[:es]
Tal como decía José Ortega y Gasset:
“Cuando en un mosaico falta una pieza, la reconocemos por el hueco que deja, lo que de ella vemos es su ausencia; su modo de estar presente es faltar, por tanto es estar ausente”
Por eso he subtitulado este texto como “La presencia de la ausencia”.

Empezaré con un poco de historia.
Dentro del ámbito mediterráneo, en el mundo grecorromano, cuna de la civilización occidental, la mujer era ciudadana de segunda categoría, junto con los esclavos y los extranjeros. En Grecia fue el origen del concepto de ciudad (polis), entendida no sólo como agrupación ordenada de gentes, edificios y espacios, sino en su sentido más amplio de participación ciudadana basada en el uso de la palabra -instrumento político por excelencia-, y que asignaba a cada individuo una función precisa y un lugar determinado.
La mujer pertenecía al dominio de lo privado (oikonomia) y no se le permitía acceder a la asamblea ni opinar en asuntos de público interés. Participaba en la construcción de la ciudad y de la sociedad, por medio de su papel de madre, como reproductora de la especie, cuidadora de niños y de niñas, personas enfermas y mayores y mantenedora del fuego del hogar y de las tradiciones.
Cuando las mujeres accedían al ámbito público lo hacían cerca de las fuentes -donde iban a buscar agua para beber-, en el mercado -donde compraban alimentos para consumir-, en los lavaderos o participando en determinados ritos religiosos permitidos para ellas. No tenían acceso al gimnasio, al foro o a la asamblea y los baños eran de categoría inferior a los del varón. Sólo las mujeres públicas accedían a los lugares prohibidos.
La mujer no tiene alma,” decía Aristóteles “y su mejor adorno es el silencio”. No podían tampoco alzar públicamente su voz ya que el hombre era considerado como el único ciudadano de pleno derecho.
Sin embargo, el espacio público constituía en esa época la esencia de la ciudad. Como símbolo de relación, de participación solidaria y de debate entre la ciudadanía, el Ágora griega o el Foro romano eran lugares de encuentro por definición, lugares donde se desarrollaba dialécticamente el espacio público que dio origen a la sociedad occidental.
Ciudad y sociedad eran conceptos muy similares, basados en la educación, la palabra y la razón argumental (logos) donde la mujer no tenía cabida, no era digna de ser escuchada, como ser infantil e inferior, quedando al margen de la ciudad como entidad política.
Excepciones confirman la regla, como la célebre matrona romana, Hortensia, quien saltándose la norma prefijada, irrumpe en el Foro para defender la paz.
Hortensia era hija de Quinto Hortensio y sería una célebre oradora, como su padre. En el año 42 a. C. se pronunció en contra de la imposición de un impuesto especial para las matronas más ricas de Roma. Tras la proclamación del segundo triunvirato, se proclamó un edicto que establecía que debían realizar una contribución extraordinaria al estado para hacer frente a gastos militares. Como consecuencia de ello, las mujeres afectadas se dirigieron al Foro. Y sentadas ante la tribuna, Hortensia, en representación de todas ellas, pronunció su célebre discurso. Un discurso que constituye una verdadera carta de los derechos y deberes de la mujer romana.
“Hombres de Roma”, exclamó, “¿por qué hemos de pagar impuestos si no participamos en los cargos, honores, puestos militares ni, en una palabra, en el gobierno por el cual lucháis, por cierto, con tan funestos resultados?”
A lo largo de la historia, la vida y las relaciones entre hombres y mujeres, han transcurrido de manera similar. No pretendo hacer un recorrido excesivo, aunque sí me gustaría citar a Christine de Pizan, autora de “La Ciudad de las Damas” en el siglo XIV, en plena Edad Media.

Christine de Pizan es considerada como la primera escritora profesional de occidente. Fue hija del médico, astrólogo y consejero del Rey Carlos V de Valois. Nacida en 1363, se casó los 15 años, enviudó a los 25 y se dedicó a partir de entonces a la escritura y a la pintura para mantener a sus 3 hijos y a su madre
Su libro “La Ciudad de las Damas” quiso replicar a “De Claris Mulieribus” de Bocaccio, recopilación de 104 biografías de mujeres reales o míticas y uno de los muchos tratados del Renacimiento que no hacen sino reforzar la posición subordinada de la mujer de la época. Dice Bocaccio sobre estas mujeres célebres:
“Opino que sus proezas eran dignas de alabanza, porque el arte es ajeno a la mente de la mujer”.
