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El espacio público tiene múltiples entradas, su paradigma puede ser la plaza, pero tal vez también puede serlo en la actualidad Internet. Para colocar una gran fuente o una estatua en un gran plaza, en la antigüedad se esperaba a un día de intensas nevadas. Se observaba qué espacio de la plaza quedaba virgen, libre de pisadas o tránsitos de carros y mercancías, y así se detectaba un espacio muerto en el que colocar el mobiliario urbano.
Este curioso mecanismo fue recogido por Camillo Sitte en 1889 al publicar el libro que le encumbraría a la historia del urbanismo, «El arte de construir las ciudades». Sitte recorrió todas las grandes ciudades de Europa tratando de identificar los aspectos que las hacían acogedoras, interesantes y agradables. Intentó descifrar el código de leyes que habían creado esos cascos históricos llenos de vida.
En el libro el autor propone construir las ciudades sobre una trama irregular salpicada de espacios abiertos en forma de plazas que llenen de actividad urbana la ciudad. Hay que tener en cuenta que en su época cuestionó el urbanismo clásico centrado en la planta de la ciudad en detrimento de la dimensión vertical y criticó también la rigidez y la esterilidad del urbanismo racionalista frente a la riqueza formal y espacial de los diseños antiguos. De alguna manera postuló una ciudad pensada para el peatón, entendiendo que los cascos históricos pertenecían más algo al ciudadano mientras los nuevos barrios inspirados en el urbanismo del movimiento moderno pertenecían al coche.
Las conclusiones de Camillo Sitte aunque entendibles entrañan una gran contradicción. La plaza Roja de Moscú, Tian´anmen, la plaza Tahrir o la parisina plaza de la Concordia son probablemente algunos de los espacios públicos más famosos del mundo y todos ellos serían también un claro ejemplo de los postulados contrarios a los defendidos en «El arte de construir las ciudades». Los espacios públicos más nombrados de las grandes capitales no suelen ser lugares cómodos. Están fuera de escala, el viento los barre, no responden claramente a ninguna idea de uso. Únicamente suelen responder a una idea que poco o nada tiene que ver con la forma o con la estética, la representación del poder.
Es precisamente esa concentración de memoria, suma de acontecimientos pasados, enfrentamientos, en definitiva la sedimentación de la historia sobre un lugar, lo que los convierte en espacios centrales de la vida ciudadana.

Un buen ejemplo de esta otra realidad del espacio público es la plaza de Tian’anmen, la más grande del mundo, con 880 metros de norte a sur y 500 metros de este a oeste y un área total de 440.000 metros cuadrados, mucho más grande que algunos pequeños pueblos. Su importancia como espacio público no viene determinada por su arquitectura, el tratamiento de los bordes o los edificios contiguos sino más bien por la memoria que atesora. Ubicada en el centro geográfico y político de la capital china, desde el año 1000 estaba destinada a la celebración de ceremonias públicas. En este lugar se proclamaban los nuevos emperadores y se celebraban todos los eventos sociales de relevancia en el calendario Chino.
La pregunta a resolver es si la plaza tendría hoy el mismo valor simbólico si por ejemplo no hubiese sido escenario de la revuelta estudiantil de 1989 con la célebre imagen de un hombre colocándose pacíficamente frente a un tanque para impedir su avance grabada ya para siempre en el recuerdo de millones de personas.
Algo similar cabría preguntarse de la famosa plaza de Jamaa el Fna en Marrachek. Son su arquitectura, su construcción, sus materiales y su escala determinantes o es su condición de centro neurálgico de la ciudad lo que le otorga un valor incalculable como espacio público. En este caso es su desbordante actividad la que genera el lugar, miles de personas se dan cita entre sus edificios llenándolos de olores, colores, comercio, tradición y cultura. Un infinito número de actividades y personas que se juntan y van abarrotando la plaza para convertirla en corazón de la ciudad.

