[:es]
«Un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no lugar. (…)»
Las ciudades se maquillan, convertidas en imágenes perfectas, para poder fingir lo que la sociedad espera de ellas. Se camuflan detrás de una aparente y deseada desinfección, ocultando el hecho de que la vida es y no se simula. Luchan insaciablemente para conservar la pureza de sus muros grises, limpios y mudos, que dicen son reflejo del progreso, frente a paredes que hablan de lo que sus ciudadanos desean, unos muros que buscan otro «progreso».

Las ciudades son pensadas para ciudadanos imaginarios en mundos protegidos de males y malos, que ellas mismas engendran; unas ciudades que buscan una visión esterilizada de los espacios compartidos para esconder la diferencia y desarticular las iniciativas no-controladas surgidas de la propia sociedad. Ciudades para unos ciudadanos que son sometidos a un constante bombardeo de intencionalidades que les impiden tomar la iniciativa, dejándolos como desnudos espectadores de lo que tendría que ser su propia realidad. Estos ciudadanos son convertidos en simples actores de una ciudad simulada.

La simulación es la marca repetida hasta la saciedad de lo que aspiran los que dirigen «sus» ciudades, como lo fue la de Barcelona: «la mejor tienda del mundo». Sus habitantes solo se pueden mover en ellas bajo la amenaza de un gran libro de instrucciones, prohibiciones y castigos que pretenden protegerlos, todo bajo el eufemismo del civismo convertido, a veces, en cinismo. Es la ciudad donde se excluye lo de todos para convertirlo en el negocio de unos pocos, y así poder construir la ciudad de «ellos». Una ciudad que parte de la exclusión, que es invadida por ojos que lo ven todo para prometernos nuestra seguridad, ojos que vigilan a los «malos» -que no conocen- y de paso a ti que si saben bien quién eres. Una ciudad «orden-ada», sin darnos cuenta, por un sentido político destinado a neutralizar la capacidad del espacio público para crear relaciones sociales generadoras de ciudadanos.
«La simulación no corresponde a un territorio, a una referencia, a una sustancia, sino que es la generación de los modelos de algo real sin origen ni realidad: lo hiperreal. El territorio ya no precede al mapa ni le sobrevive. En adelante será el mala el que preceda al territorio – precisión de los simulacros- y el que lo engendre, y si fuera preciso retomar la fábula, hoy serían los girones del territorio los que pudrirían lentamente sobre la superficie del mapa. Son los vestigios de lo real, no los del mapa, los que todavía subsisten esparcidos por unos desiertos que ya no son los del Imperio, sino nuestro desierto. El propio desierto de lo real.»
Una nueva, vieja, ciudad se llena de zombis que no miran a los ojos, que no saben de «buenos días». Una ciudad de personas convertidas en GPS de una geografía urbana muda. La ciudad de la dictadura del corto tiempo, de las urgencias de un presente que se escapa, de un territorio desintegrado capitaneado por la soledad. Es la ciudad donde nos convertimos en individuos públicos protegidos por nuestras máscaras de roles codificados.
«Hoy en día, nuestro entorno está Ileno de una brillantez vacua. AI igual que los electrodomésticos que pueblan los estantes de una tienda de oportunidades, nuestras ciudades se han secado y estan yermas. Durante los últimos diez años, a las ciudades se les ha privado de la humedad como si las hubieran echado en una gigantesca secadora. Aunque estamos rodeados de infinidad de productos,vivimos una atmósfera enteramente homogénea. Nuestra opulencia se sostiene solo con ese trozo de película transparente.
La vida simulada está formada sobre la base de la película transparente que cubre la sociedad. Por ejemplo, hombres y mujeres se detienen en ciertos lugares, antes de ir a casa después del trabajo, con el fin de comer, cantar, bailar, charlar, ver películas, ir al teatro, practicar juegos o ir de compras. EI tiempo y el espacio disponibles en algún lugar entre la oficina y el hogar-para hacer ejercicio, por ejemplo, en un club deportivo -son totalmente ficticios. La gente se come cualquier cosa que le sirvan como si aquellos platos hubieran sido preparados por su propia madre; cantan y bailan como si fueran estrellas de cine; debaten temas con quien quiera que esté a su alrededor como si fueran íntimos amigos; van de compras para tener buenos sueños, y actúan en un espacio artificial como si realmente estuvieran corriendo por el campo o nadando en el mar. Todo ello son simulaciones, desde el espacio y las acciones hasta cualquier cosa que puedan obtener allí. Más aún, esta vida y este espacio simulados han invadido las oficinas y las casas en lugar de permanecer modestamente en una zona neutra como es el centro de la ciudad. Nuestras familias y nuestros trabajos son ahora todos simulados. Actualmente no podemos distinguir la realidad de la irrealidad.
Hemos perdido no sólo el sentido de la vista, sino también el del gusto, el oído, el tacto y otros sentidos relacionados con la realidad. Ya no estamos seguros de lo que es realmente sabroso, de lo que oímos, de lo que realmente sentimos, etcétera. Nuestro cuerpo ha cambiado, aunque no nos demos cuenta de ello. Esto es así porque los sistemas de comunicación entre nosotros, o entre los bienes de consumo y nosotros, han sufrido cambios radicales. Hemos transformado nuestro cuerpo de tal modo que podemos invertir la relación entre realidad e irrealidad con el simple movimiento de una imagen.»
«Arquitectura en una ciudad simulada«, Toyo Ito traducción de Jorge Sainz
Cuando una ciudad esconde su propia realidad y a sus propios ciudadanos, se convierte en el carcelero de consumidores, en vez de convertirlos en sus protagonistas. La ciudad es ciudad cuando tiene ciudadanos, y estos son ciudadanos cuando disponen de las herramientas para apropiarse de ella hasta hacerla suya. Si la ciudad es un espejismo de lo que a algunos les gustaría que fuera, entonces esta se vuelve una ciudad simulada que sencillamente esconde, detrás de un fino espejo, su propia realidad. Una realidad que al ser ignorada y olvidada va empeorando hasta convertirse en la verdadera y desgraciada protagonista de la ciudad.

