[:es]
La vivienda era uno de los grandes temas de la investigación arquitectónica desde los primeros años postrevolucionarios en la Unión soviética. La casa comuna se dibujaba como una de las mejores soluciones y se desarrollaba en dos vertientes: la reorganización de las viviendas existentes y la construcción de las nuevas. La primera suponía la subdivisión de las casas expropiadas y el nuevo repartimiento de las superficies a razón de unos 10m2 por persona de tal manera que en una vivienda pasaban a vivir familias diferentes (muchas veces de orígenes e intereses completamente distintos) y a compartir todos los espacios menos los dormitorios. Algo parecido a pisos compartidos donde los compañeros no se elegían, pero se tenían que aguantar indefinidamente. Las Komunalki convertidas eran la mayoría y algunas aun permanecen en el espacio ex-soviético.
La segunda variedad de las casas comunas eran de nueva construcción. Las concepciones y los proyectos se empezaron a estudiar poco después de la revolución, pues la casa comuna era el símbolo sublime del socialismo en construcción, la revolución de la vida cotidiana. La vivienda se reducía al dormitorio, todo lo demás era el espacio público: sala de estar, comedor, juegos de niños, espacio para la lectura, cocina, baño, pasillos. Con ello, el espacio (y tiempo) íntimo e individual era minimizado mientras que el espacio colectivo –con el pertinente control social- ocupaba la mayor parte de la vivienda. La casa comuna era objeto de numerosos estudios y proyectos, desde las escuelas de arquitectura hasta las asociaciones de arquitectos e institutos estatales y junto con los centros de cultura, era el tema estrella del constructivismo.
El máximo exponente de la casa comuna es sin duda el Edificio Narkomfin, edificio de viviendas para los trabajadores del Comisariado Popular de las Finanzas, construido en 1928-1930 en el bulevar Novinsky de Moscú por los arquitectos Moisei Guinsburg e Ignaty Milinis. El complejo preveía cuatro bloques: bloque de viviendas, bloque comunal con comedor y sala de deportes, jardín de infancia y patio de servicios con lavandería, secadora, garaje, etc., de los cuales se construyeron los dos primeros y una parte de los servicios. El bloque de viviendas consistía de 3 tipos de viviendas desarrolladas en el Departamento de Estandarización del Stoikom en el 1928 (arquitectos: Moisei Guinzburg, Mikhail Barsch, V. Vladimirov, Alexander Pasternak, G. Sum-Shik): las viviendas mínimas tipo F (y algunas 2F con dos habitaciones), las familiares tipo K y residencia comunitaria con habitaciones para 1 o 2 personas. El edificio no sólo fue un éxito (a pesar de inacabado) de la tipología residencial que tuvo su eco en las obras tan famosas como la Casa Bloc o la Unité d’Habitation, sino que fue también un elogio a la nueva técnica constructiva. Estructura de hormigón, fachada libre –en voladizo- aislada térmicamente, puertas herméticas, ventanas correderas. Se ensayó la prefabricación de elementos constructivos como también la disposición y dimensión de oberturas en función de la luz y de la ampliación visual del espacio interior mediante la luz. Los colores del interior tuvieron su papel para mejorar la experiencia del espacio interior y para ayudar en la orientación en los espacios comunitarios.
La primera casa comuna de la arquitectura soviética no fue un trabajo científico para buscar la nueva distribución acorde con los mínimos necesarios de cada espacio o los materiales idóneos para la nueva construcción. Se trataba de un proyecto experimental que en 1920 realizó Nikolai Ladovski, ideólogo del racionalismo, corriente del vanguardismo arquitectónico paralela al constructivismo. Como introducción para este proyecto y en relación con los problemas de la nueva concepción de arquitectura y del espacio que trataban los arquitectos en la Zhivskulptarj (Comisión para la Pintura, Escultura y Arquitectura) Ladovsky apuntó su posición:
“La técnica hace maravillas. Maravillas deben hacerse en la arquitectura. Las maravillas de la antigüedad fueron construidas a base del trabajo esclavo de las masas y lo más importante en ellas es la cantidad de trabajo. Las maravillas arquitectónicas contemporáneas que habitarán en el espacio serán construidas con una suma de arte e inteligencia y lo más importante en ellas será la cantidad de inteligencia. Es el espacio y no la piedra la materia prima de la arquitectura.”
La casa comuna de Ladovsky es un espacio complejo, con la composición volumétrica de intersección de formas, heredera del cubismo. La planta inicial, o la planta baja, es un trapezoide irregular que contiene una multitud de espacios organizados alrededor de la sala central. Las dependencias pertenecen a niveles distintos, son volúmenes y espacios separados que se organizan siguiendo el movimiento en el interior. La separación de las unidades en volúmenes (utilizado por ejemplo en las viviendas del Habitat ’67) potenciaba su percepción como espacios individuales. Al mismo tiempo la ausencia de un núcleo de comunicación comunitaria que diera acceso a todos los niveles, expandía el espacio comunitario a una red de conexiones internas y complicadas, que se fundía con el espacio privado. La forma exterior –un cúmulo de volúmenes geométricos básicos- sigue el movimiento ascendente con la diagonal pronunciada que concluye con un cohete o flecha piramidal que en la punta lleva la bandera roja.
El experimento previo a la casa-comuna fue el proyecto para el Templo de las Relaciones del Pueblo (un precursor de la casa de cultura o del club obrero) de 1919, que buscaba solucionar el problema del espacio interior desde el punto de vista de la continuidad de la percepción del usuario durante su movimiento por el edificio y hacia el edificio. El proyecto se desarrollaba en dos variantes paralelas: de una composición dinámica con volúmenes unidos unos sobre otros creando una torre con movimiento espiral ascendente o basándose en intersección de volúmenes grandes donde el dinamismo fue creado junto con la acción del usuario, con su visión y movimiento.
“El arquitecto diseña una forma añadiendo elementos que no son ni técnicos ni utilitarios, elementos que se pueden definir ampliamente como motivos arquitectónicos del emplazamiento. Estos motivos tienen que ser racionales y de servir a la básica necesidad humana –la necesidad de orientarse en el espacio.”
Estos experimentos, contemporáneos con el monumento a la III Internacional de Tatlin, evidencian la misma manera de pensar la composición dinámica, pero sobre todo fueron influenciados por el análisis y síntesis de las formas geométricas de los Proun de El Lisitsky y de los Arquitectones de Kazimir Malevich. A partir de 1920, Nikolay Ladovsky impartió clases en VKhUTEMAS (posteiormente VKhUTEIN) la escuela estatal para el arte y arquitectura, fundada el mismo año en Moscú, que englobaba las tres corrientes artísticas de la primera década post revolucionaria: constructivismo, suprematismo y racionalismo. Ladovsky era el líder de esta última, que se declaraba libre del utilitarismo de la arquitectura. Confiando plenamente en la capacidad de la técnica de solucionar casi cualquier problema estructural, el racionalismo intentaba crear espacios a priori independientes, de su materialización. A diferencia del constructivismo que utilizaba las estructuras y los materiales como elementos artísticos y expresivos, aproximando la arquitectura a la ingeniería, los proyectos racionalistas trataban el volumen, el vacío, el peso, contacto con el suelo, movimiento de la forma, del observador y del usuario.
En el VKhUTEMAS Ladovsky fundó la OBMAS –Unión de Talleres Izquierdistas- donde sistematizó su concepción de creación de las formas y formuló un método de enseñanza basado no en el estudio de lo clásico sino en el dominio de los elementos fundamentales de arquitectura. El que llamaba método psicoanalítico, se basaba en el estudio de elementos compositivos, de su análisis teórico, formal y funcional, para explorar las posibilidades de su reinterpretación para las eventuales nuevas aplicaciones. Al contrario del procedimiento clásico que estudiaba estilos y producía dibujos bidimensionales, el taller imaginaba nuevas formas y desarrollaba el lenguaje tridimensional de la nueva arquitectura. El grupo de arquitectos vinculados a Ladovsky en el OBMAS fundaron más tarde la Asociación de Nuevos Arquitectos, ASNOVA, de la que puntualmente fueron miembros El Lissitsky, Konstantin Mélnikov o Berthold Lubetkin.
Este artículo empezaba por la vivienda colectiva; de hecho empezaba por su final, con la vivienda convertida en una distopía social, la imagen que se tiende a extender a la mayoría de la construcción residencial en el espacio soviético. La intención era indagar hasta sus orígenes en unos planteamientos alejados del utilitarismo y de los cálculos del existenzminimum, buscando la solución en la calidad y la percepción de los espacios interiores. Su carácter comunitario se representaba en las conexiones y recorridos antes que en las subdivisiones funcionales. Como uno de los temas vitales en la URSS, la vivienda incitó investigaciones que acabaron creando un nuevo lenguaje arquitectónico que sin embargo llegó a materializarse sólo en una pequeña parte y en un tiempo muy reducido. Aún así, estas investigaciones son vigentes: la relación entre el espacio público y privado en la esfera individual o en la esfera colectiva; la privatización creciente del espacio público y la reducción del espacio individual hacen que los esbozos y experimentos de Ladovsky merezcan un recuerdo.
Jelena Prokopljevic. Doctora Arquitecta.
Barcelona. Septiembre 2014
Imágenes:
1 S.O. Khan Magomedov “Las 100 Mejores Obras Maestras del Vanguardismo Arquitectónico Soviético”. Editorial URSS, Moscú 2004.[:gl]
A vivenda era un dos grandes temas da investigación arquitectónica desde os primeiros anos postrevolucionarios na Unión soviética. A casa comuna debuxábase como unha das mellores solucións e desenvolvíase en dúas vertentes: a reorganización das vivendas existentes e a construción das novas. A primeira supoñía a subdivisión das casas expropiadas e o novo repartimiento das superficies a razón duns 10m2 por persoa de tal maneira que nunha vivenda pasaban a vivir familias diferentes (moitas veces de orixes e intereses completamente distintos) e a compartir todos os espazos menos os dormitorios. Algo parecido a pisos compartidos onde os compañeiros non se elixían, pero tíñanse que aguantar indefinidamente. As Komunalki convertidas eran a maioría e algunhas aínda permanecen no espazo ex-soviético.
A segunda variedade das casas comunas eran de nova construción. As concepcións e os proxectos empezáronse a estudar pouco despois da revolución, pois a casa comuna era o símbolo sublime do socialismo en construción, a revolución da vida cotiá. A vivenda reducíase ao dormitorio, todo o demais era o espazo público: sala de estar, comedor, xogos de nenos, espazo para a lectura, cociña, baño, corredores. Con iso, o espazo (e tempo) íntimo e individual era minimizado mentres que o espazo colectivo –co pertinente control social- ocupaba a maior parte da vivenda. A casa comuna era obxecto de numerosos estudos e proxectos, desde as escolas de arquitectura ata as asociacións de arquitectos e institutos estatais e xunto cos centros de cultura, era o tema estrela do constructivismo.
O máximo expoñente da casa comuna é sen dúbida o Edificio Narkomfin, edificio de vivendas para os traballadores do Comisariado Popular das Finanzas, construído en 1928-1930 no bulevar Novinsky de Moscova polos arquitectos Moisei Guinsburg e Ignaty Milinis. O complexo prevía catro bloques: bloque de vivendas, bloque comunal con comedor e sala de deportes, xardín de infancia e patio de servizos con lavandería, secadora, garaxe, etc., dos cales se construíron os dous primeiros e unha parte dos servizos. O bloque de vivendas consistía de 3 tipos de vivendas desenvoltas no Departamento de Estandarización do Stoikom no 1928 (arquitectos: Moisei Guinzburg, Mikhail Barsch, V. Vladimirov, Alexander Pasternak, G. Sum- Shik): as vivendas mínimas tipo F (e algunhas 2 F con dúas habitacións), o familiares tipo K e residencia comunitaria con habitacións para 1 ou 2 persoas. O edificio non só foi un éxito (a pesar de inacabado) da tipoloxía residencial que tivo o seu eco nas obras tan famosas como Casa Bloc ou a Unité d’Habitation, senón que foi tamén un eloxio á nova técnica construtiva. Estrutura de formigón, fachada libre –en voladizo- illada térmicamente, portas herméticas, xanelas correderas. Ensaiouse a prefabricación de elementos construtivos como tamén a disposición e dimensión de aberturas en función da luz e da ampliación visual do espazo interior mediante a luz. As cores do interior tiveron o seu papel para mellorar a experiencia do espazo interior e para axudar na orientación nos espazos comunitarios.
A primeira casa comuna da arquitectura soviética non foi un traballo científico para buscar a nova distribución acorde cos mínimos necesarios de cada espazo ou os materiais idóneos para a nova construción. Tratábase dun proxecto experimental que en 1920 realizou Nikolai Ladovski, ideólogo do racionalismo, corrente do vanguardismo arquitectónico paralela ao constructivismo. Como introdución para este proxecto e en relación cos problemas da nova concepción de arquitectura e do espazo que trataban os arquitectos na Zhivskulptarj (Comisión para a Pintura, Escultura e Arquitectura) Ladovsky apuntou a súa posición:
“A técnica fai marabillas. Marabillas deben facerse na arquitectura. As marabillas da antigüidade foron construídas a base do traballo escravo das masas e o máis importante nelas é a cantidade de traballo. As marabillas arquitectónicas contemporáneas que habitarán no espazo serán construídas cunha suma de arte e intelixencia e o máis importante nelas será a cantidade de intelixencia. É o espazo e non a pedra a materia prima da arquitectura.”
A casa comuna de Ladovsky é un espazo complexo, coa composición volumétrica de intersección de formas, herdeira do cubismo. A planta inicial, ou a planta baixa, é un trapezoide irregular que contén unha multitude de espazos organizados ao redor da sala central. As dependencias pertencen a niveis distintos, son volumes e espazos separados que se organizan seguindo o movemento no interior. A separación das unidades en volumes (utilizado por exemplo nas vivendas do Habitat ’67) potenciaba a súa percepción como espazos individuais. Ao mesmo tempo a ausencia dun núcleo de comunicación comunitaria que dese acceso a todos os niveis, expandía o espazo comunitario a unha rede de conexións internas e complicadas, que se fundía co espazo privado. A forma exterior –un cúmulo de volumes xeométricos básicos- segue o movemento ascendente coa diagonal pronunciada que conclúe cun foguete ou frecha piramidal que na punta leva a bandeira vermella.
O experimento previo á casa- comuna foi o proxecto para o Templo das Relacións do Pobo (un precursor da casa de cultura ou do club obreiro) de 1919, que buscaba solucionar o problema do espazo interior desde o punto de vista da continuidade da percepción do usuario durante o seu movemento polo edificio e cara ao edificio. O proxecto desenvolvíase en dúas variantes paralelas: dunha composición dinámica con volumes unidos uns sobre outros creando unha torre con movemento espiral ascendente ou baseándose en intersección de volumes grandes onde o dinamismo foi creado xunto coa acción do usuario, coa súa visión e movemento.
“O arquitecto deseña unha forma engadindo elementos que non son nin técnicos nin utilitarios, elementos que se poden definir amplamente como motivos arquitectónicos do emprazamento. Estes motivos teñen que ser racionais e de servir á básica necesidade humana –a necesidade de orientarse no espazo.”
Estes experimentos, contemporáneos co monumento á III Internacional de Tatlin, evidencian a mesma maneira de pensar a composición dinámica, pero sobre todo foron influenciados pola análise e síntese das formas xeométricas dos Proun do Lisitsky e dos Arquitectones de Kazimir Malevich. A partir de 1920, Nikolay Ladovsky impartiu clases en VKhUTEMAS ( posteiormente VKhUTEIN) a escola estatal para a arte e arquitectura, fundada o mesmo ano en Moscova, que englobaba as tres correntes artísticas da primeira década post revolucionaria: constructivismo, suprematismo e racionalismo. Ladovsky era o líder desta última, que se declaraba libre do utilitarismo da arquitectura. Confiando plenamente na capacidade da técnica de solucionar case calquera problema estrutural, o racionalismo tentaba crear espazos a priori independentes, da súa materialización. A diferenza do constructivismo que utilizaba as estruturas e os materiais como elementos artísticos e expresivos, aproximando a arquitectura á enxeñería, os proxectos racionalistas trataban o volume, o baleiro, o peso, contacto co chan, movemento da forma, do observador e do usuario.
No VKhUTEMAS Ladovsky fundou a OBMAS –Unión de Talleres Esquerdistas- onde sistematizó a súa concepción de creación das formas e formulou un método de ensino baseado non no estudo do clásico senón no dominio dos elementos fundamentais de arquitectura. O que chamaba método psicoanalítico, baseábase no estudo de elementos compositivos, da súa análise teórica, formal e funcional, para explorar as posibilidades da súa reinterpretación para as eventuais novas aplicacións. Ao contrario do procedemento clásico que estudaba estilos e producía debuxos bidimensionales, o taller imaxinaba novas formas e desenvolvía a linguaxe tridimensional da nova arquitectura. O grupo de arquitectos vinculados a Ladovsky no OBMAS fundaron máis tarde a Asociación de Novos Arquitectos, ASNOVA, da que puntualmente foron membros El Lissitsky, Konstantin Mélnikov ou Berthold Lubetkin.
Este artigo empezaba pola vivenda colectiva; de feito empezaba polo seu final, coa vivenda convertida nunha distopía social, a imaxe que se tende a estender á maioría da construción residencial no espazo soviético. A intención era indagar ata as súas orixes nunhas formulacións afastadas do utilitarismo e dos cálculos do existenzminimum, buscando a solución na calidade e a percepción dos espazos interiores. O seu carácter comunitario representábase nas conexións e percorridos antes que nas subdivisiones funcionais. Como un dos temas vitais na URSS, a vivenda incitou investigacións que acabaron creando unha nova linguaxe arquitectónica que con todo chegou a materializarse só nunha pequena parte e nun tempo moi reducido. Aínda así, estas investigacións son vixentes: a relación entre o espazo público e privado na esfera individual ou na esfera colectiva; a privatización crecente do espazo público e a redución do espazo individual fan que os esbozos e experimentos de Ladovsky merezan un recordo.
Jelena Prokopljevic. Doutora Arquitecta.
Barcelona. Setembro 2014
Imaxes:
1 S.O. Khan Magomedov “As 100 Millores Obras Mestras do Vanguardismo Arquitectónico Soviético”. Editorial URSS, Moscú 2004.[:en]
Housing was one of the great themes of architectural research since the early post-revolutionary years in the Soviet Union. The house commune was being drawn as one of the best solutions and developed in two directions: the reorganization of existing homes and building new ones. The first option comprehended the subdivision of expropriated houses and the new division of the surfaces at a rate of 8-12m2 per person so that in a single apartment could live different families (often with completely different backgrounds and interests) sharing all spaces except the bedrooms. Something like shared flats where colleagues were not elected, but had to be tolerated indefinitely. The Komunalki converted flats were the majority and some still remain in the former Soviet space.
The second variation of the commune homes were the newly built houses. The concepts and projects began to be studied shortly after the revolution, because the commune house was the sublime symbol of socialism in construction, the revolution of the everyday life. One’s property was reduced to a bedroom, while everything else was a compacted public space: living room, dining room, children’s playroom, reading space, kitchen, bathroom, hallways. With it, the intimate and individual space (and time) was minimized while the collective space, with the relevant social control occupied most of the house. The community house was the subject of numerous studies and projects from architecture schools to associations of architects and state institutes and together with cultural centres, was the main topic of constructivism.
The finest example of the commune house is without dount the Narkomfin building, apartment building for workers in the People’s Commissariat of Finance, built in 1928-1930 on Novinsky Boulevard in Moscow by architects Moisei Guinsburg and Ignaty Milinis. The complex planned four blocks: block of flats, communal block with dining room and sports hall, kindergarten and service patio with laundry, dryer, garage, etc., of which only the first two were built and some of the services . The housing block consisted of 3 apartment types developed in the Department of Standardization of Stoikom in 1928 (architects: Moisei Guinzburg, Mikhail Barsch, V. Vladimirov, Alexander Pasternak, G. Sum-Shik): the minimal apartment type F (and some 2F with two bedrooms), K type –family apartment- and community residence with rooms for 1 or 2 people. The building was not only a success (in spite of unfinished) of the residential typology, echoed in buildings as famous as the Bloc House or the Unité d’Habitation, but was also a tribute to the new construction technique. Concrete structure, free cantilevered facade with thermal insulation, hermetic doors, sliding windows. The building tested the prefabrication of building elements as well as the arrangement and size of the openings based on the quantity of light and on visual enlargement the internal space by means of light. The colors of the interior had their role in improving the experience of interior space and to assist the orientation in community spaces.
The first commune house of Soviet architecture was not a scientific work in search of the new distribution according to the functional minimum for each space or perfect materials for the new construction. It was a experimental project conducted in 1920 by Nikolai Ladovski, the ideologue of rationalism, an architectural avant-garde current parallel to constructivism. As an introduction to this project and in relation to the problems of the new conception of architecture and space studied by architects in Zhivskulptarj (Commission for Painting, Sculpture and Architecture) Ladovsky pointed out his position:
“The technique makes wonders. Wonders should be made in architecture. The wonders of antiquity were constructed with base in the slave labor of the masses and their most important feature is the amount of work. Contemporary architectural wonders that reside in space will be built as a sum of art and intelligence, and most important in them will be the amount of intelligence. It is space and no the stone, the raw material of architecture.”
The commune-house of Ladovsky is a complex space with the volumetric composition of intersection of forms, heir of cubism. The initial plant or the ground floor, is an irregular trapezoid containing a multitude of spaces organized around the central hall. Units belong to different levels, and separated volumes and spaces are organized following the interior movement. The separation of the units in volumes (used for example in the homes of Habitat ’67) potentiated their perception as individual spaces. While the absence of a core of community media to give access to all levels, expanding the community space to a network of internal and complicated connections, which merged with the private space. The outer shape -a cluster of basic geometric volumes- follows the upward movement with a pronounced diagonal that ends with a rocket or pyramidal arrow at the tip carries the red flag.
The experiment previous to the house-commune was the project for the Temple of People’s Relations (a precursor of the house of culture or the workers’ club) of 1919, which sought to solve the problem of the interior space from the point of view of the continuity of user’s perception during his movement towards and through the building. The project was developed in two parallel versions: a dynamic composition with volumes united one over the other creating a tower with a spiral movement or based on intersection of large volumes where dynamism was created jointly with the user’s action, his vision and movement.
“The architect designs a manner adding elements that are neither technical nor utilitarian items that can be broadly defined as architectural site related motifs. These motifs have to be rational and to serve the basic human need-the need to orient in space.”
These experiments, contemporary with the Monument to the Third International by Tatlin, show the same manner of thinking the dynamic composition, although were mostly influenced by the analysis and synthesis of geometric shapes of El Lisitsky’s Prouns and Kazimir Malevich’s Architectons. Since 1920, Nikolay Ladovsky taught at Vkhutemas (later Vkhutein), the state school for art and architecture, founded the same year in Moscow, which included three artistic currents of the first post-revolutionary decade: Constructivism, Suprematism and Rationalism. Ladovsky was the leader of the latter, which declared itself free of architectural utilitarianism. With full confidence in the capacity of the technique to resolve almost any structural problem, rationalism was trying to create spaces a priori independent of its materialization. Unlike constructivism that used structures and materials as artistic and expressive elements, approximating architecture to engineering, rationalists projects dealt with volume, void, weight, ground contact, movement of the form, the observer and the user.
Inside VKhUTEMAS School, Ladovsky founded the Obmas -Union of Leftist Workshops- where he systematized his conception of creation of forms and developed a teaching method based not on the study of classical order, but on mastering the fundamentals of architecture. What he called the psychoanalytic method, was based on the study of composition elements, on their theoretical, formal and functional analysis to explore the possibilities of their reinterpretation for possible new applications. Unlike the conventional method studying styles and producing two-dimensional drawings, workshop imagined new forms and developed the three-dimensional language of the new architecture. The group of architects linked to Ladovsky in Obmas later founded the Association of New Architects, ASNOVA, with El Lissitsky, Konstantin Mélnikov or Berthold Lubetkin as periodical members.
This article began by collective housing; actually, it began with the end, with housing transformed into a social dystopia, the image that tends to extend over the majority of the residential construction in the Soviet space. The intention was to investigate its origins in an approach distant of utilitarianism and existenzminimum calculations, seeking the solution in quality and perception of interior spaces. The housing community character was represented in connections and itineraries rather than in functional subdivisions. As one of the vital issues in the USSR, housing prompted investigations that ended up creating a new architectural language which however managed to materialize only in a small part and during a very short period. Still, these investigations continue to be valid: the relationship between public and private space, in the individual or in collective sphere; the increasing privatization of public space and reduction of the strictly individual space, make Ladovsky’s sketches and experiments worth a recall.
Jelena Prokopljevic. PhD Architect.
Barcelona. September 2014
Images:
1 S.O. Khan Magomedov “Las 100 Mejores Obras Maestras del Vanguardismo Arquitectónico Soviético”. Editorial URSS, Moscú 2004.[:]



















Jelena, Muy buen análisis de este autor, me sirve mucho para mis investigaciones, un saludo y adelante con tu excelente trabajo.