InicioartículosBrasilia: ¿Una gran máquina para habitar o una utopía hecha de realidad?...

[:es]Brasilia: ¿Una gran máquina para habitar o una utopía hecha de realidad? [II] | Cristina García-Rosales[:gl]Brasilia: Unha gran máquina para habitar ou unha utopía feita de realidade? [II] | Cristina García-Rosales[:en]Brasilia: A great machine to live or a made Utopia of reality? [II] | Cristina García-Rosales[:]

[:es]https://veredes.es/blog/brasilia-una-gran-maquina-para-habitar-o-una-utopia-hecha-de-realidad-i-cristina-garcia-rosales/

Las ciudades ideales del pasado.

Empecemos haciendo un breve recorrido por el pasado, por distintas ciudades ideales -construidas o no-, para poder comprender mejor el origen y las contradicciones de Brasilia. Vayamos, en primer lugar, a la Grecia Clásica donde ya Platón y Aristóteles, cada uno a su manera, tuvieron su particular concepción de la ciudad ideal. El primero pensaba que el espacio condiciona la vida de las personas que lo habitan mientras que, para el segundo, el espacio es independiente de las actividades que contiene. Sus ciudades utópicas respectivas, pertenecen al territorio del pensamiento y en sus reflexiones se hace patente una intención filosófica más que arquitectónica, al no pretender delinear proyectos edificables. Ambos parten de ciudades creadas más allá de una mera intuición divina, estableciendo que el ciudadano ha de ser la prioridad fundamental del lugar donde va a vivir, trabajar, descansar, relacionarse y participar en la comunidad.

La ciudad platónica  tiene, sobre el papel, una forma comunitaria y  social gracias al uso de los números y de la geometría. Fue diseñada por el filósofo en forma circular. Desde el centro, donde se encuentran el templo y el ágora, nacen radialmente las calles en las que se distribuyen equitativamente las distintas áreas. Esto obliga a que la división del espacio se haga una con el concepto de propiedad, igualmente equitativa según el concepto platónico.

Aristóteles entiende la “polis” como una entidad cultural y no en términos formales. Y al ser humano lo considera como un sujeto social. Lo que al individuo le hace merecedor del título de ciudadano no es tanto el hecho de habitar en un lugar determinado, si no el uso de la palabra cuando participa en la asamblea, y por ende en el gobierno de la ciudad. Esta participación sólo les es permitida a los varones nativos y libres, excluyendo a los esclavos, mujeres y extranjeros. Justifica, tal criticable exclusión, afirmando que las jerarquías sociales son necesarias para el bien común que antepone siempre al bien particular.

Sforzinda es un proyecto de ciudad ideal que nunca llegó a construirse, diseñado por Filarete

En el Renacimiento se vuelven los ojos hacia Platón y los clásicos. Filarete realiza el diseño -no construido pero sí origen de muchas ciudades defensivas posteriores- de la ciudad ideal de Sforzinda, recogida nada menos que en veinticinco volúmenes. Su ciudad imaginaria está diseñada en forma de estrella de ocho puntas e inscrita en un foso exterior circular. El orden y la geometría se oponen al caos y al abigarramiento de las ciudades medievales. Filarete compara  Sforzinda con el cuerpo humano y cree que  debe de funcionar como un organismo comunitario, ajustarse a los deseos y a la felicidad de sus habitantes. Sus edificios deben de cumplir con los tres valores esenciales de Vitrubio: firmeza, belleza y utilidad (firmitas, venustas y utilitas). En el centro  de la ciudad se sitúan la iglesia y el mercado. El intercambio comercial de bienes ha sustituido a la participación asamblearia de los griegos, aunque el poder divino permanece a través de la iglesia.

No podemos dejar de mencionar la ciudad de Amaurota, en la isla de Utopía, del  inglés Tomas Moro. Una ciudad amurallada situada en la ladera de una colina, bañada por dos ríos, con edificios elegantes y limpios en los que cualquiera podría entrar. Todas las viviendas poseen jardines cuidados con esmero, “con tanto esmero que nunca he visto nada semejante en belleza y fertilidad,” escribía Moro. Nada se considera privado, las viviendas se intercambian una vez cada diez años, las clases han sido abolidas así como el poder del dinero, aunque persisten los criados, y las mujeres son las que se encargan de las comidas comunales. Un clásico dentro de las ciudades ideales, ejemplo de bienestar y perfección y, por supuesto, inmersa dentro de las contradicciones de su tiempo.

En la Ilustración existe una gran incertidumbre sobre el camino a seguir. Lo que parece claro es que lo anterior ya no es válido. Nada más explícito del estado de ánimo de esa época, que la exclamación del Hyperion de Hölderlin: «No somos nada. Lo que buscamos lo es todo”. Ledoux junto con Boullé y Piranessi, son los arquitectos visionarios del futuro, anticipándolo en sus ideas y dibujos. Así Ledoux, en su ciudad ideal construida en las Salinas de Chaux, fábrica a su vez de extracción de sal, pretende vincular la fuerza de la naturaleza con el genio creador del individuo, siguiendo las enseñanzas de Rousseau. La ciudad tiene forma semicircular de 370 m. de diámetro, con la casa del director en el centro del conjunto. Esta casa posee un gran frontón en forma de peristilo, imponiéndose así el establecimiento de un orden y de una jerarquía. Alrededor, las casas de los obreros, situadas en el límite que las separa del campo. Y más cercanos aún a la naturaleza, los edificios de uso común, de reunión y de comercio. La idea era compaginar el ocio, el desarrollo de la moral y la división del trabajo. Incluye también las instalaciones técnicas de extracción de sal y una serie de canales que la distribuyen al exterior. Una ciudad que no llegó a terminarse -por el inicio de la Revolución Francesa- cuyo objetivo era que los obreros pudieran trabajar, ser felices y armonizar su vida con el entorno. Siempre controlados, eso sí. En definitiva, Ledoux deseaba una ciudad mejor para una sociedad mejor, aún paternalista y jerárquica. Chaux fue en parte precursora de los falanasterios del  siglo XIX, todavía sin la noción del socialismo utópico, término acuñado por Engels.

Los falanasterios eran comunas rurales diseñadas por el imaginativo Fourier, en las que se trabajaría de forma lúdica y atractiva y las ganancias se compartirían entre todos. Previamente Fourier había realizado una crítica despiadada de la sociedad en la que vivía y, especialmente, de su economía. Lo fundamental de los falanasterios era que cada individuo pudiera trabajar de acuerdo con sus preferencias sin existir un concepto claro de propiedad. Todo estaba regulado, incluso el comportamiento de los ciudadanos, incluyendo las relaciones de familia, el amor y el sexo. Y los planos del conjunto diseñados hasta el último detalle. Todo pensado para una vida para ser vivida con el mayor de los placeres, las mujeres liberadas de sus desigualdades y emancipadas, cuestiones todas ellas muy avanzadas para la época. Sostenía que entre las personas existía una fuerza  de “atracción pasional”, algo así como una fuente de armonía, fuerza capaz de transformar el trabajo de los asalariados en algo agradable. Nunca llegó a construir su comuna o ciudad ideal, siempre a la espera de la financiación de algún filántropo, aunque posteriormente a su fallecimiento, se realizaron algunos modelos que no llegaron a funcionar. Robert Owen, su coetáneo, en cambio sí pudo fundar New Harmony en los Estados Unidos, dirigiendo todo su esfuerzo a la mejora del hábitat (la ciudad modelo en medio de espacios verdes), a la reducción de las horas de trabajo de los obreros y a su educación obligatoria. Un modelo ideal, higiénico, ordenado y formativo a base de pequeñas comunidades semi-rurales relacionadas entre sí.

Nos hemos acercado un poco a algunas de las ciudades ideales más importantes, construidas o no, a lo largo de la historia de la civilización occidental. Existen muchos elementos en común: una planificación ordenada y cercana a la naturaleza, casi siempre siguiendo las reglas de la simetría, el establecimiento de clases sociales, respeto al ciudadano y a su forma de vida así como un deseo de bienestar y de felicidad. Parten de una crítica radical, no siempre explícita, de la sociedad en la que se desenvuelven, de la ciudad en la que habitan y de las prioridades establecidas para el desarrollo de la persona. Preconizan un humanismo entendido casi siempre dentro de la religión y de una escala jerárquica y social.

Cristina García-Rosales. Arquitecta
Madrid. Abril 2012

Brasilia: ¿Una gran máquina para habitar o una utopía hecha de realidad? [III] | Cristina García-Rosales

[:gl]

Brasilia: Unha gran máquina para habitar ou unha utopía feita de realidade? [I] | Cristina García-Rosales

As cidades ideais do pasado.

Empecemos facendo un breve percorrido polo pasado, por distintas cidades ideais -construídas ou non-, para poder comprender mellor a orixe e as contradicións de Brasilia. Vaiamos, en primeiro lugar, á Grecia Clásica onde xa Platón e Aristóteles, cada un ao seu xeito, tiveron a súa particular concepción da cidade ideal. O primeiro pensaba que o espazo condiciona a vida das persoas que o habitan mentres que, para o segundo, o espazo é independente das actividades que contén. As súas cidades utópicas respectivas, pertencen ao territorio do pensamento e nas súas reflexións faise patente unha intención filosófica máis que arquitectónica, ao non pretender delinear proxectos edificables. Ambos parten de cidades creadas máis aló dunha mera intuición divina, establecendo que o cidadán ha de ser a prioridad fundamental do lugar onde vai vivir, traballar, descansar, relacionarse e participar na comunidade.

A cidade platónica ten, sobre o papel, unha forma comunitaria e social grazas ao uso dos números e da geometría. Foi deseñada polo filósofo en forma circular. Desde o centro, onde se atopan o templo e o ágora, nacen radialmente as rúas nas que se distribúen equitativamente as distintas áreas. Isto obriga a que a división do espazo fágase unha co concepto de propiedade, igualmente equitativa segundo o concepto platónico.

Aristóteles entende a “polis” como unha entidade cultural e non en términos formais. E ao ser humano considérao como un suxeito social. O que ao individuo faille merecedor do título de cidadán non é tanto o feito de habitar nun lugar determinado, si non o uso da palabra cando participa na asemblea, e polo tanto no goberno da cidade. Esta participación só lles é permitida aos varóns nativos e libres, excluíndo aos escravos, mulleres e estranxeiros. Xustifica, tal criticable exclusión, afirmando que as xerarquías sociais son necesarias para o ben común que antepon sempre ao ben particular.

Sforzinda é un proxecto de cidade ideal que nunca chegou a construirse, deseñado por Filarete

No Renacimento vólvense os ollos cara a Platón e os clásicos. Filarete realiza o deseño -non construído pero si orixe de moitas cidades defensivas posteriores- da cidade ideal de Sforzinda, recollida nada menos que en vinte e cinco volumes. A súa cidade imaxinaria está deseñada en forma de estrela de oito puntas e inscrita nun foso exterior circular. A orde e a geometría opóñense ao caos e ao abigarramiento das cidades medievais. Filarete compara Sforzinda co corpo humano e cre que debe de funcionar como un organismo comunitario, axustarse aos desexos e á felicidade dos seus habitantes. Os seus edificios deben de cumprir cos tres valores esenciais de Vitrubio: firmeza, beleza e utilidade (firmitas, venustas e utilitas). No centro da cidade sitúanse a igrexa e o mercado. O intercambio comercial de bens substituíu á participación asemblearia dos gregos, aínda que o poder divino permanece a través da igrexa.

