[:es]
¿Cuál es la distancia que separa la arquitectura de la sociedad?
O mejor dicho a los arquitectos de la sociedad a la que debemos servir. Sobre esta temática hemos intentado adentrarnos en otros post y creemos que es una de las claves más importantes a resolver a día de hoy.
La arquitectura es algo que, en principio, debería importar a todos, pues no hay quien se libre de ella.
Sin embargo, creemos que el mundo arquitectónico no ha hecho el esfuerzo suficiente para acortar esta distancia.

1. Falta de diálogo.
Hay que reconocer que ni los arquitectos hemos dado el do de pecho al acercarnos a la ciudadanía y tampoco desde la sociedad no se ha mostrado excesivo interés en ello. También es cierto que, sería prudente diferenciar entre arquitectura y urbanismo, pues quizás desde esta escala más amplia sea más sencillo tender los puentes necesarios desde una y otra dirección.
Por cierto, sobre urbanismo y buen urbanismo hablábamos hace bien poco por aquí.
Así que, nos adentramos en este bonito terreno con la intención de que esta reflexión sea tan cercana a los técnicos como al resto de la ciudadanía.
En el libro del filósofo Daniel Innerarity, “La filosofía como una de las bellas artes”, aparece una reflexión que nos parece fundamental poner encima de la mesa, antes de entrar en materia,
“Los filósofos deben admitir que con frecuencia se han ganado a pulso la fama de ser personas ensimismadas en abstracciones demasiado complejas y despreocupados por los problemas del día a día; y al mismo tiempo, deben buscar el camino que les permita entrar en diálogo con una sociedad conformada por gente corriente, problemas cotidianos, una realidad cambiante. Así la filosofía dejará de ser una disciplina encerrada en sí misma para convertirse en una vivencia apasionada, atenta al presente, sin miedo a la complejidad. Y los filósofos, abiertos al diálogo y al humor, podrían volver a ocupar una posición indispensable en esta conversación de la humanidad que teja nuestras realidades”.
Si sustituimos las palabras filósofo por arquitecto y filosofía por arquitectura, el párrafo funciona exactamente igual (o mejor).
Así que, al igual que de los filósofos parece que la visión que se tiene de los arquitectos no es para tirar cohetes. Hace tiempo podíamos leer en el muro de facebook de n+1 que decían:
“El público en general aún no sabe dónde colocarte, los clientes piensan que eres un mal necesario, los aparejadores que no haces nada y cobras demasiado, los urbanistas (¿Los arquitectos municipales?) que te da igual todo y vienes, como en la canción, a bailar tu ritmo (y no les suele faltar razón), los constructores que eres (en Murciano-Almeriense) “un pollicas” y nosotros mismos que somos el primer orejón del tarro, el as de la baraja, el demiurgo social, la madre del cordero, el ying de mi yang y el Batman de mi Robin.”
Por lo tanto, uno de los principales problemas de la falta de diálogo entre la arquitectura y la sociedad es culpa, directamente, de nuestro gremio.
En cualquier caso, por desgracia, los arquitectos, en muchos casos, se han pensado en posesión única de la arquitectura y no han dado al usuario el lugar que le corresponde.
Nos hemos recreado en nuestro propio título olvidando que muchos de los más importantes arquitectos de la historia, en realidad, no habían pasado propiamente por las aulas de una escuela de arquitectura.
Esto, unido a que en demasiadas ocasiones los arquitectos han sido una pieza más del desastroso sistema inmobiliario, ha dado como resultado una nula comunicación entre sociedad y arquitectura.

Por suerte, determinados sectores de nuestra profesión, como los colectivos de arquitectos, siempre han tenido bien claro que esta distancia hay que romperla y que lo que toca es bajar a tierra y acercarse al ciudadano de a pie.
2. La arquitectura como servicio.
Los arquitectos no hemos sabido hacernos entender ni entre los que se suponen que nos debían dar trabajo, ni entre los que habitan nuestra arquitectura. De hecho, si miramos cómo nos ven otros sectores de la población tampoco mejora el tema. Estamos convencidos de que no ha habido un entendimiento real entre arquitectos y sociedad y esto lo encontramos totalmente necesario.
Para ilústralo mejor, rescatamos las palabras de, nuestro admirado, Julio Cano Lasso que, lamentablemente, después de más de veinte años siguen de rabiosa actualidad,
“La brecha que separa a los arquitectos de la sociedad es algo que debe preocuparnos especialmente. La sociedad es nuestro cliente y en gran medida la arquitectura es un reflejo de la sociedad que la construye. La sociedad esta desorientada y los arquitectos, con nuestras modas y caprichos, tenemos mucha culpa. Hoy la arquitectura es para arquitectos”.
Y sin embargo, pese a quien pese, la arquitectura es un acto de servicio a la sociedad. Esta premisa ha de guiar cualquier objetivo arquitectónico que se precie. Aun así, parece que cuesta encontrar dinámicas donde de verdad se den posibilidades al ciudadano de a pie para que pueda dar a conocer sus inquietudes, expectativas y necesidades.1
En ese artículo,2 Ana afirma:
“(…) El espacio urbano no es neutro. La percepción de la ciudad, sus zonas de tránsito, de reposo, de socialización, no son lo mismo para un niño que un anciano, que un discapacitado. Del mismo modo, hombres y mujeres experimentan la ciudad, la calle, el barrio y el hogar de manera distinta. Entre el amplio espectro espacial que se abre desde lo puramente público a o estrictamente privado, existe toda una paleta de fricciones entre individuos, y entre los individuos, los objetos y los espacios. Pensar en cómo se han diseñado hasta hace poco las ciudades, sus calles, barrios y hogares, desde qué posicionamientos políticos y sociales, nos lleva inevitablemente a hablar de feminismo.”

Ni la arquitectura ni el urbanismo pueden ser un fin en sí mismos, han de ser un medio para que la gente pueda vivir cada vez mejor y, a su vez, ser sensible, como comenta Renzo Piano, a los cambios de la sociedad:
“(…) si estás de acuerdo con que una arquitectura es el reflejo de una sociedad, también debes reconocer que es el reflejo de un momento, de una cultura; no se entiende por qué, mientras todo ha cambiado (los comportamientos de la gente, de la sociedad, los instrumentos disponibles), uno en cambio permanece inmóvil”.
Ser sensibles a los tiempos que corren y asumir la nueva era digital que nos toca vivir, nos ayudará a plantear una mejor arquitectura y, sobre todo, nos dará las pistas para entender cómo vive y cómo quiere vivir la sociedad a la que servimos.

3. Por una ciudad humanizada y participativa.
Como bien sabemos, gracias a movimientos como el 15M, se dio un paso de gigante en todo lo que venimos hablando en este artículo. La percepción del espacio público tomó una nueva dimensión y son múltiples las acciones que se derivaron de todo este movimiento.
Aun así, creemos que no se ha aprovechado del todo para exigir un urbanismo para todos y para todas y eso es algo que todavía puede tener solución.
Dar voz real al ciudadano dentro de un proceso pensando desde la sinergia no puede ser algo excepcional. Dejar en manos del dinero y la tecnología (Smart city) el destino de nuestras ciudades es la peor de las ideas.
En este sentido, Paisaje Transversal comentan:
“(…) este concepto de arquitectura participativa no es nuevo. A este respecto cabe destacar, por ejemplo, la figura del arquitecto holandés Aldo Van Eyck, quien diseñó entre 1947 y 1978 más de 700 parques y patios de juego en el centro de las ciudades y en los monótonos suburbios; o el proyecto de mejorar y embellecer ciertas plazas de Burdeos, de las cuales fueron responsables Anne Lacaton y Jean-Philppe Vassaly que contaron con diversas propuestas vecinales. O más recientemente el proyecto de remodelación de Times Square, en Nueva York, a cargo de PPS.”

Para ello, deberemos buscar la manera de implicar al ciudadano de a pie en temas de urbanismo, a través de una participación ciudadana real y no de postín como es la práctica habitual. No podemos seguir hablando de aprovechamientos urbanísticos, planes parciales o repartos de edificabilidad expuestos en gigantescas (y confusas) carpetas, esperando que alguien entienda algo.
A esta ausencia de claridad en las presentaciones de los intragables tochos urbanísticos, hay que unir el hecho de que seguimos pensando que los planes generales son documentos válidos para los tiempos que corren. Debemos replantearnos, seriamente, cómo se debieran adaptar para ser, realmente, útiles y no quedar obsoletos antes de ser entregados.
En este sentido, leíamos hace tiempo en un reportaje en el mundo decir a Andrés Cánovas que
“no hay que escuchar a los arquitectos lo más mínimo. Es una profesión respetable, claro, pero no muy creíble. Hemos hecho las ciudades que hemos visto… O, por lo menos, hemos sido la punta de lanza del liberalismo más soez. Hay que escuchar al vecino y sus necesidades y transformarlas en elementos, en arquitecturas y en ciudades”.
Y aunque no le falta parte de razón, creemos que los arquitectos sólo son una parte del problema. Lo que realmente está mal, muy mal, y hay que cambiar de raíz, es la propia Ley del suelo. Aquí hay mucho que debatir tanto desde los técnicos como desde la ciudadanía. No se puede permitir una ley que facilite un sistema, totalmente injusto, en el que locuras como que una persona por tener un terreno en un lugar del extrarradio y alguien decidida que la ciudad crecerá por ahí (con más que dudosos criterios, en la mayoría de los casos) se lleve toda la plusvalía de esa decisión.
¿Por qué hemos hecho ricos a quienes no han aportado ningún valor?
No sería más lógico que la mayoría de ese beneficio hubiera ido a parar a manos de la administración para que haga uso de ese dinero en función de necesidades sociales.
La rehabilitación ya no puede ser una opción, debiera ser la primera y casi única alternativa. Si no apostamos por políticas que la favorezcan y que “castiguen” cualquier demolición injustificada o planteamientos de crecimiento ilusorio, seguiremos sin poner el cascabel al gato. Una rehabilitación que incluya criterios de verdadera eficiencia energética y no quede en manos de la normativa y el CTE.
Sólo así, con criterios que sean inclusivos y con una visión humanista de la ciudad, nuestras urbes serán lo que siempre debieron ser. Como bien apuntaban, en una vieja entrevista, Tuñon & Mansilla:
“Los arquitectos también podían aprender de cómicos y payasos y, abandonado su vanidad, transformarse en un reflejo de la sociedad, de esa sociedad a la que deben cobijar; la arquitectura sólo tiene sentido en la medida en que colabores solidariamente a catalizar la esencial búsqueda de felicidad de las personas”.
Y no quisiéramos terminar sin afirmar que, en nuestra opinión, la arquitectura es demasiado importante para dejarla sólo en manos de los arquitectos. Por ello, se ha de apostar por una alianza ciudadano – arquitecto – administración, que, de verdad, sepa canalizar nuevos procesos para nuestras maltrechas ciudades.
Si no hay una sociedad comprometida y cómplice con la arquitectura, navegando en el mismo barco, no podremos soñar con una arquitectura que satisfaga realmente sus necesidades.
Stepienybarno_Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó, arquitectos
Estella, Enero 2018
Notas:
1 En este sentido os animamos a echar un ojo a este post en el blog de Arquitasa de la mano de Sabrina Gaudino o
2 Aquí este otro de Ana Asensio en el blog de Fundación Arquia.[:gl]
Cal é a distancia que separa a arquitectura da sociedade?d?
Ou mellor devandito aos arquitectos da sociedade á que debemos servir. Sobre esta temática tentamos penetrarnos noutros post e cremos que é unha das claves máis importantes a resolver a día de hoxe.
A arquitectura é algo que, en principio, debería importar a todos, pois non hai quen se libre dela.
Con todo, cremos que o mundo arquitectónico non fixo o esforzo suficiente para acurtar esta distancia.

1. Falta de diálogo.
desde a sociedade non se mostrou excesivo interese niso. Tamén é certo que, sería prudente diferenciar entre arquitectura e urbanismo, pois quizais desde esta escala máis ampla sexa máis sinxelo tender as pontes necesarias desde unha e outra dirección.
Hay que reconocer que ni los arquitectos hemos dado el do de pecho al acercarnos a la ciudadanía y tampoco desde la sociedad no se ha mostrado excesivo interés en ello. También es cierto que, sería prudente diferenciar entre arquitectura y urbanismo, pues quizás desde esta escala más amplia sea más sencillo tender los puentes necesarios desde una y otra dirección.
Por certo, sobre urbanismo e bo urbanismo falabamos fai ben pouco por aquí.
Así que, penetrámonos neste bonito terreo coa intención de que esta reflexión sexa tan próxima aos técnicos como ao resto da cidadanía.
No libro do filósofo Daniel Innerarity, “A filosofía como unha das belas artes”, aparece unha reflexión que nos parece fundamental poñer encima da mesa, antes de entrar en materia,
“Os filósofos deben admitir que con frecuencia gañáronse con suor a fama de ser persoas ensimesmadas en abstraccións demasiado complexas e despreocupados polos problemas do día a día; e ao mesmo tempo, deben buscar o camiño que lles permita entrar en diálogo cunha sociedade conformada por xente corrente, problemas cotiáns, unha realidade cambiante. Así a filosofía deixará de ser unha disciplina encerrada en si mesma para converterse nunha vivencia apaixonada, atenta ao presente, sen medo á complexidade. E os filósofos, abertos ao diálogo e ao humor, poderían volver ocupar unha posición indispensable nesta conversación da humanidade que teza as nosas realidades”.
Se substituímos as palabras filósofo por arquitecto e filosofía por arquitectura, o parágrafo funciona exactamente igual (ou mellor).
Así que, do mesmo xeito que dos filósofos parece que a visión que se ten dos arquitectos non é para tirar foguetes. Hai tempo podiamos ler no muro de facebook de n+1 que dicían:
“O público en xeral aínda non sabe onde colocarche, os clientes pensan que es un mal necesario, os aparelladores que non fas nada e cobras demasiado, os urbanistas (Os arquitectos municipais?) que che dá igual todo e vés, como na canción, a bailar o teu ritmo (e non lles adoita faltar razón), os construtores que es (en Murciano-Almeriense) “un pollicas” e nós mesmos que somos o primeiro orejón do tarro, o as da baralla, o demiurgo social, a nai do cordeiro, o ying do meu yang e o Batman do meu Robin.”
Por tanto, un dos principais problemas da falta de diálogo entre a arquitectura e a sociedade é culpa, directamente, do noso gremio.
En calquera caso, por desgraza, os arquitectos, en moitos casos, pensáronse en posesión única da arquitectura e non deron ao usuario o lugar que lle corresponde.
Recreámonos no noso propio título esquecendo que moitos dos máis importantes arquitectos da historia, en realidade, non pasaran propiamente polas aulas dunha escola de arquitectura.
Isto, unido a que en demasiadas ocasións os arquitectos foron unha peza máis do desastroso sistema inmobiliario, deu como resultado unha nula comunicación entre sociedade e arquitectura.

