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Si en algo se diferencia de manera radical nuestro tiempo de todas las épocas anteriores, es el modo de relacionarnos y comunicarnos. El desarrollo digital ha transformado todos los procesos interactivos hasta establecerse éste como un “espacio” virtual; espacio, por cumplir, en gran medida, los preceptos de lo que ello implica. Lo curioso es observar cómo los caminos son siempre un círculo, que constantemente retroalimenta: igual que muchas disciplinas (como la ciencia o el diseño) tantas veces se han basado en sus análogos sci-fi para desarrollar el presente, parece observarse la misma reciprocidad entre lo digital y lo físico.
El espacio tangible se está viendo alterado por los modos de relación de su análogo virtual, en el que nos movemos por networks. Una prueba de ello son las numerosas tipologías de espacios de convivencia que surgen uno tras otro: coliving, colearning, coworking… y no; no es que antes no existiesen lugares compartidos; la diferencia radica en el modo de relación y vínculos que los materializa. Y es que éstos constituyen una especie de «red social física», en su sentido más amplio.
Hoy vamos a analizar las características de un proyecto de este tipo, en concreto, de un coworking de la ciudad de Valencia: “Wayco”; una obra del arquitecto José Costa, el cual tendrá el reto de conciliar esta comprensión de la sociología del lugar compartido, con un hecho más: el situarse en un espacio industrial a recuperar.
El local que debía alojar el nuevo espacio de coworking Wayco se encuentra en la planta baja de una antigua imprenta del pasado siglo; una construcción cargada de elementos cotidianos de un oficio de esas características, que de repente debe acoger un uso distinto y absolutamente vinculado al momento actual. El local de proyecto, a su vez, contaba con dos partes diferenciadas: una, situada bajo el edificio de viviendas, y otra, en el patio de manzana. La morfología de ambas partes perfilará la distribución de usos requeridos: la primera pieza, con cuatro metros de altura libre y una serie de patios que, sin llegar al suelo, introducen la luz natural en ella, albergará la administración, cafetería interna y espacios de trabajo “flexible”; la segunda pieza, conformada como una nave industrial de extremo a extremo, construida con cerchas mixtas (madera y acero) y un lucernario central que baña el espacio de luz, se dedicará como zona central de trabajo, flanqueada por salas polivalentes.
José Costa debe, en este proyecto, cocinar una receta donde la impronta de la preexistencia sea capaz de paladearse, creando una especie de inercia que invite a los nuevos usuarios a ocupar la obra, continuar su camino, y dejar su propia huella. Porque en ello subyacen algunas de las características de estos espacios de la “red social física”: activo vs pasivo, experiencia vs adquisición, movimiento vs territorialidad, afinidad vs imposición.
Los espacios de trabajo, durante mucho tiempo, se proyectaron como lugares ascéticos y despojados, focalizados en el puesto propio, casi siguiendo la filosofía de la escuela de Taylor y la producción en cadena. Sin embargo, hoy comprobamos como un espacio rico y con carácter, incluso en términos de productividad y no únicamente de felicidad, es más efectivo: el sentirse parte de un lugar influye en el compromiso y la motivación, y, por tanto, en el rendimiento. Así, proyectar lugares de trabajo ha pasado de seguir un modelo pasivo a uno activo, actuando éste como apoyo a las diferentes tareas que se pueden llevar a cabo, facilitando la movilidad y potenciando la “no territorialidad” en el uso del espacio. Los coworkings van un paso más allá, al servir a profesionales libres que conectan entre sí. Según la periodista de arte y arquitectura Lidija Grozdanic,
“trabajar en lugares donde se puede encontrar una comunidad de personas de ideas afines, […] un lugar de trabajo ‘divertido y social’”
es una de las búsquedas principales;
“[…] el ascenso de la economía del compartir no sólo está cambiando la forma en que las generaciones más jóvenes viven, trabajan y viajan sino también transformando nuestro entorno físico”.
Siguiendo estos puntos, se puede leer la intervención de José Costa de este modo: como la generación de un espacio al servicio de una red de profesionales afines, que permite el uso de la construcción al completo por las funciones complementarias en él distribuidas y la flexibilidad con que se configuran, y que materializa la experiencia del usuario a través de la incorporación de la memoria del lugar.
“El proyecto se centra en recuperar los elementos fundamentales característicos del lugar: luz, natural, cerchas, materialidad, espacio, etc., sin perder el carácter singular del mismo. Se conservan todos los elementos posibles como ventiladores, mecanismos eléctricos, estructuras, chimenea, texturas… El ladrillo portante se recupera y deja a la vista, unas veces al natural y otras, pintado. Se eliminan todos los agregados y divisiones no esenciales consiguiendo un espacio fluido y flexible”,
explica el arquitecto.
Dentro de esta espacialidad fluida, destacan una serie de escenarios que ayudan a remarcar el carácter del local, y que crean micromundos dentro del amplio volumen del coworking. Es el caso de los dos altillos incluidos en la gran nave, uno situado longitudinalmente a ésta, y el otro, transversal. El primero de ellos se inserta sobre una pieza paralelepípeda cerrada (hundida respecto a la cota general) que posibilita un lugar de reunión. A él se accede a través de una escalera-cercha roja, que se convierte en hito de referencia visual. El altillo transversal se sitúa como fondo de escena, utilizando de nuevo el recurso barandilla-cercha, esta vez, con unos potentes 10 metros de luz siendo soporte del forjado, y liberando todo el espacio bajo él. Del mismo modo, otro escenario, el antiguo patio-almacén, se vacía y se conecta a la nave, haciendo de volumen hueco y pulmón del espacio de trabajo.
Toda esta rica heterogeneidad espacial se vincula a través de una elección material y unas soluciones técnicas de gran sencillez: instalaciones vistas acordes al carácter industrial y a la facilidad de intervención, pavimentos continuos de hormigón para los espacios flexibles y parquet industrial para las salas laterales, carpintería de acero para los nuevos huecos junto con madera restaurada en los preexistentes, etc. Todo ello crea una psicología ambiental en la que se integran perfectamente, en un único carácter, las inquietudes detrás del proyecto.
Cuando José Costa se pregunta sobre el concepto de coworking, expresa:
“Es una actitud. Una manera de estar en el mundo, de vivir. Muchos de nosotros pasamos la mayor parte del tiempo en eso que llamamos trabajo. Eso lo convierte en transcendental para nuestra existencia”,
y esa reflexión le lleva a enumerar una serie de conceptos marcados por esa inquietud, que se convertirán en estrategias de intervención arquitectónica:
Sin duda se pueden saborear estos ingredientes en el proyecto para Wayco, consiguiendo elaborar una pieza artesanal y única para una tipología transformadora.
Obra: Wayco Ruzafa
Autor: Jose Costa Arquitecto
colaborador: Pau Olivares Peiró
Objeto: Espacio de coworking
Superficie construida: 740m2
Año: 2018
Ubicación: C/Almirante Cadarso CADARSO 26, Valencia, España
Cliente: WAYCO IDEAS S.L.;
Cálculo estructuras: Jesús Egea
Climatización y renovación de aire: Leing Ingeniería
Instalación eléctrica: J.Miguel Sabina
Arquitecto técnico: Ignacio Gazo
Contratista principal: Eviga
Carpintería de madera: Decormar
Instalación eléctrica: Rugar
Climatización: Grupo fulton
Lucernarios: tva
Fotografía: Milena Villalba
Artículo: Ana Asensio
+ josecosta.es [:gl]
Se en algo se diferencia de maneira radical o noso tempo de todas as épocas anteriores, é o modo de relacionarnos e comunicarnos. O desenvolvemento dixital ha transformado todos os procesos interactivos ata establecerse este como un “espazo” virtual; espazo, por cumprir, en gran medida, os preceptos do que iso implica. O curioso é observar como os camiños son sempre un círculo, que constantemente retroalimenta: igual que moitas disciplinas (como a ciencia ou o deseño) tantas veces baseáronse nos seus análogos sci- fi para desenvolver o presente, parece observarse a mesma reciprocidad entre o dixital e o físico.
O espazo tanxible está a verse alterado polos modos de relación do seu análogo virtual, no que nos movemos por networks. Unha proba diso son as numerosas tipoloxías de espazos de convivencia que xorden un tras outro: coliving, colearning, coworking… e non; non é que antes non existisen lugares compartidos; a diferenza radica no modo de relación e vínculos que os materializa. E é que estes constitúen unha especie de «rede social física», no seu sentido máis amplo.
Hoxe imos analizar as características dun proxecto deste tipo, en concreto, dun coworking da cidade de Valencia: “Wayco”; unha obra do arquitecto José Costa, o cal terá o reto de conciliar esta comprensión da socioloxía do lugar compartido, cun feito máis: o situarse nun espazo industrial a recuperar.
O local que debía aloxar o novo espazo de coworking Wayco atópase na planta baixa dunha antiga imprenta do pasado século; unha construción cargada de elementos cotiáns dun oficio desas características, que de súpeto debe acoller un uso distinto e absolutamente vinculado ao momento actual. O local de proxecto, á súa vez, contaba con dous partes diferenciadas: unha, situada baixo o edificio de vivendas, e outra, no patio de mazá. A morfoloxía de ambas as partes perfilará a distribución de usos requiridos: a primeira peza, con catro metros de altura libre e unha serie de patios que, sen chegar ao chan, introducen a luz natural nela, albergará a administración, cafetería interna e espazos de traballo “flexible”; a segunda peza, conformada como unha nave industrial de extremo a extremo, construída con cerchas mixtas (madeira e aceiro) e un lucernario central que baña o espazo de luz, dedicarase como zona central de traballo, flanqueada por salas polivalentes.
José Costa debe, neste proxecto, cociñar unha receita onde o sinal da preexistencia sexa capaz de paladearse, creando unha especie de inercia que convide aos novos usuarios a ocupar a obra, continuar o seu camiño, e deixar a súa propia pegada. Porque niso subxacen algunhas das características destes espazos da “rede social física”: activo vs pasivo, experiencia vs adquisición, movemento vs territorialidade, afinidade vs imposición.
Os espazos de traballo, durante moito tempo, proxectáronse como lugares ascéticos e desposuídos, focalizados no posto propio, case seguindo a filosofía da escola de Taylor e a produción en cadea. Con todo, hoxe comprobamos como un espazo rico e con carácter, mesmo en termos de produtividade e non unicamente de felicidade, é máis efectivo: o sentirse parte dun lugar inflúe no compromiso e a motivación, e, por tanto, no rendemento. Así, proxectar lugares de traballo pasou de seguir un modelo pasivo a un activo, actuando este como apoio ás diferentes tarefas que se poden levar a cabo, facilitando a mobilidade e potenciando a “non territorialidade” no uso do espazo. Os coworkings van un paso máis aló, ao servir a profesionais libres que conectan entre si. Segundo a xornalista de arte e arquitectura Lidija Grozdanic,
“traballar en lugares onde se pode atopar unha comunidade de persoas de ideas afíns, […] un lugar de traballo ‘divertido e social”
é unha das procuras principais;
“[…] o ascenso da economía do compartir non só está a cambiar a forma en que as xeracións máis novas viven, traballan e viaxan senón tamén transformando a nosa contorna física”.
Seguindo estes puntos, pódese ler a intervención de José Costa deste xeito: como a xeración dun espazo ao servizo dunha rede de profesionais afíns, que permite o uso da construción ao completo polas funcións complementarias nel distribuídas e a flexibilidade con que se configuran, e que materializa a experiencia do usuario a través da incorporación da memoria do lugar.
“O proxecto céntrase en recuperar os elementos fundamentais característicos do lugar: luz, natural, cerchas, materialidad, espazo, etc., sen perder o carácter singular do mesmo. Consérvanse todos os elementos posibles como ventiladores, mecanismos eléctricos, estruturas, cheminea, texturas… O ladrillo portante recupérase e deixa á vista, unhas veces ao natural e outras, pintado. Elimínanse todos os agregados e divisións non esenciais conseguindo un espazo fluído e flexible”,
explica o arquitecto.
Dentro desta espacialidad fluída, destacan unha serie de escenarios que axudan a remarcar o carácter do local, e que crean micromundos dentro do amplo volume do coworking. É o caso dos dous altillos incluídos na gran nave, un situado longitudinalmente a esta, e o outro, transversal. O primeiro deles insérese sobre unha peza paralelepípeda pechada (afundida respecto a a cota xeral) que posibilita un lugar de reunión. A el accédese a través dunha escaleira- cercha vermella, que se converte en fito de referencia visual. O altillo transversal sitúase como fondo de escena, utilizando de novo o recurso varanda- cercha, esta vez, cuns potentes 10 metros de luz sendo soporte do forxado, e liberando todo o espazo baixo el. Do mesmo xeito, outro escenario, o antigo patio-almacén, baléirase e conéctase á nave, facendo de volume oco e pulmón do espazo de traballo.
Toda esta rica heteroxeneidade espacial vincúlase a través dunha elección material e unhas solucións técnicas de gran sinxeleza: instalacións vistas acordes ao carácter industrial e á facilidade de intervención, pavimentos continuos de formigón para os espazos flexibles e parquet industrial para as salas laterais, carpintería de aceiro para os novos ocos xunto con madeira restaurada nos preexistentes, etc. Todo iso crea unha psicoloxía ambiental na que se integran perfectamente, nun único carácter, as inquietudes detrás do proxecto.
Cando José Costa pregúntase sobre o concepto de coworking, expresa:
“É unha actitude. Unha maneira de estar no mundo, de vivir. Moitos de nós pasamos a maior parte do tempo niso que chamamos traballo. Iso convérteo en transcendental para a nosa existencia”,
e esa reflexión lévalle a enumerar unha serie de conceptos marcados por esa inquietude, que se converterán en estratexias de intervención arquitectónica:
Sen dúbida pódense saborear estes ingredientes no proxecto para Wayco, conseguindo elaborar unha peza artesanal e única para unha tipoloxía transformadora.
Obra: Wayco Ruzafa
Autor: Jose Costa Arquitecto
Colaborador: Pau Olivares Peiró
Obxeto: Espacio de coworking
Superficie construida: 740m2
Ano: 2018
Emprazamento: C/Almirante Cadarso CADARSO 26, Valencia, España
Cliente: WAYCO IDEAS S.L.;
Cálculo estructuras: Jesús Egea
Climatización e renovación de aire: Leing Ingeniería
Instalación eléctrica: J.Miguel Sabina
Arquitecto técnico: Ignacio Gazo
Contratista principal: Eviga
Carpinteiro de madeira: Decormar
Instalación eléctrica: Rugar
Climatización: Grupo fulton
Lucernarios: tva
Fotografía: Milena Villalba
Artigo: Ana Asensio
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Si en algo se diferencia de manera radical nuestro tiempo de todas las épocas anteriores, es el modo de relacionarnos y comunicarnos. El desarrollo digital ha transformado todos los procesos interactivos hasta establecerse éste como un “espacio” virtual; espacio, por cumplir, en gran medida, los preceptos de lo que ello implica. Lo curioso es observar cómo los caminos son siempre un círculo, que constantemente retroalimenta: igual que muchas disciplinas (como la ciencia o el diseño) tantas veces se han basado en sus análogos sci-fi para desarrollar el presente, parece observarse la misma reciprocidad entre lo digital y lo físico.
El espacio tangible se está viendo alterado por los modos de relación de su análogo virtual, en el que nos movemos por networks. Una prueba de ello son las numerosas tipologías de espacios de convivencia que surgen uno tras otro: coliving, colearning, coworking… y no; no es que antes no existiesen lugares compartidos; la diferencia radica en el modo de relación y vínculos que los materializa. Y es que éstos constituyen una especie de «red social física», en su sentido más amplio.
Hoy vamos a analizar las características de un proyecto de este tipo, en concreto, de un coworking de la ciudad de Valencia: “Wayco”; una obra del arquitecto José Costa, el cual tendrá el reto de conciliar esta comprensión de la sociología del lugar compartido, con un hecho más: el situarse en un espacio industrial a recuperar.
El local que debía alojar el nuevo espacio de coworking Wayco se encuentra en la planta baja de una antigua imprenta del pasado siglo; una construcción cargada de elementos cotidianos de un oficio de esas características, que de repente debe acoger un uso distinto y absolutamente vinculado al momento actual. El local de proyecto, a su vez, contaba con dos partes diferenciadas: una, situada bajo el edificio de viviendas, y otra, en el patio de manzana. La morfología de ambas partes perfilará la distribución de usos requeridos: la primera pieza, con cuatro metros de altura libre y una serie de patios que, sin llegar al suelo, introducen la luz natural en ella, albergará la administración, cafetería interna y espacios de trabajo “flexible”; la segunda pieza, conformada como una nave industrial de extremo a extremo, construida con cerchas mixtas (madera y acero) y un lucernario central que baña el espacio de luz, se dedicará como zona central de trabajo, flanqueada por salas polivalentes.
José Costa debe, en este proyecto, cocinar una receta donde la impronta de la preexistencia sea capaz de paladearse, creando una especie de inercia que invite a los nuevos usuarios a ocupar la obra, continuar su camino, y dejar su propia huella. Porque en ello subyacen algunas de las características de estos espacios de la “red social física”: activo vs pasivo, experiencia vs adquisición, movimiento vs territorialidad, afinidad vs imposición.
Los espacios de trabajo, durante mucho tiempo, se proyectaron como lugares ascéticos y despojados, focalizados en el puesto propio, casi siguiendo la filosofía de la escuela de Taylor y la producción en cadena. Sin embargo, hoy comprobamos como un espacio rico y con carácter, incluso en términos de productividad y no únicamente de felicidad, es más efectivo: el sentirse parte de un lugar influye en el compromiso y la motivación, y, por tanto, en el rendimiento. Así, proyectar lugares de trabajo ha pasado de seguir un modelo pasivo a uno activo, actuando éste como apoyo a las diferentes tareas que se pueden llevar a cabo, facilitando la movilidad y potenciando la “no territorialidad” en el uso del espacio. Los coworkings van un paso más allá, al servir a profesionales libres que conectan entre sí. Según la periodista de arte y arquitectura Lidija Grozdanic,
“trabajar en lugares donde se puede encontrar una comunidad de personas de ideas afines, […] un lugar de trabajo ‘divertido y social’”
es una de las búsquedas principales;
“[…] el ascenso de la economía del compartir no sólo está cambiando la forma en que las generaciones más jóvenes viven, trabajan y viajan sino también transformando nuestro entorno físico”.
Siguiendo estos puntos, se puede leer la intervención de José Costa de este modo: como la generación de un espacio al servicio de una red de profesionales afines, que permite el uso de la construcción al completo por las funciones complementarias en él distribuidas y la flexibilidad con que se configuran, y que materializa la experiencia del usuario a través de la incorporación de la memoria del lugar.
“El proyecto se centra en recuperar los elementos fundamentales característicos del lugar: luz, natural, cerchas, materialidad, espacio, etc., sin perder el carácter singular del mismo. Se conservan todos los elementos posibles como ventiladores, mecanismos eléctricos, estructuras, chimenea, texturas… El ladrillo portante se recupera y deja a la vista, unas veces al natural y otras, pintado. Se eliminan todos los agregados y divisiones no esenciales consiguiendo un espacio fluido y flexible”,
explica el arquitecto.
Dentro de esta espacialidad fluida, destacan una serie de escenarios que ayudan a remarcar el carácter del local, y que crean micromundos dentro del amplio volumen del coworking. Es el caso de los dos altillos incluidos en la gran nave, uno situado longitudinalmente a ésta, y el otro, transversal. El primero de ellos se inserta sobre una pieza paralelepípeda cerrada (hundida respecto a la cota general) que posibilita un lugar de reunión. A él se accede a través de una escalera-cercha roja, que se convierte en hito de referencia visual. El altillo transversal se sitúa como fondo de escena, utilizando de nuevo el recurso barandilla-cercha, esta vez, con unos potentes 10 metros de luz siendo soporte del forjado, y liberando todo el espacio bajo él. Del mismo modo, otro escenario, el antiguo patio-almacén, se vacía y se conecta a la nave, haciendo de volumen hueco y pulmón del espacio de trabajo.
Toda esta rica heterogeneidad espacial se vincula a través de una elección material y unas soluciones técnicas de gran sencillez: instalaciones vistas acordes al carácter industrial y a la facilidad de intervención, pavimentos continuos de hormigón para los espacios flexibles y parquet industrial para las salas laterales, carpintería de acero para los nuevos huecos junto con madera restaurada en los preexistentes, etc. Todo ello crea una psicología ambiental en la que se integran perfectamente, en un único carácter, las inquietudes detrás del proyecto.
Cuando José Costa se pregunta sobre el concepto de coworking, expresa:
“Es una actitud. Una manera de estar en el mundo, de vivir. Muchos de nosotros pasamos la mayor parte del tiempo en eso que llamamos trabajo. Eso lo convierte en transcendental para nuestra existencia”,
y esa reflexión le lleva a enumerar una serie de conceptos marcados por esa inquietud, que se convertirán en estrategias de intervención arquitectónica:
Sin duda se pueden saborear estos ingredientes en el proyecto para Wayco, consiguiendo elaborar una pieza artesanal y única para una tipología transformadora.
Obra: Wayco Ruzafa
Autor: Jose Costa Arquitecto
colaborador: Pau Olivares Peiró
Objeto: Espacio de coworking
Superficie construida: 740m2
Año: 2018
Ubicación: C/Almirante Cadarso CADARSO 26, Valencia, España
Cliente: WAYCO IDEAS S.L.;
Cálculo estructuras: Jesús Egea
Climatización y renovación de aire: Leing Ingeniería
Instalación eléctrica: J.Miguel Sabina
Arquitecto técnico: Ignacio Gazo
Contratista principal: Eviga
Carpintería de madera: Decormar
Instalación eléctrica: Rugar
Climatización: Grupo fulton
Lucernarios: tva
Fotografía: Milena Villalba
Artículo: Ana Asensio
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