Non podemos deixar de mencionar a cidade de Amaurota, na illa de Utopía, do inglés Tomas Moro. Unha cidade amurallada situada na ladera dun outeiro, bañada por dous ríos, con edificios elegantes e limpos nos que calquera podería entrar. Todas as vivendas posúen xardíns coidados con esmero, “con tanto esmero que nunca vin nada semellante en beleza e fertilidad,” escribía Moro. Nada se considera privado, as vivendas intercámbianse unha vez cada dez anos, as clases foron abolidas así como o poder do diñeiro, aínda que persisten os criados, e as mulleres son as que se encargan das comidas comunales. Un clásico dentro das cidades ideais, exemplo de benestar e perfección e, por suposto, inmersa dentro das contradicións do seu tempo.

Na Ilustración existe unha gran incerteza sobre o camiño a seguir. O que parece claro é que o anterior xa non é válido. Nada máis explícito do estado de ánimo desa época, que a exclamación do Hyperion de Hölderlin: «Non somos nada. O que buscamos o é todo”. Ledoux xunto con Boullé e Piranessi, son os arquitectos visionarios do futuro, anticipándoo nas súas ideas e debuxos. Así Ledoux, na súa cidade ideal construída nas Salinas de Chaux, fábrica á súa vez de extracción de sal, pretende vincular a forza da natureza co xenio creador do individuo, seguindo os ensinos de Rousseau. A cidade ten forma semicircular de 370 m. de diámetro, coa casa do director no centro do conxunto. Esta casa posúe un gran frontón en forma de peristilo, impoñéndose así o establecemento dunha orde e dunha xerarquía. Ao redor, as casas dos obreiros, situadas no límite que as separa do campo. E máis próximos aínda á natureza, os edificios de uso común, de reunión e de comercio. A idea era compaxinar o lecer, o desenvolvemento da moral e a división do traballo. Inclúe tamén as instalacións técnicas de extracción de sal e unha serie de canles que a distribúen ao exterior. Unha cidade que non chegou a terminarse -polo inicio da Revolución Francesa- cuxo obxectivo era que os obreiros puidesen traballar, ser felices e harmonizar a súa vida coa contorna. Sempre controlados, iso si. En definitiva, Ledoux desexaba unha cidade mellor para unha sociedade mellor, aínda paternalista e jerárquica. Chaux foi en parte precursora dos falanasterios do século XIX, aínda sen a noción do socialismo utópico, término acuñado por Engels.

Os falanasterios eran comunas rurales deseñadas polo imaginativo Fourier, nas que se traballaría de forma lúdica e atractiva e as ganancias compartiríanse entre todos. Previamente Fourier realizara unha crítica desapiadada da sociedade na que vivía e, especialmente, da súa economía. O fundamental dos falanasterios era que cada individuo puidese traballar de acordo cos seus preferencias sen existir un concepto claro de propiedade. Todo estaba regulado, incluso o comportamento dos cidadáns, incluíndo as relacións de familia, o amor e o sexo. E os planos do conxunto deseñados ata o último detalle. Todo pensado para unha vida para ser vivida co maior dos praceres, as mulleres liberadas das súas desigualdades e emancipadas, cuestións todas elas moi avanzadas para a época. Sostiña que entre as persoas existía unha forza de “atracción pasional”, algo así como unha fonte de harmonía, forza capaz de transformar o traballo dos asalariados en algo agradable. Nunca chegou a construír o seu comuna ou cidade ideal, sempre á espera do financiamento dalgún filántropo, aínda que posteriormente ao seu falecemento, realizáronse algúns modelos que non chegaron a funcionar. Robert Owen, o seu coetáneo, en cambio si puido fundar New Harmony nos Estados Unidos, dirixindo todo o seu esforzo a mellóraa do hábitat (a cidade modelo no medio de espazos verdes), á redución das horas de traballo dos obreiros e á súa educación obligatoria. Un modelo ideal, higiénico, ordenado e formativo a base de pequenas comunidades semi-rurales relacionadas entre si.

Achegámonos/Achegámosnos un pouco a algunhas das cidades ideais máis importantes, construídas ou non, ao longo da historia da civilización occidental. Existen moitos elementos en común: unha planificación ordenada e próxima á natureza, case sempre seguindo as regras da simetría, o establecemento de clases sociais, respecto ao cidadán e á súa forma de vida así como un desexo de benestar e de felicidade. Parten dunha crítica radical, non sempre explícita, da sociedade na que se desenvuelven, da cidade na que habitan e das prioridades establecidas para o desenvolvemento da persoa. Preconizan un humanismo entendido case sempre dentro da relixión e dunha escala jerárquica e social.

 Cristina García-Rosales. Arquitecta

Madrid. Abril 2012

Brasilia: Unha gran máquina para habitar ou unha utopía feita de realidade? [III] | Cristina García-Rosales[:en]

Brasilia: A great machine to live or a made Utopia of reality? [I] | Cristina García-Rosales

The ideal cities of the past.

We start by doing a brief tour for the past, for different ideal cities – constructed or not-, to be able to understand better the origin and the contradictions of Brasilia. Let’s go, first, to the Classic Greece where already Plato and Aristotle, each one to his way, had his particular conception of the ideal city. The first one was thinking that the space determines the life of the persons who live it whereas, for the second one, the space is independent from the activities that it contains. His Utopian respective cities, they belong to the territory of the thought and in his reflections a philosophical intention becomes clear more than architectural, on not having tried to delineate projects edificables. Both depart from cities created beyond a mere divine intuition, establishing that the citizen has to be the fundamental local priority where it is going to live, to work, to rest, to relate and take part in the community.

The platonic city has, on the paper, a community and social form thanks to the use of the numbers and of the geometry. It was designed by the philosopher in circular form. From the center, where the temple and the ágora are, there are born radialmente the streets in which the different areas are distributed equitably. This forces that the division of the space makes to itself one with the concept of property, equally equitable according to the platonic concept.

Aristotle understands the «polis»» as a cultural entity and not in formal terms. And he it considers the human being to be a social subject. What makes the individual deserving of the citizen’s title is not so much the fact of living in a certain place, if not the use of the word when it takes part in the assembly, and for ende in the government of the city. This participation only is allowed to the native and free males, excluding the slaves, women and foreigners. It justifies, such an open to criticism exclusion, affirming that the social hierarchies perform necessary for the common good that prefers always to the particular good.

Sforzinda is a project of ideal city that never managed to be constructed, designed by Filarete

In the Renaissance the eyes turn towards Plato and the classic ones. Filarete realizes the design – not constructed but yes origin of many defensive later cities – of Sforzinda’s ideal city, gathered nothing less than in twenty-five volumes. His imaginary city is designed in the shape of star of eight tops and inscribed in an exterior circular pit. The order and the geometry are opposed to the chaos and to the motley of the medieval cities. Filarete compares Sforzinda with the human body and believes that it must work as a community organism, to adjust to the desires and to the happiness of his inhabitants. His buildings must expire with three Vitrubio’s essential values: firmness, beauty and usefulness (firmitas, venustas and utilitas). In the downtown the church and the market place. The commercial exchange of goods has substituted the participation asamblearia of the Greeks, though the divine power remains across the church.

We cannot stop mentioning Amaurota’s city, in the island of Utopia, of the Englishman Tomas Moro. A walled city placed in the hillside of a hill, bathed by two rivers, with elegant and clean buildings which anyone might enter. All the housings possess elegant gardens neatly, » with so much conscientiousness that I have never seen anything similar in beauty and fertility, » Moor was writing. Nothing is considered to be private, the housings are exchanged once every ten years, the classes have been abolished as well as the power of the money, though the servants persist, and the women are those who take charge of show restraint communal. The classic one inside the ideal cities, example of well-being and perfection and, certainly, immersed inside the contradictions of his time.

In the Illustration a great uncertainty exists on the way to continuing. What seems to be clear is that the previous thing already is not valid. Nothing more explicit of the state of mind of this epoch, that the exclamation of the Hyperion de Hölderlin: » we are not at all. What we look it is quite «. Ledoux together with Boullé and Piranessi, is the visionary architects of the future, anticipating it in his ideas and drawings. Ledoux like that, in his ideal city constructed in Chaux’s Salt mines, factory in turn of extraction of salt, tries to link the force of the nature with the creative genius of the individual, following Rousseau’s educations. The city has semicircular form of 370 m. Of diameter, with the house of the director in the center of the set. This house possesses a great fronton in the shape of peristyle, there being imposed this way the establishment of an order and of a hierarchy. Around, the houses of the workers, placed in the limit that separates them from the field. And more nearby still to the nature, the buildings of common use, of meeting and of trade. The idea was to arrange the leisure, the development of the morality and the division of the work. It includes also the technical facilities of extraction of salt and a series of channels that distribute it on the outside. A city that did not manage to finish – in the beginning of the French Revolution – which aim was that the workers could work, be happy and to harmonize his life with the environment. Always controlled, it yes. Definitively, Ledoux was wishing a better city for a better, still paternalistic and hierarchic company. Chaux was partly precursor of falanasterios of 19th century, still without the notion of the Utopian socialism, term coined by Engels.

The falanasterios were rural communes designed by the imaginative Fourier, at which one would be employed of playful and attractive form and the earnings they would be shared between all. Before Fourier had realized a merciless critique of the company in which it was living and, specially, of his economy. The fundamental thing of the falanasterios was that every individual could work in agreement with his preferences without a clear concept of property exist. Everything was regulated, even the behavior of the citizens, including the relations of family, the love and the sex. And the planes of the set designed up to the last detail. Quite thought for a life to be lived by the major one of the pleasures, the women liberated of his desigualdades and emancipated, question all of them very advanced for the epoch. It was holding that between the persons there existed a force of «passional attraction», something like source of harmony, force capable of transforming the work of the employees into something agreeable. It never managed to construct his commune or ideal city, always to the wait of the financing of any philanthropist, though later to his death, there carried out any models who did not manage to work. Robert Owen, his contemporary, on the other hand yes could found New Harmony in the United States, directing all his effort the improvement of the habitat (the city I shape in the middle of green spaces), the reduction of the working hours of the workers and his obligatory education. An ideal, hygienic, tidy and formative model based on small semi-rural communities related between yes.

We have approached a bit some of the most important ideal, constructed cities or not, along the history of the western civilization. Many elements exist jointly: a planning tidy and near to the nature, almost always following the rules of the symmetry, the establishment of social classes, I respect to the citizen and to his form of life as well as a desire of well-being and of happiness. They depart from a radical critique, not always explicit, from the company in the one that is unrolled, from the city in which they live and of the priorities established for the development of the person. They praise an understood humanism almost always inside the religion and a hierarchic and social scale.

Cristina García-Rosales. Architect

Madrid. april 2012

Brasilia: A great machine to live or a made Utopia of reality? [III] | Cristina García-Rosales

[:]

Cristina García-Rosales
Cristina García-Rosaleshttps://arquiplaneo.wixsite.com/arquiplaneo
Soy arquitecta (1980). Mis proyectos son muy diversos. En 1995 fundo el grupo La Mujer Construye, en el que ocupo la Presidencia. Con LMC he realizado diversas actividades, entre ellas la coordinación de Encuentros en Alcalá y Madrid y la edición de libros y catálogos de las exposiciones. He participado en más de 250 conferencias, debates, seminarios y congresos, tanto nacionales como internacionales y he comisariado y diseñado la exposición "Construir desde el Interior”, 75 obras realizadas por mujeres. Estoy escribiendo mi tesis doctoral "Aino Marsio Aalto, arquitecta finlandesa".
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR

2 COMENTARIOS

0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
2 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS