Acerca del paradigma informacional | Marc Chalamanch

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Fotografía: Marc Chalamanch, Barcelona, 2011

En pleno s.XXI nuestra sociedad intenta adaptarse a la veloz transformación de los modelos imperantes actuales, que son antagónicos a los que predominaron en el siglo pasado. La sociedad se halla inmersa en una transición hacia un nuevo paradigma que ya se venía gestando desde la Guerra Fría, transición que estamos experimentando como un período de intensos acontecimientos que ya han cambiado nuestra visión del mundo, y hacen que nos replanteemos nuestro compromiso social y político, a la vez que nos permiten ampliar el ámbito cultural y del conocimiento en este entorno de desconcierto. En tanto se generan nuevas oportunidades económicas a partir del desarrollo tecnológico, que es capaz de traspasar lo que hasta hace poco se consideraban fronteras infranqueables. En pocas décadas hemos vivido las oportunidades y las crisis de este cambio, y hemos empezado a desarrollar nuevas estructuras de interacción gracias a una sociedad con potencialidades globales. Nos encontramos enfrascados en un presente de cambio constante, con un futuro que es difícilmente descifrable, y donde el devenir tecno-informacional está construyendo una sociedad global.

Estas transformaciones afectan a cada ciudadano en su ámbito de vida, del más privado al más público, y disipan las fronteras existentes entre ellos, con lo cual ponen en crisis las bases de construcción social que la sociedad industrial había establecido. Se está reformulando la manera de relacionarnos mientras reconfiguramos cómo aprender, trabajar e interactuar en una sociedad en permanente transformación. Estos cambios nos obligan a replantear también los espacios físicos existentes para adaptarlos a una realidad cambiante, dinámica e indefinida. Nos encontramos delante de una gran oportunidad para repensar nuestros espacios de relación, los espacios públicos y privados, de ocio y de trabajo, con la gran responsabilidad como arquitectos y urbanistas de dar respuesta a cambios paradigmáticos dentro de un nuevo contexto. Esta nueva contextualización sólo la podemos llevar a cabo si realmente entendemos el origen del paradigma en el que estamos inmersos, y la forma en que la sociedad está transformando sus arcaicas estructuras sociales, económicas, políticas y culturales;  sociedad que se encuentra en pleno desarrollo de la denominada “Sociedad Red”1 (y con ella una sociedad global).

Este cambio estructural se empezó a originar en la década de los setenta con la aparición, al mismo tiempo, de tres procesos independientes:

1. La transformación de la organización social por la crisis y la restructuración del industrialismo.

2. Los cambios sociales dentro de dicha estructura con la aparición de movimientos sociales y culturales alternativos.

3. El paradigma tecnológico desarrollado alrededor de las tecnologías de la información y la comunicación, denominado “Informacionalismo”.

Fue la oportunidad histórica del Informacionalismo la que permitió aprovechar la afortunada coincidencia de factores económicos, sociales, políticos y culturales para generar y expandir nuevas formas de organización social, génesis de la Sociedad Red.

El origen de esta Sociedad Red coincide con el momento en que el industrialismo encuentra sus límites de crecimiento de productividad y busca cómo manejar el potencial liberado por las tecnologías de la información y la comunicación. Con ello empiezan a surgir alternativas a la idea de una técnica que tiene que ir ligada a la organización, a la noción de una división del trabajo marcada por la economía política, y al principio de que el pensamiento tiene que ser mecanizado. En esta década, 1970,  se comienza a cuestionar una producción basada en la gestión científica de la jerarquía de funciones como principio estructural, con la certeza única de la enumeración como idea de partida. Es entonces cuando el paradigma imperante hasta el tercer cuarto del s.XX, el industrialismo, con sus dos modelos antagónicos de producción asociados (el capitalismo basado en el modelo Keynesiano y el estatismo asentado en el control de la información y acaparamiento de tecnología en el complejo militar del bloque comunista), entra en crisis y busca la forma de reestructurarse y aprovechar su transformación para encontrar un nuevo posicionamiento geopolítico, que crecerá alrededor de las utopías de la comunicación universal y de una sociedad descentralizada gracias a los avances de la redes de comunicación2.

Al mismo tiempo, en este período surgieron movimientos sociales y culturales alternativos a los oficiales orientados a la transformación de la sociedad, con valores de libertad y autonomía personal, y que pretendían ser la contrapropuesta a las instituciones imperantes de la sociedad, tales como la iglesia, la familia, el Estado, y el poder empresarial y económico. Estos movimientos culturales y sociales desarrollaron proyectos alternativos con valores emergentes, que en sus inicios se materializaron en protestas como las de Free Speech Movement (FSM Berkeley, 1964) o el Mayo del 1968 en París, y que originaron numerosos movimientos, entre los que destacan el feminismo y el ecologismo. Estos proyectos alternativos abrieron el pensamiento hacia un individuo polivalente, educado de una forma integral y con un futuro de reconciliación del trabajo con el tiempo personal, en una sociedad que se iba convirtiendo cada vez más global e inmersa en un presente continuo interconectado.

Uno de los factores más determinantes en esta transformación social lo encontramos en el desarrollo y en la generación de energía durante la Revolución Industrial. Una generación energética que posibilitó que la humanidad aumentara su poder frente a la naturaleza, hasta llegar a convertirla en la condición indispensable para su propia existencia. Es esta energía la que permitió el enorme avance tecnológico que llevó a la aparición del paradigma tecnológico del Informacionalismo1, que construido en torno a las tecnologías digitales de la información y la comunicación, no hace desaparecer el industrialismo, sino que lo incorpora en la era de la información.

¿Hasta qué punto la importancia de la información en nuestra sociedad es novedosa?

Se considera que hemos llegado a la era de la Sociedad de la Información, pero la información en toda la historia de la humanidad -tanto para las personas como para las instituciones con acceso a ella- ha sido gestionada para dar valor y llegar así a conseguir sus propósitos a través del conocimiento. Bajo este prisma resulta confuso hablar de estar viviendo en la Sociedad de la Información, a pesar de ser un término que es utilizado como marco conceptual para definir nuestra sociedad. Al respecto, Manuel Castells2 lo llega a considerar como un error empírico y teórico, una denominación surgida de la extrapolación tecnológica de la sociedad industrial en la cultura occidental. Todas las sociedades a lo largo de la historia han utilizado la información y el conocimiento -innato en la condición humana y en su evolución- como factor indispensable para la obtención de poder, productividad, riqueza y significado. En este contexto también se tiene que tener en cuenta que el conocimiento a lo largo de la historia ha tenido una relatividad histórica.

Desde este punto de vista, podríamos decir que cuando hablamos de la Sociedad de la Información aludimos más bien a una característica transversal de las sociedades a lo largo de la historia, pero alrededor de los siglos XVII y XVIII podemos empezar a encontrar un cambio importante en la idea de una sociedad basada en la información. Este es el momento en que se instauran las matemáticas como modelo de razonamiento y de acción útil, y cuando se incorpora el código genético de un nuevo proyecto de sociedad, la mística de los números antes que la de la lengua o la cultura como noción de información. Es entonces cuando lo numerable y mensurable se convierte en el prototipo del discurso de la verdad. No obstante, no es hasta la Revolución Francesa que la noción del valor del conocimiento se convirtió en el rasero que marcaría el ideal de igualdad ciudadana y de los valores de universalismo, el cual ha ido evolucionando hasta nuestros días1.

La diferencia esencial que convierte a la información y al conocimiento en la base de este nuevo Paradigma Informacional se encuentra en su poder inherente, en su capacidad para convertirse en una nueva forma de desarrollo. Ahora la información se sitúa en el centro de las fuentes de productividad y aprovecha la interacción, la flexibilidad, la capacidad de recombinarse y superarse que proporcionan las nuevas tecnologías para mejorar la generación de conocimiento. Es el movimiento de la información el que refunda esta nueva sociedad. Una información mucho más veloz que el movimiento físico sobre el que se construyó la sociedad industrial. Un industrialismo que se organizó en torno al crecimiento económico, estructurando su actuación alrededor de la producción en masa. Mientras, el Informacionalismo acumula un conocimiento auto expansivo cada vez más voluminoso, complejo y veloz -con una rápida capacidad de procesamiento-, gracias al uso y a la expansión de las Tecnologías de la Información y el Conocimiento (TIC).

El Informacionalismo, con el soporte imprescindible para su evolución de las TIC, se ha situado en el eje del desarrollo y la productividad. Una productividad donde la materialidad de la sociedad industrial se evapora para digitalizarse, sin entender de límites. Una realidad digital tan palpable como la propia realidad material, y tan real que como arquitectos tenemos que saber adaptarnos a ella para encontrar los mecanismos que conviertan nuestros conocimientos en herramientas para la construcción de esta nueva sociedad.

El Paradigma Informacional está transformando todos los ámbitos de nuestra sociedad, convirtiéndolos en oportunidades únicas para repensarlos y para repensarnos.

Marc Chalamanch · Arquitecto
Barcelona. Junio 2015

Bibliografía:
1. CASTELLS, M. (2011) La sociedad red: Una visión global. Madrid: Alianza Editorial. 
2. MATTELART, A (2002) Historia de la sociedad de la información, Barcelona: Paidós

Marc Chalamanch

Es co-fundador del estudio de arquitectura y urbanismo ARCHIKUBIK Arquitecto y Urbanista licenciado por la ETSA de Barcelona, Universitat Politècnica de Catalunya. Máster universitario «Sociedad de la Información y el Conocimiento» en la UOC (Universidad Abierta de Catalunya).

Su investigación académica, apoyada en su experiencia profesional, va dirigida al análisis de la transformación de la ciudad con sus actores, problemáticas y retos en la Sociedad Red.

 
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