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Bodega Dussart Pedrón Crux Arquitectos o24 ©Milena Villalba 2018
Bodega Dussart Pedrón | Crux Arquitectos © Milena Villalba 2018

En la línea de tiempo de las edificaciones hay muchas vidas diferentes, y todas marcan de alguna manera a las siguientes. Las mismas construcciones, los mismos paisajes, en momentos diferentes son percibidas de manera diferente; vividas, al fin y al cabo, bajo otras circunstancias. En esas vidas, además de pasar por usos diferentes, transformaciones, abandonos y renacimientos, se pasa por asociaciones psicológicas diferentes: añoranza, desapego, complejos de inferioridad o grandes esperanzas. Lo que es importante saber es que esa línea, con toda su carga material y emocional, lleva hasta el punto actual, y que si ella se rompe ya no podremos hablar de «lugar», en toda su amplitud.

Construir desde la memoria es incluir esas fases sin quedar atados a ellas; es entender  el cuaderno de bitácora a pesar de estar en otra travesía. Es asimilar que el famoso folio en blanco del difícil comienzo no es tal si recordamos todo aquello de lo que partimos.

El estudio de arquitectura CRUX, en este proyecto  situado en la población de Los Pedrones, en Requena (Valencia), ha trabajado en una intervención que muestra un profundo respeto por las implicaciones emocionales del lugar que les precedía, siendo conscientes de que se inicia con ella una nueva fase, inevitablemente ligada a la contemporaneidad. La «Bodega Dussart  Pedrón» es el nuevo espacio surgido tras la rehabilitación de una antigua construcción familiar que ha tenido ya muchas vidas.

El espacio actual, de 156m2, fue en origen un corral, un volumen alargado de una planta con un gran patio anexo. Posteriormente se transformó en bodega, reutilizando la nave del corral como almacén de depósitos, y rellenando el patio aledaño para crear un espacio en un segundo nivel desde el que elaborar el vino y verterlo a los depósitos por gravedad. En los años 60, al crearse la cooperativa del pueblo, la bodega dejó de elaborar su vino para convertirse en almacén. Hoy, sus descendientes regresan desde Francia dejando una vida atrás, para rescatar la antigua bodega familiar que levantó un día el bisabuelo, rescatando también el vino de elaboración propia que se había abandonado.

Como es habitual en las poblaciones pequeñas y en los entornos más rurales, existe una mirada peyorativa sobre la identidad propia: de las formas de subsistencia, al patrimonio intangible, pasando por el entorno construido. Como cuentan los arquitectos,

«generalmente, no se da el valor suficiente a la cultura local, a lo propio. A pesar de esto, la familia Dussart Pedrón renuncia a su «estabilidad» en Francia para volver al pueblo y emprender con este proyecto, desaprender ese cierto «pudor» hacia lo propio, y poner en valor este patrimonio».

Esta premisa es clave al enfrentarse al proyecto: por un lado, los arquitectos son conscientes del valor  del patrimonio material y lo sentimental del lugar, que contrarresta la habitual mirada infravalorada de la arquitectura popular; por otro lado, de que la memoria es un ente vivo, que no se debe disecar y exhibir, sino usar, transformar, mejorar.

«Así pues entendimos que nuestra propuesta debía ser una línea más en la historia de ese lugar. Nuestro reto era doble: conseguir hacer productivo de nuevo este espacio, teniendo en cuenta que los procesos de elaboración de vino actuales, así como las exigencias de sanidad, han cambiado considerablemente. Al mismo tiempo, sentíamos el deber de conservar esas huellas del edificio, y de potenciarlo utilizando tecnologías constructivas de nuestro tiempo».

La intervención trabajará el paso del tiempo como un material más de construcción, sin esconder esas cicatrices. En ese lugar-territorio se insertarán las nuevas instalaciones, empleando materiales fácilmente identificables y asociados a nuestro tiempo. La construcción original se revisa, actuando de manera personalizada con cada elemento. La cubierta mantiene su estructura de rollizos original sobre la que se aplica un tratamiento al agua, el cañizo se sustituye por listones de madera machihembrados, las tejas se limpian y vuelven a colocarse en su ubicación. La fachada norte, que aún muestra las trazas de su pasado como corral, se mantiene así, con los huecos cegados. En el nivel inferior, donde la familia comenzó a elaborar sus vinos hace más de cien años, se redescubre el muro de ladrillo de los depósitos originales.

Sobre este lienzo de recuperación de lo existente se estructura todo el nuevo programa, basado en tres espacios relacionados. El nivel 0, marcado por la cota de acceso en la fachada este, ocupará la antigua ampliación, que se destina a la elaboración; desde ella se accede a otras dos salas, situadas en dos niveles en la nave oeste: el nivel -1, de antiguos depósitos de hormigón, se transforma en la sala de guarda de la bodega, aprovechando su inercia térmica para la maduración en barrica, mientras que el nivel +1 se plantea como zona  de recepción de la uva, e integra los servicios y laboratorio, y un nuevo vano que perfora el muro de mampuesto.

Estos niveles se redefinen en base a una estructura de hormigón armado que consolida la construcción y la refuerza, posibilitando el nuevo uso. Las escaleras y el montacargas se colocan en el centro, rodeando el pilar y creando una pieza central. Los nuevos paramentos se realizan en pladur blanco; se insertan como un elemento perimetral que rodea el espacio, integrando los servicios y permitiendo que las superficies sean lavables para el correcto funcionamiento de la bodega. En el espacio entre estos dos elementos se coloca la iluminación ambiental, que potencia la textura de los muros y los rollizos de cubierta, pero que también remarca esa separación, esa distancia.

Esta intervención supone una capa sobre la construcción, sólo rozando, como una instalación reversible que al tiempo dibuja un folio en blanco sobre el que recomenzar. Este proyecto de CRUX arquitectos es un proyecto de continuidades, de coexistencias, que entienden el valor añadido del desgaste del tiempo como parte del camino a recorrer hoy, y lo hace de manera sencilla, sin alardes, cercana, mirando con respeto y cariño tanto lo que vino como lo que está por venir.

Obra: Bodega Dussart Pedrón
Tipo: Rehabilitación
Localización: Los Pedrones, Requena, Valencia (España)
Superficie construida: 156 m2
Año: 2017
Arquitectos: Raquel Sola y Alejandro García (CRUX)
Fotografía: Milena Villalba
Redacción: Ana Asensio
+ cruxarquitectos.com

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Bodega Dussart Pedrón Crux Arquitectos o24 ©Milena Villalba 2018
Bodega Dussart Pedrón | Crux Arquitectos © Milena Villalba 2018

Na liña de tempo das edificacións hai moitas vidas diferentes, e todas marcan dalgunha maneira ás seguintes. As mesmas construcións, os mesmos paisaxes, en momentos diferentes son percibidas de maneira diferente; vividas, á fin e ao cabo, baixo outras circunstancias. Nesas vidas, ademais de pasar por usos diferentes, transformacións, abandonos e renacementos, pásase por asociacións psicolóxicas diferentes: añoranza, desapego, complexos de inferioridade ou grandes esperanzas. O que é importante saber é que esa liña, con toda a súa carga material e emocional, leva ata o punto actual, e que se ela rompe xa non poderemos falar de «lugar», en toda a súa amplitude.

Construír desde a memoria é incluír esas fases sen quedar atados a elas; é entender o caderno de bitácora a pesar de estar noutra travesía. É asimilar que o famoso folio en branco do difícil comezo non é tal se lembramos todo aquilo do que partimos.

O estudo de arquitectura CRUX, neste proxecto situado na poboación dos Pedrones, en Requena (Valencia), traballou nunha intervención que mostra un profundo respecto polas implicacións emocionais do lugar que lles precedía, sendo conscientes de que se inicia con ela unha nova fase, inevitablemente ligada á contemporaneidad. A «Adega Dussart Pedrón» é o novo espazo xurdido tras a rehabilitación dunha antiga construción familiar que tivo xa moitas vidas.

O espazo actual, de 156 m2, foi en orixe un curral, un volume alongado dunha planta cun gran patio anexo. Posteriormente transformouse en adega, reutilizando a nave do curral como almacén de depósitos, e enchendo o patio contiguo para crear un espazo nun segundo nivel desde o que elaborar o viño e verterlo aos depósitos por gravidade. Nos anos 60, ao crearse a cooperativa do pobo, a adega deixou de elaborar o seu viño para converterse en almacén. Hoxe, os seus descendentes regresan desde Francia deixando unha vida atrás, para rescatar a antiga adega familiar que levantou un día o bisavó, rescatando tamén o viño de elaboración propia que se abandonou.

Como é habitual nas poboacións pequenas e nas contornas máis rurais, existe unha mirada peyorativa sobre a identidade propia: das formas de subsistencia, ao patrimonio intanxible, pasando pola contorna construída. Como contan os arquitectos,

«xeralmente, non se dá o valor suficiente á cultura local, ao propio. A pesar disto, a familia Dussart Pedrón renuncia á súa «estabilidade» en Francia para volver ao pobo e emprender con este proxecto, desaprender ese certo «pudor» cara ao propio, e poñer en valor este patrimonio».

Esta premisa é clave ao enfrontarse ao proxecto: por unha banda, os arquitectos son conscientes do valor do patrimonio material e o sentimental do lugar, que contrarresta a habitual mirada infravalorada da arquitectura popular; doutra banda, de que a memoria é un ente vivo, que non se debe disecar e exhibir, senón usar, transformar, mellorar.

«Así pois entendemos que a nosa proposta debía ser unha liña máis na historia dese lugar. O noso reto era dobre: conseguir facer produtivo de novo este espazo, tendo en conta que os procesos de elaboración de viño actuais, así como as esixencias de sanidade, cambiaron considerablemente. Ao mesmo tempo, sentiamos o deber de conservar esas pegadas do edificio, e de potencialo utilizando tecnoloxías construtivas do noso tempo».

A intervención traballará o paso do tempo como un material máis de construción, sen esconder esas cicatrices. Nese lugar-territorio inseriranse as novas instalacións, empregando materiais facilmente identificables e asociados ao noso tempo. A construción orixinal revísase, actuando de maneira personalizada con cada elemento. A cuberta mantén a súa estrutura de rollizos orixinal sobre a que se aplica un tratamento á auga, o cañizo substitúese por listóns de madeira machihembrados, as tellas límpanse e volven colocarse na súa localización. A fachada norte, que aínda mostra as trazas do seu pasado como curral, mantense así, cos ocos cegados. No nivel inferior, onde a familia comezou a elaborar os seus viños fai máis de cen anos, se redescubre o muro de ladrillo dos depósitos orixinais.

Sobre este lenzo de recuperación do existente estrutúrase todo o novo programa, baseado en tres espazos relacionados. O nivel 0, marcado pola cota de acceso na fachada este, ocupará a antiga ampliación, que se destina á elaboración; desde ela accédese a outras dúas salas, situadas en dous niveis na nave oeste: o nivel -1, de antigos depósitos de formigón, transfórmase na sala de garda da adega, aproveitando a súa inercia térmica para a maduración en barrica, mentres que o nivel +1 exponse como zona de recepción da uva, e integra os servizos e laboratorio, e un novo van que perfora o muro de mampuesto.

Estes niveis redefínense en base a unha estrutura de formigón armado que consolida a construción e refórzaa, posibilitando o novo uso. As escaleiras e o montacargas colócanse no centro, rodeando o alicerce e creando unha peza central. Os novos paramentos realízanse en pladur branco; insérense como un elemento perimetral que rodea o espazo, integrando os servizos e permitindo que as superficies sexan lavables para o correcto funcionamento da adega. No espazo entre estes dous elementos colócase a iluminación ambiental, que potencia a textura dos muros e os rollizos de cuberta, pero que tamén remarca esa separación, esa distancia.

Esta intervención supón unha capa sobre a construción, só rozando, como unha instalación reversible que ao tempo debuxa un folio en branco sobre o que recomenzar. Este proxecto de CRUX arquitectos é un proxecto de continuidades, de coexistencias, que entenden o valor engadido do desgaste do tempo como parte do camiño para percorrer hoxe, e faio de maneira sinxela, sen alardes, próxima, mirando con respecto e agarimo tanto o que veu como o que está por vir.

Obra: Bodega Dussart Pedrón
Tipo: Rehabilitación
Localización: Los Pedrones, Requena, Valencia (España)
Superficie construida: 156 m2
Ano: 2017
Arquitectos: Raquel Sola e Alejandro García (CRUX)
Fotografía: Milena Villalba
Redacción: Ana Asensio
+ cruxarquitectos.com

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Bodega Dussart Pedrón Crux Arquitectos o24 ©Milena Villalba 2018
Bodega Dussart Pedrón | Crux Arquitectos © Milena Villalba 2018

En la línea de tiempo de las edificaciones hay muchas vidas diferentes, y todas marcan de alguna manera a las siguientes. Las mismas construcciones, los mismos paisajes, en momentos diferentes son percibidas de manera diferente; vividas, al fin y al cabo, bajo otras circunstancias. En esas vidas, además de pasar por usos diferentes, transformaciones, abandonos y renacimientos, se pasa por asociaciones psicológicas diferentes: añoranza, desapego, complejos de inferioridad o grandes esperanzas. Lo que es importante saber es que esa línea, con toda su carga material y emocional, lleva hasta el punto actual, y que si ella se rompe ya no podremos hablar de «lugar», en toda su amplitud.

Construir desde la memoria es incluir esas fases sin quedar atados a ellas; es entender  el cuaderno de bitácora a pesar de estar en otra travesía. Es asimilar que el famoso folio en blanco del difícil comienzo no es tal si recordamos todo aquello de lo que partimos.

El estudio de arquitectura CRUX, en este proyecto  situado en la población de Los Pedrones, en Requena (Valencia), ha trabajado en una intervención que muestra un profundo respeto por las implicaciones emocionales del lugar que les precedía, siendo conscientes de que se inicia con ella una nueva fase, inevitablemente ligada a la contemporaneidad. La «Bodega Dussart  Pedrón» es el nuevo espacio surgido tras la rehabilitación de una antigua construcción familiar que ha tenido ya muchas vidas.

El espacio actual, de 156m2, fue en origen un corral, un volumen alargado de una planta con un gran patio anexo. Posteriormente se transformó en bodega, reutilizando la nave del corral como almacén de depósitos, y rellenando el patio aledaño para crear un espacio en un segundo nivel desde el que elaborar el vino y verterlo a los depósitos por gravedad. En los años 60, al crearse la cooperativa del pueblo, la bodega dejó de elaborar su vino para convertirse en almacén. Hoy, sus descendientes regresan desde Francia dejando una vida atrás, para rescatar la antigua bodega familiar que levantó un día el bisabuelo, rescatando también el vino de elaboración propia que se había abandonado.

Como es habitual en las poblaciones pequeñas y en los entornos más rurales, existe una mirada peyorativa sobre la identidad propia: de las formas de subsistencia, al patrimonio intangible, pasando por el entorno construido. Como cuentan los arquitectos,

«generalmente, no se da el valor suficiente a la cultura local, a lo propio. A pesar de esto, la familia Dussart Pedrón renuncia a su «estabilidad» en Francia para volver al pueblo y emprender con este proyecto, desaprender ese cierto «pudor» hacia lo propio, y poner en valor este patrimonio».

Esta premisa es clave al enfrentarse al proyecto: por un lado, los arquitectos son conscientes del valor  del patrimonio material y lo sentimental del lugar, que contrarresta la habitual mirada infravalorada de la arquitectura popular; por otro lado, de que la memoria es un ente vivo, que no se debe disecar y exhibir, sino usar, transformar, mejorar.

«Así pues entendimos que nuestra propuesta debía ser una línea más en la historia de ese lugar. Nuestro reto era doble: conseguir hacer productivo de nuevo este espacio, teniendo en cuenta que los procesos de elaboración de vino actuales, así como las exigencias de sanidad, han cambiado considerablemente. Al mismo tiempo, sentíamos el deber de conservar esas huellas del edificio, y de potenciarlo utilizando tecnologías constructivas de nuestro tiempo».

La intervención trabajará el paso del tiempo como un material más de construcción, sin esconder esas cicatrices. En ese lugar-territorio se insertarán las nuevas instalaciones, empleando materiales fácilmente identificables y asociados a nuestro tiempo. La construcción original se revisa, actuando de manera personalizada con cada elemento. La cubierta mantiene su estructura de rollizos original sobre la que se aplica un tratamiento al agua, el cañizo se sustituye por listones de madera machihembrados, las tejas se limpian y vuelven a colocarse en su ubicación. La fachada norte, que aún muestra las trazas de su pasado como corral, se mantiene así, con los huecos cegados. En el nivel inferior, donde la familia comenzó a elaborar sus vinos hace más de cien años, se redescubre el muro de ladrillo de los depósitos originales.

Sobre este lienzo de recuperación de lo existente se estructura todo el nuevo programa, basado en tres espacios relacionados. El nivel 0, marcado por la cota de acceso en la fachada este, ocupará la antigua ampliación, que se destina a la elaboración; desde ella se accede a otras dos salas, situadas en dos niveles en la nave oeste: el nivel -1, de antiguos depósitos de hormigón, se transforma en la sala de guarda de la bodega, aprovechando su inercia térmica para la maduración en barrica, mientras que el nivel +1 se plantea como zona  de recepción de la uva, e integra los servicios y laboratorio, y un nuevo vano que perfora el muro de mampuesto.

Estos niveles se redefinen en base a una estructura de hormigón armado que consolida la construcción y la refuerza, posibilitando el nuevo uso. Las escaleras y el montacargas se colocan en el centro, rodeando el pilar y creando una pieza central. Los nuevos paramentos se realizan en pladur blanco; se insertan como un elemento perimetral que rodea el espacio, integrando los servicios y permitiendo que las superficies sean lavables para el correcto funcionamiento de la bodega. En el espacio entre estos dos elementos se coloca la iluminación ambiental, que potencia la textura de los muros y los rollizos de cubierta, pero que también remarca esa separación, esa distancia.

Esta intervención supone una capa sobre la construcción, sólo rozando, como una instalación reversible que al tiempo dibuja un folio en blanco sobre el que recomenzar. Este proyecto de CRUX arquitectos es un proyecto de continuidades, de coexistencias, que entienden el valor añadido del desgaste del tiempo como parte del camino a recorrer hoy, y lo hace de manera sencilla, sin alardes, cercana, mirando con respeto y cariño tanto lo que vino como lo que está por venir.

Obra: Bodega Dussart Pedrón
Tipo: Rehabilitación
Localización: Los Pedrones, Requena, Valencia (España)
Superficie construida: 156 m2
Año: 2017
Arquitectos: Raquel Sola y Alejandro García (CRUX)
Fotografía: Milena Villalba
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Surge enero de 2009 como búsqueda de satisfacer el conocimiento de la actividad arquitectónica y tangentes que se generan. La idea es crear un espacio para divulgar los diversos proyectos en busca de nueva inspiración y de intercambio.
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