La casa translúcida, de Alfons Soldevila | Halldóra Arnardóttir – Javier Sánchez Merina


¿En qué medio puede un arquitecto investigar libremente con ideas que redefinan el entorno doméstico? ¿Existe el cliente dispuesto a llevar a cabo tales experimentos?

Nubes Rosas

Alfons Soldevila, arquitecto

La casa translúcida, de Alfons Soldevila. La construcción de una casa experimental

Alfons Soldevila, profesor de Proyectos de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, ha examinado el tema de la vivienda, proponiendo una serie de debates en clase con sus estudiantes, que acabaron materializándose en la construcción de una casa a escala 1:1 en medio del campus. La llamaron la Casa Translúcida y fue, desde 1996 hasta el 2002, cuando tuvo que ceder su espacio a una nueva biblioteca, un centro de encuentro de estudiantes y profesores. Se trataba de experimentar con un nuevo tipo de alojamiento realizado a partir de un nuevo material de construcción. Hecho con policarbonato, la luz se filtraría a través de sus suelos, paredes y techos, una cualidad translúcida que determinaría el diseño y su construcción.

“Si no podemos estar en contacto con las paredes, si no podemos estar en contacto con el techo, si no podemos estar en contacto con el suelo, estamos trabajando en un espacio muy especial, desconectado de las paredes, del suelo y del techo.” A. Soldevila

La universidad como laboratorio
Indudablemente la universidad es un lugar ideal para exploraciones culturales y del modo como los hombres se relacionan entre sí y su entorno. Es un lugar donde se elogia la investigación comprometida con la contemporaneidad y donde la duda forma parte del construir de la historia. Con esta vocación, Alfons Soldevila planteó el proyecto de redefinir la vivienda, analizando, cuestionando y comprobando en el aula y en el taller, antes de comenzar su construcción.

La primera fase consistió en realizar una maqueta a escala 1:10, con el fin de comprobar su estructura y estudiar una secuencia de su montaje que no requiriese grúa alguna. El armazón se elevaría de forma similar a la estructura tradicional americana conocida como balloom-frame, la cual puede ser alzada por una persona ayudada por un tráctel.

Consecutivamente se construyó la estructura de tubos de acero inoxidable, con una sección 80x80mm y 30mm de camisa. Para los soportes de la cimentación, que también se quisieron ejecutar con un material translúcido, se realizaron probetas de hormigón y vidrio reciclado en lugar de arena. El resultado mostraba que su capacidad mecánica era menor a la del hormigón tradicional pero lo suficiente para un edificio de diez toneladas. Sobre estos soportes, separados cada dos metros, se alzaban los pórticos, que estaban conexionados por otros perfiles de 80x80x3mm y que actuaban como de zunchos perimetrales. La estructura de los forjados se realizó con perfiles de 80x80x2mm que, a modo de viguetas separadas 40cm, se apoyaban en los zunchos. Su fijación se realizó con silicona estructural, por lo que podrían desmontarse fácilmente con una cuchilla.

Por último, la estructura metálica se cerró con planchas extrusionadas de policarbonato, utilizadas tanto en el tejado, paredes, techos, suelos, rampas y peldaños. También se empleó silicona en todas sus uniones para evitar elementos opacos y facilitar el desmontaje o sustitución.

El método de montaje es en seco, por lo que es reciclable, y realizado con mano de obra no cualificada. Está pensado para que una persona pueda construirla, gastando en su construcción la misma energía que la necesaria para practicar un deporte

Policarbonato como material de construcción
Al investigar la composición del policarbonato, los estudiantes valoraron las grandes ventajas de este producto orgánico en la construcción. A su inercia química que lo hacía inmune a los ácidos, bases y agentes atmosféricos, se le añade su alta resistencia a la rotura y el deterioro, tiene buena elasticidad y puede aguantar varios tratamientos incluyendo el teñido de colores. Dentro de los productos termoplásticos, presenta buen comportamiento ante el fuego ya que es autoextinguible. Adicionalmente, el policarbonato es un material que podría competir con el vidrio ya que ofrece una claridad óptica única de traslucidez. Este factor jugó un papel decisivo en la elección del material ya que tanto la forma curva del tejado como las fachadas de la casa permitían un aprovechamiento máximo de la luz solar, el calor y la ventilación. Por otro lado, las planchas de policarbonato tienen el inconveniente de ser sensibles a los rayos UV, por lo que amarillean a la exposición del sol. La solución a esta reacción consistió en colocar una película adherida a la superficie para protegerla del sol. Esta película modificar el acabado de la superficie con diferentes tramas y colores dependiendo de sus habitantes.

Para un máximo beneficio de la luz natural y minimizar las sombras, los muebles ideales son aquellos que no tocan las paredes ni los suelos

Experimentando el interior
Para que la luz natural fluyese sin obstáculos, la distribución de la casa tendría que resolverse sin que nada se sitúe frente a los muros traslúcidos. Las únicas habitaciones opacas, la cocina y los baños, se dispusieron como piezas de mobiliario. Tampoco se instaló luz eléctrica dentro de la casa, para liberar la vivienda de instalaciones e interruptores. En su lugar, cuando oscurece, se encienden por control remoto las luminarias situadas fuera de la casa.

Una escalera longitudinal relaciona las tres plantas

Para un máximo beneficio de la luz natural y minimizar las sombras, los muebles ideales son aquellos que no tocan las paredes ni los suelos. Tendrían que estar flotando. Consecuentemente los estudiantes experimentaron con el diseño de mobiliario de policarbonato – sillas y hamacas que se columpian, mesas que cuelgan, armarios translúcidos y cajones que están elevados del suelo. Incluso las alfombras o las suelas de los zapatos tuvieron que ser repensadas, esta vez desde abajo. Otros alumnos experimentaron con juegos de limpieza que incluían el baldeo de la casa con un manguerazo, algo posible al ser los armarios de policarbonato con cierre de cremallera.

“La casa, como entidad abstracta, no responde de forma directa a su entorno, sino a la voluntad sensorial de sus ocupantes.” A. Soldevila

Aunque la Casa Translúcida no existe hoy día su valor permanece, no solo en los estudiantes que participaron en el experimento, sino también en el currículum de la universidad. La tecnología, los materiales y sus posibilidades están en continua evolución aunque se integren lentamente en sociedad. La investigación necesita primero jugar un papel esencial en forma de educación para poder aprender de sus logros, errores y el beneficio de la duda.

Halldóra Arnardóttir + Javier Sánchez Merina
doctora en historia del arte. doctor arquitecto
Murcia. septiembre 2013

Halldóra Arnardóttir – Javier Sánchez Merina

Javier Sánchez Merina: Profesor Asociado en Kingston University London (1994-97, con Katerina Rüedi) y en la Universidad de Alicante (2000-11, con Catco. JM Torres Nadal), Doctor con la calificación de Sobresaliente Cum Laude y mención honorífica de Doctor Europeo (ETSA Barcelona 2002), acreditación de la ANECA como Contratado Doctor y Profesor Titular (2011), y en la actualidad Profesor Ayudante Doctor (UA) y Azrieli Visiting Critic en Carleton University (Ottawa 2012).

Halldóra Arnardóttir: Doctor (The Bartlett, UC London 1999 – homologación UMU 2007), Colaboradora con el Observatorio de Diseño y Arquitectura de Murcia (2008-10), acreditación de la ANECA como Ayudante Doctor (2012) y en la actualidad Coordinadora de Arte y Cultura como Terapia (HUVA) en colaboración con UMU, Profesora Ayudante Doctor (UCAM) y Azrieli Visiting Critic en Carleton University (Ottawa 2012).

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