
El proyecto de Salgado e Liñares Arquitectos, ganador de los II Premios Internacionales de Arquitectura Cubiertas Tejas Verea en la categoría Gama Eternal, propone una lectura contemporánea de los refugios marineros tradicionales de la Costa da Morte mediante una intervención ligera, reversible y profundamente vinculada al paisaje.
En el puerto natural de Quilmas, en Carnota (A Coruña), la arquitectura aparece históricamente ligada a la topografía granítica del Monte Pindo y a las pequeñas construcciones auxiliares vinculadas a la actividad pesquera. Sobre este contexto de fuerte identidad territorial se sitúan los Refuxos de Porto Quilmas, proyecto firmado por Francisco Xabier Liñares Túñez y Alfonso Salgado Suárez, de Salgado e Liñares Arquitectos S.L.P.

La intervención, reconocida en la categoría Gama Eternal de los II Premios Internacionales de Arquitectura Cubiertas Tejas Verea, toma como punto de partida la reinterpretación tipológica de los antiguos refugios de pescadores existentes en el lugar: volúmenes mínimos, cubiertas a dos aguas y una implantación orgánica sobre el terreno.
Lejos de recurrir a una reproducción literal de la arquitectura popular, el proyecto trabaja desde la abstracción y la síntesis formal para construir una propuesta contemporánea que mantiene intacta la escala y la lógica constructiva del enclave.

Arquitectura ligera sobre el paisaje granítico
La propuesta se organiza mediante siete piezas independientes que flotan sobre los bolos graníticos que descienden hacia el mar. Esta decisión minimiza la alteración del terreno y refuerza la idea de intervención reversible, una cuestión central en el planteamiento del estudio.
Tal y como explica Francisco Liñares, el proyecto buscaba “hacer un guiño contemporáneo a este tipo de volúmenes”, entendiendo el lugar no como un soporte neutro, sino como una realidad física y cultural extremadamente sensible.

Las edificaciones recuperan la sección tradicional de cubierta inclinada a dos aguas, aunque reinterpretada mediante una depuración formal que elimina elementos accesorios y concentra la expresividad arquitectónica en la proporción, la materialidad y la precisión constructiva.
La cubierta adquiere así un papel determinante en la lectura del conjunto, no solo como respuesta climática y técnica, sino también como elemento de continuidad con la memoria construida del lugar.
La teja como sistema constructivo y continuidad cultural
Para resolver las cubiertas se empleó la teja plana Marsella de la Gama Eternal de Tejas Verea, en acabado rojo, instalada completamente en seco sobre estructura de rastreles de madera y lámina impermeable transpirable.
La elección de este sistema responde tanto a cuestiones técnicas como conceptuales. Frente a soluciones más complejas o visualmente invasivas, la teja plana atornillada permitió desarrollar una construcción limpia, precisa y altamente integrada en la lógica material del proyecto.

Según Francisco Liñares, la utilización de la Gama Eternal facilitó la ejecución de soluciones continuas y depuradas, resolviendo los remates exclusivamente mediante las propias piezas cerámicas, sin necesidad de incorporar perfiles o elementos añadidos:
“La teja plana Eternal atornillada nos permitió una solución constructiva muchísimo más limpia y de gran resistencia y duración. Al mismo tiempo, las modulaciones que utilizábamos nos permitían ya rematar con la teja sin ningún otro material, es decir, el borde de la teja es el remate de la cubierta, dando soluciones limpias y que entendemos que han mejorado el proyecto”.
La cubierta se convierte así en una superficie homogénea y tectónica, capaz de reforzar la claridad geométrica de las piezas y su inserción en el paisaje.
Además, el sistema constructivo en seco mejora el comportamiento técnico de la envolvente y garantiza prestaciones especialmente relevantes en un entorno atlántico expuesto a humedad, viento y salinidad.
Tradición, contemporaneidad y permanencia
Uno de los mayores aciertos del proyecto reside en su capacidad para trabajar desde la memoria arquitectónica sin caer en estrategias miméticas o pintoresquistas.
Los Refuxos de Porto Quilmas no intentan reproducir la arquitectura tradicional, sino comprender sus principios esenciales: adaptación topográfica, economía formal, relación con el clima y uso honesto de los materiales.

En este sentido, la teja cerámica adquiere una dimensión que trasciende lo meramente constructivo. Forma parte de la continuidad cultural del paisaje gallego y actúa como vínculo entre tradición y contemporaneidad.
El proyecto demuestra cómo sistemas cerámicos técnicamente evolucionados, como la Gama Eternal de Tejas Verea, pueden integrarse en arquitecturas contemporáneas exigentes sin renunciar ni a las prestaciones técnicas ni a la identidad material del lugar.
Más que un ejercicio de integración formal, los Refuxos de Porto Quilmas proponen una reflexión sobre cómo intervenir hoy en territorios de alta sensibilidad paisajística desde la precisión, la contención y el respeto por la memoria construida.





