Los pájaros | Jorge Meijide

El aviario del Zoo de Londres Cedric Pice en colaboración con Frank Newby y Lord Snowdon

Los pájaros

De vez en cuando, y solo de vez en cuando, en la arquitectura se dan momentos estelares. Momentos de esos que “brillan sobre la noche de lo efímero”. Momentos fugaces en el tiempo que desencadenan acciones más importantes y duraderas que ellos mismos. Momentos similares a los de esas miniaturas históricas como las que el escritor austríaco Stefan Zweig relata en su libro Momentos estelares de la humanidad en 1927. El mismo escritor que decidió, junto con su segunda esposa, acabar con su vida en el Brasil de 1942, agobiado y deprimido por la creencia de que el nazismo acabaría con todo aquello por lo que él respiraba y por ello se sentía incapaz de seguir haciéndolo.

En el breve prólogo que inicia el libro el insigne suicida nos dice, casi advirtiéndonos, que “todo lo que de esencial, todo lo que de duradero se consigue, se da siempre en los pocos y extraordinarios momentos de inspiración”. Hechos que se preparan con el tiempo y que llegados a su momento de crisis, de eclosión, se decantan en “ése único instante que todo lo determina y todo lo decide”, provocando una sucesión de acontecimientos en los que “cada uno de esos momentos estelares marca un rumbo durante décadas y siglos”.

Uno de esos momentos estelares arquitectónicos está construido en el Parque Zoológico de Londres, y desde 1961 hasta hoy sigue esperando contándonos una historia que todavía no ha acabado. Se trata del recinto para las aves, más conocido como el Snowdon Aviary. La peculiar estructura es obra del tan atípico como genial arquitecto Cedric Price y fue realizada en colaboración con el fotógrafo Antony Armstrong-Jones, a la sazón Lord Snowdon, y el ingeniero Frank Newby.

La bella estructura, que lo es, está realizada con la más avanzada tecnología del momento, en aluminio y acero inoxidable. Cuatro grandes tetraedros y dos piezas en v se soportan, traccionadas, comprimidas y tensadas por cables, a modo de estructura de tensegridad; una extensa malla las reúne, envolviéndolas, conteniendo el máximo espacio posible para permitir el vuelo de las aves. Unas pequeñas esclusas en cada extremo permiten el acceso de visitantes al interior a través de un recorrido en zig-zag.

La obra del aviario, única de Price que a día de hoy sigue en pie tal cual se construyó, es un magnífico ejemplo de su arquitectura y de su manera de entender la arquitectura, y el hecho de que todavía se mantenga en ese estado es señal de que todavía no ha realizado su cometido. Price, que decía “soy radical porque la profesión de arquitecto se ha perdido” y que continuaba “los arquitectos están embotados y están convencidos de su propia importancia”, creía en una calculada incertidumbre en la que las construcciones adaptables o temporales eran más útiles y cumplían mejor su función que otras más estables, rígidas o permanentes. Así entendía que todos los edificios deben aceptar su propia desaparición o su completa transformación. El arquitecto, dentro de ese esquema, debe dar libertad al usuario para dar forma a su entorno a la vez que adaptarse y evolucionar con la sociedad.

Nada mejor que las palabras de Will Alsop, que trabajó con él a principios de los años 70, para explicar la obra del aviario: “El aviario fue proyectado para una comunidad de aves y su idea era que una vez la comunidad quedara establecida sería posible retirar la malla. La piel era algo temporal: solo debía mantenerse el tiempo suficiente para hacer que los pájaros se sientan en su casa y después de eso ya no querrán abandonarla”. La malla que encierra el espacio encierra también toda una declaración de intenciones que hablan de un modo de ver la arquitectura y a que debe responder ésta.

El aviario es un gran momento a lo Zweig, uno que muestra una actitud que trasciende su propio hecho constructivo. No se trata únicamente de una obra valorable por si misma, aislada y conclusa, es el inicio de una acción, de una propuesta de acción que va mas allá de si misma. Por eso el aviario sigue en pie, porque todavía no ha cumplido su misión. El día que lo haga desaparecerá o se transformará como las otras obras Price. Y no por ello será menos arquitectura que aquellas que permanecen.

En el artículo póstumo escrito por Peter Cook en agosto de 2003, éste incluye un comentario de Rem Koolhaas, uno de los arquitectos a los que influyó notablemente, que decía: “Cedric es un príncipe que intenta convertirse desesperadamente en una rana”.

¿Qué es lo que queremos construir, palacios o estanques?

jorge meijide . arquitecto
a coruña. agosto de 2012

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