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Quiero escribir demasiadas cosas en el blog, y no me cuaja ninguna. En estos tiempos de zozobra y de angustia me gustaría tocar muchos asuntos, pero no tengo la suficiente serenidad como para estructurarlos en un discurso coherente. Barajo varios y no me decido por ninguno, y me digo que ojalá tuviera el suficiente oficio de escritor como para rellenar una entrada porque sí, sin más, con la pura profesionalidad y con el dominio y el aparente desinterés del que nos habla Joyce en el Retrato del Artista Adolescente.
El artista, como el Dios de la creación, permanece dentro, o detrás, o más allá, o por encima de su obra, trasfundido, evaporado de la existencia… indiferente… entrenetido en arreglarse las uñas.

Y me viene a la mente el gran artista que fue Luis Gutiérrez Soto. Con él siempre da esa sensación que dice Joyce, de un dios que contempla cómo fluyen sus obras por sí mismas, sin mayores problemas existenciales.
No es que Don Luis no trabajara como un titán; es que parece como si no se interesara por el aspecto «cultural», «trascendente» de la arquitectura. Hacía las obras como churros, y cuando las vemos no podemos entender que fueran de una misma persona.
¿Qué tiene que ver esto:

con esto:

o con esto?

La vida de Luis Gutiérrez Soto es una larga cadena de éxitos. De joven, mientras estudiaba arquitectura, le gustaba el football, y, naturalmente, jugó en el Real Madrid (no en un filial, ni en un juvenil, ni nada de eso: en el primer equipo); y, naturalmente, era el máximo goleador. Tanto que le apodaban Pichichi, como al mítico delantero del Athletic que sigue dando su apodo y su trofeo cada año a los máximos goleadores de la liga.
Acabó su carrera brillantemente en 1923, con un PFC que hoy nos hace sonrojar, pero era lo que había que hacer. Y salió a la calle, a construir, con un cacao mental de pronóstico.
Se preguntó: «¿qué estilo se lleva?», y se fue repitiendo esa pregunta durante toda su vida. (Yo le pondría esa frase como epitafio).
En los años treinta adoptó un tipo de arquitectura moderna, racionalista, pero muy influida por el expresionismo de Mendelsohn, con una plástica deliciosa. (Este estilo tuvo mucho éxito, y se puede disfrutar en muchas ciudades españolas. A mí me parece especialmente bueno en las obras de Pedro de Ispizua y de Manuel Galíndez en Bilbao).

Fig. 2 Aeropuerto de Madrid-Barajas, Restaurant y Bar. Luís Gutiérrez Soto, 1931.
Fig. 3. Cine Barceló en Madrid (España). Luís Gutiérrez Soto, 1930.
En la Guerra Civil se alistó en el bando adecuado, y venció. Los encargos se amontonaron. Había una nación por reconstruir, y él se puso a la cabeza. Surgió entonces de nuevo la pregunta: «¿qué estilo se lleva?», y se respondió a sí mismo con una cosa rara: Entre moderno y castizo, entre racionalista y espiritual (entendiendo por espiritual el sentimiento católico-español). ¿Pero eso cómo se concreta plásticamente?
Optó por reconstruir los barrios más ricos de Madrid (es lo que pasa cuando uno puede elegir). Su Barrio de Salamanca natal está hoy plagado de obras suyas. Y el de Chamberí, y el de Argüelles…

Ese bloque madrileño de pisos de ladrillo visto, con esquinas y/o cornisas de piedra caliza, y terrazas, o miradores panzones… Vamos, el bloque de pisos típico de Madrid, es en gran parte obra suya, y una cantidad insólita de ellos son directamente obras suyas. (También los hizo en otras ciudades de España).

Este gran Pichichi de la arquitectura (¡Dios, qué golazos!) hizo chalés, cines, discotecas, bares, iglesias, ministerios, etc, etc.

