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Casa Tino | EMAC Arquitectura ©Milena Villalba 2017
Casa Tino | EMAC Arquitectura ©Milena Villalba 2017

El hombre puede ser de un lugar, estar en un lugar, o pertenecer a él. Se puede vivir en un sitio, habitar o morar. Algunas diferencias entre términos son claras; otras, más sutiles; y en las leves particularidades entre ellas se encuentra la manera que uno tiene de relacionarse con el territorio que lo sostiene y el espacio que lo abriga.

«Se ha usado la palabra morar para indicar la relación total entre el hombre y el lugar. Para entender totalmente lo que la palabra morar implica, es útil retornar a la distinción entre ‘espacio’ y ‘carácter’. Cuando el hombre mora, él está simultáneamente localizado en un espacio y expuesto a un cierto carácter del ambiente»,

escribía Christian Norberg–Schulz en su texto «Aproximación a una Fenomenología de la Arquitectura«, tratando de crear una teoría arquitectónica entorno al genius loci que hoy forma parte de todo intento de acercamiento al paisaje, desde que hace tres siglos un poeta recitara la necesidad de tener en cuenta la naturaleza y el contexto en toda obra de paisajismo, extrapolando así a la mítica deidad romana protectora del lugar al plano del diseño y la creación.

Sin embargo, el concepto es en muchas ocasiones obtusamente interpretado, considerando ese lugar esencialmente desde la estética, lo inalterado o la belleza poética de donde se pueden leer de manera palpable ese «espacio» y «carácter» de los que hablaba Norberg-Schulz. Pero qué ocurre entonces con aquellos entornos que ha sufrido grandes transformaciones en el tiempo, esos territorios en los que a la topografía natural se le superpone la antropizada, y sobre ésta el tul de un crecimiento urbanístico que opaca la lectura del territorio… qué ocurre con el genius loci cuando la identidad edificada de un lugar ha sido transformada, sin haber definido claramente una nueva todavía.

Como un faro guía, el proyecto «Casa Tino» en Sagunto, del estudio valenciano EMAC, se convierte en el ejemplo perfecto de estos conceptos antropológicos en la intervención arquitectónica. La vivienda se sitúa en la playa de Almardá, una extensa franja litoral de casi 2km dentro del término municipal que comenzó a ocuparse en los años 60 por pescadores, así como por saguntinos y turistas extranjeros que se construyeron segundas residencias con fuerte presencia de los espacios privados exteriores. La Almardá aún conserva su aspecto virgen, pero con el paso del tiempo el entorno construido ha sufrido una profunda alteración, proliferando pretenciosas viviendas familiares que contrastan con el paisaje dunar de una playa que aún no se puede considerar urbana.

Los límites entre lo rural y lo urbano son borrosos, y en su categorización siempre hay grises; más aún si hablamos  en concreto del Mediterráneo, donde la metropolización o la reurbanización, con su ocupación difusa del espacio, tienen tanta potencia como la identidad y el imaginario de lo mediterráneo per se, haciendo que el contraste rural-urbano o popular-contemporáneo sea tan potente como confuso.

Marcado por este contexto, que no es sólo una construcción física sino también mental, la vivienda nada entre dualidades, proyectada de manera desapercibida, acotada por una tapia periférica, pero con fuerte presencia del espacio exterior. La casa de una sola planta que apenas supera la altura de la permeable tapia de bloque de hormigón, se rodea de este modo de un sencillo jardín que

«la envuelven y protegen de miradas, donde se recupera la relación con el paisaje, donde se vive la vida al aire libre», explican los arquitectos.

Dentro de este perímetro, la casa se conforma como dos piezas independientes pero articuladas, cada una de ellas con su propio acceso desde la calle a través de un pequeño patio frontal en sendos extremos poniente y levante, en los que se sitúa un banco y una jacaranda que le da sombra. La primera pieza funcionará como una vivienda, contando con los usos principales (dormitorio, baño, cocina, salón), mientras que la segunda acoge los dormitorios y baños para los hijos y nietos del propietario durante las temporadas de visita y vacaciones.

