jueves, octubre 6, 2022
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Antropoparasitus | Marc Chalamanch

“La humanidad de hoy es como un soñador despierto, atrapado entre las fantasías del sueño y el caos del mundo real. La mente busca, pero no puede encontrar el lugar y la hora precisos. Hemos creado una civilización de Star Wars, con emociones de la Edad de Piedra, instituciones medievales y tecnología divina. Nos revolcamos. Estamos terriblemente confundidos por el mero hecho de nuestra existencia y un peligro para nosotros mismos y para el resto de la vida».

Edward O. Wilson

La Humanidad no deja de demostrar en cada uno de sus actos su capacidad creadora y destructora al mismo tiempo, pero también su inmensa impotencia para afrontar las consecuencias de todos sus actos. Ha conseguido su calidad de vida explotando y apropiándose de todos los recursos del planeta, la tierra, el aire y el agua, como si estos fueran de su más absoluta pertenencia. Toda la faz de la Tierra padece nuestra traza destructora hasta el punto de llegar a poner en peligro la vida en el planeta y nuestra propia existencia.

Antropoparasitus Marc Chalamanch Antropoparasitus Marc Chalamanch Tierra (2013). Regina José Galindo (performance). Les Moullins de Paillard, Paris.
Tierra (2013). Regina José Galindo (performance). Les Moullins de Paillard, Paris.

Hasta ahora, la Tierra siempre había encontrado la forma de recuperarse y regenerarse, demostrando así su resiliencia. Pero esta facultad ha quedado desbordada provocando que la Tierra se halle en un punto de no retorno y sin capacidad para encontrar su próximo estado de equilibrio. La Humanidad está obligada a ser parte de la solución como máximo responsable de este desequilibrio.

El futuro del planeta, sea cual sea, está en buena parte en nuestras manos, pero la visión de que inesperadamente un virus sea capaz de paralizar a toda la humanidad hace evidente nuestra indefensión y nuestras debilidades. La pandemia provocada por el Covid-19 nos ha permitido comprobar que no se pueden subestimar las fuerzas naturales y las acciones que los seres vivos son capaces de producir en este planeta compartido. De hecho, los principales seres vivos transformadores y reformadores de la Tierra han sido y siguen siendo las bacterias, conjuntamente con las inter-acciones e intra-acciones de todo tipo que se producen, incluso con los humanos, sus prácticas y sus tecnologías (Haraway, 2015). Esto nos tiene que hacer reflexionar sobre los límites de nuestra capacidad real de controlar nuestro entorno y el planeta.

El mundo está en constante transformación, a pesar de que nuestro antropocentrismo nos incapacita para verlo. El planeta cambia a través de la erosión provocada por las mareas, los ríos, el viento y el hielo (los glaciares), al mismo tiempo que los volcanes, las placas tectónicas o las fuerzas gravitatorias lo transforman y lo hacen crecer. El planeta Tierra nos acoge, pero no nos necesita. Formamos parte de él, pero somos prescindibles, y parece que somos incapaces de entenderlo.

Antropoparasitus Marc Chalamanch Lo vivo como infraestructura (fotografía de archivo)
 Lo vivo como infraestructura | Fotografía de archivo

El calentamiento global marca una nueva era geológica para nuestro planeta. Una era causada principalmente por la acción del hombre y su modelo de desarrollo, basado en la economía del dióxido de carbono. Una era donde la humanidad se ha convertido en la principal fuerza transformadora a nivel geológico del planeta Tierra.

Antropoparasitus Marc Chalamanch Desierto Housing Block, Las Vegas (fotografía de Alex Maclean).
Desierto Housing Block, Las Vegas | Fotografía de Alex Maclean

Desde hace siglos se ha advertido de nuestra infinita capacidad depredadora y de sus devastadoras consecuencias, tales como el calentamiento global y sus efectos sistémicos, la disminución acelerada de la biodiversidad, el agotamiento de recursos (no renovables y renovables) y la evolución de metabolismos en sistemas bióticos y abióticos (como suelos) (Chwałczyk, 2020). Realidades que de alguna manera conocemos pero que nos cuesta dimensionarlas, ponerles cifras y nombres para llegar a entender la verdadera dimensión de la enfermedad que supone la Humanidad para el planeta Tierra. Empezar a poner nombre a esta nueva era, Antropoceno (Crutzen, 2002; Trischler, 2017), ha sido importante para cambiar el marco mental en el que vivimos y empezar a reaccionar. Saber el origen de cómo apareció este nombre, su definición y las diferentes controversias que genera explica lo complejo que somos los humanos, pero también la diversidad de puntos de vista que una misma realidad llega a tener. Mientras el concepto Antropoceno se ha hecho un sitio para definir esta nueva era, otras visiones críticas, alternativas y complementarias intentan aflorar sus limitaciones provocando la aparición de al menos 80 nuevos términos como Faloceno (LasCanta, 2017), Angloceno (Fressoz, 2015), Capitaloceno (Moore, 2016), Urbanoceno(Chwałczyk, 2020) y muchos otros que surgen en la confluencia de diferentes disciplinas. Analizando estos otros conceptos se puede tener una visión más holística y crítica del punto donde nos encontramos y por qué, pero quizás también nos permite poder posicionarnos sobre otros posibles caminos del futuro de nuestra sociedad.

Antropoparasitus Marc Chalamanch Mar de plástico del poniente de Almería (fotografía de archivo).
Mar de plástico del poniente de Almería | Fotografía de archivo

Muchos son los factores que justifican el cambio de era, entre ellos el uso de combustibles fósiles que junto con otros gases de efecto invernadero, son responsables del calentamiento global. Pero también, por ejemplo, la extracción y el procesamiento ingente de productos de la Tierra para el consumo creciente de una población que aumenta a razón de 220.000 seres humanos al día (Dyas, 2019). Hemos pasado de ocupar el 5% de la masa terrestre en el año 1750 al 30% en el 2021 (Bonneuil, Christophe, Fressoz, 2016), y los centros urbanos representan ya aproximadamente dos tercios de la demanda de energía primaria y producen el 70% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono. La subida de las temperaturas provocará que menos superficie terrestre sea habitable, y con ello, éxodos difíciles de prever y pérdida de biodiversidad. La Tierra sufrirá más cambios en los próximos 50 años que en los últimos 6.000 años.

Antropoparasitus Marc Chalamanch Waves of Humanity, Ciudad de México (fotografía de Pablo López Luz).
Waves of Humanity, Ciudad de México | Fotografía de Pablo López Luz

Desde el s. XIX, la historia entre la naturaleza y el hombre discurre por separado. La idea de una nueva era geológica provocada por el hombre nos tiene que invitar a una refundación de la convivencia entre la sociedad humana y la naturaleza para entenderlas como parte de una misma realidad indivisible, la Tierra.

En este momento histórico en el que la destrucción de los ecosistemas alcanza sus máximos con proyectos mineros, energéticos, hidráulicos, turísticos, residenciales, infraestructurales y biotecnológicos de las grandes corporaciones, estas buscan y encuentran la complicidad de los gobiernos de todas las ideologías para seguir con sus objetivos particulares. Los políticos se hallan en la encrucijada de responder a los intereses de las grandes corporaciones, que de diferentes formas los compran y chantajean, o al grito cada vez mayor de una población que comprueba la dimensión del problema y la necesidad del cambio de rumbo que los científicos hace décadas están anunciando.

Antropoparasitus Marc Chalamanch Vista aérea de una zona rica en alquitrán, provocada por la actividad de la industria minera y las colas de desechos tóxicos. Alberta, Canadá.
Vista aérea de una zona rica en alquitrán, provocada por la actividad de la industria minera y las colas de desechos tóxicos. Alberta, Canadá.

Es revelador para entender quién nos gobierna recorrer la historia de las instituciones y cumbres de gobiernos que desde el año 1972 intentan dar respuesta a esta realidad y comprobar la fuerza de los intereses económicos que quieren impedirlo. La lista de instituciones y encuentros empieza a ser larguísima: Programa de Naciones Unidad sobre Medio Ambiente (PNUMA), Convención Marco de Naciones sobre el cambio climático (CMNCC) (Naciones Unidas, 1992) que celebró la Cumbre de la Tierra sobre Medio Ambiente y Desarrollo de Río de Janeiro en 1992, Cumbre Mundial del Desarrollo sostenible 2002, la Conferencia de Partes (COP) que des del 2005 cuenta con compromisos jurídicamente vinculantes y que en el año 1997 incorpora el Protocolo de Kyoto (Naciones Unidas, 1998), COP21 con los Climates Leadership Group, COP25 en Madrid o la reciente COP26 en Glasgow o las ciudades organizadas y lideradas por C40 Cities Climate Leadership Group. En cada cumbre se aprueban nuevos acuerdos y promesas que nadie cumple, y muchos ni lo intentan. Mientras, movimientos sociales, organizaciones y activistas, a veces anónimos y otras convertidos en productos globales de márquetin, intentan alertar y presionar con más o menos éxito a gobiernos y corporaciones. Pero sobre todo consiguen crear una masa crítica social cada vez más concienciada de que esta lucha es ineludible, ya sea con la implicación personal en pequeñas batallas o participando colectivamente en las grandes iniciativas.

Antropoparasitus Marc Chalamanch Extinction Rebellion. Manifestación contra el cambio climático. Londres, 23 de agosto 2011.
Extinction Rebellion. Manifestación contra el cambio climático. Londres, 23 de agosto 2011.

El activismo y las ciudades se están manifestando como los contrapoderes de los Estados y las corporaciones en las últimas cumbres contra el Cambio Climático. Las ciudades son ya las grandes protagonistas del siglo XXI, dejando atrás los Estados-Nación que dominaron el siglo XX y los imperios que lo hicieron en el siglo XIX. Las ciudades empiezan a entender que su responsabilidad no es solo con sus ciudadanos sino también a escala global. Casi la mitad de la humanidad vive en ciudades convertidas en los espacios geográficos en los que los humanos nos sentimos más identificados, donde disfrutamos de sus ventajas, afrontamos sus retos y padecemos sus problemas.

Las ciudades se han convertido en el cementerio y el vertedero de los problemas globales a pesar de los esfuerzos de algunas de ellas para revertir esta realidad. El sistema urbano es un todo al mismo tiempo, infralocal, local, territorial y global. Los problemas ya no son particulares, sino globales, y las soluciones también lo tienen que ser porque el hacer o el deshacer nos afecta a todos por igual. Cada acción, buena o mala, afecta a cada rincón del planeta.

Las civilizaciones y las culturas surgieron en las ciudades y ahora estas dominan el mundo, pero también son el origen del calentamiento global, la contaminación ambiental, las deficiencias energéticas y la producción de residuos, además de convertirse en cuna de los especuladores, entre otros. El crecimiento de la desigualdad en las ciudades, debido al empeño metabólico de estas y de sus organismos para maximizar su poder, señalan las razones de muchos de sus problemas.

Antropoparasitus Marc Chalamanch Dubai, Emiratos Árabes (fotografía Alexey Kharitonov).
Dubai, Emiratos Árabes | Fotografía Alexey Kharitonov

El término geográfico Urbanoceno, propuesto por Geoffrey West (West, 2017), busca explicar que el destino de nuestras ciudades es el destino del planeta. Para entenderlo mejor, Antropoceno correspondería a un proceso de humanización del planeta y la urbanización sistemática sería el Urbanoceno. La urbanización masiva forma parte de un proceso de construcción de un nuevo espacio social para co-habitar a escala planetaria, el Ecunémico.

Al mismo tiempo, hay una voluntad creciente de “ruralizar” la urbanidad para construir lazos entre sus habitantes urbanos y la naturaleza. De esta manera podríamos actuar sobre nuestra calidad de vida y con ello sobre la de esta urbanización generalizada de la Tierra que es la mundialización. Esto conlleva transformar el modelo de ciudad priorizando la vida, las personas, los animales y la vegetación, el verde como infraestructura por encima de la infraestructura construida e inerte, que provoca la isla de calor urbana y prioriza el coche por encima del peatón y, al producto de consumo por encima de las necesidades de las personas. Nos permitiría ir hacia un modelo descentralizado de ciudad de proximidades, policéntrica y con capacidad de resiliencia intrínseca, en la que por encima de todo la vida sea la prioridad. Proyectar la ciudad en la que sus ciudadanos tengan acceso a una vivienda digna, un trabajo digno, un espacio de aprendizaje, aprovisionamiento, salud, cultura y ocio, presupone un cambio de paradigma donde la prioridad es aproximar y recuperar los espacios de vida, y fomentar la intensidad social. En definitiva, priorizar la vida ante la inercia del “desarrollo por el desarrollo” que nos está llevando a esta crisis climática global.

La crisis climática requiere de la simbiosis entre la ciudad y el campo, pero también entre todas las especies que habitamos la Tierra, con todas las interdependencias posibles, construyendo complicidades y reconociendo los conflictos. Con ello podremos llegar a comprender esta nueva era geológica caracterizada por la destrucción del planeta como consecuencia de la actividad capitalista-depredadora de algunos humanos.

Lo vivo como infraestructura (Ilustración de archivo)
Lo vivo como infraestructura | Ilustración de archivo

El Antropoceno es un problema sociopolítico-histórico diverso en el que no hay dudas sobre la fuente antropogénica de la catástrofe climática. El fenómeno del Antropoceno parte de la división entre naturaleza y cultura, de la visión del “hombre contra el mundo” y de entender la naturaleza como algo separado y al servicio del hombre (Bonneuil, Christophe, Fressoz, 2016). A pesar de todo, el concepto Antropoceno y todos sus contraconceptos ofrecen reinterpretaciones filosóficas y científica sobre la relación entre el ser humano y la naturaleza. Alertan sobre la envergadura de la acción humana sobre el planeta en un debate infinito entre libertad, poder y responsabilidad. Estos conceptos tienen la gran capacidad de abrir reflexiones de una forma multidisciplinar sobre el presente y el futuro de la Tierra, del hombre y de su relación con la naturaleza como nunca había sucedido. Uno de los principales desafíos es perseguir obstinadamente un potencial terreno común que nos ayude a generar acciones reales de transformación de la inercia distópica en la que hemos metido la Tierra.

Bibliografía

– Bonneuil, Christophe, Fressoz, J.-B. (2016). The Shock of the Anthropocene: The Earth, History, and Us (V. B. T. edición (8 enero 2016), Ed.).
– Chwałczyk, F. (2020). Around the Anthropocene in Eighty Names—Considering the Urbanocene Proposition. Sustainability, 12(11), 4458. https://doi.org/10.3390/su12114458
– Crutzen, P. J. (2002). Geology of mankind. In Nature (Vol. 415, Issue 6867, p. 23). Nature Publishing Group. https://doi.org/10.1038/415023a
– Dyas, M. (2019). (17) A Day In The Life of Earth. In BBC Science Documentary. BBC.

– Fressoz, J.-B. (2015). «El acontecimiento antropoceno: la Tierra, la historia y nosotros». Fundación Ramón Areces. https://www.fundacionareces.tv/ciencias-sociales/economia-y-valores/el-acontecimiento-antropoceno-la-tierra-la-historia-y-noso/
– Haraway, D. (2015). «Anthropocene, Capitalocene, Plantationocene, Chthulucene: Making Kin». Environmental Humanities, 6(1), 159–165. https://doi.org/10.1215/22011919-3615934
– LasCanta, L. (2017). «El Faloceno: Redefinir el Antropoceno desde una mirada ecofeminista – Ecología Política». Ecología Política. https://www.ecologiapolitica.info/?p=9705
Moore, J. W. (2016). «Anthropocene or Capitalocene? Nature, History, and the Crisis of Capitalism». en Humanidades Ambientales Vol. 6 2015, https://orb.binghamton.edu/sociology_fac/1
– Naciones Unidas. (1992). «CONVENCIÓN MARCO DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO».
– Naciones Unidas. (1998). «PROTOCOLO DE KYOTO DE LA CONVENCIÓN MARCO DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO.»
– Rem Koolhaas, un hombre de campo, en Babelia. https://elpais.com/cultura/2020/06/11/babelia/1591889428_847100.html?
– Trischler, H. (2017). El Antropoceno, ¿un concepto geológico o cultural, o ambos? Desacatos, 54, 40–57. http://www.scielo.org.mx/pdf/desacatos/n54/2448-5144-desacatos-54-00040.pdf
– West, G. B. (2017). Scale: The Universal Laws of Growth, Innovation, Sustainability, and the Pace of Life in Organisms, Cities, Economies, and Companies by Geoffrey B. West. Penguin Press. https://www.goodreads.com/book/show/31670196-scale

Marc Chalamanch
Marc Chalamanchhttp://www.chalamanch.com/
Es co-fundador del estudio de arquitectura y urbanismo ARCHIKUBIK Arquitecto y Urbanista licenciado por la ETSA de Barcelona, Universitat Politècnica de Catalunya. Máster universitario «Sociedad de la Información y el Conocimiento» en la UOC (Universidad Abierta de Catalunya). Su investigación académica, apoyada en su experiencia profesional, va dirigida al análisis de la transformación de la ciudad con sus actores, problemáticas y retos en la Sociedad Red.
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