
Hay que leer a Borges1
Escribía Roberto Bolaño en su novela 2666 sobre la cobardía del lector al enfrentarse a los grandes clásicos. Decía: “quieren ver a los grandes maestros en sesiones de esgrima de entrenamiento, pero no quieren saber nada de los combates de verdad, en donde los grandes maestros luchan contra aquello, ese aquello que nos atemoriza a todos, ese aquello que acoquina y encacha, y hay sangre y heridas mortales y fetidez.” 2
Quizás guiados por la prisa patológica que invade la contemporaneidad, cada vez más breve, el panorama artístico en general, y por ende el arquitectónico, se han visto contagiados de esa cobardía que aventuraba el chileno. Porque la manera en que un adulto se enfrenta a Moby Dick, no difiere de la forma en que diseccionamos cada rincón de Leça de Palmeira o redibujamos cada despiece de Castellvecchio. Ambas dos necesitan de un componente fundamental, tiempo. Y por lo tanto, abstraerse de la velocidad contagiosa que marca el tempo de las tendencias. Hacer un ejercicio de reflexión y aprehensión que nos permita apreciar el valor de esas heridas y cicatrices que definen el rostro de quien forma parte de la historia. De quien tomó parte en los grandes combates.
Y así, como los escritores, los arquitectos hemos de formarnos no sólo a través de la enseñanza frontal, sino a través de la lectura. Lectura que en nuestro caso se produce a través del dibujo, de la fotografía, de la aprehensión, del viaje, de la copia e imitación, de perder el miedo a incorporar aquello que se nos ha dejado en herencia. Ha de potenciarse, desde las escuelas, el conocimiento de la historia como una herramienta activa y no como una disciplina ajena al proceso de gestación de un proyecto, hacer comprender que no solo lo actual es contemporáneo. Perder el miedo subirse a hombros de aquellos gigantes que nos permiten ver más lejos de los que hablaba Bernardo de Chartres.
Como bien dijo Jorge Meijide en un artículo anterior3, “los arquitectos, como los escritores, jugamos a componer nuestras respectivas obras con elementos heredados”, y que mejor herencia que el legado de los grandes maestros en sus obras más potentes, el camino recorrido desde las primeras lecturas y bocetos que derivan en los últimos detalles que hacen de cada una de las partes del proyecto, una tesis doctoral. Los elementos heredados de las grandes obras necesitan aún de más trabajo de desgrane y compresión para poder ser útiles a la hora de elaborar un proyecto que los mimbres prestados por obras de menor empaque intelectual. Es por ello que su adhesión a nuestra retahíla de recursos ante las oportunidades que nos ofrece cada uno de los problemas que surgen en cualquier producción artística, aporta una satisfacción digna del esfuerzo acometido.
Porque como decía Bolaño, hay un aquello que nos atemoriza a todos. Hay problemas, preguntas y temores comunes, que a lo largo de la historia han ido encontrando diferentes soluciones, nunca definitivas ni excluyentes, que nos permiten ir formando nuestras propias respuestas en las primeras etapas de formación, para después desarrollar y poner en práctica. Es una labor que hay que acometer con frescura y pausa, con hambre de conocimiento y tiempo para asimilarlo. Porque no es casualidad que los artistas del siglo XX realizasen sus grandes viajes antes de la treintena.
Enfrentándonos al descubrimiento de las grandes obras que la historia nos ha ido dejando en préstamo, será como formemos una amalgama de conocimiento idónea para que al realizar un corte intelectual, encontremos las herramientas suficientes para traducirse en arquitectura, literatura, cine o cual sea el lenguaje que prefiramos. Así es como los autores de Bolaño consiguieron ganar las grandes batallas.
Porque tampoco es casualidad que los grandes viajes recorriesen Italia en busca de la tierra en la que el Gatopardo encontró el agua y la soledad4 necesaria para que todo cambiase, y a su vez, siguiese como siempre.
jorge rodríguez seoane
palermo. octubre de 2012
Notas:
[1] Entiéndase, además de como recomendación, como guiño al genial “Consejos sobre el arte de escribir cuentos” geniales mandamientos escritos por Roberto Bolaño para su columna Entre paréntesis del Diari de Girona. Todas ellas recogidas en el libro homónimo.
Bolaño, R: Entre Paréntesis. Barcelona, Ed. Anagrama. 2004
[2] Bolaño, R: 2666.Barcelona, Ed. Anagrama.2004
[3] Fragmento de “El Gatopardo lee a Stevenson” artículo escrito por el arquitecto Jorge Meijide para esta misma página web en Junio de 2012.
[4] “Dos cosas son necesarias en cualquier paraje donde nos propongamos pasar la vida: soledad y agua.” Extracto de: Stevenson, R.L: La casa ideal y otros textos. Madrid, Ed. Hiperión. 1998
[5] Bolaño, R: Los detectives salvajes. Barcelona, Ed. Anagrama. 1998

It is necessary to read Borges1
Roberto Bolaño was writing in his novel 2666 on the cowardice of the reader on having faced the big classic ones. He was saying: «they want to see the big teachers in meetings of fencing of training, but they do not want to know anything of the combats indeed, where the big teachers fight against that one, this that one that frightens his all, this that one that acoquina and encacha, and there is blood and mortal wounds and fetidity.» 2
Probably guided by the pathological hurry that invades the contemporaneousness, increasingly brief, the artistic panorama in general, and for ende the architectural one, they have met infected of this cowardice that the Chilean was venturing. Because the way in which an adult faces Moby Dick, does not differ from the form in that diseccionamos every Leça de Palmeira’s corner or we re-draw every Castellvecchio‘s break-down. Both two need from a fundamental component, time. And therefore, to be abstracted of the contagious speed that marks the tempo of the trends. To do an exercise of reflection and apprehension that allows us to estimate the value of these wounds and scars that define the face of whom it forms a part of the history. Of whom it took part in the big combats.
And this way, like the writers, the architects we have to be formed not only across the frontal education, but across the reading. Reading that in our case takes place across the drawing, of the photography, the apprehension, of the trip, the copy and imitation, of losing the fear of incorporating that one that has left us in inheritance. The knowledge of the history has to be promoted, from the schools, as an active tool and not as a discipline foreign to the process of gestation of a project, to make understand that not only the current thing is contemporary. To lose the fear to be raised to shoulders of those giants that they allow us to see beyond about that Bernardo de Chartres was speaking.
As good Jorge Meijide said in a previous article3, “the architects, as the writers, we play at composing our respective works with inherited elements”, and that better inheritance that the legacy of the big teachers in his more powerful works, the way crossed from the first readings and sketches that derive in the last details that they do of each of the parts of the project, a doctoral thesis. The elements inherited from the big works need still from more work of shelling and compression to be able to be useful at the moment of a project to elaborate that the wickers given by minor’s works intellectual packing. It is for it that his adhesion to our retahíla of resources before the opportunities that there offers us each of the problems that arise in any artistic production, contributes a worthy satisfaction of the attacked effort.
Because as Bolaño was saying, there is a that one that frightens his all. There are problems, questions and common dreads, which along the history they have never been finding different solutions, definitive or exclusive, that allow us to be forming our own answers in the first stages of formation, later to develop and to put into practice. It is a labor that it is necessary to attack saucily and to pause, with hunger of knowledge and time to assimilate it. Because it is not a chance that the artists of the 20th century realized his big trips before the treintena.
Facing the discovery of the big works that the history has been leaving us in lending, it will be since let’s form a suitable amalgam of knowledge in order that on having realized an intellectual cut, we find the sufficient tools to be translated in architecture, literature, cinema or which is the language that prefiramos. This way he is like the authors of Bolaño they managed to gain the big battles.
Because it is not a chance either that the big trips were crossing Italy in search of the land in which the Gatopardo the water and the loneliness found4 necessary in order that everything was changing, and in turn, it was continuing like always.
jorge rodríguez seoane
palermo. october, 2012
Notes:
[1] Understand itself, besides since recommendation, since I wink the brilliant one “Consejos sobre el arte de escribir cuentos” brilliant orders written by Roberto Bolaño for his column In brackets of the Diari of Girona. All of them gathered in the homonymous book.
Bolaño, R: Entre Paréntesis. Barcelona, Ed. Anagrama. 2004
[2] Bolaño, R: 2666.Barcelona, Ed. Anagrama.2004
[3] Fragment of “El Gatopardo lee a Stevenson” article written by the architect Jorge Meijide for the same web page in June, 2012.
[4] “Dos cosas son necesarias en cualquier paraje donde nos propongamos pasar la vida: soledad y agua.” Summarize of: Stevenson, R.L: La casa ideal y otros textos. Madrid, Ed. Hiperión. 1998
[5] Bolaño, R: Los detectives salvajes. Barcelona, Ed. Anagrama. 1998

Hai que ler a Borges1
Escribía Roberto Bolaño na súa novela 2666 sobre a cobardía do lector ao enfrontarse aos grandes clásicos. Dicía: “queren ver aos grandes mestres en sesións de esgrima de adestramento, pero non queren saber nada dos combates de verdade, onde os grandes mestres loitan contra aquilo, ese aquilo que nos atemoriza a todos, ese aquilo que apouca e encacha, e hai sangue e feridas mortais e fetidez.” 2
Quizais guiados pola presa patolóxica que invade a contemporaneidade, cada vez máis breve, o panorama artístico en xeral, e polo tanto o arquitectónico, víronse contaxiados desa cobardía que aventuraba o chileno. Porque o xeito en que un adulto enfróntase a Moby Dick, non difiere da forma en que diseccionamos cada recuncho de Leça de Palmeira ou redibujamos cada despiece de Castellvecchio. Ambas dúas necesitan dun compoñente fundamental, tempo. E polo tanto, abstraerse da velocidade contagiosa que marca o tempo das tendencias. Facer un exercicio de reflexión e aprehensión que nos permita apreciar o valor desas feridas e cicatrices que definen o rostro de quen forma parte da historia. De quen tomou parte nos grandes combates.
E así, como os escritores, os arquitectos habemos de formarnos non só a través do ensino frontal, senón a través da lectura. Lectura que no noso caso prodúcese a través do debuxo, da fotografía, da aprehensión, da viaxe, da copia e imitación, de perder o medo a incorporar aquilo que se nos deixou en herdanza. Ha de potenciarse, desde as escolas, o coñecemento da historia como unha ferramenta activa e non como unha disciplina allea ao proceso de gestación dun proxecto, facer comprender que non só o actual é contemporáneo. Perder o medo subirse aos ombreiros daqueles xigantes que nos permiten ver máis lonxe dos que falaba Bernardo de Chartres.
Como ben dixo Jorge Meijide nun artigo anterior3, “os arquitectos, como os escritores, xogamos a compoñer as nosas respectivas obras con elementos herdados”, e que mellor herdanza que o legado dos grandes mestres nas súas obras máis potentes, o camiño percorrido desde as primeiras lecturas e bocetos que derivan nos últimos detalles que fan de cada unha das partes do proxecto, unha tese doctoral. Os elementos herdados das grandes obras necesitan aínda de máis traballo de desgrane e compresión para poder ser útiles á hora de elaborar un proxecto que os mimbres prestados por obras de menor empaquetado intelectual. É por iso que a súa adhesión á nosa retahíla de recursos ante as oportunidades que nos ofrece cada un dos problemas que xorden en calquera produción artística, aporta unha satisfacción digna do esforzo acometido.
Como bien dijo Jorge Meijide en un artículo anterior3, “los arquitectos, como los escritores, jugamos a componer nuestras respectivas obras con elementos heredados”, y que mejor herencia que el legado de los grandes maestros en sus obras más potentes, el camino recorrido desde las primeras lecturas y bocetos que derivan en los últimos detalles que hacen de cada una de las partes del proyecto, una tesis doctoral. Los elementos heredados de las grandes obras necesitan aún de más trabajo de desgrane y compresión para poder ser útiles a la hora de elaborar un proyecto que los mimbres prestados por obras de menor empaque intelectual. Es por ello que su adhesión a nuestra retahíla de recursos ante las oportunidades que nos ofrece cada uno de los problemas que surgen en cualquier producción artística, aporta una satisfacción digna del esfuerzo acometido.
Porque como dicía Bolaño, hai un aquilo que nos atemoriza a todos. Hai problemas, preguntas e temores comúns, que ao longo da historia han ir atopando diferentes solucións, nunca definitivas nin excluíntes, que nos permiten ir formando nosas propias respostas nas primeiras etapas de formación, para despois desenvolver e poñer en práctica. É un labor que hai que acometer con frescura e pausa, con fame de coñecemento e tempo para asimilalo. Porque non é casualidade que os artistas do século XX realizasen as súas grandes viaxes antes da treintena.
Enfrontándonos ao descubrimento das grandes obras que a historia nos ha ir deixando en préstamo, será como formemos unha amalgama de coñecemento idónea para que ao realizar un corte intelectual, atopemos as ferramentas suficientes para traducirse en arquitectura, literatura, cine ou cal sexa a linguaxe que prefiramos. Así é como os autores de Bolaño conseguiron gañar as grandes batallas.
Porque tampouco é casualidade que as grandes viaxes percorresen Italia en busca da terra na que o Gatopardo atopou a auga e a soidade4 necesaria para que todo cambiase, e á súa vez, seguise como sempre.
Porque tampoco es casualidad que los grandes viajes recorriesen Italia en busca de la tierra en la que el Gatopardo encontró el agua y la soledad necesaria para que todo cambiase, y a su vez, siguiese como siempre.
jorge rodríguez seoane
palermo. outubro de 2012
Notas:
[1] Enténdase, ademais de como recomendación, como guiño ao xenial “Consellos sobre a arte de escribir contos” xeniais mandamientos escritos por Roberto Bolaño para a súa columna Entre paréntesis do Diari de Girona. Todas elas recolleitas no libro homónimo.
Bolaño, R: Entre Paréntesis. Barcelona, Ed. Anagrama. 2004
[2] Bolaño, R: 2666.Barcelona, Ed. Anagrama.2004
[3] Fragmento de “O Gatopardo le a Stevenson” artigo escrito polo arquitecto Jorge Meijide para esta mesma páxina web en xuño de 2012.
[4] “Dúas cousas son necesarias en calquera paraje onde nos propoñamos pasar a vida: soidade e auga.” Extracto de: Stevenson, R.L: A casa ideal e outros textos. Madrid, Ed. Hiperión. 1998
[5] Bolaño, R: Os detectives salvaxes. Barcelona, Ed. Anagrama. 1998





Los pantalones de Borges | jotdown
Osvaldo Ferrari estaba sentado frente a Borges,
como otras veces, en un café tranquilo de Buenos Aires. Conversaban. De
pronto, el periodista hace referencia a Nueva Inglaterra y los buenos
poetas que ha dado esa región. Cita a Robert Lowell, dos veces premio Pulitzer, que en Life Studies
había proclamado “Yo mismo soy el infierno”, y no se equivocaba. “Sí,
por supuesto, yo lo conocí”, afirma Borges, sin demasiadas ganas de
afirmar. “¿A Robert Lowell?”, pregunta Osvaldo, intrigado. “Sí, cuando
estuvo aquí, en Buenos Aires. Caramba, no sé si… quizá sea indiscreto
decir que estaba pontificando en una reunión, y vinieron a buscarlo de
parte de la embajada de los Estados Unidos, y lo llevaron al manicomio.
Cosa muy triste estar así, pontificando, sintiéndose muy seguro, y luego
aparecen dos personas, silenciosas pero irresistibles… y se lo llevan.
Sí, bueno, pero olvidemos eso. [Años después] Yo estuve con él en
Inglaterra, y él había sin duda olvidado ese episodio, y yo también lo
olvidé. Por lo menos mientras estuvimos juntos”.
[…]
Juan Tallón
http://goo.gl/gUk9ex