Y continúa:
“Emulando las hazañas de las antiguas mujeres, emplearéis vuestra mente en hechos más elevados “.
Christine de Pizan no podía entender cómo los hombres podían escribir de forma tan demoledora contra la mujer, siendo así que le debían nada menos que su existencia. En su ciudad alegórica “La Ciudad de las Damas”, ofrece numerosas pruebas acerca de valiosas realizaciones femeninas, reivindica valores como son la ternura, la solidaridad o la generosidad y denuncia la misoginia de la época medieval.
Pero vayamos a una época más cercana a la actual, cuando la incorporación de la mujer al trabajo profesional, y por lo tanto, al ámbito público, comienza en muchos países. Y este hecho ha sido –posiblemente- uno de los factores más revolucionarios y significativos de la modernidad del siglo XX, según la opinión de muchos expertos.
El acceso femenino a la Universidad, antes vetado, fue, junto con el movimiento de liberación de la mujer para conseguir el voto y la igualdad de derechos laborales, la invención y popularización de los electrodomésticos (que la liberó en parte del duro trabajo del hogar), así como la posibilidad de contar con determinados anticonceptivos como la píldora (decidiendo cuantos hijos quería tener), todos ellos fueron elementos fundamentales para que la mujer en el mundo occidental, poco a poco, fuera participando activamente en la vida colectiva y profesional.
No ha sucedido lo mismo en otras latitudes. Aún hoy en día los derechos de las mujeres están bajo mínimos en continentes como África, ciertos países como los árabes, China y tantos otros lugares.
En Occidente, en los lugares más avanzados democráticamente hablando, a principios del siglo XX las mujeres tenían ganas de participar y pusieron los medios para hacerlo. Anteriormente, la ciencia, la filosofía, el arte, la sociología, la política o la economía, es decir las áreas que implicaban una salida de la esfera doméstica, estaban dominadas por los hombres. Rita Levé-Montalcini, premio Nóbel de Medicina en 1986, – fallecida recientemente con más de 100 años-, escribía en su autobiografía que tituló “Elogio de la Imperfección”:
“Resulta inaudito que la presunta diferencia de las capacidades intelectuales entre los sexos masculino y femenino de nuestra especie, se deba al hecho de que el individuo tiene, en el primer caso, un cromosoma X y uno Y, y en el segundo, dos cromosomas X.»
Cristina García-Rosales. Arquitecta
Madrid. Enero 2014
Las arquitectas pioneras: la presencia de la ausencia (II) | Cristina García-Rosales
[:gl]
Tal como dicía José Ortega y Gasset:
“Cando nun mosaico falta unha peza, recoñecémola polo oco que deixa, o que dela vemos é a súa ausencia; o seu modo de estar presente é faltar, polo tanto é estar ausente”
Por iso subtitulei este texto como “A presenza da ausencia”.

Empezarei cun pouco de historia.
Dentro do ámbito mediterráneo, no mundo grecorromano, berce da civilización occidental, a muller era cidadá de segunda categoría, xunto cos escravos e os estranxeiros. En Grecia foi a orixe do concepto de cidade (polis), entendida non só como agrupación ordenada de xentes, edificios e espazos, senón no seu sentido máis amplo de participación cidadá baseada no uso da palabra -instrumento político por excelencia-, e que asignaba a cada individuo unha función precisa e un lugar determinado.
A muller pertencía ao dominio do privado (oikonomia) e non se lle permitía acceder á asemblea nin opinar en asuntos de público interese. Participaba na construción da cidade e da sociedade, por medio do seu papel de nai, como reproductora da especie, coidadora de nenos e de nenas, persoas enfermas e maiores e mantenedora do lume do fogar e das tradicións.
Cando as mulleres accedían ao ámbito público facíano preto das fontes -onde ían buscar auga para beber-, no mercado -onde compraban alimentos para consumir-, nos lavadoiros ou participando en determinados ritos relixiosos permitidos para elas. Non tiñan acceso ao ximnasio, ao foro ou á asemblea e os baños eran de categoría inferior aos do varón. Só as mulleres públicas accedían aos lugares prohibidos.