«Estoy más intrigado por la manera en cómo se produce el acontecimiento que en el mismo acontecimiento». Pierre Huyghe analiza en gran parte de sus trabajos la importancia de la visión, sus procesos y construcciones, en una sociedad del espectáculo donde el sujeto está constantemente hostigado por el vértigo voyertista provocado por la multitud de imágenes que se le proponen. Sus obras tratan de poner de manifiesto de qué manera las personas pueden reaccionar a todo tipo de intentos de homogenización o estandarización de los comportamientos y actitudes (para convertirlos en pasivos consumidores) mediante la construcción y reconstrucción de la mirada que permita escapar del control y la pasividad de la sociedad contemporánea.»
«La ciudad cautiva, control imperceptible, control permanente«, José Miguel G. Cortés (pág.159)
Sumar es el único camino para una ciudad real, para que una ciudad crezca con sus ciudadanos y encuentre su propia verdad, en vez de simular la que el mundo espera de ella. Una ciudad que sepa encontrar en sus ciudadanos el potencial para ser lo que en realidad es y lo que ninguna otra ciudad puede llegar a ser. Una ciudad que confíe en si misma y en sus ciudadanos, más que reflejarse en el éxito engañoso de otras ciudades. Una ciudad pensada para su propia realidad, más que diseñada según la copia de otra realidad lejana.
“A la larga, la vida entre los edificios es más importante y también más interesante de observar que cualquier combinación de hormigón colorado y formas edificatorias impactantes.”

Marc Chalamanch · Arquitecto
Barcelona. Febrero 2014[:gl]
«Un lugar pode definirse como lugar de identidade, relacional e histórico, un espazo que non pode definirse como espazo de identidade nin como relacional nin como histórico, definirá un non lugar.. (…)»
As cidades maquíllanse, convertidas en imaxes perfectas, para poder finxir o que a sociedade espera delas. Camúflanse detrás dunha aparente e desexada desinfección, ocultando o feito de que a vida é e non se simula. Loitan insaciablemente para conservar a pureza dos seus muros grises, limpos e mudos, que din son reflexo do progreso, fronte a paredes que falan do que os seus cidadáns desexan, uns muros que buscan outro «progreso».

