InicioartículosOtro brasileño esencial | Óscar Tenreiro DegwitzOutro brasileiro esencial | Óscar Tenreiro...

[:es]Otro brasileño esencial | Óscar Tenreiro Degwitz[:gl]Outro brasileiro esencial | Óscar Tenreiro Degwitz[:en]Another essential Brazilian | Óscar Tenreiro Degwitz[:]

[:es]

Una acuarela de Lucio Costa de un rincón colonial brasileño, hecha en 1927
Una acuarela de Lucio Costa de un rincón colonial brasileño, hecha en 1927

Este deambular por el legado de Oscar Niemeyer lo lleva a uno a la cultura brasileña. Y dentro de ella la arquitectura como expresión aceptada, promovida e integrada a una suerte de “ser” nacional. Porque ese trayecto del hombre centenario y excepcional es también el trayecto de una cultura.

Para comprobar lo dicho basta referirse a Lucio Costa (1902-1998) como figura tutelar, personaje callado, tranquilo y enormemente agudo, que fue no sólo gestor del proceso de abrir a Brasil hacia la arquitectura moderna, sino que actuó como compañero de ruta que deja en manos de aquel a quien acompaña la palabra principal cuando corresponde, como es el caso de Niemeyer, o como vínculo instrumental gracias a su papel de consejero y referencia.

Y el libro que publicó Maria Elisa su hija, arquitecta y mujer de gran cultura, poco después de su muerte, escrito y organizado casi enteramente por él mismo, ayuda no sólo a situar su contribución al pensamiento sobre arquitectura, sino la amplitud de sus intereses, su relación con el mundo brasileño que elabora ideas, que debate, que discurre, que produce; informa sobre su obra de arquitecto-diseñador y constructor, modesta podría decirse pero marcada por una fe rigurosa en los postulados de la modernidad que cultivó activamente, acompañada de una búsqueda en el legado de la sombra, los corredores, la tranquilidad heredada de la arquitectura colonial, búsquedas que interrumpió en un momento dado para entregarse mejor a su papel de mediación e intercesión.

La totalidad de una vida.

En sus páginas se incluyen sus numerosos escritos, casi todos destinados a razonar para impulsar decisiones del sector político o ayudar a tomar conciencia de los valores de la arquitectura y sus consecuencias urbanas. Otros, muchos, de carácter personal, escritos con estilo conciso y hermoso. Y muchas referencias a su vida familiar, a la herencia espiritual de sus padres, Joaquín y Alina, él ingeniero naval; sus hijas Helena y Maria Elisa. Y como presencia permanente la relación con Le Corbusier, estrecha y reflexiva, de la cual tuve una muestra inesperada al leer muchos años atrás, en la Fundación LC, una carta personal donde relata de un modo que me conmovió hasta las lágrimas la muerte de Leleta, su esposa y entrañable compañera, en un accidente de automóvil que marcó su vida. Relación que lo llevó, estaba casualmente en Francia en ese momento, a trasladarse con Charlotte Perriand hasta Roquebrunne-Cap Martin, a buscar el cadáver de Le Corbusier para trasladarlo hasta París pernoctando a medio camino en una celda del convento de La Tourette. El título del libro subraya lo que su autor quiso de él, mostrar no sólo su obra sino el mundo de sus intereses, su espacio intelectual y afectivo, que es en definitiva lo que hace a un hombre: “Lucio Costa, registro de una vivencia”.

Y por supuesto que en el libro hay documentos sobre Brasilia. Está la Memoria Descriptiva con la que acompañó su propuesta en el concurso para el Plan Maestro. Si una vez hace casi cincuenta años ese texto despertó en mí una gran admiración, hoy sigue siendo una muestra de esa especie de chispa, de toque de “genio” en el sentido de Robert Graves (saltar más allá de lo inmediato, de lo predecible) que es el principio organizativo de esa extraordinaria ciudad. En él se capta el concepto básico de lo que es la ciudad, de su “ser” en el sentido más amplio del término, más allá de las simples aplicaciones de técnicas de vialidad o transporte, de especulaciones económicas, de tecnicismos que esquivan la cuestión central: una ciudad es hoy y será siempre una propuesta de construcción dentro de un orden.

Respeto y reflexión desde el Poder.

He dicho ya demasiado que en la presencia de Lucio Costa, en el respeto que le tuvo el Poder Político, en su labor de intermediario, está la clave de que Brasilia sea una realidad indiscutible, más allá de reservas o preguntas. Pero Lucio no es una casualidad. Lucio se hizo y realizó en una sociedad que lo respetó y le abrió su alma. No sin luchas desde luego, pero se impuso el respeto a un punto de vista, a una forma de ver el mundo que marcó un punto alto, muy alto. Eso no es poca cosa. Por cosas como ésta y por otras muchas que viven en mi intimidad, he admirado siempre a ese país y lo que representa.

