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[:es]Populismo (III) Portela dixit | Óscar Tenreiro Degwitz[:gl]Populismo (III) Portela dixit | Óscar Tenreiro Degwitz[:en]Populism (III) Portela dixit | Óscar Tenreiro Degwitz[:]

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La colaboración de Portela con populistas exitosos del star-system como Arata Isozaki y Ricardo Bofill (aquí el Palacio de Congresos de la Coruña, con Bofill), explicaría parcialmente su simpatía con nuestro populismo de signo contrario | oscartenreiro.com
La colaboración de Portela con populistas exitosos del star-system como Arata Isozaki y Ricardo Bofill (aquí el Palacio de Congresos de la Coruña, con Bofill), explicaría parcialmente su simpatía con nuestro populismo de signo contrario | © Gentileza de ricardobofill.com | Fuente: epdlp.com

La Misión Vivienda es un programa con tantas omisiones e improvisaciones como las enormes inversiones que ha demandado. Se concibió y se administra en secreto, entre allegados políticos y profesionales sujetos a confidencialidad, y progresa con la irracionalidad económica, jurídica y profesional que se ha hecho característica del petroestado venezolano. No existen publicaciones informativas completas sobre sus premisas arquitectónicas, urbanas y económicas. Solo ahora se hace una exposición de Museo, muy general, que no cambia su carácter de caja negra. Nació con fines electorales (déficit gigante producto de más de una década de ineficacia) y en las pasadas elecciones se llegó al delito de extorsionar a sus beneficiarios para capturar su voto.

Un panorama así exigiría prudencia a quien se le pida un juicio sobre él. Y si se es extranjero y la información disponible es la que entregan los jerarcas del Régimen, más razón habría para la contención y la medida.

Eso es todo lo contrario de lo que ha hecho el arquitecto gallego, premiado y elogiado, César Portela1 al visitar hace poco el país como invitado oficial: declaró a un diario de provincias (Correo del Orinoco) calificando a la Misión como una empresa extraordinaria y un modelo a seguir por todos los países de la tierra.

Es una actitud que nos enfrenta a una cara del populismo que rocé en mis dos escritos anteriores: cuando éste se convierte en parte de una ideología. Y además, cuando los temas de la disciplina se filtran con los valores populistas, asunto muy común en la crítica marxista de arquitectura de fines de los sesenta.

Pero el tiempo ha pasado y ese modo de argumentar entró en desuso. Hoy, si un arquitecto habla sobre un proyecto para una audiencia que respeta y valora, no se apoyaría sólo en sus simpatías con los móviles éticos de los promotores o diciendo que resuelve necesidades mayoritarias. Evitaría enredarse en moralinas, porque sabe que se le exigirán argumentos disciplinares.

Portela2 tendría que decirnos por ejemplo si piensa que el proceder de la Misión en Caracas, donde construye en terrenos confiscados por toda la ciudad sin conexiones entre sí y sin mostrar Proyecto Urbano alguno ni localización de servicios, fue la correcta y por qué ese proceder debe ser seguido universalmente. Decirnos si se tomó en cuenta el papel instrumental de la construcción de vivienda en la calidad de vida urbana. Si la experiencia constructiva con empresas extranjeras dejará nuevos conocimientos. Si la organización de las unidades manejó bien la ventilación natural, la insonorización entre unidades, la distribución de los ambientes según patrones de uso locales. Si se tomó en cuenta la orientación respecto al sol, fundamental en los trópicos (tema central de Villanueva, a quien Portela dice admirar). Si hay espacios de recreo o juego para el muy alto número de niños. Si se pensó que el mejoramiento económico de la familia requeriría en el futuro un porcentaje de estacionamientos para vehículos particulares. Y en el caso de los conjuntos que se construyen en la zona del Tuy, cerca de Caracas, que nos dijera en qué son dignos de ser imitados: si es a causa de la calidad de las viviendas, del buen nivel de los servicios comunales o de la forma inteligente como se ensamblan para conformar sistemas urbanos novedosos. Todas estas cosas, si Portela las señalara y defendiera, serían argumentos a considerar como soporte de su entusiasmo. Hoy, juicios hiperbólicos como los que emitió aquí, si los emitiera en un contexto que respeta, los apoyaría en razonamientos, no en el deseo de halagar a su anfitrión.

Pero no parece interesarle que sus declaraciones estén respaldadas. Eso se lo exige Europa, no este mundo sudamericano que necesita ser tutelado, dirigido, por gentes como él. Aparentemente le basta que un exótico gobierno latinoamericano, que considera revolucionario y progresista en sintonía con su personal fe política, haga algo de la magnitud y alcance de la Misión para considerarla ejemplo universal.

Es obvio pues que para César Portelael populismo entró en resonancia con sus convicciones marxista-revolucionarias hasta inspirarle un entusiasmo que muy poco tiene que ver con su calidad o prestigio de arquitecto. Se produjo en él lo que mencioné: la inclusión de la mirada populista en sus esquemas ideológicos. Reproduce la misma actitud de Benedetta Tagliabue como jurado de la Bienal de Venecia: así como ella decide enseñarnos conciencia social premiando a unos oportunistas exitosos, Portela nos enseña fidelidad a las necesidades de las mayorías elogiando a la improvisación y arbitrariedad de sus amigos políticos. Ambos actúan en función de su particular lectura de lo que exige el momento: es populismo en cada caso pero de signos contrarios. Se reduce lo más importante a consumo. Y no sólo de la noción capitalista del consumo, sino de toda noción que impone la necesidad de darle a la gente mercancías (en el caso de Portela la ficción revolucionaria) sin que la calidad o el compromiso técnico o profesional tenga importancia.

En la historia de los totalitarismos modernos ha habido muchos casos de este tipo. En contextos democráticos pocos. En democracia, cuando un invitado del gobierno de turno se pronuncia en público, mide sus palabras porque sabe que se le exigirán razones. Este no ha sido el caso, lo cual deja en evidencia el carácter de lo que ocurre en Venezuela. Portelaactuó, pura y simplemente, como un invitado especial de la Nomenklatura. Y como tal se comporta. Desdeña, encubierto por el Poder, explicarse con los profesionales venezolanos.

Bien por él y quienes lo invitaron. Mal para su imagen de arquitecto.

Óscar Tenreiro Degwitz, Arquitecto.
Venezuela, noviembre 2012,
Entre lo Cierto y lo Verdadero

Notas:

Conocí a César Portela hace ya muchos años. En 1985 había visto su nombre y algunas fotos de sus casas en una revista alemana sobre arquitectos europeos y me interesó. Poco después cuando un amigo viajó a su natal Galicia por vacaciones le recomendé buscar a Portela para contactarlo, lo hizo, y allí fue naciendo una amistad.

Después vino invitado a Venezuela cuando organizamos, con nuestros propios medios, donaciones y apoyos diversos, el Seminario sobre Arquitectura Española en los noventa, que incluyó a gentes como Rafael Moneo, Jaume Bach y Gabriel Mora, Antonio Cruz, Anton Capitel y Manolo Casas. Portela, a quien por supuesto llamé César por muchos años, se fue haciendo amigo cercano. Promovió mi invitación a un Seminario sobre Arquitectura Institucional que se organizó en los primeros noventa en Santiago de Compostela, que fue una de las mejores experiencias que he tenido en mi vida en ese tipo de eventos. A los días pasados allá le debo un reencuentro que marcó mi vida con la tierra de mis antepasados por parte de mi padre. Pude saber de los Tenreiro de Pontedeume y conocí a un pariente pintor y arquitecto, Antonio Tenreiro Brochon (fallecido en 2003), quien me regaló una acuarela que está muy cerca de donde me siento diariamente a comer. Hasta llegó a llamarme por teléfono una señora que había visto mi nombre en una entrevista periodística, para indagar por un tío que se había ido años atrás con dirección a nuestras tierras.

Y Portela desde entonces volvió a Venezuela varias veces, invitado en dos ocasiones e incluso recibiendo el encargo de un Proyecto, por la Gobernación del Estado Bolívar en tiempos de Andrés Velásquez. En algunas de esas visitas participó en excursiones de trabajo con nuestro grupo de estudiantes hacia el oriente venezolano (Guiria, Macuro) que lo hicieron conocer esa región del país de un modo intenso y gratificante. Siempre que vino posteriormente, y es este un detalle importante porque señala el carácter de nuestra relación, se alojó en mi propia casa.

Tuvo Portela un papel promotor para que Carlos Meijide, entrañable amigo, también arquitecto gallego, muerto en un accidente en 2001, me invitara a dictar clases a fines de 1994 durante un trimestre, en el doctorado de la Escuela de Arquitectura de La Coruña, experiencia en la que también nacieron otras amistades que conservo.

Podría seguir muy largo sobre las distintas incidencias de nuestra relación pero terminaré con una: Karl Heinz Schmitz, profesor en la Escuela de Arquitectura de la Bauhaus Universitätt, me invitó junto a Portela en 2003 a un curso de verano de una semana en el que trabajamos juntos con los estudiantes hasta llegar a dar una charla conjunta (cada uno con sus trabajos) en la cual actué de traductor al inglés de la exposición de mi amigo y colega. De ese curso quedó una sencilla publicación editada por esa universidad con nuestros dos nombres en la portada. Y fue en esa ocasión, en Weimar, la última vez que lo vi, a mediados del 2003.

He relatado todas estas cosas para dar una idea de lo estrecho de mi relación con César Portela, relación en la cual, por lo demás, privó siempre un mutuo respeto profesional que nos llevó en distintas oportunidades a hablar positivamente, en foros o a través de textos de lo que cada quien había hecho o intentaba hacer. Fue una relación que me enriqueció, de eso no hay duda alguna.

Pero hubo una vez un invento revolucionario petrolero y caudillista dirigido por un encantador de multitudes ambicioso de Poder que arropó y puso a su servicio las instituciones venezolanas. Y su ambición lo ocupó todo. Inventó una revolución pagada en muchos dólares que revive, una vez más en la historia, el deseo de salvar a la gente a base de proclamas y enfebrecidas declaraciones inspiradas en los lugares comunes de la izquierda internacional. Y ese invento creó niveles de Poder. Y esos niveles de Poder cayeron en manos de amigos cercanos que por decisión propia devinieron en serviciales y bien dispuestos ejecutores de las decisiones del Caudillo. Amigos convencidos de las virtudes de una revolución sacada de una chistera bien financiada, gentes dignas de todo respeto que cayeron fulminadas en su personal camino hacia Damasco. Y se convirtieron. Su vida cambió. La llamada fue a formar filas, no importa si en ello se pierden cosas importantes como la amistad. Es una vida nueva la del convertido, se distancia de todo lo anterior, lo desecha y se abre a nuevos valores y relaciones que pueden ir en contra de lo que siempre creyeron.

