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[:es]Ciudad y arquitectura: una díada | Óscar Tenreiro Degwitz[:gl]Cidade e arquitectura: unha díada | Óscar Tenreiro Degwitz[:en]City and architecture: a dyad | Óscar Tenreiro Degwitz[:]

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Hace veinte años, Jesús Tenreiro (1936-2007) camina frente a la Plaza de Edelca en Ciudad Guayana | Óscar Tenreiro Degwitz | Fuente: oscartenreiro.com
Hace veinte años, Jesús Tenreiro (1936-2007) camina frente a la Plaza de Edelca en Ciudad Guayana | Óscar Tenreiro Degwitz | Fuente: oscartenreiro.com

Hacer de la arquitectura un instrumento fundamental en la construcción de la ciudad ha sido lo más significativo de la evolución del pensamiento urbano de las dos últimas décadas.

Pero llegar a ese punto no fue fácil. Si bien es verdad que en el debate sobre la ciudad de los primeros años del siglo veinte esa noción parecía ser un argumento prioritario de quienes luchaban a favor de una nueva forma de ver la arquitectura, ello era no tanto parte del avance del conocimiento sino más bien un resultado de la forma de actuar en la ciudad heredada de los siglos anteriores.

Por esa razón fue natural en los arquitectos pioneros de los primeros 1900, que expresaran su pensamiento sobre la ciudad con imágenes de arquitectura. Pero en esos mismos años iba naciendo la moderna “ciencia” del urbanismo, un modo de ver la ciudad que puede describirse como una sumatoria de aplicaciones técnicas que se fueron asociando progresivamente a la herencia anterior. Y poco a poco, esa “visión técnica” fue haciéndose fuerte porque era objetiva, basada en la ciencia, y recuérdese que la búsqueda de “objetividad” fue asunto clave en el debate político-social de entonces hasta que después de la Segunda Guerra tomó el mando. La ciudad bidimensional, expresada en ocupación ordenada del terreno y eficiencia de las redes, fue oponiéndose a cualquier visión arquitectónica. La idea del “Diseño Urbano” nacida en los cincuenta y hecha madura unas dos décadas después con la proliferación de estudios de postgrado, no pudo complementar la visión bidimensional sino muy lentamente.

A este proceso que he descrito rápidamente se debe el descrédito de la visión arquitectónica de la ciudad que habían manejado los pioneros. Le Corbusier fue tomado como el principal chivo expiatorio pero en realidad se quiso despreciar casi todo lo que se manejó en las cuatro primeras décadas del veinte. Yo, joven estudiante a fines de los cincuenta, fui testigo de ese descrédito. Las primeras imágenes de Chandigarh en La India, encargadas al maestro suizo-francés, eran criticadas y hasta ridiculizadas, como lo fueron una década después las de Louis I. Kahn sobre Filadelfia o como se veía con sorna y sospecha que hoy todavía tiene adeptos, la experiencia de Brasilia.

Y sin embargo, Chandigarh se ha convertido en patrimonio cultural de un país milenario. El conjunto de la Asamblea Nacional y los Ministerios de Dacca en Bangladesh, ha hecho del proyecto del extranjero Luis Kahn parte del orgullo nacional, Y la Brasilia monumental está no sólo viva y bien, sino que sigue siendo motivo de admiración asociado al espíritu de grandeza de un país. Tres pruebas de que la identidad de una ciudad está en su arquitectura y el espacio público y no en las redes. Porque tanto en Chandigarh como en Brasilia (Dacca no es una ciudad nueva) la concepción de la red produjo problemas de escala, de interrelaciones urbanas, de vida en grano fino que deberán irse corrigiendo. Pero la arquitectura fijó los atributos de una identidad.

Nuestra Ciudad Guayana surgió un poco después de la experiencia de Brasilia. Y nació marcada por la visión tecnológica, muy asociada al modo anglosajón de ver la planificación urbana que reinaba en ese momento en el mundo. Y sostenía yo en una conversación reciente con los colegas Víctor Artís y Gustavo Ferrero Tamayo, el primero urbanista reconocido y el segundo pionero de esa actividad aquí, lúcido a sus ochenta y seis años, que me parecía que el principal problema de nuestra nueva ciudad de los años sesenta, había sido la falta de confianza en la arquitectura. Tuvimos un intercambio de ideas muy interesante, en presencia de una arquitecta holandesa, Simone Rots, que está entre nosotros documentándose precisamente sobre la que ha sido la más importante experiencia urbana de Venezuela.

Desde que visité por primera vez Brasil en 1958 me quedó la impresión de una sociedad con extraordinaria fe en sí misma, y si bien abierta al mundo, muy orgullosa de su capacidad de aporte en términos de invención y reflexión propias. Esa confianza ofrece una clave en relación a Brasilia porque Lucio Costa (1902-1998), además de ser un hombre de pensamiento universal era un brasileño seguro de sí mismo y de las capacidades de su país. Y si pudiera reprochársele que prácticamente entregó en manos de un sólo arquitecto (Óscar Niemeyer) la “forma” inicial de una gran ciudad, en los años que siguieron a los sesenta se fueron multiplicando los aportes de otras figuras que, si bien, no con la energía de los tiempos de Kubitschek (1902-1976) el Presidente que hizo Brasilia, han ido sumándose a la arquitectura monumental de la ciudad. Y cabe decir además que esa fe en la indudable grandeza de Niemeyer es a su vez una muestra de grandeza y de la madurez cultural de una sociedad. Ejemplos sobran en la historia.

Y eso no sucedió aquí. Estaba vivo Villanueva y no construyó una sola obra en ese territorio que se hacía ciudad. Uno busca en vano ejemplos de aportes de los contemporáneos de los planificadores. Y de los más jóvenes, hoy setentones, además de la excelente escuela de Borges y Pimentel para los Jesuitas sólo encuentra, figura piramidal arquetipal, único y aislado símbolo en un mundo urbano nacido de las más actualizadas técnicas, la Sede de Edelca en Alta Vista, proyecto fundamental de Jesús Tenreiro.

Por eso, por esa carencia de arquitectura en esa ciudad nuestra, recojo lo dicho por Artís en la conversación que menciono: aún falta mucho para darle forma a Ciudad Guayana. Confiemos en que habrá menos sospecha en el futuro. Porque la arquitectura no puede separarse de cualquier intento de hacer ciudad.

Óscar Tenreiro Degwitz, Arquitecto.
Venezuela, mayo 2009,
Entre lo Cierto y lo Verdadero[:gl]

Hace veinte años, Jesús Tenreiro (1936-2007) camina frente a la Plaza de Edelca en Ciudad Guayana | Óscar Tenreiro Degwitz | Fuente: oscartenreiro.com
Fai vinte anos, Jesús Tenreiro (1936-2007) camiña fronte á Praza de Edelca en Cidade Guaiana | Óscar Tenreiro Degwitz | Fonte: oscartenreiro.com

Facer da arquitectura un instrumento fundamental na construción da cidade foi o máis significativo da evolución do pensamento urbano das dúas últimas décadas.

Pero chegar a ese punto non foi fácil. Aínda que é verdade que no debate sobre a cidade dos primeiros anos do século vinte esa noción parecía ser un argumento prioritario de quen loitaba a favor dunha nova forma de ver a arquitectura, iso era non tanto parte do avance do coñecemento senón máis ben un resultado da forma de actuar na cidade herdada dos séculos anteriores.

Por esa razón foi natural nos arquitectos pioneiros dos primeiros 1900, que expresasen o seu pensamento sobre a cidade con imaxes de arquitectura. Pero neses mesmos anos ía nacendo a moderna “ciencia” do urbanismo, un modo de ver a cidade que pode describirse como unha sumatoria de aplicacións técnicas que se foron asociando progresivamente á herdanza anterior. E aos poucos, esa “visión técnica” foi facéndose forte porque era obxectiva, baseada na ciencia, e lémbrese que a procura de “obxectividade” foi asunto crave no debate político-social de entón ata que despois da Segunda Guerra tomou o mando. A cidade bidimensional, expresada en ocupación ordenada do terreo e eficiencia das redes, foi opoñéndose a calquera visión arquitectónica. A idea do “Deseño Urbano” nada nos cincuenta e feita madura unhas dúas décadas despois coa proliferación de estudos de posgrao, non puido complementar a visión bidimensional senón moi lentamente.

A este proceso que describín rapidamente débese o descrédito da visión arquitectónica da cidade que manexaran os pioneiros. Le Corbusier foi tomado como o principal chibo expiatorio pero en realidade quíxose desprezar case todo o que se manexou nas catro primeiras décadas do vinte. Eu, novo estudante a fins dos cincuenta, fun testemuña dese descrédito. As primeiras imaxes de Chandigarh na India, encargadas ao mestre suízo-francés, eran criticadas e ata ridiculizadas, como o foron unha década despois as de Louis I. Kahn sobre Filadelfia ou como se vía con sorna e sospeita que hoxe aínda ten adeptos, a experiencia de Brasilia.

E con todo, Chandigarh converteuse en patrimonio cultural dun país milenario. O conxunto da Asemblea Nacional e os Ministerios de Dacca en Bangladesh, fixo do proxecto do estranxeiro Luís Kahn parte do orgullo nacional, E a Brasília monumental está non só viva e ben, senón que segue sendo motivo de admiración asociado ao espírito de grandeza dun país. Tres probas de que a identidade dunha cidade está na súa arquitectura e o espazo público e non nas redes. Porque tanto en Chandigarh como en Brasília ( Dacca non é unha cidade nova) a concepción da rede produciu problemas de escala, de interrelacións urbanas, de vida en gran fino que deberán irse corrixindo. Pero a arquitectura fixou os atributos dunha identidade.

A nosa Cidade Guaiana xurdiu un pouco despois da experiencia de Brasília. E naceu marcada pola visión tecnolóxica, moi asociada ao modo anglosaxón de ver a planificación urbana que reinaba nese momento no mundo. E sostiña eu nunha conversación recente cos colegas Víctor Artís e Gustavo Ferrero Tamayo, o primeiro urbanista recoñecido e o segundo pioneiro desa actividade aquí, lúcido aos seus oitenta e seis anos, que me parecía que o principal problema da nosa nova cidade dos anos sesenta, fora a falta de confianza na arquitectura. Tivemos un intercambio de ideas moi interesante, en presenza dunha arquitecta holandesa, Simone Rots, que está entre nós documentándose precisamente sobre a que foi a máis importante experiencia urbana de Venezuela.

Desde que visitei por primeira vez Brasil en 1958 quedoume a impresión dunha sociedade con extraordinaria fe en si mesma, e aínda que aberta ao mundo, moi orgullosa da súa capacidade de achega en termos de invención e reflexión propias. Esa confianza ofrece unha clave en relación a Brasília porque Lucio Costa (1902-1998), ademais de ser un home de pensamento universal era un brasileiro seguro de si mesmo e das capacidades do seu país. E se puidese reprochárselle que practicamente entregou en mans dun só arquitecto (Óscar Niemeyer) a “forma” inicial dunha gran cidade, nos anos que seguiron aos sesenta fóronse multiplicando as achegas doutras figuras que, aínda que, non coa enerxía dos tempos de Kubitschek (1902-1976) o Presidente que fixo Brasília, foron sumándose á arquitectura monumental da cidade. E cabe dicir ademais que esa fe na indubidable grandeza de Niemeyer é á súa vez unha mostra de grandeza e da madurez cultural dunha sociedade. Exemplos sobran na historia.

E iso non sucedeu aquí. Estaba vivo Villanueva e non construíu unha soa obra nese territorio que se facía cidade. Un busca en balde exemplos de achegas dos contemporáneos dos planificadores. E dos máis novos, hoxe setentones, ademais da excelente escola de Borges e Pimentel para os Xesuítas só atopa, figura piramidal arquetipal, único e illado símbolo nun mundo urbano nado das máis actualizadas técnicas, a Sede de Edelca en Alta Vista, proxecto fundamental de Jesús Tenreiro.

Por iso, por esa carencia de arquitectura nesa cidade nosa, recollo o devandito por Artís na conversación que menciono: aínda falta moito para darlle forma a Cidade Guayana. Confiemos en que haberá menos sospeita no futuro. Porque a arquitectura non pode separarse de calquera intento de facer cidade.

Óscar Tenreiro Degwitz, Arquitecto.
Venezuela, maio 2009,
Entre o Certo e o Verdadeiro[:en]

Hace veinte años, Jesús Tenreiro (1936-2007) camina frente a la Plaza de Edelca en Ciudad Guayana | Óscar Tenreiro Degwitz | Fuente: oscartenreiro.com
Twenty years ago, Jesús Tenreiro (1936-2007) walked in front of the Plaza de Edelca in Ciudad Guayana | Óscar Tenreiro Degwitz | Source: oscartenreiro.com

Making architecture a fundamental instrument in the construction of the city has been the most significant of the evolution of urban thought of the last two decades.

But getting to that point was not easy. While it is true that in the debate on the city of the early twentieth century that notion seemed to be a priority argument of those who fought for a new way of seeing architecture, it was not so much part of the advancement of knowledge but more well a result of the way of acting in the city inherited from previous centuries.

For that reason, it was natural for the pioneering architects of the early 1900s to express their thoughts about the city with architectural images. But in those same years was born the modern «science» of urbanism, a way of seeing the city that can be described as a sum of technical applications that were gradually associated with the previous inheritance. And little by little, that «technical vision» became strong because it was objective, based on science, and remember that the search for «objectivity» was a key issue in the political-social debate of that time until after the Second World War the command. The two-dimensional city, expressed in ordered occupation of the land and efficiency of the networks, was opposed to any architectural vision. The idea of «Urban Design» born in the fifties and made mature about two decades later with the proliferation of postgraduate studies, could not complement the two-dimensional vision but very slowly.

To this process that I have described quickly is the discredit of the architectural vision of the city that the pioneers had handled. Le Corbusier was taken as the main scapegoat but in reality he wanted to despise almost everything that was handled in the first four decades of the twentieth. I, a young student in the late fifties, witnessed this discredit. The first images of Chandigarh in India, commissioned to the Swiss-French teacher, were criticized and even ridiculed, as Louis I. Kahn was about a decade later about Philadelphia or how he looked with scorn and suspects that today he still has followers, the experience of Brasilia.

And yet, Chandigarh has become the cultural heritage of a millennial country. The whole of the National Assembly and the Dhaka Ministries in Bangladesh, has made the project of the foreigner Luis Kahn part of the national pride, and the monumental Brasilia is not only alive and well, but remains a motive of admiration associated with the spirit of greatness from a country. Three proofs that the identity of a city is in its architecture and public space and not in networks. Because both in Chandigarh and in Brasilia (Dhaka is not a new city) the conception of the network produced problems of scale, of urban interrelations, of life in fine grains that should be corrected. But the architecture fixed the attributes of an identity.

Our Guiana City emerged a little after the experience of Brasilia. And it was born marked by the technological vision, very associated to the Anglo-Saxon way of seeing the urban planning that reigned at that moment in the world. And I argued in a recent conversation with colleagues Víctor Artís and Gustavo Ferrero Tamayo, the first recognized urban planner and the second pioneer of that activity here, lucid at his eighty-six years, that it seemed to me that the main problem of our new city of the sixties, it had been the lack of confidence in architecture. We had a very interesting exchange of ideas, in the presence of a Dutch architect, Simone Rots, who is among us documenting precisely what has been the most important urban experience in Venezuela.

Since I visited Brazil for the first time in 1958, I was left with the impression of a society with extraordinary faith in itself, and although open to the world, very proud of its ability to contribute in terms of its own invention and reflection. That confidence offers a key in relation to Brasilia because Lucio Costa (1902-1998), besides being a man of universal thought, was a self-confident Brazilian and of the capabilities of his country. And if it could be reproached that practically handed over in the hands of a single architect (Óscar Niemeyer) the initial «form» of a large city, in the years that followed the sixties the contributions of other figures were multiplied, although, not with The energy of the times of Kubitschek (1902-1976) the President who made Brasilia, have been added to the monumental architecture of the city. And it should also be said that this faith in the undoubted greatness of Niemeyer is at the same time a sign of greatness and of the cultural maturity of a society. Examples abound in the story.

And that did not happen here. Villanueva was alive and he did not build a single work in that territory that became a city. One seeks in vain examples of contributions from the contemporaries of planners. And of the youngest, today setesones, besides the excellent school of Borges and Pimentel for the Jesuits only finds, archetypal pyramidal figure, unique and isolated symbol in an urban world born of the most updated techniques, the Headquarters of Edelca in Alta Vista , fundamental project of Jesús Tenreiro.

For that reason, because of that lack of architecture in that city of ours, I pick up what Artis said in the conversation I mentioned: there is still a long way to go to shape Ciudad Guayana. Trust that there will be less suspicion in the future. Because architecture can not be separated from any attempt to make a city.

Óscar Tenreiro Degwitz, Architect.
Venezuela, may 2009,
Entre lo Cierto y lo Verdadero[:]

Óscar Tenreiro Degwitz
Óscar Tenreiro Degwitzhttps://oscartenreiro.com/
Es un arquitecto venezolano, nacido en 1939, Premio Nacional de Arquitectura de su país en 2002-2003, profesor de Diseño Arquitectónico por más de treinta años en la Universidad Central de Venezuela, quien paralelamente con su ejercicio ha mantenido ya por años presencia en la prensa de su país en un esfuerzo de comunicación hacia la gente en general de los puntos de vista del arquitecto acerca de los más diversos temas, entre los cuales figuran los agudos problemas políticos de una sociedad como la venezolana. Tenreiro practica así lo que el llama el “pensamiento desde y hacia la arquitectura”, insistiendo en que lo hace como arquitecto en ejercicio, para escapar de los estereotipos y cautelas propios de la “crítica arquitectónica”. Respecto a la cual no oculta su desconfianza, que explica recurriendo al aforismo de Nietzsche sobre el crítico de arte “que ve el arte desde cerca sin llegar a tocarlo nunca”.
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