As cidades son pensadas para cidadáns imaxinarios en mundos protexidos de males e malos, que elas mesmas procrean; unhas cidades que buscan unha visión esterilizada dos espazos compartidos para esconder a diferenza e desarticular as iniciativas non-controladas xurdidas da propia sociedade. Cidades para uns cidadáns que son sometidos a un constante bombardeo de intencionalidades que lles impiden tomar a iniciativa, deixándoos como espidos espectadores do que tería que ser a súa propia realidade. Estes cidadáns son convertidos en simples actores dunha cidade simulada.

A simulación é a marca repetida ata a saciedade do que aspiran os que dirixen «as súas» cidades, como o foi a de Barcelona: «a mellor tenda do mundo». Os seus habitantes só pódense mover nelas baixo a ameaza dun gran libro de instrucións, prohibicións e castigos que pretenden protexelos, todo baixo o eufemismo do civismo convertido, ás veces, en cinismo. É a cidade onde se exclúe o de todos para convertelo no negocio duns poucos, e así poder construír a cidade de «eles». Unha cidade que parte da exclusión, que é invadida por ollos que o ven todo para prometernos a nosa seguridade, ollos que vixían aos «malos» -que non coñecen- e de paso a ti que se saben ben quen es. Unha cidade «orde-ada», sen darnos conta, por un sentido político destinado a neutralizar a capacidade do espazo público para crear relacións sociais xeradoras de cidadáns.
«A simulación non corresponde a un territorio, a unha referencia, a unha sustancia, senón que é a xeración dos modelos de algo real sen orixe nin realidade: o hiperreal. O territorio xa non precede ao mapa nin lle sobrevive. En diante será o mala o que preceda ao territorio – precisión dos simulacros- e o que o procree, e se fose preciso retomar a fábula, hoxe serían os girones do territorio os que podrecerían lentamente sobre a superficie do mapa. Son os vestixios do real, non os do mapa, os que aínda subsisten esparexidos por uns desertos que xa non son os do Imperio, senón o noso deserto. O propio deserto do real.»
Unha nova, vella, cidade énchese de zombis que non miran aos ollos, que non saben de «bos días». Unha cidade de persoas convertidas en GPS dunha xeografía urbana muda. A cidade da ditadura do curto tempo, das urxencias dun presente que se escapa, dun territorio desintegrado capitaneado pola soidade. É a cidade onde nos convertemos en individuos públicos protexidos polas nosas máscaras de roles codificados.
«Hoxe en día, a nosa contorna está Ileno dunha brillantez vacua. AI igual que os electrodomésticos que poboan os estantes dunha tenda de oportunidades, as nosas cidades secáronse e estan ermas. Durante o últimos dez anos, ás cidades privóuselles da humidade coma se botásenas nunha xigantesca secadora. Aínda que estamos rodeados de infinidade de produtos,vivimos unha atmosfera enteiramente homoxénea. A nosa opulencia sostense só con ese anaco de película transparente.
A vida simulada está formada sobre a base da película transparente que cobre a sociedade. Por exemplo, homes e mulleres detéñense en certos lugares, antes de ir a casa despois do traballo, co fin para comer, cantar, bailar, charlar, ver películas, ir ao teatro, practicar xogos ou ir de compras. EI tempo e o espazo dispoñibles nalgún lugar entre a oficina e o fogar-para facer exercicio, por exemplo, nun club deportivo -son totalmente ficticios. A xente cómese calquera cousa que lle sirvan coma se aqueles pratos fosen preparados pola súa propia nai; cantan e bailan coma se fosen estrelas de cinema; debaten temas con quen queira que estea ao seu ao redor coma se fosen íntimos amigos; van de compras para ter bos soños, e actúan nun espazo artificial coma se realmente estivesen a correr polo campo ou nadando no mar. Todo iso son simulacións, desde o espazo e as accións ata calquera cousa que poidan obter alí. Máis aínda, esta vida e este espazo simulados han invadido as oficinas e as casas en lugar de permanecer modestamente nunha zona neutra como é o centro da cidade. As nosas familias e os nosos traballos son agora todos simulados. Actualmente non podemos distinguir a realidade da irrealidad.
Perdemos non só o sentido da vista, senón tamén o do gusto, o oído, o tacto e outros sentidos relacionados coa realidade. Xa non estamos seguros do que é realmente saboroso, do que oímos, do que realmente sentimos, etcétera. O noso corpo cambiou, aínda que non nos deamos conta diso. Isto é así porque os sistemas de comunicación entre nós, ou entre os bens de consumo e nós, sufriron cambios radicais. Transformamos o noso corpo de tal modo que podemos investir a relación entre realidade e irrealidad co simple movemento dunha imaxe.»
«Arquitectura en nunha cidade simulada«, Toyo Ito traducción de Jorge Sainz
Cando unha cidade esconde a súa propia realidade e aos seus propios cidadáns, convértese no carcelero de consumidores, no canto de convertelos nos seus protagonistas. A cidade é cidade cando ten cidadáns, e estes son cidadáns cando dispoñen das ferramentas para apropiarse dela ata facela súa. Se a cidade é un espellismo do que a algúns lles gustaría que fóra, entón esta vólvese unha cidade simulada que sinxelamente esconde, detrás dun fino espello, a súa propia realidade. Unha realidade que ao ser ignorada e esquecida vai empeorando ata converterse na verdadeira e desgraciada protagonista da cidade.

«Estou máis intrigado pola maneira en como se produce o acontecemento que no mesmo acontecemento». Pierre Huyghe analiza en gran parte dos seus traballos a importancia da visión, os seus procesos e construcións, nunha sociedade do espectáculo onde o suxeito está constantemente hostigado pola vertixe voyertista provocado pola multitude de imaxes que se lle propoñen. As súas obras tratan de poñer de manifesto de que maneira as persoas poden reaccionar a todo tipo de intentos de homogenización ou estandarización dos comportamentos e actitudes (para convertelos en pasivos consumidores) mediante a construción e reconstrución da mirada que permita escapar do control e a pasividade da sociedade contemporánea.»
«A cidade cautiva, control imperceptible, control permanente«, José Miguel G. Cortés (páx.159)
Sumar é o único camiño para unha cidade real, para que unha cidade creza cos seus cidadáns e atope a súa propia verdade, no canto de simular a que o mundo espera dela. Unha cidade que saiba atopar nos seus cidadáns o potencial para ser o que en realidade é e o que ningunha outra cidade pode chegar a ser. Unha cidade que confíe en se mesma e nos seus cidadáns, máis que reflectirse no éxito enganoso doutras cidades. Unha cidade pensada para a súa propia realidade, máis que deseñada segundo a copia doutra realidade afastada.
“A longo prazo, a vida entre os edificios é máis importante e tamén máis interesante de observar que calquera combinación de formigón colorado e formas edificatorias impactantes.”

Marc Chalamanch · Arquitecto
Barcelona. Febreiro 2014[:en]
«A place can be defined as a place of identity, relational and historical, a space that cannot be defined as a space of identity not as relational not as historically, one will define not place. (…)»
The cities make up, turned into perfect images, to be able to sham for what the company expects from them. They are camouflaged behind an apparent and wished disinfection, concealing the fact that the life is and is not simulated. They fight insatiably to preserve the purity of his gray, clean and mute walls, which they say are a reflection of the progress, opposite to walls that they speak what his citizens wish, a few walls that look for another «progress».

The cities are thought for imaginary citizens about protected worlds of males and villains, that they themselves generate; a few cities that look for a vision sterilized of the spaces shared to hide the difference and to dismantle the non-controlled initiatives arisen from the own company. Cities for a few citizens who are submitted to a constant bombardment of premeditations that prevent them from taking the initiative, leaving them as nake spectators of what would have to be his own reality. These citizens are turned into simple actors of a simulated city.