Sabía que Portela era un marxista que simpatizaba con las causas difíciles y que no veía mal, por ejemplo, a la Revolución Cubana, asunto por cierto, en el cual diferíamos. Pero para mí era una persona de convicciones democráticas que, precisamente por creer en el juego de partidos, se acercaba al Bloque Nacionalista Gallego, partido de izquierdas actuante en Galicia. Y como nunca he sido un conservador, nuestra relación era de personas con una posición política cercana, no igual pero sí próxima. Su apertura a la experiencia venezolana, claramente democrática, como fue la de la Causa R, la cual llevó al Poder Regional a Andrés Velásquez y abrió un espacio importante de actuación a la arquitectura de la ciudad, me hacía pensar que estábamos en posiciones afines, una sensación confortable que privó a lo largo de los años.

Pero no estaba en mí presentir lo que iba a sucederle en relación al nuevo contexto venezolano. Lo que venía ocurriendo aquí parecía ofrecerle un espacio para actitudes y puntos de vista que estaban ocultos o semidormidos en su espíritu. O que yo no tuve la agudeza de percibirlos. Y resolvió hacer militancia a favor de su personal visión de lo que nos conviene (¿?) a los de este lado del Atlántico.

Ya se habían marcado distancias insalvables con algunos compañeros de ruta de los tiempos universitarios y profesionales. Y supongo que a César, ahora para mí Portela a secas (tan directamente me afecta que alguien acompañe la locura a la que ha sido sometido mi país), también lo fulminó, cuando ya el drama venezolano había avanzado, o la claridad que para algunos emana de las ejecutorias del Gran Conductor y sus aliados cercanos, o el hecho de que entre esos aliados hubiera ascendido a las alturas un colega muy cercano, gallego por añadidura.

Y reitero que es en este delicado espacio, en el de los relaciones personales que parecían fundadas en un terreno ético bien asimilado, donde más me ha afectado la situación venezolana. No pude imaginar que el magnetismo del Poder tuviera tantas ramificaciones que se infiltran en las rendijas de ese escudo tutelar de las relaciones humanas que es la amistad. Las sorpresas han sido tan grandes y definitivas que me he visto obligado a buscar símiles que lo expliquen. Uno de ellos, que puede suscitar sonrisas, es el del divorcio, experiencia que también ha sido mía. Una de las más definitivas expresiones de vinculación personal como es la de engendrar hijos, sufre un golpe durísimo en la separación definitiva de los padres. Pero también los deseos que se compartían, los objetivos, afinidades, esperanzas, flaquezas, parece que se desdibujan ante la presencia de la voluntad de separación, voluntad que con frecuencia está impulsada por el nacimiento de otro vínculo que con su fuerza oculta al anterior, lo reduce a inexistente llevándolo al olvido, un olvido psíquico.

Que eso ocurre con la amistad y de un modo igualmente definitivo, tajante, es lo que he aprendido.

Cuando veo que César Portela habla en los términos en los que lo ha hecho sobre las experiencias de construcción del Régimen tropical con el que simpatiza, se renueva en mí ese mismo estupor. Me pregunto si es que no se ha dado cuenta, como no se han dado cuenta sus amigos de aquí que ejercen cargos burocráticos como si fuesen pequeños dictadores (pequeños pero administradores discrecionales de enormes cantidades de dinero), que están hablando también para una comunidad de colegas que son sus pares, no sus súbditos. Hablan con una no disimulada arrogancia y dicen cosas, insisto en ello, que jamás se atreverían a decir si no estuvieran investidos de la autoridad que les ha concedido una persona que detenta un Poder de muy dudosa legitimidad por lo absoluto y carente de límites. Y no puedo negar que me indigno, porque al expresarse de esa manera Portela repite lo que criticó con valentía y con toda la razón del mundo en otros, aquí o en su país. Por lo visto no percibe (y eso es lo grave de sustituir la ética personal por la ética del Poder), que está hablando desde la arrogancia, desde la arbitrariedad. Aquí se lo hago notar, en nombre de lo que nos unió en el pasado.

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La colaboración de Portela con populistas exitosos del star-system como Arata Isozaki y Ricardo Bofill (aquí el Palacio de Congresos de la Coruña, con Bofill), explicaría parcialmente su simpatía con nuestro populismo de signo contrario | oscartenreiro.com
A colaboración de Portela con populistas exitosos do star-system como Arata Isozaki e Ricardo Bofill (aquí o Palacio de Congresos da Coruña, con Bofill), explicaría parcialmente a súa simpatía co noso populismo de signo contrario | oscartenreiro.com

A Misión Vivenda é un programa con tantas omisións e improvisacións como os enormes investimentos que demandou. Concibiuse e adminístrase en segredo, entre achegados políticos e profesionais suxeitos a confidencialidade, e progresa coa irracionalidad económica, xurídica e profesional que se fixo característica do petroestado venezolano. Non existen publicacións informativas completas sobre as súas premisas arquitectónicas, urbanas e económicas. Só agora faise unha exposición de Museo, moi xeral, que non cambia o seu carácter de caixa negra. Naceu con fins electorais (déficit xigante produto de máis dunha década de ineficacia) e nas pasadas eleccións chegouse ao delito de extorsionar aos seus beneficiarios para capturar o seu voto.

Un panorama así esixiría prudencia a quen se lle pida un xuízo sobre el. E se se é estranxeiro e a información dispoñible é a que entregan os xerarcas do Réxime, máis razón habería para a contención e a medida.

Iso é todo o contrario do que fixo o arquitecto galego, premiado e eloxiado, César Portela1 ao visitar hai pouco o país como convidado oficial: declarou a un diario de provincias (Correo do Orinoco) cualificando á Misión como unha empresa extraordinaria e un modelo para seguir por todos os países da terra.

É unha actitude que nos enfronta a unha cara do populismo que rocei nos meus dous escritos anteriores: cando este convértese en parte dunha ideoloxía. E ademais, cando os temas da disciplina fíltranse cos valores populistas, asunto moi común na crítica marxista de arquitectura de fins dos sesenta.

Pero o tempo pasou e ese modo de argumentar entrou en desuso. Hoxe, se un arquitecto fala sobre un proxecto para unha audiencia que respecta e valora, non se apoiaría só nas súas simpatías cos móbiles éticos dos promotores ou dicindo que resolve necesidades maioritarias. Evitaría enredarse en moralinas, porque sabe que se lle esixirán argumentos disciplinares.

Portela2 tería que dicirnos por exemplo se pensa que o proceder da Misión3 en Caracas, onde constrúe en terreos confiscados por toda a cidade sen conexións entre si e sen mostrar Proxecto Urbano algún nin localización de servizos, foi a correcta e por que ese proceder debe ser seguido universalmente. Dicirnos se se tomou en conta o papel instrumental da construción de vivenda na calidade de vida urbana. Se a experiencia construtiva con empresas estranxeiras deixará novos coñecementos. Se a organización das unidades manexou ben a ventilación natural, a insonorización entre unidades, a distribución dos ambientes segundo patróns de uso locais. Se se tomou en conta a orientación respecto ao sol, fundamental nos trópicos (tema central de Villanueva, a quen Portela di admirar). Se hai espazos de recreo ou xogo para o moi alto número de nenos. Se se pensou que o mejoramiento económico da familia requiriría no futuro unha porcentaxe de estacionamentos para vehículos particulares. E no caso dos conxuntos que se constrúen na zona do Tui, preto de Caracas, que nos dixese en que son dignos de ser imitados: se é por mor da calidade das vivendas, do bo nivel dos servizos comunais ou da forma intelixente como se ensamblan para conformar sistemas urbanos novos. Todas estas cousas, se Portela sinaláseas e defendese, serían argumentos a considerar como soporte do seu entusiasmo. Hoxe, xuízos hiperbólicos como os que emitiu aquí, se os emitise nun contexto que respecta, apoiaríaos en razoamentos, non no desexo de halagar ao seu anfitrión.

Pero non parece interesarlle que as súas declaracións estean apoiadas. Iso esíxello Europa, non este mundo suramericano que necesita ser tutelado, dirixido, por xentes como el. Aparentemente bástalle que un exótico goberno latinoamericano, que considera revolucionario e progresista en sintonía coa súa persoal fe política, faga algo da magnitude e alcance da Misión para considerala exemplo universal.

É obvio pois que para César Portelao populismo entrou en resonancia coas súas conviccións marxista-revolucionarias ata inspirarlle un entusiasmo que moi pouco ten que ver coa súa calidade ou prestixio de arquitecto. Produciuse nel o que mencionei: a inclusión da mirada populista nos seus esquemas ideolóxicos. Reproduce a mesma actitude de Benedetta Tagliabue como xurado da Bienal de Venecia: así como ela decide ensinarnos conciencia social premiando a uns oportunistas exitosos, Portela ensínanos fidelidade ás necesidades das maiorías eloxiando á improvisación e arbitrariedade dos seus amigos políticos. Ambos actúan en función da súa particular lectura do que esixe o momento: é populismo en cada caso pero de signos contrarios. Redúcese o máis importante a consumo. E non só da noción capitalista do consumo, senón de toda noción que impón a necesidade de darlle á xente mercadorías (no caso de Portela a ficción revolucionaria) sen que a calidade ou o compromiso técnico ou profesional teña importancia.

Na historia dos totalitarismos modernos houbo moitos casos deste tipo. En contextos democráticos poucos. En democracia, cando un invitado do goberno de quenda pronúnciase en público, mide as súas palabras porque sabe que se lle esixirán razóns. Este non foi o caso, o cal deixa en evidencia o carácter do que ocorre en Venezuela. Portelaactuou, pura e simplemente, como un invitado especial da Nomenklatura. E como tal compórtase. Desdeña, encuberto polo Poder, explicarse cos profesionais venezolanos.

En la historia de los totalitarismos modernos ha habido muchos casos de este tipo. En contextos democráticos pocos. En democracia, cuando un invitado del gobierno de turno se pronuncia en público, mide sus palabras porque sabe que se le exigirán razones. Este no ha sido el caso, lo cual deja en evidencia el carácter de lo que ocurre en Venezuela. Portelaactuó, pura y simplemente, como un invitado especial de la Nomenklatura. Y como tal se comporta. Desdeña, encubierto por el Poder, explicarse con los profesionales venezolanos.