Evidentemente estos espacios no son sólo espacios, el lugar es una realidad física, arquitectónica pero también es un espacio cargado de historia que lo determina como un espacio de representación del poder.
Tal vez es precisamente éste el acierto de las redes sociales, haber proporcionado un espacio, en este caso virtual, que permita el intercambio de actividad entre los ciudadanos, que complementado con la ocupación de los espacios físicos de la ciudad ha derivado en movimientos como el 15M o en la revolución pacífica de la plaza Tahrir de El Cairo.
En definitiva cuando la ciudadanía quiere recuperar su protagonismo tiene que recuperar los dos mundos que componen los espacios del poder, el lugar físico, la plaza y el virtual, aquel que la llena de contenido, su actividad. Es ahí donde internet o más concretamente la redes sociales han aportado un lugar para poder organizar, intercambiar y aglutinar las experiencias de los ciudadanos. Podríamos afirmar con algo de atrevimiento que en cierto modo se han convertido en el nuevo espacio público.
íñigo garcía odiaga . arquitecto
san sebastián. noviembre 2011
Publicado en ZAZPIKA 20.11.2011[:en]
The public space has multiple income, his paradigm can be the square, but maybe also it it can be at present Internet. To place a great source or a statue in one great square, in the antiquity it was waited to a day of intense snowfalls. Was observed what space of the square was remaining virgin, free of trodden or tránsitos of cars and goods, and this way there was detected a dead space in which to place the street furniture.
This curious mechanism was gathered by Camillo Sitte in 1889 on having published the book that it would elevate to the history of the urbanism, «The art of constructing the cities». Sitte crossed all the Europa’s big cities trying to identify the aspects that were making them cozy, interesting and agreeable. It tried to decipher the code of laws that had created these historical hulls full of life.
In the book the author proposes to construct the cities on an irregular plot splashed with spaces opened in the shape of squares that fill with urban activity the city. It is necessary to bear in mind that in his epoch it questioned the classic urbanism centred on the plant of the city to the detriment of the vertical dimension and criticized also the inflexibility and the sterility of the racionalist urbanism opposite to the formal and spatial wealth of the ancient designs. Somehow it postulated a city thought for the pedestrian, understanding that the historical hulls concerned more a little to the citizen while the new neighborhoods inspired by the urbanism of the modern movement concerned to the car.
Camillo Sitte’s conclusions though understandable they contain a great contradiction. The Red square of Moscow, Tian’anmen, the square Tahrir or the Parisian square of the Concord are probably some of the most famous public spaces of the world and all of them would be also a clear example of the postulates opposite to the defended ones in «The art of constructing the cities». The most renowned public spaces of the big capitals are not in the habit of being comfortable places. They are out of scale, the wind sweeps them, they do not answer clearly to any idea of use. Only they are in the habit of answering to an idea that little or nothing has to see with the form or with the aesthetics, the representation of the power.
It is precisely this concentration of memory, sum of past events, clashes, definitively the sedimentation of the history on a place, which turns them into central spaces of the civil life.

A good example of this another reality of the public space is the square of Tian’anmen, the biggest of the world, with 880 meters of north on south and 500 meters from this one to west and a total area of 440.000 square, great meters bigger than any small peoples. His importance like public space does not come determined by his architecture, the treatment of the edges or the contiguous buildings but rather for the memory that it hoards. Located in the geographical and political center of the Chinese capital, from the year 1000 it was destined for the celebration of public ceremonies. In this place they were proclaimed the new emperors and all the social events of relevancy were celebrated in the Chinese calendar.
The question to resolving is if the square would have today the same symbolic value if for example it had not been a scene of the student revolt of 1989 with the famous image of a man placing pacifically opposite to a tank to prevent his advance recorded already forever in the recollection of million persons.
It would be necessary something similar to wonder of Jamaa’s famous square the Fna in Marrachek. It are his architecture, his construction, his materials and his scale determinants or it is his condition of neuralgic center of the city what grants an incalculable value to him as public space. In this case it is his overflowing activity the one that generates the place, thousands of persons give themselves appointment between his buildings filling them with smells, colors, trade, tradition and culture. An infinite number of activities and persons who join and are overstocking the square to turn her into heart of the city.

Evidently these spaces are not only spaces, the place is a physical, architectural reality but also it is a space loaded with history that determines it as a space of representation of the power.
Maybe this one is precisely the wisdom of the social nets, to have provided a space, in this virtual case, which allows the interchange of activity between the citizens, which complemented with the occupation from the physical spaces of the city has derived in movements as 15M or in the pacific revolution of the Tahrir of Cairo square .
Definitively when the citizenship wants to recover his protagonism it has to recover both worlds that compose the spaces of the power, the physical place, the square and the virtual one, that one that the flood of content, his activity. It is there where Internet or more concretly social redes have contributed a place to be able to organize, interchange and agglutinate the experiences of the citizens. We might affirm with something of presumption that in certain way they have turned into the new public space.
íñigo garcía odiaga . architect
san sebastián. november 2011
It´s published in ZAZPIKA 20.11.2011
[:gl]
O espazo público ten múltiples entradas, a súa paradigma pode ser a praza, pero talvez tamén pode selo na actualidade Internet. Para colocar unha gran fonte ou unha estatua nun gran praza, na antigüidade esperábase a un día de intensas nevadas. Observábase que espazo da praza quedaba virxe, libre de pisadas ou tránsitos de carros e mercancías, e así se detectaba un espazo morto no que colocar o mobiliario urbano.
Este curioso mecanismo foi recollido por Camillo Sitte en 1889 ao publicar o libro que lle encumbraría á historia do urbanismo, «A arte de construír as cidades». Sitte percorreu todas as grandes cidades de Europa tratando de identificar os aspectos que as facían acogedoras, interesantes e agradables. Intentou descifrar o código de leis que crearan eses cascos históricos cheos de vida.
No libro o autor propón construír as cidades sobre unha trama irregular salpicada de espazos abertos en forma de prazas que enchan de actividade urbana a cidade. Hai que ter en conta que na súa época cuestionó o urbanismo clásico centrado na planta da cidade en detrimento da dimensión vertical e criticou tamén a rixidez e a esterilidad do urbanismo racionalista fronte á riqueza formal e espacial dos deseños antigos. Dalgún xeito postulou unha cidade pensada para o peatón, entendendo que os cascos históricos pertencían máis algo ao cidadán mentres os novos barrios inspirados no urbanismo do movemento moderno pertencían ao coche.
As conclusións de Camillo Sitte aínda que entendibles entrañan unha gran contradición. A praza Vermello de Moscú, Tian´anmen, a praza Tahrir ou a parisiense praza da Concordia son probablemente algúns dos espazos públicos máis famosos do mundo e todos eles serían tamén un claro exemplo dos postulados contrarios aos defendidos en «A arte de construír as cidades». Os espazos públicos máis nomeados das grandes capitais non adoitan ser lugares cómodos. Están fóra de escala, o vento bárreos, non responden claramente a ningunha idea de uso. Unicamente adoitan responder a unha idea que pouco ou nada ten que ver coa forma ou coa estética, a representación do poder.
É precisamente esa concentración de memoria, suma de acontecementos pasados, enfrontamentos, en definitiva a sedimentación da historia sobre un lugar, o que os converte en espazos centrais da vida cidadá.

Un bo exemplo desta outra realidade do espazo público é a praza de Tian’anmen, a máis grande do mundo, con 880 metros de norte a sur e 500 metros de leste a oeste e unha área total de 440.000 metros cadrados, moito máis grande que algúns pequenos pobos. A súa importancia como espazo público non vén determinada pola súa arquitectura, o tratamento dos bordos ou os edificios contiguos senón máis ben pola memoria que atesoura. Situada no centro xeográfico e político da capital chinesa, dende o ano 1000 estaba destinada á celebración de cerimonias públicas. Neste lugar proclamábanse os novos emperadores e celebrábanse todos os eventos sociais de relevancia no calendario Chinés.
A pregunta a resolver é se a praza tería hoxe o mesmo valor simbólico se por exemplo non tivese sido escenario da revolta estudantil de 1989 coa célebre imaxe dun home colocándose pacificamente fronte a un tanque para impedir o seu avance gravada xa para sempre no recordo de millóns de persoas.
Algo similar cabería preguntarse da famosa praza de Jamaa el Fna en Marrachek. Son a súa arquitectura, a súa construción, os seus materiais e a súa escala determinantes ou é a súa condición de centro neurálxico da cidade o que lle outorga un valor incalculable como espazo público. Neste caso é a súa desbordante actividade a que xera o lugar, miles de persoas danse cita entre os seus edificios enchéndoos de olores, cores, comercio, tradición e cultura. Un infinito número de actividades e persoas que xuntan e van abarrotando a praza para convertela en corazón da cidade.

Evidentemente estes espazos non son só espazos, o lugar é unha realidade física, arquitectónica pero tamén é un espazo cargado de historia que o determina como un espazo de representación do poder.
Talvez é precisamente este o acerto das redes sociais, ter proporcionado un espazo, neste caso virtual, que permita o intercambio de actividade entre os cidadáns, que complementado coa ocupación dos espazos físicos da cidade derivou en movementos como o 15 M ou na revolución pacífica da praza Tahrir Del cairo.
En definitiva cando a cidadanía quere recuperar o seu protagonismo ten que recuperar os dous mundos que compoñen os espazos do poder, o lugar físico, a praza e o virtual, aquel que a chea de contido, a súa actividade. É aí onde internet ou máis concretamente a redes sociais achegaron un lugar para poder organizar, intercambiar e aglutinar as experiencias dos cidadáns. Poderiamos afirmar con algo de atrevemento que en certo modo se converteron no novo espazo público.
íñigo garcía odiaga . arquitecto
san sebastián. novembro 2011
Publicado en ZAZPIKA 20.11.2011
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