Y es que

«El Mediterráneo es también la familia. Es la familia grande, la familia extensa. Es la familia-clan. Es la familia soporte y apoyo. […] Esta estructura familiar contribuirá, con mucho, a dar forma a los espacios habitables, pero también a la relación espacial entre ellos e incluso entre estos espacios y la calle. El hombre mediterráneo habita en general su casa».1

Las dos piezas se dan la mano a través de un patio central, y principal al que abre el salón-comedor de la vivienda principal, extendiendo sus dimensiones y percepción. El patio se convierte en médula del organismo de la casa, atrayendo toda la atención hacia sí.

«Más allá de sus valores técnicos vinculados al uso, a la iluminación y la ventilación de la casa o a su capacidad para generar un orden a las diferentes estancias, el patio aporta valores sustanciales, perceptivos y emocionales, que permiten cualificar el espacio doméstico».2

Una galería, en unos tramos interior y en otros exterior, atraviesa ambas piezas de manera transversal, conectándolas de nuevo y al mismo tiempo dividiendo cada una de ellas de nuevo en dos, según usos más nocturnos (al norte), o más diurnos en mayor relación con el patio principal. La planta, en forma de H ofrece numerosos rincones, conexiones, escondites, sombras, luces, en una promenade architecturale rica pero perfectamente organizada.

Los espacios exteriores gradan además la incidencia solar, regulan las necesidades de ventilación y de relación de la vivienda con su complementario exterior: numerosos paneles correderos con tamiz de caña transforman el espacio, abriendo y cerrando las cajas, y contrastando con los muros (unos ciegos y otros no) de bloque gris de hormigón. Del mismo modo, los pavimentos, gris duro de cemento o blando de grava, dividen, transforman, alteran la disposición exterior.

La estructura familiar construye físicamente el espacio, marcado por un genius loci mediterráneo que comienza por la búsqueda de intimidad y tamización de las visuales con la calle, así como por la instintiva necesidad de la relación con el verde de sus plantas, el azul de su cielo, y su blanca luminosidad.

«La vivienda recupera el patio mediterráneo como generador de vida y organizador de funciones. Todas las estancias principales miran a levante y tienen continuidad en el exterior mediante patios con distintos grados de intimidad»;

es en efecto una magistral interpretación de esta tipología popular de espacio doméstico, sí; pero también es una relectura de numerosas obras de la arquitectura moderna, desde Le Corbusier y Mies, hasta José Luis Sert.

La Casa Tino es una casa patio; pero también es un pabellón. Dos principios ampliamente explorados por la arquitectura moderna, que podríamos ver como opuestos, y que sin embargo en este proyecto adquieren todo el sentido en su disolución. Es patio, buscando la introversión y abriéndose hacia el cielo, un gesto cenital que edifica la arquitectura alrededor de él, se deja abrazar por ella. Es pabellón, una arquitectura de piezas ligeras que instan a recorrer de forma centrífuga el espacio exterior alrededor de ellas, que otea el horizonte y transpira por toda su piel.3

«El pabellón como espacio irradiante, abierto por sus cuatro costados, no puede presentarse de modo descarnado y exponerse al mundo sin ninguna mediación, sino que debe amortiguar su contacto directo con el exterior a través de un muro que define una marca y una acotación del espacio. Pero este recinto habrá de ser parcial para no poner  en entredicho la voluntad de la pieza de proyectarse al exterior y confrontarse con la visión del horizonte como intentos de formular el principio del pabellón con la máxima radicalidad que, paradójicamente, dan lugar a la aparición del recinto y, por lo tanto del patio, como elemento capaz de reequilibrar la situación».4

La Casa Tino es una casa popular; pero también moderna. Es bien sabido que la modernidad asentada buscó de forma recurrente en la arquitectura popular el vínculo con el carácter propio, así como respuestas a conceptos que inicialmente se habían marginado, como  el lugar y la memoria. El lazo de la contemporaneidad es en este proyecto la especial interpretación que hace del lugar, entendida tanto desde parámetros físicos de lo construido, como desde la psicología del territorio.

EMAC en este proyecto define lo doméstico con la herramienta de la arquitectura y el lenguaje de la poesía. Quienes moran en este nuevo hogar pueden entender en esos espacios y ese carácter, la historia de su familia, de su calle, de su pueblo y del Mediterráneo, pueden leer al tiempo un proyecto radicalmente contemporáneo que nunca renunció a comprender las entrañas del lugar, donde hoy sin lugar a dudas, un pequeño genius protege el hogar.