Por sorte, determinados sectores da nosa profesión, como os colectivos de arquitectos, sempre tiveron ben claro que esta distancia hai que rompela e que o que toca é baixar a terra e achegarse ao cidadán do montón.
2. A arquitectura como servizo.
Os arquitectos non soubemos facernos entender nin entre os que se supoñen que nos debían dar traballo, nin entre os que habitan a nosa arquitectura. De feito, se miramos como nos ven outros sectores da poboación tampouco mellora o tema. Estamos convencidos de que non houbo un entendemento real entre arquitectos e sociedade e isto atopámolo totalmente necesario.
Para ilústrao mellor, rescatamos as palabras de, o noso admirado, Xulio Cano Lasso que, lamentablemente, despois de máis de vinte anos seguen de rabiosa actualidade,
Para ilústralo mejor, rescatamos las palabras de, nuestro admirado, Julio Cano Lasso que, lamentablemente, después de más de veinte años siguen de rabiosa actualidad,
“A brecha que separa aos arquitectos da sociedade é algo que debe preocuparnos especialmente. A sociedade é o noso cliente e en gran medida a arquitectura é un reflexo da sociedade que a constrúe. A sociedade esta desorientada e os arquitectos, coas nosas modas e caprichos, temos moita culpa. Hoxe a arquitectura é para arquitectos”.
E con todo, a pesar de quen pese, a arquitectura é un acto de servizo á sociedade. Esta premisa ha de guiar calquera obxectivo arquitectónico que se prece. Aínda así, parece que custa atopar dinámicas onde de verdade déanse posibilidades ao cidadán do montón para que poida dar a coñecer as súas inquietudes, expectativas e necesidades.1
Nese artigo,2 Ana afirma:
“(…) O espazo urbano non é neutro. A percepción da cidade, as súas zonas de tránsito, de repouso, de socialización, non son o mesmo para un neno que un ancián, que un discapacitado. Do mesmo xeito, homes e mulleres experimentan a cidade, a rúa, o barrio e o fogar de maneira distinta. Entre o amplo espectro espacial que se abre desde o puramente público a ou estritamente privado, existe toda unha paleta de friccións entre individuos, e entre os individuos, os obxectos e os espazos. Pensar en como se deseñaron ata hai pouco as cidades, as súas rúas, barrios e fogares, desde que posicionamentos políticos e sociais, lévanos inevitablemente a falar de feminismo.”

Nin a arquitectura nin o urbanismo poden ser un fin en si mesmos, han de ser un medio para que a xente poida vivir cada vez mellor e, á súa vez, ser sensible, como comenta Renzo Piano, aos cambios da sociedade:
“(…) se estás de acordo con que unha arquitectura é o reflexo dunha sociedade, tamén debes recoñecer que é o reflexo dun momento, dunha cultura; non se entende por que, mentres todo cambiou (os comportamentos da xente, da sociedade, os instrumentos dispoñibles), un en cambio permanece inmóbil”.
Ser sensibles aos tempos que corren e asumir a nova era dixital que nos toca vivir, axudaranos a expor unha mellor arquitectura e, sobre todo, daranos as pistas para entender como vive e como quere vivir a sociedade á que servimos.

3. Por unha cidade humanizada e participativa.
Como ben sabemos, grazas a movementos como o 15M, deuse un paso de xigante en todo o que vimos falando neste artigo. A percepción do espazo público tomou unha nova dimensión e son múltiples as accións que se derivaron de todo este movemento.
Aínda así, cremos que non se aproveitou do todo para esixir un urbanismo para todos e para todas e iso é algo que aínda pode ter solución..
Dar voz real ao cidadán dentro dun proceso pensando desde a sinerxia non pode ser algo excepcional. Deixar en mans do diñeiro e a tecnoloxía ( Smart city) o destino das nosas cidades é a peor das ideas.
Dar voz real al ciudadano dentro de un proceso pensando desde la sinergia no puede ser algo excepcional. Dejar en manos del dinero y la tecnología (Smart city) el destino de nuestras ciudades es la peor de las ideas.
Neste senso, Paisaxe Transversal comentan:
“(…) este concepto de arquitectura participativa non é novo. A este respecto cabe destacar, por exemplo, a figura do arquitecto holandés Aldo Van Eyck, quen deseñou entre 1947 e 1978 máis de 700 parques e patios de xogo no centro das cidades e nos monótonos suburbios; ou o proxecto de mellorar e embelecer certas prazas de Bordeus, das cales foron responsables Anne Lacaton e Jean- Philppe Vassaly que contaron con diversas propostas veciñais. Ou máis recentemente o proxecto de remodelación de Times Square, en Nova York, a cargo de PPS.”

Para iso, deberemos buscar a maneira de implicar ao cidadán do montón en temas de urbanismo, a través dunha participación cidadá real e non de pompa como é a práctica habitual. Non podemos seguir falando de aproveitamentos urbanísticos, plans parciais ou reparticións de edificabilidade expostos en xigantescas (e confusas) cartafoles, esperando que alguén entenda algo.
A esta ausencia de claridade nas presentacións dos intragables tochos urbanísticos, hai que unir o feito de que seguimos pensando que os plans xerais son documentos válidos para os tempos que corren. Debemos reformularnos, seriamente, como se debesen adaptar para ser, realmente, útiles e non quedar obsoletos antes de ser entregados.
Neste sentido, liamos hai tempo nunha reportaxe no mundo dicir a Andrés Cánovas que
“non hai que escoitar aos arquitectos o máis mínimo. É unha profesión respectable, claro, pero non moi crible. Fixemos as cidades que vimos… Ou, polo menos, fomos a punta de lanza do liberalismo máis soez. Hai que escoitar ao veciño e as súas necesidades e transformalas en elementos, en arquitecturas e en cidades”.
E aínda que non lle falta parte de razón, cremos que os arquitectos só son unha parte do problema. O que realmente está mal, moi mal, e hai que cambiar de raíz, é a propia Lei do chan. Aquí hai moito que debater tanto desde os técnicos como desde a cidadanía. Non se pode permitir unha lei que facilite un sistema, totalmente inxusto, no que tolemias como que unha persoa por ter un terreo nun lugar do arrabalde e alguén decidida que a cidade crecerá por aí (con máis que dubidosos criterios, na maioría dos casos) leve toda a plusvalía desa decisión.
Por que fixemos ricos a quen non achegaron ningún valor?
Non sería máis lóxico que a maioría dese beneficio fose a parar a mans da administración para que faga uso dese diñeiro en función de necesidades sociais.
A rehabilitación xa non pode ser unha opción, debese ser a primeira e case única alternativa. Se non apostamos por políticas que a favorezan e que “castiguen” calquera demolición inxustificada ou formulacións de crecemento ilusorio, seguiremos sen poñer o cascabel ao gato. Unha rehabilitación que inclúa criterios de verdadeira eficiencia enerxética e non quede en mans da normativa e o CTE.
Só así, con criterios que sexan inclusivos e cunha visión humanista da cidade, as nosas urbes serán o que sempre deberon ser. Como ben apuntaban, nunha vella entrevista, Tuñon & Mansilla:
“Os arquitectos tamén podían aprender de cómicos e pallasos e, abandonado a súa vaidade, transformarse nun reflexo da sociedade, desa sociedade á que deben acubillar; a arquitectura só ten sentido na medida en que colabores solidariamente a catalizar a esencial procura de felicidade das persoas”.
E non quixésemos terminar sen afirmar que, na nosa opinión, a arquitectura é demasiado importante para deixala só en mans dos arquitectos. Por iso, hase de apostar por unha alianza cidadán – arquitecto – administración, que, de verdade, saiba canalizar novos procesos para nosas maltreitas cidades.
Se non hai unha sociedade comprometida e cómplice coa arquitectura, navegando no mesmo barco, non poderemos soñar cunha arquitectura que satisfaga realmente as súas necesidades.
Stepienybarno_Agnieszka Stepien e Lorenzo Barnó, arquitectos
Estella, Xaneiro 2018
Notas:
1 Neste senso animámosvos a botar un ollo a este post no blogue de Arquitasa da man de Sabrina Gaudino.
2 Aquí neste outro de Ana Asensio no blogue de Fundación Arquia.[:en]
What is the distance that separates architecture from society?
Or rather to the architects of the society we should serve. On this topic we have tried to get into other post and we believe that it is one of the most important keys to solve today.
Architecture is something that, in principle, should matter to everyone, because there is no one who is free of it.
However, we believe that the architectural world has not made enough effort to shorten this distance.

1. Lack of dialogue.
We must recognize that neither the architects have given the do of chest when approaching the citizenship and not from society has not shown excessive interest in it. It is also true that it would be prudent to differentiate between architecture and urbanism, since perhaps from this larger scale it would be easier to build the necessary bridges from one direction to another.
By the way, about urbanism and good urbanism we talked a little bit here.
So, we go into this beautiful field with the intention that this reflection is as close to the technicians as to the rest of the citizens.
In the book by the philosopher Daniel Innerarity, “Philosophy as one of the fine arts”, a reflection appears that we think it is fundamental to put on the table, before entering into matter,
“Philosophers must admit that they have often earned a reputation for being self-absorbed in abstractions that are too complex and unconcerned with day-to-day problems; and at the same time, they must seek the path that allows them to enter into dialogue with a society made up of ordinary people, everyday problems, a changing reality. In this way, philosophy will stop being a discipline enclosed in itself to become a passionate experience, attentive to the present, without fear of complexity. And the philosophers, open to dialogue and humor, could once again occupy an indispensable position in this conversation of humanity that shrouds our realities”.
If we substitute the words philosopher for architect and philosophy for architecture, the paragraph works exactly the same (or better).
So, like the philosophers, it seems that the vision of the architects is not to throw rockets. Some time ago we could read on the facebook wall of n + 1 that said:
“The public in general still does not know where to put you, customers think you are a necessary evil, the surveyors who do nothing and charge too much, the planners (Municipal architects?) That you do not care about everything and you come, as in the song, to dance your rhythm (and they do not usually lack reason), the constructors that you are (in Murciano-Almeriense) «a pollicas» and ourselves that we are the first orejón of the jar, the ace of the deck, the social demiurge, the mother of the lamb, the ying of my yang and the Batman of my Robin.”
Therefore, one of the main problems of the lack of dialogue between architecture and society is the fault, directly, of our guild.
In any case, unfortunately, architects, in many cases, have thought about the unique possession of architecture and have not given the user the rightful place.
We have recreated our own title forgetting that many of the most important architects in history, in fact, had not properly passed through the classrooms of an architecture school.
This, together with the fact that in too many occasions the architects have been one more piece of the disastrous real estate system, has resulted in a null communication between society and architecture.

Luckily, certain sectors of our profession, such as the groups of architects, have always been very clear that this distance must be broken and that what touches is to go down to earth and approach the ordinary citizen.
2. Architecture as a service.
The architects have not known how to make us understand, neither among those who are supposed to give us work, nor among those who inhabit our architecture. In fact, if we look at how other sectors of the population see us, it does not improve the issue either. We are convinced that there has not been a real understanding between architects and society and we find this totally necessary.
To illustrate it better, we rescue the words of our admired, Julio Cano Lasso, who, unfortunately, after more than twenty years are still raging,
“The gap that separates architects from society is something that should especially concern us. Society is our client and, to a large extent, architecture is a reflection of the society that constructs it. Society is disoriented and architects, with our fashions and whims, have a lot of guilt. Today architecture is for architects”.
And yet, despite whoever, architecture is an act of service to society. This premise must guide any architectural goal worth its salt. Even so, it seems that it is difficult to find dynamics where the ordinary citizen is really given possibilities so that he can make known his concerns, expectations and needs.1
In that article,2 Ana states:
“(…) The urban space is not neutral. The perception of the city, its areas of transit, rest, socialization, are not the same for a child as an elder, than a disabled person. In the same way, men and women experience the city, the street, the neighborhood and the home in a different way. Among the wide spatial spectrum that opens from the purely public to strictly private, there is a whole palette of frictions between individuals, and between individuals, objects and spaces. Thinking about how cities, their streets, neighborhoods and homes have been designed until recently, from what political and social positions, inevitably leads us to talk about feminism.”

Neither architecture nor urbanism can be an end in themselves, they must be a means for people to live better and better, and in turn, be sensitive, as Renzo Piano comments, to the changes in society:
“(…) if you agree that an architecture is the reflection of a society, you must also recognize that it is the reflection of a moment, of a culture; it is not understood why, while everything has changed (the behavior of the people, of society, the available instruments), one instead remains immobile”.
Be sensitive to the times and take on the new digital era that we live, will help us raise a better architecture and, above all, give us the clues to understand how he lives and how he wants to live the society we serve.

3. For a humanized and participatory city.
As we know, thanks to movements like 15M, a giant step was taken in everything that we have been talking about in this article. The perception of public space took a new dimension and there are many actions that were derived from this whole movement.
Even so, we believe that it has not been used at all to demand an urbanism for all and for all and that is something that can still be solved.
Give real voice to the citizen in a process thinking from the synergy can not be something exceptional. Leaving the fate of our cities in the hands of money and technology (Smart city) is the worst of ideas.
In this sense, Paisaje Transversal comments::
“(…) This concept of participatory architecture is not new. In this respect it is worth mentioning, for example, the figure of the Dutch architect Aldo Van Eyck, who designed between 1947 and 1978 more than 700 parks and playgrounds in the center of the cities and in the monotonous suburbs; or the project to improve and beautify certain squares of Bordeaux, for which Anne Lacaton and Jean-Philppe Vassaly were responsible, who had various neighborhood proposals. Or more recently the remodeling project of Times Square, in New York, by PPS.”

To do this, we must find ways to involve the ordinary citizen in urban planning issues, through real citizen participation and not postín as is the usual practice. We can not continue talking about urban developments, partial plans or building distributions exposed in gigantic (and confusing) folders, waiting for someone to understand something.
To this lack of clarity in the presentations of the intragables urban spreads, it is necessary to join the fact that we continue thinking that the general plans are valid documents for the current times. We must rethink, seriously, how they should adapt to be, really, useful and not become obsolete before being delivered.
In this sense, we read a while ago in a report in the world to say to Andrés Cánovas that:
“you do not have to listen to the architects in the least. It is a respectable profession, of course, but not very credible. We have made the cities we have seen … Or, at least, we have been the spearhead of the most vulgar liberalism. You have to listen to the neighbor and their needs and transform them into elements, into architecture and cities”.
And although it does not lack part of reason, we believe that architects are only part of the problem. What is really wrong, very bad, and you have to change the root, is the Law of the soil itself. Here there is much to discuss both from the technicians and from the citizens. You can not allow a law that facilitates a system, totally unfair, in which madness as a person to have a plot of land in a suburban area and someone decided that the city will grow there (with more than dubious criteria, in most of the cases) take all the surplus value of that decision.
Why have we made rich those who have not contributed any value?
It would not be more logical that most of that benefit would have gone to the administration to make use of that money based on social needs.
Rehabilitation can no longer be an option, it should be the first and almost only alternative. If we do not bet on policies that favor it and that “punish” any unjustified demolition or illusory growth plans, we will continue without putting the bell to the cat. A rehabilitation that includes criteria of true energy efficiency and is not in the hands of the regulations and the CTE.
Only in this way, with criteria that are inclusive and with a humanistic vision of the city, will our cities be what they should always have been. As they pointed out, in an old interview, Tuñon & Mansilla:
Sólo así, con criterios que sean inclusivos y con una visión humanista de la ciudad, nuestras urbes serán lo que siempre debieron ser. Como bien apuntaban, en una vieja entrevista, Tuñon & Mansilla:
“The architects could also learn from comedians and clowns and, abandoned their vanity, become a reflection of society, of that society they should shelter; Architecture only makes sense to the extent that you collaborate in solidarity to catalyze people’s essential pursuit of happiness”.
And we would not like to end without affirming that, in our opinion, architecture is too important to be left only in the hands of architects. Therefore, we must bet on a citizen-architect-administration alliance, that really knows how to channel new processes for our battered cities.
If there is not a society committed and complicit with architecture, sailing in the same boat, we can not dream of an architecture that really meets their needs.
Stepienybarno_Agnieszka Stepien and Lorenzo Barnó, architects
Estella, January 2018
Notes:
1 In this sense we encourage you to take a look at this post on the Arquitasa blog by Sabrina Gaudino
2 Here is another one of Ana Asensio in the blog of Fundación Arquia.[:]




