Comunicar la arquitectura (I) | Íñigo García Odiaga

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Decía Le Corbusier que prefería dibujar a hablar. Es más rápido y deja menos espacio para la mentira. Al igual que los arquitectos, también la propia disciplina prefiere expresarse en el dibujo, en la imagen, para manifestar su razón de ser. La arquitectura, tal vez por su necesidad de expresar y concretar un futuro aún imaginario, ha encontrado siempre en lo gráfico su mejor aliado para comunicarse.

Diferentes fotografías de la Ville Stein, en las que aparecen coches que parecen cruzar la escena

Cuando en 1923 se publicó la primera edición del libro de Le Corbusier, Vers une Architecture,  éste recurrió a la imagen del automóvil y a su producción en serie para explicar lo que la vivienda moderna debía ser. Son muchas sus obras fotografiadas con la presencia de un automóvil de época, que además introduce cierta tensión a la composición de la fotografía, o si se prefiere, la transforma en una especie de secuencia cinematográfica.

Las fotografías que el estudio de Le Corbusier de la Ville Stein en Garches, son un buen ejemplo de ésta idea. En varias tomas los vehículos aparecen parcialmente, dando idea de la dirección que tomarán y entrando en conversación con la arquitectura. También podríamos recordar aquella fotografía en la que un coche ejecuta el giro de la planta baja de la Ville Savoye, en su recorrido hacia el garaje de la villa, o aquella otra en la que el propio Le Corbusier posaba apoyado frente a un automóvil, con el pabellón suizo de fondo.

Planta baja de la Ville Savoye con Le Corbusier al volante. / Zona de acceso de vehículos del Pavillon Suisse

La construcción o la producción en serie de vehículos, no es un sistema pensado para optimizar el proceso industrial de producción, sino que introduce al propio producto en una dinámica de perfeccionamiento continuo. Cada modelo corrige los errores de su predecesor, se perfecciona, evoluciona sabiéndose un eslabón de una cadena de mejora continua.

Este proceso de diseño y construcción del automóvil moderno, representa para Le Corbusier, la lectura industrializa del perfeccionamiento estilístico llevado a cabo a lo largo de los siglos en el diseño y construcción de los templos griegos. Desde este punto de vista, las proporciones, los estilos y las formas del templo griego, podrían explicarse como resultado de un proceso lento, pero constante de perfeccionamiento y refinamiento. Un proceso que ha desembocado en la concreción de unas arquitecturas exquisitas, en las que todos los elementos tienen su lugar, su función y su razón de ser. Está presente todo lo pertinente y nada más que lo estrictamente necesario.

“Admiro El Partenón. Esa belleza exacta hoy la consigue máquina, que no es un espanto como creen algunos, sino un instrumento de perfección.”

Págs 124 y 125 de Vers úne Architecture de Le Corbusier

La construcción de la Weissenhoff en Stuttgart en 1927, tenía como objetivo el establecimiento del canon moderno, y como mínimo a los ojos de Mies van der Rohe, director del evento y a los del propio Le Corbusier la exposición era fundamental para dejar constancia de la “esencia” de la vivienda moderna.

En este sentido, la importancia del evento no radicaba únicamente de los edificios más o menos afortunados que allí se construyesen, sino tal vez en mayor grado, del debate, los textos y las imágenes que de allí se desprendiesen. Con sendos automóviles y acompañados de dos modelos, los edificios de ambos fueron inmortalizados para la eternidad. Con estas fotografías Le Corbusier y Mies parecen hacerse eco de el dicho, una imagen vale más que mil palabras.

Estas imágenes “producidas” para la ocasión tienen un claro objetivo publicitario, en el sentido etimológico de la palabra. Esas fotografías persiguen hacer de dominio público, que la arquitectura se puede y se debe asemejar en su producción a la de un coche en serie, ya que desde la óptica de la modernidad, la arquitectura, está para servir y no para representar.

Fotografías de edificios en la Weissenhof Siedlung, frente a obras de Le Corbusier y Mies vander Rohe

En ocasiones, es difícil medir el impacto de lo divulgado y únicamente mediante la respuesta que se recibe, puede tenerse idea de lo logrado.

Efectivamente, la imagen de la arquitectura blanca de la Weissenhof fue utilizada por de Philip Johnson y Henry Russell, para sentar las bases del movimiento moderno, en la exposición Modern Architecture: International exhibition, celebrada en el MOMA de Nueva York en 1932. Pero también esa misma arquitectura blanca, de volúmenes puros, fue utilizada por el aparato de propaganda nazi, para desprestigiar el racionalismo moderno, y su incapacidad para representar lo que el nacionalsocialismo pretendía. El barrio de Stugartt fue transformado mediante un collage, en un poblado árabe, para ilustrar un cartel publicitario que rechazaba de pleno la arquitectura de la Weissenhof Siedlung.

Fotografía de la Weissenhof de Stugartt / Fotomontaje propagandístico anti-Weissenhof

En 1936, Albert Speer diseño por encargo de Adolf Hitler, el pabellón del tercer Reich Alemán, para la exposición internacional de París. El edificio, no pretende ser otra cosa, más que una representación. La representación de un país que desea ser un imperio, cimentado sobre la idea del tercer Reich, que dure más de 1000 años. Por este motivo, Speer centró sus ansias de representación arquitectónica en las obras del imperio romano, edificios que incluso a través de sus ruinas fuesen capaces de expresar la grandeza de quienes las levantaron.

Sin duda, un ideal muy alejado del racionalismo y el funcionalismo del movimiento moderno. Pero por contra, para mostrar el poder industrial y tecnológico de la Alemania de Hitler, en el interior del edificio se mostraban los mejores ejemplos de ese potencial maquinista.

Interior del Pabellón de Alemania en la Exposición Internacional de París de 1936. Albert Speer

Aún se conserva una fotografía que muestra con nitidez el interior del pabellón de Alemania, en el que destaca un automóvil fascinante. Se trata de un Mercedes-Benz de carreras de la temporada 1936-1937, que dado su aspecto minimalísta y futurista destaca en el ambiente barroco que lo envuelve.

Subido en una peana no se espera nada de él, no se quiere que ande, ni que arranque, ni que funcione. No es tratado como una de las queridas máquinas de Le Corbusier. El automóvil es aquí un simple objeto perteneciente a otro tiempo diferente, a otra mentalidad, es una forma distante a la de la arquitectura que lo acoge.

íñigo garcía odiaga . arquitecto
san sebastián. enero 2014

Íñigo García Odiaga

Arquitecto. Editor de NOMU. 1/5 del estudio de arquitectura VAUMM. Vivo en Donosti.

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