“A muller non ten alma,” dicía Aristóteles “e o seu mellor adorno é o silencio”. Non podían tampouco alzar publicamente a súa voz xa que o home era considerado como o único cidadán de pleno dereito.
Non obstante, o espazo público constituía nesa época a esencia da cidade. Como símbolo de relación, de participación solidaria e de debate entre a cidadanía, a Ágora grega ou o Foro romano eran lugares de encontro por definición, lugares onde se desenvolvía dialécticamente o espazo público que deu orixe á sociedade occidental.
Cidade e sociedade eran conceptos moi similares, baseados na educación, a palabra e a razón argumental (logos) onde a muller non tiña cabida, non era digna de ser escoitada, como ser infantil e inferior, quedando á marxe da cidade como entidade política.
Excepcións confirman a regra, como a célebre matrona romana, Hortensia, qquen saltándose a norma prefixada, irrompe no Foro para defender a paz.
Hortensia era filla de Quinto Hortensio e sería unha célebre oradora, como o seu pai. No ano 42 a. C. pronunciouse en contra da imposición dun imposto especial para as matronas máis ricas de Roma. Tras a proclamación do segundo triunvirato, proclamouse un edicto que establecía que debían realizar unha contribución extraordinaria ao estado para facer fronte a gastos militares. Como consecuencia diso, as mulleres afectadas dirixíronse ao Foro. E sentadas ante a tribuna, Hortensia, en representación de todas elas, pronunciou o seu célebre discurso. Un discurso que constitúe unha verdadeira carta dos dereitos e deberes da muller romana.
“Homes de Roma”, exclamou, “¿por que habemos de pagar impostos se non participamos nos cargos, honras, postos militares nin, nunha palabra, no goberno polo cal loitades, por certo, con tan funestos resultados? ”
Ao longo da historia, a vida e as relacións entre homes e mulleres, transcorreron de xeito similar. Non pretendo facer un percorrido excesivo, aínda que si me gustaría citar a Christine de Pizan, autora de “A Cidade das Damas” no século XIV, en plena Idade Media.

Christine de Pizan é considerada como a primeira escritora profesional de occidente. Foi filla do médico, astrólogo e conselleiro do Rei Carlos V de Valois. Nacida en 1363, casouse os 15 anos, enviuvou aos 25 e dedicouse a partir de entón á escritura e á pintura para manter os seus 3 fillos e a súa nai.
O seu libro “A Cidade das Damas” quiso replicar a “De Claris Mulieribus” de Bocaccio, recompilación de 104 biografías de mulleres reais ou míticas e un dos moitos tratados do Renacemento que non fan senón reforzar a posición subordinada da muller da época. Di Bocaccio sobre estas mulleres célebres:
“Opino que as súas proezas eran dignas de loanza, porque a arte é allea á mente da muller”.
E continúa:
“Emulando as fazañas das antigas mulleres, empregaredes a vosa mente en feitos máis elevados “.
Christine de Pizan non podía entender como os homes podían escribir de forma tan demoledora contra a muller, sendo así que lle debían nada menos que a súa existencia. Na súa cidade alegórica «A Cidade das Damas», ofrece numerosas probas acerca de valiosas realizacións femininas, reivindica valores como son a tenrura, a solidariedade ou a xenerosidade e denuncia a misoxinia da época medieval.
Pero vaiamos a unha época máis próxima á actual, cando a incorporación da muller ao traballo profesional, e polo tanto, ao ámbito público, comeza en moitos países. E este feito foi -posiblemente- un dos factores máis revolucionarios e significativos da modernidade do século XX, segundo a opinión de moitos expertos.
O acceso feminino á Universidade, antes vetado, foi, xunto co movemento de liberación da muller para conseguir o voto e a igualdade de dereitos laborais, a invención e popularización dos electrodomésticos (que a liberou en parte do duro traballo do fogar), así como a posibilidade de contar con determinados anticonceptivos como a pílula (decidindo cantos fillos quería ter), todos eles foron elementos fundamentais para que a muller no mundo occidental, pouco a pouco, fose participando activamente na vida colectiva e profesional.
Non sucedeu o mesmo noutras latitudes. Aínda hoxe en día os dereitos das mulleres están baixo mínimos en continentes como África, certos países como os árabes, China e tantos outros lugares.
En Occidente, nos lugares máis avanzados democraticamente falando, a principios do século XX as mulleres te ganas de participar e puxeron os medios para facelo. Anteriormente, a ciencia, a filosofía, a arte, a socioloxía, a política ou a economía, é dicir as áreas que implicaban unha saída da esfera doméstica, estaban dominadas polos homes. Rita Levé-Montalcini, premio Nóbel de Medicina en 1986, – falecida recentemente con máis de 100 anos-, escribía na súa autobiografía que titulou “Eloxio da Imperfección”:
“Resulta inaudito que a presunta diferenza das capacidades intelectuais entre os sexos masculino e feminino da nosa especie, se deba ao feito de que o individuo ten, no primeiro caso, un cromosoma X e un Y, e no segundo, dous cromosomas X.»
Cristina García-Rosales. Arquitecta
Madrid. Xaneiro 2014
As arquitectas pioneiras: a presenza da ausencia (II) | Cristina García-Rosales
[:en]
As José Ortega y Gasset was saying:
“When in a mosaic a piece is absent, we recognize it as the hollow that stops, which of her we see is his absence; his way of being present is to be absent, therefore it is to be absent”
Because of it I have subtitled this text as “The presence of the absence”.

I will begin with a bit of history.
Inside the Mediterranean area, in the Greco-Roman world, cradle of the western civilization, the woman was a citizen of the second category, together with the slaves and the foreigners. In Greece it was the origin of the concept of city (polis), understood not only as group been ordained as peoples, buildings and spaces, but in his more wide sense of civil participation based in the use of the word – political instrument for excellence-, and that was assigning to every individual a precise function and a certain place.
The woman concerned to the domain of private (oikonomia) and it was allowed to him neither accede to the assembly nor to think in matters of public interest. It was taking part in the construction of the city and of the company, by means of his mother’s paper, since breeding of the species, cuidadora of children and of girls, sick and major persons and mantenedora of the fire of the home and of the traditions.
When the women were acceding to the public area they were doing it near the sources – where they were going to look for water to drink-, on the market – where they were buying food to consume-, in the washers or taking part in certain religious rites allowed for them. They did not have access to the gymnasium, to the forum or to the assembly and the baths were of category lower than those of the male. Only the prostitutes were acceding to the prohibited places.
“The woman does not have soul” Aristotle was saying “and his better adornment is the silence”. They could not also lift publicly his voice since the man was considered to be the civil only one of right plenary session.
Nevertheless, the public space was constituting in this epoch the essence of the city. As symbol of relation, of solidary participation and of debate between the citizenship, the Ágora Greek or the Roman Forum they were places of meeting for definition, places where there was developing dialectically the public space that gave origin to the western company.
City and company were very similar concepts, based on the education, the word and the plot reason (logos) where the woman did not have content, it was not worth being listened, as being infantile and low, staying to the margin of the city as political entity.
Exceptions confirm the rule, as the famous roman matron, Hortensia, who skipping the prearranged norm, irrumpe in the Forum to defend the peace.
Hortensia was a daughter of Quinto Hortensio and she would be a famous speaker, as his father. In 42 B.C. one declared in opposition to the imposition of a special tax for the richest matrons of Rome. After the proclamation of the second triunvirato, there was proclaimed an edict that was establishing that they had to realize an extraordinary contribution to the condition to face to military expenses. As consequence of it, the affected women went to the Forum. And sittings before the platform, Hydrangea, in representation of all of them, delivered his famous speech. A speech that constitutes a real letter of the rights and duties of the Roman woman.
“Men of Rome”, she exclaimed, “why have we to pay taxes if we do not take part in the charges, honors, military positions not, in a word, in the government for which you fight, certainly, against so baneful results?”
Along the history, the life and the relations man-to-man and women, have passed in a similar way. I do not try to do an excessive tour, though yes I would like to mention Christine de Pizan, authoress of “The City of the Ladies” in the 14th century, in full Middle Ages.

Christine de Pizan is considered to be the first professional writer of west. He was a daughter of the doctor, astrologer and counselor of the King Carlos V de Valois. Born in 1363, he married 15 years, was widowed to the 25 and devoted itself from then to the writing and to the painting to support his 3 children and his mother.
His book “The City of the Ladies” wanted to answer to “De Claris Mulieribus” by Bocaccio, summary of 104 biographies of royal or mythical women and one of many agreements of the Renaissance that they do not do but to reinforce the position subordinated of the woman of the epoch. Bocaccio says on these famous women:
“I think that his prowesses were worthy of praise, because the art is foreign to the mind of the woman”.
And he continues:
“Emulating the exploits of the former women, you will use your mind in higher facts “.
Christine de Pizan could not understand how the men could write of so devastating form against the woman, being so they owed to him nothing less than his existence. In his allegoric city “The City of the Ladies”, it offers numerous tests brings over of valuable feminine accomplishments, claims values since it are the tenderness, the solidarity or the generosity and it denounces the misogyny of the medieval epoch.
But let’s go to an epoch nearer to the current one, when the incorporation of the woman to the professional work, and therefore, to the public area, it begins in many countries. And this fact has been – possibly – one of the most revolutionary and significant factors of the modernity of the 20th century, according to the opinion of many experts.
The feminine access to the University, before vetado, was, together with the movement of liberation of the woman to obtain the vote and the equality of labor laws, the invention and popularization of the domestic appliances (that liberated her partly of the hard work of the home), as well as the possibility of possessing certain contraceptives as the pill (deciding all the children wanted to have), all of them were fundamental elements in order that the woman in the western world, little by little, out taking part actively in the collective and professional life.
The same thing has not happened in other latitudes. Still nowadays the rights of the women are under minimums in continents as Africa, certain countries like the Arabs, China and so many other places.
In West, in the places most advanced democratically speaking, at the beginning of the 20th century the women had desire of taking part and they put the means to do it. Previously, the science, the philosophy, the art, the sociology, the politics or the economy, that is to say the areas that were implying an exit of the domestic sphere, were dominated by the men. Rita Levé-Montalcini, prize Nóbel of Medicine in 1986, – expired recently with more than 100 years-, was writing in his autobiography that it titled “Praise of the Blemish”:
“It turns out unheard-of that the supposed difference of the intellectual capacities between the sexes masculine and feminine of our species, it should to the fact of which the individual has, in the first case, a chromosome X and one And, and in the second one, two chromosomes X.»
Cristina García-Rosales. Architect
Madrid. January 2014
The pioneering arquitect women: the presence of the absence (II) | Cristina García-Rosales[:]





LA CIUDAD DE LAS DAMAS, de Christine de Pizan
Cristina García-Rosales
La valentía es un atributo tremendamente valorable. Tanto en hombres como en mujeres. Y no sólo aquella que surge ante una defensa personal o ajena, cuando nos atacan de mil maneras distintas, sino también la del ciudadano anónimo, valiente sin saberlo, sin casi reconocerlo. No quisiera caer en demagogias, pero para mí tiene un grado enorme de valentía el que se le levanta por la mañana dirigiéndose a un trabajo mal pagado y menos valorado, el que lucha por conservarlo, el que vive sin desesperarse demasiado ante una situación difícil-como tantos actualmente-, o el que se tira a defender a una persona sin calibrar las consecuencias que puedan acarrearle. Y aquí no puedo dejar de pensar en un ciudadano latinoamericano que salvó recientemente a una mujer de una muerte segura, cuando iba a ser cosida a navajazos por el maltratador de turno…
[…]
http://goo.gl/21MqeT
ArquitectAs. Redefiniendo la profesión · Nuria Alvarez Lombardero
En los últimos diez años el número de arquitectas graduadas en las
escuelas de arquitectura a nivel mundial ha superado al de hombres en
muchos casos. Sin embargo la práctica de la arquitectura a nivel global
sigue teniendo un carácter paternalista por el cual se considera a estas
profesionales como inferiores jerárquicamente, evitando su
participación en cargos de importancia. El bajo número de oficinas
dirigidas fundamentalmente por mujeres y la escasez de arquitectas que
ocupan puestos de alta cualificación son el testimonio de una situación
no abordada en profundidad.
[…]
http://goo.gl/qyXMyv
Excelente Cristina, Saludos !