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[:es]https://veredes.es/blog/la-ciudad-iii-epr/

‘Mientras hay muerte hay esperanza’,

afirmaba Fabrizio Corbera, el lacónico príncipe de la novela de Lampedusa.

Sin embargo los cementerios, esas ciudades de los muertos, reproducen los mismos excesos y desigualdades que sus análogas ciudades de vivos: unos han de apilarse o compartir un exiguo pedazo de tierra para que a su lado puedan florecer las grandes obras de la Humanidad.

Quizá Corbera fuese, en el fondo, un hombre optimista.

La ciudad (IV) epR

El primo Ramón
Spanish Town, Jamaica. Primavera de 2013

[:gl]

La ciudad (IV) epR

‘Mentres hai morte hai esperanza’, afirmaba Fabrizio Corbera, o lacónico príncipe da novela de Lampedusa.

Con todo os cemiterios, esas cidades dos mortos, reproducen os mesmos excesos e desigualdades que as súas análogas cidades de vivos: uns han de apilarse ou compartir un exiguo pedazo de terra para que ao seu lado poidan florezcer as grandes obras da Humanidade.

Quizá Corbera fose, no fondo, un home optimista.

El primo Ramón
Spanish Town, Xamaica. Primaveira de 2013

[:en]

La ciudad (IV) epR

‘While there is death there is hope’, was affirming Fabrizio Corbera, the terse prince of Lampedusa’s novel.

Nevertheless the cemeteries, these cities of the dead men, reproduce the same excesses and desigualdades that his analogous cities of alive: some have to be piled up or to share an exiguous piece of land in order that to his side the big works of the Humanity could florezcer.

Probably Corbera was, in the bottom, an optimistic man.

El primo Ramón
Spanish Town, Jamaica. Spring of 2013

[:]

el primo Ramón
el primo Ramónhttps://elprimoramon.com/
Nadie sabe con certeza quién es el primo Ramón. Muchos creen que Ramón nació en algún lugar de Galicia, aunque pronto los azares de la vida le obligaron a cruzar el Atlántico. Afincado en Buenos Aires, y tras fracasar en su intento de ganarse la vida como lateral izquierdo de Ferro Carril Oeste y como bajista de Los Desconocidos de Siempre, aprendió el oficio de ilustrador en un puñado de talleres del barrio de San Telmo. Otros opinan que tras el seudónimo se esconde Borja López Cotelo, un arquitecto que ante la pertinaz insistencia del editor jefe Veredes comenzó a publicar ilustraciones hasta que una mañana, como el malogrado Gregor Samsa, se despertó después de un sueño intranquilo convertido en un monstruoso ilustrador. Aunque esta versión no parece muy verosímil. Tal vez por eso hay quien asegura que, en realidad, Ramón ni siquiera es una persona sino dos, tres o incluso un equipo tumultuoso y variopinto como la tripulación del Pequod.
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