La arquitectura pública en Madrid y en el inicio del siglo XXI (IV) | Antón Capitel

Ciudad de la Justicia. Detalle del proyecto ganador, del equipo de Frechilla y López-Peláez

Dentro de las grandes obras de nueva planta están las que, probablemente por ambiciosas, han sido interrumpidas por falta de financiación a causa de la crisis económica. La principal de ellas es la llamada “Ciudad de la Justicia”, a construir en unos terrenos muy periféricos, contiguos a la última ampliación del aeropuerto de Barajas, la terminal “T-4”.

El hecho mismo de la “Ciudad de la Justicia” me ha parecido siempre una idea muy mala precisamente por este emplazamiento periférico, que evita todas las ventajas que la ciudad significa, sobre todo las ligadas al transporte público, aunque no sólo, desde luego. No se entiende por qué la administración de la Justicia pensó en esta posibilidad, ni tampoco por qué el Colegio de Arquitectos la aceptó y colaboró con ella.

La administración del Estado tiene en Madrid importantes edificios abandonados, o en uso parcial o innecesario, que hubieran podido evitar esta idea periférica de la “Ciudad de la Justicia”. Completamente abandonado se encuentra lo que fue el Hospital Militar “Generalísimo Franco” (resulta un fastidio, dicho sea de paso, tener que referirse todavía a nombres como éste), que ocupa nada menos que una manzana del ensanche (la de Isaac Peral, Joaquín María López, Hilarión Eslava y Donoso Cortés), teniendo incluso algo de espacio libre sin edificar. Éste podría haber sido una de las bases de la nueva “Ciudad de la Justicia”, y está en un emplazamiento extraordinario.

Pero, además, muy cerca (a diez minutos andando) está el semi-ocupado (o el fingidamente ocupado) Parque Móvil, en otra espléndida situación, con fachada principal a Cea Bermúdez. Creo que en este caso, y aunque el frente no es tan grande, la superficie en planta es mayor que una manzana, pues en realidad coge dos. Y resulta bastante fácil buscarle sitio en la periferia a un garaje para los coches oficiales, suponiendo que esa cuestión sea necesaria. Con ello tendríamos más de dos manzanas del ensanche, y muy cercanas, para dedicarlas a los espacios madrileños de la Justicia. Es muy probable que fuera suficiente.

Pero, si no, queda todavía una importante posibilidad, la del antiguo “Ministerio del Aire”, hoy Cuartel General (?) del Ejército del Aire, que podemos imaginar ocupado tan sólo en parte, y que si no, tanto da. Cuando los tres ministerios franquistas del ejército se convirtieron en uno, el de Defensa, ganaron, insólitamente, un cuarto edificio, el que fue Información y Turismo en la dictadura y luego Cultura, en la democracia, en la prolongación de la Castellana. Pues ahora sería bien sencillo obligar al ejército a replegarse a 3 edificios, o a buscar otro cualquiera entre los múltiples que tiene abandonados y sin uso. Eso, suponiendo que el ejército siga siendo necesario y no una ficción.

El viejo edificio franquista de Gutiérrez Soto tiene bastante carácter para recibir el letrero “Palacio de Justicia”, bastante más que para el uso actual. Parecería incluso hecho en origen para ese nuevo uso, si así fuera. Se vería bastante, y hasta nos convencería, quizá, de que la Justicia podría funcionar. Sea como fuere, ya ven: más de tres manzanas, en el mismo barrio, muy cerca, que podrían haber soportado la “Ciudad de la Justicia”, en vez de llevársela a la periferia. Debemos a la crisis económica alguna ventaja, y no sólo inconvenientes, como es ésta de haberse cargado la “Ciudad de la Justicia”. Todavía estaríamos a tiempo para que se hiciese algo de lo que digo, o cosas semejantes.

Pero, como es sabido, no acaba aquí la cosa. Se celebró un importante concurso destinado a los terrenos de la periferia, auspiciado por el Ministerio de Justicia, la Comunidad de Madrid y por el Colegio de Arquitectos, organismos todos ellos que habían aceptado, y hasta inventado, la disparatada situación fuera de la ciudad. Pero encima, un jurado que prefiero no recordar dio el premio a una propuesta del equipo de los arquitectos Frechilla y López-Peláez, buenos y cultos profesionales, que propusieron, como es bien sabido, y sin embargo, una “Ciudad de la Justicia” compuesta por edificios obligadamente ¡de planta circular!

La locura del emplazamiento se completó con esta otra de la forma planimétrica. Los edificios no son casi nunca redondos, salvo que sean plazas de toros, iglesias centrales, y, acaso algunos otros, en casos muy especiales. Incluso las iglesias centrales nunca fueron muy convincentes y se hicieron muy poco. La forma circular no es muy propia de las edificaciones, aunque, tercamente, haya arquitectos, supuestamente buenos, que la sigan empleando en algunas ocasiones. Puede recordarse que Sáenz de Oíza, Carvajal, Higueras, Navarro Baldewg, Fernández Alba, Moneo,… hicieron o proyectaron edificios redondos, pero eran al menos singulares y aislados. Lo que nunca había propuesto nadie era una sistemática completa de edificios no singulares y todos ellos de planta circular. Lo cual no quiere decir que no sea una propuesta bella –los dibujos del concurso eran muy bonitos; si no, no lo hubieran ganado-, o que los edificios redondos no sean bellos. Lo malo es que además de bellos son absurdos y, además, un poco tontos. Al menos, tomados en su conjunto.

Lo cierto es que, también desde este punto de vista, la recesión económica nos ha librado, al menos de momento, de un notable disparate.

(continuará…)

Antonio González-Capitel Martínez · Doctor arquitecto · catedrático en ETSAM
Madrid · marzo 2013

Antón Capitel

Es arquitecto y catedrático de Proyectos de la Escuela de Arquitectura de Madrid, fue director de la revista Arquitectura (COAM) de 1981-86 y de 2001-09. Historiador, ensayista y crítico, ha publicado numerosos artículos en revistas españolas y extranjeras sobre arquitectura española e internacional. Entre sus libros destacan diferentes monografías sobre arquitectos.

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