[:es]
Dos circunstancias de diseño fueron determinantes para establecer el carácter que tipifica la arquitectura del Convento de La Tourette. El primero se corporiza al definir el plano horizontal rector en el punto más alto del terreno, para que, a partir de esa horizontal, el edificio descienda copiando la topografía irregular de la ladera. El segundo resulta al mutar el concepto de claustro tradicional por una disposición más compleja, donde el patio no es el espacio de expansión de las habitaciones que lo rodean sino el sostén de volúmenes y circulaciones que lo cruzan para enlazar diferentes puntos del programa.
Ambas disposiciones alinean la respuesta enfática de Le Corbusier a un programa que promueve la introspección, en un sitio que también presenta una sugestiva complejidad. El terreno donde se construyó el convento fue adquirido por los dominicos, un predio de 80 hectáreas con bosques y una granja en la falda de una colina en Eveux-sur-arbresle. El programa se resume a una iglesia, una sala capitular, alojamiento para 100 dominicos, escuela y biblioteca. Le Corbusier fue imbuido del espíritu monástico por el padre Marie Alain Couturier, con quien mantenía una estrecha relación amistosa desde los tiempos de Ronchamp.

Couturier era un apasionado del arte y como tal ejerció fuerte influencia en la decisión de los dominicos para que el elegido sea Le Corbusier, a quien imbuyó de las características de la actividad dentro del monasterio, mediante cartas donde relataba profusamente ritos y costumbres de los dominicos, e incluso un croquis sobre
“la típica planta cisterciense, con servicios comunes adosados a un patio porticado que, a su vez, estaba pegado a uno de los lados de una iglesia alargada”.1

En la primera visita al terreno, Le Corbusier determina el carácter de la implantación:
“dibuje la carretera, dibuje los horizontes, puse la orientación del sol, arisquee la topografía, decidí el lugar donde estaría, porque el lugar no estaba fijado en absoluto. Al escoger el emplazamiento estaba cometiendo un acto criminal o válido”.2

Al definir el plano horizontal en el punto más alto del terreno, Le Corbusier evita una modificación importante en la topografía, mediando en los lados del convento planos ciegos y perforados, para permitir la libre circulación de los sedimentos móviles del sitio.
En esta obra, Le Corbusier plantea una tensión determinante entre lo individual y lo colectivo, que se expresa en la representación de una unidad repetitiva para la celda monástica y la libre disposición de los espacios colectivos. Haciendo “uso” de la irregular topografía el convento ofrece contrastes determinantes, mediando una fachada palpitante sobre el valle, donde las celdas privadas ubicadas en los dos últimos pisos, modelan con sus balcones un carácter que no se repite en el resto del edificio. En el piso inferior, la sala de seminarios tiene paños de vidrio en toda la superficie exterior, dividido por montantes verticales de hormigón que siguen una secuencia diseñada por Xenakis. Esta modulación que proviene del modulor y de ritmos musicales, en los paños fijos es denominada “ondulatories”, y en los móviles “aérateurs”.

Pero el mayor punto de contraste se exterioriza entre el diseño en bandas horizontales del convento y el volumen hermético de la iglesia. Las transparencias y las sombras moduladas colisionan con el macizo vertical de 5 niveles, separado por una raja de aire que establece la disociación entre la privacidad del monasterio y el espacio público de culto.
En planta, los lados interiores del edificio muestran variaciones que señalan los diferentes usos de cada piso. En el nivel de acceso, el corredor que vincula los espacios públicos muestra carpinterías diseñadas en base a un cuadrado modulado que recuerda los ejercicios pictóricos de Mondrian. Por encima, las circulaciones de las celdas son iluminadas por pequeñas rajas de luz ubicadas a la altura de los ojos, moduladas con pequeños soportes de hormigón que sobresalen como terrones, coincidiendo con las columnas estructurales.

Las celdas son pequeños rectángulos regulados por las dimensiones del modulor: 5,92 de largo, 1, 83 de ancho y 2,26 metros de altura. Cada habitación tiene una carpintería que cubre la totalidad del lado exterior y un balcón que permite graduar el ingreso de la luz solar. Los muros presentan una textura rugosa y pesada que solo se aligera en el lugar donde se ubica la mesa de lectura.
El patio central está atravesado por dos pasillos perpendiculares que vinculan todas las funciones públicas. Una circulación conduce desde el acceso a la sala, la otra desde las celdas a la iglesia; ambas se encuentran verticalmente bajo un techo inclinado. El paseo permite contemplar las figuras de la arquitectura: el cubo del oratorio, la pirámide yuxtapuesta encima del cubo, el cilindro de la escalera caracol, cuadrados y paralelepípedos que reflejan las formas de la creación humana.

La iglesia es resultado de un ejercicio de diseño individual dentro del conjunto. El volumen principal presenta en cada lado de su longitud dos volúmenes adosados. Uno de forma irregular que contiene la cripta, donde predominan tres grandes lucernarios y amplias superficies cubiertas de colores primarios; otro rectangular en el lado opuesto donde se encuentra la sacristía iluminada por siete lucernarios geométricos. Ambas construyen el transepto, fundando una singular versión de la planta en cruz latina de la iglesia tradicional. El altar se ubica donde se cruzan los ejes de esas figuras. Los muros macizos, verticales y desnudos de la nave principal solo se interrumpen por dos hendiduras horizontales: una abierta al sol naciente y la otra al poniente. El piso negro acentúa el contraste entre las sombras y las láminas de luz.

Contenido en su carácter rustico, los atributos de La Tourette exaltan los valores espirituales que le dieron origen, mediando una rigurosa disciplina proyectual. El edificio combina juegos tipológicos, espaciales y funcionales que se apartan de prototipos históricos, pero que están imbuidos por el espíritu de su gen. Las convenciones de la arquitectura son de una estricta geometría, para encumbrar las grafías de la creación humana y establecer una divergencia concluyente con las formas de la naturaleza.
Marcelo Gardinetti. Arquitecto
La Plata. Argentina. Junio 2019
Notas:
1 CURTIS, William J.R. Le Corbusier, ideas y formas. Madrid. Hermann Blume. 1987 pág. 181.
2 Palabras de Le Corbusier transcriptas del documental Arquitecturas, El convento de La Tourette, Copans 2002.[:gl]
Dúas circunstancias de deseño foron determinantes para establecer o carácter que tipifica a arquitectura do Convento da Tourette. O primeiro se corporiza ao definir o plano horizontal reitor no punto máis alto do terreo, para que, a partir desa horizontal, o edificio descenda copiando a topografía irregular da ladeira. O segundo resulta ao mutar o concepto de claustro tradicional por unha disposición máis complexa, onde o patio non é o espazo de expansión das habitacións que o rodean senón o sostén de volumes e circulacións que o cruzan para enlazar diferentes puntos do programa.
Ambas as disposicións aliñan a resposta enfática de Lle Corbusier a un programa que promove a introspección, nun sitio que tamén presenta unha suxestiva complexidade. O terreo onde se construíu o convento foi adquirido polos dominicos, un predio de 80 hectáreas con bosques e unha granxa na saia dun outeiro en Eveux-sur- arbresle. O programa resúmese a unha igrexa, unha sala capitular, aloxamento para 100 dominicos, escola e biblioteca. Lle Corbusier foi imbuído do espírito monástico polo pai Marie Alain Couturier, con quen mantiña unha estreita relación amigable desde os tempos de Ronchamp.

Couturier era unha apaixonado da arte e como tal exerceu forte influencia na decisión dos dominicos para que o elixido sexa Le Corbusier, a quen imbuíu das características da actividade dentro do mosteiro, mediante cartas onde relataba profusamente ritos e costumes dos dominicos, e mesmo un esbozo sobre
“a típica planta cisterciense, con servizos comúns encostados a un patio porticado que, á súa vez, estaba pegado a un dos lados dunha igrexa alongada”.1

Na primeira visita ao terreo, Le Corbusier determina o carácter da implantación:
“debuxe a estrada, debuxe os horizontes, puxen a orientación do sol, arisquee a topografía, decidín o lugar onde estaría, porque o lugar non estaba fixado en absoluto. Ao escoller o emprazamento estaba a cometer un acto criminal ou válido”.2

Ao definir o plano horizontal no punto máis alto do terreo, Le Corbusier evita unha modificación importante na topografía, mediando nos lados do convento planos cegos e perforados, para permitir a libre circulación dos sedimentos móbiles do sitio.
Nesta obra, Lle Corbusier expón unha tensión determinante entre o individual e o colectivo, que se expresa na representación dunha unidade repetitiva para a cela monástica e a libre disposición dos espazos colectivos. Facendo “uso” da irregular topografía o convento ofrece contrastes determinantes, mediando unha fachada palpitante sobre o val, onde as celas privadas situadas nos dous últimos pisos, modelan cos seus balcóns un carácter que non se repite no resto do edificio. No piso inferior, a sala de seminarios ten panos de vidro en toda a superficie exterior, dividido por montantes verticais de formigón que seguen unha secuencia deseñada por Xenakis. Esta modulación que provén do modulor e de ritmos musicais, nos panos fixos é denominada “ondulatories”, e nos móbiles “aérateurs”.

Pero o maior punto de contraste se exterioriza entre o deseño en bandas horizontais do convento e o volume hermético da igrexa. As transparencias e as sombras moduladas chocan co macizo vertical de 5 niveis, separado por unha racha de aire que establece a disociación entre a privacidade do mosteiro e o espazo público de culto.
En planta, os lados interiores do edificio mostran variacións que sinalan os diferentes usos de cada piso. No nivel de acceso, o corredor que vincula os espazos públicos mostra carpinterías deseñadas en base a un cadrado modulado que lembra os exercicios pictóricos de Mondrian. Por encima, as circulacións das celas son iluminadas por pequenas rachas de luz situadas á altura dos ollos, moduladas con pequenos soportes de formigón que sobresaen como terrones, coincidindo coas columnas estruturais.

As celas son pequenos rectángulos regulados polas dimensións do modulor: 5,92 de longo, 1, 83 de ancho e 2,26 metros de altura. Cada habitación ten unha carpintería que cobre a totalidade ao lado exterior e un balcón que permite graduar o ingreso da luz solar. Os muros presentan unha textura rugosa e pesada que só se alixeira no lugar onde se sitúa a mesa de lectura.
O patio central está atravesado por dous corredores perpendiculares que vinculan todas as funcións públicas. Unha circulación conduce desde o acceso á sala, a outra desde as celas á igrexa; ambas se atopan verticalmente baixo un teito inclinado. O paseo permite contemplar as figuras da arquitectura: o cubo do oratorio, a pirámide yuxtapuesta encima do cubo, o cilindro da escaleira caracol, cadrados e paralelepípedos que reflicten as formas da creación humana.

A igrexa é resultado dun exercicio de deseño individual dentro do conxunto. O volume principal presenta en cada lado da súa lonxitude dous volumes encostados. Un de forma irregular que contén a cripta, onde predominan tres grandes lucernarios e amplas superficies cubertas de cores primarias; outro rectangular no lado oposto onde se atopa a sancristía iluminada por sete lucernarios xeométricos. Ambas constrúen o transepto, fundando unha singular versión da planta en cruz latina da igrexa tradicional. O altar sitúase onde se cruzan os eixos desas figuras. Os muros macizos, verticais e espidos da nave principal só interrómpense por dúas hendiduras horizontais: unha aberta ao sol nacente e a outra ao poñente. O piso negro acentúa o contraste entre as sombras e as láminas de luz.

Contido no seu carácter rustico, os atributos da Tourette exaltan os valores espirituais que lle deron orixe, mediando unha rigorosa disciplina proyectual. O edificio combina xogos tipológicos, espaciais e funcionais que se apartan de prototipos históricos, pero que están imbuídos polo espírito do seu xene. As convencións da arquitectura son dunha estrita xeometría, para encumbrar as grafías da creación humana e establecer unha diverxencia concluínte coas formas da natureza.
Marcelo Gardinetti. Arquitecto
La Plata. Arxentina. Xuño 2019
Notas:
1 CURTIS, William J.R. Le Corbusier, ideas y formas. Madrid. Hermann Blume. 1987 pág. 181.
2 Verbas de Le Corbusier transcriptas do documental Arquitecturas, O convento de A Tourette, Copans 2002.[:en]
Two design circumstances were decisive to establish the character that typifies the architecture of the Convent of La Tourette. The first is embodied by defining the horizontal plane governing the highest point of the terrain, so that, from that horizontal, the building descends copying the irregular topography of the slope. The second is to mutate the concept of traditional cloister by a more complex arrangement, where the patio is not the space of expansion of the rooms that surround it but the support of volumes and circulations that cross it to link different points of the program.
Both provisions align Le Corbusier’s emphatic response to a program that promotes introspection, in a site that also presents a suggestive complexity. The land where the convent was built was acquired by the Dominicans, an estate of 80 hectares with forests and a farm on the side of a hill in Eveux-sur-arbresle. The program is summarized to a church, a chapter house, accommodation for 100 Dominicans, school and library. Le Corbusier was imbued with the monastic spirit by Father Marie Alain Couturier, with whom he had a close friendly relationship since the time of Ronchamp.

Couturier was passionate about art and as such exerted strong influence on the decision of the Dominicans so that the chosen one is Le Corbusier, whom he imbued with the characteristics of the activity within the monastery, through letters where he profusely recounted rites and customs of the Dominicans , and even a sketch about
“The typical Cistercian plant, with common services attached to a porticoed courtyard that, in turn, was attached to one side of an elongated church”.1

In the first visit to the land, Le Corbusier determines the nature of the implementation:
“I drew the road, I drew the horizons, I put the orientation of the sun, I confused the topography, I decided where I would be, because the place was not fixed at all. By choosing the location I was committing a criminal or valid act”.2

By defining the horizontal plane at the highest point of the terrain, Le Corbusier avoids an important modification in the topography, mediating on the sides of the convent blind and perforated planes, to allow the free circulation of the mobile sediments of the site.
In this work, Le Corbusier raises a determining tension between the individual and the collective, which is expressed in the representation of a repetitive unit for the monastic cell and the free disposition of the collective spaces. Making “use“ of the irregular topography the convent offers decisive contrasts, mediating a throbbing façade over the valley, where the private cells located in the last two floors, model with their balconies a character that is not repeated in the rest of the building. On the lower floor, the seminar room has glass cloths on the entire exterior surface, divided by vertical concrete pillars that follow a sequence designed by Xenakis. This modulation that comes from the modulor and musical rhythms, in the fixed panels is called “ondulatories”, and in the mobile “aérateurs“.

But the greatest point of contrast is exteriorized between the design in horizontal bands of the convent and the hermetic volume of the church. The transparencies and the modulated shadows collide with the 5-level vertical massif, separated by a slit of air that establishes the dissociation between the privacy of the monastery and the public space of worship.
In plan, the interior sides of the building show variations that indicate the different uses of each floor. At the access level, the corridor linking the public spaces shows carpentry designed on the basis of a modulated square that recalls Mondrian’s pictorial exercises. Above, the circulations of the cells are illuminated by small slits of light located at eye level, modulated with small concrete supports that protrude like clods, coinciding with the structural columns.

The cells are small rectangles regulated by the dimensions of the modulor: 5.92 in length, 1.83 in width and 2.26 meters in height. Each room has a carpentry that covers the entire exterior and a balcony that allows the entry of sunlight. The walls have a rough and heavy texture that only lightens in the place where the reading table is located.
The central patio is crossed by two perpendicular corridors that link all public functions. One circulation leads from the access to the room, the other from the cells to the church; both are located vertically under a sloping roof. The walk allows us to contemplate the figures of architecture: the cube of the oratory, the pyramid juxtaposed above the cube, the cylinder of the spiral staircase, squares and parallelepipeds that reflect the forms of human creation.

The church is the result of an exercise of individual design within the group. The main volume presents two side-by-side volumes on each side of its length. One of irregular shape that contains the crypt, where three large skylights and large surfaces covered with primary colors predominate; another rectangular one on the opposite side where the sacristy is lit by seven geometric skylights. Both build the transept, founding a unique version of the Latin cross plan of the traditional church. The altar is located where the axes of these figures intersect. The solid, vertical and bare walls of the main nave are interrupted only by two horizontal slits: one open to the rising sun and the other to the west. The black floor accentuates the contrast between the shadows and the sheets of light.

Content in its rustic character, the attributes of La Tourette exalt the spiritual values that gave rise to it, mediating a rigorous project discipline. The building combines typological, spatial and functional games that depart from historical prototypes, but that are imbued with the spirit of their gene. The conventions of architecture are of a strict geometry, to elevate the graffiti of human creation and establish a conclusive divergence with the forms of nature.
Marcelo Gardinetti. Architect
La Plata. Argentina. Juny 2019
Notas:
1 CURTIS, William J.R. Le Corbusier, ideas y formas. Madrid. Hermann Blume. 1987 pág. 181.
2 Le Corbusier´s words transcribed from the documentary Arquitecturas, El convento de La Tourette, Copans 2002.[:]




