Pedro Torrijos · Arquitecto, músico y escritor

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Pedro Torrijos | Fotografía: Amalia Salvador

En esta nueva entrega de #baliza hoy queremos presentarles a Pedro Torrijos (Madrid, 1975) “un tipo con barba que se tira a bomba en las piscinas”.

Pedro Torrijos a los 22 años finalizó sus estudios en el conservatorio y aparcó la trompa por otra de sus grandes pasiones, la arquitectura. Como todo buen futuro arquitecto (arquitecto por la ETSAM) desempeñó labores de maquetista, delineante y profesor, hasta que ejerció como proyectista.

 “De un tiempo a esta parte, cuando alguien me pregunta a qué me dedico, siempre contesto igual: estudié música y arquitectura, pero ahora mismo, más que nada soy escritor, que es lo que creo que siempre he querido”.

Pero durante todo ese tiempo, Pedro Torrijos siempre ha tenido una tercera pasión, contar historias, para enamorar a la niña flaca, para entender el mundo o para maravillarse de él o por el simple hecho de ver sonreír a su madre o para recibir aplausos.

Desde enero de 2012 es colaborador de una nueva hornada de revistas como Jot Down, Norma Jean Magazine, iWrite y Revista Magnolia. A parte de realizar colaboraciones esporádicas aquí y allá, también realiza trabajos de índole más personal como poesía, cuentos o novelas. Es en este último campo donde actualmente se encuentra en pleno proceso de desarrollo y de la que podréis leer algunos fragmentos en su web.

“Y creo que se verá lo mucho que me gusta la poesía, lo que disfruto con la prosa, mi absurda tendencia a ser didáctico y, en definitiva, mi necesidad de contar al mundo lo que me maravilla de él”.

Unos de sus temas: Pasos 1.0

 ¿Cuál ha sido tu formación y trayectoria profesional?

Mi formación ha sido la curiosidad. Nada más, y definitivamente, nada menos. Desde que era un bebé y mis padres me ponían música sinfónica hasta el día que arreglé el contestador automático con una goma del pelo de mi madre.

Yo tuve la suerte de crecer en un entorno muy despierto y muy activo culturalmente. En mi casa se escuchaba a Berlioz, a Jimi Hendrix y a Joan Manuel Serrat; se leía a Cortázar y a Asimov; y los viernes por la noche, en vez del Un, Dos, Tres, veíamos La Clave. También tengo que decir que esto último es un poco traumático, porque yo prefería al Dúo Sacapuntas antes que los rollazos que ponía José Luis Balbín. Además, los lunes en el colegio no tenía nada que comentar con los otros niños…como comprenderéis, no les iba a hablar de El Síndrome de China.

En términos exclusivamente académicos, estudié música desde los 8 a los 22 años y me saqué el título medio de profesor de trompa. Luego acabé la carrera de Arquitectura en el año 2000 y desde entonces he trabajado en solitario o en colaboraciones con otros compañeros de generación y también con arquitectos de Madrid como Luis Martínez Santa-María o Lorenzo Fernández Ordóñez. En el estudio de Lorenzo trabajé en la pasarela de Abandoibarra y en la rehabilitación del puente de Juan Bravo, sobre el Museo de Escultura al Aire Libre de Madrid.

En estos años he tenido algunos premios en concursos, he construido unas cuantas viviendas y también he trabajado en algunas actividades exclusivamente “alimenticias”, que la comida no nace entre las bases de los concursos, desafortunadamente.

¿Qué te llevó a abrirte camino como escritor?

Lo cierto es que desde muy pequeño me han gustado mucho las historias. Creo que por puro escapismo, por abrir una ventana a otros mundos, cuando se me acababa la curiosidad por el mío. Y me gustaba leerlas, pero también contarlas y escribirlas. Entre tebeos de Tintín y Mortadelo y ver Barrio Sésamo siempre sacaba un rato para escribir algo, normalmente alguna historia épica y de aventuras. Todo muy bombástico y muy exagerado. Creo que tenía como 10 años cuando hice mi primer amago de escribir una novela, aunque se quedó en nada, claro. Seguro que está por ahí en algún cuaderno de cuadros en la casa de mi abuela, que lo conserva todo la mujer.

Juraría que empiezo a escribir verdaderamente en serio cuando comienzo el doctorado. Al fin y al cabo, allí te obligas a escribir, no a formalizar imágenes, como en los proyectos. Aunque por otro lado yo siempre escribo de igual manera a como proyecto: todo a la vez. No empiezo desde arriba y acabo por abajo, sino que voy rellenando de manera más o menos espacial.

¿Te encontraste con muchas dificultades? ¿Cuáles fueron las más problemáticas?

A ver, que no soy un escritor como lo sería David Foster Wallace, pero lo cierto es que no encontré excesivas dificultades.

Cuando estalló la bomba termonuclear de 2008 que ha barrido el mundo de la arquitectura de arriba a abajo, decidí que tenía que buscarme las castañas por otro lado. Así que escribí y escribí, a veces para mí mismo, a veces para el doctorado, algunas otras veces en foros de internet y sitios así. Esto fue una suerte de entrenamiento (que sigo practicando) y que de alguna manera, pone en forma los músculos del cerebro. Al menos los que sirven para mover palabras de un lado para otro.

En 2011 apareció Jot Down, que fue un vendaval en el panorama cultural de nuestro país, y como yo soy un tipo echao palante, me atreví a mandarles un texto que ya tenía escrito. Ese texto iba sobre música y cine y acabo siendo mi primer artículo en la revista. Y hasta hoy.

¿Consideras que estudiar Arquitectura ha sido un pasaporte fundamental para haber llegado a tu trabajo actual?

Absolutamente. Por dos razones fundamentales. La primera es la curiosidad; en la carrera de arquitectura se fomenta la curiosidad. El interés por todo lo que nos rodea. Y cuando digo todo, es todo: desde los ojos de una mosca hasta los recorridos que hace un futbolista en el césped a lo largo de un partido.

La segunda razón es la profundidad de pensamiento. En la carrera de arquitectura siempre nos intentan enseñar a no quedarnos en la superficie; a no rascar solo el envoltorio, sino a profundizar lo máximo posible en los qués y los porqués y los cómos de cada proyecto que analizamos y también que ejecutamos. Luego el alumno decidirá si hace caso o no, pero la intención que se tiene desde la propia carrera es esa: curiosidad y profundidad de pensamiento.

Como yo creo que sí hice caso, pues intento aplicar la curiosidad y la profundidad de pensamiento a todo lo que escribo: sea un texto sobre el Panteón de Agripa o un artículo humorístico sobre calzoncillos. Creo que todo es susceptible de ser explorado hasta el final. Sí, incluso los calzoncillos.

Fotografía: Loreto Igrexas

¿Estás contento con los objetivos alcanzados? ¿Qué expectativas y proyectos de futuro tienes?

De momento estoy muy satisfecho. Por un lado porque estoy ejerciendo una labor de divulgación del arte y la arquitectura para el gran público. Es algo que nunca pensé que haría, pero que, como me dijo mi amigo y también arquitecto Lorenzo Gil, es un trabajo fundamental que está muy olvidado: apenas hay divulgadores de la arquitectura para el público no-arquitecto. Parece que los arquitectos solo hablamos para arquitectos, y esto es un coñazo infumable para el resto de la gente, y si me apuras también para los arquitectos.

Por otro lado, tengo la suerte de que publico con regularidad en una revista de cultura puntera y también en la mejor publicación de cine del país. Además se me abren puertas a otros proyectos menos relacionados con la divulgación y más con la ficción, que es un territorio que me interesa muchísimo. De hecho, mis dos proyectos de futuro que más me ilusionan son una breve guía de la arquitectura española para no-arquitectos, y sí, una novela.

¿Animarías a otros arquitectos a seguir tus pasos? ¿Qué pasos consideras que deberían dar? ¿Cómo completar sus estudios? ¿Qué otros consejos les darías?

Por supuesto que les animaría. Hay que buscar todos los caminos posibles, porque, al final de todo, lo que hay que buscar es la felicidad. Y al felicidad viene de hacer lo que te hace feliz: jugar al baloncesto, diseñar vestidos de novia, levantar viviendas o escribir cuentos. Lo que sea que te saque una sonrisa en la cara.

Si lo que quieren es escribir, mi consejo es que lean. Que lean mucho y que lean mejor, pero sobre todo, que lean. Y que escriban, que escriban mucho, muchísimo, para cada vez escribir un poco mejor.

¿Crees que los arquitectos en España deberíamos seguir abriendo nuevas vías de trabajo para salir de la casilla más “tradicional” de proyectar dada la actual situación de la construcción en nuestro país?

Evidentemente. Desde la investigación en nuevos materiales hasta las proyecciones en 3D o las videoinstalaciones. La arquitectura es espacio, tiempo y luz; y el espacio, el tiempo y la luz están en cualquier sitio en el que queramos fijar nuestra atención y nuestra curiosidad.

¿Qué opinas de los que se han ido a trabajar al extranjero?

Que han hecho lo que consideraban mejor para su felicidad. Supongo que habrá algunos que lo han tomado como una huida, pero creo que serán los menos. Sinceramente creo que han tomado una decisión a menudo muy difícil, pero con la que serán mejores personas, mejores arquitectos y más felices.

Fotografía: Pedro Torrijos

¿Cómo ves el futuro de la profesión?

Distinto, muy distinto al presente y aún más al pasado de la profesión. La construcción de nueva planta tiene los días contados y se dará en situaciones básicamente excepcionales.

En cambio, la rehabilitación, el reciclaje edificatorio (con medios diversos, desde los más tradicionales a los más avanzados tecnológicamente), el repensamiento del espacio y de lo que significa habitar serán las puntas de lanza y las líneas que guiarán una profesión que, aunque a mucha gente pueda parecerle innecesaria e incluso obsoleta, no desaparecerá nunca.

Pedro Torrijos · Arquitecto, músico y escritor
julio 2014

Entrevista realizada por Ana Barreiro Blanco y Alberto Alonso Oro. Agradecer a Pedro su tiempo y predisposición con este espacio.

Alberto Alonso Oro

Arquitecto y editor en veredes, arquitectura y divulgación. Invernalia es un buen lugar. A veces escribo en Fundacion Arquia.

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