“Barrio es una palabra que ha llegado a sonar como un poema de San Valentín. Como concepto sentimental, barrio es dañino para el urbanismo. Como tal, impulsa a moldear a la fuerza la vida de una ciudad como imitaciones de la vida residencial o provinciana. El sentimentalismo juega melosas intenciones en lugar de con el sentido común.”
Jane Jacobs
Un poco de historia para entender el presente
Hablar de barrios, es hablar de cierto modo de arquitectura; hablar de arquitectura, es hablar de cierto modo de ciudad; hablar de ciudad, es, indefectiblemente hablar de su escala pequeña, el barrio y hablar de barrio, es hablar de la importancia del valor social. Así como las células determinan el correcto funcionamiento y salud del organismo humano, los barrios son los que determinan el correcto funcionamiento y salud de la ciudad. Del mismo modo que el organismo humano no puede prescindir de las células, las ciudades no pueden prescindir de los barrios. Se ha escrito acerca de los barrios tanto como se sabe acerca del universo, y el universo es una gran incógnita. La ciudad es Una gran estructura conformado por un sistema, dividido por el municipio, alcaldía o ayuntamiento, tantas veces crea necesario, sea en diez o en cien partes, la Unidad seguirá siendo el barrio. La “mancha de aceite” —como lo mencionaría Le Corbusier al sobrevolar Buenos Aires en 1929— se ha extendido tanto que ha llegado a sectores rurales, modificando las condiciones del lugar, o dicho de otra manera, imponiendo nuevas condiciones. La urbanización no conoce de límites, tanto así, que le hemos designado siglas a las ciudades: AMA, AMBA, QDM, RMRJ, AMM, GL, AMLP, RMS, AMB, ZMVMX, AMB, GP, ACNS… en todos los casos, como la metáfora que utilizó Le Corbusier, la “mancha de aceite”, son como gotas que caen en papel absorbente y se expanden hasta ser absorbidas por ellas mismas, como aquella imagen del pez grande que se come al pez pequeño, hasta que llega otro y se come al anterior, y así, de manera sucesiva, una ciudad se traga a otra, pero, ello no implica la pérdida de la unidad, ésta seguirá latiendo y resistiendo.
Mucho se ha escrito acerca de las ciudades, pero, ¿de los barrios quién se ha ocupado? Una gran defensora sin lugar a dudas lo fue Jane Jacobs en Muerte y Vida de las grandes ciudades, expone sus razones por las cuales esa Unidad que es el barrio, se debe defender. Pero no fue la única exponente, hurgando, encontramos también a Francesco Tonucci, quien en La ciudad de los niños, nos explica la importancia de pensar junto a los niños esa “ciudad ideal”, ciudad en la que ellos vivirán, y no en aquella que nosotros nos imaginamos que será mejor para ellos. Henri Lefebvre, David Harvey y otros autores, nos hablan y explican acerca de El Derecho a la ciudad, como un derecho universal, pero, si en las áreas rurales se vive mejor que en la ciudad, ¿por qué querríamos acceder a ella? Dejando de lado esta dicotomía, Jacobs, nos da varios motivos por los cuales debemos defender ese derecho universal que es la ciudad, insistiendo en la idea de la unidad primera de toda ciudad, el barrio.

Breve reseña a la evolución del ser-humano
El padre de la teoría de la evolución, y otros autores como Carl Sagan en Los dragones del Edén o Federico Kukso en Odorama, nos explican el proceso evolutivo del ser-humano. Hablamos de millones de años, cuando el ser-humano vivía vagando por el mundo, no conocía de límites, se desplazaba de un sitio a otro, en ocasiones se asentaba en un lugar determinado, como ser una cueva, al pie de una montaña u orillas de un río, pero siempre lo hacía de manera temporal, luego, volvía a emprender viaje. Jean-Jacques Annaud, director de la película En busca del fuego, nos cuenta que así vivió el hombre por miles de años. Los factores físicos del territorio, como la topografía, hidrografía y vegetación, desempeñaron un rol clave en la evolución del ser-humano, además de la geografía que determina la manera y forma de asentarse en un lugar específico. Así se explica cómo ciertos grupos humanos tan distantes, lograron dar respuestas similares a determinadas circunstancias del momento, como el habitar (la arquitectura). Con el paso de los años, el ser-humano aprendió y entendió que asociándose con otros, tendría mayor oportunidad de sobrevivir y tener un mejor pasar, ya que, las tareas que antes las realizaba unicamente él, ahora eran compartidas. De vivir en solitario, pasó a vivir en grupo y luego a formar comunidad, éste, fue un gran cambio en el comportamiento y modo de ser. Conforme iba evolucionando, comprendió que mediante las herramientas y nuevos conocimientos, ya no era necesario seguir vagando, podía asentarse en un lugar y desarrollar una vida comunitaria más tranquila y segura. Con los años, la comunidad fue creciendo y fue complejizándose, de ser un puñado de personas, pasaron a ser cientos y luego miles; de ser una pequeña aldea, algunas pasaron a ser un pueblo, otras una ciudad, dependiendo de su tamaño ésta era dividida en sectores o distritos, dando origen a lo que hoy conocemos como barrio.
Aromas del pasado. el origen de los barrios
“Érase que se era, encaramadas en la escarpadura de sus colinas y perdidas por los marjales del Tíber, un grupo de pobres aldeas al presente mediocres y, según podía parecer, sin porvenir alguno. Pasan unos siglos. Los desheredados de ayer realizan en provecho propio la unidad italiana y, por la conquista de la cuenca mediaterránea, fundan el Imperio más poderoso que jamás ha conocido el mundo. ¿Cuento de hadas? No. Más y mejor que eso. Pura historia: la historia de Roma.”
León Pol Homo en Nueva Historia de Roma nos relata cómo y dónde nace una de las ciudades más importante del Imperio. Situar el año cero en coincidencia con la fundación de Roma, sería negar o cuanto menos, dejar de lado gran parte de los eventos que también forman parte de la historia universal. Tanto aquellos pueblos originarios como Grecia y Roma, han dejado un legado histórico tangible e intangible que forman parte de la historia que debería ser presente, para comprender no sólo cómo se fueron desarrollando estas ciudades y sus barrios, sino también, cómo el espacio público se conforma y cambia según el momento histórico por el que atraviesa.

El pulso de la vida pública siempre estuvo —y estará— en el espacio exterior, la calle, como actor protagónico principal de la escena urbana; los barrios, como pieza clave donde se desarrollan esas escenas y donde el actor, adquiere su rol principal. En Atenas, los barrios nacen y se organizan básicamente según la estructural social y las actividades que desarrollan sus habitantes. Todos aquellos barrios tenían una característica particular, diferente al resto que lo hacía único, por lo que cada barrio era una pieza significante, tanto los residenciales, el de artesanos hasta el ágora —sitio con una carga política, social y religiosa—. La vida social se desarrollaba en todos ellos.
“Era en el mercado donde los atenienses gozaban del pleno sabor de la vida urbana. […] eran los hombres y los esclavos quienes hacían la compra y disfrutaban al mismo tiempo de las muchas atracciones del ágora. Comprar y vender eran actividades ruidosas: la gente regateaba y los vendedores voceaban sus mercancías. Alrededor del área central del mercado estaban las tiendas de los peluqueros, perfumistas, zapateros talabarteros y vendedores de vino.”
Nos relata Yi-Fu Tuan en Topofilia.
En Roma, la organización y estructura social, no fue muy diferente al de Atenas, el pulso de la vida pública también se medía en el espacio exterior: la calle. De cierto modo y en determinados aspectos, Roma, tomaría como base el conocimiento de los griegos como punto de partida y aprendizaje para construir uno nuevo. De manera similar a los atenienses, los romanos, dividieron su ciudad en rioni (regiones), lo que a partir de la edad media pasaría a conocerte como barrios. Cada rione poseía una singularidad que con el paso de los años se iría consolidando, a tal punto que, la actividad singular que realizaban en esa rione terminaría imponiendo su nombre.
“No existía el concepto de «barrio elegante» en la Roma de los césares: aristócratas y plebeyos se codeaban por doquier. Incluso las artes y la industria estaban ampliamente dispersas por la ciudad y los trabajadores vivían esparcidos en casi todos los rincones. El bullicio de la ciudad se veía acrecentado por el estruendo de las herramientas, el ajetreo del trabajo, así como por los gritos y palabrotas de los trabajadores.”
Yi-Fu Tuan
De cierto modo, es una escena muy similar a la que se vivía en Atenas, pero, con la salvedad que, en Roma, la estructura social y las actividades se desarrollaban en un ambiente más desestructurado. Si en Atenas el espacio más significativo, por su componente político, social y religioso era el Ágora, en Roma, el espacio más significativo lo es el Foro, espacio que congrega y concentra la vida social.
Durante la edad media, de manera similar a Atenas y Roma, los barrios se clasificaron y fueron conocidos según el trabajo desempeñado por gran parte de sus habitantes. Dependiendo de la actividad realizada, era el prestigio —o desprestigio— del barrio. Existían barrios de artesanos –y su clasificación según el oficio–, comerciales –y su clasificación según el producto–, residenciales —y su clasificación según el estatus social—. En cada uno de ellos, se desarrollaba una manera de vivir y un ritmo de vida distinto al de los demás. Cada barrio era único, no por la arquitectura, tampoco por la actividad, sino, por la manera en que sus habitantes se relacionaban y el espacio social en el cual lo hacían. En general, en todos ellos, se vivía un ambiente bastante ajetreado, bullicioso y colorido.
“Las calles medievales eran en general angostas, sinuosas y sucias. La lluvia transformaba ciertas calles en lodazales y para poder cruzarlas muchas personas llevaban galochas o zuecos de madera que se apoyaban en aros de hierro. No había aceras. La confusión y la suciedad en las calles medievales se agravaban con la presencia de puercos y pollos que corrían libremente, alimentándose de los desperdicios.”
Una escena urbana que no se aleja mucho de aquella ciudad griega y romana anteriormente descritas, Yi-Fu Tuan nos dibuja un escenario urbano cotidiano. Ese bullicio cargado de actividades son las que dan vida a las ciudades, que, con el paso de los años han dado identidad a los barrios que hoy conocemos como históricos. La vida social se desarrollaba en las calles; la vida privada, resguardada dentro de los muros que en mayor medida eran ciegos. Como resultado, el aspecto de la calle era bastante rudimentario, animado durante el día, lúgubre por las noches.

De manera similar a la evolución del ser-humano, el avance en cuanto a la técnica de construcción y nuevos materiales, hizo que la arquitectura evolucione, las catedrales góticas son un magnífico ejemplo de ello, de igual manera la relación entre la calle y el plano base de las edificaciones también sufren modificación, se vuelven menos ciegas, tanto la permeabilidad visual como física, cobran mayor protagonismo y el espacio público-privado se difumina.
En la siguiente publicación veremos la importancia de defender, mantener y poner en valor la identidad del barrio.



























































































































































































