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[:es]Lluvia de luz | Íñigo García Odiaga[:gl]Choiva de luz | Íñigo García Odiaga[:en]Rain of light | Íñigo García Odiaga[:]

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Óculo del Panteón en Roma
Óculo del Panteón en Roma.

Curiosamente el recuerdo más intenso que deja en nuestra memoria el Panteón romano, es el de una ausencia, el de ese punto donde la materia desaparece para aligerar la membrana de hormigón de su cúpula, allí donde ésta es más esbelta. En ese cénit, el óculo con sus nueve metros de diámetro, abre el espacio interior al cielo, dejando pasar el aire y también la lluvia. Cruzando el remate de bronce, los días de precipitación el agua cae dentro del espacio sagrado de la esfera, donde mediante una imperceptible curvatura del suelo y gracias a una serie de orificios estratégicamente colocados, las gotas de lluvia son llevadas al alcantarillado de Roma.

Pero si algo atraviesa el óculo del Panteón en abundancia es la luz, estrellándose contra sus paredes, suelo o los casetones de la cúpula dibujando el continuo movimiento del sol. Una lluvia de luz inunda su interior a diario mostrando el momento del año y la hora del día para aquellos que lo sepan leer, estableciendo así una relación casi mágica entre el cosmos y ese espacio que es la casa de “todos los dioses”. Cuando la luz y la lluvia coinciden el suelo brilla, haciendo que el solado de mármol reverbere simulando emitir un luz imposible excepto para un lugar convertido en sagrado mediante la luz, la lluvia y la arquitectura.

Poca gente ha interpretado tan bien esa lluvia de luz como el escultor Harry Bertoia en la capilla del MIT construida por Eero Saarinen en 1955. La capilla es un cilindro de ladrillo rugoso, en el que la puerta de acceso es la única abertura en sus fachadas. Al atravesar ese umbral, el visitante es transportado a un espacio interior en el que los muros de ladrillo se vuelven ondulantes y la luz lo inunda todo fluyendo desde el techo. En cuanto la pupila del ojo se adapta a la luminosidad interior, cobra todo el protagonismo el altar de mármol blanco bañado por el óculo , que queda rodeado por la escultura de Bertoia.

MIT, Eero Saarinen.
MIT, Eero Saarinen.

De la claraboya cenital cuelga una cortina de cables que sujetan un sinfín de pequeñas pletinas metalizadas. La luz del sol refleja y hace vibrar esa cortina inestable, que se ajusta y equilibra constantemente simulando una lluvia incesante que genera un efecto atmosférico silencioso en el interior del edificio, imitando los días lluviosos de Roma. La capilla de carácter aconfesional está dedicada como el Panteón a todos y a ninguno de los dioses. Únicamente la luz adquiere por lo tanto un carácter divino, aunque sólo sea para la arquitectura.

Íñigo García Odiaga. Arquitecto
San Sebastián. Enero 2017[:gl]

Óculo del Panteón en Roma
Óculo do Panteón en Roma.

Curiosamente o recordo máis intenso que deixa na nosa memoria o Panteón romano, é o dunha ausencia, o dese punto onde a materia desaparece para alixeirar a membrana de formigón da súa cúpula, alí onde esta é máis esvelta. Nese cénit, o óculo cos seus nove metros de diámetro, abre o espazo interior ao ceo, deixando pasar o aire e tamén a choiva. Cruzando o remate de bronce, os días de precipitación a auga cae dentro do espazo sacro da esfera, onde mediante unha imperceptible curvatura do chan e grazas a unha serie de orificios estratexicamente colocados, as pingas de choiva son levadas á rede de sumidoiros de Roma.

Pero se algo atravesa o óculo do Panteón en abundancia é a luz, estrelándose contra as súas paredes, chan ou os casetones da cúpula debuxando o continuo movemento do sol. Unha choiva de luz asolaga o seu interior a diario mostrando o momento do ano e a hora do día para aqueles que o saiban ler, establecendo así unha relación case máxica entre o cosmos e ese espazo que é a casa de “todos os deuses”. Cando a luz e a choiva coinciden o chan brilla, facendo que o solado de mármore reverbere simulando emitir un luz imposible excepto para un lugar convertido en sagrado mediante a luz, a choiva e a arquitectura.

Pouca xente interpretou tan ben esa choiva de luz como o escultor Harry Bertoia na capela do MIT construída por Eero Saarinen en 1955. A capela é un cilindro de ladrillo rugoso, no que a porta de acceso é a única abertura nas súas fachadas. Ao atravesar ese limiar, o visitante é transportado a un espazo interior no que os muros de ladrillo vólvense ondulantes e a luz asolágao todo fluíndo desde o teito. En canto a pupila do ollo adáptase á luminosidade interior, cobra todo o protagonismo o altar de mármore branco bañado polo óculo , que queda rodeado pola escultura de Bertoia.

MIT, Eero Saarinen.
MIT, Eero Saarinen.

Da claraboya cenital colga unha cortina de cables que suxeitan unha infinidade de pequenas pletinas metalizadas. A luz do sol reflicte e fai vibrar esa cortina inestable, que se axusta e equilibra constantemente simulando unha choiva incesante que xera un efecto atmosférico silencioso no interior do edificio, imitando os días chuviosos de Roma. A capela de carácter aconfesional está dedicada como o Panteón a todos e a ningún dos deuses. Unicamente a luz adquire por tanto un carácter divino, aínda que só sexa para a arquitectura.

Íñigo García Odiaga. Arquitecto
San Sebastián. Xaneiro 2017[:en]

Óculo del Panteón en Roma
Oculus of the Pantheon in Rome.

Curiously, the most intense memory left in our memory by the Roman Pantheon is that of an absence, the point where matter disappears to lighten the concrete membrane of its dome, where it is more slender. In that zenith, the oculus with its nine meters in diameter, opens the interior space to the sky, allowing the air and also the rain to pass through. Crossing the bronze finish, the days of precipitation the water falls into the sacred space of the sphere, where by an imperceptible curvature of the floor and thanks to a series of strategically placed holes, raindrops are taken to the sewer system of Rome.

But if something crosses the oculus of the Pantheon in abundance, it is light, crashing against its walls, floor or the domes of the dome, drawing the continuous movement of the sun. A rain of light floods its interior daily showing the time of year and the time of day for those who know how to read, establishing an almost magical relationship between the cosmos and that space that is the home of all the gods”. When light and rain coincide, the floor shines, causing the marble flooring to reverberate, simulating an impossible light except for a place made sacred by light, rain and architecture.

Few people have interpreted that rain of light as well as the sculptor Harry Bertoia in the MIT chapel built by Eero Saarinen in 1955. The chapel is a rugged brick cylinder, in which the access door is the only opening in its facades . When crossing that threshold, the visitor is transported to an interior space in which the brick walls become undulating and the light floods everything flowing from the ceiling. As soon as the pupil of the eye adapts to the interior luminosity, the white marble altar bathed by the oculus, which is surrounded by the sculpture of Bertoia, takes center stage.

MIT, Eero Saarinen.
MIT, Eero Saarinen.

From the overhead skylight hangs a curtain of cables that hold an endless number of small metallic plates. Sunlight reflects and vibrates that unstable curtain, which adjusts and balances constantly simulating an incessant rain that generates a silent atmospheric effect inside the building, imitating the rainy days of Rome. The non-denominational chapel is dedicated as the Pantheon to all and none of the gods. Only light therefore acquires a divine character, if only for architecture.

Íñigo García Odiaga. Architect
San Sebastián. January 2017[:]

Íñigo García Odiaga
Íñigo García Odiagahttp://vaumm.com/
Doctor Arquitecto y profesor asociado de Proyectos Arquitectónicos, ETSASS. Editor de NOMU. 1/5 del estudio de arquitectura VAUMM. Vivo en Donosti.
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