Obra: Casa Tino
Tipo: Vivienda patio aislada
Localización: Playa de Almardá, Sagunto, España
Superficie: 285,55 m2
Año: 2017
Proveedores:
Hormigón: Empresa suministradora _ Caplansa S.L.,
Bloque hormigón cara vista 19x19x39: Marca _ Fenollar, Empresa suministradora _ Torres Iturregui S.L.
Carpintería exterior aluminio: Marca _ Cortizo, Cor Vision corredera rpt, Empresa suministradora _ Cerratosa S.L.
Terrazo 40×40 micrograno blanco C2: Empresa fabricación _ Pavi – Navas S.L. Empresa suministradora _ Alberto Tort S.L.
Bambú: Empresa suministradora _ Serpa S.L.
Toldos: Empresa suministradora _ Prestige Courtain
Fotografía: Milena Villalba
Redacción: Ana Asensio
+ emac-arquitectura.com

Notas:

Extracto del libro “Arquitectura tradicional mediterránea”, del Proyecto CORPUS, capítulo 2.

Extracto de «Un deseo moderno todavía pendiente. La casa patio, una posible técnica de agrupación de vivienda colectiva vertical» de Natalia López Escribano.

Extracto de «Pabellón y patio, elementos de la arquitectura moderna«, por Carles Martí Arís.

Extracto de «Pabellón y patio, elementos de la arquitectura moderna«, por Carles Martí Arís.

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Casa Tino | EMAC Arquitectura ©Milena Villalba 2017
Casa Tino | EMAC Arquitectura ©Milena Villalba 2017

O home pode ser dun lugar, estar nun lugar, ou pertencer a el. Pódese vivir nun sitio, habitar ou morar. Algunhas diferenzas entre termos son claras; outras, máis sutís; e nas leves particularidades entre elas atópase a maneira que un ten de relacionarse co territorio que o sostén e o espazo que o abriga.

«Usouse a palabra morar para indicar a relación total entre o home e o lugar. Para entender totalmente o que a palabra morar implica, é útil retornar á distinción entre ‘espazo’ e ‘carácter’. Cando o home moura, el está simultaneamente localizado nun espazo e exposto a un certo carácter do ambiente»,

escribía Christian Norberg– Schulz no seu texto «Aproximación a unha Fenomenología da Arquitectura«, tratando de crear unha teoría arquitectónica contorna ao xenius loci que hoxe forma parte de todo intento de achegamento á paisaxe, desde que fai tres séculos un poeta recitase a necesidade de ter en conta a natureza e o contexto en toda obra de paisajismo, extrapolando así á mítica deidade romana protectora do lugar ao plano do deseño e a creación.

Con todo, o concepto é en moitas ocasións obtusamente interpretado, considerando ese lugar esencialmente desde a estética, o inalterado ou a beleza poética de onde se poden ler de maneira palpable ese «espazo» e «carácter» dos que falaba Norberg- Schulz. Pero que ocorre entón con aquelas contornas que sufriu grandes transformacións no tempo, eses territorios nos que á topografía natural superpónselle a antropizada, e sobre esta o tul dun crecemento urbanístico que opaca a lectura do territorio… que ocorre co xenius loci cando a identidade edificada dun lugar foi transformada, sen definir claramente unha nova aínda.

Como un faro guía, o proxecto «Casa Tino» en Sagunto, do estudo valenciano EMAC, convértese no exemplo perfecto destes conceptos antropolóxicos na intervención arquitectónica. A vivenda sitúase na praia de Almardá, unha extensa franxa litoral de case 2km dentro do termo municipal que comezou a ocuparse nos anos 60 por pescadores, así como por saguntinos e turistas estranxeiros que se construíron segundas residencias con forte presenza dos espazos privados exteriores. A Almardá aínda conserva o seu aspecto virxe, pero co paso do tempo a contorna construída ha sufrida unha profunda alteración, proliferando pretenciosas vivendas familiares que contrastan coa paisaxe dunar dunha praia que aínda non se pode considerar urbana.

Os límites entre o rural e o urbano son borrosos, e no seu categorización sempre hai grises; máis aínda se falamos en concreto do Mediterráneo, onde a metropolización ou a reurbanización, coa súa ocupación difusa do espazo, teñen tanta potencia como a identidade e o imaxinario do mediterráneo per se, facendo que o contraste rural-urbano ou popular-contemporáneo sexa tan potente como confuso.

Marcado por este contexto, que non é só unha construción física senón tamén mental, a vivenda nada entre dualidades, proxectada de maneira desapercibida, coutada por unha tapia periférica, pero con forte presenza do espazo exterior. A casa dunha soa planta que apenas supera a altura da permeable tapia de bloque de formigón, rodéase deste xeito dun sinxelo xardín que

«envólvena e protexen de miradas, onde se recupera a relación coa paisaxe, onde se vive a vida ao aire libre», explican os arquitectos.

Dentro deste perímetro, a casa confórmase como dúas pezas independentes pero articuladas, cada unha delas co seu propio acceso desde a rúa a través dun pequeno patio frontal en #senllos extremos poñente e levante, nos que se sitúa un banco e unha jacaranda que lle dá sombra. A primeira peza funcionará como unha vivenda, contando cos usos principais (dormitorio, baño, cociña, salón), mentres que a segunda acolle os dormitorios e baños para os fillos e netos do propietario durante as tempadas de visita e vacacións.

E é que

«O Mediterráneo é tamén a familia. É a familia grande, a familia extensa. É a familia-clan. É a familia soporte e apoio. […] Esta estrutura familiar contribuirá, con moito, a dar forma aos espazos habitables, pero tamén á relación espacial entre eles e mesmo entre estes espazos e a rúa. O home mediterráneo habita en xeral a súa casa».1

As dúas pezas danse a man a través dun patio central, e principal ao que abre o salón-comedor da vivenda principal, estendendo as súas dimensións e percepción. O patio convértese en medula do organismo da casa, atraendo toda a atención cara a si.

«Máis aló dos seus valores técnicos vinculados ao uso, á iluminación e a ventilación da casa ou á súa capacidade para xerar unha orde ás diferentes estancias, o patio achega valores substanciais, perceptivos e emocionais, que permiten cualificar o espazo doméstico».2

Unha galería, nuns tramos interior e noutros exterior, atravesa ambas as pezas de maneira transversal, conectándoas de novo e ao mesmo tempo dividindo cada unha delas de novo en dous, segundo usos máis nocturnos (ao norte), ou máis diúrnos en maior relación co patio principal. A planta, en forma de H ofrece numerosos recunchos, conexións, agochos, sombras, luces, nunha promenade architecturale rica pero perfectamente organizada.

Os espazos exteriores gradan ademais a incidencia solar, regulan as necesidades de ventilación e de relación da vivenda co seu complementario exterior: numerosos paneis correderos con tamiz de cana transforman o espazo, abrindo e pechando as caixas, e contrastando cos muros (uns cegos e outros non) de bloque gris de formigón. Do mesmo xeito, os pavimentos, gris duro de cemento ou brando de grava, dividen, transforman, alteran a disposición exterior.

A estrutura familiar constrúe fisicamente o espazo, marcado por un xenius loci mediterráneo que comeza pola procura de intimidade e tamización das visuais coa rúa, así como pola instintiva necesidade da relación co verde das súas plantas, o azul do seu ceo, e a súa branca luminosidade.

«A vivenda recupera o patio mediterráneo como xerador de vida e organizador de funcións. Todas as estancias principais miran a levante e teñen continuidade no exterior mediante patios con distintos graos de intimidade»;

é en efecto unha maxistral interpretación desta tipoloxía popular de espazo doméstico, si; pero tamén é unha relectura de numerosas obras da arquitectura moderna, desde Le Corbusier e Mies, ata Xosé Luis Sert.

A Casa Tino é unha casa patio; pero tamén é un pavillón. Dous principios amplamente explorados pola arquitectura moderna, que poderiamos ver como opostos, e que con todo neste proxecto adquiren todo o sentido na súa disolución. É patio, buscando a introversión e abríndose cara ao ceo, un xesto cenital que edifica a arquitectura ao redor del, déixase abrazar por ela. É pavillón, unha arquitectura de pezas lixeiras que instan a percorrer de forma centrífuga o espazo exterior ao redor delas, que otea o horizonte e transpira por toda a súa pel.3

«O pavillón como espazo irradiante, aberto polos seus catro custados, non pode presentarse de modo descarnado e expoñerse ao mundo sen ningunha mediación, senón que debe amortecer o seu contacto directo co exterior a través dun muro que define unha marca e unha anotación do espazo. Pero este recinto haberá de ser parcial para non poñer en dúbida a vontade da peza de proxectarse ao exterior e confrontarse coa visión do horizonte como intentos de formular o principio do pavillón coa máxima radicalidad que, paradoxalmente, dan lugar á aparición do recinto e, por tanto do patio, como elemento capaz de reequilibrar a situación».4

A Casa Tino é unha casa popular; pero tamén moderna. É ben sabido que a modernidade asentada buscou de forma recorrente na arquitectura popular o vínculo co carácter propio, así como respostas a conceptos que inicialmente se habían marxinado, como o lugar e a memoria. O lazo da contemporaneidad é neste proxecto a especial interpretación que fai do lugar, entendida tanto desde parámetros físicos do construído, como desde a psicoloxía do territorio.

EMAC neste proxecto define o doméstico coa ferramenta da arquitectura e a linguaxe da poesía. Quen mora neste novo fogar poden entender neses espazos e ese carácter, a historia da súa familia, da súa rúa, do seu pobo e do Mediterráneo, poden ler ao tempo un proxecto radicalmente contemporáneo que nunca renunciou a comprender as entrañas do lugar, onde hoxe sen dúbida, un pequeno xenius protexe o fogar.

Obra: Casa Tino
Tipo: Vivenda patio aislada
Emprazamento: Praia de Almardá, Sagunto, España
Superficie: 285,55 m2
Ano: 2017
Provedores: Formigón: Empresa subministradora _ Caplansa S. L., Bloque formigón cara vista 19x19x39: Marca _ Fenollar, Empresa subministradora _ Torres Iturregui S. L. Carpintería exterior aluminio: Marca _ Cortizo, Cor Vision corredera rpt, Empresa subministradora _ Cerratosa S. L.
Terrazo 40×40 micrograno branco C2: Empresa fabricación _ Pavi – Navas S. L. Empresa subministradora _ Alberto Tort S. L.
Bambú: Empresa suministradora _ Serpa S.L.
Toldos: Empresa suministradora _ Prestige Courtain
Fotografía: Milena Villalba
Redacción: Ana Asensio
+ emac-arquitectura.com

Notas:

Extracto do libro “Arquitectura tradicional mediterránea”, do Proxecto CORPUS, capítulo 2.

Extracto de «Un desexo moderno aínda pendente. Casa patio, unha posible técnica de agrupación de vivenda colectiva vertical» de Natalia López Escribano.

Extracto de «Pavillón e patio, elementos da arquitectura moderna«, por Carles Martí Arís.

Extracto de «Pavillón e patio, elementos da arquitectura moderna«, por Carles Martí Arís.

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Casa Tino | EMAC Arquitectura ©Milena Villalba 2017
Casa Tino | EMAC Arquitectura ©Milena Villalba 2017

El hombre puede ser de un lugar, estar en un lugar, o pertenecer a él. Se puede vivir en un sitio, habitar o morar. Algunas diferencias entre términos son claras; otras, más sutiles; y en las leves particularidades entre ellas se encuentra la manera que uno tiene de relacionarse con el territorio que lo sostiene y el espacio que lo abriga.

«Se ha usado la palabra morar para indicar la relación total entre el hombre y el lugar. Para entender totalmente lo que la palabra morar implica, es útil retornar a la distinción entre ‘espacio’ y ‘carácter’. Cuando el hombre mora, él está simultáneamente localizado en un espacio y expuesto a un cierto carácter del ambiente»,

escribía Christian Norberg–Schulz en su texto «Aproximación a una Fenomenología de la Arquitectura«, tratando de crear una teoría arquitectónica entorno al genius loci que hoy forma parte de todo intento de acercamiento al paisaje, desde que hace tres siglos un poeta recitara la necesidad de tener en cuenta la naturaleza y el contexto en toda obra de paisajismo, extrapolando así a la mítica deidad romana protectora del lugar al plano del diseño y la creación.

Sin embargo, el concepto es en muchas ocasiones obtusamente interpretado, considerando ese lugar esencialmente desde la estética, lo inalterado o la belleza poética de donde se pueden leer de manera palpable ese «espacio» y «carácter» de los que hablaba Norberg-Schulz. Pero qué ocurre entonces con aquellos entornos que ha sufrido grandes transformaciones en el tiempo, esos territorios en los que a la topografía natural se le superpone la antropizada, y sobre ésta el tul de un crecimiento urbanístico que opaca la lectura del territorio… qué ocurre con el genius loci cuando la identidad edificada de un lugar ha sido transformada, sin haber definido claramente una nueva todavía.

Como un faro guía, el proyecto «Casa Tino» en Sagunto, del estudio valenciano EMAC, se convierte en el ejemplo perfecto de estos conceptos antropológicos en la intervención arquitectónica. La vivienda se sitúa en la playa de Almardá, una extensa franja litoral de casi 2km dentro del término municipal que comenzó a ocuparse en los años 60 por pescadores, así como por saguntinos y turistas extranjeros que se construyeron segundas residencias con fuerte presencia de los espacios privados exteriores. La Almardá aún conserva su aspecto virgen, pero con el paso del tiempo el entorno construido ha sufrido una profunda alteración, proliferando pretenciosas viviendas familiares que contrastan con el paisaje dunar de una playa que aún no se puede considerar urbana.

Los límites entre lo rural y lo urbano son borrosos, y en su categorización siempre hay grises; más aún si hablamos  en concreto del Mediterráneo, donde la metropolización o la reurbanización, con su ocupación difusa del espacio, tienen tanta potencia como la identidad y el imaginario de lo mediterráneo per se, haciendo que el contraste rural-urbano o popular-contemporáneo sea tan potente como confuso.

Marcado por este contexto, que no es sólo una construcción física sino también mental, la vivienda nada entre dualidades, proyectada de manera desapercibida, acotada por una tapia periférica, pero con fuerte presencia del espacio exterior. La casa de una sola planta que apenas supera la altura de la permeable tapia de bloque de hormigón, se rodea de este modo de un sencillo jardín que

«la envuelven y protegen de miradas, donde se recupera la relación con el paisaje, donde se vive la vida al aire libre», explican los arquitectos.

Dentro de este perímetro, la casa se conforma como dos piezas independientes pero articuladas, cada una de ellas con su propio acceso desde la calle a través de un pequeño patio frontal en sendos extremos poniente y levante, en los que se sitúa un banco y una jacaranda que le da sombra. La primera pieza funcionará como una vivienda, contando con los usos principales (dormitorio, baño, cocina, salón), mientras que la segunda acoge los dormitorios y baños para los hijos y nietos del propietario durante las temporadas de visita y vacaciones.

Y es que

«El Mediterráneo es también la familia. Es la familia grande, la familia extensa. Es la familia-clan. Es la familia soporte y apoyo. […] Esta estructura familiar contribuirá, con mucho, a dar forma a los espacios habitables, pero también a la relación espacial entre ellos e incluso entre estos espacios y la calle. El hombre mediterráneo habita en general su casa».1

Las dos piezas se dan la mano a través de un patio central, y principal al que abre el salón-comedor de la vivienda principal, extendiendo sus dimensiones y percepción. El patio se convierte en médula del organismo de la casa, atrayendo toda la atención hacia sí.

«Más allá de sus valores técnicos vinculados al uso, a la iluminación y la ventilación de la casa o a su capacidad para generar un orden a las diferentes estancias, el patio aporta valores sustanciales, perceptivos y emocionales, que permiten cualificar el espacio doméstico».2

Una galería, en unos tramos interior y en otros exterior, atraviesa ambas piezas de manera transversal, conectándolas de nuevo y al mismo tiempo dividiendo cada una de ellas de nuevo en dos, según usos más nocturnos (al norte), o más diurnos en mayor relación con el patio principal. La planta, en forma de H ofrece numerosos rincones, conexiones, escondites, sombras, luces, en una promenade architecturale rica pero perfectamente organizada.

Los espacios exteriores gradan además la incidencia solar, regulan las necesidades de ventilación y de relación de la vivienda con su complementario exterior: numerosos paneles correderos con tamiz de caña transforman el espacio, abriendo y cerrando las cajas, y contrastando con los muros (unos ciegos y otros no) de bloque gris de hormigón. Del mismo modo, los pavimentos, gris duro de cemento o blando de grava, dividen, transforman, alteran la disposición exterior.

La estructura familiar construye físicamente el espacio, marcado por un genius loci mediterráneo que comienza por la búsqueda de intimidad y tamización de las visuales con la calle, así como por la instintiva necesidad de la relación con el verde de sus plantas, el azul de su cielo, y su blanca luminosidad.

«La vivienda recupera el patio mediterráneo como generador de vida y organizador de funciones. Todas las estancias principales miran a levante y tienen continuidad en el exterior mediante patios con distintos grados de intimidad»;

es en efecto una magistral interpretación de esta tipología popular de espacio doméstico, sí; pero también es una relectura de numerosas obras de la arquitectura moderna, desde Le Corbusier y Mies, hasta José Luis Sert.

La Casa Tino es una casa patio; pero también es un pabellón. Dos principios ampliamente explorados por la arquitectura moderna, que podríamos ver como opuestos, y que sin embargo en este proyecto adquieren todo el sentido en su disolución. Es patio, buscando la introversión y abriéndose hacia el cielo, un gesto cenital que edifica la arquitectura alrededor de él, se deja abrazar por ella. Es pabellón, una arquitectura de piezas ligeras que instan a recorrer de forma centrífuga el espacio exterior alrededor de ellas, que otea el horizonte y transpira por toda su piel.3

«El pabellón como espacio irradiante, abierto por sus cuatro costados, no puede presentarse de modo descarnado y exponerse al mundo sin ninguna mediación, sino que debe amortiguar su contacto directo con el exterior a través de un muro que define una marca y una acotación del espacio. Pero este recinto habrá de ser parcial para no poner  en entredicho la voluntad de la pieza de proyectarse al exterior y confrontarse con la visión del horizonte como intentos de formular el principio del pabellón con la máxima radicalidad que, paradójicamente, dan lugar a la aparición del recinto y, por lo tanto del patio, como elemento capaz de reequilibrar la situación».4

La Casa Tino es una casa popular; pero también moderna. Es bien sabido que la modernidad asentada buscó de forma recurrente en la arquitectura popular el vínculo con el carácter propio, así como respuestas a conceptos que inicialmente se habían marginado, como  el lugar y la memoria. El lazo de la contemporaneidad es en este proyecto la especial interpretación que hace del lugar, entendida tanto desde parámetros físicos de lo construido, como desde la psicología del territorio.

EMAC en este proyecto define lo doméstico con la herramienta de la arquitectura y el lenguaje de la poesía. Quienes moran en este nuevo hogar pueden entender en esos espacios y ese carácter, la historia de su familia, de su calle, de su pueblo y del Mediterráneo, pueden leer al tiempo un proyecto radicalmente contemporáneo que nunca renunció a comprender las entrañas del lugar, donde hoy sin lugar a dudas, un pequeño genius protege el hogar.

Obra: Casa Tino
Tipo: Vivienda patio aislada
Localización: Playa de Almardá, Sagunto, España
Superficie: 285,55 m2
Año: 2017
Proveedores:
Hormigón: Empresa suministradora _ Caplansa S.L.,
Bloque hormigón cara vista 19x19x39: Marca _ Fenollar, Empresa suministradora _ Torres Iturregui S.L.
Carpintería exterior aluminio: Marca _ Cortizo, Cor Vision corredera rpt, Empresa suministradora _ Cerratosa S.L.
Terrazo 40×40 micrograno blanco C2: Empresa fabricación _ Pavi – Navas S.L. Empresa suministradora _ Alberto Tort S.L.
Bambú: Empresa suministradora _ Serpa S.L.
Toldos: Empresa suministradora _ Prestige Courtain
Fotografía: Milena Villalba
Redacción: Ana Asensio
+ emac-arquitectura.com

Notas:

Extracto del libro “Arquitectura tradicional mediterránea”, del Proyecto CORPUS, capítulo 2.

Extracto de «Un deseo moderno todavía pendiente. La casa patio, una posible técnica de agrupación de vivienda colectiva vertical» de Natalia López Escribano.

Extracto de «Pabellón y patio, elementos de la arquitectura moderna«, por Carles Martí Arís.

Extracto de «Pabellón y patio, elementos de la arquitectura moderna«, por Carles Martí Arís.

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Surge enero de 2009 como búsqueda de satisfacer el conocimiento de la actividad arquitectónica y tangentes que se generan. La idea es crear un espacio para divulgar los diversos proyectos en busca de nueva inspiración y de intercambio.
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