The simulation is the brand repeated up to the satiety of what there inhale those who direct «his» cities, since it that of Barcelona was a: » the best shop of the world «. His inhabitants only can move in them under the threat of a great book of instructions, prohibitions and punishments that they try to protect, quite under the euphemism of the public-spirit turned, sometimes, in cynicism. It is the city where it is excluded from all it to turn into the business of some few ones, and to be able like that to construct the city of «they». A city that departs from the exclusion, which is invaded by eyes that see everything to promise us our safety, eyes that monitor the «villains» – who do not know – and of I happen to you that if they know well whom you are. A «tidy» city, without realizing, for a political sense destined to neutralize the aptitude of the public space to create citizens’ social generating relations.
«The simulation does not correspond to a territory, to a reference, to a substance, but it is the generation of the models of anything royal without origin or reality: the hyperroyal thing. The territory already neither precedes the map nor survives him. In forward it will be bad the one that precedes the territory – precision of the shams – and the one that generates it, and if it was necessary to take again the fable, today they would be the girones of the territory those who would rot slowly on the surface of the map. They are the vestiges of the royal thing, not those of the map, which still survive spread by a few deserts that already are not those of the Empire, but our desert. The own desert of the royal thing.»
The new one, old woman, city fills of zombis that do not look at the eyes, which they do not know of » good days «. A persons’ city turned into GPS of an urban mute geography. The city of the dictatorship of the short time, of the urgencies of a present that escapes, of a disintegrated territory led by the loneliness. It is the city where we turn into public individuals protected by our masks of codified roles.
«Nowadays, our environment is Ileno of a vacuous brilliancy. AI like the domestic appliances that populate the shelves of a shop of opportunities, our cities have dried off and estan barren. During the last ten years, to the cities they have been deprived of the dampness as if they had thrown them in a gigantic tumble dryer. Though we are surrounded with infinity of products, we live through an entirely homogeneous atmosphere. Our opulence is supported only by this chunk of transparent movie.
The simulated life is formed on the base of the transparent movie that covers the company. For example, men and women detain in certain places, before going home after the work, in order to eat, to sing, to dance, to chat, to see movies, to go to the theatre, to practise games or to go shopping. EI available time and the space in some place between the office and the home to do exercise, for example, in a sports club – are totally fictitious. The people eat up any thing that they serve him as if those plates had been prepared by his own mother; they sing and dance as if they were stars of cinema; they debate topics with whom it wants that it is around it as if they were intimate friends; they go shopping to have good dreams, and act in an artificial space as if really they were running for the field or wallowing in the sea. All this they are simulations, from the space and the actions up to any thing that they could obtain there. Even more, this life and this space simulated have invaded the offices and the houses instead of remaining modestly in a neutral zone since it is the downtown. Our families and our works are now all simulated. Nowadays we cannot distinguish the reality of the unreality.
We have lost not only the sense of the sight, but also that of the taste, the ear, the tact and other senses related to the reality. Already we are not sure of what is really tasty, of what we hear, of what really we feel, etc. Our body has changed, though not us demos account of it. This is like that because the systems of communication strictly between ourselves, or between the consumer goods and we, have suffered radical changes. We have transformed our body in such a way that we can invest the relation between reality and unreality with the simple movement of an image.»
«Architecture in a simulated city«, Toyo Ito Jorge Sainz’s translation
When a city hides his own reality and to his own citizens, it turns into the jailer of consumers, instead of turning them into his protagonists. The city is a city when it has citizens, and these are civil when they have the tools to appropriate of her up to making her his. If the city is a mirage of what some of them would like that it was, then this one turns a simulated city that simply hides, behind a thin mirror, his own reality. A reality that on having been ignored and forgotten is deteriorating up to turning into the real and unfortunate protagonist of the city.

«I am more puzzled by the way in how the event takes place that in the same event «. Pierre Huyghe analyzes largely of his works the importance of the vision, his processes and constructions, in a company of the spectacle where the subject is constant scourged by the dizziness voyertista provoked by the multitude of images that they him propose. His works try to reveal of what way the persons can react to all kinds of attempts of homogenización or standardization of the behaviors and attitudes (to turn them into consuming liabilities) by means of the construction and reconstruction of the look that allows to escape of the control and the passiveness of the contemporary company.»
«The city captivates, imperceptible control, permanent control«, José Miguel G. Cortés (page.159)
Adding up is the only way for a royal city, in order that a city grows with his citizens and finds his own truth, instead of simulating for the one that the world expects from her. A city that can find in his citizens the potential to be what actually is and what no other city can manage to be. A city that he entrusts in if same and in his citizens, more than to reflect in the deceitful success of other cities. A city thought for his own reality, more that designed according to the copy of another distant reality.
“Eventually, the life between the buildings is more important and also more interesting of observing that any combination of coloured concrete and you form edificatorias striking.”

Marc Chalamanch · Architect
Barcelona. February 2014[:]