Y dejo para terminar esta reflexión:

¿Qué hace que en un país se le encargue la construcción de la Residencia Presidencial a su más grande arquitecto vivo, dándole total libertad porque se trata de un lugar modélico, singular, que es de todos y sobre todo de una cultura?

Y por el contrario

¿Cuál mecanismo hace que en un lugar del mundo muy cercano al anterior se entregue una tarea similar a un arquitecto allegado o amigo “del partido” de gobierno, en busca de un “neo colonial” de buenas maneras, con corredores y jardines de cierto tono, sin repercusión cultural alguna?

Buena pregunta para todos nosotros, en este país cruzado por la mezquindad.

El libro de Lucio incluye como separata una carta que con ocasión de su cumpleaños 95 le escribió el Presidente de Brasil Fernando Enrique Cardoso en 1997, que incluye estas frases:

“Usted sabe de mi admiración por su obra y por su contribución singular al desarrollo en el Brasil de un pensamiento y una práctica arquitectónica y urbanística”…

“usted está entre aquellos que, en este siglo, contribuyeron a inventar y construir un Brasil que se hace moderno sin dejar de ser brasileño”…

Manifestaciones así desde el Poder, sinceras y respetuosas, conocedoras de la persona, contribuyen a formar una tradición y hacen grande a una sociedad. Ayudan a responder las dos preguntas anteriores.

Porque Lucio, efectivamente, construyó un modo de pensar que abrió puertas a una cultura.

Óscar Tenreiro Degwitz, Arquitecto.
Venezuela, junio 2009
Entre lo Cierto y lo Verdadero

[:gl]

Una acuarela de Lucio Costa de un rincón colonial brasileño, hecha en 1927
Unha acuarela de Lucio Costa dun recuncho colonial brasileiro, feita en 1927

Leste deambular polo legado de Oscar Niemeyer lévao a un á cultura brasileira. E dentro dela a arquitectura como expresión aceptada, promovida e integrada a unha sorte de “ser” nacional. Porque ese traxecto do home centenario e excepcional é tamén o traxecto dunha cultura.

Para comprobar o devandito basta referirse a Lucio Costa (1902-1998) como figura tutelar, personaxe calado, tranquilo e enormemente agudo, que foi non só xestor do proceso de abrir a Brasil cara á arquitectura moderna, senón que actuou como compañeiro de ruta que deixa en mans daquel a quen acompaña a palabra principal cando corresponde, como é o caso de Niemeyer, ou como vínculo instrumental grazas ao seu papel de conselleiro e referencia.

E o libro que publicou Maria Elisa a súa filla, arquitecta e muller de gran cultura, pouco despois da súa morte, escrito e organizado case enteiramente por el mesmo, axuda non só a situar a súa contribución ao pensamento sobre arquitectura, senón a amplitude dos seus intereses, a súa relación co mundo brasileiro que elabora ideas, que debate, que discorre, que produce; informa sobre a súa obra de arquitecto-deseñador e construtor, modesta podería dicirse pero marcada por unha fe rigorosa nos postulados da modernidade que cultivou activamente, acompañada dunha procura no legado da sombra, os corredores, a tranquilidade herdada da arquitectura colonial, procuras que interrompeu nun momento dado para entregarse mellor ao seu papel de mediación e intercesión.

A totalidade dunha vida.

Nas súas páxinas inclúense os seus numerosos escritos, case todos destinados a razoar para impulsar decisións do sector político ou axudar a tomar conciencia dos valores da arquitectura e as súas consecuencias urbanas. Outros, moitos, de carácter persoal, escritos con estilo conciso e fermoso. E moitas referencias á súa vida familiar, á herdanza espiritual dos seus pais, Joaquín e Alina, el enxeñeiro naval; as súas fillas Helena e Maria Elisa. E como presenza permanente a relación con Le Corbusier, estreita e reflexiva, da cal tiven unha mostra inesperada ao ler moitos anos atrás, na Fundación LC, unha carta persoal onde relata dun modo que me conmoveu ata as bágoas a morte de Leleta, a súa esposa e entrañable compañeira, nun accidente de automóbil que marcou a súa vida. Relación que o levou, estaba casualmente en Francia nese momento, a trasladarse con Charlotte Perriand ata Roquebrunne- Cap Martin, a buscar o cadáver de Le Corbusier para trasladalo ata París pernoitando a medio camiño nunha cela do convento da Tourette. O título do libro subliña o que o seu autor quixo del, mostrar non só a súa obra senón o mundo dos seus intereses, o seu espazo intelectual e afectivo, que é en definitiva o que fai a un home:

“Lucio Costa, rexistro dunha vivencia”.

E por suposto que no libro hai documentos sobre Brasília. Está a Memoria Descritiva coa que acompañou a súa proposta no concurso para o Plan Mestre. Se unha vez fai case cincuenta anos ese texto espertou en min unha gran admiración, hoxe segue sendo unha mostra desa especie de faísca, de toque de “xenio” no sentido de Robert Graves (saltar máis aló do inmediato, do predicible) que é o principio organizativo desa extraordinaria cidade. Nel cáptase o concepto básico do que é a cidade, do seu “ser” no sentido máis amplo do termo, máis aló das simples aplicacións de técnicas de vialidad ou transporte, de especulacións económicas, de tecnicismos que esquivan a cuestión central: unha cidade é hoxe e será sempre unha proposta de construción dentro dunha orde.

Respecto e reflexión desde o Poder.

Dixen xa demasiado que na presenza de Lucio Costa, no respecto que lle tivo o Poder Político, no seu labor de intermediario, está a clave de que Brasília sexa unha realidade indiscutible, máis aló de reservas ou preguntas. Pero Lucio non é unha casualidade. Lucio fíxose e realizou nunha sociedade que o respectou e abriulle a súa alma. Non sen loitas desde logo, pero impúxose o respecto a un punto de vista, a unha forma de ver o mundo que marcou un punto alto, moi alto. Iso non é pouca cousa. Por cousas como esta e por outras moitas que viven na miña intimidade, admirei sempre a ese país e o que representa.

E deixo para terminar esta reflexión:

Que fai que nun país encárgueselle a construción da Residencia Presidencial á súa máis grande arquitecto vivo, dándolle total liberdade porque se trata dun lugar modélico, singular, que é de todos e sobre todo dunha cultura?

E pola contra

Cal mecanismo fai que nun lugar do mundo moi próximo ao anterior entréguese unha tarefa similar a un arquitecto achegado ou amigo “do partido” de goberno, en busca dun “ neo colonial” de boas maneiras, con corredores e xardíns de certo ton, sen repercusión cultural algunha?

Boa pregunta para todos nós, neste país cruzado pola mezquindad.

O libro de Lucio inclúe como separata unha carta que con ocasión dos seus aniversarios 95 escribiulle o Presidente de Brasil Fernando Enrique Cardoso en 1997, que inclúe estas frases:

“Usted sabe de mi admiración por su obra y por su contribución singular al desarrollo en el Brasil de un pensamiento y una práctica arquitectónica y urbanística”…

“vostede está entre aqueles que, neste século, contribuíron a inventar e construír un Brasil que se fai moderno sen deixar de ser brasileiro”…

Manifestacións así desde o Poder, sinceras e respectuosas, coñecedoras da persoa, contribúen a formar unha tradición e fan grande a unha sociedade. Axudan a responder as dúas preguntas anteriores.

Porque Lucio, efectivamente, construíu un modo de pensar que abriu portas a unha cultura.

Óscar Tenreiro Degwitz, Arquitecto.
Venezuela, xuño 2009
Entre o Certo e o Verdadeiro

[:en]

Una acuarela de Lucio Costa de un rincón colonial brasileño, hecha en 1927
A watercolor of Lucio Costa from a Brazilian colonial corner, made in 1927

This wandering through the legacy of Oscar Niemeyer takes one to the Brazilian culture. And within it architecture as an accepted expression, promoted and integrated into a kind of national “being”. Because that journey of centennial and exceptional man is also the path of a culture.

To verify what has been said, it is enough to refer to Lucio Costa (1902-1998) as a tutelary figure, a quiet, calm and enormously acute character, who was not only the manager of the process of opening Brazil towards modern architecture, but acted as a road companion who leaves in the hands of the one who accompanies the main word when appropriate, as is the case of Niemeyer, or instrumental link thanks to his role as adviser and reference.

And the book published by Maria Elisa, his daughter, architect and woman of great culture, shortly after his death, written and organized almost entirely by himself, helps not only to place his contribution to thinking about architecture, but the breadth of his interests , its relation with the Brazilian world that elaborates ideas, that debates, that flows, that produces; reports on his work as architect-designer and builder, modest could be said but marked by a rigorous faith in the postulates of modernity that he actively cultivated, accompanied by a search for the legacy of the shadow, the corridors, the tranquility inherited from architecture colonial, searches that interrupted at a given time to better deliver themselves to their role of mediation and intercession.

The whole of a life.

Its pages include its numerous writings, almost all of them aimed at reasoning in order to promote decisions in the political sector or helping to become aware of the values of architecture and its urban consequences. Others, many, personal, written with concise and beautiful style. And many references to his family life, to the spiritual heritage of his parents, Joaquín and Alina, the naval engineer; his daughters Helena and Maria Elisa. And as a permanent presence the relationship with Le Corbusier, close and reflective, of which I had an unexpected show when reading many years ago, in the LC Foundation, a personal letter where he relates in a way that moved me to tears the death of Leleta , his wife and dear companion, in a car accident that marked his life. Relationship that led him, was coincidentally in France at that time, to move with Charlotte Perriand to Roquebrunne-Cap Martin, to find the corpse of Le Corbusier to move him to Paris spending the night halfway in a cell of the convent of La Tourette. The title of the book emphasizes what the author wanted of him, to show not only his work but the world of his interests, his intellectual and affective space, which is what ultimately makes a man:

“Lucio Costa, record of an experience”.

And of course in the book there are documents about Brasilia. There is the Descriptive Report with which he accompanied his proposal in the contest for the Master Plan. If once almost fifty years ago that text aroused great admiration in me, today it remains a sample of that kind of spark, of a touch of “genius” in the sense of Robert Graves (to jump beyond the immediate, of the predictable ) which is the organizing principle of this extraordinary city. It captures the basic concept of what the city is, its “being” in the broadest sense of the term, beyond the simple applications of road or transport techniques, economic speculations, technicalities that avoid the issue central: a city is today and will always be a proposal of construction within an order.

Respect and reflection from the Power.

I have already said too much that in the presence of Lucio Costa, in the respect that the Political Power had for him, in his work as an intermediary, is the key that Brasilia is an indisputable reality, beyond reservations or questions. But Lucio is not a coincidence. Lucio was made and realized in a society that respected him and opened his soul. Not without struggles of course, but respect was imposed on a point of view, a way of seeing the world that marked a high point, very high. That is no small thing. For things like this and many others who live in my privacy, I have always admired that country and what it represents.

And I leave to finish this reflection:

What makes a country responsible for the construction of the Presidential Residence to its greatest living architect, giving it total freedom because it is a model, unique, that belongs to everyone and especially a culture?

And on the contrary

What mechanism makes a task similar to a close architect or friend «of the party» of government, in search of a «neo colonial» in good manners, with corridors and gardens of a certain place in the world very close to the previous one? tone, without any cultural impact?

Good question for all of us, in this country crossed by pettiness.

Lucio’s book includes as a separate letter a letter that, on the occasion of his 95th birthday, was written by the President of Brazil Fernando Enrique Cardoso in 1997, which includes these phrases:

“You know of my admiration for his work and for his singular contribution to the development in Brazil of an architectural and urbanistic thought and practice”…

“You are among those who, in this century, contributed to invent and build a Brazil that becomes modern without ceasing to be Brazilianl Brasil de un pensamiento y una práctica arquitectónica y urbanística”…

Manifestations like this from the Power, sincere and respectful, knowing the person, contribute to form a tradition and make a society great. They help answer the two previous questions.

Because Lucio, indeed, built a way of thinking that opened doors to a culture.

Óscar Tenreiro Degwitz, Architect.
Venezuela, juny 2009
Entre lo Cierto y lo Verdadero

[:]

Óscar Tenreiro Degwitz
Óscar Tenreiro Degwitzhttps://oscartenreiro.com/
Es un arquitecto venezolano, nacido en 1939, Premio Nacional de Arquitectura de su país en 2002-2003, profesor de Diseño Arquitectónico por más de treinta años en la Universidad Central de Venezuela, quien paralelamente con su ejercicio ha mantenido ya por años presencia en la prensa de su país en un esfuerzo de comunicación hacia la gente en general de los puntos de vista del arquitecto acerca de los más diversos temas, entre los cuales figuran los agudos problemas políticos de una sociedad como la venezolana. Tenreiro practica así lo que el llama el “pensamiento desde y hacia la arquitectura”, insistiendo en que lo hace como arquitecto en ejercicio, para escapar de los estereotipos y cautelas propios de la “crítica arquitectónica”. Respecto a la cual no oculta su desconfianza, que explica recurriendo al aforismo de Nietzsche sobre el crítico de arte “que ve el arte desde cerca sin llegar a tocarlo nunca”.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR
0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
0 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS