
Este proyecto es el primero de una serie de tres viviendas que denominamos casas poveras. Concebidas en un tiempo de incertidumbre, pero sin renunciar a la escala, estas casas fueron reducidas a lo esencial, adquiriendo un carácter inesperado, austero e intenso.

Antiguamente un paisaje de fincas y terrenos agrícolas, Marvila se convirtió durante el siglo XX en el principal distrito industrial de Lisboa. Delimitado por el río Tajo y las líneas ferroviarias, el barrio se caracteriza por una tipología singular de naves industriales que acogieron actividades hoy evocadas en nombres de calles como Rua do Açúcar o Rua da Fábrica do Material de Guerra. Tras décadas de abandono, esas mismas naves han sido ocupadas por estudios y galerías, convirtiendo a Marvila en el distrito creativo más dinámico de la ciudad.

El proyecto consiste en la rehabilitación y ampliación de una vivienda unifamiliar de una sola planta construida en 1893, preservando íntegramente su estructura original. La casa existente fue tratada como un artefacto, conservando cuidadosamente sus características. La nueva ampliación modifica únicamente la volumetría exterior y el paso lateral que da acceso al jardín.

Del mismo modo, diversos elementos arquitectónicos de las fachadas originales fueron desmontados, restaurados e incorporados a las nuevas fachadas. Tanto las partes existentes como las nuevas recibieron el mismo acabado. Las distintas etapas temporales solo son reconocibles en la silueta del edificio y en la textura de los materiales.

A pesar de la ausencia de monumentalidad de la construcción original, el proyecto reivindica su modestia y sus imperfecciones como un registro del pasado —una huella de la vida cotidiana y real— que, de otro modo, podría haberse perdido.

Los clientes plantearon dos requisitos fundamentales para la vivienda: un espacio amplio, abierto y de carácter casi industrial, similar a un loft, y un garaje integrado de forma natural en la sala de estar, de modo que fuese posible trabajar en automóviles o motocicletas sin quedar separado de la vida cotidiana de la familia.

Dos gestos definen la casa. El primero consiste en un vaciado a todo el ancho de la fachada principal, orientada a la calle, que genera un patio de doble altura proporcionando sombra y privacidad a los dormitorios. Como contrapunto, un espacio interior de triple altura se abre hacia el jardín, revelando toda la dimensión vertical del edificio.

La fachada posterior, perforada por ventanas, queda recortada en una de sus esquinas por una franja vertical de luz, resultado de una limitación normativa que decidimos asumir como parte del proyecto y que corta diagonalmente dicha fachada. Al igual que ocurre en la Can Lis de Jørn Utzon, durante unos minutos al final del día un rayo de luz penetra lentamente en el espacio y gira de manera enigmática.
Una vez definido el concepto arquitectónico, todas las decisiones relativas a acabados, texturas y colores se dejaron deliberadamente abiertas para resolverse durante la obra junto con los artesanos y los clientes. Sus conocimientos y decisiones permanecen visibles, otorgando al edificio una expresión manual y táctil, al mismo tiempo tosca y refinada.

Una afortunada casualidad nos permitió revestir toda la planta baja con chapas de aluminio, cuidadosamente cepilladas a mano por uno de los artesanos hasta alcanzar un acabado excepcional. Su superficie recuerda al cuero: natural, suave y luminosa.

Los muros interiores se dejaron desnudos, recubiertos únicamente con un revoco base de yeso gris, el «color de nuestro tiempo», en palabras de Jannis Kounellis. Descubrimos este revestimiento durante la obra como una solución económica que unificaba todos los elementos y, al mismo tiempo, vinculaba discretamente la vivienda con el pasado industrial de Marvila.

El azul ultramar, un color artificial de larga tradición histórica que define la identidad de la casa, fue descubierto en el edificio preexistente. Un revoco continuo de cal pigmentada unifica todo el volumen. Al tratarse de un pigmento inestable, cada fachada tuvo que ejecutarse íntegramente en una sola jornada, sin juntas ni reparaciones, en un auténtico esfuerzo de carácter sisífico. Esta capa azul confiere a la vivienda una apariencia ambigua, más antigua que nueva, aunque utilizada de un modo que la ancla firmemente en el presente.

Como observó en una ocasión el músico Hermeto Pascoal:
«Lo hicimos allí mismo, sobre la marcha. Llegamos y ya estaban tocando».

Obra: Casa Azul
Localización: Lisboa, Portugal
Cliente: Patrícia Dias, Artur Portugal
Autor: extrastudio
Equipo: João Caldeira Ferrão, João Costa Ribeiro, Sónia Oliveira, Rita Rodrigues, Marta Oliveira, Martim Mota
Paisajismo: Oficina dos Jardins
Consultores: Pedro Viegas (estructuras), Sandra Mota (ingeniería hidráulica), Blueorizon (gas, física de la edificación, acústica, electricidad y seguridad)
Construcción: Vassalo & Sousa
Fotografía: Mikael Olsson
Fotografías de la maqueta: José Pedro Marques
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