Ben por el e quen o convidou. Mal para a súa imaxe de arquitecto.

Óscar Tenreiro Degwitz, Arquitecto.
Venezuela, novembro 2012,
Entre lo Cierto y lo Verdadero

Notas:

Coñecín a César Portela hai xa moitos anos. En 1985 vira o seu nome e algunhas fotos das súas casas nunha revista alemá sobre arquitectos europeos e interesoume. Pouco despois cando un amigo viaxou ao seu natal Galicia por vacacións recomendeille buscar a Portela para contactalo, fíxoo, e alí foi nacendo unha amizade.

Despois veu convidado a Venezuela cando organizamos, cos nosos propios medios, doazóns e apoios diversos, o Seminario sobre Arquitectura Española nos noventa, que incluíu a xentes como Rafael Moneo, Jaume Bach e Gabriel Moura, Antonio Cruz, Anton Capitel e Manolo Casas. Portela, a quen por suposto chamei César por moitos anos, foise facendo amigo próximo. Promoveu a miña invitación a un Seminario sobre Arquitectura Institucional que se organizou no primeiros noventa en Santiago de Compostela, que foi unha das mellores experiencias que tiven na miña vida nese tipo de eventos. Aos días pasados alá débolle un reencontro que marcou a miña vida coa terra dos meus antepasados por parte do meu pai. Puiden saber dos Tenreiro de Pontedeume e coñecín a un parente pintor e arquitecto, Antonio Tenreiro Brochon (falecido en 2003), quen me regalou unha acuarela que está moi preto de onde sinto diariamente a comer. Ata chegou a chamarme por teléfono unha señora que vira o meu nome nunha entrevista xornalística, para indagar por un tío que se había ido anos atrás con dirección ás nosas terras.

E Portela desde entón volveu a Venezuela varias veces, convidado en dúas ocasións e mesmo recibindo o encargo dun Proxecto, pola Gobernación do Estado Bolívar en tempos de Andrés Velásquez. Nalgunhas desas visitas participou en excursións de traballo co noso grupo de estudantes cara ao oriente venezolano (Guiria, Macuro) que o fixeron coñecer esa rexión do país dun modo intenso e gratificante. Sempre que veu posteriormente, e é leste un detalle importante porque sinala o carácter da nosa relación, aloxouse na miña propia casa.

Tivo Portela un papel promotor para que Carlos Meijide, entrañable amigo, tamén arquitecto galego, morto nun accidente en 2001, convidáseme a ditar clases a fins de 1994 durante un trimestre, no doutoramento da Escola de Arquitectura da Coruña, experiencia na que tamén naceron outras amizades que conservo.

Podería seguir moi longo sobre as distintas incidencias da nosa relación pero terminarei cunha: Karl Heinz Schmitz, profesor na Escola de Arquitectura da Bauhaus Universitätt, convidoume xunto a Portela en 2003 a un curso de verán dunha semana no que traballamos xuntos cos estudantes ata chegar a dar unha charla conxunta (cada un cos seus traballos) na cal actuei de tradutor ao inglés da exposición do meu amigo e colega. Dese curso quedou unha sinxela publicación editada por esa universidade cos nosos dous nomes na portada. E foi nesa ocasión, en Weimar, a última vez que o vin, a mediados do 2003.

Relatei todas estas cousas para dar unha idea do estreito da miña relación con César Portela, relación na cal, polo demais, privou sempre un mutuo respecto profesional que nos levou en distintas oportunidades a falar positivamente, en foros ou a través de textos do que cada quen fixera ou tentaba facer. Foi unha relación que me enriqueceu, diso non hai dúbida algunha.

Pero houbo unha vez un invento revolucionario petroleiro e caudillista dirixido por un encantador de multitudes ambicioso de Poder que arroupou e puxo ao seu servizo as institucións venezolanas. E a súa ambición ocupouno todo. Inventou unha revolución paga en moitos dólares que revive, unha vez máis na historia, o desexo de salvar á xente a base de proclamas e enfebrecidas declaracións inspiradas nos lugares comúns da esquerda internacional. E ese invento creou niveis de Poder. E eses niveis de Poder caeron en mans de amigos próximos que por decisión propia deviñeron en serviciales e ben dispostos executores das decisións do Caudillo. Amigos convencidos das virtudes dunha revolución sacada dunha chistera ben financiada, xentes dignas de todo respecto que caeron fulminadas no seu persoal camiño cara a Damasco. E convertéronse. A súa vida cambiou. A chamada foi a formar filas, non importa se niso pérdense cousas importantes como a amizade. É unha vida nova a do convertido, distánciase de todo o anterior, refúgao e ábrese a novos valores e relacións que poden ir en contra do que sempre creron.

Sabía que Portela era un marxista que simpatizaba coas causas difíciles e que non vía mal, por exemplo, á Revolución Cubana, asunto por certo, no cal diferiamos. Pero para min era unha persoa de conviccións democráticas que, precisamente por crer no xogo de partidos, achegábase ao Bloque Nacionalista Galego, partido de esquerdas actuante en Galicia. E como nunca fun un conservador, a nosa relación era de persoas cunha posición política próxima, non igual pero si próxima. A súa apertura á experiencia venezolana, claramente democrática, como foi a da Causa R, a cal levou ao Poder Rexional a Andrés Velásquez e abriu un espazo importante de actuación á arquitectura da cidade, facíame pensar que estabamos en posicións afíns, unha sensación confortable que privou ao longo dos anos.

