[:es]https://veredes.es/blog/brasilia-una-gran-maquina-para-habitar-o-una-utopia-hecha-de-realidad-ii-cristina-garcia-rosales/
El siglo XX y el Movimiento Moderno
¿Qué ocurrió con la llegada del siglo XX? La necesidad de implantar una fórmula higienista y humanista dentro de un concepto igualitario de fondo, sobre todo, a partir del final de la guerras mundiales, hizo que arquitectos y urbanistas tuvieran el afán de comenzar desde el principio, -entre otras cosas tenían que reconstruir lo derribado- y se reunieran en distintos Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (CIAM) entre 1929 y 1941.
Necesitaban establecer las bases para transformar la manera de habitar las ciudades, donde los ciudadanos, antes y durante las guerras, se hacinaban en lúgubres habitaciones dentro de edificios poco ventilados, sin servicios higiénicos y con escasa luz natural. Ciudades que carecían de parques y de arbolado y cuyos habitantes sufrían los estragos de numerosas enfermedades debido a la suciedad del entorno y a la escasez de infraestructuras urbanas. Hablo de la llamada “ciudad industrial”, polucionada e insalubre que hacía urgente la creación de una ciudad nueva para un ser humano nuevo. Se establecieron entonces los postulados de la “Carta de Atenas” (1933) en el IV Congreso de la CIAM, firmada, entre otros, por Le Corbusier que más tarde los utilizó para su ciudad ideal “La Ville Radieux”. He aquí sus objetivos básicos:
-Residencias bien ventiladas y soleadas cercanas a los espacios verdes. (HABITAR)
-Separación de las viviendas de los lugares de trabajo, con las industrias situadas fuera de la ciudad. (TRABAJAR)
-Espacio exclusivo para las actividades culturales. (CULTIVAR EL CUERPO Y EL ESPÍRITU)
-Separación de la circulación de vehículos de la de los peatones. (CIRCULAR).
Se incluyeron las exigencias que estaban estudiándose en ese crucial momento: la unidad mínima de habitación, los estándares higiénicos y habitables, la construcción a base de pilotes y de hormigón, la ventilación cruzada, la utilización del vidrio, la línea recta y sin ornamentos, el uso de las azoteas planas y la creación de espacios superiores con vegetación, la fachada y la planta libre, la ventana sesgada, el brise soleil o parasol, la implantación de jardines y arbolado dentro de la ciudad o la estricta separación de funciones (residencia, trabajo y ocio). En cuanto al planeamiento, éste comenzó a ser más libre de acorde con el “espíritu moderno de la época”.
Parecía que una era nueva comenzaba, repleta de ideas, de espíritu creativo y de síntesis, lejos de las aberraciones de las ciudades anteriores.
“Una gran época acaba de comenzar”,
proclamaba el arquitecto Le Corbusier.
Pero como todo lo que comienza con esa necesidad acuciante de partir de cero, tuvo grandes fallos. Uno de ellos fue hacer tabla rasa con los “anticuados” modelos de las ciudades del pasado cuyos elementos debían de ser anulados por completo. Una planificación excesivamente compacta que no permitiría variaciones posteriores, una división estricta de funciones dentro de la urbe y el entendimiento de las calles como “un camino muy pisado por el eterno caminante, una reliquia de los siglos o un desarticulado órgano que no puede funcionar” y su sustitución por el jardín inglés, son conceptos excesivamente rígidos para planificar una ciudad, un organismo vivo en constante desarrollo y mejora, a pesar de sus conflictos e inevitables tensiones.
De esta amalgama de contradicciones que unen presente, pasado y futuro, nace Brasilia, a la que André Malraux llama “la ciudad de la esperanza”. Y nace con un deseo político importante: llegar a ser una ciudad ideal acorde con los principios socialdemócratas, igualitarios y libres del momento. Y sin clases sociales. Además debía de albergar a la sede del Gobierno Federal, hasta entonces en Río de Janeiro. Era realmente una esperanza y un estímulo clave para el desarrollo de un nuevo país latinoamericano, como lo era Brasil, independizado en 1822, con un índice de subdesarrollo y de pobreza considerables pero con una capacidad creativa, sensual y arrolladora que cualquiera que haya visitado el país puede confirmar.

Las enormes extensiones de terreno en el interior, donde se iba a asentar la nueva ciudad, conseguirían que el país “deje de mirar fascinado al mar, como si estuviera siempre a punto de emprender un viaje”, según las palabras del Presidente de la República y artífice de la idea, Juscelino Kubitschek. Cuando en 1956 ganó las elecciones quiso que su período presidencial se distinguiera por una obra pública muy especial.
¡Y vaya si lo consiguió!
Construiría Brasilia, la ciudad soñada y lo haría en un tempo record de menos de 5 años. Una capital en el centro del territorio, en la zona del Distrito Federal, dentro de un ecosistema especial llamado Cerrado, semejante a la sabana. Una capital que contribuiría al desarrollo de las regiones vírgenes interiores que durante tanto tiempo habían preocupado a Brasil.
El lugar elegido: un altiplano suavemente ondulado en el estado de Goiás. El equipo de planeamiento estuvo a cargo de Lucio Costa, ganador del concurso de ideas convocado, gracias a sus esquemas ilustrativos dibujados a mano alzada y a su ejemplar memoria explicativa, a la que más tarde volveremos. Las principales construcciones corrieron a cargo del genio creador de Oscar Niemeyer, así como la supervisión del diseño de resto de los edificios. Los espacios públicos y jardines fueron obra del paisajista Roberto Burle-Marx. Los tres, arquitectos brasileños. Era, sin ninguna duda, la oportunidad tanto tiempo ansiada por los urbanistas y arquitectos de todas las épocas de hacer realidad un utópico sueño.

En los años anteriores a esta importante decisión, Brasil había desarrollado con entusiasmo su nueva arquitectura. Se habían proyectado y construido edificios en Río de Janeiro (el Ministerio de Educación y Sanidad, cuyos autores fueron los arquitectos Oscar Niemeyer y Lucio Costa, en consulta con Le Corbusier), Sao Paolo y Pampulha (la ondulada y rítmica Casa do Baile de Niemeyer) siguiendo las directrices del Movimiento Moderno y de las vanguardias. Le Corbusier había visitado el país en varias ocasiones para impartir conferencias. Y Gropius, fundador de la Bauhaus, se complacía con la original manera que tenían los brasileños de adaptar las nuevas formas internacionales al clima y a las costumbres vernáculas, aunque también hubo quienes las tacharon de excesivamente formalistas.
En 1942 el Museo de Arte Moderno de Nueva York organizó una exposición, recogida en el libro “Brazil Builds”, que consolida e impulsa la fama de la arquitectura brasileña. Estamos pues dentro de un clima muy favorable para que las últimas tendencias de planeamiento se desarrollen en la nueva capital, con un concepto nuevo de ambiente urbano y de arquitectura, de difícil adaptación a las ciudades ya existentes.
Cristina García-Rosales. Arquitecta
Madrid. Abril 2012
[:gl]
O século XX e o Movemento Moderno
¿Que ocorreu coa chegada do século XX? A necesidade de implantar unha fórmula higienista e humanista dentro dun concepto igualitario de fondo, sobre todo, a partir do final da guerras mundiais, fixo que arquitectos e urbanistas tivesen o afán de comezar desde o principio, -entre outras cousas tiñan que reconstruír o derribado- e reunísense en distintos Congresos Internacionais de Arquitectura Moderna (CIAM) entre 1929 e 1941.
Necesitaban establecer as bases para transformar o xeito de habitar as cidades, onde os cidadáns, antes e durante as guerras, se hacinaban en lúgubres habitacións dentro de edificios pouco ventilados, sen servizos higiénicos e con escasa luz natural. Cidades que carecían de parques e de arbolado e cuxos habitantes sufrían os estragos de numerosas enfermidades debido á suciedad da contorna e á escaseza de infraestructuras urbanas. Falo da chamada “cidade industrial”, polucionada e insalubre que facía urxente a creación dunha cidade nova para un ser humano novo. Establecéronse entón os postulados da “Carta de Atenas” (1933) no IV Congreso da CIAM, asinada, entre outros, por Le Corbusier que máis tarde os utilizou para a súa cidade ideal “A Ville Radieux”. Velaquí os seus obxectivos básicos:
-Residencias ben ventiladas e asolladas próximas aos espazos verdes. (HABITAR)
-Separación das vivendas dos lugares de traballo, coas industrias situadas fóra da cidade. (TRABALLAR)
-Espazo exclusivo para as actividades culturais. (CULTIVAR O CORPO E O ESPÍRITO)
-Separación da circulación de vehículos da dos peatones. (CIRCULAR).
Incluíronse as esixencias que estaban estudándose nese crucial momento: a unidade mínima de habitación, os estándares higiénicos e habitables, a construción a base de pilotes e de hormigón, a ventilación cruzada, a utilización do vidro, a liña recta e sen ornamentos, o uso das azoteas planas e a creación de espazos superiores con vegetación, a fachada e a planta libre, a fiestra sesgada, o brise soleil ou parasol, a implantación de xardíns e arbolado dentro da cidade ou a estrita separación de funcións (residencia, traballo e lecer). En canto á achaiadura, este comezou a ser máis libre de acorde co “espírito moderno da época”.
Parecía que unha era nova comezaba, repleta de ideas, de espírito creativo e de síntese, lonxe das aberraciones das cidades anteriores.
Unha gran época acaba de comezar”,
proclamaba o arquitecto Le Corbusier.
Pero como todo o que comeza con esa necesidade acuciante de partir de cero, tivo grandes fallos. Un deles foi facer táboa rasa cos “anticuados” modelos das cidades do pasado cuxos elementos debían de ser anulados por completo. Unha planificación excesivamente compacta que non permitiría variacións posteriores, unha división estrita de funcións dentro da urbe e o entendemento das rúas como “un camiño moi pisado polo eterno caminante, unha reliquia dos séculos ou un desarticulado órgano que non pode funcionar” e o seu sustitución polo xardín inglés, son conceptos excesivamente ríxidos para planificar unha cidade, un organismo vivo en constante desenvolvemento e mellora, malia os seus conflitos e inevitables tensións.
Desta amalgama de contradicións que unen presente, pasado e futuro, nace Brasilia, á que André Malraux chama “a cidade da esperanza”. E nace cun desexo político importante: chegar a ser unha cidade ideal acorde cos principios socialdemócratas, igualitarios e libres do momento. E sen clases sociais. Ademais debía de albergar á sé do Goberno Federal, ata entón en Río de Janeiro. Era realmente unha esperanza e un estímulo crave para o desenvolvemento dun novo país latinoamericano, como o era Brasil, independizado en 1822, cun índice de subdesarrollo e de pobreza considerables pero cunha capacidade creativa, sensual e irresistible que calquera que visite o país pode confirmar.

As enormes extensións de terreo no interior, onde se ía a asentar a nova cidade, conseguirían que o país “deixe de mirar fascinado ao mar, coma se estivese sempre a piques de emprender unha viaxe”, segundo as palabras do Presidente da República e artífice da idea, Juscelino Kubitschek. Cando en 1956 gañou as eleccións quixo que o seu período presidencial distinguísese por unha obra pública moi especial.
E vaia se o conseguiu!
Construiría Brasilia, a cidade soñada e faríao nun tempo record de menos de 5 anos. Unha capital no centro do territorio, na zona do Distrito Federal, dentro dun ecosistema especial chamado Pechado, semellante á sabana. Unha capital que contribuiría ao desenvolvemento das rexións virxes interiores que durante tanto tempo preocuparan a Brasil.
O lugar elixido: un altiplano suavemente ondulado no estado de Goiás. O equipo de achaiadura estivo a cargo de Lucio Costa, ganador do concurso de ideas convocado, grazas aos seus esquemas ilustrativos debuxados a man alzada e á súa exemplar memoria explicativa, á que máis tarde volveremos. As principais construcións correron a cargo do xenio creador de Oscar Niemeyer, así como a supervisión do deseño de resto dos edificios. Os espazos públicos e xardíns foron obra do paisajista Roberto Burle-Marx. Os tres, arquitectos brasileiros. Era, sen ningunha dúbida, a oportunidade tanto tempo ansiada polos urbanistas e arquitectos de todas as épocas de facer realidade un utópico soño.

Nos anos anteriores a esta importante decisión, Brasil desenvolvera con entusiasmo a súa nova arquitectura. Proxectáronse e construído edificios en Río de Janeiro (o Ministerio de Educación e Sanidade, cuxos autores foron os arquitectos Oscar Niemeyer e Lucio Costa, en consulta con Le Corbusier), Sao Paolo e Pampulha (a ondulada e rítmica Casa do Baile de Niemeyer) seguindo as directrices do Movemento Moderno e das vanguardias. Le Corbusier visitara o país en varias ocasións para impartir conferencias. E Gropius, fundador da Bauhaus, compracíase co orixinal xeito que tiñan os brasileiros de adaptar as novas formas internacionais ao clima e aos costumes vernáculas, aínda que tamén houbo quen as tacharon de excesivamente formalistas.
En 1942 o Museo de Arte Moderna de Nova York organizou unha exposición, recollida no libro “Brazil Builds”, que consolida e impulsa a fama da arquitectura brasileira. Estamos pois dentro dun clima moi favorable para que as últimas tendencias de achaiadura desenvólvanse na nova capital, cun concepto novo de ambiente urbano e de arquitectura, de difícil adaptación ás cidades xa existentes.
Cristina García-Rosales. Arquitecta
Madrid. Abril 2012
Brasilia: Unha gran máquina para habitar ou unha utopía feita de realidade? [IV] | Cristina García-Rosales[:en]Brasilia: a great machine to live or a made Utopia of reality? [II] | Cristina García-Rosales
The 20th century and the Modern Movement
What did happen with the arrival of the 20th century? The need to implant a formula hygienist and humanist inside an igalitarian concept of bottom, especially, from the end of the guerras mundial, did that architects and town planners had the zeal to begin from the beginning, – among other things other things had to reconstruct the demolished thing – and they were meeting in different International Congresses of Modern Architecture (CIAM) between 1929 and 1941.
They needed to establish the bases to transform the way of living the cities, where the citizens, before and during the wars, were packed in lugubrious rooms inside slightly drafty buildings, without hygienic services and with scanty natural light. Cities that were lacking parks and woodland and which inhabitants were suffering the devastations of numerous diseases due to the dirt of the environment and the shortage of urban infrastructures. I speak about the so called » industrial city «, polucionada and unhealthy that was making urgent the creation of a new city for a human new being. There established then the postulates of the » Letter of Athens » (1933) in the Congress IV of the CIAM, signed, between others, for Le Corbusier that later used them for his ideal city » The Ville Radieux «. Are here his basic aims:
– Drafty well and sunny residences near to the green spaces. (TO (LIVE)
– Separation of the housings of the places of work, with the industries placed out of the city. Exclusive space (WORKS)
– For the cultural activities. (TO CULTIVATE THE BODY AND THE SPIRIT)
– Separation of the traffic of vehicles of that of the pedestrians. (TO (CIRCULATE).
There were included the requirements that were studied in this crucial moment: the minimal unit of room, the hygienic and inhabitable standards, the construction based on piles and concrete, the crossed ventilation, the utilization of the glass, the straight line and without ornaments, the use of the flat roofs and the creation of top spaces with vegetation, the front and the free plant, the slanted window, the brise soleil or parasol, the implantation of gardens and woodland inside the city or the strict separation of functions (residence, work and leisure). As for the planning, this one began to be freer of according to » spirit modern of epoch «.
It seemed that a new age began, it fills completely of ideas, of creative spirit and of synthesis, far from the aberrations of the previous cities.
«A great epoch has just begun»,
Le Corbusier it was proclaiming.
But as everything what begins with this pressing need to depart from zero, it had big failures. One of them was to do level table with the «antiquated» models of the cities of the past which elements must be annulled completely. An excessively compact planning that would not allow later variations, a strict division of functions inside the city and the understanding of the streets as «a way very trodden by the eternal wayfarer, a relic of the centuries or a dismantled organ that cannot work» and his substitution for the garden Englishman, they are excessively rigid concepts to plan a city, an alive organism in constant development and improvement, in spite of his conflicts and inevitable tensions.
Of this amalgam of contradictions that join present, past and future, there is born Brasilia, to which André Malraux calls «the city of the hope». And it is born with a political important desire: to manage to be an ideal city according to the Social-Democratic, igalitarian and free beginning of the moment. And without social classes. In addition it must shelter to the headquarters of the Federal Government, till then in Rio de Janeiro. It was really a hope and a key stimulus for the development of a new Latin-American country, since it it was Brazil, freed in 1822, with a considerable index of underdevelopment and of poverty but with a creative, sensual and sweeping capacity that anyone who has visited the country can confirm.

The enormous extensions of area in the interior, where one was going to seat the new city, would achieve that the country » stops looking fascinated at the sea, as if it was always on the verge of making a trip «, according to the words of the President of the Republic and maker of the idea, Juscelino Kubitschek. When in 1956 it gained the choices it wanted that his presidential period was differing for a public very special work. And go if it obtained it! He would construct Brasilia, the dreamed city and it would do it in a record tempo of less than 5 years. The capital in the center of the territory, in the zone of the Federal District, inside a special called Closed ecosystem, similar to the sheet. The capital that he would contribute to the development of the regions interior virgins who during so much time had worried Brazil.
The chosen place: an altiplane softly waved in Goiás’s condition. The equipment of planning was at the expense of Lucio Costa, winner of the contest of ideas summoned, thanks to his illustrative schemes drawn to lifted hand and to his exemplary explanatory memory, to which later we will return. The principal constructions were chargeable to the creative genius of Oscar Niemeyer, as well as the supervision of the design of rest of the buildings. The public spaces and gardens were a work of the landscape painter Roberto Burle-Marx. The three, Brazilian architects. It was, without any doubt, the opportunity so much time longed by the town planners and architects of all the epochs of real made a Utopian dream.

In the years previous to this important decision, Brazil had developed keenly his new architecture. Buildings had projected and constructed in Rio de Janeiro (the Department of Education and Health, which authors were the architects Oscar Niemeyer and Lucio Costa, in consultation with Le Corbusier), Sao Paolo and Pampulha (the wavy and rhythmic Casa do Baile by Niemeyer) continuing the directives of the Modern Movement and of the forefronts. Corbusier had visited the country in several occasions to give conferences. And Gropius, founder of the Bauhaus, was taking pleasure with the original way that the Brazilians had of adapting the new international forms to the climate and to the vernacular customs, though also it had those who corrected them of excessively formalist.
In 1942 the Museum of Modern Art of New York organized an exhibition gathered in the book «Brazil Builds«, which consolidates and stimulates the reputation of the Brazilian architecture. We are so inside a very favorable climate in order that the last trends of planning develop in the new capital, with a new concept of urban environment and of architecture, of difficult adjustment to the already existing cities.
Cristina García-Rosales. Architect
Madrid. Abril 2012
Brasilia: a great machine to live or a made Utopia of reality? [IV] | Cristina García-Rosales[:]




