IniciofaroDiseño sin revolución | Landa Hernández MartínezDeseño sin revolución | Pedro HernándezDiseño...

[:es]Diseño sin revolución | Landa Hernández Martínez[:gl]Deseño sin revolución | Pedro Hernández[:en]Diseño sin revolución | Pedro Hernández[:]

[:es]

“Arquitectura o revolución”, escribió Le Corbusier en 1923

Es una época convulsa, apenas cinco años antes el mundo había visto triunfar la primera revolución obrera en Rusia. La revolución –como sus hermanadas rebelión y revuelta– es un espacio para el caos, invierte el orden establecido con una masa social entremezclada y devenida en multitud. Le Corbusier, amante de la línea y del orden, y aún pidiendo la necesidad de un diseño que mejore la calidad de vida de la clase obrera en sus escritos, sólo ofrece una alternativa: arquitectura.

“Se puede evitar la revolución”,

nos confirma.

Diseño sin revolución Pedro Hernández “Arquitectura o revolución”, escribió Le Corbusier en 1923
“Arquitectura o revolución”, escribió Le Corbusier en 1923

¿Qué era la arquitectura para Le Corbusier?

Eso que debía evitar la revolución, ¿cómo?

Consiguiendo un entorno nuevo y confortable para los requerimientos de la sociedad surgida tras la revolución industrial. Sin embargo, desde un estricto punto de vista material, la arquitectura también puede ser definida por muros — y huecos en estos: ventanas, puertas, etc. — y suelos. Ambos definen la forma en la que el cuerpo puede moverse por el espacio: limitando los desplazamientos horizontales, variando los puntos de vista verticales.

¿Era esta condición de la arquitectura la que podría evitar la revolución, su imposición de limitar la movilidad?

Autoridad sobre el cuerpo

Foucault nos advierte que, en realidad, ni el arquitecto ni la arquitectura tienen realmente autoridad sobre el cuerpo1: yo puedo usar herramientas para abrir muros, puedo desplazarme entre huecos, etc… un pensamiento similar al que expone Geoff Manaugh en su último libro, A Burglar’s Guide to the City, en el que invita a movernos por la arquitectura como en un juego de ladrones y policías.

Apunta Boris Groys en La obligación del diseño en sí que el diseño moderno se enfocó en la apariencia de las cosas como el lugar donde se podía encontrar la esencia de las mismas: se trataba de la búsqueda de un diseño puro, que eliminara lo superfluo. Ello era válido tanto para el diseño burgués, como para el proletario:

“la revolución debía ser un acto radical que purificara a la sociedad de toda forma de ornamento”.

El ornamento es un crimen, como decía Adolf Loos, es amoral, no es propio de los hombres modernos. Se trataba pues de una condición tanto estética como ética.

El diseño moderno era, además, un arte total, que se enfoca en diseñar cada uno de los aspectos de la vida desde las cualidades antes descritas.

“La forma última de diseño es el diseño del sujeto”.

El diseño moderno era, por tanto, un diseño absoluto en el que el hombre (un “hombre nuevo” que debía dejar atrás aquello que Le Corbusier llamaba la “bestia humana”) se convierte en un objeto más.

“En un mundo de diseño total, el hombre se vuelve una cosa diseñada, una suerte de objeto en el mundo, un cadáver a ser exhibido públicamente”.

Ante tal panorama, este nuevo hombre es un prisionero que sólo puede hacer una cosa: gestionar la imagen de su propio cuerpo, de su propio cadáver.

En nuestra sociedad del espectáculo, todos somos tanto espectadores (consumistas) que gastan su tiempo observando a los demás como productores de un yo devenido imagen-simulacro que reclama, de forma constante, un segundo de atención –para evitar así que la aceleración del tiempo nos opaque y nos deje fuera del mundo. Es decir, gastamos nuestro tiempo siempre autoproduciendo nuestra apariencia, nos diseñamos en la superficie y nos vaciamos de contenido, porque el contenido no importa porque nadie lo mira, ya que no tenemos tiempo para contemplar ni reflexionar, por así decir.

“El contenido es completamente irrelevante, porque cambia constantemente”.

Mi yo diseñado, mío de mí pero para los demás, se ha convertido en una imagen superficial que, pese a su poco espesor, puede ser política. Tal vez el alma, como una cosa profunda, se haya extinguido, convirtiéndose, como dice Groys, en

“el ropaje de su apariencia social, política y estética,”

en la que uno se diseña frente a los demás como una condición política del ser, en una performance de su propia vida. Mera apariencia, mera superficie que se extiende a todo el diseño que nos rodea, como extensión de la propia imagen.

Izq: Diseño de ropa de deporte de Vavara Stepanova | Dcha: jumpsuit diseñado por Alexander Rodchenko | Fuente
Izq: Diseño de ropa de deporte de Vavara Stepanova | Dcha: jumpsuit diseñado por Alexander Rodchenko | Fuente: epochs.co

Curiosamente, así, hemos dejado la primera idea sobre la arquitectura con la que comenzábamos. La arquitectura ya no es un elemento que contiene nuestra potencia a través de sus condiciones materiales, de sus paredes y techos, sino que se inscribe en nuestra superficie como parte del nosotros-imagen. Así pues, no “habitamos” un lugar porque sea cómodo o confortable, lo hacemos como una extensión de nuestra apariencia, diseñamos y decoramos nuestros interiores de acuerdo a esta idea, aunque ello nos obligue a vivir en una economía precaria.

La arquitectura en tiempos de Instagram

Será aquella que sirva como un complemento más. Obstinados por — desde nuestra piel a nuestros espacios–, ahora sí quizás podamos ver por que ya no tenemos revolución: porque tenemos arquitectura –la del yo– que puede evitarla, una en permanente construcción de nuestra imagen muerta y a la que dedicamos todo nuestro esfuerzo. De ahí que sólo tengamos tiempo para el diseño, de ahí que no tengamos tiempo para la revolución.

A menos que sea de Pepsi, claro.

Pedro Hernández · arquitecto
Madrid. Enero 2019

Notas:

El arquitecto no tiene poder sobre mí. Si quiero demoler o transformar la casa que él ha construido para mí, instalar nuevos tabiques o agregar una chimenea, el arquitecto no tiene ningún control. Hace falta entonces ubicar al arquitecto en otra categoría -lo que no quiere decir que no tiene nada que ver con la organización, la efectivización del poder, y todas las técnicas a través de las cuales se ejerce el poder en una sociedad. Yo diría que hace falta tenerlo en cuenta tanto a él -a su mentalidad, a su actitud- como a sus proyectos, si se quiere comprender un cierto número de técnicas de poder que se ponen en obra en la arquitectura, pero no es comparable a un médico, a un sacerdote, a un psiquiatra o a un guardián de prisión.”

en RABINOW, Paul. Espacio, saber y poder: Entrevista a Michel Foucault (versión online) 

[:gl]

“Arquitectura ou revolución”, escribiu Le Corbusier en 1923. É unha época convulsa, apenas cinco anos antes o mundo vira triunfar a primeira revolución obreira en Rusia. A revolución –como as súas hermanadas rebelión e revolta– é un espazo para o caos, inviste a orde establecida cunha masa social mesturada e devida en multitude. Le Corbusier, amante da liña e da orde, e aínda pedindo a necesidade dun deseño que mellore a calidade de vida da clase obreira nos seus escritos, só ofrece unha alternativa: arquitectura.

“Pódese evitar a revolución”,

confírmanos.

Diseño sin revolución Pedro Hernández le corbusier

Que era a arquitectura para Le Corbusier?

requirimentos da sociedade xurdida tras a revolución industrial. Con todo, desde un estrito punto de vista material, a arquitectura tamén pode ser definida por muros — e ocos nestes: xanelas, portas, etc. — e chans. Ambos definen a forma na que o corpo pode moverse polo espazo: limitando os desprazamentos horizontais, variando os puntos de vista verticais.

Era esta condición da arquitectura a que podería evitar a revolución, a súa imposición de limitar a mobilidade?

Foucault advírtenos que, en realidade, nin o arquitecto nin a arquitectura teñen realmente autoridade sobre o corpo1: eu podo usar ferramentas para abrir muros, podo desprazarme entre ocos, etc… un pensamento similar ao que expón Geoff Manaugh no seu último libro, A Burglar’s Guide to the City, no que convida a movernos pola arquitectura como nun xogo de ladróns e policías.

Apunta Boris Groys en A obrigación do deseño en si que o deseño moderno enfocouse na aparencia das cousas como o lugar onde se podía atopar a esencia das mesmas: tratábase da procura dun deseño puro, que eliminase o superfluo. Iso era válido tanto para o deseño burgués, como para o proletario:

“ revolución debía ser un acto radical que purificara á sociedade de toda forma de ornamento”.

O ornamento é un crime, como dicía Adolf Loos, é amoral, non é propio dos homes modernos. Tratábase pois dunha condición tanto estética como ética.

O deseño moderno era, ademais, unha arte total, que se enfoca en deseñar cada un dos aspectos da vida desde as calidades antes descritas. “A forma última de deseño é o deseño do suxeito”. O deseño moderno era, por tanto, un deseño absoluto no que o home (un “home novo” que debía deixar atrás aquilo que Le Corbusier chamaba a “besta humana”) convértese nun obxecto máis.

“Nun mundo de deseño total, o home vólvese unha cousa deseñada, unha sorte de obxecto no mundo, un cadáver para ser exhibido publicamente”.

Ante tal panorama, este novo home é un prisioneiro que só pode facer unha cousa: xestionar a imaxe do seu propio corpo, do seu propio cadáver.

Na nosa sociedade do espectáculo, todos somos tanto espectadores (consumistas) que gastan o seu tempo observando aos demais como produtores dun eu devido imaxe-simulacro que reclama, de forma constante, un segundo de atención –para evitar así que a aceleración do tempo nos opaque e déixenos fose do mundo. É dicir, gastamos o noso tempo sempre autoproduciendo a nosa aparencia, deseñámonos na superficie e baleirámonos de contido, porque o contido non importa porque ninguén o mira, xa que non temos tempo para contemplar nin reflexionar, por así dicir.

“O contido é completamente irrelevante, porque cambia constantemente”.

O meu eu deseñado, meu de min pero para os demais, converteuse nunha imaxe superficial que, a pesar do seu pouco espesor, pode ser política. Talvez a alma, como unha cousa profunda, extinguiuse, converténdose, como di Groys, en

“a roupaxe da súa aparencia social, política e estética,”

na que un se deseña fronte aos demais como unha condición política do ser, nunha performance da súa propia vida. Mera aparencia, mera superficie que se estende a todo o deseño que nos rodea, como extensión da propia imaxe.

Izq: Diseño de ropa de deporte de Vavara Stepanova | Dcha: jumpsuit diseñado por Alexander Rodchenko | Fuente
Esquerda: Deseño da ropa de deporte de Vavara Stepanova | Dcereita: jumpsuit deseñado por Alexander Rodchenko | Fonte: epochs.co

Curiosamente, así, deixamos a primeira idea sobre a arquitectura coa que comezabamos. A arquitectura xa non é un elemento que contén a nosa potencia a través das súas condicións materiais, das súas paredes e teitos, senón que se inscribe na nosa superficie como parte do nós-imaxe. Así pois, non “habitamos” un lugar porque sexa cómodo ou confortable, facémolo como unha extensión da nosa aparencia, deseñamos e decoramos os nosos interiores de acordo a esta idea, aínda que iso obríguenos a vivir nunha economía precaria. A arquitectura en tempos de Instagram será aquela que sirva como un complemento máis. Obstinados por — desde a nosa pel aos nosos espazos–, agora si quizais podamos ver por que xa non temos revolución: porque temos arquitectura –a do eu– que pode evitala, unha en permanente construción da nosa imaxe morta e á que dedicamos todo o noso esforzo. Por iso é polo que só teñamos tempo para o deseño, por iso é polo que non teñamos tempo para a revolución.

A menos que sexa de Pepsi, claro.

https://youtu.be/dA5Yq1DLSmQ

Pedro Hernández · arquitecto
Madrid. Xaneiro 2019

Notas:

“o arquitecto non ten poder sobre min. Se quero demoler ou transformar a casa que el construíu para min, instalar novos tabiques ou agregar unha cheminea, o arquitecto non ten ningún control. Fai falta entón situar ao arquitecto noutra categoría -o que non quere dicir que non ten nada que ver coa organización, a efectivización do poder, e todas as técnicas a través das cales se exerce o poder nunha sociedade. Eu diría que fai falta telo en conta tanto a el -á súa mentalidade, á súa actitude- como aos seus proxectos, se se quere comprender un certo número de técnicas de poder que se poñen en obra na arquitectura, pero non é comparable a un médico, a un sacerdote, a un psiquiatra ou a un gardián de prisión.” en RABINOW, Paul. Espazo, saber e poder: Entrevista a Michel Foucault (versión online) 

[:en]

Architecture or revolution, wrote Le Corbusier in 1923. It is a turbulent time, just five years before the world had seen the first workers’ revolution in Russia triumph. The revolution – like its twin rebellion and revolt – is a space for chaos, reverses the established order with a social mass intermingled and turned into a multitude. Le Corbusier, a lover of line and order, and still asking for the need for a design that improves the quality of life of the working class in his writings, offers only one alternative: architecture.

“The revolution can be avoided”,

confirm us.

Diseño sin revolución Pedro Hernández le corbusier

What was architecture for Le Corbusier?

That which should prevent the revolution. How? Achieving a new and comfortable environment for the requirements of the society that emerged after the industrial revolution. However, from a strictly material point of view, architecture can also be defined by walls – and gaps in these: windows, doors, etc. – and floors. Both define the way in which the body can move through space: limiting horizontal displacements, varying vertical points of view.

Was it the condition of architecture that could prevent the revolution, its imposition of limiting mobility?

Foucault warns us that, in reality, neither the architect nor the architecture really have authority over the body1: I can use tools to open walls, I can move between holes, etc … a thought similar to the one Geoff Manaugh exposes in his last book, A Burglar’s Guide to the City, in which he invites us to move around architecture as in a game of thieves and policemen.

Boris Groys points out The obligation of design itself that modern design focused on the appearance of things as the place where you could find the essence of them: it was the search for a pure design, which would eliminate the superfluous. This was true for bourgeois design as well as for the proletariat:

“the revolution should be a radical act that purifies society of all forms of ornament”.

The ornament is a crime, as Adolf Loos said, it is amoral, it is not characteristic of modern men. It was therefore a condition both aesthetic and ethical.

The modern design was also a total art, which focuses on designing each of the aspects of life from the qualities described above. “The ultimate form of design is the design of the subject.” Modern design was, therefore, an absolute design in which man (a “new man” who had to leave behind what Le Corbusier called the “human beast”) becomes another object.

“n a world of total design, man becomes a designed thing, a sort of object in the world, a corpse to be exhibited publicly”.

Faced with such a scenario, this new man is a prisoner who can only do one thing: to manage the image of his own body, of his own corpse.

In our society of spectacle, we are all spectators (consumers) who spend their time observing others as producers of a self that has become an image-simulacrum that constantly demands a second attention -to avoid the acceleration of time. Opaque us and leave us out of the world. That is to say, we spend our time always self-producing our appearance, we design on the surface and empty ourselves of content, because the content does not matter because nobody looks at it, since we do not have time to contemplate or reflect, so to speak.

“The content is completely irrelevant, because it changes constantly”.

My designed I, mine of me but for others, has become a superficial image that, despite its thinness, can be political. Perhaps the soul, as a profound thing, has become extinct, becoming, as Groys says,

“the clothing of its social, political and aesthetic appearance,”

in which one is designed in front of others as a political condition of being, in a performance of his own life. Mere appearance, mere surface that extends to all the design that surrounds us, as an extension of the image itself.

Izq: Diseño de ropa de deporte de Vavara Stepanova | Dcha: jumpsuit diseñado por Alexander Rodchenko | Fuente
Left: Design of sportswear by Vavara Stepanova | Right: jumpsuit designed by Alexander Rodchenko | Source: epochs.co

Interestingly, well, we have left the first idea about the architecture with which we started. Architecture is no longer an element that contains our power through its material conditions, its walls and ceilings, but it is inscribed on our surface as part of the we-image. So, we do not “inhabit” a place because it is comfortable or comfortable, we do it as an extension of our appearance, we design and decorate our interiors according to this idea, even if it forces us to live in a precarious economy. The architecture in Instagram will be the one that serves as a complement. Obstinated by – from our skin to our spaces -, now we can perhaps see why we no longer have revolution: because we have architecture – that of the ego – that can avoid it, one in permanent construction of our dead image and to which we dedicate all our effort . Hence we only have time for design, hence we do not have time for revolution.

Unless it’s Pepsi, of course.

https://youtu.be/dA5Yq1DLSmQ

Pedro Hernández · architect
Madrid. January 2019

Notes:

the architect has no power over me. If I want to demolish or transform the house he has built for me, install new partitions or add a chimney, the architect has no control. It is then necessary to place the architect in another category -which does not mean that it has nothing to do with organization, the realization of power, and all the techniques through which power is exercised in a society. I would say that it is necessary to take into account both him – his mentality, his attitude – and his projects, if one wants to understand a certain number of power techniques that are put into work in architecture, but it is not comparable to a doctor, a priest, a psychiatrist or a prison warden.” en RABINOW, Paul. Space, knowledge and power: Interview with Michel Foucault (online version)

[:]

Landa Hernández
Landa Hernándezhttp://laperiferiadomestica.tumblr.com/
Soy arquitecto por la Universidad de Alicante, pero mi interés sobre esta disciplina se encuentra alejado de su papel tradicional de diseño de espacios. Más bien, me interesa entender cómo las representaciones de la arquitectura, el paisaje, el diseño o el territorio construyen y materializan determinados discursos ideológicos, imponiendo posturas, subjetividades y formas de acción sobre los cuerpos que la habitan. En mi trabajo edito estos discursos –sus imágenes, sus historias o sus restos materiales– y reelaboro comentarios críticos que ponen en evidencia sus controversias y contradicciones, formalizándolos en diversos formatos como textos, fotografías, vídeos, objetos o instalaciones, muchas veces entrecruzados entre sí. He publicado artículos y ensayos en diversos medios de Estados Unidos, Italia, Croacia, España, Chile y México. Desde enero de 2013 resido en la Ciudad de México donde trabajo como coordinador de contenidos en Arquine.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR
0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
0 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS