[:es]
El siguiente texto nace de la inquietud generada a partir de la revisión entrometida a dos proyectos de Le Corbusier: La pequeña casa en Corseaux-Vevey de 1923 y la villa Savoye de 1928, me he preguntado el por qué la colocación de muros y ventanas en donde aparentemente no hace falta, la una en la terraza de la villa Savoye y la otra en el jardín sur de la casa Corseaux-Vevey. Algo que me resulta extraño es que en ambos proyectos se construye un muro frente a unas magnificas vistas, y esto es algo que a través de el siguiente texto me tratare de responder.
Pienso que hallando respuesta a estas preguntas es posible encontrar valores, que aparentemente insignificantes, sirvan para proyectar; intuyo que es posible encontrar estas respuestas en el origen mismo de la arquitectura, y es justamente por ahí donde inicio. Como estrategia, se reconocen, tres aspectos para el desarrollo de esta indagación, objeto, tema y problema, en este caso el objeto son dos obras de Le Corbusier, el tema son estos muros-ventanas en particular, y el problema es el por qué de la disposición de estos en lugares aparentemente casuales. Para ello me pregunto,
¿qué es arquitectura?, ¿cuál es su cometido?, ¿cuál es su origen?
Pienso en los orígenes de la arquitectura, mucho antes de los cánones clásicos de belleza, de sus órdenes, de Vitruvio. Algunos autores sostienen que el origen de la arquitectura se encuentra en la cabaña primitiva, conformada por troncos de árboles y pieles de animales, dispuestos de alguna manera para que, bajo ella, pueda albergarse una o un grupo de personas, el gesto primigenio, disponer de una cubierta que los proteja de la intemperie y de la inmensidad del planeta en esa remota época. Si vamos más atrás en el tiempo, se dice que, la primera arquitectura son las cavernas, esa concavidad de superficie rocosa, húmeda y oscura, invadida y domesticada por el hombre para asegurarse un refugio.

Así, uno de los gestos primigenios de la arquitectura es el de establecer relaciones con el mundo, permitir al hombre, orientarse con respecto a la geografía que le rodea, a las montañas, el alba, el ocaso. Bajo esta reflexión, revisemos entonces algunos proyectos de Le Corbusier, y veamos lo que podemos encontrar.
La residencia Corseaux-Vevey (latitud 46°28` N, longitud 6°49` E), organiza sus espacios a lo largo de una ventana horizontal, orientada hacia el sur, aprovechando así, en esta latitud norte, la luz solar austral y en especial la escasa luz rasante de invierno. Su fachada norte, es un muro ciego con moderadas aberturas que protege a la casa de los vientos fríos del norte. En la esquina Sur-Este se dispone un patio conformado por un muro, una mesa y un árbol que acompaña el espacio a manera de una sombrilla, el muro agujereado a manera de una ventana, orientado hacia el sur, encuadra sus vistas hacia el lago Léman, sobre él, de tanto en tanto aparece un bote, al fondo el espectáculo de las montañas de los Alpes.

“El problema planteado: una casa para dos personas solas, sin servicio domestico. Región: el extremo este del lago Léman; a orillas del lago en la ladera dominante; vista frontal al sur. Se procedió de forma contraria a lo acostumbrado: se estableció el plan riguroso de la casa, funcional, respondiendo exactamente al programa, verdadera pequeña máquina para vivir. Luego, con el plano en el bolsillo, se busco el terreno que podría convenir”.1
“.… haciendo entrar en la casa la grandeza de un lugar magnifico: el lago, con su movimiento, los Alpes, con el milagro de la luz”.2

Este recurso de encuadrar el paisaje lo encontramos en la villa Savoye, (latitud 48°55` N, longitud 2°01` E), cuando al final de la rampa y de toda la promenade se dispone de un muro agujereado a manera de una ventana. En la terraza a través de este muro horadado, se aprecia la naturaleza desde un punto más elevado, esto es al nivel de las copas de los arboles.

Alguién pensará que la colocación de estas ventanas es un caso fortuito o aislado, pues así lo hice, pero al inspeccionar los carnets de viajes de Le Corbusier, vemos que, este recurso es vislumbrado por Jeanneret ya en 1911, antes siquiera que haya construido sus celebres obras, esto lo atestigua sus dibujos de viaje a oriente, travesía en donde el joven Jeanneret explora el mundo observándolo de una manera atenta y aguda. Durante cuatro años se dedico a estudiar edificios y lugares, tomando nota, dibujando, midiendo, y cuestionándose cosas.
Específicamente en el croquis de la cartuja de Ema, ubicada en las cercanías de Florencia, al final del pasillo en las celdas de los monjes, una ventana enmarca el paisaje de toscana, este hecho es registrado y valorizado por el joven Jeanneret a través del dibujo, nótese como el horizonte de las montañas y su vertical, la columna del pasillo, forman un ángulo de 90 grados, este croquis es acompañado por otro que consiste en una planta de una de las celdas de la Cartuja donde traza una flecha con la palabra vue, esto es, la vista desde el alto pasillo de la célula, hacia el tenue reflejo de la luz del valle, junto con el sinuoso perfil del horizonte Italiano, nótese que el punto de la columna en planta, esta fuerte mente trazada.

Otro de sus bocetos, registra esta manera de apreciar la naturaleza, boceto realizado en su visita al monte Athos, desde su habitación del hotel karyes en la sagrada montaña, dibuja, a la derecha de su composición el monte, una pirámide vertical, vegetación en sus faldas, y a la izquierda vista infinita hacia el mar horizontal en reposo, desde su habitación, Jeanneret dibuja, piensa
“poseo lo que veo”.

Esta sensibilidad, no solamente se observa en sus dibujos, sino también se lee en sus apuntes registrados en su libro Le Voyage d´Orient, publicado poco antes de su muerte, el texto registra las agudas impresiones de su visita al Athos.
“Los cipreses eran negros, el convento del gris más delicado, los olivares de plata verdosa y el cielo de un verde crudo invadido por un violeta venido del mar y de las blancas estrellas del zénit, que entraron en escena en ese decorado móvil cuya rampa luminosa se iba apagando…” 3
El monasterio de la Tourette de 1953 (latitud 45°49` N, longitud 4°37` E), está conformado por tres bloques de celdas que giran en torno a un claustro, orientadas cada una hacia el Este, Sur y Oeste, el conjunto está delimitado en su fachada Norte por la iglesia, esta cierra todo el conjunto como un gran muro ciego que protege al claustro de los vientos fríos del Norte, con respecto a la disposición de estos bloques, hay algo que siempre me ha llamado la atención, que es la separación que existe entre los bloques de celdas y la iglesia, es algo que hasta hace poco, no conseguía entrever plenamente la razón definitiva de esta operación, existen varios motivos de esta separación, el que considero más potente es dejar este vacío para que la misma arquitectura encuadre el paisaje, una operación aparentemente inocente, que al ser tan obvia, personalmente, la había dejado pasar por alto, pero es justamente ahí en donde la buena arquitectura se hace presente.
El monasterio de La Tourette, un dispositivo que incentiva al hombre a tener una aproximación contemplativa hacia la naturaleza y el paisaje, de una manera silenciosa, de meditación, es precisamente lo que incentiva a los monjes, a reflexionar sobre el lugar en el que habitan. El espacio entre la iglesia y las demás dependencias enmarcan el paisaje de una manera monumental por su tamaño, (recordemos las pequeñas ventanas en los dos proyectos anteriores). Elementos arquitectónicos como: el balcón, las “metralletas de luz” de la sacristía, la rampa, la chimenea, y el puente en la terraza, crean una fuerte composición escultórica, entre paisaje natural y paisaje construido.

El primer trazo de arquitectura comienza con el hombre y su actitud con respecto a la situación geográfica en la que habita. Eligiendo el lugar se comete el acto criminal o valedero de la arquitectura. Tomando conciencia de cómo es su topografía, el horizonte, el cíclico recorrido del sol en el transcurso del día, Le Corbusier toma decisiones de proyecto. Horizonte, orientación solar y topografía son factores del lugar que esperan ser proyectados y vivenciados. En este caso, Le Corbusier toma estos elementos del lugar para trazarlos como parte del proyecto.

Si damos repaso al libro Acerca del Purismo de Ozenfant y Jeanneret, en la pagina sesenta y ocho, reconocían como un valor del arte el ser capaz de percibir el orden de la naturaleza
“Uno de los mayores deleites del espíritu humano es percibir el orden de la naturaleza y medir su propia participación en el orden de las cosas; la obra de arte nos parece que es un trabajo de ordenación, una obra maestra de orden humano”.4
Así, el Monasterio de la Tourette toma posición con respecto al mundo, su arquitectura se convierten en la medida que hace mensurable y por lo tanto apreciable a la geografía, y al paisaje, permite a su habitante reconocer el orden de la naturaleza y medir su participación en ese orden. Todo empieza a cobrar sentido cuando inspeccionamos otras obras de Le Corbusier.
¿La clave de su arquitectura? Un dispositivo, hacer al paisaje conmensurable, apreciable, ya que
“… el paisaje omnipresente sobre todos los frentes, omnipotente, acaba cansando… ¿Habéis observado que en tales condiciones no se le mira más? Para que el paisaje sea tenido en cuenta es preciso limitarlo…” 5,
y así lo hace, en el pabellón l’Esprit Nouveau de 1924, el departamento Beistegui de 1929, en la Unité d’habitation de Marsella de 1945, en el Monasterio de la Tourette de 1953, su arquitectura intensifica la experiencia del espectador hacia el paisaje, la clave, un muro alto, tras él se oculta la ciudad, ala ves que este muro hace de base para el espectáculo del horizonte lejano, las montañas, las nubes, la luminosidad del cielo desde el amanecer hasta el atardecer, con todos sus colores. Estar en la terraza de la Unité de Marsella es estar en la cubierta de un transatlántico varado a orillas de Marsella, entre el mar y las montañas.
¿Cuántas personas pagan por un crucero cada año, pudiendo vivir en uno?
En la terraza, alejados del ruido de la ciudad, descanso, sol, espacio, aire, teatro, esparcimiento, deporte.

“Creo que al menos una vez en la vida el hombre debería concentrar su mente en el recuerdo de la tierra. Debería entregarse a un paisaje de su vida. En particular, mirarlo desde tantos ángulos como pueda, preguntarse acerca de éste, morar en él… Me interesa la manera en que un hombre mira un determinado paisaje y toma posesión de éste en su cuerpo y en su mente”.6
Santiago Carvajal. arquitecto
Cuenca (Ecuador). septiembre 2013
Notas:
1. BALTANÁS, José, Le Corbusier, promenades,
Gustavo Gili, Barcelona 2005.p.37
2. Ibidem.p.38
3. JEANNERET, Charles Edouard, Le Voyage d´Orient,
Colegio oficial de aparejadores y arquitectos técnicos de Madrid, 1984. Extracto p. 145
4. OZENFANT, Amédée, JEANNERET, Charles Edouard, Acerca del Purismo escritos1918-1926,
Madrid, El croquis editorial, 1993, p. 68.
5. BALTANÁS, José, Le Corbusier, promenades,
Gustavo Gili, Barcelona 2005.p.37
[:gl]
O seguinte texto nace da inquietude xerada a partir da revisión entremetida a dous proxectos de Le Corbusier: A pequena casa en Corseaux-Vevey de 1923 e a vila Savoye de 1928, pregunteime o por que a colocación de muros e ventás onde aparentemente non fai falta, a unha na terraza da vila Savoye e a outra no xardín sur da casa Corseaux-Vevey. Algo que me resulta estraño é que en ambos os dous proxectos se constrúe un muro fronte a unhas magnificas vistas, e isto é algo que a través do seguinte texto se me tratar de responder. Penso que achando resposta a estas preguntas é posible encontrar valores, que aparentemente insignificantes, sirvan para proxectar; intúo que é posible encontrar estas respostas na orixe mesma da arquitectura, e é xustamente por aí onde inicio. Como estratexia, recoñécense, tres aspectos para o desenvolvemento desta indagación, obxecto, tema e problema, neste caso o obxecto son dúas obras de Le Corbusier, o tema son estes muros-ventás en particular, e o problema é o por que da disposición destes en lugares aparentemente casuais. Para iso pregúntome, ¿que é arquitectura?,¿cal é o seu labor?, ¿cal é a súa orixe?
Penso nas orixes da arquitectura, moito antes dos canons clásicos de beleza, das súas ordes, de Vitruvio. Algúns autores sosteñen que a orixe da arquitectura se encontra na cabana primitiva, conformada por madeiros de árbores e peles de animais, dispostos dalgún xeito para que, baixo ela, poida albergarse unha ou un grupo de persoas, o xesto primixenio, dispoñer dunha cuberta que os protexa da intemperie e da inmensidade do planeta nesa remota época. Se imos máis atrás no tempo, dise que, a primeira arquitectura son as cavernas, esa concavidade de superficie rochosa, húmida e escura, invadida e domesticada polo home para asegurarse un refuxio.

Así, un dos xestos primixenios da arquitectura é o de establecer relacións co mundo, permitir ao home, orientarse con respecto á xeografía que lle rodea, ás montañas, a alba, o ocaso. Baixo esta reflexión, revisemos entón algúns proxectos de Le Corbusier, e vexamos o que podemos encontrar.
A residencia Corseaux-Vevey (latitude 46° 28′ N, lonxitude 6° 49′ E), organiza os seus espazos ao longo dunha ventá horizontal, orientado cara ao sur, aproveitando así, nesta latitude norte, a luz solar austral e en especial a escasa luz rasante de inverno. A súa fachada norte, é un muro cego con moderadas aberturas que protexe á casa dos ventos fríos do norte. Na esquina Sur-Leste disponse un patio conformado por un muro, unha mesa e unha árbore que acompaña o espazo a xeito dunha antuca, o muro perforado a xeito dunha ventá, orientado cara ao sur, encadra as súas vistas cara ao lago Léman, sobre el, de tanto en tanto aparece un bote, ao fondo o espectáculo das montañas do Alpes.

“O problema formulado: unha casa para dúas persoas soas, sen servizo domestico. Rexión: o extremo este do lago Léman; a beiras do lago na aba dominante; vista frontal ao sur. Procedeuse de forma contraria ao afeito: estableceuse o plan rigoroso da casa, funcional, respondendo exactamente ao programa, verdadeira pequena máquina para vivir. Logo, co plano no peto, se busco o terreo que podería convir.” [1]
“… facendo entrar na casa a grandeza dun lugar magnifico: o lago, co seu movemento, o Alpes, co milagre da luz.” [2]

Este recurso de encadrar a paisaxe encontrámolo na vila Savoye, (latitude 48° 55′ N, lonxitude 2° 01′ L), cando ao final da rampla e de toda a promenade se dispón dun muro perforado a xeito dunha ventá. Na terraza a través deste muro horadado, apréciase a natureza dende un punto máis elevado, isto é ao nivel das copas das árbores.

Alguén pensará que a colocación destas ventás é un caso fortuíto ou illado, pois así fíxeno, pero ao inspeccionar os carnés de viaxes de Le Corbusier, vemos que, este recurso é enxergado por Jeanneret xa en 1911, antes sequera que construíse as súas celebres obras, isto testemúñao os seus debuxos de viaxe a oriente, travesía onde o mozo Jeanneret explora o mundo observándoo dun xeito atento e agudo. Durante catro anos se dedico a estudar edificios e lugares, tomando nota, debuxando, medindo, e cuestionándose cousas.
Especificamente no esbozo da cartuxa de Ema, situada nas proximidades de Florencia, ao final do corredor nas celas dos monxes, unha ventá enmarca a paisaxe de toscana, este feito é rexistrado e valorizado polo mozo Jeanneret a través do debuxo, nótese como o horizonte das montañas e a súa vertical, a columna do corredor, forman un ángulo de 90 graos, este esbozo é acompañado por outro que consiste nunha planta dunha das celas da Cartuxa onde traza unha frecha coa palabra vue, isto é, a vista dende o alto corredor da célula, cara ao tenue reflexo da luz do val, xunto co sinuoso perfil do horizonte Italiano, nótese que o punto da columna en planta, esta forte mente trazada.

Outro dos seus bosquexos, rexistra este xeito de apreciar a natureza, bosquexo realizado na súa visita ao monte Athos, dende o seu cuarto do hotel karyes na sagrada montaña, debuxa, á dereita da súa composición o monte, unha pirámide vertical, vexetación nas súas faldras, e á esquerda vista infinita cara ao mar horizontal en repouso, dende o seu cuarto, Jeanneret debuxa, pensa “posúo o que vexo”.

Esta sensibilidade, non soamente se observa nos seus debuxos, senón tamén se le nos seus apuntamentos rexistrados no seu libro Le Voyage d´Orient, publicado pouco antes da súa morte, o texto rexistra as agudas impresións da súa visita ao Athos.
“Os cipreses eran negros, o convento do gris máis delicado, os oliveirais de prata verdosa e o ceo dun verde cru invadido por un violeta vido do mar e das brancas estrelas do zénit, que entraron en escena nese decorado móbil cuxa rampla luminosa se ía apagando… ” [3]
O mosteiro da Tourette de 1953 (latitude 45° 49′ N, lonxitude 4° 37′ E), está conformado por tres bloques de celas que xiran en torno a un claustro, orientadas cada unha cara ao Leste, Sur e Oeste, o conxunto está delimitado na súa fachada Norte pola igrexa, esta pecha todo o conxunto como un gran muro cego que protexe ao claustro dos ventos fríos do Norte, con respecto á disposición destes bloques, hai algo que sempre me chamou a atención, que é a separación que existe entre os bloques de celas e a igrexa, é algo que ata fai pouco, non conseguía entrever plenamente a razón definitiva desta operación, existen varios motivos desta separación, o que considero máis potente é deixar este baleiro para que a mesma arquitectura encadre a paisaxe, unha operación aparentemente inocente, que ao ser tan obvia, persoalmente, a deixara pasar por alto, pero é xustamente aí onde a boa arquitectura faise presente. O mosteiro de La Tourette, un dispositivo que incentiva o home a ter unha aproximación contemplativa cara á natureza e a paisaxe, dun xeito silencioso, de meditación, é precisamente o que incentiva os monxes, a reflexionar sobre o lugar no que habitan. O espazo entre a igrexa e as demais dependencias enmarcan a paisaxe dun xeito monumental polo seu tamaño, (recordemos as pequenas ventás nos dous proxectos anteriores). Elementos arquitectónicos como: o balcón, as “metralletas de luz” da sancristía, a rampla, a cheminea, e a ponte na terraza, crean unha forte composición escultórica, entre paisaxe natural e paisaxe construída.

O primeiro trazo de arquitectura comeza co home e a súa actitude con respecto á situación xeográfica na que habita. Elixindo o lugar cométese o acto criminal ou valedoiro da arquitectura. Tomando conciencia de como é a súa topografía, o horizonte, o cíclico percorrido do sol no transcurso do día, Le Corbusier toma decisións de proxecto. Horizonte, orientación solar e topografía son factores do lugar que esperan ser proxectados e vivenciados. Neste caso, Le Corbusier toma estes elementos do lugar para trazalos como parte do proxecto.

Se damos repaso ao libro acerca do Purismo de Ozenfant e Jeanneret, en paxínaa sesenta e oito, recoñecían como un valor da arte o ser capaz de percibir a orde da natureza “Un dos maiores deleites do espírito humano é percibir a orde da natureza e medir a súa propia participación na orde das cousas; a obra de arte parécenos que é un traballo de ordenación, unha obra mestra de orde humana.” [4] Así, o Mosteiro da Tourette toma posición con respecto ao mundo, a súa arquitectura convértense na medida que fai mensurable e polo tanto apreciable á xeografía, e á paisaxe, permite ao seu habitante recoñecer a orde da natureza e medir a súa participación nesa orde. Todo empeza a cobrar sentido cando inspeccionamos outras obras de Le Corbusier.
¿A clave da súa arquitectura? Un dispositivo, facer á paisaxe conmensurable, apreciable xa que “… a paisaxe omnipresente sobre todas as frontes, omnipotente, acaba cansando… ¿Observaschedes que en tales condicións non se lle mira máis? Para que a paisaxe sexa tida en conta é preciso limitalo… ” [5], e así faino, no pavillón l’Esprit Nouveau de 1924, o departamento Beistegui de 1929, na Unité d’habitation de Marsella de 1945, no Mosteiro da Tourette de 1953, a súa arquitectura intensifica a experiencia do espectador cara á paisaxe, a clave, un muro alto, tras el ocúltase a cidade, á ves que este muro fai de base para o espectáculo do horizonte afastado, as montañas, as nubes, a luminosidade do ceo dende o amañecer ata o atardecer, con todas as súas cores. Estar na terraza da Unité de Marsella é estar na cuberta dun transatlántico varado a beiras de Marsella, entre o mar e as montañas. ¿Cantas persoas pagan por un cruceiro cada ano, podendo vivir nun? Na terraza, afastados do ruído da cidade, descanso, sol, espazo, aire, teatro, esparexemento, deporte.

“Creo que polo menos unha vez na vida o home debería concentrar a súa mente no recordo da terra. Debería entregarse a unha paisaxe da súa vida. En particular, miralo dende tantos ángulos como poida, preguntarse acerca deste, morar nel… me interesa o xeito en que un home mira unha determinada paisaxe e toma posesión deste no seu corpo e na súa mente” [6]
Santiago Carvajal. arquitecto
Cuenca (Ecuador). setembro 2013
Notas:
1. BALTANÁS, José, Le Corbusier, promenades,
Gustavo Gili, Barcelona 2005.p.37
2. Ibidem.p.38
3. JEANNERET, Charles Edouard, Le Voyage d´Orient,
Colexio oficial de aparelladores e arquitectos técnicos de Madrid, 1984. Extracto p. 145
4. OZENFANT, Amédée, JEANNERET, Charles Edouard, Acerca del Purismo escritos1918-1926,
Madrid, El croquis editorial, 1993, p. 68.
5. BALTANÁS, José, Le Corbusier, promenades,
Gustavo Gili, Barcelona 2005.p.37[:en]
The following text is born of the worry generated from the review meddled to two projects of Le Corbusier: The small house in Corseaux-Vevey of 1923 and the villa Savoye of 1928, I have wondered why the placement of walls and windows where seemingly it is not necessary to have, the one in the terrace of the villa Savoye and other one in the south garden of the house Corseaux-Vevey. Something that me turns out to be strange is that in both projects a wall constructs itself opposite to a few magnificent conference, and this is something that across the following text will treat me of answering. Fodder that finding response to these questions is possible to find values, which seemingly insignificant, they serve to project; I feel that it is possible to find these answers in the origin itself of the architecture, and it is exactly thereabouts where I initiate. As strategy, they are recognized, three aspects for the development of this investigation, object, topic and problem, in this case the object they are two works of Le Corbusier, the topic they are these walls – windows especially, and the problem is why of the disposition of these in seemingly chance places. For it I wonder, what is an architecture?, which is his assignment?, which is his origin?
I think about the origins of the architecture, a long before the classic cánones of beauty, of his orders, of Vitruvio. Some authors hold that the origin of the architecture is in the primitive cabin shaped by trunks of trees and skins of animals, arranged somehow in order that, under her, it could shelter one or one group of persons, the original gesture, have of a cover that protects them from the outdoors and from the immensity of the planet in this remote epoch. If we go more behind in the time, it is said that, the first architecture it are the caverns, this concavity of rocky, surface humid and dark, invaded and domesticated by the man to assure a refuge him.

This way, one of the original gestures of the architecture is of establishing relations with the world, allowing the man, to be orientated with regard to the geography that surrounds, to the mountains, the dawn, the west. Under this reflection, let’s check at the time some projects of Him Corbusier, and let’s see what we can find.
The residence Corseaux-Vevey (latitude 46°28 ` N, length 6°49 ` E), organizes his spaces along a horizontal window orientated towards the south, taking advantage this way, in this north latitude, of the solar austral light and especially the scanty low winter light. His north front, it is a blind wall with moderate openings that it protects to the house of the cold winds of the north. In the corner South – East arranges a court shaped by a wall, a table and a tree that accompanies the space like a parasol, the wall pierced like a window, orientated towards the south, fits his conference towards the lake Léman, on him, of so much while a boat appears, to the bottom the spectacle of the mountains of the Alps.

“The raised problem: a house for two alone persons, without service I domesticate. Region: the this end of the lake Léman; on the banks of the lake in the dominant hillside; frontal sight in the southern part. One came from form opposite to the used thing: there was established the rigorous plan of the house, functional, answering exactly to the program, real small machine to live. Then, with the plane in the pocket, I look for the area that might be convenient.” [1]
“.… making enter the house the greatness of a magnificent place: the lake, with his movement, the Alps, with the miracle of the light.” [2]

This resource of fitting the landscape we find it in the villa Savoye, (latitude 48°55 ` N, length 2°01 ` E), when at the end of the ramp and of the whole promenade he arranges of a wall pierced like a window. In the terrace across this perforated wall, it appreciates the nature from a higher point, this is at the level of the glasses of the trees.

Someone was thinking that the placement of these windows is an act of God or isolated, since this way I did it, but when Le Corbusier inspect the season-tickets of trips, we see that, this resource is glimpsed by Jeanneret already in 1911, before at least that has constructed his famous works, this it testifies his drawings of trip to east, voyage where the young person Jeanneret explores the world observing it in an attentive and sharp way. For four years buildings and places dedicate to being studied, taking note, drawing, measuring, and questioning things.
Specifically in the sketch of the Ema’s Carthusian one, located in Florencia’s surroundings, at the end of the corridor in the cells of the monks, a window frames the landscape of toscana, this fact is registered and valued by the young person Jeanneret across the drawing, be obvious as the horizon of the mountains and his vertical one, the column of the corridor, they form an angle of 90 degrees, this sketch is accompanied by other one that consists of a plant of one of the cells of the Carthusian one where it plans an arrow with the word vue, this is, the sight from the high corridor of the cell, towards the tenuous reflection of the light of the valley, together with the sinuous profile of the Italian horizon, one notice that the point of the column in plant, this strong planned mind.

Other one of his sketches, registers this way of estimating the nature, sketch realized in his visit to the mount Athos, from his room of the hotel karyes in the sacred mountain, draws, to the right of his composition the mount, a vertical pyramid, vegetation in his skirts, and to the left side dress infinite towards the horizontal sea in rest, from his room, Jeanneret draws, thinks “I possess what I see”.

This sensibility, not only it is observed in his drawings, but also Voyage d’Orient is read in his notes registered in his book Him, published little before his death, the text registers the sharp impressions of his visit to the Athos.
“The cypresses were black, the convent of the most delicate grey, the olive groves of greenish silver and the sky of a green crude oil invaded by violet come from the sea and from the white stars of the zénit, which entered scene this mobile set which luminous ramp was going out…” [3]
The monastery of the Tourette at 1953 (latitude 45°49 ` N, length 4°37 ` E), is shaped by three blocks of cells that turn concerning a cloister, orientated each one eastward, South and West, the set is delimited in his front North by the church, this one closes the whole set as a great blind wall that it protects to the cloister of the cold winds of the North, with regard to the disposition of these blocks, there is something that always has been called me the attention, that is the separation that exists between the blocks of cells and the church, is something that even it makes small, it was not managing to guess fullly the definitive reason of this operation, there exist several motives of this separation, which I consider to be more powerful is to leave this emptiness in order that the same architecture fits the landscape, a seemingly innocent operation, which on having been so obvious, personally, had left her to overlook, but it is exactly there where the good architecture becomes present. The monastery of The Tourette, a device that stimulates the man to have a contemplative approximation towards the nature and the landscape, of a silent way, of meditation, is precisely what stimulates the monks, to thinking about the place in which they live. The space between the church and other dependences they frame the landscape of a monumental way for his size, (let’s remember the small windows in both previous projects). Architectural elements as: the balcony, the “sub-machine guns of light” of the sacristy, the ramp, the chimney, and the bridge in the terrace, create a strong sculptural composition, between natural landscape and constructed landscape.

The first outline of architecture begins with the man and his attitude with regard to the geographical situation in the one that lives. Choosing the place there is committed the criminal or valid act of the architecture. Being aware of how it is his topography, the horizon, the cyclical tour of the Sun in the course of the day, Le Corbusier takes project decisions. Horizon, solar orientation and topography are local factors that expect to be projected and vivenciados. In this case, Le Corbusier takes these local elements to plan them as part of the project.

If we give revision to the book It Brings over of the Purism of Ozenfant and Jeanneret, in the page sixty eight, they were admitting as a value of the art the being capable of perceiving the order of the nature “One of the major delights of the human spirit is to perceive the order of the nature and to measure his own participation in the order of the things; there looks like the work of art to us that it is a work of arrangement, a masterpiece of human order.” [4] This way, the Monastery of the Tourette takes position with regard to the world, his architecture they turn into the measure that it makes measurable and therefore valuably to the geography, and to the landscape, it allows to his inhabitant to admit the order of the nature and to measure his participation in this order. Everything starts receiving sense when we inspect other works of Le Corbusier.
The key of his architecture? A device, to do to the commensurable, valuable landscape, since “… the omnipresent landscape on all the fronts, omnipotent, ends up by tiring … have you observed that in such conditions one does not look at him any more? In order that the landscape is had in account it is necessary to limit it …” [5], and this way it is done, in the pavilion L’Esprit Nouveau of 1924, by the department Beistegui of 1929, in the Unité d’habitation of Marseilles of 1945, in the Monastery of the Tourette of 1953, his architecture intensifies the experience of the spectator towards the landscape, the key, a high wall, after him the city hides itself, wing you see that this wall does of base for the spectacle of the distant horizon, the mountains, the clouds, the luminosity of the sky from the dawn up to the late afternoon, with all his colors. To be in the terrace of the Unité of Marseilles is to be in the cover of the transatlantic one beached on the banks of Marseilles, between the sea and the mountains. How many persons pay for a cruise every year, being able to live in one? In the terrace, removed from the noise of the city, rest, the Sun, space, air, theatre, scattering, sport.

“I believe that at least once in the life the man should concentrate his mind in the recollection of the land. It should submit to a landscape of his life. Especially, about looking at it from so many angles since could, wonder it brings over of this one, to dwell in him … I am interested in the way in which a man looks at a certain landscape and takes possession of this one in his body and in his mind” [6]
Santiago Carvajal. architect
Cuenca (Ecuador). september 2013
Notes:
1. BALTANÁS, José, Le Corbusier, promenades,
Gustavo Gili, Barcelona 2005.p.37
2. Ibidem.p.38
3. JEANNERET, Charles Edouard, Le Voyage d´Orient,
Colegio oficial de aparejadores y arquitectos técnicos de Madrid, 1984. Extracto p. 145
4. OZENFANT, Amédée, JEANNERET, Charles Edouard, Acerca del Purismo escritos1918-1926,
Madrid, El croquis editorial, 1993, p. 68.
5. BALTANÁS, José, le corbusier, promenades,
Gustavo Gili, Barcelona 2005.p.37
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ESCONDER LA MIRADA · Santiago de Molina
La práctica de la ocultación no solo
corresponde al arte del vestido y la política. La arquitectura la ha
empleado con astucia y éxito tanto en Oriente como en Occidente como
base operativa generalizada desde antiguo:
En
Oriente, Sen-no Rikyu, maestro afamado de la ceremonia del te, hizo
plantar dos setos que ocultaban completamente el mar en un templo cerca
de Osaka. Al lado mandó colocar una pileta de piedra. Sólo cuando el
visitante se inclinaba para tomar agua en el cuenco de las manos, su
mirada encontraba la abertura escorzada entre los setos y se abría la
vista al mar ilimitado.
“La idea
de Rikyu probablemente era esta: al inclinarse sobre la pileta y ver la
propia imagen achicada en el limitado espejo de agua, el hombre
consideraba la propia pequeñez, después apenas alzaba la cara para beber
de la mano, lo capturaba el resplandor de la inmensidad marina y
cobraba conciencia de que era parte del universo infinito. Pero son
cosas que cuando se las quiere explicar demasiado se malogran; a quien
interrogaba sobre el porqué del seto, el maestro se limitaba a citar los
versos del poeta Sogi:
Aquí, un poco de agua
Allá entre los árboles,
el mar.” (1)
De igual modo en el otro extremo
del mundo, 1500 años antes, Adriano hizo construir el único lugar en
todo el imperio donde contemplar un sol saturado y móvil, lento entre
los cuarterones antiguos de la cúpula y los mármoles hoy rehechos de los
muros. Desde entonces, el mejor lugar para ver el sol y el cielo romano
no es tanto la Piazza Navona, el Campidoglio o los foros, como el
Panteón.
La arquitectura oculta
las ocasiones obvias para redescubrir lo evidente, señalarlo y ponerlo
en valor. Oculta una vista gastada para, de improviso, mostrarla de
golpe y con sorpresa; como rejuvenecida y actualizada: Nueva y limpia.
Tal paradoja se repite desde que la arquitectura es arquitectura y el
hombre, hombre, allá donde significarse en relación al mundo sea
necesario.
(1) CALVINO, Italo, Colección de arena, Siruela, Barcelona, 2001 (1984), pp.202
http://goo.gl/JV8reU
Un artículo interesante. La idea de que una gran vista se disfruta más cuando está enmarcada me la encuentro últimamente por todas partes. De hecho, acabo de escribir un texto sobre el asunto relacionando a Christopher Alexander con Siza y Barragán, que parecen tener una visión similar sobre el problema. Adjunto el enlace por si a alguien le interesa echarle una ojeada:
http://bailarsobrearquitectura.wordpress.com/2013/09/13/vista-zen/
Saludos,
Iago López
Debería ser de lógica elemental buscar en la definición de arquitectura la explicación de los fenómenos arquitectónico.
Sólo teniendo claro el objeto de estudio se puede realizar un análisis profundo y objetivo de las características de dicho objeto.
El artículo da una pequeña muestra de los alcances que puede tener una definición clara de la arquitectura. En la primera parte se pueden apreciar elementos sociales, culturales, históricos, físicos, económicos, artísticos, biológicos y otros tantos.
La segunda parte circunscribe al conjunto del arte el universo de elementos que integra la arquitectura mostrando las limitaciones que está práctica implica.
¿Cómo vivían las personas que habitaban el espacio? ¿Cuántos recursos se consumieron? ¿Qué elementos trascienden al mundo del arte en esta construcción? ¿Cómo funcionan los espacios interiores? ¿Qué tanto mantenimiento se le da al espacio?
Todas son preguntas que se abren al pensar en arquitectura como la interacción ser humano-entorno… Con todas las implicaciones que tendrían sus posibles respuestas. Pero todas se cierran violentamente al retomar de nuevo las limitantes de la definición arquitectura-arte…
Espero que algún día otros arquitectos venga y puedan demostrar que la arquitectura no debe ser considerada más un arte… La arquitectura no es un arte.