Pero non estaba en min presentir o que ía sucederlle en relación ao novo contexto venezolano. O que viña ocorrendo aquí parecía ofrecerlle un espazo para actitudes e puntos de vista que estaban ocultos ou semidormidos no seu espírito. Ou que eu non tiven a agudeza de percibilos. E resolveu facer militancia a favor da súa persoal visión do que nos convén (?) aos deste lado do Atlántico.

Xa se marcaron distancias insalvables con algúns compañeiros de ruta dos tempos universitarios e profesionais. E supoño que a César, agora para min Portela a secas (tan directamente aféctame que alguén acompañe a tolemia á que foi sometido o meu país), tamén o fulminó, cando xa o drama venezolano había avanzado, ou a claridade que para algúns emana das ejecutorias do Gran Condutor e os seus aliados próximos, ou o feito de que entre eses aliados ascendese ás alturas un colega moi próximo, galego por riba.

E reitero que é neste delicado espazo, no dos relacións persoais que parecían fundadas nun terreo ético ben asimilado, onde máis me afectou a situación venezolana. Non puiden imaxinar que o magnetismo do Poder tivese tantas ramificacións que se infiltran nas rendijas dese escudo tutelar das relacións humanas que é a amizade. As sorpresas foron tan grandes e definitivas que me vin obrigado a buscar símiles que o expliquen. Un deles, que pode suscitar sorrisos, é o do divorcio, experiencia que tamén foi miña. Unha das máis definitivas expresións de vinculación persoal como é a de procrear fillos, sofre un golpe durísimo na separación definitiva dos pais. Pero tamén os desexos que se compartían, os obxectivos, afinidades, esperanzas, fraquezas, parece que se desdibujan ante a presenza da vontade de separación, vontade que con frecuencia está impulsada polo nacemento doutro vínculo que coa súa forza oculta ao anterior, redúceo a inexistente levándoo ao esquecemento, un esquecemento psíquico.

Que iso ocorre coa amizade e dun modo igualmente definitivo, tallante, é o que aprendín.

Cando vexo que César Portela fala nos termos nos que o fixo sobre as experiencias de construción do Réxime tropical co que simpatiza, renóvase en min ese mesmo estupor. Pregúntome se é que non se deu conta, como non se deron conta os seus amigos deica que exercen cargos burocráticos coma se fosen pequenos ditadores (pequenos pero administradores discrecionales de enormes cantidades de diñeiro), que están a falar tamén para unha comunidade de colegas que son os seus pares, non os seus súbditos. Falan cunha non disimulada arrogancia e din cousas, insisto niso, que xamais se atreverían a dicir se non estivesen investidos da autoridade que lles concedeu unha persoa que detenta un Poder de moi dubidosa lexitimidade polo absoluto e carente de límites. E non podo negar que me indigno, porque ao expresarse desa maneira Portela repite o que criticou con valentía e con toda a razón do mundo noutros, aquí ou no seu país. Polo visto non percibe (e iso é o grave de substituír a ética persoal pola ética do Poder), que está a falar desde a arrogancia, desde a arbitrariedade. Aquí fágollo notar, en nome do que nos uniu no pasado.

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La colaboración de Portela con populistas exitosos del star-system como Arata Isozaki y Ricardo Bofill (aquí el Palacio de Congresos de la Coruña, con Bofill), explicaría parcialmente su simpatía con nuestro populismo de signo contrario | oscartenreiro.com
The collaboration of Carry It with populist successful of the star-system as Arata Isozaki and Ricardo Bofill (here the Conference hall of the Corunna, with Bofill), it would make clear partially his sharm with our populism of opposite sign | oscartenreiro.com

The Mission Housing is a program with so many omissions and improvisations as the enormous investments that it has demanded. It was conceived and he manages the affairs privately, between political and professional relatives subject to confidentiality, and progresses with the economic, juridical and professional irrationality that has done to itself characteristic of the Venezuelan petroestado. There do not exist informative complete publications on his architectural, urban and economic premises. Only now there is done an exhibition of Museum, very general, which does not change his character of black box. It was born with electoral ends (giant deficit product of more than one decade of inefficiency) and in the past choices it came near to the crime of extracting his beneficiaries to capture his vote.

A panorama like that would demand prudence whom a judgment is asked on him. And if one is foreign and the available information is the one that the leaders of the Regime deliver, more reason would have for the containment and the measure.

It is everything opposite of what has made the Galician, winning and praised architect, César Portela1 on having visited makes the country small as official guest: he declared to a diary of provinces (Mail of the Orinoco) qualifying to the Mission as an extraordinary company and a model to continuing for all the countries of the land.

It is an attitude that faces us to a face of the populism that I rubbed in my two previous writings: when this one turns partly of an ideology. And in addition, when the topics of the discipline filter with the populist values, very common matter in the Marxist critique of architecture of ends of the sixties.

But the time has happened and this way of arguing entered disuse. Today, if an architect speaks on a project for a hearing that it respects and values, it would not rest only on his sharm with the ethical mobiles of the promoters or saying that it solves majority needs. He would avoid to get entangled in moralinas, because it knows that arguments will be demanded from him you will discipline.

Portela2 would have to say to us for example if he thinks that come from the Missionin Caracas, where he constructs in areas confiscated by the whole city without connections between yes and without showing Either Urban any Project or location of services, was the correct one and why this to proceed must be continued universally. To say to us if there was born in mind the instrumental paper of the construction of housing in the quality of urban life. If the constructive experience with foreign companies will leave new knowledge. If the organization of the units handled well the natural ventilation, the soundproofing between units, the distribution of the environments according to local bosses of use. If the orientation was born in mind with regard to the Sun, fundamental in the tropics (Villanueva’s central topic, to whom Portela says to admire). If there are spaces of playtime or game for the very high number of children. If there was thought that the economic improvement of the family would need in the future a percentage of parkings for particular vehicles. And in case of the sets that are constructed in the zone of the Tuy, near Caracas, which he was saying to us in what sound worth being imitated: if it is because of the quality of the housings, of the good level of the communal services or of the intelligent form since they are assembled to shape urban new systems. All these things, if Portela was indicating and defending them, they would be arguments to considering as support of his enthusiasm. Today, hyperbolic judgments like that it issued here, if it was issuing them in a context that he respects, it them would rest on reasonings, not on the desire to please his host.

But it does not seem he to be interested in it that his declarations are endorsed. It it demands Europe, not this South American world that needs to be tutelado, directed, for peoples as him. Seemingly it is enough to him that an exotic Latin-American government, which revolutionary and progressive considers in tuning in with his personal political faith, does something of the magnitude and scope of the Mission to consider it to be a universal example.

It is obvious so that for César Portelathe populism entered resonance with his Marxist – revolutionary convictions up to inspiring an enthusiasm that very small it has to see with his quality or architect’s prestige. There took place in him what I mentioned: the incorporation of the populist look in his ideological schemes. It reproduces the same Benedetta Tagliabue’s attitude as juror of the Biennial show of Venice: as well as she decides to teach social conscience to us rewarding a few successful opportunists, Carry It it teaches loyalty to us to the needs of the majorities praising to the improvisation and arbitrariness of his political friends. Both act depending on his particular reading of what demands the moment: it is a populism in every case but of opposite signs. The most important thing diminishes to consumption. And not only of the capitalist notion of the consumption, but of any notion that imposes the need to he be given to the people by goods (in case of Carry the revolutionary fiction) without the quality or the technical or professional commitment has importance.

In the history of the modern totalitarismos there have been many cases of this type. In democratic contexts few ones. In democracy, when a guest of the government of shift declares himself publicly, it measures his words because it knows that reasons will be demanded from him. This one has not been the case, which leaves in evidence the character of what happens in Venezuela. Portelaacted, purely and simply, like a special guest of the Nomenklatura. And as such he behaves. It disdains, concealed as the Power, to explain with the professionals venezolanos.profesional has importance.

Well for him and those who invited it. Badly for his architect’s image.

Óscar Tenreiro Degwitz, Architect.
Venezuela, november 2012,
Entre lo Cierto y lo Verdadero

Notes:

Conocí I knew César Portela It already many years ago. In 1985 it had seen his name and some photos of his houses in a German magazine on European architects and I was interested in it. Little later when a friend travelled to his natal Galicia for vacations I recommended to him to search to Portela to contact it, it did it, and there a friendship was born.

Later wine invited to Venezuela when we organize, with our own means, donations and diverse supports, the Seminar on Spanish Architecture in the nineties, which it included to peoples as Rafael Moneo, Jaume Bach and Gabriel Mora, Antonio Cruz, Anton Capitel and Manolo Casas. Portela, who certainly I was called César many years, was becoming a nearby friend. He promoted my invitation to a Seminar on Institutional Architecture that organized in the first ones ninety in Santiago de Compostela, which was one of the best experiences that I have had in my life in this type of events. To last days there I owe to him a reunion that marked my life with the land of my forbears on the part of my father. I could know of the Tenreiro de Pontedeume and knew a relative painter and architect, Antonio Tenreiro Brochon (deceased in 2003), the one who gave me a water-color that is closely together wherefrom I sit down every day to eating. Even there managed to call me by telephone a lady who had seen my name in a journalistic interview, to investigate for an uncle who had gone away

And Portela since then it returned to Venezuela several times, guest in two occasions and even receiving the order of a Project, for the Government of the State Bolivar in times of Andrés Velazques. In some of these visits it took part in excursions of work with our group of students towards the Venezuelan east (Guiria, Macuro) that made it know this region of the country of an intense and gratifying way. Providing that it came later, and it is this important detail because it indicates the character of our relation, it lodged at my own house.

Portela had a paper promoter in order that Carlos Meijide, intimate friend, also Galician, dead architect in an accident in 2001, was inviting me to dictate classes at the end of 1994 during a quarter, in the doctorate of the School of Architecture of Corunna, experience in which also there was born other friendship that I preserve.

It might be still very long on the different incidents of our relation but I will end with one: Karl Heinz Schmitz, teacher in the School of Architecture of the Bauhaus Universitätt, invited me close to Portela in 2003 to a summer course of one week at which we are employed together with the students up to managing to give a joint chat (each one with his works) in which I operated of translator the English of the exhibition of my friend and colleague. Of this course there stayed a simple publication edited by this university with our two names in the front page. And it was in this occasion, in Weimar, the last time that I it saw, in the middle of 2003.

I have reported all these things to give an idea of the narrow of my relation with César Portela, relation in which, for the rest, it deprived always a mutual professional respect that it led us in different opportunities to speaking positively, in forums or across texts of what every the one who had made or tried to do. It was a relation that it me enriched, of it there is no any doubt.

But there was once a revolutionary petroleum invention and caudillista directed by an ambitious magician of multitudes of Power who covered and put to his service the Venezuelan institutions. And his ambition occupied everything. He invented a revolution paid in many dollars that re-lives, once again in the history, the desire to save the people based on proclamations and feverish declarations inspired by the common places of the international left side. And this invention created levels of Power. And these levels of Power fell down in hands of nearby friends who for own decision developed in obliging and ready well executors of the decisions of the Commander. Friends convinced in the virtues of a revolution extracted of a financed well top hat, worthy peoples of any respect who fell down fulminated in his personal way towards Damascus. And they turned. His life changed. The call went to form rows, it does not matter if in it important things get lost as the friendship. It is a new life that of the turned one, distance of everything previous, rejects it and is opened for new values and relations that can go in opposition to what always they believed.

It knew that Portela was a Marxist who was sympathizing with the difficult reasons and who did not see badly, for example, to the Cuban Revolution, matter certainly, in which we were differing. But for she me was a person of democratic convictions who, precisely for believing in the game of parties, was approaching the Nationalistic Galician Block, left-wing party performer in Galicia. And since I have never been a conservative, our relation belong to persons with a political nearby, not equal position but yes next. His opening to the Venezuelan, clearly democratic experience, since it was that of the Reason R, which took to the Regional Power Andrés Velazques and opened an important space of action for the architecture of the city, was making myself think that we were in related positions, a comfortable sensation that obtained throughout the years.

But it was not in me to sense beforehand what was going to happen to him in relation to the new Venezuelan context. What was coming happening here it seemed to offer him a space for attitudes and points of view that were secret or semislept in his spirit. Or that I did not have the keenness of perceiving them. And it resolved to do militancy in favour of his personal vision of what is convenient for us (?) to those of this side of the Atlantic Ocean.

Already insurmountable distances had been marked by some companions of route of the university and professional times. And I suppose that to Caesar, now for me Portela to droughts (so directly it affects me that someone accompanies the madness to which my country has been submitted), also it fulminated it, when already the Venezuelan drama had advanced, or the clarity that for some comes from the executorships of the Great Driver and his nearby allies, or the fact that between these allies there had ascended to the heights a very nearby, Galician colleague in addition.

And I repeat that it is in this delicate space, in of them personal relations that seemed to be founded on an ethical well assimilated area, where more it has affected the Venezuelan situation. I could not imagine that the magnetism of the Power had so many ramifications that infiltrate into the splits of this tutelary shield of the human relations that is the friendship. The surprises have been so big and definitive that I have met bound to look similar that explain it. One of them, which can provoke smiles, is that of the divorce, experience that also has been mine. One of the most definitive expressions of personal entail since it is her of children generate, suffers a blow durísimo in the definitive separation of the parents. But also the desires that were shared, the aims, affinities, hopes, sluggishnesses, it seems that they get blurred before the presence of the will of separation, will that often is stimulated by the birth of another link that with his force conceals the previous one, reduces it to non-existent taking it to the oblivion, a psychic oblivion.

That it happens with the friendship and in an equally definitive, incisive way, it is what I have learned.

When I see that César Portela speech in the terms in which it has done it on the experiences of construction of the tropical Regime with which it sympathizes, the same stupor is renewed in me. I wonder if it is that it has not realized, since his friends have not realized of here that exercise bureaucratic charges as if they were small dictators (small but discretionary administrators of enormous quantities of money), that are speaking also for a colleagues’ community that they are his couples, not his subjects. They speak with a not disguised arrogance and say things, I insist on it, that they would never dare to say if they were not undressed in the authority that there has granted to them a person who holds a Power of very doubtful legitimacy for the absolute and lacking of limits. And I cannot deny that I get angry, because on having expressed that way Carry It it repeats what it criticized with valor and with the whole reason of the world in others, here or in his country. Apparently it does not perceive (and it is the serious thing of replacing the personal ethics with the ethics of the Power), that is speaking from the arrogance, from the arbitrariness. Here it makes it be obvious, in name of what joined us in the past.

[:]

Óscar Tenreiro Degwitz
Óscar Tenreiro Degwitzhttps://oscartenreiro.com/
Es un arquitecto venezolano, nacido en 1939, Premio Nacional de Arquitectura de su país en 2002-2003, profesor de Diseño Arquitectónico por más de treinta años en la Universidad Central de Venezuela, quien paralelamente con su ejercicio ha mantenido ya por años presencia en la prensa de su país en un esfuerzo de comunicación hacia la gente en general de los puntos de vista del arquitecto acerca de los más diversos temas, entre los cuales figuran los agudos problemas políticos de una sociedad como la venezolana. Tenreiro practica así lo que el llama el “pensamiento desde y hacia la arquitectura”, insistiendo en que lo hace como arquitecto en ejercicio, para escapar de los estereotipos y cautelas propios de la “crítica arquitectónica”. Respecto a la cual no oculta su desconfianza, que explica recurriendo al aforismo de Nietzsche sobre el crítico de arte “que ve el arte desde cerca sin llegar a tocarlo nunca”.
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