Le llevó dos versiones del Ministerio del Aire al general Vigón, con y sin chapiteles, y el general eligió la de los chapiteles porque era «más español», como El Escorial.

Y muy pocos años después hizo el edificio del Alto Estado Mayor con un estilo moderno ma non troppo:

Constantemente se hacía la pregunta: «¿qué estilo se lleva?», o, en estos casos: «¿qué estilo es el más adecuado para este cliente?» Y lo bueno es que los dominaba todos, y sabía hacer obras maestras en cada uno de ellos. Parece como si le diera igual.
Nos recuerda a Groucho Marx:
«Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros».
Hizo una de las mejores torres de viviendas de Madrid,

y una de las mejores torres de oficinas.

Curiosamente, después de haber hecho de todo, cerca del fin de su vida dijo que la obra de la que se sentía más orgulloso era la del Palacio March, en Palma de Mallorca.

¿El estilo? ¡Qué más daba el estilo! Lo que importaba era la dificultad técnica, la proeza de construir.
Juan Daniel Fullaondo le hizo una curiosa entrevista para Nueva Forma, en la que Gutiérrez Soto planteó una curiosa defensa ética de su eclecticismo, diciendo que el arquitecto no tiene que inventar formas, pues eso es orgullo y petulancia, sino que las formas ya están ahí todas, inventadas y disponibles, y que lo que tiene que hacer el arquitecto es resolver los problemas técnicos, funcionales y temáticos. Y elegir para ello las formas que mejor le convengan.
Fullaondo, con su eterna perspectiva cultural, intentó llevarle a su terreno. Le habló del Bar Chicote para decirle que esta obra se instala «en un nivel cultural, que trasciende bastante un enfoque tan esquemáticamente moralista». Gutiérrez Soto le contestó que el Bar Chicote fue una obra muy lograda, pero no admitía que la valoraran como su mejor obra, porque las había hecho mucho más complejas, y en el fondo quienes decían esto manifestaban mala intención, desacreditando obras suyas muy superiores. Fullaondo le insistió que no se podía hablar solo en términos prácticos, que en las obras hay muchos niveles, incluso niveles poéticos. Y Don Luis, ya bastante fastidiado, le contestó:
«No entiendo bien lo que quieres decir, con esta frasecita un tanto rebuscada de nivel cultural, yo creo que la arquitectura es buena o mala simplemente independientemente de ese nivel cultural del que hablas»,
y volvió a hablar de «sentido común», a rebajar el debate a niveles prácticos y estrictamente profesionales, y a cantar al arquitecto como servidor de la sociedad. Después de esta parrafada, Fullaondo dice:
«Está visto que no nos entendemos».
Naturalmente, era imposible que se entendieran un teórico que buscaba una trascendencia cultural y un súper profesional, hiperpráctico, que lo había construido todo, que lo sabía construir todo y en el estilo que fuera.
Muchos años después le pregunté a Fullaondo por esta entrevista, y me dijo que, efectivamente, había sido una entrevista algo incómoda, pero que qué bueno y qué grande era este arquitecto.
Lo dejaremos así: El gran arquitecto que no quiso que su obra fuera trascendente, o a quien le daba mucha vergüenza que le señalaran los aspectos trascendentales de su obra.
José Ramón Hernández Correa · Doctor Arquitecto
Toledo · septiembre 2010
[:en]
I want to write too many things in the blog, and it does not curdle his any. In these times of uncertainty and of distress I would like to touch many matters, but I do not have the sufficient serenity as to structure them in a coherent speech. I shuffle several and do not decide on any, and say to myself that ojalá had the writer’s sufficient trade as to refill an entry because yes, ado, with the pure professionalism and with the domain and the apparent disinterest of which Joyce speaks to us in the Portrait of the Adolescente Artist.
The artist, as the God of the creation, remains inside, or behind, or beyond, or over his work, trasfundido, evaporated of the existence … indifferent … entrenetido in fixing the nails up.

And me there comes to the mind the great artist who was Luis Gutiérrez Soto. With him always it gives this sensation that Joyce says, of a god who contemplates how his works flow for yes same, without major existential problems.
It is not that Don Luis was not working as a titan; it is that it seems as if it was not interested for the «cultural», «transcendent» aspect of the architecture. It was doing the works as light doughnut rings, and when we see them we cannot understand that they belonged to the same person.
What has it to see this:

with this:

or with this?

Luis Gutiérrez Soto’s life is a long chain of successes. Of young woman, while he was studying architecture, he liked the football, and, naturally, it played in Royal Madrid (not neither in subsidiary, nor in the juvenile one, nor nothing of it: in the first equipment); and, naturally, he was the maximum scorer. So much that were nicknaming Pichichi, since to the mythical forward of the Athletic who continues giving his nickname and his trophy every year to the maximum scorers of the league.
It ended his career brilliantly in 1923, with a PFC that today makes us blush, but it was what it was necessary to do. And it went out to the street, to construct, with a mental cocoa of forecast.
He wondered: «what style does it take to himself? «, and this question was repeating itself during all his life. (I would put this phrase as epitaph).
In the thirties he adopted a type of modern, racionalist architecture, but very influenced by Mendelsohn‘s expressionism, with a delicious plastic arts. (East I am used it was very much successful, and it is possible to enjoy in many Spanish cities. It seems to me to be specially good at the works of Pedro de Ispizua and of Manuel Galíndez in Bilbao).

Fig. 2 Airport of Madrid You – quarrel, Restaurant and Bar. Luís Gutiérrez Soto, 1931.
Fig. 3. Cinema Barceló in Madrid (Spain). Luís Gutiérrez Soto, 1930.
In the Civil war it enlisted in the suitable decree, and won. The orders were accumulated. There was a nation for reconstructing, and he put to the head. The question arose then again: » what style does it take to himself? «, and it was answered to yes same by a rare thing: Between modern and pure, between racionalist and spiritual (understanding for spiritually the feeling Catholic – Spanish). But it how does it make concrete plastically?
It chose to reconstruct the richest neighborhoods of Madrid (it is what happens when it can choose one). His Neighborhood of natal Salamanca is today riddled with his works. And that of Chamberí, and that of Argüelles…

This block of Madrid of floors of seen brick, with corners and / or cornices of limestone, and terraces, or viewing-points panzones… We go, the typical block of floors of Madrid, it is largely a his work, and an unusual quantity of them they are directly his works. (Also it did them in other cities of Spain).

This great Pichichi of the architecture (God, what golazos!) it did chalets, cinemas, discotheques, bars, churches, departments, etc, etc.

It took two versions of the Department of the Air to the general Vigón, with and without capitals of a column, and the general chose that of the capitals of a column because it was «more Spanish», as El Escorial.

And very a few years later odd ma did the building of the High Staff Officer with a modern ma non troppo:

Constant the question was done: «what style does it take to himself? «, or, in these cases: «what style is most adapted for this client?» And the good thing is that it was dominating all, and it could do masterpieces in each of them. It seems as if it was all the same to him.
He us resembles Groucho Marx:
«These are my beginning. If he does not like them I have others».
It did one of the best towers of housings of Madrid,

and one of the best towers of offices.

Curiously, after having done of everything, near the end of his life he said that the work of which he was feeling prouder was that of the Palace March, in Palma.

The style? What more was giving the style! What was mattering was the technical difficulty, the prowess of constructing.
Juan Daniel Fullaondo did a curious interview to him for Nueva Forma, in which Gutiérrez Soto raised a curious ethical defense of his eclecticism, saying that the architect does not have to invent forms, since it is pride and petulance, but the forms already are there all, invented and available, and that what it has to do the architect is to solve the technical, functional and thematic problems. And to choose for it the forms that better are convenient for him.
ullaondo, with his eternal cultural perspective, tried to take him to his area. Strong boy spoke to him about the Bar to say to him that this work establishes itself «in a cultural standard, that moralist comes out enough an approach so schematically». Gutiérrez Grove answered him that the Bar Strong boy was a very successful work, but it was not admitting that they should value it as his better work, because it had made them much more complex, and in the bottom those who were saying this were demonstrating bad intention, becoming discredited his very top works. Fullaondo him insisted that it was not possible to speak only in practical terms, which in the works there are many levels, even poetical levels. And Don Luis, already enough bothered, answered him:
«I do not understand well what you want to say, with this frasecita rather searched carefully of cultural standard, I believe that the architecture is good or bad simply independently of this cultural standard about which you speak»,
and it returned to speak about «common sense», to reduce the debate to practical and strictly professional levels, and to sing to the architect as servant of the company. After this chat, Fullaondo says:
«Está visto que no nos entendemos».
Naturally, it was impossible that there was understood the theoretical one that was looking for a cultural transcendency and super professionally, hyperpractically, that had constructed everything, who could construct everything and in the style that was.
Many years later I asked Fullaondo him about this interview, and he said to me that, really, it had been a slightly inconvinient interview, but that good what and what big one was this architect.
We will make it like that: The great architect who did not want that his work was transcendent, or to whom it was giving many shame that were indicating to him the transcendental aspects of his work.
José Ramón Hernández Correa · Doctor Architect
Toledo · setember 2010
[:gl]
[…]
Quero escribir demasiadas cousas no blog, e non me calla ningunha. Nestes tempos de zozobra e de angustia gustaríame tocar moitos asuntos, pero non teño a suficiente serenidade como para estructurarlos nun discurso coherente. Barallo varios e non me decido por ningún, e dígome que oxalá tivese o suficiente oficio de escritor como para reencher unha entrada porque si, sen máis, coa pura profesionalidad e co dominio e o aparente desinterese do que nos fala Joyce no Retrato do Artista Adolescente.
O artista, como o Deus da creación, permanece dentro, ou detrás, ou máis aló, ou por encima da súa obra, trasfundido, evaporado da existencia… indiferente… entrenetido en arranxarse as uñas.

E vénme á mente o gran artista que foi Luís Gutiérrez Soto. Con el sempre dá esa sensación que di Joyce, dun deus que contempla como flúen as súas obras por si mesmas, sen maiores problemas existenciales.
Non é que Don Luis non traballase como un titán; é que parece coma se non se interesase polo aspecto «cultural», «transcendente» da arquitectura. Facía as obras como churros, e cando as vemos non podemos entender que fosen dunha mesma persoa.
¿Que ten que ver isto:

con isto:

ou con isto?

A vida de Luis Gutiérrez Soto é unha longa cadea de éxitos. De mozo, mentres estudaba arquitectura, gustáballe o football, e, naturalmente, xogou no Real Madrid (non nun filial, nin nun xuvenil, nin nada diso: no primeiro equipo); e, naturalmente, era o máximo goleador. Tanto que o alcumaban Pichichi, como ao mítico dianteiro do Athletic que segue dando o seu alcume e o seu trofeo cada ano aos máximos goleadores da liga.
Rematou a súa carreira brillantemente en 1923, cun PFC que hoxe nos fai ruborizar, pero era o que había que facer. E saíu á rúa, a construír, cun cacao mental de prognóstico.
Preguntouse: «¿que estilo se leva?», e foise repetindo esa pregunta durante toda a súa vida. (Eu poñeríalle esa frase como epitafio).
Nos anos trinta adoptou un tipo de arquitectura moderna, racionalista, pero moi influída polo expresionismo de Mendelsohn, cunha plástica deliciosa. (Este estilo tivo moito éxito, e pódese gozar en moitas cidades españolas. A min paréceme especialmente bo nas obras de Pedro de Ispizua e de Manuel Galíndez en Bilbao).

Fig. 2 Aeroporto de Madrid-Barajas, Restaurante e Bar. Luís Gutiérrez Soto, 1931.
Fig. 3. Cine Barceló en Madrid (España). Luís Gutiérrez Soto, 1930.
Na Guerra Civil alistouse no bando axeitado, e venceu. Os encargos amontoáronse. Había unha nación por reconstruír, e el púxose á cabeza. Xurdiu entón de novo a pregunta: «¿que estilo se leva?», e respondeuse a si mesmo cunha cousa rara: Entre moderno e castizo, entre racionalista e espiritual (entendendo por espiritual o sentimento católico-español). ¿Pero iso como se concreta plasticamente?
Optou por reconstruír os barrios máis ricos de Madrid (é o que pasa cando un pode elixir). O seu Barrio de Salamanca natal está hoxe enchido de obras súas. E o de Chamberí, e o de Argüelles…

Ese bloque madrileño de pisos de ladrillo visto, con esquinas e/ou cornixas de pedra calcaria, e terrazas, ou miradoiros panzones… Imos, o bloque de pisos típico de Madrid, é en gran parte obra súa, e unha cantidade insólita deles son directamente obras súas. (Tamén os fixo noutras cidades de España).

Este gran Pichichi da arquitectura (¡Deus, que golazos!) fixo chalés, cines, discotecas, bares, igrexas, ministerios, etc, etc.

Levoulle dúas versións do Ministerio do Aire ao xeneral Vigón, con e sen chapiteles, e o xeneral elixiu a dos chapiteles porque era «máis español», como El Escorial.

E moi poucos anos despois fixo o edificio do Alto Estado Maior cun estilo moderno ma non troppo:

Constantemente facíase a pregunta: «¿que estilo se leva? «, ou, nestes casos: «¿que estilo é o máis axeitado para este cliente?» E o bo é que os dominaba todos, e sabía facer obras mestras en cada un deles. Parece coma se lle dese igual.
Recórdanos a Groucho Marx:
«Estes son os meus principios. Se non lle gustan teño outros».
Fixo unha das mellores torres de vivendas de Madrid,

e unha das mellores torres de oficinas.

Curiosamente, despois de facer de todo, preto do fin da súa vida dixo que a obra da que se sentía máis orgulloso era a do Pazo March, en Palma de Mallorca.

¿O estilo? ¡Que máis daba o estilo! O que importaba era a dificultade técnica, a proeza de construír.
Juan Daniel Fullaondo fíxolle unha curiosa entrevista para Nueva Forma, na que Gutiérrez Soto formulou unha curiosa defensa ética do seu eclecticismo, dicindo que o arquitecto non ten que inventar formas, pois iso é orgullo e petulancia, senón que as formas xa están aí todas, inventadas e dispoñibles, e que o que ten que facer o arquitecto é resolver os problemas técnicos, funcionais e temáticos. E elixir para iso as formas que mellor lle conveñan.
Fullaondo, coa súa eterna perspectiva cultural, intentou levalo ao seu terreo. Faloulle do Bar Chicote para dicilo que esta obra se instala «nun nivel cultural, que transcende bastante un enfoque tan esquematicamente moralista,». Gutiérrez Soto contestoulle que o Bar Chicote foi unha obra moi lograda, pero non admitía que a valorasen como a súa mellor obra, porque as fixera moito máis complexas, e no fondo os que dicían isto manifestaban mala intención, desacreditando obras súas moi superiores. Fullaondo insistiulle que non se podía falar só en termos prácticos, que nas obras hai moitos niveis, mesmo niveis poéticos. E Don Luis, xa bastante amolado, contestoulle:
«Non entendo ben o que queres dicir, con esta frasecita un tanto rebuscada de nivel cultural, eu creo que a arquitectura é boa ou mala simplemente independentemente dese nivel cultural do que falas»,
e volveu falar de «sentido común», a rebaixar o debate a niveis prácticos e estritamente profesionais, e a cantar ao arquitecto como servidor da sociedade. Despois desta parrafada, Fullaondo di:
«Está visto que non nos entendemos».
Naturalmente, era imposible que se entendesen un teórico que buscaba unha transcendencia cultural e un super profesional, hiperpráctico, que o construíra todo, que o sabía construír todo e no estilo que fora.
Moitos anos despois pregunteille a Fullaondo por esta entrevista, e díxome que, efectivamente, fora unha entrevista algo incómoda, pero que que bo e que grande era este arquitecto.
Deixarémolo así: O grande arquitecto que non quixo que a súa obra fose transcendente, ou a quen lle daba moita vergoña que lle sinalasen os aspectos transcendentais da súa obra.
José Ramón Hernández Correa · Doutor Arquitecto
Toledo · setembro 2010
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Cineac en 1934 [Jan Duiker] | vaumm
El Cineac fue construido en 1934 por Jan Duiker como una sala de cine
para proyectar noticiarios. Su condición de cine de la actualidad
condicionó su nombre CINE+ACtual. Su enorme cartel anuncio no es un
añadido decorativo, forma parte de su condición actual, de la narrativa
publicitaria del cine de la actualidad.
[…]
http://goo.gl/1yi7SA
Luis Gutiérrez Soto · Urbipedia
Luis Gutiérrez Soto (Madrid, 6 de junio de 1890 – 4 de febrero de 1977) fue un arquitecto español, uno de los principales representantes del racionalismo en España, trabajando principalmente en Madrid. Formaba parte de la denominada Generación del 25, englobada dentro del denominado Movimiento Moderno.
Su trayectoria profesional refleja los cambios que se fueron
produciendo en la arquitectura española; practicó un estilo particular,
no se vinculó oficialmente a ninguna corriente de vanguardia y, sin
embargo, experimentó las novedades técnicas y el empleo de nuevos
materiales que iban apareciendo. Así, fue evolucionando desde los
presupuestos de la arquitectura tradicional hacia los nuevos postulados
funcionalistas, racionalistas y expresionistas, propios de la
arquitectura moderna que hacía furor en la Europa de las décadas de 1920
y 1930, y en el GATEPAC, «Grupo de Arquitectos y Técnicos Españoles
para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea».
http://goo.gl/HbJTNv
Racionalismo madrileño: las piscinas · Enrique Fidel
La cultura progresista del siglo XX siempre tuvo entre sus objetivos un desarrollo armónico de mente y cuerpo y cuando la Segunda República llegó al poder, impulsó las dotaciones deportivas públicas y privadas. En Madrid,
se promovieron piscinas para aliviar el calor del verano, ya que las
vacaciones en la playa eran inasequibles para la inmensa mayoría de los
trabajadores. En el Plan General de 1930 ya se proponía una gran zona deportiva y recreativa a orillas del río Manzanares y, siguiendo sus directrices, se levantó la piscina La Isla, que desapareció tras la Guerra Civil, y la Playa de Madrid -ahora en manos privadas- cuya buena arquitectura no es muy reconocible.
http://goo.gl/m7QX6L
Aeropuerto de Madrid, en el término de Barajas (1931) · Enrique Fidel
El aeropuerto internacional de Madrid se construyó para
suplir a los aeródromos de Alcalá, Carabanchel y Getafe, y para ello se
eligió una paramera de 161 hectáreas de extensión en el noreste de
Madrid, en el municipio de Barajas. El proyecto lo realizaron el
arquitecto Luis Gutiérrez Soto y el ingeniero Marqués de los Álamos.
http://goo.gl/c3SnwI
Continuamos con la historia del cine sonoro en España. Este preámbulo sobre arquitectura lo presenta nuestro amigo Juan Ortiz
http://goo.gl/QR0f54