Cibrán Rico López-Suso Vázquez Gómez · Editorial | Fabulatorio

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Algunos de los ultimos trabajos de Fabulatorio

Fabulatorio es un proyecto editorial promovido por Cibrán Rico López y Suso Vázquez Gómez, arquitectos de formación dedicados profesionalmente al diseño gráfico y editorial bajo el nombre de desescribir.

¿Cuál ha sido vuestra formación y trayectoria profesional previa a Fabulatorio?

Para nosotros es difícil separar el mundo profesional del personal, nos gusta pensar en la formación como un hecho que trasciende lo académico, en algo más vital; de hecho lo más valioso que nos llevamos de los años en la ETSA de A Coruña es la gente que hemos conocido, habernos encontrado.

Que durante la carrera, uno de nuestros amigos necesitase un cartel para un certamen de música tradicional, fue el comienzo profesional de desescribir; a partir de ahí, son nueve años de formación y de dedicación al oficio de diseñadores gráficos y editoriales.

¿Os planteasteis en algún momento, presente, pasado o futuro, buscar trabajo en el extranjero?

En momentos de cierta precariedad nos vimos obligados a valorarlo, pero nuestro deseo es trabajar en Galicia. Sentimos la necesidad y a la vez la responsabilidad de desarrollar nuestro trabajo en y desde nuestra cultura. Estamos convencidos de que el valor de lo global reside en lo local, y queremos establecer una comunicación global conscientes de que lo local es lo que diferencia y le otorga autenticidad a esa comunicación.

Mirando al pasado, nos gusta entender “nuestro lugar” como continuidad del trabajo, esfuerzo y objetivos de los profesionales que desarrollaron nuestro mismo oficio en Galicia antes que nosotros; mirando al presente, nos sentimos parte de un “ecosistema” en donde el trabajo y buen hacer de profesionales de todas las disciplinas siempre repercute en mejorar el nuestro; todos trabajamos en comunidad, seamos o no conscientes de ello.

¿Qué os llevó a poner en marcha este proyecto?

Como editorial, en primer lugar, el amor por los libros. Pensamos que los libros conservan la capacidad de comunicar a través de su contenido y de su forma; que mantienen la capacidad de convertirse en experiencia vital, de proponer otros tiempos y de hacernos crecer. De alguna manera creemos que el ideal ilustrado de los libros sigue estando vigente, que representan una de las formas de resistencia más accesibles y efectivas frente al proceso de mercantilización de todas las facetas de la vida que estamos padeciendo como sociedad. En el fondo, quizás sólo se trata de aprender, de descubrir y de dejarse sorprender.

Cuando más disfrutamos nuestro trabajo es cuando damos forma a contenidos que nos interesan, así que, después de años diseñando, nos planteamos la posibilidad de arrancar un proyecto como editores, buscando y proponiendo nosotros mismos los temas. Queríamos disfrutar y participar de todo el proceso de elaboración de una publicación.

Por otra parte, conocemos a muchos profesionales próximos a los que admiramos y que no tienen, más allá de internet, un lugar desde el que comunicar y visibilizar su trabajo. Nos apetecía mucho poder colaborar con ellos y poder compartir el proyecto de construir un libro. Una de las mejores sorpresas que hemos tenido gracias a Fabulatorio es que ese grupo de personas con las que nos gustaría colaborar cada vez es más grande.

¿Os encontrasteis con muchas dificultades en su puesta en marcha?

Básicamente económicas y también alguna para administrar los tiempos y compatibilizarlo con nuestra actividad profesional de diseñadores, que es la que nos permite vivir. El resto de dificultades consideramos que son las normales de cualquier proyecto que arranca: buscar respuestas a lo que no se sabe y aprender de los que sí saben.

De todos modos, más allá de las dificultades, con las que ya contábamos, preferimos centrarnos y darle más importancia a las facilidades: las que nos han aportado todas las personas con las que hemos colaborado para poner en marcha el proyecto, o simplemente, la de cualquier persona que haya decidido adquirir un libro. Somos muy conscientes que además del posible interés particular en una publicación, mucha gente de la que compró un ejemplar lo hizo también por ayudar a que Fabulatorio pueda tener una continuidad. Esa perspectiva de proximidad y de comunidad nos hace muy felices. En definitiva tenemos muchas más razones para los agradecimientos que para las lamentaciones.

¿Estáis contentos con los objetivos alcanzados?

De momento consideramos que aún es pronto para hablar de objetivos alcanzados. Se trata más bien de ir cumpliendo etapas o de ir teniendo pequeñas satisfacciones, como por ejemplo hacer que Fabulatorio sea una realidad con independencia y en base a nuestras intenciones y convicciones, poder ponerse en contacto con mucha gente de la que aprender, comprobar que se percibe el trabajo lo que hay detrás de cada publicación, disfrutar con el proceso, o agotar la tirada de los dos primeros libros en apenas un año.

Todo lo que está surgiendo alrededor de la editorial nos motiva e ilusiona. En ese sentido, desde el punto de vista profesional y emocional, nos sentimos satisfechos.

Si analizamos la sostenibilidad económica del proyecto es cierto que aún nos falta dar algunos pasos para poder alcanzarla, pero tenemos muy claro que no nos interesan los plazos cortos y las rentabilidades inmediatas. Creemos que cualquier iniciativa, y más si cabe una editorial, necesita un tiempo para consolidarse.

¿Creéis que los arquitectos en España deberíamos seguir abriendo nuevas vías de trabajo para salir de la casilla más “tradicional” de proyectar dada la actual situación de la construcción en nuestro país?

Creemos que los arquitectos son un colectivo profesional imprescindible, pero es necesario recuperar la confianza de la sociedad retomando la función de servicio público. Resulta evidente que las preocupaciones de una parte de la profesión se alejaron demasiado de los intereses y necesidades que reclamaba la ciudadanía.

Desde afuera, al no estar ejerciendo, observamos todos estos debates sobre las nuevas vías de trabajo para los arquitectos con un cierto asombro: la arquitectura y el urbanismo, y profesionales que ejerzan de manera responsable y con conocimiento siguen siendo totalmente necesarios. Otra cosa es que para ser arquitecto se considere obligado visar un determinado número de proyectos al año. Conocemos a muchos compañeros de la escuela que apenas han tenido la oportunidad de construir y que sin embargo son mucho más arquitectos que otros que han visado cientos o miles de viviendas, o equipamientos públicos, sin ningún escrúpulo o sin ninguna reflexión sobre su actividad.

En ese sentido, nos parece que el debate puede llegar a ser un poco artificial, y que aunque pueda resultar entretenido parase a encontrar una nueva denominación para las nuevas maneras de ejercer, en el fondo, lo que se está haciendo es recuperar el verdadero sentido de la profesión de arquitecto, preparándose para realizar su labor en un contexto y para una sociedad que no es la misma de hace 30 años, pero que seguirá necesitando viviendas en las que vivir y ciudades en las que convivir.

Otra aspecto diferente es la falta de trabajo como arquitecto, y de trabajo digno, en el momento actual, y la posibilidad de reorientarse profesionalmente, algo que, por otro lado, ha sido muy habitual de siempre entre arquitectos, y no sólo ahora como consecuencia de la crisis.

Desde nuestra propia experiencia nos parece una buena posibilidad, con la salvedad de que la vemos más como el resultado de la vocación personal de cada uno, o de la necesidad de encontrar una estabilidad económica y vital, que como la consecuencia de la frase: “los arquitectos pueden dedicarse a muchas cosas”, tantas veces promovida desde la escuela y en muchos foros profesionales, que además de no ser cierta, resulta de una soberbia muy poco recomendable después de tanto exceso de la profesión en su conjunto.

Lo específico de la formación de arquitecto, y de algunos otros estudios, es el dominio de la herramienta del proyecto, que en el fondo no es más que entrenar y adquirir la capacidad de pensar globalmente. Ese conocimiento aprendido sin duda facilita una posible reorientación profesional, pero en ningún caso permite un traslado automático a un nuevo campo de actividad sin una fase de formación específica, ya sea formal o de carácter autodidacta.

¿Qué opináis de los que se han ido a trabajar al extranjero?

Creemos que todas las personas deberían tener el derecho de intentar buscar su lugar en el mundo, y por eso sólo podemos respetar la decisión de los que desean encontrarlo en el extranjero. Cuando esa decisión es la consecuencia de una opción personal no nos parece ni bien ni mal, sino tan sólo una manera de ejercer la libertad que tenemos como individuos.

El problema es cuando esa decisión no es el resultado de una opción personal, sino la única vía de escape posible a una situación de precariedad y de incapacidad para realizarse como profesional y como persona. Cada vez que alguien se marcha por este motivo todos nos hacemos un poco más pobres, en el sentido más amplio de la palabra. Por eso, todo este proceso de emigración forzada lo único que nos genera es una sensación cruzada de pérdida, de derrota y de indignación.

Cibrán Rico López – Suso Vázquez Gómez · Editorial | Fabulatorio
Agosto 2013

Entrevista realizada por Ana Barreiro Blanco y Alberto Alonso Oro. Agradecer a Cibrán y Suso su aportación y predisposición con este pequeño espacio.

Alberto Alonso Oro

Arquitecto y editor en veredes, arquitectura y divulgación. Invernalia es un buen lugar. A veces escribo en Fundacion Arquia.

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