. The subject had his grace, because there was a student of Ways that called  Larrauri and that did not hide his hate enfermizo by the architects, that remained surprise when seeing that we projected already buildings and asked us if it was not third course what had done. It was so stupid this man, that spent bromitas like finding you and say you: “it Hears, that has fallen you a brush”, as it considered us painters. Another funny thing around this magazine is that, already in Madrid and home, my father said me that it seemed him very rare a façade, and I said him that it was worse, as it was not a façade, but a cover: the one of the maqueta of the project of school of Martínez Garrido.

In September, after the mili, to Ignacio Lafuente and to me had gone out us a fun work. It treated  that Luis Martínez Feduchi, the architect of the Capitol and big designer and expert in pieces of furniture, had proposed to the publisher Blume do a big encyclopaedia on the Spanish popular architecture. It had others to direct and prologar each volume and were, want to remember, his son Javier, Fernández Alba, Rafael Moneo (that it was his son-in-law), Carlos Flores, José Luis García Fernández, any more than do not remember, and he same. But the work of field had to resolve it with students. It wanted to do it by couples, and to Nacho Lafuente and to me had said it to us Fernández Alba. In that gang were also Paco Partearroyo, and Junquera and Pérez Pita, between quite a lot others. Nacho and I were to see to D. Luis, to the one who knew then, and that it was an intelligent man, hablador and nice. It proposed us do the route of the villages of the provinces de León and of Zamora, gave us some indications on the villages that could be, although it left in our hands the decisions last. It gave us 800 pesetas by village, and it was necessary to take out photos, some data, and do planes, more or less measured, and drawings.

The problem was that neither Nacho neither I had car, what complicated the things, especially economically; but we decide to throw for in front proposing it to Javier Lacarte, that was ours mate of promotion, although little fellow, and that had a 600 and him apetecía. Lacarte Said that yes, resulted to be a pleasant mate of fatigues, and there went to the conquest of the two provinces. By cause of the scarce money it was necessary to do it at full speed; but we did it and well. To D. Luis liked him the result, remained  with the things and paid us. I was afterwards some days in the study of Fernández Alba doing definite drawings of some things, but immediately knew  that that could not  fund like this and the thing stopped . Over time it did it all D. Luis, that fixed them to him to carry out, he only, four volumes.

4.

In Fourth Course had Projects II, Calculation of Structures II, Construction, Composition II, Urbanística II, and some others. In Projects had to José Rafael Moneo Vallés, that was Commissioned of Chair and had like attendants of course to Germán of Castro and to Ramón Bescós. Rafael Moneo, had then 31 years, we walked by the 21. Moneo, after coming of Rome like pensionado (was with Dionisio Hernández Gil, with the sculptor Francisco López Hernández and with the painter Agustín of Celis), was incorporated like professor of Analysis of Forms in 1965-66, jointly with Dionisio and also with Agustín, as this continued in this asignatura, being afterwards professor title. Moneo And Dionisio, with Agustín and perhaps some another, carried an experimental group that deleted to a large extent the traditional tendency, and that it was a thing imposed to López Durán by Carvajal like boss of studies for the new plan when Moya, or perhaps Huidobro, was Director. Eduardo Sánchez López, afterwards assistant in the study of Antonio Fernández Alba and later active architect, professor of projects and excellent photographer, went student of this course, and explained me that they happened  a quarter with espirales to end in the capitel jónico, but spoke well of all this. This experience lasted only two courses. Dionisio remained  some time more like professor of Analysis of Forms in the conventional academic way and to Moneo happen him Carvajal to Projects, in the second course of the ancient plan. There it had of students to Enrique Perea Caveda, that would be professor of Projects and to the that was so much time his partner, Gabriel Ruiz Cabrero, that is now chair of Projects. Also it is of that course Alberto Field Baeza, equally today chair.

It was that year the year of the war, as it said Isabel Sáiz de Arce, that was then student (already there was a lot of more good-looking girls). We begin the course with Moneo, very happy, as already we knew him of references, by the magazine Home and Architecture, and also by that had been once in class of Elements of Composition of Fernández Alba in a critical session, like professor invited. But that year, 1968, touched him to Madrid answer to the echos of the revolution of the French May and armed  a big stir in the university and, specifically, in the School. It was the year of the critical trials to the professors, and of all class of things. Moneo Posed like exercise an Institute of half Education in Artesa of Segre, and did an excursion with him to Cáceres to see institutes, that were all very ugly. We saw also the ancient city of Cáceres and Moneo asked us that “we read” the ancient façades, that did not know, clear. It taught us a hotel of Dionisio Hernández Gil and the houses racionalistas of Ángel Pérez.

I do not know if to that excursion was Miguel Martínez Garrido, because I remember that, to few weeks to begin the course, opened  the door of the class, as to the one of the afternoon and appeared Miguel, that was the first time that went. Moneo Went back  and said him: “And you who is?”. Miguel explained him that it had been in England, and do not know what, and the professor answered him: “Well, as until September”. Martínez Garrido remained terrified and to the exit went  with Moneo, like a buhito, giving him the vara.

When going back of Cáceres, the war had burst. Antonio Fernández Alba had a course of Elements of Composition of 800 students, or more. His main professors were Leopoldo Uría and Julio Vidaurre Jofre, but there was a lot of more: Juan Navarro Baldeweg, Carlos Trabazo, Antonio Pruneda, Francisco Alonso of Santos, Antonio Vélez Catraín, Alfonso Churches,… The course of Alba, perfected two years after the ours, was very abstract, postbauhasiano (spoke  a lot then of the School of Ulm, directed by Maldonado) and the students of first put  in strike against the asignatura of Analysis of Forms, of López Durán, that followed with the classical line and that had lost already the modernisation of Moneo, successor of the one of Oíza. The School supported the ones of first and declared  total strike. To counter these things the director, Rafael Huidobro, launched a species of open letter to the students, putting to broth the modern education, what then called  the basic design, the school of Ulm, etc., etc. Said , and think that with truth, that the letter had written it José López Zanón. Fernández Alba, that felt  desautorizado and that was something rebasado already by the enormous course that touched him direct, resigned, and with him Uría and Vidaurre. Also they resigned Javier Feduchi Benlliure, the son of D. Luis, the one of the popular architecture, and José of Kills it Gorostizaga, that carried the Technical Drawing, more or less in coordination or coherence with them. It was the line of the modern, that Carvajal was entering from the new plan.

The School, of course, followed stopped, but were constantly in assembly, of course or of school, and the internal problems mixed  with the politicians and cultural. We were used to to use the class of projects not to go to the theorist and not coinciding with the professors. To Moneo left him assist to the class because this was not such, but an assembly, that celebrated  all the days in class of projects if there was not assembly of School. But to fix the education, that was the aim –put  this more moderate aim, instead of the politicians, cultural and of opposition to the Franco regime, to do  it of serious and attain that almost all the course accepted the stop- and, like this, without giving class neither speak of architecture, that considered  the same. In what Moneo glided  to the blackboard to do a croquis and put  to chat of architecture, that was what liked him and wanted to, stopped him. We, when being in fourth course –or was tired of so much work the previous year, but without the haste to finish, to the not being in fifth- play a quite intense paper in that year, although rather of type acrático, that of rojería traditional. The cansancio to work in projects of way little controlled and the acracia had manifested  already from the beginning. To the beginning of the course had said him to Moneo that at all to put a subject and say “Hale, hale, to work!”, that wanted to know as it did  a project, which was the methodology, and all this. They were those years.

A sample of how arrived –of before beginning the war- was that, as already Moneo did not achieve that we started to work, a day threw him the eye to Fernando Nanclares –that had been matrícula with Carvajal and had worked with Fernández Alba and, definitely, Moneo knew it- to ask him a thing. The aim was very chosen: Fernando did not carry the peel long and, being of Oviedo and son of a modista of high sewing, went dressed of modern form, but very good, jumper, trousers and excellent shoes. A very good boy proyectista, refinado and bourgeois; any paints of radical. Rafael said “Well, well, it is necessary to create a situation of work, it is necessary to create a situation of work,…” and asked him: “And to you, Nanclares, for example what would like him do?”. Fernando threw a calada to the ducados that was smoking, looked to the ceiling, and answered: “I, to start with, would paint this class of red”. Moneo, very fast, perceived that his experiment had been precise, but of negative result: if Nanclares thought like this, in the course dominated the acracia, more than the rojería, or the vulgarity, that would situate  anyway, half hid, dissembling. Desolado, Moneo exclaimed. “Ah, but you are impossible, are impossible,..”. The truth is that Nanclares had answered him well, as what said him was that it was necessary to condition environmentally the class –in plan pop- to create a good situation of work. It was what Fernando believed and feel like him.

In the promotion, in addition to Nanclares, there were other intellectual characters and personally attractive, some already quoted (Nieves Ruiz, José Luis Noriega, Francisco Rodríguez of Partearroyo, Ignacio of the Houses, Miguel Martínez Garrido), and others like Felipe Setién, Ignacio Lafuente, Luis Climent,… In that year of fourth course had landed besides three sevillanos interesting, Paco Torres, Antonio Cruz and Antonio Ortiz, and an Alicante, Ernesto Benlloc. Our red more important was José María Gómez Santander.

All mixed : politics of distinct classes; pending problems of all type; crisis of the modern architecture and crisis of the way to teach. It did not suffice us that they were modern the professors. We wanted to know as it projected , which was the methodology. The panorama filled  of all class of questions. Of a side were the neo-hiper-avant-gardes: Archigram, Hausruker, Superstudio, Metabolistas,…Of another, the semiotic, the structuralism,… The kings of the methodology were people like Alexander ,the computing (then called cybernetics)  erigía like a magic solution to project,…, the sophisticated technologies, the empire of the functions and the anxiety of the certainty and of the cientificidad caricatured the messages of the modernity. All these things, all these fields of international debate hinder at stake in those years, denying to the architecture his specific content and tending to situate it like vicarious field, dependent.

In the School, and in projects, the most advanced people had not arrived to conceive, in reality, an able didactic model to surpass as only arms in front of the paper in white the intuition, forces it creator and the diffuse example of the teachers, with what resulted very logical that an already massive school, when perceiving it, decided  by the elimination of the irracionalismo and the guarantee of the certainty. The crisis of the architecture mixed  with the crisis of the politics and everything resulted very difficult to distinguish, but the true is that of 1968 to 1970, more or less, the most advanced of the school institution– students of upper courses, recent professors- argued around the methodologies, cibernéticas or no, and the tecnologismos of the one of the European and American culture.

Going back to Moneo inside this panorama, when once we ask him a method, he answered: “they Know you the article The egg and the salmon, of Alvar Aalto?”. We did not know it, of course, and with this wanted to say us that there is not method, clear is. Of that read it I –had published it Fullaondo in “New Form”- and in truth was very important for me, even more advance; of him it arose, tantísimos years afterwards, my book “The forms ilusorias in the modern architecture”.

As I said, our course, played a quite important paper in that barullo. A day, our spokesman, that was Pedro Salmerón, asked the word in an assembly of School and proclaimed, for the course, the desautorización total of the claustro of professors. We had agreed it propose to the School in our assembly of course, in spite of our respect by Moneo, and was acclaimed by the assembly of School with cries of jubilation. One of class had saved in a taquilla a globe of full rubber of green painting and allocated to Antonio Camera, but never fished him. The situation went  complicating increasingly; Carvajal pretended to play the paper of mediator, but was not accepted by the students, the rojería official hated him. They invented a “commission of good men” for pactar, in which I remember that it was Margarita Mendizábal, but did not work.

The general unemployment finished , in a principle, clear is, with the holidays of Navidad. In the transcurso of these, in view of the state of uprising of the university and of other strikes, create to remember that of miners in Asturias, industrial workers, etc., Carrero White, that was then the vice-president of the government, spoke in the francoist courts of “the drug and the anarchy” in the university, the very farsante, and decreed a state of exception. In accordance with him they suspended  a lot of guarantees of the law, and, with them, the one of that the police could not go in in the faculties, and the one of that to appoint a director of School or Dean of Faculty it was necessary to do it between three elected by the claustro of professors, and like this  destituyó to Huidobro, that only went director two years, and appointed  directly to Víctor d´Ors. A lot of years afterwards us enteramos that the old (read, for example, López Durán, but no only) were to the Ministry to explain that Carvajal was putting in the School to the red. This was not truth, was to the modern, to those who was putting and the ancient, jealous, employed this dirty cheat. The true is that descabalgaron to Huidobro and to Carvajal, that already never went director of the School of Madrid, but to which this owes him the operation to give entrance to the modern that, in definite, finished consolidating to so many important people.

The School opened  in January of 1969 of sinister way, with police inside, or in the surroundings, and with permission to go in. D´Ors, however, wanted to celebrate his takeover in public and summoned a meeting in the living room of acts, to which were some authorities, between which remember to Miguel Angel García Lomas. They spoke some. Larrodera, that was the secretary, read the job of nomination, a so much forced, with face of get angry, and concerned by the taut environment. When finishing, and as going out to the step of the background noise and of some thick comments and laughs that there was between the students, Víctor said: “Sure that my wanted students have invented already a song for his director, to see, to see,…” One began, and already all, to voice in cry: “Resignation, resignation, resignation…!” The authorities, quite scared, escaped between frames. A record, ask him the resignation the first day. The looked for it to him.

As Fernández Alba had resigned and did not want to go back, D´Ors asked him the one who could be the boss of all those that had remained, that, less Alba, Uría and Vidaurre, were the other. Antonio said that the boss had to be Juan Navarro Baldeweg, showing that it knew to choose to the people. By the way, that, before the resignation, Ignacio Lafuente and I had been convinced to serve of ayudantillos, scholars without scholarship, as those that had had with Carvajal. We went it of Juan Navarro and of Carlos Trabazo. As we went to be missing something to class of projects by cause of this, said it to him to Moneo, that gave us a cut tremendo: “But it is that, truly, you think that can teach something?”. So, partly by this opinion of Moneo, partly by the wrap of the resignation of the bosses and all the other, leave it. Although to me it stuck me Antonio Vélez when it went me and asked me please that it remained me with him in a group of repetidores (do not know if it is that he had two). Of that year remember to María Luisa López Sardá, that went afterwards woman of José Carlos Velasco, professor sometime of Technical Drawing.

When we already were in complete unemployment wine some time to the assembly of the hour of Projects Francisco Fernández Longoria, that with María Pérez Sherif were our professors of practices of urbanismo. The chair, that gave the theory was Emilio Larrodera López. Longoria, that had been in America, handled a lot the commonplaces of the period, the structuralism, etc. But Moneo and he did not put  of agreement and litigated  intellectually in front of us. I remember, for example, that Longoria said something as well as that. “The church of Ronchamp of Him Corbusier can define eat: light!”. And Moneo retorted: “But Paco, but Paco, what disparate, what disparate!”

With the state of exception to some of the red known of the School the desterraron to his village. To our red, José María Gómez Santander, it desterraron to Ponferrada, of where was his woman, as it was already married. This was to the red communist, and to which were identified like activists against the diet. To the ácratas and radicals by free, that did not have us identified, did not do us at all.

The class no longer could be assembly, but as we did not do at all, Moneo decided to give theoretical class all the days. It said us that it went to be followed a very recent book, that was the Banham (“Theory and architectural design in the era of the machine”), what came me very well, as it was the only important book of architecture that I had read; it finished it to read, really. And like this it was: Moneo began, chapter by chapter, and, when it came to tale, brought directly of the library the book to that Banham referred , as it did with the “Elements….” Of Julien Guadet, just when beginning. It followed until final of course and were some splendid classes.

Perhaps before beginning with this book, Moneo, that was fed up to have to speak all the while and a lot of days did not know that do, saw a day to Paco Alonso go through the corridor –left the open door- and called him so that it explained us something. Paco rolled up and when it was in the middle of his parliament gave me account that was explaining “The impossible humanism”, a librito of Carlos Castilla of Pino, that then was very fashionable, and that I finished to read. Of course, it did not quote it, and besides it had the desfachatez to finish with the last sentence of the book. “What it is necessary to do is to convert the mystery in problem”, in happy plan and as if it was a big his occurrence. Well, afterwards it went  and Moneo put  to speak of something. To him, that had not read to Castilla de Pino, had to like him the of Paco, and when going out, as it coincided that we went down together the stairs, held me of the arm and said me: “And to you, Antón –called you of you, but by the name- what has seemed him the professor Alonso?” And I said him: “As that has read the same book that I”, and explained him that all was of Castilla de Pino. To him it did not owe him to seem badly that a professor explained what went out in the book of another –to me neither, if it had quoted it- and said me: “It Is necessary to see, that last is you”. It was not true, as Alonso, simply, did cheat.

Also Moneo was hard. Another day that coincide again going down the stairs at the end of the class, me espetó: “Well, Antón, truly, truly, those that like you a lot have spoken, a lot also would owe to do…”. This is, warned me that such as it went, would suspend, as like this it was. Really it was entirely logical as we do not work almost at all.

A day were to see a solar in Guadalajara for the project, that happened of Artesa of Segre there, because there was a fiction, that went through real, that the institute would build  by part of the Ministry of Education, and changed the place. There we were all with several cars, and stroll us a while by the descampado that purportedly was the terrain for the institute, while Moneo spoke. Suddenly, and when already we went us, they appeared two cars of the Civil Guard, that asked those who were, Moneo explained it, asked him the carnet of identity, and carried us in row to the barracks, with a car of the civilians by in front and another by behind. We agree us that, in the state of exception, the government of Carrero White had warned to “the provinces” that could appear by any part people of Madrid to manifest  and do subversive actions. Cost work now remember the insane that were the francoist. Apparently, people of the village, when seeing cars with quite a lot of people and that strolled  by a terrain, interpreted that they were these subversive people on which the government had warned, and called to the Civil Guard. They carried us to the cuartelillo and there went in Moneo, he only, to speak with the School and that D´Ors identified it and resolved the subject. It took enough in going out, with the already fixed problem. Somebody asked him: “they have hit Him?”. And the said, “No, please How go me to hit?” And like this it remained the thing.

As we did not work almost at all it put us two encerronas, one to do a parking of bicycles in the Institute and another for the school piece of furniture. We delivered it to him and he gave it back to us corrected with a cuartilla with comments written to machine. It gave him a part to Germán Castro –Ramón Bescós had not arrived to be professor, as sobraba-, but Germán did not bring them never, by what Moneo took them all and did it he only. It did some short and lucky comments. The work was an institute, and did  by teams, as it corresponded to the fashion of the period. Our team was Fernando Nanclares, Nieves Ruiz, José Luis Noriega, Paco Partearroyo and I. As we were some modern, and very engaged with the rolls of the moment, did him a maqueta conceptual, that to us seemed us very beautiful and present him photographies. It was a thing done with tubes of plastic, a half sphere of metal (pertinent of a lamp globe of the School) and things like this. It threw us a bronca of championship. Of the work did afterwards some sections, drawn by Fernando and quite beautiful, but do not finish it, really. It suspended us to all, as it did with the majority of the class. It approved to the trabajicas that had delivered him a proyectito, more or less precarious, but complete.

In September examined us. It gave us a plant of the Institute of Norfolk, of the Smithson, and asked us do for the building a gymnasium, that he recommended without more than out to the way of Mies. I, do not remember why, began to work some days later that José Luis Noriega, in whose chiringuito –a trastero in semisótano of the dental clinic of his father- worked also I with him. When I began he already had a diagram thought and lost him permission to copy  it. Like this, we did the two an alike exercise, with the same diagram of base. To me it put me remarkable and to him approved him only. The bad was that it gave back the exercises with the consabida cuartilla mecanografiada, and in the one of Jose began “Exercise very similar to the of González-Capitel….”. Jose got angry  a lot, since the croquis basic was his, but I could not do at all. In that examination did not approve neither Nieves neither Ignacio of the Houses, that had to cursar again Projects of 4º with Julio Cano, what went a bit cross for them. To Fernando, that did not do the examination miesiano, but independent, only approved him. I think that it put also remarkable to Errazquin, that was a Basque that appeared and disappeared. To Nieves and to Ñaqui Houses asked them pardon for having them suspended when it knew that they had to go with Cano, and no with Sáenz de Oíza.

Rafael Moneo was a man of average height, with glasses of shell, always slightly encorvado or with the low head, and that him it rascaba when speaking often. Almost always sonriente and of pleasant appearance, treated us of you, as I already said, but by the name of battery, to measure that went it knowing. It learnt  the fichas and knew the place of birth of each one and the professor of the father. Of big architectural culture and of extraordinary critical sense, was a big professor, although we it desaprovechamos almost completely in that year. When we had him it was very young, 31 years, and almost to the times of a greater brother. Like architect was not still very famous, as although it had done interesting works that published  in the magazine Home and Architecture, even had not realised the extension of the Bankinter, that was the one who gave him an immense prestige, especially between my generation. It scandalised  falsely that we did not know some architects (“But, truly, truly, do not know you the one who is McIntosh?”) And something us desbravo in this sense, no only with the Banham, but also carrying us sometimes to some exhibitions. I remember one of German architecture in the National Library, where remain us quite bumped –and attracted, at least I- by the work of Scharoun. In spite of all the conflicts, the discomfort that the happened with us, as hardly we did at all, and all the things of that course, the deal with the very good era, and some did us fellow his.

In that course, like Calculation of Structures I (with Arangoa) had jumped it to us to the torera, studied this asignatura with a private teacher, instead of the following. We examine us in February, and approved all less I, that neither approved in June, so it remained me for 5º, what diverted me definitively, and by force, by the speciality of urbanism.

In Urbanística had to Larrodera for theory (never went) and to Longoria and to Maruja Pérez Sherif in practices, as I said. The most important exercise was to do a Partial Plan in a terrain of Arturo Soria, in team, in which we were Fernando and Nieves, Ignacio Lafuente and I. As we did not know that do and bored us a lot the method of the partial plan current, did a big Unit of Room, in which it fit all the world, and on a park. Maruja Said us that well, but that we had to project the park. We did it and it put us remarkable.

Under construction we had to Camera, one of the bichas black of the School. It gave us two or three classes, because in what they began the conflicts disappeared. I remember that in a class explained a metallic structure, and exaggerated a lot of with the reinforcements in the knots, avenges to put angular and cartelas. It raised  Zacarías Jiménez and said him: “D. Antonio, would not be simpler to take liquid steel and do him a mogollón in the knots, instead of that wrap of cartelas and angular?”. Camera took out a notebook and a pencil and said him: “How it calls  you?”. I do not know if Zacarías answered him, but afterwards somebody commented: “Uf, which fright! I thought that it took out the gun…”. This fame had Camera. Afterwards we approve with some practices and some examinations something louts.

In Composition II had again to the inefable D´Ors, with Jaime Lafuente (brother of Ignacio) and Adolfo Amézqueta. D´Ors pretended to teach a methodology of personal project and really unpresentable. We approve by means of some examinations fiction in which we pretend, to our time, follow his method to project no  what. With four foolishnesses put you remarkable, as it used the known technical to sell cheap.

In the School this year did, then , little thing, but was something more. We begin for recording in a strip a reading declaimed of the work “Marat-Sade”, of Peter Weiss, one of the myths of the period. Ibamos To all class of conferences, events and happenings, and devoured to Marcuse, Castilla of Pino and other then fashionable authors. Afterwards we hammer higher and, as Paco Partearroyo had a machine of cinema Super 8, decide to do a nihilistic film, that called PLONC. It began with some cartoons, that filmed  photo to photo, on models of Antonio Ceresuela, that drew extraordinarily well. The actors, main and only, were Olga –a blond girl, very good-looking, that was then girlfriend of Paco- and Jose Noriega, that was the good-looking and blond of our gang. The argument was elementary, almost non-existent, but did it. We première it for the friends in a buhardilla that had José Ignacio López Brea, and invite to Moneo. It did not say at all of the film –that, inside his nihilistic trifle, cost the redundancy, was not of the all bad-, but commented. “It go, it go, they are you like Bofill…”. I think that said it with some envy.

Some did us more fellow of Moneo, as I already said, and some Sunday –no many; he  hartaría and his woman would protest him- did excursions. I remember especially a day that went to see villages of Guadalajara, for example Cogolludo, with his impressive palace renacentista. It did a lot cold; we went down us of the car to see the building or the square that was, afterwards went up us apresuradamente, and lit a cigarette. Moneo Went in the car in that it went I, and observed as it repeated  the vicious rite. One of the times, said: “But this to smoke, so well so well is? It was not that one was losing ….” I do not know if it was a comment any one or a statement of hedonismo potential, not to seem a puritanical.

5.

Moneo Had remained very frustrated with the course, as we were a small promotion, but with quite a lot of interesting people, and that had not done at all. Pactó With D´Ors have us in 5º again, that said him that yes, and that would put to Sáenz of Oíza in 4º, and happened  the summer preparing the systematic course that we had asked him. When arriving October, D´Ors, that was a classical betrayer, placed him in the old plan together with Sáenz de Oíza –this is, carrying to two of the most important modern professors to the plan to extinguish- and to us put us to Emilio García de Castro, looking for like this destroy what Carvajal had initiated. García de Castro had the precise and cruel mote of “Eye stone”, because it had an eye of glass; it was a rather mediocre architect, bad professor and of scarce culture, with the one who did not do another thing that litigate us. This character finished of chair of Projects of Seville, aupado by some of his friends, and for misfortune of that School. It was homosexual and helped him one some pink mafia of the School, francoist and vergonzante.

Moneo Applied the course that had contrived for us to the promotion of 5º of the Old Plan, and he and Oíza suspended to many. The students –of a massive and mediocre promotion, to which does not rescue the presence of some illustrate, like Vellés and López-Peláez- opened them a file, that the mierdecilla of D´Ors did to prosper something. The following year Moneo withdrew  of the School and devoted  to prepare the opposition to chair of Elements of Composition, taking like draft the course that had reserved us. Years afterwards, when it already did time that had won brilliantly the chair of Barcelona, that afterwards will relate , and hojeando with him and in his study the memory of the opposition, said him: “Rafa, have to admit that when you prepared the chair of Elements, did it on what had begun for the program of 5º devoted to us, and that, like this, your historial of systematic professor, that so much success had in Barcelona, was generated in origin by the demands of that impertinente promotion, mine, that asked you methods to project”. And the recognised it. “Yes, truly, like this it was”.

We work enough in projects for that mentecato of Eye Stone. We did, that remember, 6 solutions in plant for distinct programs of house, one of which it was necessary to develop; I did it with an open block. Pepe Yuste said that afterwards it went us to put 12 churches in heaved. It put us a hotel.

My father asked me always if in the School did not teach us proportions, that was a his obsession, and I said him that the truth is that no. Afterwards it commented him that of what did not have neither idea was of construction. He retorted that the construction was a foolishness, and that any afternoon taught it to me all. When I had to develop the open block for Eye stone, as it was necessary to deliver a complete constructive section to the scale 1/20, said him that it had arrived this afternoon. The took several papers of croquis and, looking my project, began to draw manually heaved the constructive section while it went it to me explaining. When it spoke of an alternative drew it also at the side. Like this, in less than an hour, explained me and drew, of cornice to sótano, as it could build my building. Afterwards I happened it to clean and remained me stupendous. But, especially, I learnt it. I think that I have lost those drawings of my father of the constructive explanation, that saved, as they were stupendous. My father, as it drew extraordinarily well, anything that did, although out of construction or until of mathematics, remained extraordinarily transformed by his gifted and magic hand.

The projects for Eye Stone did them to consciousness, but bored us, and had one some compensation with practices of Urbanismo (like the previous course, Larrodera gave the theory, and neither went), of what were professors Eduardo Mangada and Carlos Ferrán. We (my group) had directly to Carlos, and with them learnt finally something of urbanismo and, besides have a good time. We devote us to do pieces of a General Plan that they had done, the one of Irún, and of the that covered things that they already had resolved and that we had to resolve. One of the things was to do the general zoning of uses of the municipal territory, and assaulted us a lot of doubts, especially by as go out to the step of the arbitrariness. No  the one who of our group of work fished a day the General Plan of Bilbao, of Bidagor and of the year catapún, that did the figure of a condor and declared his belief on an organic city. To us us fascinó and discover that we could convert the municipality of Irún in the figure of a dinosaur, and devote us with emphasis to the obstinacy and balancing in him, more or less, formalism and seriousness. The answer interested, although it was very criticised. As a result of that course Paco Partearroyo and I work a small season in the study of Mangada and Ferrán. Mangada Was especially interested in a book of Kevin Lynch, “The view from the road”, with which wrapped us and wanted to that we did a similar work on the road of Extremadura. Of that I have had always true become friends with they.

In History of the Architecture had to Chueca, but he went little, and we also, in just correspondence. It practised a luck of gastronomic criticism: “Exquisite composition, delicious façade,..” It said things eat: “By the munificencia of the Catholic Kings,…”, everything very rimbombante. It was a course without penalty neither glory, although perhaps we would have to have had more patience with Chueca of which had and something had learnt and until enjoyed. His assistant and substitute was José Miguel Merino de Cáceres. In the examination, in addition to other things, put us draw the Door of Alcalá. I had drawn it several times, by what knew it to me enough and was remaining me well. Merino, strolling and watching, looked my drawing and me espetó: “it Takes out the chuleta!” I looked him of bad humour and said him: “I do not have chuleta”. Also, to approve, it was necessary to do a graphic work, and Fernando, Nieves and I choose to do some drawings of Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo and Santa Cristina de Lena. They were plants and heaved and sections, but these were fugadas. It remained a lovely work, but no gave it back to us, would throw it by here.

I approved, finally, Structures I in February –the truth is that it already knew a lot of- and examined me free in June of Structures II with Luis Felipe Rodríguez. It had studied also a lot for this second asignatura, as my failure with the first had scared me, and took out remarkable. Because, in accordance with the regulation of then, I could not be official in 5º, since it was missing me an asignatura of two courses before, with what was free. For this reason, Eye Stone –that hated me, by the times that had put me with him- said me that it had authorised me to be followed the course, but that could not me describe, and that it had to happen to examination.

We did it in July, in the class of on top of the all, the one who call the fridge, but in that date with a heat insoportable. It was necessary to do it there, as it had to be in paper hit on the board. I convinced to Ojo Piedra that it left me do it in papers bible, that I would fix to the board with papers cello by up, one on of another and without taking out them, and left me. It wanted to do it in this paper because, as I drew very well to pencil, in that paper drew  fantastic, if, as it was the case, did not want to  do copies. It put us project a house of houses of luxury in the terrain of the square of Columbus corner to Goya, where then there was a basamento of shops, with a friso of Oteiza, and a historical house on, and where could not  build in reality. Or it was, the dream of the especuladores. I remained me of a piece and asked him to my father that could do. The said me that, given the disposition of the professor, the best is that it did one marries type Gutiérrez Soto. I did not know what was this, and then brought me of the study some copies of the magazine Architecture with houses of this architect, and explained me a bit the way to do them. I put me to this and, the truth is that I happened it quite well with the program superburgués of living rooms, library, canteen, suite main, zone of service, game of boys, etc., etc. and recubrí the program –see that employed exactly, but without knowing it, the method of Gutiérrez Soto- with a wrapped softly expressionist-racionalista, to the Madrilenian way of the years 30, more or less, with round corner and terraces in voladizo. When it saw me Eye Stone draw that, the truth is that no believed it to him: it looked me of milestone in milestone without attaining understand that I, a species of progre hippy with the peel long and moustaches mejicanos, was able to do those plants. The case is that it loved him and approved me, almost the only of the examination. It gave us back the exercise corrected by him with red pencil, and to me had signalled me a twist of door. But the very miserable avenged  of me, as it had had to me put remarkable, given my complete course, on the one hand, and what liked him the examination, by another. It was a shit. To Errazquin, that was of my course and quite good, and that did him an exercise type Torres Blancas very beautiful, better that mine, loaded it to him. I had warned it to him: “you do not go through him on to this cabrón, that is very dangerous”. I remember that Javier Followed, that was ours professor of End of Career, and to the that I knew by Ignacio Marry, taught him the examination because it went through there of cotilleo and asked him what seemed him when it already had plants it type drawn. It said me, with something of contempt: “Very traditional”. And I answered him: “But, for Eye Stone, well, no?”. And it answered: “This yes”. Afterwards I thought that the just word was conventional, no traditional, although he went by here.

It remained me for September urban Installations, that gave Tarzán (Blond Requena). I studied as I could the practice that put in the examination and there fixed them to me to do it, more or less. When finishing the examination, jointly with Nieves Ruiz and Ignacio Casas, went to speak with him to say him that it remained me only that to finish the career. It said me that to so many people had remained him this asignatura to finish, but finally went out approved. With Ignacio of the Houses rolled up a lot, as he fixed them to him to say him that his father was of Talavera, with what remained loved (the had to to be of there). And with Nieves arrived to argue. It said him: “Ah!, you argues me. It knows more than me? As come to give class with me next year”. And this said it seriously; Nieves liked him, contrary to the rumours in very another sense that ran on him.

Art of projecting in architecture, Ernest Neufert, edition 1964

6.

So for the following course remained me the End of Career. I already had begun one of Institute, with Ignacio Prieto like professor, to the way of Fernández Alba in the years 60 (Loeches, and these things), that abandoned because it could not deliver still, and began another still, a bit absurd, of dispensary of urgency in road, that there was place Aburto and that also abandoned. Finally, and already in October, began a third, that was a big complex polideportivo, with swimming pool covered, discovered, polideportivo and gymnasium, of the that it was necessary to elaborate like project of execution one of the pavilions, and that I was doing in this quarter, to deliver in February. It kept on being Ignacio the professor, but was not like the tutors of now; you did the project entirely only, unless you wanted to consult him something, thing that I did not do.

Before delivering the project, in December of 1970, celebrated  the expected opposition to chair of Elements of Composition, with three squares for Madrid, Barcelona and Seville, to which presented  Alejandro of the Sota (that it had given the asignatura the first year of the plan), Antonio Fernández Alba (that it had given it afterwards during two complete courses and one incomplete, the one who resigned), Rafael Moneo, Federico Correa (that it had given it in the School of Barcelona) and Alberto Donaire (that it had been professor with Alba a year in Madrid and afterwards had given it in Seville).

The exercises were in the Living room of Acts and gone on down a big quantity of public. The court was chaired by Víctor D´Ors and composed by Luis Moya, Javier Carvajal, Lozoya (chair of technical drawing of Barcelona) and Rafael de la Hoz (parsley of so many sauces, when seeming, in representation of the Schools of Architects and according to a legislation of then).

Fernández Alba, that was the one of greater educational merits for that subject and that had a brilliant historial like architect, perfectly published in New Form, did not do it of the all well, as although it was quite interesting was too intellectual and abstract, little architectural, all full of alambicados graphic and that misunderstood . It remained lujoso and important, but something rare. Alejandro of the Sota did it very bad, limiting almost to teach his, on the other hand, excellent architecture in all and each one of the exercises, accompanied of Galician “comments”, for saying something. To a lot of people seemed him fantastic, but to me seemed me very limited and very soberbio, as if they had to give him the chair simply by his work, as he expected. Rafael Moneo did it extraordinarily well, resulting be the emergent star in those oppositions, a disclosure for many, although no for which already knew it, between which explained us his ancient students. Federico Correa did it also regulate throwing to bad, too simple and natural; it was the person to which I saw then for the first time with the tie of the same cloth and colour that the shirt. Alberto Donaire did it discreet, even throwing to well; something soso, but very completito and of boy applied like him was. All the world said afterwards that it was of the Opus, in sight of the result, but is not truth, because I, that knew him for having been mine professor with Alba and, besides, because the two were students of the Institute Ramiro of Maeztu, know well that it was not truth at all. It was of a Catholic group, this yes.

As there was so much public and so expectante, after the fourth exercise the court said that, to fulfil with the regulation that forced to say the result the next day like prompt, went it to say happened the 12 of the night, to do it what before. I think that was a trick so that it was few people, but there were all. Eduardo Mangada fixed them to him so that the Concierge of the School, that think that was Polo and that lived there, opened us the bar, and there were taking glasses until the court appeared and put us all in the Living room of Acts.

They began to vote for the first square. D´Ors did it by Moneo (voted him the thrice), but went out Fernández Alba, to the that voted him the others four. Afterwards it went out Donaire for the second square, and already organised  a strong pita. Afterwards it went out Moneo for the third, and already organised  the big bronca. All the world shouted, organising an immense barullo, and the court remained  seated and terrified. Ones protested because it had not gone out Moneo in the first place, others because it had gone out Donaire in the second, others because it had lost Of the Sota and others because there was stray Correa, and the majority by several things at the same time. Sáenz Of Oíza attained to do a gap between so many voices and declared that it left the School (by cause that Moneo had not taken out the first place), what in effect did.

Finally the court encouraged  to go out and were advancing, D´Ors in front, by the central corridor of the Living room of Acts. But half of the way it put  in front of him Antonio Cruz (Monchi), that had been ours mate in 4º and 5º and that it was moneísta, and advancing slowly of backs, went him saying things to D´Ors, that pale and with the eyebrows hirsutas, avoided to look the face of that giant stranger. Monchi Said him things like this: “Víctor, are a true son of a bitch, and what would have to do was to give you a blanket of hostias….” It results curious the one who D´Ors, that had wanted to cure in health voting the thrice to Moneo (which, in reality was absurd) had not achieved it, as his deserved fame of maniobrero did that all did him manager of the desaguisado.

The court was , remain us a while speaking in the main door of the School and already went us tiring and going us. Afterwards the opositores had to choose square, by order. Alba chose Madrid, of course, Donaire chose Seville and Moneo had to choose Barcelona, that was the only that remained, with what the Catalans, that so many times have luck, carried  to Moneo, that took them out the School forward.

It said  that they had given the second square to Donaire so that Moneo had to accept Barcelona instead of Seville, since being Moneo fellow of Correa, had not wanted to step him what considered  his square. Because Correa was the start of a line of “Composition” (Elements of Composition was initiation to projects, but the Catalans, in sight of the name, considered it also the initiation of the theory) that continued with “Aesthetics and Composition”, of which had won the chair did little Xavier Rubert de Ventós –an intelligent man, of course, but also a pelmazo insoportable, in reality-, and that followed with “Composition II”, of which Oriol Bohigas was also recent chair. The failure of Correa spoilt it everything, and Moneo, although fellow of them, appeared there in half as little less than an intruder.

Years afterwards, speaking I with Luis Moya when I did the thesis doctoral on his work, and already in the season in that it relaxed  a lot with me and spoke of all the things, asked him as it had been that of Donaire. He said that Donaire was a very applied boy, that all did it well, and that it was very appropriate for chair. “Because –it said-, total, what is a chair?”. As saying, very little thing, although he was it. It said me that Fernández Alba there was fantastic state, and that had a big historial, that had showed already his big class in Madrid, that was besides something greater, and for him had to be in all logical the first square. Of Federico Correa said, textualmente that “was not at all”. Of of the Sota said that it had not done it at all well and that his architecture to him seemed him good, but no so fantastic as to others. Of Moneo said that it was a genius for the education and the intellectual, and that it was sufficiently young so that it did  charge of a so important School and so conflictive like the one of Barcelona. It admitted that they altered the logical order so that Moneo had to conform with this square. So it resulted that the old francoist were, in reality, quite cucos, and commanded to Rafa Moneo knowingly like viceroy to the Catalan School, what in truth was, and it is necessary to recognise that this resulted so good for him as for Barcelona.

In January of 1971 ingresé like second lieutenant of complement in practices in the Regiment of Engineers number 1 of the Division Armours plate Brunete, with headquarters in Camp, and there sorteé these practices of militias as I could while, by the afternoons, and if it did not have service, went finishing the Project End of Career. I finished it before the practices, and after a week of permission (or rather of escaqueo) that asked him to my boss, the lieutenant Adolfo González, that was kind and nice in addition to good military (a rare avis, that there was me request loaned books of Freud). It was necessary to deliver it in a paper hit, drawn in the School, and the rest of the planes, that were the majority, aside. I imitated to Ángel Fernández Alba and to his friends, that employed the trick to do an important plane in a copy very very take# out and in a beautiful colour and hit it in the board, drawing already on the paper of this some complementary things and the labels. It knew  that this trick colaba, so I took out the general plant of my group, drawn to pencil and with shadows, in a copy in blue intense, that remained fantastic, and hit it, drawing some things more and with some labels quite chulos to rule and compass with letter bauhaus. It was Carvajal the President of the Court and put me an approved, with him that I remained me happier that some pascuas. Days afterwards, when it walked by the School resolving the papers of the title, tripped me with Carvajal, that there was me excellent die in third, and that me espetó, with voice of thunder: “Capitel!, it has done you a project end of carera of formality!” I put face of circumstances, balbucí something and went me in what I could.

But, long afterwards, when we had to sell the house of my poor mother, already with the stray head, and it was necessary vaciar the flat, I took out almost all the projects of the career, that went saving in a maletero, and carried them to me to the study. Already there, and looking for them place, gave me curiosity the end of career and unrolled it to look it. The truth is that it seemed me that it was more a 7 that a 5, by what thought that the School, to end of accounts, always is equal. Claro, that project, that was an architecture that could compare with Jacobsen, and something with of the Sota, to Carvajal, although before it was of these rolls, then was an organic, that no longer interested him a lot, and dismissed me with an approved. But the project was quite well and very very developed. So to me it happened me the same that happens them to a lot of students, that the courts are little eclécticos, follow his own criteria, always something narrow, and tend to put notes too low.

7.

I did the End of Career in an apartment that had rented like study in the prolongation of the Castellana (that then it called  still Avenue of the Generalísimo), in the 12 D of a building hit to where was the café Oliveri. I rented it with Paco Partearroyo, Nieves Ruiz and Fernando Nanclares, that went partners during quite a lot of years, although the truth is that, then, only Paco had finished already the career. I considered that, as in the practices of militias paid, no longer would have to ask money to my father, then , after the practices, already would go out something.

And the truth is that something went out us. The first happened it to us my father, a small hotel residence in the street Prince of Asturias. The thing no cuajó, as the customer did not understand  with the owner of the solar, and remained  in preliminary draft. We ask him to the customer 90.000 ptas. And it gave us only 30.000 –less bad-, with which buy a machine to write Valentine and went us to dine to the restaurant “Ruperto of Nola”, that was in White Towers. We were solteros and followed living home of our parents, so we could throw with scarce problems. But, well, it was going out any another thing, more or less precarious. Then hardly there were contests, and if there were them were only of subjects very important and that did not consider to our scope.

Being entertained with some promises, a day of April, or by here -of spring- called me José Manuel López-Peláez to propose me, of part of Antonio Fernández Alba, if it wanted to be professor of Elements of Composition, where he was already. I remained me quite surprised and did not know what think. But the case is that only some days afterwards called me also Javier White, a prime mine of the that already spoke, no very near, but that it was prime by both parts (and that also was, as I, of Cangas of Onís) and that was then of architect boss of the Delegation of House of Oviedo, shelter that had looked for  by opposition and in view of that the exercise of the profession in Madrid was little less than impossible. It explained me that with the work of the Ministry did not give already for more, and that it had to refuse the commissions. If I went me with him to Oviedo could place me in the Delegation, if it wanted to, but, especially, opened a study and did projects by the afternoons, or I all day, if it preferred it like this.

I remained me more surprised still that with the of the School, and something perplejo, because, the truth, go me to Oviedo, no me apetecía at all, although this seemed the best professionally speaking, by what was quite concerned. Like this the things, explained it to him to my father, a day home, when he was reading the newspaper, to see what thought and that advised me. My father remained  stopped some seconds and asked me: “But, in the School pay?”. I said him that yes, clear, that did not know what, but that yes that paid a sueldete. He said me that if it was like this, that went me to the School, that always meant a true luxury, especially with Fernández Alba, because go me of common architect to Asturias seemed him a very sinister thing, very little recommended. I did him case; also, of course, because it coincided with my win to remain me in Madrid, that was what really me apetecía, conserving the recent society with my friends, so I called to Peláez to say him that it had decided to be professor, and to my prime Javier to give him calabazas; with what in this way, a bit to the silly, and without having it thought never before, began an academic career in which it had to remain me already all the life. It had then 24 years.

D´Ors had divided the chair of Fernández Alba and had appointed two professors, bosses of independent group of him, that were Genaro Cristos and Francisco Alonso of the Jewel. This was quite unusual and irregular, as Alba was chair numerario and the other, at all, neither had educational prestige any, but like D´Ors was the director had to obey him. It did it to carry the waters to his mill. But Alba, that had recovered to Manuel of the Houses –that had been assistant with of the Sota- achieved that they appointed it also boss of group, with what attained to dominate –or that it was well, anyway- at least the half of the course. Like this they configured  two groups, one the directed by Alba, with Julio Vidaurre, López-Peláez, Estanislao Pérez Pita and Ramón of Soto of professors, and another the one of Manolo Marry, with which were Ángel Fernández Alba, the brother of Antonio, Javier Navarro Zuvillaga, Luis of the Rich and I. Personally, I was happy, as it liked me be with Manolo, to the one who I knew something for being the greater brother of Ignacio, that went mine mate of bachiller and of career, and also with Ángel. I, certainly, arrived to the School like a duck to a garage, but reassured me something when seeing that, sure enough, that was rather a full garage of ducks. At least, the comparison did not go to be too scandalous.

We did a course with a program something marciano, of analysis of neighbourhoods and that finished in a design of “habitat of emergency”. There is testimony edited, as of that course Juan Daniel Fullaondo published a number of the New “magazine Form”, the no. 93, of October of 1973. In that course had of student to Javier Ortega, afterwards mine partner, professor, and today chair of drawing. Also to Alfonso Millanes, that went equally professor, although afterwards it left the School. They were students also that year, think that of Julio Vidaurre, Gabriel Allende and José Barbeito, the two afterwards professors. I think that also it was in this promotion Jaime Cervera Bravo, today chair of Structures.

It seems me that it was when I began of professor when Josefina (the enabled of the School, to the one who called the “portaaviones”, by his immense leading; it was very fat and limped) put like officials to his nieces Virginia and Alicia Eavesdropper, that are sisters, two good aunts impressive, that then were jovencísimas. Virginia was –is- extraordinarily good-looking, and to me liked me a lot, but never had the sufficient value to say him at all. I frecuentaba to Ángel Fernández Alba and to his friends, between which was Manolo Gómez Gaite, alias “Christ”, because it had beard and remembered it, a good-looking uncle, of good plant and very nice. Manolo had then an English girlfriend bajita with which went to do  a veraneo in Africa. But before going  broke with her and remained  without company for the trip. Then it went  to the School, looked for to Virginia and proposed him to her the plan. She said him that yes, and went . And afterwards they married.

The courses of Elements with Alba kept on being something perplejos of program, at least for us. I encouraged me by desnatar the exercises and explain them all the possible. The second year, or the third, associated me with Manolo Casas, and join our groups to give together class. I think that it was the second year when I asked the Scholarship of Training of Personal Researcher, that gave me, and when, also, had an accident of car in the province de León, going to Cangas de Onís, with Fernando Nanclares and my brother Emilio, to carry the project of building of houses that had commissioned us Álvaro Fernández Valle in, that went my first work, and that  edificó in the park corner to the avenue of Covadonga. It remained quite well; still today, that there follows, look it with some satisfaction. The three remain quite bad of that hit, although without gravity, but were escorados a time. I crashed me with a flamante SEAT 127 that had bought me, and that, although they did not give him total accident, remained quite bad, by what sold it.

One of the first years did a trip to Barcelona with the students. We were José Manuel López-Peláez and I, but accompanied us also Alfonso Valdés, Isabel Sáiz of Arce and somebody more than now do not remember. It was full Franco regime, think that Carvajal was then the Director-commissioner of the School, and between his enredos and the ones of the others this was closed. No  if it was the own Carvajal, even, the one who had closed it. They had a Greater School that served them of shelter, to give talks, and this, and there went to stop, as Fernández Alba had spoken with Bohigas and went us to give some conferences. One went to give it the own Bohigas, another Cantallops, that of that was partner of Elías and of Martínez Lapeña, and another Clotet and Tusquets. Bohigas Arrived and when it was placing the slides I gave me account that went to teach the same his works that had taught us already in Madrid some weeks before. I said it to him, that were the same students, and remained  paradísimo. “And now what do?”. I said him that why did not explain, without images, the history of the modern architecture in Barcelona, that I had heard it to him explain, and that knew  by heart. It seemed him very well, this did, remained estupendamente and anybody gave  account of at all. Afterwards Cantallops taught us a big quantity of buildings of house done by him and his partners. Well. And afterwards they arrived Clotet and Tusquets, that went to teach recent work. I, that did the times of speaker, seated me with them, and with the woman of Óscar, in front. It began Clotet, that carried the peel to the afro and seemed Garfunkel. It explained a house of flats, beautiful, afterwards a very small and sophisticated house, and afterwards went up Óscar to the estrado, without going down Luis, and taught the Belvedere Georgina, a small chalet, disguised of templete classical, with a lot of accents “pop” and venturianos. I think that to the students liked them enough, but afterwards, in the colloquium, saw  that to Alfonso Valdés, and maybe to some another elder, that do not remember, had bothered them a lot. I suppose that no only by the permisividades formal and the pseudo classicism of the subject, but also by the cynical and confident attitude of Tusquets.

The true is that, in the colloquium, and being in the screen the image of the Belvedere, that had a car on, as like this it was thought, Alfonso Valdés asked. “How much said that it has cost the work?” They answered: “Four hundred one thousand pesetas”. And Valdés asked: “With car or without car?”. They remained  a bit stopped, and Clotet, that was the one who then was in the estrado, said him: “But, reason this aggressiveness?”. I was seated between Óscar and his woman, that asked me, “But who is this uncle?”. I answered with difficulty: a disciple of Oíza, that was well, but that it was of mentality very racionalista and technical, and to the that, apparently, has owed him to seem fatal your sophisticated games. Well, it argued  something more and finished  the thing. The students remained loved.

José Manuel López-Peláez, that had not said at all, had to remain concerned. In reality, he was of an architectural mentality quite puritana, resembled the one of Valdés, but without the violent disposition of this. The true is that it commissioned me a class for his group on the School of Barcelona, as it thought that the students were a bit absent-minded and something traumatizados. I prepared it, carried also to ours to take advantage of the occasion, and treated to explain them the intellectual position, apparently frivolous and very sophisticated of this group of Catalans. I think that I achieved it and that the waters went back to his course.

8.

I think that it was in 1973 when I decided to ask the Pension of Architecture of the Academy of Fine arts in Rome. No longer it did  by contest of projects, but asking realise a work of investigation. I was to see to Moneo by two reasons, one because it was necessary to carry letters of official recommendation of your professors, and another to ask him council on the subject of investigation to present. Between the two pergeñamos a subject on analysis of the architecture of the roman empire, that afterwards I developed and that remained well. In a moment die, I asked him: “And you, in Rome, what did?”. He remained  a bit stopped, and afterwards said: “Then , the truth, is that I did not do at all, absolutely at all; this yes, know Rome, perfectly, church to church, house home, shop to shop…”. Afterwards I went me to see to Carvajal, that was then Dean of the School, and that had me identified like adherent of the opposition. I explained him the of Rome –he, like Moneo, had been pensionado-; it seemed him very well and it did me a lujosa letter, although it noticed him  a lot the bad that seemed him that I, that had taken out excellent with him, out of the opposition. Afterwards it asked him Fernández Alba, my boss, the letter.

Being in the preparation of this, my mother said me that Luis Menéndez Pidal, that had been very fellow of my father, had an exhibition of his work in the Royal Academy of Saint Fernando. Go you to see him, said me, my mother, that is very greater, and will be there very alone. My father had died the previous year, in May of 1972. Less bad that, at least, me vió architect and professor of the School.

The case is that I was to see to D. Luis and, sure enough, and like my mother thought, there was he only, in the middle of his drawings. I rolled me up something with him and, to speak of something, explained him that it presented me to the of Rome. He said me that it was a glorious idea and remembered when they were Moneo and Hernández Gil, as he was in the jury, and me elogió a lot of to Dionisio, and said me also that he did me a letter. Afterwards, suddenly, it said: “Ah! Useless! Entirely useless! It is Chueca in the jury!” And it explained me that Chueca always had his disciples and enchufados particular and that did not give place to any another thing. Afterwards it remained  thoughtful and said me that, well, that asked it, and that instead of giving me a letter that he went him to write directly to Chueca.

The case is that I asked it and that, as Menéndez Pidal there was profetizado, no gave it to me. I received a letter of D.Luis, in which it commanded me the one who he had received of Chueca. This said textualmente in a paragraph. “Glorious candidature the González-Capitel! It has obtained the place of first acting.” D.Luis wrote me: “Already it knows you, fellow Capitel, that in this type of parties only play the headlines”. The true is that I remained me without going to the Academy. Although that was not a good year. The pensionados planted  with the direction, by the precareidades and absurd of the regulation, and resigned all in February.

In the School, to the third or fourth year begin with the program of Fernández Alba, but, to half of course, said him that we went to enter an ours program. We did an exercise on compilation of residential typologies of Madrid, that finished published by the School of Architects by obstinacy of the own Fernández Alba. They were the times in that the mayor García-Lomas had frozen the sector Malasaña (of here went out the modern name of the neighbourhood, that in reality calls  of the Wonders) and put the ultimo exercise like an application of the typologies studied to the sector frozen. They were also, arquitectónicamente, the times of the Tendenza, and of Aldo Rossi, and with these references and the one of Venturi, oriented us we, also attending to what Moneo did in Barcelona.

Of those years was student Fabriciano Posed, that afterwards worked with Javier Vellés, José Ángel Cowboy, afterwards professor of the School, Julia Alonso-Martínez, that went my girlfriend, and Victoria Burillo, whose brother Luis was assistant ours scholar and afterwards professor of Drawing and of Projects. We had begun to do trips with the students, prolongation, in my case, of which did in summer with my friends since we finish the career. In those years the ideology of the School was little more than invalid, did not know where, or in what, was the architecture. My friends and I, in our particular trips of summer, that begin in 1971, check that the architecture was in the streets of the cities of Europe, and also in the bookshops. We went back loaded of books and of slides of Him Corbusier, the School of Ámsterdam, Go Eyck, Dudock, Rietveld, Jacobsen, Utzon, Terragni, Aymonino and Rossi, Loos, Otto Wagner, historical architecture,…. I put in class all the slides that brought, showing that the architecture was here, in the immediate past, and that of here was necessary to learn. Already, through that and of the already said begin to clear us and to fill the School, little by little, but very acutely, with his own culture.

One of these years, Julio Vidaurre, to the that had encouraged to do it, won the chair of Technical Drawing and asked us help to hire to the professors. We recommend him to our friends and known better, Ignacio of The Houses, Paco Partearroyo, Ginés Sánchez Hevia, Javier Vellés, Alfonso Valdés, Juan Antonio Cortés, María Teresa Muñoz… On the other hand, and for Elements, recommend to Antonio Fernández Alba that –in addition to Javier Frechilla that had been assistant scholar- put to José Luis Noriega and to Antonio Rivière. The School went  like this encouraging, as besides Antonio Vázquez of Castro had won the chair of Projects II -very supported by Fullaondo, that had gone  of the School, argued with Carvajal, that did not leave him do the program- and Javier Followed the one of Analysis of Forms. In this chair competed also Adolfo González Amézqueta and Elena Iglesias, the inefable marriage. Amézqueta Won the second square and went  some years of chair to Seville. Elena Churches did not win square. Neither Francisco Cabrero, that did a glorious opposition, and that to me seemed me that it was the one who owed to having been the chair. In the court, chaired by López Durán, the old cacique of the asignatura, only Ruiz Aizpiri, chair of descriptive, voted by Cabrero. I said him to him in a corridor that had liked me a lot his exercises, and that there were other young professors like me that thought the same. It surprised , it appreciated it to me enough, and since had with him some friendship. I remember that the simple of Helena Iglesias, in front of a glorious drawing of the Museum del Prado that Cabrero had done like one of the exercises of the opposition and that had blue shadows, said: “Ah, blue! Claro, as it is facha,…”

Antonio Fernández Alba had attained that the second chair of Elements –the one who detentaba Alonso of the Jewel, whose square in the School was, with few doubts, a payment of D´Ors to the collaborations in projects that that gave him- went out to opposition, to which almost forced to Juan Navarro Baldeweg, that was then in United States, to that presented , and won it. Also it competed Helena Iglesias and also lost. From then –Juan incorporated to Javier Climent, carried  to Ángel,…- the asignatura of Elements, divided in two, but with the two good groups, went during quite a lot of years the same base of the School.

On the other hand, Sáenz de Oíza, that had gone  as a result of the opposition of Elements and that was about to to lose the square, went back to the School, and with him were Vellés and Valdés, Araujo, Ruiz Cabrero,… Carvajal renewed also his people with Alberto Campo, Ignacio Vicens, and some another. Antonio Vázquez of Castro also had mounted his group, and, like this, with the teams of those five personalities –to which it would be necessary to add also some other groups, as the one of Vidaurre- worked the School during quite a lot of years. All this were the seventies, the truly fundamental for the institution, founders of a culture that was in crescendo during the eighty and the ninety until arriving to the height that did it famous.

By those times did a species of association with the ones of Sáenz de Oíza, and, with him same like big boss and president, did all the Tuesdays in the Living room of Acts a conference or theoretical class, of which commissioned  each one of us by turn or achieved  a visitor illustrate, and to which went all our groups. By there they happened all the questions that more or less were in cattail and that concerned us. This lasted quite a lot of years and went the main food of cultural diffusion of the School of then. Also we take the habit to do critical sessions of the contests to which presented  professors of the School, that resulted quite interesting and fun. They did  many times. This arrived to institutionalise  something more, call them “Sessions of Academy” and some times did them in collaboration with professors of Barcelona, as Oriol Bohigas, Ignacio Solá-Moral or the own Moneo. One of these was the devoted to the contest of the Faculty of Sciences of Córdoba, that won Sáenz of Oíza, and in which they had also a prize Ortiz and Cruz. It celebrated  a session with presence of the jury, between which was Oscar Tusquets. I appeared also in the table like speaker. Also it was Moneo, that elogió the project of Oíza, to counter the very criticised by others and leave to his teacher a sweeter flavour. The anecdote of that day, although only it is important for me, went that, begun already the act, went in in the living room Consuelo Martorell, so high and so good-looking, and that to me liked me so much, and Oscar, that was to my side, saw it and said me: “Who is that woman?”. And I said him: “A student, that besides has boyfriend….”. “A student, a student! It can not be! It will be the woman of a professor!”. Years afterwards, in 1981, invited him to my wedding with her, since it had been something prophet. It did not come, but it wrote me congratulating us.

I knew by these things to Sáenz de Oíza –or, better said, he knew me to me-, as I had not been his student. We did us more or less friends by the deal in the School, and afterwards something more when Javier Vellés invited us, to 1978, to veranear in Pollensa, just at the side of the house of the teacher, and when I was finishing the thesis. There I knew to all his family, and especially to his daughter Noemí, that liked me a lot. We go out together that summer and afterwards was mine student. Javier Vellés and I went almost all the afternoons, to the 5 or like this, after the siesta, home of them, that was at the side. Oíza Expected us, something anxious, with the newspaper in the hand, and in what we arrived began us to comment the news. It finished us hurting the belly of as much as laughed us. It was a summer of laughs. Afterwards I took advantage of to stick to Noemí and go us by here.

Sáenz de Oíza (gift Paco) was a man calvo, of figure very enhiesta, with big glasses of shell that put  in the in front of the way of Him Corbusier (seemed  something) when the presbicia counter him the myopia, of nose aguileña and of face very interesting and expressive. Extraordinarily intelligent, was the best charlista of the world. In those Tuesdays, when it touched him give class, did not carry slides, did not do him fault, or appeared with some planes in photocopies blackened, very bad, to project in opaque. It carried very bad that the other put slides. A day, after a class of Alfonso Valdés with a lot of slides, Oíza said him: “Of course, you have put slides like the one who shoots with an ametralladora, tatatata, tatatata, tatatata,….”. It was enormously inventive and ocurrente, very nice when it wanted to and extraordinarily unkind when it gave him wins it. When it came somebody famous to give a conference and had a lot of influx of public, he  encelaba and mounted a corrillo typical of comment, very concurrido, when finishing the talk of the another. There were jokes, anecdotes and examples or councils that always explained. A day, in class, after explaining something of his repertoire, a student said: “Don Paco, you repeats ”. He went back  with face of contempt and said him: “I Think that it makes a mistake, the one who repeats is you”. Another day occurred that it came a father of a student to see him, definitely because his son suspended, and he said him: “Ah! It is you the father of Fulano? A moment that I give him the telephone of my father…” Had a lot of fame of good professor, although the truth is that hardly ever it prepared at all and it fiaba everything to his capacity of improvisation and to keep an inventive talk. It was a big architect, as his work tests, although perhaps it was too intelligent to be architect, as de la Sota –his big rival, deep down- said. The true is that, as it saw the contradictions of everything and that the architecture was a convention, sometimes remained  perplejo, without knowing by where throw. But his architecture, although of uneven fortune, always was empeñada, always had intense intentions; it can that it did works and toneless projects, but never neglected or to go out of the step, always with a lot of obstinacy. And it built the two better towers of the city of Madrid, that will not be never surpassed. I remember him with a lot of affection by what learnt of him, by what laughed me with his exits and because I had the honour that it appreciated me and considered me a fellow.

But before consummated these things of the union of our gangs and of the Tuesdays that expanded in crescendo the culture of the School, suits to remember some other episodes, quite a lot of them previous. Being D´Ors director, exactly a day before ceasing, when the Board of Professors was gathered to choose to the new, the police went in violentamente in the School, as there was an assembly –perhaps D´Ors called them, as it was used to to do after giving permission-, devoted  to hit to all the world and arrived to go in to the Room of Professors, interrupting the Board. D´Ors resigned –big thing, as it ceased the next day- the new director did not choose  and remained Arangoa, that was deputy director boss of studies of accidental director, and was quite time. This had to be to 1972.

Little time afterwards, in the class of Aesthetics and Composition –of whose asignatura was D´Ors chair- carried by Simón Marchán and by Ignacio Gómez de Liaño, there was some happening throwing to gulfs, that some reported to Arangoa. This called to Simón and to Ignacio, that did not appear, and then suspended them of employment and wage.. It was logical, as not going if it calls you the director is, of course, grave fault. (Although testimony of Simón Marchán is that it did not call them). But the thing is that it mounted  a letter of signatures supporting they and asking his reincoporación, to me happened it to me, and signed. The next day it arrived Fernández Alba, riñéndome for having it signed, as Arangoa proposed to expel to all the signatories. And the truth is that they threw them to all, less to me, although it also is necessary to say that to the following year went back them to hire to all.

We did not know what had happened, but a day Fernández Alba  enteró –do not know if by the own Arangoa or by other roads- that when it had proposed  throw to a numerous group of professors of the School of Architecture, the Minister, or somebody important of the Ministry, where no  fiaban of Arangoa, as it was a stranger for the diet, asked report to Miguel Ángel García-Lomas, that had been General Director of Architecture and that then was not at all –was before being Mayor-, but that it was man of confidence of the dwarf of the Pardo, and something as well as the francoist sheriff of the architecture. García-Lomas called to Arangoa and said him –according to Alba- that if it thought that the son of Antón Capitel was red is that he was a gilipollas and went him to break the face. It is not textual, of course, but owed to be something like this. The case is that to me did not throw me. I knew it a lot of years afterwards, and thought, that my father –that of that already had died- had received very few things of his precarious historial francoist, but that, finally, something was something.

9.

By the way, I had said him to my father that in the School yes that paid, but the truth is that the thing was not so clear. The year in that we begin did not give us an agreement, but a paper of nomination, in which on the one hand it appeared the emolumento of 500 pesetas by hour of class and, by another, sobrepuesto with distinct machine, said that there was a limit of 14.000 pesetas to the month. Since the hours of class were 60 to the month (all the days, of Monday to Friday, of 11,30 to 14,30), López-Peláez and I were to ask to the that did the times of administrator, that was Valentín, as it is that if we gave class by value of 30.000 pretended to pay us less than the half. Valentín said, that, well, well, that the professors of projects went very little, and that what calculated  is that they went by value of 20.000 as a lot; it did not know to explain the of the 14.000. By the way the “claúsula”, for calling him something, of the 14.000 was signed by Arangoa, to the that I was to see to protest. (This was before the of García-Lomas). It promised that they would pay  the 20.000, and like this did it always, if I do not remember bad. They earned the discount of the Hermandad, 800, and gave us (did it in hand, Josefina, that was the enabled) 19.200. Or perhaps less, when removing 14% of taxes, do not remember well. It results especially significant to remember that then (with D´Ors of director and Arangoa like Boss of Studies) the professor administrator of the School was a Francisco Lencina, that gave class –is a say- in Analysis of Forms (was a simply invalid character, for saying something soft) and that had recognised fame of scoundrel from his youth, as it confirmed me to me Gerardo Zaragoza, my professor of drawing, as the such Lencina had been in his academy, where already had seen him the ways.

But the case is that José Manuel López-Peláez and I did the 60 hours of complete class, and some more than no longer corresponded us, as then there was not tutorías. And besides they were showed, as then  fichaban the hours of permanence in the School. Somebody said us that they did not give us the agreements because these were, in effect, by 60 hours and 30.000 pesetas, money that received  sure enough of the Ministry, but the School remained  with the 10.000 for the uses that estimated  convenient.

Convinced of this, José Manuel and I remain in going together to see to Valentín, the one who did the times of administrator, and contrive a treta, so silly like effective. We went the two, rolled us up with him, and afterwards, while he was trying to wrap us with his supposed reasons, José Manuel would remain  with him in the dispatch to entertain him and I would complicate in the cupboards of the big room of the administration to look for the agreements. The truth is that I found them immediately, all carefully banked, and without signing, of course, by the professors, that not even knew them. I looked for the two ours and went me to the dispatch with them in the hand. Without giving option to Valentín sign them, deliver them so that the cursara properly, and said him that we expected to earn our complete wage of immediate form. That, as we were moderate people, did not go to ask what owed us  of before if it proceeded  since to pay us what was our right. It remained  of a piece and did not say at all, but the following month, and already for ever, earn the 30.000 pesetas (less the 1.200 that Josefina discounted for the Fraternity). As we were the two solteros and lived both with our parents (I with my widowed mother), the truth is that the 28.800 that won were then a stupendous wage. I could invite to what went to the girls with which went out, and sustain patiently a study with very scarce, almost invalid, work.

I explain this because it is curious and fun, but, especially, because it gives idea of that School, in many respects very sinister, of the late Franco regime, that touched us still live and to which gave the best of our life, filling it with a lot of effort of a culture that to us had us , to a large extent, dribbled.

I add here an anecdote that explained me Ángel Colomina, and that suppose true. Ángel was a professor and architect very brilliant, extraordinarily intelligent; it was of Oviedo, and years afterwards went  to Canaries to work, of where no longer went back. It was and it is very fellow of Fernando Nanclares. In the first times of Elements of Composition of Antonio Fernández Alba, more or less when I was student of them, Ángel was professor, and by the odd and irregular ways of agreement of the School he was some year appointed and earning a lot, as afterwards it delivered it with others that were not appointed. A day that went to earn to the dispatch of Josefina saw that it also went Ricardo Magdalena, that had been his professor and had suspended him. It put  in front of him in the tail so that it could see the immense quantity that earned when he saved it to him with premeditada parsimony. Afterwards, after it finished it to him to put all spectacularly in the pocket and said: “Man, gift Ricardo! What such? Already it sees, I have put me of professor in the School and am lining me!”. It left him of a piece. It is very fun, and expect that it was truth, as the imagination of Ángel always gave for a lot.

10.

After D´Ors had the caradura to resign the day before his cessation, by cause of an entrance of the police to which is very likely that he same had called, Arangoa was a long season of Director in functions, in whose stage the most brilliant management that remembers  was the lattice of the windows of the classes that gave to the terraces, to avoid that the students showed  to them and threw things to the police. To 1975, more or less (perhaps before) when the death of the already ridiculous and ancianísimo dictator, was chosen Juan del Corro Gutiérrez, chair of mathematics, Director of the School. Roll had been mine professor in first and second, and was well. I followed his class with assiduity and approved always, even with note. It was coined of the García-Lomas, and thus, very known of my father. I was fellow of his son Juan, that went mine mate of academy of drawing with Gerardo Zaragoza, and had to see like him approved the Analysis of Forms the first year, and for being the one who was, and I had to repeat. Well it is true that he, perceiving the ridiculous of the situation like this did it to me notice to way of apology.

Corro did Boss of Studies to Santiago Fernández Pirla, chair of legal architecture, and create to remember that it was Candel, chair of economy, the Secretary. A mathematical –trio, legal, economy- little appropriate to direct the School. I create to remember that Corro was at the same time Director of the School and Dean of the School of Architects. At the beginning they did it tactfully, but, little by little, they did it worse, and, especially resisted  to modernizar the structures of power of the School, strongly sued when they already were the times of the transition.

In time of Corro I had a conflict with the boss of bedeles, Luis, because some students had put in the statues of plaster that decorated the halls something of anti-francoist type. Luis did the on call Civil times, removed what had done and reported them. We saw it Ignacio de la Casas and I, and increpamos to the bedel saying him that did not have to take part in favour of the already, on the other hand, missing dictatorship, and that did not happen at all because they put  things in the statues. Luis us increpó to his time and said us that it went us to report to the Director, thing that did. To me it called me Corro, but no me riñó at all; it said me, by the contrary, that there was reprendido to the bedel for putting  with the professors. Corro, in some very punctual cases or of detail, was to the height of the circumstances, or, at least, was sufficiently clasista to do things like this.

But the management of the School went from bad to worse. In reality it seems to be that it carried it Pirla, that began to do reforms mentecatas in the building. The most symbolic was the one to remove the big plate of benefactores of the library of the big front where was to carry it to the previous corridor, where remained fatal, and with the object to do a taquilla of attention to ask books from the hall of the library. But this, as I say, was not more than a symbol; the School went very bad, and, of another side, sued  the change of structures of direction and management of the School, in concrete the Board of School, or assembly of representatives of all the estamentos that, according to many of us, had to direct it. They celebrated  quite a lot of assemblies of professors suing these things, to which some times went Roll, to the one who imprecábamos with our requests.

Like this the things, all very hot because the structures of school power did not adapt  to the democratic transformation of the country, and by the bad internal management, finished  taking the decision between professors and students to throw to Corro and to his team of direction. This was to 1980. Like this, by the good, and by force. And as it said  it did . The students did not leave them go in more to the School and asked them the resignation. The building occupied  of form acrática, filled  of painted, and the students, supported by a quantity of professors quite significant, did  strong in the building and Roll did not go back to go in already never. I think that the students, on the other hand, happened  enough, in the sense that they called constantly to his house to say groserías and had it harassed.

The thing put very grave and the Ministry decided pactar calling to some chairs to agree a team of direction that did  charge of the School and carried it to the normality. The assembly of professors and students had chosen to Fernández Alba to propose it like director, thing that the Ministry accepted, but he did not want. Finally, between pupils of the two estamentos and the Ministry  pactó a provisional direction with Larrodera like director, Aroca like Boss of Studies and Navascués like secretary. This worked; the team formed a Board of School with representation of all the estamentos and the School threw for in front.

No far of this period mounted  a strike of students of End of Career to protest by the, according to them, big quantity of suspenses. They shut  in the holidays of Christmas in the new pavilion and did not go out of there day and night. By the way, Fisac, that never went professor of the School, supported they and was there encouraging them. It was this an intolerable behaviour by his part, that to me never will forget me  like one of the symptoms of how was in reality this character, then , in definite, the students were shut because they did not approve; this is, because they did not know to do a project end of decent career, by a lot that to the own School could him , acaso, throw big part of the fault, or of the cause, of that situation.

A day of that conflict was I in the hall of the bar arguing with a group of students, that had been mine students of Elements, and that  empeñaban in that if they did not know to do well a project, the School had the fault, and, thus, would have to approve them. I said them that this was not truth, as it tested the fact of the a lot of that yes knew and that managed without problems; but that, besides, the School had two missions, one teach, and the another, check that it knew  for expender titles that comport professional attributions very concrete, exclusive and dangerous, and that if it fulfilled badly the first mission, could not resign of the second.

When we were complicated in this, happened Sáenz de Oíza to big zancadas. Oíza was precisely one of the members, the main, could say, of the court of end of career, and the students took advantage of for increparle. One said him that they had calculated that in the last session the court had spent a minute of time correcting each project. Oíza went back  with extreme rapidity and him espetó. “It is not truth. If we refer us specifically to the his, sufficed me five seconds to suspend it”. It gave  the turn and went  leaving to the student with a palmo of noses. Genius and figure.

11.

After throwing to Roll, and inside the new, and provisional, structures of the School, happened to belong to the Board of School, think that called . This had to be already to the year 79 or 80, because I already had read the thesis doctoral, that did on the architecture of Luis Moya Blanco, directed by Moneo.

The history of my thesis starts of my knowledge of the Labour University of Gijón. As Paco Partearroyo and I, with Nieves Ruiz and Fernando Nanclares, worked something for Asturias, went some times there. Paco and I did the doctorate and were specifically in a course with Julio Vidaurre, and had to do him a work. To me it occurred me  that Paco did a photographic report on the Labour, I did the text and present it like work. To Julio liked him a lot.

Carlos Sambricio was already professor of the School and when  enteró that I had done a text on the Labour, said me that this was importantísimo, and that he was doing another on the Falangist architecture, or no  what, and that went to propose to Salvador Tarragó –that it was the director of the magazine rossiana “2C-Construction of the city”- that published them the two. It called to Salvador and remained with him in Madrid, in his house, a Sunday in the morning. I carried my text, the photos of Paco –that they were a swearword as of 150- and some copies of planes of the Labour, that I had home, as they were of my father.

Salvador looked and remiró all during a lot of while, and afterwards said: “I can not publish this”. And Sambricio: “But, what say? You are not hortera! How you do not go it to publish? It is that it does not like you?” “Like, clear that likes me. This is a lesson of impressive architecture. But, if to me in Barcelona call me fascist for publishing to Rossi, if I publish this me fusilan. This could publish it a magazine ecléctica, like Architectures bis, for example.”

Total, that went us with the tail between the legs. I, giving him gone back in my house, and already to the following week, thought: “Claro! Architectures bis! I go to call to Moneo to see if it interests him.”. I lived then home of my mother, already widowed, and with my brother Emilio. The following Saturday to the meeting with Tarragó, after eating, called home of Moneo. It put . I said him: “it Hears, it looks, Rafa, is that I have written a text on the Labour University of Gijón, of Luis Moya, and perhaps interested you for Architectures bis”. To the another side heard  a deep silence that lasted some seconds. And afterwards: “you Say that an article on the Labour University of Gijón, of Luis Moya? And who say that it has written it?” “I; I have written it I” “What you have written an article….? As clear that interests me, interests me a lot of! Why you do not come you home to take coffee?” “Now?” “Yes, now same, if you can…” “Cost, go. What late.”

I took the car and went me home of Rafa. I create to remember that it lived still in his first house of The Look, in the Oria street, that was not exactly the colony, almost confront of Dionisio Hernández Gil. I carried me the text, the swearword of photos and the folder of planes. The looked it all and afterwards said that it remained  with the text and with the photos, and that the Monday in Barcelona, that had eaten of editorial, would present it. “When it go back already I call you”. And like this it remained the thing, with satisfaction on my part.

The case is that it arrived the Thursday and Moneo had not called me. I knew that it went back always the Wednesday, by what was a bit mosqueado. But it gave me a bit of court call it, by what decided to call to Ignacio Solá-Moral, with which I had already friendship, to see if it knew he something. This is, conscious I, like man of the capital, that Barcelona is a village. I called him and I gave in the white. It said me: “Then , it looks, yes, because I, that am doing them a thing now, went precisely to the food of the Monday. It arrived Rafa, and in a moment die took out the text and the photos, all the world put  to look them, and immediately said Oriol: “Claro is that this magazine is to publish to the fachas of Madrid. Already we have published these houses of Cano Lasso, and now already, go to by Moya.” Moneo Jumped: “But Oriol, is that you do not understand at all,…”, and put  to argue violentamente. All us hartamos immediately of the discussion, less Federico Correa, that without doing them case, looked slow and sosegadamente your collection of photos. At last they tired , and when seeing Oriol that Federico followed with the photos, said him. “And you Federico what think?” And he said: “I already knew this work, as it does years, a summer and from Comillas, approached to see it. And it is a fantastic work, create I. To me it interests me a lot.” Oriol remained  quiet, but, more or less, decided  that it would publish .

I, after these data, called to Rafa, that quoted me in his study. It said that it had read the text; that was well, but that it had to pulirlo a bit still, and that when it had the definite version went back it to him to give with a collection of photos chosen to purpose. Like this I did it. It took time in publishing , because I remember that all this was in 1975, year of the death of the dictator, and did not publish  until 1976, in the number 12 of the magazine. I had put him the title of “On the construction of an ideal city”, but they changed it to him by “The labour university of Gijón or the power of the architectures”, like reply to the title of the previous article, that did of companion and that called  “Ideology and language in the architectures of the power”, written by Helio Piñón, and that was well, but without leaving to handle some of the commonplaces to the use.

The true is that, after this, and knowing Moneo that I, like professor, was doing the doctorate and needed to do a thesis, said me: “And why you do not do the thesis on the architecture of Moya?”. I answered him. “If you direct it to me your, yes”. The said that yes, that directed it to me, and I presented it and launched me. I said it to him to Moya, that seemed him very exaggerated, but put to my disposal the archive of his study, that then no longer worked; hardly it was there. I put me there in depth, photographed and copied many of his planes and drawings, located his articles and the publications of his works, visited many of these and went to Gijón repeated times, even to dive in an archive of planes –of copies- that there was there, pertinent of the work.

I decided to do the thesis fundamentally on the work historicista and, also, that went it to divide in two parts. One, the theory that deduced  of his writings, that were quite a lot, and that I went to order, almost to the way of an evangelist, and to gloss, more than to criticise. And another, composed by the analysis of the works, that went to be the most important from the “Architectural Dream” until the Labour. I delivered it and I read in 1979. The court chaired it Antonio Fernández Alba, and was composed also by Antonio Bonet Correa, Ignacio of Solá-Moral, Carlos Sambricio and Rafael Moneo, as then the director formed part of the court. They put me excellent by unanimity, that was the equivalent to the “cum Laude”, as this note did not exist then in the Technical Schools. I carried to eat to the court and to some fellow to the restaurant “Pepe Bottle”, that was in the square of Two May. I had left to be boyfriend of Julia Alonso-Martínez; perhaps the roll of the thesis, always so hard, had poisoned us. The thesis, that had cost me a lot of effort, published it the School of Architects in 1981 in shape of book with the title “The architecture of Luis Moya White”. A lot of years afterwards, when I worked in Fine arts to the orders of Dionisio Hernández Gil, this said me that a day had appeared Adolfo López Durán by his house with my book under the arm and had said him. “It looks, it looks, what to us seemed us very well and to you no, now value it!” Definitely it referred  to discussions in the School on the modernisation of the education when Dionisio and Moneo were professors of Analysis. The true is that, as I thought, the big personality of Moya, able to write defending the classical architecture and attacking the modern, and able to do classicistic architecture no conventional, was almost the only base of the conservative architectural ideology in the Franco regime. Without Moya had remained  simply in ball.

Luis Moya had left to belong to the School in 1971 or 1972, to give class in the School of Pamplona, of the Opus Dei. The ones of Pamplona stuck it because D´Ors had invented  a history with the greater “professors” (Moya, Camera,..), that was to appoint them “supernumeraries”. What did was, in definite, remove them the classes and invite them to the retirement anticipated. Moya, as they called him of Pamplona, was , and there was quite a lot of years.

I explain it because Moya added the School of Pamplona to the list of his benefactores, then compound so only by the Marianistas, to whose School (Pilar) had gone and that they were ones of his more important customers. Thus it decided to divide in two the legacy of his library, a part for the School of Pamplona and another for the School Mayor Chaminade, his work, and of the Marianistas. I suppose that with the School of Madrid, of which had been so much time professor –one of the more illustrate- and that at the end had given him a slap, did not want to know at all.

But, anyway, my thesis meant in some measure one some reconciliation with the School and, like this, Antonio Fernández Alba –mine boss and that it was president of the court of thesis- put  in contact with Moya –I knew that this, in fact, respected it a lot, and the proof was his vote in the opposition of Elements- and asked him that it left to the School of Madrid his professional documentation; his planes and drawings, go, and what to him seemed him convenient. To Moya seemed him well, and like this remained suited.

A good day Moya called me to me and said me that it had sold the study, by what it was necessary to carry his material to the School with urgency. I did not know that do, so I called to Javier Ortega and asked him the favour that it helped me to carry it in my own car. Like this we did it, in several trips, and leave it deposited and entirely disordered in the library. When We Were collecting it, Moya said me that before we put it everything in the School I would have to choose a drawing for me. It seemed me stupendous, and after a lot think chose the plane of the definite façade of Saint Agustín, that had decided already like cover of the book of my thesis. In the middle of the election, said me. “The truth is that you would owe to choose 2. What less, after your effort”. Then I took also the axonometría seccionada of the pyramid of the “architectural Dream”. He, when seeing the election, commented: “What technical!”. I do not know if it was one some disappointment because I had not chosen them more artistic “”. Afterwards it went up to his house and went down with another drawing of the façade of Saint Agustín, one of a previous version to the definite, smaller and quite beautiful. And it said me: “it Looks, it remembered that this had it home, Remain it to you you also”. So I have three very good drawings of Moya, given by him same.

Luis Moya was a man with a very singular head –the said that of Indian, by his ancestry mejicana-, of half height and with glasses, as it was extremely miope. When I knew him hardly saw; it cleared me that to my knew me by the voice. It was kind and very good charlista, extremely literate and with quite a lot of critical sense. When already it relaxed  with me –as at the beginning desconfiaba- happen a lot of afternoons speaking of a lot of things, although it was used to to be the the one who explained it almost everything. His woman, Conchita Pérez Masegosa was a very singular woman, little sociable and very critical, and that to me took me a lot appreciated by my dedication to the work of his husband. It called me Cristóbal Columbus; that is to say, the discoverer. Both were to my wedding when Chinina and I marry us in Saint Agustín, his Church. The priest –that was a jesuita fellow- spoke of the in the homilía.

Afterwards Javier García-Gutiérez Mosteiro did another thesis on Luis Moya, this time on Moya like cartoonist, in all his appearances, and attained to organise something the legated that Javier Ortega and I had left caóticamente in the Library. It discovered a lot of drawings, that I not even knew, and that justified perhaps the comment of Luis when my election. Afterwards we organise some exhibitions. One was for the School of Architects, another for Gijón, more complete, in the building of the Real Institute of Jovellanos. Another, almost the same that this, went for the Spanish Academy of Fine arts in Rome, done when Ricardo Aroca was the director of the School, and to the one who had asked him Felipe Garín, then director of the Academy, that did him something. Of that were to Rome, to inaugurate the exhibition, Aroca, Hernández León (that it was then the Boss of Studies) and Mosteiro and I, that had mounted it. In the Academy of Rome, the drawings of Moya remained splendid, and the Romans that saw them found them so natural like glorious.

With all these things, the legacy of Moya went  ordering, and what exposed  saved  already framed. The ordenación stronger was, however, back, with reason of a last exhibition, that I proposed to Gerardo Mingo, inside the series that did the general direction of Architecture in the arquerías. We did it Mosteiro and I like commissioners and documentalists and my partners, Consuelo Martorell –my woman- and Mónica Alberola like designers. It commissioned  a big series of new photographies to the photographer, architect and professor of the School Eduardo Sánchez. The exhibition remained very well, had quite success and did  a glorious catalogue, whose texts write almost solos –added  only some complementary texts of Luis Moya González and Juan Moya Arderíus- Mosteiro and I. As a result of the bequeathed the School of Architecture devoted a classroom to Moya, where put  a plate.

12.

The case is that, already doctor, Antonio Fernández Alba proposed me that it covered the square of Attach Interim of Technical Drawing, no to give class there, but to follow with Elements of Composition, and that improved of nomination. Julio Vidaurre remained  calm because, as it did not have doctors, no put him  anybody that did not interest him. I asked it, they gave it to me, and followed giving class in Elements, although I helped also on time to Julio.

But we go back now to the Board of School (to the revolutionary or provisional, to which I belonged) and to the year 1980. I was thinking that, in spite of my historial, no to at all in Elements, as there was chair –Antonio-, aggregated –Juan Navarro- and attach –Manolo Marry-. For the academic career in Elements there was not porvenir, and I, decididamente, wanted to do the academic career. The profession was fatal and there were a lot of things that disliked me.

So I fixed me in that what was vacant and without any numerario was the ancient chair of D´Ors, the one of Composition II, that was theory, occupied like attendant by Miguel Durán Lóriga. I began me to dazzle with this idea and, in fact, aimed me to an opposition to the body of adjuntos for this asignatura. Afterwards I agreed me of Moneo and thought that, to the turn of some years, and fed up of Barcelona, would finish  presenting to this chair, that went him like ring to the finger. So I decided that it went him to wrap I same. Better be the attach of Moneo that dazzle me I with the chair and that stepped it to me he. A day went me to see him and asked him that what such would seem him give in Madrid this asignatura like Interim Chair. It said me that it could be and that if there were possibilities. I said him that yes, and that in fact thought to pose it in the School.

And I posed it in the Board of School. I said that it already had spoken with Moneo and that agreed. So the Board approved to propose him like Attendant of Chair, but for this had to resign Miguel Durán. Larrodera –Provisional director then; afterwards it was it effective- remained in speaking with him and ask him the withdrawal. In the following Together Larrodera informed us that Durán denied  to resign; that it had  knowledgeable of how worked the subject and that for destituirle was precise to declare previously his “pedagogical inability”. The truth is that I had testimonies very sinister of how gave class this gentleman, by what did not doubt in supporting this statement, that approved  in the Board by a majority, and did  effective, in spite of the violent that all that resulted him to Larrodera. It did  like this,  him destituyó and said him  to Moneo that requested the nomination. It did it, they appointed him, and it gave class with big success more or less from 1981 until 1985 in that it went  of Dean to Harvard.

I remember a meeting a day, do not know of what, in which we were Carlos Sambricio and I, with Manuel Castañs and Antonio Fernández Alba. Carlos Sambricio took out the subject of Harvard and Moneo, without any doubt to see that it said Alba. And this said: “But, Carlos, you, for real, want to go to Harvard, because this is a foolishness, achieves  easy….” Carlos said “Looks, Antonio, for me Harvard is like Hollywood for a blond tetuda…”. Manuel Castañs died  of laugh.

But we follow with the important. When Moneo seated the square, Antonio Fernández Alba proposed that to me, that was inscribed in the oppositions to attach of Composition, that appointed me  already interim of this asignatura and that worked in her with Moneo. I said that well, but went back to trip with the interim, that was interim, Maria Victoria Gutiérrez Guitián, that neither wanted to resign. Since it had forced  to Durán thought in forcing also this destitución, that was easier, but I did not want. I was still in Elements and was preparing the opposition to the adjuntía.

I was already then attach interim of Elements, because Manolo Marry, the attach to title, with which I worked simultaneously, had gone . It had seated the square of Boss of the Inspection of Monuments of the General Direction of Fine arts, sucediendo to Dionisio Hernández Gil, that had been appointed General Deputy director of Restoration by Javier Tusell, that was then the General Director (with UCD and the government of Suárez), and that had created this sub-directorate for Dionisio and so that it could continue with this place the impulse and the modernisation of the official restoration of monuments that had initiated. Being already Manolo of Boss of the Inspection, already in the year 1980, commissioned me do works in the Cathedral of Oviedo, and afterwards any another, with which I began one some career like architect restaurador. To this period began to go out with Consuelo Martorell Aroca, one of the most good-looking girls that had stepped the School, if no the one who more, charming and nice, and that it was my student in Elements. On 3 July 1981 we marry us.

Juan Daniel Fullaondo had gone back to the School and put it of attach of Sáenz of Oíza, and was the only that called it of you. It was very jealous of the fame of Moneo and, although theoretical friends, spoke very bad of him. It seated him fatal that called to Moneo to be interim chair of Composition, instead of to him. The most famous professors and wanted by the students of the group of Oíza were Gabriel Ruiz Cabrero, Javier Vellés and Alfonso Valdés. In some seasons Fullaondo acaudilló the envy to these professors, and between all the others went down them the notes to his students. A course, after an indecent descent of notes, I got angry me, as it had seen the exercises, that were very brilliant, some of ancient mine students, and mount an exhibition –the truth is that I do not remember as they initiated  the contacts- in the Gallery Ynguanzo, that was of the widowed marchioness of Santa Cruz of Ynguanzo, an Asturian title, and a lady that had two children in architecture and that was interested in doing some exhibition of this type. We gather a gang of professors and of students, and some fellow painters, as Guillermo Pérez Villalta and Carlos Forns; we exposed the exercises of the students and ours things. When it inaugurated , the success of public was amazing, did not fit  in the gallery, of course, but almost neither in the street of Antonio Maura. This exhibition had some echo, strolled  by some schools of architecture and any another gallery and went out in some modern magazines of the period –was 1980-, what did us ingresar in the “moved Madrilenian” like the group of architects of that roll. Of all this remained also a book, “Modern Architectures”, edited by ProNaos and paid by the General Sub-directorate of Plastic Arts of the Ministry of culture, to which ask a scholarship.

Enough years before –when, in the 70, took out the School advance as we could- had done a gang of 7 –Manuel of the Houses, Carlos Sambricio, Gabriel Ruiz Cabrero, Javier Vellés, Alfonso Valdés, Javier Frechilla and I-, and had forced it, to consolidate a friendship incipiente that had of the School. We decide to dine together all the Fridays, a day home of each one, and with the women and girlfriends. We said that we had a Logia masónica, and happened it fantastic. In the School, envidiosos, other professors, called him “the mafia”. If it was or no a mafia, perhaps more or less worked, as five arrive to chairs, all less Javier Vellés, that went  of the School, and Alfonso Valdés, that went in in one some decadence, threw him afterwards like professor, as it followed of associated after a lot of years, and afterwards of some sad peripecias died prematurely. The Logia lasted some years, and afterwards went  diluting. Gabriel, Javier Vellés and I mount a new gang, with Antonio Riviére and with other more youngsters that had been ours students: Cristóbal Bellver, Pedro Miralles, Pedro Feduchi, Luis Moreno, Álvaro Soto, Sigfrido Martín Begué and Consuelo Martorell. They were, clear, other women and girlfriends, and some other girls that were not architects, as Selina Blasco, friend of Pedro Feduchi and that afterwards married  with him, and Paloma Canivet. We went all the Fridays to the bar Chicote, that then was in total decadence, and afterwards dined by here or home of somebody. This lasted also some years, happen it very well and the friendships consolidated  a lot. There has been other two drops, as Cristóbal Bellver and Pedro Miralles, the two Valencians, died very prematurely.

13.

In those times carried the magazine Architecture, the one of the School, Jerónimo Junquera and Estanislao Pérez Pita. I had collaborated sometimes with them, and also had done it Carlos Sambricio, Javier Frechilla, Gabriel Ruiz Cabrero, Alfonso Valdés, Mayte Muñoz and Juan Antonio Cortés. When it arrived the new contest of the magazine by part of the School, and in view of that the seven had collaborated already so much with them, proposed them present us all together. They did not want to, because then we would be majority, which was absurd as the seven did not present any monolitismo. The case is that we said them that then we would present us alone, as like this we did. The Dean of the School was Larrodera, at the same time that it was, create to remember, the director of the School. To me and to Frechilla knew us and estimated enough, by what had this baza. But anybody encouraged  to be the director. I spoke with which then was my coined, Manuel Vega, journalist and founder of quite a lot of magazines, to see if it encouraged  to go with us, and said me that yes. I encouraged to my time to Gabriel and to Javier to present  with me of directors and to propose to the others four like advisers of editorial. Like this we did it and we win the contest. We were in the magazine until the year 86, after having won a new contest in the 82. My coined Manolo mounted it to us everything, but to the year said that it went . We substitute it with Juan Paz Canalejo, architect and fellow ours, that was to the end. Also we had some seasons to Macarena Big, Ramón War and Luis Moreno Mansilla. We did a magazine that was very pedagogical –were all professors- and also very popular. Then there was few and had big success. This yes, in 1986, when we did it better, the School did not renew us the contest, so we went us by where had come.

In the years in that we began in the magazine Architecture, Alberto Field was very active in the School and –create to remember that with the help of the School- brought to some personalities to give conferences. I remember to Siza, Mario Botta, Richard Meier, Vittorio of Ugly, Mario Galdensonas, etc. Celebrated  talks and critical sessions. I was then a critic in heave, and like this was parsley forced of all these sauces.

To finals of 1982, when Moneo gave class of Composition II with the help of Juan Antonio Cortés, José Barbeito and María Victoria Gutiérrez Guitián, celebrated  the opposition to the adjuntía with two squares for the body and of this asignatura, that is to say to what I was inscribed. They presented  with me the quoted María Victoria (Mariví) and Emilio Jiménez Julián, a Valencian. In the court were Fernando Chueca Goitia of President, and besides Ignacio de Solá Moral, Jaime López de Asiaín and the two brothers Trillo de Leyva, Manuel and Juan Luis. The opposition was a first exercise of autobombo and program, in which they threw to Mariví, another second of three lessons of your program taken out to the draw, of the that the court chose one, that had to develop by writing and afterwards read, and a third practical, in which they put us do an arrangement of the square of the Comendadoras. In the presentation of the practical exercise there were a lot of people, was Moneo, and was also Manolo Marry that it had carried to Dionisio. This came me well in front of the court –in front of Chueca- as it supposed  that the public went by me. They gave me the first square and to Emilio the second. At the beginning they seated you provisionally in the square, that afterwards had to occupy by contest of access. To us it seated us in the square a disposal of the L.R.Or. Of 1984, that changed us of Adjuntos to Headlines. It was worse, but with better name.

I did not begin to give class –and, like this, never gave it with Moneo-, as to consequence of the ascensión to the power of the PSOE with the government of Felipe González, to Antonio Vázquez of Castro, chair of the School, appointed him General Director of Architecture, and proposed to Manolo Marry that it left the Inspection of Monuments to happen  with him of General Deputy director. Manolo accepted and recommended me to me for the Inspection. Dionisio proposed it to me and there was. It was General Director of Fine arts Manuel Fernández-Miranda, a chair of archaeology gijonés, nephew of gift Torcuato, something greater that I and very intelligent and nice. It died years afterwards prematurely. The Minister was Javier Solana and the Subsecretario, Ignacio Quintana, an ovetense, also intelligent and nice.

I had to ask the commission of service to D. Paco Sáenz of Oíza, that was then the director of the School, with which I had the privilege to have some friendship, and that informed it positively, clear is, but did it rezongando and saying me that no him apetecía at all that me out of the School. This flattered me, clear, coming of him, but said him that it neither would be long.

In Fine arts found –already knew it- to some quite known architects by me, the greater part of them professors of the School, such as Antonio Almagro, Carlos Baztán, Amparo Berrinches, Alberto Humanes and José Miguel Merino of Cáceres. I went like this the General Inspector of Monuments of the State, according to the Law of 1933, and of 1983 to 1985, the last before the transfers to the Autonomous Communities and of the new Law of the Historical Heritage. There I had a good time, although also badly some times, learnt a lot and commissioned me the restoration and the terminación of the Museum of America, of Luis Moya, work that did first of job and afterwards like free professional when I went back to the School. Compatibilicé This place with the direction of the magazine Architecture, and in him was doing a work of investigation that finished turning into a book that has had enough success: “Metamorfosis of monuments and theories of the restoration”, that was published by Alliance Forms.

In 1985 the Minister Solana did to approve by the parliament the new Law of the Historical Heritage Spanish and was celebrating the transfers to the regions, by what the Inspection remained  almost without content. Besides, Dionisio Hernández Gil had been appointed General Director after Fernández-Miranda –I was a season general deputy director in functions- and created the Spanish Institute of the Historical Heritage, appointing to Antonio Fernández Alba like Director. To me it said me that if it wanted that it remained me, but I appreciated it to him and went back to the School.

There I incorporated me to the chair of Composition II, that carried Juan Antonio Cortés like Attendant, as it had resulted to be Professor Title when having approved the proofs of idoneidad that did the L.R.Or. They followed with him Pepe Barbeito and Mariví. It was Larrodera the director of the School –now no longer provisional- and proposed me be I the Attendant of the chair. I said him that no, because it wanted to be in dedication no complete to be freer with the magazine Architecture and neither liked me go through on of Juan Antonio, although he think that of this mine gesture never know.

Afterwards they did professor associated of the asignatura to Bernardo Ynzenga, to the that I only knew of sight, and to Juan Antonio seated him badly, as it was greater that we and without experience to give the asignatura as it gave  –something founded by Moneo- and condemned him to give comment of texts in both groups, thing that Bernardo did with joy and efficiency. Of that did us fellow. The main program gave it Juan Antonio and I, each one his and to the two groups. In the afternoon they gave it Barbeito, that bent to Juan Antonio, and Mariví, that bent me to me. Bernardo gave the comments of texts on the books recommended of the two programs. We did it during two courses, at least, and worked well. There are testimonies of some publications that prepare.

Moneo, as I said, had gone  to Harvard, where already had been professor, hired like Dean of the Faculty. A season before going  called me to see us and chat, and went us walking by the Castellana until the Station of Atocha, where to him him apetecía look the gap that would have to fill up with his project. There it explained me the of Harvard, saying me that, after his family, said it to me to me before that to anybody, and that did it because the chair went to go out to opposition and he already, with the of Harvard, did not go  to present. Like this, that had to prepare me.

In effect, it went out the opposition to chair, and no one, but 2 squares. What had occurred is that Juan Miguel Hernández León, that had presented  and won an adjuntía of Aesthetics and Composition, as it aspired logically to chair, there was presionado to Adolfo Amézqueta so that it went out a square. Amézqueta, that had gone  to Seville like chair of Analysis of Forms, had recovered his situation in Madrid presenting to the chair of Aesthetics, that had won. After the L.R.Or., the department of Composition gathered the asignaturas of Aesthetics, Composition, History of the Art and History of the Architecture. Also something of Analysis of Forms, as Helena Churches and his husband had manoeuvred to achieve this absurd thing, since Analysis is drawing and would have to be in another Department, and like this be together and dominate the cotarro. Helena had been chair of Valladolid, of Analysis of Forms, by opposition, and of Madrid by contest of transfer. After this manoeuvre, that allowed the School and the Ministry does not know  reason, dominated the Department and Adolfo was the director. Juan Miguel said him to Amézqueta that took out the chair of Composition, not to compete with him if it was of Aesthetics, and convinced him so that it asked two squares. He same said me to me, that knowing that I went me to present, attained that they went out two, one for him and another for me.

The case is that we inscribe us to the squares and also did it Juan Antonio Cortés, that could not present because it did not have the sufficient antiquity, but that asked to the Council of Universities the exemption that foresaw the law, and that it had to have conceded, anyway, when it celebrated  the opposition. Also it inscribed  Miguel Ángel Baldellou, that was not at least title and that also needed the exemption.

Amézqueta, that was the president of the court appointed by the Department –or was, autonombrado; the secretary was Pedro Navascués- denied  to celebrate the 2 squares at the same time and separated them, inexplicably, although afterwards we knew because it was. So they had to celebrate separately. They were time of oppositions, owing to the impulse that the L.R.Or. It had given them, and also it presented  Carlos Sambricio, that already was attach, to the one of History of the Architecture. To this presented  also Navascués, that already was chair of History of the Art, does not know  reason, although afterwards it knew : Navascués had said him to Chueca that wanted to be academic of Fine arts, and this said him that then the best was that it was the chair of History of the Architecture. The true is that it did not attain to be it and afterwards, however, did him academic. The clan Chueca was stronger that the conventions.

The opposition to History of the Architecture was before that ours. I do not remember well the court. I know that it was Ignacio of Solá-Moral, Helena Churches and a Valencian of the that has forgotten me  the name; I do not remember more. It was very argued and, finally, won Carlos. In the last exercise, and acting Navascués, I seated me at the side of Carlos. Navascués Said no  what that to Carlos seated him fatal, and this began to do noise with the seat. His woman, that was behind us, said him that it went out of the classroom, that could not mount numbers, and Carlos went . It was Chueca in the room, that had to be in bad place, because when seeing that it remained free the seat of Carlos, changed  he, do not know if because me vió and had win to do comments. The case is that it did me quite a lot, and as we were in first row and he owed to be a bit deaf, did them in high voice and all the world looked him. Navascués Spoke, think that of the 18th century, as eating him the terrain to Sambricio, and did not put images. And Chueca, after a while, said: “Which more boring opposition! There are not slides…”, in high voice, and I said him, more bajito –do not know if it heard it-, “Yes, gift Fernando, but fix that it is his candidate”. Because it knew  well that Chueca supported to Navascués and no to Carlos. The case is that Carlos went out. Navascués Took a tremendo rebound and already poisoned  for our opposition.

It celebrated  the first ours square. To Juan Antonio had conceded him the exemption, by what also presented . The court were Amézqueta, Navascués, López Aisiaín, and other two that do not remember. It was not Helena Iglesias, that acted between frames. The three did it quite well. I think that did it quite better, although this was not more than an opinion without value when proceeding of me same, but had –and this already is more objective- a lot of more merits that they. Besides I presented for the second exercise an investigation –what afterwards was the book “Metamorfosis of monuments and theories of the restoration”- that it was very interesting and very elaborated. Nevertheless, that gave him the square to Juan Miguel, neither bothered me neither surprised me. It was not bad candidate, was fellow of the gang and remained still another square.

It celebrated  afterwards the second square. They followed being Amézqueta and Navascués in the court, and also López Aisiaín, that was by draw and that went back to go out. They were besides the ínclito Rafael Manzano and a chair of unknown Valency that called  Violeta Montoliu. The surprise was that it presented  Baldellou, that had received the exemption, and already understood the of the separate squares: they were expecting, pulling the term, so that it gave him time to Baldellou to present. By the way that was also inscribed to the chair of History of the Art, but explained us that there was a pact, gave it to him to Antonio Ruiz –very good professor- because to Baldellou had promised him the second square of Composition. Baldellou, although it is greater that I, had done the doctorate did very little, and do not know if it was not to title when it presented  to chair or if it was it, anyway, from did very little time.

Juan Antonio and I did it the same. Or it was, very well; I, create honestly, that better, and followed having better curriculum and better investigation. Baldellou Did it very bad. It noticed  that the educational project was for History of the Art, or for the two things at the same time. The project of investigation, on Velázquez Bosco, did it fatal; it had until disordered the slides. I remember that, when finishing, Leopoldo Uría, that then was of general deputy director in the Institute to the orders of Fernández Alba, said me that there was it fact very well and the another very bad, so it had won. I said him that no; that it already had understood that I did not go to win by no means.

And like this it was. It won Baldellou, with big scandal of the public, that mounted him a chicken to the court, as if it was in the Franco regime. The most fun was that Jose Luis Rodríguez-Noriega call him chorizo and fascist to Amézqueta, that  extrañaba and scandalised because it believes  red! Ja! Simón Marchán, indignant, came me to say that this did not have remedy, but that the investigation that had done was stupendous and that had to publish it, and put me in contact with Alliance Forms, whose director was Fernando Villaverde, that approved the edition of the book. Afterwards Fernando was , and him sucedió Paco Calvo Serraller, that followed throwing the book for in front. I finished to write it in the summer of 1987, in Cangas of Onís, when it was born my son Alberto, and published  in 1988. It has had several reprints and turned into my more known book and important. Now it goes  to publish, will go out in 2009, a second revised edition and increased. It has been the only significant publication –in the sense of original investigation- published in Spain on the restoration and the interpretation of the changes in the architecture of the past.

The result of the oppositions depressed me enough and happened it fatal during a time. For me it was an absolute failure, as this was the line of my educational career for which had prepared me a lot. Never I will forget the manoeuvres of Amézqueta and of Helena Churches, neither neither the collaboration of Navascués and of Manzano. All they deleted me knowingly that it deserved the square. The School of Madrid remained  without that I was chair of Theory, and she lost it to him, no so much I, that, over time, already gave me the same. In Composition continue giving class until final of course, but I decided to leave me of there, and using a clause of the L.R.Or., I asked my change of Titularity to Projects. It was necessary to have the venia of the Department to the that wanted to go, that obtained by means of the friendliness of Antonio Vázquez of Castro, and command the request and the curriculum to the Council of Universities, that conceded me the change. I went back to give class with Manolo Marry that, after having been General Director of Architecture, had presented  to chair –I advised it to him vividly- and had won it. Also they had won chairs of Projects in those years Juan Daniel Fullaondo and Alberto Field. This was to 1987. We worked together Manolo Casas, Emilio Tuñón and I, carrying Projects I. They were the times of the vertical workshops, and already had disappeared even the horizontal condition of Elements of Composition, that at the beginning conserved . The first year had a promotion in which we did very good friends, as Mónica Alberola (that afterwards it was mine partner and professor with me in the School), Juan García Millán (that it married  with Mónica and that went long afterwards director of the magazine Architecture with me of 2000 to 2008), Pilar Sánchez Izquierdo(that it worked long with Manolo Marry), Vega Ortiz (daughter of Miguel the bookseller), Pedro Moral, César Cabanas and Paloma Santamaría, that worked some time with me.

14.

Being already again in the courses of projects called me of the School of Valladolid –called me Javier Rivera, professor of History and director then of the Department of Theory and Projects- to propose me that it presented me to a chair of Composition of there. I said him that no, that had withdrawn me of Composition, but that called to Juan Antonio, that sure that it wanted to. Also I said them that if they took out a chair of Projects yes that it would present me. They did the two things. They took out the one of Composition, to which presented  Juan Antonio and won, and took out the one of Projects, already in 1989, to which I presented me. They were in the court, appointed by the School, Manuel Trillo and José Ignacio Linazasoro, that had been chairs of there, and by draw went out Oriol Bohigas, Juan Navarro and Muntañola. It came me well that the court was well, with Oriol and Juan to give him true height, as it presented me only and no me apetecía that it seemed a military walk. I prepared enough the educational project, thinking that it would serve me more advance as like this it was, and went back to explain the “Metamorfosis of Monuments” like project of investigation. It was already a book, and gave it to him to all the members of the court. I took out the square and incorporated me there already in May or June, with the course almost finishing.

The first that found there was a quite wild strike by cause of Projects. Complicated, but, in reality, because they suspended. Javier Rivera said that it had to speak them I, that the fact that it was flamante chair and of Madrid had a lot of importance. It did  a meeting in the living room of acts and spoke them. I said them especially that the most important capital of the career was to know project and that it was necessary to work. Salvador Kills commented, that well, that seemed a colonel and that this was what did fault. The truth is that the strike finished.

Rivera insisted on in that it presented me to Director. It said that it would choose me all the world. I said that yes, but with the mouth girl. To measure that went happening the time every time me apetecía less, and a day, from Madrid, called him and said him that it was decided to not to present me; that it loaned me to be director of the department. It had occurred me  that to Ramón Rodríguez Llera, that was professor of history and was in Rome, sure that him apetecía. Javier said, that well, as to the department, but that did not say at all and like him had done to run the voice that it presented me I, did not go  to present anybody. “Then, the last day present to Ramón, no longer gives him time to present  to anybody, and goes out”. Like this we did it and it went out. These of letters are some strategists and likes them be directors of a School of Architecture more than to a silly a pencil.

I had a good time in Valladolid. I was director of the department. They did me case in everything. With finance of the School of Architects carried to a lot of lecturers; I did to parade by there to the greater part of the more lujoso of Spain. Ramón, already director, said: “Antón reigns, but does not govern”. I left there many good friends: Javier Rivera, Ramón, Salvador Kills, Josefina González, Miguel Ángel of the Church, Paloma Gil, Julio Grijalba, Darío Álvarez, Pedro Luis Galician, Fernando Díaz-Pinés (that it was mine student in Madrid)…..I was three courses. Before fulfilling the three won a square of chair of Madrid, but remained me in Valladolid until completing the course.

In Madrid had gone out three together squares and inscribed me, as it was my opportunity: or then, or dificilísimo go back. We present us Luis Fernández-Galiano, María Teresa Muñoz, Salvador Pérez Brook, Francisco Fernández-Longoria, José Miguel Prada Poole and I. The court were Antonio Vázquez of Castro, Manuel of the Houses, Muntañola, Luis Crag and Helio Piñón. In the first exercise, Salvador Pérez Brook, that already had lost in a previous opposition against Linazasoro, presented  in plan combativo, and taught them something as well as 10 cars of slides of the round big with his projects and works, taking advantage of that the first exercise did not have limitation of time. I was not able to go in to the exercises of the others, but neither to go me of the School. When the of Salvador, intrigado, went in to see that it happened: they went out plants of chalés. I went me. I went back to look a lot afterwards and followed going out plants. It was like a Venezuelan serial. I did not remain me to the comments of the court, but was as to the 2 of the morning. They explained me that Helio had said him that if it had confused them with directors of some Japanese multinational and pretended to place them works. Only we happen to the second exercise Fernández-Galiano and I. I presented a project of investigation on Alvar Aalto that today is a book in the publisher Akal. They gave us the squares and remained a vacancy. This was to finals of 1991.

Pérez Arroyo resorted the result in front of the Rector, especially with the argument that he was a big proyectista very experienced, employing to Fernández-Galiano, that does not exert the profession, like example of offend. We answered to the resource, with the help of a lawyer of Ricardo Aroca, but the Rector did not resolve. It happened the time, I did not have haste, as it was still in Valladolid, but the thing happened already of dark chestnut tree. We ask him to Ricardo –that it was then the director of the school- that said him something to the Rector –already had done it- and said that yes, that would insist, but that sent him also we a letter. I wrote him arguing my condition of chair of the asignatura and to having won the square in good lid –I yes was proyectista- and Galiano sent him a very gone up text of tone. The case is that it reacted and sentenced salomónicamente accepting our nomination, but ordering to the court that, regarding the third square that had remained  empty, that went back  to judge the performance of Pérez Brook and that followed with him the opposition. The court gathered , went back to judge to Pérez Brook, and instead of a 2 put him a 0. It saw  come. The thing finished here, as Salvador did not insist.

Well, in reality, it did not finish, as Longoria and Prada Poole opened a contentious resource. I, that had been in the administration and something know of administrative procedures said that the dispute could not be admitted to formality, as they, to the have not resorted against the rector, had not exhausted the administrative road, previous to the contentious. But, with my surprise, admitted it to him and gave us knowledge to us, like parts affected, so that us personáramos in the procedure. All the world said us that we had to do it by that if it could not be fatal. It was lie; if somebody is in an alike case the best is that no  persone in the procedure; only it will lose time and money. We in fact, were seated in our square, and had said us also that in case to fail the dispute in favour of them, to us, already in square, no removed it to us. The case is that Galiano and I, by obstinacy of him, decide to leave to the lawyer of Ricardo and hammer higher, and took one of the dispatch of Alzaga, of the that do not remember the name. When it did the main writing did it quite bad and I had to it to him correct. It earned us 250.000 ptas. And we would owe him other so many at the end. This end arrived and gave me the reason: there was not place to the dispute by have not exhausted the administrative road. But they had admitted it to formality, and in saying this took seems me that three years. I said him to Galiano that to the lawyer did not pay him the second part, in reality, had not done at all, more than a bad writing that besides had been useless. But Galiano said that these people was very dangerous –this is truth- and that it was better to pay him, so we did it. Craso Error, if you see you in case seemed do not pay. They live the courts and the picapleitos! It results quite clear that the court, when admitting in a principle the resource “so that there was not indefensión” did not do another thing that prejudice to which had won and protect the existence of lawsuits and of picapleitos. If in Spain left  in the 50 percent to the lawyers and judges and to his activity the country was saved.

When it was in Valladolid arrived there the rumour that Víctor D´Ors had married  with Alicia Eavesdropper. The truth is that with Alicia anybody had dared in the School. His sister Virginia married  in followed –with Manolo Gómez Gaite, as I already said-, but Alicia remained soltera. Already something greater gave him the himself to D. Víctor, that was then more than jubilado. They say that Chueca, to the enterarse, commented, definitely with envy, “Ah, Víctor, pillín, pillín,..” Ricardo Aroca explained the three lies that D. Víctor had explained him to Alicia to convince it. One, that had money; another, that no longer was active sexually and the third, that went  die prompt. The truth is that it lasted some years, but died relatively prompt. When Ricardo Aroca married  years afterwards with María Jesús, his secretary, although Ricardo was not jubilado neither there was so much difference of age, I, to do him rabiar, asked him: “And you, which lies have explained him to María Jesús”. It gave him a lot of anger, of course, and did not say at all.

All the wrap of the dispute of the opposition was when I already carried a time of chair of Madrid, then , as I said, seated us in square after the resolution of the rector. At the beginning I associated me with Manolo Casas, in a chair with two bosses, and a lot of professors, our mates of always of Elements and some others. Afterwards we separate us and I carried me to the modern, that Manolo left me with some generosity, but that, in reality, were my friends: Emilio Tuñón, Luis Moreno, Álvaro Soto, Pedro Feduchi, Luis Rojo and Federico Soriano. This last, in accordance with his disposition, went  immediately to another group with a more modern boss that I.

The truth is that we were not very in accordance with the program –the disentimiento on the programs has been many times, and will keep on being, common characteristic of the groups of projects-, but did a solution that worked. They were the times of the vertical workshops, and decide to do a program mark, with a thematic and a common place, and of here concretise two specific programs, one for Projects I, II and III, that carried it Emilio, Luis, Álvaro and the another Luis, and another for Elements of Composition and a part of Projects I (to balance the number) that carried it Pedro Feduchi and I, what coincided with the classrooms, as we had a big and another small. I gave sometimes theoretical classes more organised and for all in the big class. We were like this a few years and went out well; we did some publications that reflect this stage. We did also some fun trips with the students: to London, to Berlin, to New York,… Afterwards, something more advance, went in with us of professor Sergio de Miguel, that had been mine student of doctorate.

I think that it was to 1994 when Ricardo Aroca proposed me that it was Sub-director of the School, commissioning me of Investigation, Doctorate and postgraduate. At the beginning I said him that no, but I finished saying him that yes. I was 6 years, as I continued something, very little, with Juan Miguel Hernández León when him sucedió. Before, being director of the department Antonio Miranda, Aroca had said him that it appointed me representative of Projects in the commission that elaborated the Plan of 1996, and there was; it was quite tin, especially by the insoportables postures of some, varied of them professors of projects, that now will not appoint, as if it did it could not avoid censor them.

The Sub-directorate with Aroca was not badly. I amused me, I worked, I learnt things, and related me with interesting people of the distinct School of the one of projects. The worst was that, like Sub-director of Doctorate, had to go to the commissions of the rectorship where also was Helena Churches, what I carried very bad, by the already known and because it is insoportable. We had a few fights, some fat, and I won them all, but did not like me at all.

Participate of the direction of Aroca, of the editorial of the new Plan and all this was interesting and many times fun. Aroca Worked in those years untiringly for the School, gave him to all the turn, instituyó a lot of things, and today owe him almost all the well that the ordenación of the School has. In the concrete, the worst were the Boards of School, as Aroca caused a fierce opposition of the gang of Amézqueta and Helena, to which had joined  Soriano and his, and the boards were true battles campales, as Ricardo, to the that likes him the fight, enjoyed with those conflicts that to me resulted me exhausting.

When in 1996 it began the new Plan –then denostado by all, absurdly, as the Plan 1975 was one of the worst that the school had- I loaned me to go to first, that in the second semester already had projects. Also it was Fernández-Galiano, equally voluntary. I had to compatibilizar this year the group of Elements –for which looked for me like extra assistant official to Pilar García Arranz, that had been mine student and him apetecía- and allocated with me to 1º of the new Plan to Pedro Feduchi and to Sergio of Miguel. The other remained  with the old Plan. It was a very good promotion, to which follow giving class in second, some –few- changed and others no. Of that first promotion did good friends, as Antonio Moral, David of Diego, Miriam López Rodero, Laura Andueza, Victoria Mateos, Anais González,… today all architects. To this promotion, together with the old Plan, carry them to a trip to see the works of Him Corbusier in France –travel that we already had done again- in first, and to Extremadura, Lisbon and Oporto in second, together with the following promotion. Afterwards we did trips shorter with other promotions. Several times did in autumn a trip by Asturias Santander and the Basque Country. Again we went back to New York, but I was not..

To the following year already were all to the new Plan, always in 1º and 2º, delivered us the semesters and groups and did similar or distinct programs. There are testimonies published. Afterwards they were going in new professors (Mónica Alberola, first, and afterwards Luis Díaz-Mauriño and José María Churtichaga), and the ones of before, less Sergio of Miguel, were disappearing. Luis Moreno and Emilio Tuñón finished the doctorate and did  headlines. They mounted his own educational units and carried  to Luis Red, first, and to Álvaro Soto, afterwards. Pedro Feduchi proposed an optativa of Design of Furniture, that accepted him , and left to give class in the normal courses of Projects.

The education in the new Plan, in first and second, resulted for me highly satisfactory. It was resembled Elements of Composition, but along course and half and with boys younger. It noticed  a lot –and it follows  noticing- the high note of the selectivity with which the students go in to the School. It began the big influx of women, something more than the half.

In 1998 Juan Miguel Hernández León proposed me participate in the foundation of a new magazine, with the publisher Iberian America, having to Pepe Ballesteros like the responsible editor. It went to be a magazine of format no conventional, cheap, and went  to call “Passages of architecture and critical”. It asked me to which people seemed me that we could call, and I said him that to Gabriel Ruiz Cabrero, to Emilio Tuñón and to Luis Moreno Mansilla. It called them, and we incorporate also to the council of editorial, in shape more theoretical that real, to Eduardo Souto, Elías Torres And José Ramón Sierra. The magazine started and worked; it was very economic, had a lot success in the School and devote us to carry out it, without earning or with emolumentos symbolic. During two years wrote a lot of articles and belonged very actively to the council of editorial.

But in 2000, precisely when Juan Miguel Hernández León presented  to Director of the School and went out elected, to Pepe Ballesteros occurred him  that we could present us to the direction of the magazine Architecture, the one of the School, and convinced us to Ricardo Sánchez Lampreave and to me that we did it with him. Javier García Mosteiro, that was then in the Board of the School with Fernando Chueca like Dean, encouraged us a lot to do it, as it trusted we and was very empeñado in that the magazine continued and improved. We encourage us finally, we present us and we win the contest. But I put me bad. I invented me to Juan García Millán, the husband of Mónica Alberola, that had been mine student and afterwards partner, so that it covered me the drop, and like this initiated it they without me. To the following year Ricardo decided to leave it and I, that already was well, incorporated me. Afterwards it went  Pepe and remain Juan and I alone. In 2004 we went back to present us to the contest, with Ricardo again like adviser of direction, and went back it to win. We did like this the magazine during 8 years and half, almost 9, taking out 32 numbers, and remain quite happy to having done a magazine that could understand like school and that had quite a lot of quality. In 2008 we went back to present us to the contest, although with few hopes and with no too many win. We lost.

In the School was giving class some years with Sergio, Mónica, Luis and José María. We follow at the beginning in first and second, but afterwards the department changed us to 5º, first, and to 4º, afterwards. We went back to 1º and 2º in the course 2008-2009. Precisely in the previous spring chose  like Director of the School to Luis Maldonado, and in the department of Projects Darío Gazapo sucedió to Gabriel Ruiz Cabrero. A change of generation; mine began to glide  to the dotage.

Antón Capitel · Doctor architect · professor in ETSAM

Madrid · may 2009

[:]

Antón Capitel
Antón Capitelhttp://acapitel.blogspot.com.es/
Es arquitecto y catedrático de Proyectos de la Escuela de Arquitectura de Madrid, fue director de la revista Arquitectura (COAM) de 1981 a 1986 y de 2001 a 2009. Historiador, ensayista y crítico, ha publicado numerosos artículos en revistas españolas y extranjeras sobre arquitectura española e internacional. Entre sus libros destacan diferentes monografías sobre arquitectos.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR

4 COMENTARIOS

0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
4 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados
Sergio Jimenez
Sergio Jimenez
11 months ago

Reportaje estudiantil, historiado entre toda clase de personajes: Ambiciosos, listillos, enterados, estudiosos, vagos, aprovechados. Pena la carencia de imagenes.

Antonio Bellido
Antonio Bellido
9 years ago

Me sorprende ver esta historia entremezclada con la mía… algunos interrogantes que tenía han sido despejados. Súblime la pregunta a Aroca en el plano personal… pero ahí yo dispongo de más detalles.

Alberto Alonso Oro
Alberto Alonso Oro
11 years ago

LA ESCUELA INFORMAL. Migule Ángel Díaz Camacho
Las Escuelas de Arquitectura
presentan diversas formas, capas, presencias, historias. Entre sus muros el
tiempo se acelera en los momentos tumultuosos, a veces se detiene en la soledad
de las noches de invierno. Existen escuelas fundacionales, instituciones históricas como la ETSA Madrid, la
más antigua de España, cuyo edificio principal fue parcialmente destruido
durante la Guerra Civil (1). Otras sin embargo, aprovechan estructuras
existentes, como los mat-buildings de
la ETSA Valencia, o surgen como infraestructuras de nueva planta, por ejemplo
en Navarra (2), Alicante (3) y tantas otras. Existen también escuelas aditivas, campus como micro-ciudades en cuyo interior cristalizan y
se yuxtaponen arquitecturas sucesivas en el tiempo (4).
http://goo.gl/4Rgthu

Jorge
Jorge
12 years ago

Y quien habla de malos profesores..????

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS