IniciofaroLa moto de Molezún | José Ramón Hernández CorreaA moto de Molezún...

[:es]La moto de Molezún | José Ramón Hernández Correa[:gl]A moto de Molezún | José Ramón Hernández Correa[:en]Molezún’s motorcycle | José Ramón Hernández Correa[:]

[:es]

He estado en la exposición sobre «Fotografía y arquitectura moderna en España, 1925-1965″ de la Fundación ICO de Madrid y he sentido un montón de sensaciones encontradas.

(Es que soy escritor, y los escritores decimos eso de «sensaciones encontradas», y más cosas).

Varias ideas confusas: Lo viejuna que se está quedando la arquitectura moderna, lo emocionantes que son estas obras tan pobres, lo heroico que fue concebirlas y construirlas, lo estupendas que son, lo que se contradicen muchas de ellas, la falsa imagen de país moderno que quieren proclamar patéticamente, etcétera.

Y, dentro de todo esto que, como de costumbre, me supera, me quedo con una maravilla entre tantas maravillas: Me quedo con la moto de Molezún.

Lambretta C125. Fabricada entre febrero de 1950 y noviembre de 1951. 87.500 unidades.
125 cc. Peso: 70 Kg. Velocidad máxima: 60-70 Km/h. Consumo: 2 l/100 Km.

El genial y disparatado arquitecto se montó en una Lambretta y se recorrió Europa. Hace falta valor.

Hoy todo eso es muy fácil. El mundo es muy pequeño y lo tenemos todo a mano. Pero entonces, pocos años después de haber terminado la Segunda Guerra Mundial, un súbdito de un país aislado, sometido a una dictadura filofascista (anterior aún a la visita de Eisenhower y a la consiguiente apertura timidísima al mundo), lo tenía realmente muy difícil para salir por ahí de paseo. (Pasaporte, visados, permisos, cartas de buena conducta y de recomendación, certificados de penales…). La cosa era verdaderamente chunga.

Para colmo, un arquitecto joven y prometedor no dejaba de ser un ciudadano ejemplar… si viajaba en avión, vestía adecuadamente y dormía en buenos hoteles. Eso era parte del status de arquitecto en aquella época.

Pero qué va. Ramón (no Don Ramón, que sería lo suyo) no sólo viajaba en su motocicleta, sino que la llevaba abarrotada de fardos, hatos, rollos de ropa, tienda de campaña, mochilas, cantimploras. No daba la imagen de un digno arquitecto español viajando por estudio.

Dinamarca. Fotografía de Ramón Vázquez Molezún.
(En todas sus fotos sale la moto, llena de cachivaches)

No nos hacemos idea de lo que era España por entonces. Un país cerrado, sin apenas libros ni revistas del extranjero, sin información, sin medios de comunicación. Un arquitecto que quisiera saber algo de lo que se estaba haciendo por el mundo tenía que salir y verlo con sus propios ojos. Pero mientras tanto por aquí estaban intentando inventar un «estilo español», algo muy ambiguo y muy kitsch, y que de alguna forma admitía una cierta modernidad en la arquitectura siempre que entroncara con una tradición de «lo español». ¿Dónde estaba esa tradición? ¿Cómo acuñarla?

Afortunadamente, la penuria hispana de posguerra había sido muy condescendiente con la falta de ornamento en la arquitectura y con una funcionalidad casi perentoria. Por ese lado no íbamos mal.

Pero por otra parte, ser arquitecto tenía mucho prestigio por aquella época, y si uno coqueteaba o transigía con el régimen tenía todas las papeletas para elegir una mullida poltrona sobre la que vegetar muy cómodamente.
Había que ser un tipo raro (y un culo de muy mal asiento) para complicarse la vida y buscarse incomodidades y líos.

La curiosidad de los más talentosos era, por eso mismo, irrefrenable. (Todos los grandes arquitectos de la época viajaron todo lo que pudieron). La oportunidad de construir mucho, de dar una nueva imagen a todo un país, llevaba aparejada la preocupación de cómo hacerlo, y el único aprendizaje consistía en viajar. Y si se viajaba muy despacio y con los ojos muy abiertos, mucho mejor.

La moto de Molezún por Europa. Me ha pasado la foto mi compañero de twitter Arquitecto cabreao, @Arq_VLC. La moto de Molezún en Soonkooging, Suecia, detalle de la ilustración anterior, perteneciente a «Los viajes des-velados de Ramón Vázquez Molezún», de Marta García Alonso, que he conocido gracias a David García-Asenjo Llana (@dgllana)

La moto de Molezún sabía ya más que cualquier director general. La moto de Molezún respiraba arquitectura hasta por el dibujo de sus neumáticos y por su manillar.

En las tiras de positivos de contacto de Molezún vemos las grandes obras clásicas europeas, pero también las medievales y, sobre todo, las modernas.

Y, por encima de todo, su moto. Su magnífica Lambretta C125 de 1950.

Si vemos el cuadro de la moto, su manillar, su asiento y su soporte para la rueda de repuesto no nos extraña nada que de ese mundo de maravillas elementales salieran los paraguas de Bruselas, y que el motero loco, de los hatos enrollados sobre su moto desenrollara tanta arquitectura y tanta sabiduría. Loor a Molezún. Loor a su moto.

Molezún y la Lambretta C125 en Roma.
(Gracias de nuevo a Arquitecto cabreao, @Arq_VLC)

Los viajes son siempre externos (al mundo) e internos (a uno mismo). Y en aquella época más. Por encima del conocimiento de la arquitectura, la moto de Molezún fue una fuente y una herramienta de conocimiento de sociedades, de países, de civilizaciones, de costumbres, de vida, de gente. Por eso, el arquitecto Molezún, y sobre todo la persona Molezún, lo fueron en gran parte por la Lambretta.

Ilustración de Manuel Suárez Molezún para el artículo de Mogamo (Molezún-Gabino-Molezún)
«Viaje de Estudios a Dinamarca». Tomado del citado artículo de Marta García Alonso.

José Ramón Hernández Correa · Doctor Arquitecto
Toledo · junio 2014

(Dedicado a los tuiteros @dgllana, @ELBahut, @Arq_VLC y @anquela88 por su ayuda)

[:en]

I have been in the exhibition about «Photography and modern architecture in Spain, 1925-1965» of the ICO Foundation inde Madrid and have felt a heap of opposing sensations.

(It is that I am a writer, and the writers we say it of » opposing sensations «, and more things).

Several confused ideas: viejuna that is remaining the modern architecture, it exciting that are these so poor works, the heroic thing that was to conceive them and to construct, it marvellous that are, which there contradict many of them, the false image of modern country that they want to proclaim pathetically, etc.

And, inside all that that, since of custom, overcomes me, I remain with a marvel between so many marvels: I remain with Molezún‘s motorcycle.

Lambretta C125. Made between February, 1950 and November, 1951. 87.500 units.
125 cc. I weigh: 70 kg. Maximum speed: 60-70 Km/h. I consume: 2 l/100 km.

The brilliant and ludicrous architect was mounted in a Lambretta and Europe was crossed. It is necessary to have value.

Today all that is very easy. The world is very small and we have everything to hand. But then, a few years after having finished the Second World war, a subject of a country isolated, submitted to a dictatorship filofascista (previous still to Eisenhower‘s visit and to the shiest consequent opening to the world), it had it really very difficult to go out thereabouts of walk. (Passport, visas, permissions, letters of good conduct and of recommendation, good-conduct certificates …). The thing was really a jest.

For limit, a young and promising architect was not stopping being an exemplary citizen … if he was travelling in plane, it was dressing adequately and was sleeping in good hotels. It was a part of the architect’s status in that epoch.

But what goes. Ramón (not Don Ramón, who would be his) not only was travelling in his motorcycle, but it was taking her crammed with bales, herds, rolls of clothes, shop of campaign, rucksacks, canteens. It was not giving the image of a worthy Spanish architect travelling for study.

Denmark. Ramón Vázquez Molezún’s photography.
(In all his photos the motorcycle, flood of trinkets goes out)

We do not do idea to ourselves of what was Spain for then. A closed country, without scarcely books or magazines of the foreigner, without information, without mass media. An architect who wanted to know something of what was done by the world had to go out and see it with his own eyes. But meanwhile hereabouts they were trying to invent a «Spanish style», slightly very ambiguous and very kitsch, and that of some form was admitting a certain modernity into the architecture providing that it should be connected with a tradition of «the Spanish thing». Where was this tradition? How to coin it?

Lucky, the Hispanic penury of postwar period had been very obliging with the lack of ornament in the architecture and with an almost urgent functionality. For this side we were not going badly.

But on the other hand, to be an architect had very much prestige in that epoch, and if one was flirting or transigía with the regime it had all the ballots to choose a soft easy chair on which to vegetate very comfortably.

It was necessary to be a rare type (and an anus of very badly I agree) the life to be complicated and inconveniences and messes to be looked.

The curiosity of the most talented was, because of it the same, unrestrained. (All the big architects of the epoch travelled quite what they could). The opportunity to construct very much, to give a new image to the whole country, was taking prepared the worry of how to do it, and the only learning was consisting of travelling. And if one was travelling very slow and with the very opened eyes, much better.

Molezún’s motorcycle for Europe. My companion has spent the photo to me of twitter Architect cabreao, @Arq_VLC. Molezún’s motorcycle in Soonkooging, Sweden, detail of the previous illustration, belonging to «Ramón Vázquez Molezún’s wakefull trips», of Marta García Alonso, which I have known thanks to David García-Asenjo Llana (@dgllana)

Molezún’s motorcycle knew already more than any general manager. Molezún’s motorcycle was breathing architecture up to for the drawing of his tires and for his manillar.

In the strips of positives of Molezún’s contact we see the big classic European works, but also the medieval ones and, especially, the modern ones.

And, over everything, his motorcycle. His magnificent Lambretta C125 of 1950.

If we see the picture of the motorcycle, his manillar, his seat and his support for the wheel of supply does not surprise us anything that of this world of elementary marvels the umbrellas of Brussels were going out, and that the mad motero, of the herds coiled on his motorcycle was unrolling so many architecture and so many wisdom. Praise to Molezún. Praise to his motorcycle.

Molezún and the Lambretta C125 in Rome.
(Thank you again to Architect cabreao, @Arq_VLC)

The trips are always day pupils (to the world) and boarders (to one itself). And in that epoch more. Over the knowledge of the architecture, Molezún’s motorcycle was a source and a tool of knowledge of companies, of countries, of civilizations, of customs, of life, of people. Because of it, the architect Molezún, and especially the person Molezún, they it were largely for the Lambretta.

Manuel Suárez Molezún’s illustration for Mogamo’s article (Molezún-Gabino-Molezún)
«Trip of Studies to Denmark». Taken of Marta García Alonso’s mentioned article.

José Ramón Hernández Correa · Doctor Architeco

Toledo · juny 2014

(Dedicated to the tuiteros @dgllana, @ELBahut, @Arq_VLC and @anquela88 for his help.)

[:gl]

Estiven na exposición sobre «Fotografía e arquitectura moderna en España, 1925-1965″ da Fundación ICO de Madrid e sentín un montón de sensacións encontradas.

(É que son escritor, e os escritores dicimos iso de «sensacións encontradas», e máis cousas).

Varias ideas confusas: O viejuna que se está a quedar a arquitectura moderna, o emocionantes que son estas obras tan pobres, o heroico que foi concibilas e construílas, o estupendas que son, o que se contradín moitas delas, a falsa imaxe de país moderno que queren proclamar pateticamente, etcétera.

E, dentro de todo isto que, como de costume, me supera, quedo cunha marabilla entre tantas marabillas: Quedo coa moto de Molezún.

Lambretta C125. Fabricada entre xsneiro de 1950 e novembro de 1951. 87.500 unidades.
125 cc. Peso: 70 Kg. Velocidade máxima: 60-70 Km/h. Consumo: 2 l/100 Km.

O xenial e disparatado arquitecto montouse nunha Lambretta e percorreuse Europa. Fai falta valor.

Hoxe todo iso é moi doado. O mundo é moi pequeno e témolo todo a man. Pero entón, poucos anos despois de rematar a  Segunda Guerra Mundial, un súbdito dun país illado, sometido a unha ditadura filofascista (anterior aínda á visita de Eisenhower e á conseguinte apertura timidísima ao mundo), tíñao realmente moi difícil para saír por aí de paseo. (Pasaporte, visados, permisos, cartas de boa conduta e de recomendación, certificados de penais…). A cousa era verdadeiramente chunga.

Para colmo, un arquitecto novo e prometedor non deixaba de ser un cidadán exemplar… se viaxaba en avión, vestía axeitadamente e durmía en bos hoteis. Iso era parte do status de arquitecto naquela época.

Pero que vai. Ramón (non Don Ramón, que sería o seu) non só viaxaba na súa motocicleta, senón que a levaba abarrotada de fardos, hatos, rolos de roupa, tenda de campaña, mochilas, cantimploras. Non daba a imaxe dun digno arquitecto español viaxando por estudo.

Dinamarca. Fotografía de Ramón Vázquez Molezún.
(En tódalas súass fotos sae a moto, chea de cachivaches)

Non nos facemos idea do que era España por entón. Un país pechado, sen apenas libros nin revistas do estranxeiro, sen información, sen medios de comunicación. Un arquitecto que quixese saber algo do que se estaba a facer polo mundo tiña que saír e velo cos seus propios ollos. Pero mentres tanto por aquí estaban a intentar inventar un «estilo español», algo moi ambiguo e moi kitsch, e que dalgunha forma admitía certa modernidade na arquitectura sempre que entroncara cunha tradición de «o español». ¿Onde estaba esa tradición? ¿Como acuñala?

Afortunadamente, a penuria hispana de posguerra fora moi condescendente coa falta de ornamento na arquitectura e cunha funcionalidade case perentoria. Por ese lado non iamos mal.

Pero por outra parte, ser arquitecto tiña moito prestixio por aquela época, e se un coqueteaba ou transixía co réxime tiña todas as papeletas para elixir unha amolecida poltrona sobre a que vegetar moi comodamente.

Había que ser un tipo raro (e un cu de moi mal asento) para complicarse a vida e buscarse incomodidades e leas.

A curiosidade dos máis talentosos era, por iso mesmo, irrefreable. (Todos os grandes arquitectos da época viaxaron todo o que puideron). A oportunidade de construír moito, de dar unha nova imaxe a todo un país, levaba aparellada a preocupación de como facelo, e a única aprendizaxe consistía en viaxar. E se se viaxaba moi devagar e cos ollos moi abertos, moito mellor.

A moto de Molezún por Europa. Pasoume a foto o meu compañeiro de twitter Arquitecto cabreao, @Arq_VLC. A moto de Molezún en Soonkooging, Suecia, detalle da ilustración anterior, pertencente a «As viaxes deas-velados de Ramón Vázquez Molezún», de Marta García Alonso, que coñecín grazas a David García-Asenjo Llana (@dgllana)

A moto de Molezún sabía xa máis que calquera director xeral. A moto de Molezún respiraba arquitectura ata polo debuxo dos seus pneumáticos e polo seu guiador.

Nas tiras de positivos de contacto de Molezún vemos as grandes obras clásicas europeas, pero tamén as medievais e, sobre todo, as modernas.

E, por riba de todo, a súa moto. A súa magnífica Lambretta C125 de 1950.

Se vemos o cadro da moto, o seu guiador, o seu asento e o seu soporte para a roda de reposto non nos estraña nada que dese mundo de marabillas elementais saísen os paraugas de Bruxelas, e que o moteiro tolo, dos hatos enrolados sobre a súa moto desenrolase tanta arquitectura e tanta sabedoría. Loor a Molezún. Loor á súa moto.

Molezún e a Lambretta C125 en Roma.
(Grazas de novo a Arquitecto cabreao, @Arq_VLC)

As viaxes son sempre externas (ao mundo) e internos (a un mesmo). E naquela época máis. Por enriba do coñecemento da arquitectura, a moto de Molezún foi unha fonte e unha ferramenta de coñecemento de sociedades, de países, de civilizacións, de costumes, de vida, de xente. Por iso, o arquitecto Molezún, e sobre todo a persoa Molezún, fórono en gran parte pola Lambretta.

Ilustración de Manuel Suárez Molezún para el artículo de Mogamo (Molezún-Gabino-Molezún)
«Viaje de Estudios a Dinamarca». Tomado del citado artículo de Marta García Alonso.

José Ramón Hernández Correa · Doutor Arquitecto

Toledo · xuño 2014

(Dedicado os tuiteros @dgllana, @ELBahut, @Arq_VLC y @anquela88 pola súa axuda.)

[:]

José Ramón Hernández Correa
José Ramón Hernández Correahttp://arquitectamoslocos.blogspot.com.es/
Nací en 1960. Arquitecto por la ETSAM, 1985. Doctor Arquitecto por la Universidad Politécnica de Madrid, 1992. Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno. Ahora estoy algo cansado, pero sigo atento y curioso. Arquitecto, bloguero, saxofonero, escritor... pero todo mal.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR
0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
0 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS