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George Couloris, quien interpreta al tutor de Kane, el banquero Walter Parks Thatcher en un fotograma Ciudadano Kane | Citizen Kane trailer (1941) | RKO Radio Pictures
George Couloris, quien interpreta al tutor de Kane, el banquero Walter Parks Thatcher en un fotograma Ciudadano Kane | Citizen Kane trailer (1941) | RKO Radio Pictures

Con alguna frecuencia aparece en la prensa –que nunca puede evitar lo que debería soslayar inteligentemente- un supuesto “ranking” de las Universidades, en relación a la investigación o a la totalidad, y donde siempre aparecen grandes titulares en los que se afirma que las españolas están a la cola, ninguna entre las 100 primeras del mundo.

Naturalmente, la prensa siempre informa mal, y no nos dice donde están esas supuestas 100 mejores universidades. No es difícil saberlo: sólo podrían estar en Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Francia, Holanda, Alemania, Dinamarca, Suecia y Finlandia. Dudosamente en Bélgica, Noruega o Austria. Simplemente imposible en Italia. En Suiza ¿hay algo más que la protección de la delincuencia financiera? En fin, que no me creo nada. No sé con qué se miden las universidades, pero, en mi condición de viejo universitario, estoy seguro que los procedimientos están equivocados y, además, trampeados. Tengo mucha experiencia en evaluación de la investigación y he tropezado muchas veces con criterios supuestamente objetivos y, en realidad inapropiados y absurdos. Inventados por aquellos que quieren evaluar bien determinadas universidades o determinados y supuestos investigadores; esto es, casi siempre por estadounidenses, la teórica –pero sólo teórica- patria de las buenas universidades.

En España hay muchas, demasiadas universidades, y bastantes de ellas improvisadas. Pero muchas más funcionan razonablemente bien. Aquí es una verdadera afición protestar de las universidades, pero ya quisiera nuestro país que todo funcionara tan bien como ellas. Las universidades españolas funcionan bastante mejor que gran parte de las administraciones públicas, que la administración de justicia, que los colegios profesionales, que el sistema bancario y económico, y que la inmensa mayoría de las empresas. Las universidades españolas son responsables en buena medida del alto nivel del país en todos los aspectos, y su investigación es bastante buena, buenísima y amplísima si se considera en relación con los escasísimos medios de que dispone.

Y si las universidades españolas son malas, ¿qué hacen las familias enviando sistemáticamente a ellas a todos sus hijos? No serán tan malas a juzgar por la enorme afluencia de matriculación, mucho más de lo razonable, y responsable primera de la proliferación universitaria. Pero, a la postre, que en España haya muchos licenciados universitarios no es tan malo para el país. Puede ser malo para ellos mismos, pero no para la sociedad. Si un arquitecto es empleado de banco o un abogado es encargado de un bar, no es muy bueno para ellos, pero no es tan malo para sus clientes. La sociedad necesitará otras cosas, mejor, pero si hay muchos licenciados el asunto no está tan mal.

Que todas las profesiones puedan ser notarios, registradores de la propiedad o controladores aéreos, pongo por caso, entre otras muchas posibles reformas. Algo se resolvería, y no tendríamos a Rajoy, por ejemplo, cobrando 200.000 euros al año por arrendar su Registro (noticias de la prensa, hace tiempo) y dedicarse a la mala política. Y que haya menos abogados, por cierto, que controlan completamente la política, la función pública, la judicatura y todos sus aledaños, el mundo de las empresas, y que inundan con su torpe mentalidad leguleya todo el país. Reformar la universidad sería, en primer lugar, disminuir las facultades del mal llamado Derecho y disminuir consecuentemente las gavelas y ventajas de esos licenciados, que dominan indebida e ineficazmente cualquiera que sea el asunto, protegiendo sistemáticamente los privilegios de sus congéneres.

Juzgar a las Universidades como entidades unitarias es, por otro lado, una tontería. Las universidades están compuestas por muchas facultades, escuelas e institutos. No son homogéneas. Unas instituciones serán buenas, otras mediocres y otras malas. Las universidades españolas no son, desde luego, homogéneas, por lo que no tiene sentido evaluarlas como globalidades. No creo que en otros países sea demasiado distinto.

Sólo tengo verdadera experiencia acerca de las Escuelas españolas de Arquitectura, y, también, de algunas extranjeras, de muchas, en realidad. Hasta la proliferación de universidades públicas y privadas de los últimos años, lacra execrable contra la cual nadie ha movido un dedo, las Escuelas españolas de Arquitectura eran bastante buenas, la mía –la de la Universidad Politécnica de Madrid-, excelente, para nuestra fortuna, bien reconocida por tantos en el extranjero, como demuestra en la práctica la abundancia de estudiantes de todo el mundo. Y como demuestra la gran cantidad de buenos profesionales –esto es, la calidad de la enseñanza- y de la gran cantidad de buenos estudios y publicaciones. Y no es una Escuela aislada; otras muchas españolas también son buenas. En España, la enseñanza de la arquitectura es de alto nivel.

Pero, ¿quién mide eso? Y, sobre todo, ¿a quién le interesa? Los buenos arquitectos españoles no sirven para nada, pues ni las administraciones los usan para resolver mejor las planificaciones de las ciudades y del territorio, que dejan a leguleyos y a profesionales mediocres para dar mejor servicio a la especulación, como a la vista está, y ni siquiera son usados sistemáticamente como proyectistas. Tan sólo las administraciones, algunas veces, buscan buenos arquitectos, pero muchas otras, y, sobre todo, la llamada “sociedad civil”, buscan siempre a los peores, como una simple mirada a nuestras realidades urbanas demuestra.

La administración, además, pone cada vez más trabas a los buenos profesionales y se las va arreglando para impedir la buena arquitectura. Baste citar que en muchos concursos oficiales el peso de la calidad del proyecto es equivalente a la importancia de la baja en la oferta de honorarios, con lo que la competencia, en lo económico, saldrá ganando, pero la calidad arquitectónica es sistemáticamente expulsada. Esto es lo que en arquitectura se consigue con la sacralización de la “competencia” –competencia sólo económica, por supuesto-, tan defendida por “tontos contemporáneos” como Fernández Ordóñez, que dirige, por desgracia (y en una decisión suicida que ignoro a quién corresponde) el Banco de España.

Así, pues ¿dónde están los baremos y los estudios capaces de demostrar la buena calidad de muchas Facultades y Escuelas como en España hay? Y ¿dónde está la sociedad y las administraciones capaces de dotar de mejores medios a las universidades que funcionan y de suprimir su estúpida proliferación? ¿Para cuando un control serio de las malísimas universidades privadas, a quienes se deja funcionar para siempre con un plan de estudios mediocre y un escaso número de doctores?

No creo que las administraciones ni la sociedad españolas estén interesadas en la calidad de las Universidades. Tampoco creo que las evaluaciones internacionales sean honradas. Y mucho menos creo que la prensa sea capaz de informar de algo con sensatez y eficacia. Pero bien es cierto que con todas estas cosas estamos acostumbrados a vivir.

Antonio González-Capitel Martínez · Doctor arquitecto · catedrático en ETSAM
Madrid · enero 2010[:gl]

George Couloris, quien interpreta o tutor de Kane, o banqueiro Walter Parks Thatcher nun fotograma Ciudadán Kane | Citizen Kane trailer (1941) | RKO Radio Pictures

Con algunha frecuencia aparece na prensa -que nunca pode evitar o que debería evitar intelixentemente- un suposto «ranking» das Universidades, en relación á investigación ou á totalidade, e onde sempre aparecen grandes titulares nos que se afirma que as españolas están á cola, ningunha entre as 100 primeiras do mundo.

Naturalmente, a prensa sempre informa mal, e non nos di onde están esas supostas 100 mellores universidades. Non é difícil sabelo: só poderían estar en Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Francia, Holanda, Alemaña, Dinamarca, Suecia e Finlandia. Dubidosamente en Bélxica, Noruega ou Austria. Simplemente imposible en Italia. En Suíza hai algo máis que a protección da delincuencia financeira? En fin, que non creo nada. Non sei con que se miden as universidades, pero, na miña condición de vello universitario, estou seguro que os procedementos están equivocados e, ademais, trampeados. Teño moita experiencia en avaliación da investigación e tropecei moitas veces con criterios supostamente obxectivos e, en realidade inapropiados e absurdos. Inventados por aqueles que queren avaliar ben determinadas universidades ou determinados e supostos investigadores; isto é, case sempre por estadounidenses, a teórica -pero só teórica- patria das boas universidades.

En España hai moitas, demasiadas universidades, e bastantes delas improvisadas. Pero moitas máis funcionan razoablemente ben. Aquí é unha verdadeira afección protestar das universidades, pero xa quixera o noso país que todo funcionara tan ben coma elas. As universidades españolas funcionan bastante mellor que gran parte das administracións públicas, que a administración de xustiza, que os colexios profesionais, que o sistema bancario e económico, e que a inmensa maioría das empresas. As universidades españolas son responsables en boa medida do alto nivel do país en todos os aspectos, e a súa investigación é bastante boa, boa e amplísima se se considera en relación cos escasos medios de que dispón.

E se as universidades españolas son malas, ¿que fan as familias enviando sistematicamente a elas a todos os seus fillos? Non serán tan malas a xulgar pola enorme afluencia de matriculación, moito máis do razoable, e responsable primeira da proliferación universitaria. Pero, ao cabo, que en España haxa moitos licenciados universitarios non é tan malo para o país. Pode ser malo para eles mesmos, pero non para a sociedade. Se un arquitecto é empregado de banco ou un avogado é encargado dun bar, non é moi bo para eles, pero non é tan malo para os seus clientes. A sociedade necesitará outras cousas, mellor, pero se hai moitos licenciados o asunto non está tan mal.

Que todas as profesións poidan ser notarios, rexistradores da propiedade ou controladores aéreos, poño por caso, entre outras moitas posibles reformas. Algo se resolvería, e non teriamos a Rajoy, por exemplo, cobrando 200.000 euros ao ano por arrendar o seu Rexistro (noticias da prensa, hai tempo) e dedicarse á mala política. E que haxa menos avogados, por certo, que controlan completamente a política, a función pública, a xudicatura e todas as súas inmediacións, o mundo das empresas, e que inundan coa súa torpe mentalidade leguleya todo o país. Reformar a universidade sería, en primeiro lugar, diminuír as facultades do mal chamado Dereito e diminuír consecuentemente as gavelas e vantaxes deses licenciados, que dominan indebida e ineficazmente calquera que sexa o asunto, protexendo sistematicamente os privilexios dos seus conxéneres.

Xulgar as Universidades como entidades unitarias é, por outro lado, unha parvada. As universidades están compostas por moitas facultades, escolas e institutos. Non son homoxéneas. Unhas institucións serán boas, outras mediocres e outras malas. As universidades españolas non son, dende logo, homoxéneas, polo que non ten sentido avalialas como globalidades. Non creo que noutros países sexa demasiado distinto.

Só teño verdadeira experiencia acerca das Escolas españolas de Arquitectura, e, tamén, dalgunhas estranxeiras, de moitas, en realidade. Ata a proliferación de universidades públicas e privadas dos últimos anos, eiva execrable contra a cal ninguén moveu un dedo, as Escolas españolas de Arquitectura eran bastante boas, a miña -a da Universidade Politécnica de Madrid-, excelente, para a nosa fortuna, ben recoñecida por tantos no estranxeiro, como demostra na práctica a abundancia de estudantes de todo o mundo. E como demostra a gran cantidade de bos profesionais -isto é, a calidade do ensino- e da gran cantidade de bos estudos e publicacións. E non é unha Escola illada; outras moitas españolas tamén son boas. En España, o ensino da arquitectura é de alto nivel.

Pero, ¿quen mide iso? E, sobre todo, a quen lle interesa? Os bos arquitectos españois non serven para nada, pois nin as administracións os usan para resolver mellor as planificacións das cidades e do territorio, que deixan a leguleyos e a profesionais mediocres para dar mellor servizo á especulación, como á vista está, e nin sequera son usados sistematicamente como proxectistas. Tan só as administracións, algunhas veces, buscan bos arquitectos, pero moitas outras, e, sobre todo, a chamada «sociedade civil», buscan sempre os peores, como unha simple mirada ás nosas realidades urbanas demostra.

A administración, ademais, pon cada vez máis trabas aos bos profesionais e vaillas arranxando para impedir a boa arquitectura. Abonde citar que en moitos concursos oficiais o peso da calidade do proxecto é equivalente á importancia da baixa na oferta de honorarios, co que a competencia, no económico, sairá gañando, pero a calidade arquitectónica é sistematicamente expulsada. Isto é o que en arquitectura se consegue coa sacralización da «competencia» -competencia só económica, por suposto-, tan defendida por «parvos contemporáneos» como Fernández Ordóñez, que dirixe, por desgracia (e nunha decisión suicida que ignoro a quen corresponde) o Banco de España.

Así, pois ¿onde están os baremos e os estudos capaces de demostrar a boa calidade de moitas Facultades e Escolas como en España hai? Y onde está a sociedade e as administracións capaces de dotar de mellores medios ás universidades que funcionan e de suprimir a súa estúpida proliferación? ¿Para cando un control serio das malas universidades privadas, aos que se deixa funcionar para sempre cun plan de estudos mediocre e un escaso número de doutores?

Non creo que as administracións nin a sociedade españolas estean interesadas na calidade das Universidades. Tampouco creo que as avaliacións internacionais sexan honradas. E moito menos creo que a prensa sexa capaz de informar de algo con sensatez e eficacia. Pero ben é certo que con todas estas cousas estamos afeitos a vivir.

Antonio González-Capitel Martínez · Doutor arquitecto · catedrático en ETSAM

Madrid · xaneiro 2010[:en]

George Couloris, whom Kane interprets to the tutor of Kane, the banker Walter Parks Thatcher in a Citizen Kane | Citizen Kane trailer (1941) | RKO Radio Pictures

With some frequency it appears in the press – that can never avoid what should ignore intelligently – a supposed «ranking» of the Universities, in relation to the investigation or to the totality, and where always there appear big holders in whom one affirms that the Spanish women are to the tail, none between the 100 first ones of the world.

Naturally, the press always reports badly, and does not say to us where these supposed 100 better universities are. It is not difficult to know it: only they might be in The United States, Canada, England, France, Holland, Germany, Denmark, Sweden and Finland. Doubtfully in Belgium, Norway or Austria. Simply impossible in Italy. In Switzerland there is something more than the protection of the financial delinquency? In end, which I do not believe myself at all. Do not be to what the universities measure up, but, in my condition of university old man, I am sure that the procedures are mistaken and, in addition, cheated. I have a lot of experience in evaluation of the investigation and have stumbled often over supposedly objective criteria and, actually inappropriate and absurd. Invented by those that there want to evaluate certain well universities or certain and supposed investigators; this is, almost always for Americans, the theoretical one – but only theoretical – mother land of the good universities.

In Spain there are many, too many universities, and enough of unexpected them. But many more work reasonably well. Here it is a real interest to protest about the universities, but already our country wanted that everything was working so well as them. The Spanish universities work better enough than great part of the public administrations, that the administration of justice, that the professional colleges, that the bank and economic system, and that the immense majority of the companies. The Spanish universities are responsible mostly for the high level of the country in all the aspects, and his investigation is good enough, very good and the the most ample if it is considered in relation by the scantiest means which he has.

And if the Spanish universities are bad, what they do the families sending systematicly them to all his children? They will not be so bad judging by the enormous abundance of matriculation, much any more of the reasonable thing, and the first person in charge of the university proliferation. But, at last, that in Spain there are many university licentiates it is not so bad for the country. He can be a villain for them same, but not for the company. If an architect is used of bank or an attorney is in charge of a bar, is not very good for them, but it is not so bad for his clients. The company will need other things, better, but if there is many licensed the matter it is not so bad.

That all the professions could be notaries, recorders of the property or air-traffic controllers, I put for case, between other many possible reforms. Something would be solved, and we would not have Rajoy, for example, receiving 200.000 Euros a year for hiring his Record (news of the press, some time ago) and to devote itself to the bad politics. And that has less pleaded, certainly, that control completely the politics, the public function, the judicature and all his boundaries, the world of the companies, and that flood with his awkward mentality leguleya the whole country. To reform the university would be, first, to diminish the powers of the evil called Law and to diminish consistently the gavelas and advantages of these licentiates, who dominate unduly and ineffectively anyone that is the matter, protecting systematicly the privileges of his congéneres.

To judge to the Universities as unitary entities is, on the other hand, a bilge. The universities are composed by many powers, schools and institutes. They are not homogeneous. A few institutions will be good, different mediocre and different bad. The Spanish universities are not, certainly, homogeneous, for what sense does not make evaluate them like globalidades. I do not believe that in other countries it is too different.

Only I have real experience it brings over of the Spanish Schools of Architecture, and, also, of some foreigners, of many, actually. Up to the proliferation of universities public and private roads of last years, execrable blight against which nobody has moved a finger, the Spanish Schools of Architecture were good enough, mine – that of the Technical University of Madrid-, excellently, for our fortune well recognized by so many people abroad, since it demonstrates in the practice the students’ abundance of the whole world. And since there demonstrates the great quantity of good professionals – this is, the quality of the education – and of the great quantity of good studies and publications. And it is not an isolated School; other many Spanish women also are good. In Spain, the education of the architecture is high-level.

But, the one who does measure it? And, especially, to whom is he interested in it? The good Spanish architects do not serve for anything, so not even the administrations use them to solve better the plannings of the cities and of the territory, which leave pettifoggers and mediocre professionals to give better service to the speculation, since at sight it is, and even they nor are used systematicly as designers. Only the administrations, often, good architects search, but different many, and, especially, the so called «civil society», look always for the worst, since a simple look to our urban realities demonstrates.

The administration, in addition, puts increasingly you unite the good professionals and he is fixing them up to prevent the good architecture. Finger to mention that in many official contests the weight of the quality of the project performs equivalent to the importance of the fall in the offer of fees, with what the competition, in the economic thing, will go out winning, but the architectural quality is systematicly expelled. This is what in architecture achieves with the sacralización of the «competition» – competition only economic, for supposition-, so defended by » contemporary idiots » as Fernandez Ordóñez, that it directs, unfortunately (and in a suicidal decision that I ignore to whom the Bank of Spain corresponds).

This way, so where there are the scales and the studies capable of demonstrating the good quality of many Powers and Schools since in Spain is it? And where is it the company and the administrations capable of providing with better means to the universities that work and of suppressing his stupid proliferation? For when a serious control of the worst private universities, who are left to work forever with a mediocre study plan and a scanty number of doctors?

I do not believe that either the administrations or the company Spanish women are interested in the quality of the Universities. Neither I believe that the international evaluations are honest. And much less I believe that the press is capable of reporting of something sensibly and efficiency. But well it is true that with all these things we are accustomed to living.

Antonio González-Capitel Martínez · Doctor architect · professor in ETSAM

Madrid · january 2010

[:]

Antón Capitel
Antón Capitelhttp://acapitel.blogspot.com.es/
Es arquitecto y catedrático de Proyectos de la Escuela de Arquitectura de Madrid, fue director de la revista Arquitectura (COAM) de 1981 a 1986 y de 2001 a 2009. Historiador, ensayista y crítico, ha publicado numerosos artículos en revistas españolas y extranjeras sobre arquitectura española e internacional. Entre sus libros destacan diferentes monografías sobre arquitectos.
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12 years ago

Muy oportuno el artículo de Antón Capitel, en un tiempo en el que la arquitectura se ve degradada a nivel académico y profesional (ley de servicios profesionales) y la ciudad ha resultado ser el campo de experimentación de especuladores sin intención de hacer ciudad, sino más bien de hacer caja.
A nosotros sólo nos queda seguir trabajando por lo que consideramos una buena arquitectura, y mejorar en lo posible la comunicación con una sociedad que nos da la espalda porque no entiende nuestro trabajo.

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