InicioartículosEl Club de los Paraísos Perdidos | Borja López CoteloO Club dos...

[:es]El Club de los Paraísos Perdidos | Borja López Cotelo[:gl]O Club dos Paraísos Perdidos | Borja López Cotelo[:en]The Club of the Lost Paradise | Borja López Cotelo[:]

[:es]

Caminaba despacio por la calle Dei Greci. Era jueves, y en la atmósfera tranquila de esas últimas horas del día, Venecia parecía otra ciudad. Crucé el puente, me perdí por la abigarrada Riva degli Schiavoni y me senté en el borde de un canal a ver pasar la vida, dejando que mis piernas oscilasen a pocos centímetros del agua. El estucado rojo de las fachadas me pareció entonces voluptuoso, sonoro, y comencé a imaginar noches largas de lujuria y carnaval.

Dibujo de Sverre Fehn, de NORBERG-SCHULZ, Ch. & G. POSTIGLIONE [1997]2007. Sverre Fehn. Opera Completa. Milán, Mondadori Electa S.p.A.

Pensaba en todas esas cosas cuando me di cuenta de que no estaba sólo; a mi lado, recortada contra la luz lívida de los faroles, distinguí la figura de un viejo en el que hasta ese momento no había reparado:

-Cuando me siento aquí- dijo- recuerdo por qué vuelvo a Venecia una y otra vez.
Esta ciudad tiene unas dimensiones que te siguen, y siempre te da la bienvenida.1
Escruté su rostro, pero en la penumbra apenas pude distinguir su pelo claro y unos ojos pequeños. Tras unos segundos, balbuceé:
-Desde luego, caballero… ¡Y luego están esas fachadas de un rojo obsceno!
Al rubio le divirtió mi absurda puntualización. Prorrumpió en una carcajada, pasó su brazo sobre mi hombro y sugirió:
-Conozco una trattoria donde preparan el mejor bacalà mantecà de Venecia. No está lejos de aquí.

Dibujo de Sverre Fehn, de NORBERG-SCHULZ, Ch. & G. POSTIGLIONE [1997]2007. Sverre Fehn. Opera Completa. Milán, Mondadori Electa S.p.A.

Acepté la invitación: ese hombre parecía de fiar y yo tenía un hambre feroz. Al ponernos en pie descubrí su colosal estatura, que me hacía sentir como uno de esos enanos de circo. Mientras caminábamos, comenzó a hablar sobre algunos viajes de juventud, y en sus recuerdos se mezclaron la noche y los astros:

En Marruecos…la llanura desértica une las aldeas como el mar une las islas -explicó – la gente abandona los oasis y los pueblos montada en camellos o burros, guiada sólo por las estrellas y el sol.2
Eso era exactamente lo que me parecía estar haciendo en esa noche de luna: errar por callejuelas de pavimento argentado, sin rumbo fijo ni faros que nos guiasen.
La historia sucesiva– prosiguió el anciano-, fue la conversación con la noche y sus estrellas.3
-¿Cuándo comenzó a verse la noche?4– Respondí, metafísico.
Una nueva carcajada fue la respuesta a mi pregunta retórica:
-Ya hemos llegado- anunció-. Aquí es.

Dibujo de Sverre Fehn, del Nasjonalmuseet for kunst, arkitektur og design

Por más que miré a mi alrededor no vi ninguna señal de un restaurante, ni aún de una taberna. El viejo golpeó con decisión una vetusta puerta de madera, que pronto cedió para dejar a la vista una escalera estrecha, oscura y tétrica; sin volverse, empezó a descender.
No tuve más remedio que seguirle, y unos segundos después descubrí que ni siquiera ese siniestro umbral había prefigurado la escena que iba a contemplar: un tugurio sombrío, iluminado sólo por velas parpadeantes sobre las que flotaba un humo denso de opio y hachís. A izquierda y derecha, una colección de personajes extravagantes se arrellanaban lánguidos sobre sillones tapizados en seda. Entre ellos, como emergido de las tinieblas, un elegante maître avanzó hacia nosotros:

-La mesa está lista –informó-. Don Carlo les espera desde hace tiempo.
Nos guió a continuación hasta una puerta situada en el extremo opuesto de la sala, tras la que descubrimos una estancia extraordinaria: una pequeña cripta sobre cuyos muros -manchados por la humedad de la laguna que, sin duda, nos rodeaba más allá de los sillares- descansaba una bóveda ojival, ¡tal vez estábamos ante la mazmorra de un antiguo palazzo o el último rastro de unas catacumbas!
Y allí, sentado con expresión severa, estaba otro hombre que fijó su mirada en nosotros.
-Buenas noches, Profesor -saludó el viejo, al tiempo que hacía una reverencia casi litúrgica-. Le ruego que disculpe nuestro retraso.
No hay cultura al norte de los Alpes…5– murmuró, contrariado, el comensal.
Era un hombre singular. Su barba rala enmarcaba un rostro afilado que, junto con su nariz aguileña y su pelo gris peinado hacia atrás, le confería un aspecto aristocrático y delicado. Tenía los ojos hundidos, parapetados tras unas gafas redondas y excesivas.
Nos sentamos a la mesa y el maître sirvió Petrus hasta llenar nuestras copas, forjadas con un vidrio azul de Murano. El viejo alzó la suya y exclamó:
-¡Salud!

Dibujo de Sverre Fehn, de NORBERG-SCHULZ, Ch. & G. POSTIGLIONE [1997]2007. Sverre Fehn. Opera Completa. Milán, Mondadori Electa S.p.A.

Los movimientos pausados de nuestro anfitrión, su cuidadosa manera de posar la copa en la mesa tras cada trago de vino, su mirada señoril y vaga, lo hacían parecer –al menos a mis ojos- la mismísima reencarnación del Dogo Foscari.6

El viejo, del que ahora sí podía distinguir el rostro, parecía en cambio un hombre mundano, mucho más prosaico. Él fue quien comenzó la conversación.

-Profesor, querría en primer lugar agradecerle que me permita explicar mi proyecto. Hace tiempo que tengo esa aspiración…han transcurrido ya cincuenta años desde que lo dibujé por primera vez, y aún no sé si Venecia lo habrá aceptado.
El veneciano sonrió con una mezcla de conmiseración y escepticismo, y el rubio comenzó la narración de ese proyecto que yo estaba ansioso por conocer:
-Verá- dijo el viejo-, en Venecia cada árbol es precioso…y en la parcela había unos cuantos7

A continuación, su discurso se volvió confuso. Comenzó a hablar de la luz nórdica, de un mundo sin sombras; gesticulaba frenético, casi desesperado. Ni el anfitrión ni yo entendíamos de qué estaba hablando.

De pronto, su mirada se detuvo en el mantel –confeccionado con un finísimo papel egipcio-, cogió una plumilla y trazó sobre él un dibujo escueto:

Dibujos de Sverre Fehn, de FJELD, P. O. (2009). Sverre Fehn.

-Nací en el País de las Sombras Largas8 , en esa Ultima Thule desconocida para los meridionales -explicó-. Cuando tuve que hacer el proyecto, yo apenas superaba los treinta años. Venecia me pareció una invención que existe como un contenedor de sueños buscando lo inexplicable …9 una ciudad que vive en el reflejo mágico de la luz entre los canales de la laguna.10

Por eso –continuó-, en el lejano 1958, esbocé algo así:

Dibujo de Sverre Fehn, de NORBERG-SCHULZ, Ch. & G. POSTIGLIONE [1997]2007. Sverre Fehn. Opera Completa. Milán, Mondadori Electa S.p.A.

-Éste es el proyecto- resumió-. Una interferencia en la naturaleza que difumina los rayos de este sol mediterráneo para traer a Venecia la luz del Norte.
El anfitrión y yo habíamos enmudecido. La claridad de esos bocetos esenciales había hecho innecesaria cualquier palabra, habían iluminado un discurso ininteligible.
En ese instante, rompiendo el silencio, apareció el maître con una enorme bandeja de cuscús.
– Me he tomado la libertad de cambiar el menú- señaló el Profesor-. El bacalá no sienta bien a estas horas. Ya tengo una edad…
El rubio sonrió y mostró su conformidad; parecía gustarle la idea de experimentar un sabor extraño:
-Al fin y al cabo -reflexionó-, Venecia es la ciudad de los ladrones, la ciudad de los comerciantes. Cualquier posible mercancía pasa a través de esta ciudad.11

Dibujo de Sverre Fehn, de NORBERG-SCHULZ, Ch. & G. POSTIGLIONE [1997]2007. Sverre Fehn. Opera Completa. Milán, Mondadori Electa S.p.A.

Comimos, y mientras tanto el viejo habló con entusiasmo acerca de Venecia y sus artistas. Aseguró que, cuando miraba los cuadros de Carpaccio, se podía imaginar a sí mismo a través de toda la vida veneciana.12

El Profesor, mucho menos locuaz, masticaba lentamente la sémola de grano hasta que de pronto, movido por una pulsión interior, apoyó los cubiertos en la mesa, sacó de su bolsillo un lápiz gastado y afirmó:

Quiero ver las cosas, no me fío más que de esto…por eso dibujo.
Sólo puedo ver las cosas si las dibujo
.13 -Mientras pronunciaba esas palabras, su grafito comenzó a delinear sobre el mantel una imagen minuciosa:

Dibujo de Carlo Scarpa, de SCARPA, C. (1985). Carlo Scarpa. Barcelona, Gustavo Gili

-Esto es lo que a mí me interesa de Venecia –dijo-. Cómo podrá aceptar el advenimiento de ‘lo nuevo’.

Yo, que hasta ese instante había permanecido cómodo en mi papel de convidado de piedra, me sobresalté cuando el rubio se volvió hacia mí e inquirió:

-¿Y tú, muchacho? ¿Qué podrías contarnos de Venecia?…
Permanecí en silencio… ¡Me atemorizaba la idea de hablar frente a esos dos desconocidos!-¿Es la primera vez que visitas la ciudad? –insistió-.

¡Algo podrás contar a estos dos viejos!

Tras unos segundos de duda, los efectos del humo narcótico que viciaba el aire me empujaron a contar mi historia:

-Crecí en el Fin de la Tierra– comencé-. Allí la tierra se encuentra con el mar como un cuchillo se encuentra con la piel: todo es concreto, absoluto, violento…-
Cogí mi rotulador y, como si de una epidemia iniciada en las manos de esos dos hombres se tratase, comencé a ilustrar mi relato…

Dibujo de Borja López Cotelo

-La primera vez que vi Venecia –continué- me pareció un espectro que flotaba en la laguna…

Dibujo de Borja López Cotelo

-Luego comprendí que en realidad es una ilusión, el truco de un prestidigitador, pura superchería: sus islas se apoyan en millones de estacas clavadas en el fango, sobre las que germinó un mundo extravagante de lujo, damasquinados y pan de oro… Me hipnotizan los árboles que asoman sobre sus tapias rojizas… ¿Dónde están sus raíces?…

¡Tal vez son ellas las que mantienen amarradas las islas al fondo de la Laguna!…

Venecia es, ante todo, un acto de fe…

-Concluí.

Dibujo de Borja López Cotelo

El Fin de la Tierra!- exclamó el rubio mientras reía-, ¿cuántos fines tendrá la Tierra ahora que hemos perdido el horizonte?14 En mi país lo llamamos Verdens Ende…15

El maître irrumpió de nuevo, trayendo consigo un café de aroma punzante y licores de los cinco continentes.

Dibujo de Sverre Fehn, de FJELD, P. O. (2009). Sverre Fehn. The Pattern of Thought. Nueva York, The Monacelli Press

Bebimos hasta perder la noción del tiempo. El Profesor miraba cada vez con mayor interés un dibujo geométrico que adornaba la bóveda, mientras el viejo y yo discutíamos sobre cuál de los fines de la tierra era más digno de ese nombre.

La densidad del humo crecía al tiempo que, desinhibidos por la embriaguez, celebrábamos nuestra recién nacida amistad y nos profesábamos cumplidos mutuos.

Una música invadió entonces la cripta; oímos unas confusas exclamaciones y, súbitamente, los dos ancianos se levantaron como poseídos por una fuerza superior para precipitarse hacia la sala principal. Me levanté tambaleándome, corrí tras ellos y, más allá de una multitud delirante, creí reconocer sobre el escenario a…

¡Joséphine Baker!

A mi lado, un austrohúngaro de elegancia austera se mesaba su generoso bigote mientras suspiraba:

-¡Ésta sí es una mujer! La Sirena de los Trópicos

Dibujo de Sverre Fehn, de FJELD, P. O. (2009). Sverre Fehn. The Pattern of Thought. Nueva York, The Monacelli Press

No volví a ver a mis compañeros. En el caos de ese tugurio atestado, el humo y mi borrachera hacían imposible diferenciar una cara de otra.

Sé reconocer el final de una noche de fiesta, y –aunque la muchedumbre todavía bailaba agitada-, para mí ese momento había llegado. Atravesé la sala para ganar la puerta y en mi camino escuché, tumbado sobre un diván, cómo un hombre barbudo con acento catalán divagaba sobre el tiempo y los recuerdos.

Subí las escaleras angostas y en el último peldaño leí ‘Club de los Paraísos Perdidos’. Abrí la puerta y pude ver que, en el cielo limpio del alba, el sol y la luna todavía se seguían de lejos, se seguían mirando. Mientras tanto, sobre las fachadas ocres y rojas de Venecia, se proyectaban las primeras sombras del día.

Entorné los ojos. Esa luz me resultaba insoportable.

Borja López Cotelo. Doctor arquitecto
A Coruña. mayo 2012

Notas:
1 FJELD, Per Olaf (2009): Sverre Fehn. The pattern of thought, Nueva York, The Monacelli Press, p. 54
2 FEHN, Sverre en NORBERG-SCHULZ, Ch. & G. POSTIGLIONE [1997]2007. Sverre Fehn. Opera Completa. Milán, Mondadori Electa S.p.A., p. 276
3 Ibid., p. 277
4 BORGES, J.L. (1998). El tamaño de mi esperanza. Madrid, Alianza Editorial. El libro fue escrito en 1926.
5 Eso dijo Carlo Scarpa a Sverre Fehn en un encuentro en Venecia, durante la construcción del pabellón nórdico en los Giardini di Castello. Ver FJELD, Per Olaf: Op. cit., p.64
6 Dogo es el título con el que, entre la dominación bizantina (s. VII) y la conquista napoleónica (1797), se distinguió al magistrado supremo y máximo dirigente de la República de Venecia. En el siglo XV, bajo el mandato de Francesco Foscari, la república se expandió por la península itálica.
7 Per Olaf Fjeld señala que Fehn había hecho esta afirmación en más de una ocasión; ver FJELD, Per Olaf: Op. cit. p.54
8 VV.AA. (1992). Sverre Fehn: L’Architetto del Paese dalle Ombre Lunghe. Nápoles, Fratelli Fiorentino.
9 Fjeld, P. O.(1983). Sverre Fehn. The Thought of Construction. Nueva York, Rizzoli International Publications Inc., p.112
10 Sverre Fehn en NORBERG-SCHULZ, Christian y POSTIGLIONE, Gennaro: Op. cit., p. 204
11 FJELD, Per Olaf (2009): Sverre Fehn. The pattern of thought, p. 54
12 Ibid.
13 SCARPA, C. (1985). Carlo Scarpa. Barcelona, Gustavo Gili.
14 ‘Cuando fue posible identificar el horizonte con una línea trazada sobre una hoja de papel, el misterio se disolvió de una vez por todas. La razón había domado lo irracional’, Sverre Fehn en FJELD, P. O.: Sverre Fehn. The Thought of Construction, p. 27. Uno de los ensayos incluidos en ese volumen que sintetiza gran parte de las ideas de Fehn, se titula ‘La pérdida del horizonte’.
15 Extremo sur de la isla de Tjøme, situada en el fiordo de Oslo, cuya traducción literal es ‘Fin del Mundo’. Podemos citar también el Finisterre gallego, o el Finistèrre francés…

[:en]

Dei Greci was walking slow along the street. It was Thursday, and in the calm atmosphere of these last hours of the day, Venice was looking like another city. I crossed the bridge, got lost for the multicolored Riva degli Schiavoni and sat down in the edge of a channel to seeing to spend the life, allowing that my legs should range to few centimeters of the water. The red stucco of the fronts seemed to me to be at the time voluptuous, sonorously, and I began to imagine long nights of lust and carnival.

Drawing of Sverre Fehn, by NORBERG-SCHULZ, Ch. & G. POSTIGLIONE [1997]2007. Sverre Fehn. Opera Completa. Milán, Mondadori Electa S.p.A.

He was thinking about all these things when I realized that it was not only; to my side, cut away against the livid light of the lanterns, I distinguished the figure of an old man in the one that up to this moment it had not repaired:

-When I sit down here – he said – I remember why I return to Venice again and again.

This city has a few dimensions that follow you, and always it gives you the welcome.1

I scrutinized his face, but in the semidarkness scarcely I could distinguish his clear hair and a few small eyes. After a few seconds, I stuttered:

-Certainly, gentleman … ¡ and then there are these fronts of the red obscene one!

To the blond one it entertained my absurd puntualización. Prorrumpió in a guffaw, spent his arm on my shoulder and suggested:

-I know a trattoria where they prepare the best bacalà mantecà of Venice. It is not far from here.

Drawing of Sverre Fehn, by NORBERG-SCHULZ, Ch. & G. POSTIGLIONE [1997]2007. Sverre Fehn. Opera Completa. Milán, Mondadori Electa S.p.A.

I accepted the invitation: this man seemed of trusting and I was hungry. On having put in foot I discovered his colossal stature, which it was making me feel as one of these dwarfs of circus. While we were walking, it began to speak on some trips of youth, and in his recollections they were mixed the night and the stars:

In Morocco … the desert plain joins the villages as the sea joins the islands – it made clear – the people leave the oases and the peoples mounted in camels or donkeys, guided only by the stars and the Sun.2

It was exactly what was looking alike to be doing in this night of moon: to wander for alleys of silvery pavement, without fixed course or beacons that they us were guiding.

-The successive history – continued the elder-, was the conversation with the night and his stars.3

-When it began to turn the night?4– I answered, metaphysician.

A new guffaw was the response to my rhetorical question:

-Already we have come – it announced-. Here it is.

Drawing of  Sverre Fehn, del Nasjonalmuseet for kunst, arkitektur og design

However much I looked around me I did not see any sign of a restaurant, not still of a tavern. The old man struck with decision a very old door of wood, which prompt yielded to leave at sight a narrow, dark and dismal stairs; without turning, it started descending.

I did not have any more remedy than him continue, and a few seconds later I discovered that not even this sinister threshold had prefigured the scene that it was going to contemplate: a shaded hut, illuminated only by candles parpadeantes on that there was floating a dense smoke of opium and hashish. To left side and right, a collection of extravagant prominent figures they were lounging languid on armchairs draped in it sedates. Between them, since emerged of the glooms, an elegant maître advanced towards us:

-The table is ready – it reported-. Don Carlo waits for them for time.

He guided us later up to a door placed in the opposite end of the room, after which we discover an extraordinary stay: a small crypt on whose walls – stained by the dampness of the lagoon that, undoubtedly, was surrounding us beyond the ashlars – it was resting an ogival vault, maybe we were before the dungeon of a former palazzo or the last track of a few catacombs!

And there, sat with severe expression, there was another man who fixed his look in us.

-Good nights, Teacher – greeted the old man, at the time that it was doing an almost liturgical reverence-. I ask him to forgive our delay.

There is no culture to the north of the Alps…5– the retainer murmured, contradicted.

He was a singular man. His thin beard was framing a sharp face that, together with his aquiline nose and his gray hair brushed backward, he was awarding an aristocratic and delicate aspect. It had the sunked eyes sheltered after a few round and excessive glasses.

We sit down to the table and the maître served Petrus up to filling our glasses forged with Murano’s blue glass. The old man lifted his and exclaimed:

-Cheers!

Drawing of Sverre Fehn, by NORBERG-SCHULZ, Ch. & G. POSTIGLIONE [1997]2007. Sverre Fehn. Opera Completa. Milán, Mondadori Electa S.p.A.

The slow movements of our host, his careful way of putting the glass in the table after every drink of wine, his look señoril and layabout, were making it seem – at least less to my eyes – the very same reincarnation of the Dogo Foscari 6.

The old man, from whom now yes it could distinguish the face, was looking like on the other hand a more prosaic mundane, great man. It was the one who began the conversation.

-Teacher, would like to be grateful to him first that permits to explain my project. Some time ago that I have this aspiration … they have passed already fifty years since I drew it for the first time, and still do not be if Venice will have accepted it.

The Venetian smiled with a mixture of commiseration and skepticism, and the blond one began the story of this project that I was eager to know:

– It will see – said the old man-, in Venice every tree is precious … and in the plot it had a few7

Later, his speech became confused. It began to speak about the northern light, about a world without shades; it was gesturing frantically, almost desperate. Neither the host nor I were dealing about what he was speaking.

Suddenly, his look stopped in the tablecloth – made with the thinnest Egyptian paper-, took a nib and planned on him a succinct drawing:

Drawing of Sverre Fehn, de FJELD, P. O. (2009). Sverre Fehn.

-I was born in the Country of the Long Shades8,in this Ultima Thule not known for the southern ones – it made clear-. When I had to do the project, I scarcely was overcoming thirty years. Venice looked like to me an invention that exists as a container of dreams looking for the inexplicable thing…9 a city that lives in the magic reflection of the light between the channels of laguna.10 Because of it – it continued-, in the distant 1958, I outlined something like that:

Drawing of Sverre Fehn, de NORBERG-SCHULZ, Ch. & G. POSTIGLIONE [1997]2007. Sverre Fehn. Opera Completa. Milán, Mondadori Electa S.p.A.

-This one is the project – it summarized-. An interference in the nature that blurs the beams of this Mediterranean Sun to bring to Venice the light of the North.

The host and I had silenced. The clarity of these essential sketches had made any word unnecessary, they had illuminated an unintelligible speech.

In this instant, breaking the silence, the maître appeared with an enormous tray of couscous.

– I have taken the freedom of changing the menu – indicated the Teacher-. The bacalá does not sit well at these hours. Already I have an age …

The blond one smiled and showed his conformity; there seemed he to like it the idea of experiencing a strange flavor:

-In the end – he thought-, Venice is the city of the thieves, the city of the merchants. Any possible goods happen across this city.11

Drawing of Sverre Fehn, de NORBERG-SCHULZ, Ch. & G. POSTIGLIONE [1997]2007. Sverre Fehn. Opera Completa. Milán, Mondadori Electa S.p.A.

We ate, and meanwhile the old man spoke keenly it brings over of Venice and his artists. He assured that, when it was looking at Carpaccio’s pictures, it was possible to imagine to yes same across the whole Venetian life12.

The Teacher, much less loquacious, was chewing slowly the semola of grain until suddenly, moved by an interior drive, it supported the cutlery in the table, it extracted of his pocket a worn-out pencil and affirmed:

I want to see the things, do not rely any more that of this … because of it I draw.

Only I can see the things if I draw them.13 -While it was declaring these words, his graphite began to delineate on the tablecloth a meticulous image:

Drawing of Carlo Scarpa, of SCARPA, C. (1985). Carlo Scarpa. Barcelona, Gustavo Gili

– This is in what I am interested of Venice – he said-. How it will be able to accept the advent of ‘ the new thing ‘.

I, who up to this instant had remained comfortable in my guest’s paper of stone, startled when the blond one turned towards me and inquired:

– And you, boy? What might you tell us of Venice? …

I remained silently … there was getting frightened the idea of speaking opposite to these two strangers! – is it the first time that you visit the city? – he insisted-. You will be able to tell something to these two old men!-

After a few seconds of doubt, the effects of the narcotic smoke that was corrupting the air pushed me to count my history:

– I grew in the End of the Earth – I began-. There the land meets the sea as a knife meets the skin: everything is concrete, absolute, violent …-

I took my felt-tip pen and, as if about an epidemic initiated in the hands of these two men it was treating itself, began to illustrate my statement…

Borja López Cotelo´s drawings

– The first time that I saw Venice – continué – looked like to me a spectrum that was floating in the lagoon…

Borja López Cotelo´s drawings

-Then I understood that actually it is an illusion, the trick of a conjurer, pure wile: his islands rest on million stakes fixed in the mire, on which an extravagant world of luxury germinated, damascened and golden bread … I am hypnotized by the trees that begin to show on his reddish walls … where are his roots? … maybe they are they those who keep the islands stingy to the bottom of the Lagoon! … Venice is, first of all, an act of faith … – I concluded.

Borja López Cotelo´s drawings

The End of the Earth! – it exclaimed the blond one while he was laughing-, how many ends the Earth will have now that we have lost the horizon14? In my country we are called it Verdens Ende 15

The maître irrumpió again, bringing I obtain a coffee of sharp aroma and liquors of five continents.

Drawing of Sverre Fehn, de FJELD, P. O. (2009). Sverre Fehn. The Pattern of Thought. Nueva York, The Monacelli Press

We drank up to losing the notion of the time. The Teacher was looking every time with major interest at a geometrical design that was adorning the vault, while the old man and I were discussing which of the ends of the land was worthier of this name.

The density of the smoke was growing at the time that, uninhibited for the drunkenness, we were celebrating our newborn child friendship and were practising ours mutual compliments.

A music invaded then the crypt; we hear a few confused exclamations and, suddenly, both elders got up like possessed by a top force to rush towards the principal room. I got up staggering, I ran after them and, beyond a delirious multitude, was thinking about admitting on the scene to … Joséphine Baker!

To my side, the Austro-Hungarian one of austere elegance mesaba his generous moustache while it was sighing: – this one yes is a woman! The Siren of the Tropics

Drawing of Sverre Fehn, de FJELD, P. O. (2009). Sverre Fehn. The Pattern of Thought. Nueva York, The Monacelli Press

I did not return to see my companions. In the chaos of this crammed hut, the smoke and my drunkenness were doing impossibly to separate a face from other one.

I know recognize the end of a night of holiday, and – though the crowd still was dancing waved-, for me this moment had come. I crossed the room to gain the door and in my way I listened, knocked down on a divan, how a bearded man with Catalan accent was digressing on the time and the recollections. I raised the narrow stairs and in the last step I read ‘Club of the Lost Paradise’. I opened the door and could see that, in the clean sky of the dawn, the Sun and the moon still were following of distant view, they continued looking. Meanwhile, on the fronts ocres and red of Venice, the first shades of the day were projected.

I half-closed the eyes. This light me was turning out to be unbearable.

Borja López Cotelo. Doctor architect

A Coruña. may 2012

Notes:

1 FJELD, Per Olaf (2009): Sverre Fehn. The pattern of thought, Nueva York, The Monacelli Press, p. 54

2 FEHN, Sverre en NORBERG-SCHULZ, Ch. & G. POSTIGLIONE [1997]2007. Sverre Fehn. Opera Completa. Milán, Mondadori Electa S.p.A., p. 276

3 Ibid., p. 277

4 BORGES, J.L. (1998). El tamaño de mi esperanza. Madrid, Alianza Editorial. The book was written in 1926.

5 Carlo Scarpa said it to Sverre Fehn in a meeting in Venice, during the construction of the northern pavilion in the Giardini I gave Castello. See FJELD, Per Olaf: Op. cit., p.64

6 Dogo is the title with which, between the Byzantine domination (s. The VIIth) and the Napoleonic conquest (1797), there was distinguished the supreme justice and maximum leader of the Republic of Venice. In the 15th century, under Francesco Foscari’s mandate, the republic expanded to the italic peninsula.

7 Per Olaf Fjeld indicates that Fehn had done this affirmation in more than one occasion; to see FJELD, Per Olaf: Op. cit. p.54

8 VV.AA. (1992). Sverre Fehn: L’Architetto del Paese dalle Ombre Lunghe. Nápoles, Fratelli Fiorentino.

9 Fjeld, P. O.(1983). Sverre Fehn. The Thought of Construction. Nueva York, Rizzoli International Publications Inc., p.112

10 Sverre Fehn en NORBERG-SCHULZ, Christian y POSTIGLIONE, Gennaro: Op. cit., p. 204

11 FJELD, Per Olaf (2009): Sverre Fehn. The pattern of thought, p. 54

12 Ibid.

13 SCARPA, C. (1985). Carlo Scarpa. Barcelona, Gustavo Gili.

14 ‘When it was possible to identify the horizon with a line planned on a leaf of paper, the mystery dissolved once and for all. The reason had tamed the irrational thing’, Sverre Fehn in FJELD, P. O.: Sverre Fehn. The Thought of Construction, p. 27. One of the tests included in this volume that synthesizes great part of Fehn’s ideas, titles ‘ The loss of the horizon ‘.

15 South end of Tjøme’s island, placed in the fiord of Oslo, which literal translation is a ‘End of the World’. We can mention also the Galician Finisterre, or the French Finistèrre …

[:gl]

Camiñaba devagar pola rúa Dei Greci. Era xoves, e na atmosfera tranquila desas últimas horas do día, Venecia parecía outra cidade. Crucei a ponte, perdinme pola charramangueira Riva degli Schiavoni e senteime no bordo dunha canle a ver pasar a vida, deixando que as miñas pernas oscilasen a poucos centímetros da auga. O estucado vermello das fachadas pareceume entón voluptuoso, sonoro, e comecei a imaxinar noites longas de luxuria e carnaval.

Debuxo de Sverre Fehn, de NORBERG-SCHULZ, Ch. & G. POSTIGLIONE [1997]2007. Sverre Fehn. Opera Completa. Milán, Mondadori Electa S.p.A.

Pensaba en todas esas cousas cando me decatei de que non estaba só; ao meu lado, recortada contra a luz lívida dos farois, distinguín a figura dun vello no que ata ese momento non reparara:

-Cando me sinto aquí- dixo- recordo por que volvo a Venecia unha e outra vez.

Esta cidade ten unhas dimensións que te seguen, e sempre che dá a bienvenida.1

Escrutei o seu rostro, pero na penumbra apenas puiden distinguir o seu pelo claro e uns ollos pequenos. Tras uns segundos, balbucín:

-Dende logo, cabaleiro… ¡E logo están esas fachadas dun vermello obsceno!

Ao louro divertiulle a miña absurda puntualización. Prorrumpió nunha gargallada, pasou o seu brazo sobre o meu ombro e suxeriu:

-Coñezo unha trattoria onde preparan o mellor bacalà mantecà de Venecia. Non está lonxe de aquí.

Debuxo de Sverre Fehn, de NORBERG-SCHULZ, Ch. & G. POSTIGLIONE [1997]2007. Sverre Fehn. Opera Completa. Milán, Mondadori Electa S.p.A.

Aceptei o convite: ese home parecía de fiar e eu tiña unha fame feroz. Ao poñernos de pé descubrín a súa colosal estatura, que me facía sentir como un deses ananos de circo. Mentres camiñabamos, comezou a falar sobre algunhas viaxes de xuventude, e nos seus recordos mesturáronse a noite e os astros:

En Marruecos…la chaira desértica une as aldeas como o mar une as illas -explicou – a xente abandona os oasis e os pobos montada en camelos ou burros, guiada só polas estrelas e o sol.2

Iso era exactamente o que me parecía estar a facer nesa noite de lúa: errar por canellas de pavimento arxentado, sen rumbo fixo nin faros que nos guiasen.

-A historia sucesiva– proseguiu o ancián-, foi a conversación coa noite e os seus estrellas.3

¿Cando comezou a verse a noche?4– Respondí, metafísico.

Unha nova gargallada foi a resposta á miña pregunta retórica:

-Xa chegamos- anunciou-. Aquí é.

Debuxo de Sverre Fehn, del Nasjonalmuseet for kunst, arkitektur og design

Por máis que mirei á miña arredor non vin ningún sinal dun restaurante, nin aínda dunha taberna. O vello golpeou con decisión unha vetusta porta de madeira, que pronto cedeu para deixar á vista unha escaleira estreita, escura e tétrica; sen volverse, empezou a descender.

Non tiven máis remedio que seguilo, e uns segundos despois descubrín que nin sequera ese sinistro albor prefigurara a escena que ía contemplar: un tugurio sombrío, iluminado só por velas parpadeantes sobre as que flotaba un fume denso de opio e hachix. A esquerda e dereita, unha colección de personaxes extravagantes arrellanaban se lánguidos sobre cadeiras de brazos tapizadas en seda. Entre eles, como emerxido das tebras, un elegante maître avanzou cara a nós:

-A mesa está lista -informou-. Don Carlo espéraos dende hai tempo.

Guiounos a continuación ata unha porta situada no extremo oposto da sala, tras a que descubrimos unha estanza extraordinaria: unha pequena cripta sobre cuxos muros -manchados pola humidade da lagoa que, sen dúbida, nos rodeaba máis alá dos perpiaños- descansaba unha bóveda oxival, talvez estabamos ante o alxube dun antigo palazzo ou o último rastro dunhas catacumbas!

E alí, sentado con expresión severa, estaba outro home que fixou a súa mirada en nós.

-Boas noites, Profesor -saudou o vello, ao tempo que facía unha reverencia case litúrxica-. Prégolle que desculpe o noso atraso.

Non hai cultura ao norte dos Alpes5– murmurou, contrariado, o comensal.

Era un home singular. A súa barba rala enmarcaba un rostro afiado que, xunto co seu nariz aquilino e o seu pelo gris peiteado cara a atrás, lle confería un aspecto aristocrático e delicado. Tiña os ollos afundidos, parapetados tras uns lentes redondos e excesivos.

Sentámonos á mesa e o maître serviu Petrus ata encher as nosas copas, forxadas cun vidro azul de Murano. O vello alzou a súa e exclamou:

-¡Saúde!

Debuxo de Sverre Fehn, de NORBERG-SCHULZ, Ch. & G. POSTIGLIONE [1997]2007. Sverre Fehn. Opera Completa. Milán, Mondadori Electa S.p.A.

Os movementos pausados do noso anfitrión, o seu coidadoso xeito de pousar a copa na mesa tras cada trago de viño, a súa mirada señoril e vago, facíano parecer -polo menos aos meus ollos- a mesma reencarnación do Dogo Foscari 6.

O vello, do que agora si podía distinguir o rostro, parecía en cambio un home mundano, moito máis prosaico. El foi quen comezou a conversación.

-Profesor, querería en primeiro lugar agradecerlle que me permita explicar o meu proxecto. Hai tempo que teño esa aspiración…han transcorrido xa cincuenta anos dende que o debuxei por primeira vez, e aínda non sei se Venecia o terá aceptado.

O veneciano sorriu cunha mestura de conmiseración e escepticismo, e o louro comezou a narración dese proxecto que eu estaba ansioso por coñecer:

Verá– dixo o vello-, en Venecia cada árbore é precioso…y na parcela había uns cuantos7

A continuación, o seu discurso volveuse confuso. Comezou a falar da luz nórdica, dun mundo sen sombras; xesticulaba frenético, case desesperado. Nin o anfitrión nin eu entendiamos de que estaba a falar.

De pronto, a súa mirada detívose no mantel -confeccionado cun fino papel exipcio-, colleu unha plumiña e trazou sobre el un debuxo conciso:

Debuxos de Sverre Fehn, de FJELD, P. O. (2009). Sverre Fehn.

-Nacín no País das Sombras Longas8 , nesa Ultima Thule descoñecida para os meridionais -explicou-. Cando tiven que facer o proxecto, eu apenas superaba os trinta anos. Venecia pareceume unha invención que existe como un colector de sonos buscando o inexplicable 9 unha cidade que vive no reflexo máxico da luz entre as canles da laguna.10 Por iso -continuou-, no afastado 1958, esbocei algo así:

Debuxo de Sverre Fehn, de NORBERG-SCHULZ, Ch. & G. POSTIGLIONE [1997]2007. Sverre Fehn. Opera Completa. Milán, Mondadori Electa S.p.A.

-Este é o proxecto- resumiu-. Unha interferencia na natureza que esvae os raios deste sol mediterráneo para traer a Venecia a luz do Norte.

O anfitrión e eu enmudeceramos. A claridade deses bosquexos esenciais fixera innecesaria calquera palabra, iluminaran un discurso inintelixible.

Nese instante, rompendo o silencio, apareceu o maître cunha enorme bandexa de cuscús.

– Tomeime a liberdade de cambiar o menú- sinalou o Profesor-. O bacalá non senta ben a estas horas. Xa teño unha idade…

O louro sorriu e mostrou a súa conformidade; parecía gustarlle a idea de experimentar un sabor estraño:

Á fin e ao cabo -reflexionou-, Venecia é a cidade dos ladróns, a cidade dos comerciantes. Calquera posible mercadoría pasa a través desta ciudad.11

Debuxo de Sverre Fehn, de NORBERG-SCHULZ, Ch. & G. POSTIGLIONE [1997]2007. Sverre Fehn. Opera Completa. Milán, Mondadori Electa S.p.A.

Comemos, e mentres tanto o vello falou con entusiasmo acerca de Venecia e os seus artistas. Asegurou que, cando miraba os cadros de Carpaccio, se podía imaxinar a si mesmo a través de toda a vida veneciana12.

O Profesor, moito menos locuaz, mastigaba lentamente a sémola de gran ata que de pronto, movido por unha pulsión interior, apoiou os cubertos na mesa, sacou do seu peto un lapis gastado e afirmou:

– Quero ver as cousas, non me fío máis que de esto…por iso debuxo.

Só podo ver as cousas se as dibujo.13 -Mentres pronunciaba esas palabras, o seu grafito comezou a delinear sobre o mantel unha imaxe minuciosa:

Dibujo de Carlo Scarpa, de SCARPA, C. (1985). Carlo Scarpa. Barcelona, Gustavo Gili

-Isto é o que a min me interesa de Venecia -dixo-. Como poderá aceptar a chegada de ‘o novo’.

Eu, que ata ese instante permanecera cómodo no meu papel de convidado de pedra, sobresalteime cando o louro se volveu cara a min e inquiriu:

-¿E ti, rapaz? ¿Que poderías contarnos de Venecia?…

Permanecín en silencio… ¡Atemorizábame a idea de falar fronte a eses dous desconocidos!-¿É a primeira vez que visitas a cidade? -insistiu-. ¡Algo poderás contar a estes dous viejos!-

Tras uns segundos de dúbida, os efectos do fume narcótico que viciaba o aire empurráronme a contar a miña historia:

-Crecín no Fin da Terra– comecei-. Alí a terra encóntrase co mar como un coitelo se encontra coa pel: todo é concreto, absoluto, violento… –

Collín o meu rotulador e, coma se dunha epidemia iniciada nas mans deses dous homes se tratase, comecei a ilustrar o meu relato…

Debuxo de Borja López Cotelo

-A primeira vez que vin Venecia -continuei- pareceume un espectro que flotaba na lagoa..

Debuxo de Borja López Cotelo

-Logo comprendín que en realidade é unha ilusión, o truco dun prestidixitador, puro engano: as súas illas apóianse en millóns de estacas cravadas no lama, sobre as que xerminou un mundo extravagante de luxo, damasquinados e pan de ouro… me hipnotizan as árbores que asoman sobre os seus valos avermellados… ¿Onde están as súas raíces?… ¡Talvez son elas as que manteñen amarradas as illas ao fondo da Laguna!… Venecia é, ante todo, un acto de fe… -Concluín.

Dibujo de Borja López Cotelo

¡O Fin da Terra!– exclamou o louro mentres ría-, ¿cantos fins terá a Terra agora que perdemos o horizonte14? No meu país chamámolo Verdens Ende 15

O maître irrompeu de novo, traendo consigo un café de aroma punzante e licores dos cinco continentes.

Debuxo de Sverre Fehn, de FJELD, P. O. (2009). Sverre Fehn. The Pattern of Thought. Nueva York, The Monacelli Press

Bebemos ata perder a noción do tempo. O Profesor miraba cada vez con maior interese un debuxo xeométrico que adornaba a bóveda, mentres o vello e eu discutiamos sobre cal dos fins da terra era máis digno dese nome.

A densidade do fume crecía ao tempo que, desinhibidos pola embriaguez, celebrabamos a nosa acabada de nacer amizade e profesabámonos cumprimentos mutuos.

Unha música invadiu entón a cripta; oímos unhas confusas exclamacións e, subitamente, os dous anciáns levantáronse como posuídos por unha forza superior para precipitarse cara á sala principal. Erguínme cambaleándome, corrín tras eles e, máis alá dunha multitude delirante, crin recoñecer sobre o escenario a… ¡Joséphine Baker!

Ao meu lado, un austrohúngaro de elegancia austera se mesaba o seu xeneroso bigote mentres suspiraba:

-¡Ésta si é unha muller! A Serea dos Trópicos

Debuxo de Sverre Fehn, de FJELD, P. O. (2009). Sverre Fehn. The Pattern of Thought. Nueva York, The Monacelli Press

Non volvín ver os meus compañeiros. No caos dese tugurio atestado, o fume e a miña borracheira facían imposible diferenciar unha cara doutra.

Se recoñecer o final dunha noite de festa, e -aínda que a multitude aínda bailaba axitada-, para min ese momento chegara. Atravesei a sala para gañar a porta e no meu camiño escoitei, tombado sobre un diván, como un home barbudo con acento catalán divagaba sobre o tempo e os recordos.

Subín as escaleiras angostas e no último chanzo lin ‘Club dos Paraísos Perdidos’. Abrín a porta e puiden ver que, no ceo limpo da alba, o sol e a lúa aínda se seguían de lonxe, seguíanse mirando. Mentres tanto, sobre as fachadas ocres e vermellas de Venecia, proxectábanse as primeiras sombras do día.

Entornei os ollos. Esa luz resultábame insoportable.

Borja López Cotelo. Doutor arquitecto

A Coruña. maio 2012

Notas:

1 FJELD, Per Olaf (2009): Sverre Fehn. The pattern of thought, Nueva York, The Monacelli Press, p. 54

2 FEHN, Sverre en NORBERG-SCHULZ, Ch. & G. POSTIGLIONE [1997]2007. Sverre Fehn. Opera Completa. Milán, Mondadori Electa S.p.A., p. 276

3 Ibid., p. 277

4 BORGES, J.L. (1998). El tamaño de mi esperanza. Madrid, Alianza Editorial. El libro fue escrito en 1926.

5 Eso dixo Carlo Scarpa a Sverre Fehn nun encontro en Venecia, durante a construción do pavillón nórdico nos Giardini dei Castello. Ver FJELD, Per Olaf: Op. cit., p.64

6 Dogo é o título co que, entre a dominación bizantina (s. VII) e a conquista napoleónica (1797), se distinguiu o maxistrado supremo e máximo dirixente da República de Venecia. No século XV, baixo o mandato de Francesco Foscari, a república expandiuse pola península itálica.

7 Per Olaf Fjeld señala que Fehn había hecho esta afirmación en más de una ocasión; ver FJELD, Per Olaf: Op. cit. p.54

8 VV.AA. (1992). Sverre Fehn: L’Architetto del Paese dalle Ombre Lunghe. Nápoles, Fratelli Fiorentino.

9 Fjeld, P. O.(1983). Sverre Fehn. The Thought of Construction. Nueva York, Rizzoli International Publications Inc., p.112

10 Sverre Fehn en NORBERG-SCHULZ, Christian y POSTIGLIONE, Gennaro: Op. cit., p. 204

11 FJELD, Per Olaf (2009): Sverre Fehn. The pattern of thought, p. 54

12 Ibid.

13 SCARPA, C. (1985). Carlo Scarpa. Barcelona, Gustavo Gili.

14 ‘Cando foi posible identificar o horizonte cunha liña trazada sobre unha folla de papel, o misterio disolveuse dunha vez por todas. A razón domara o irracional’, Sverre Fehn en FJELD, P. O.: Sverre Fehn. The Thought of Construction, páx. 27. Un dos ensaios incluídos nese volume que sintetiza gran parte das ideas de Fehn, titúlase ‘A perda do horizonte’.

15 Extremo sur da illa de Tjøme, situada no fiorde de Oslo, cuxa tradución literal é ‘Fin do Mundo’. Podemos citar tamén o Finisterre galego, ou o Finistèrre francés…

[:]

Borja López Cotelo
Borja López Cotelohttp://lasonceymedia.com/
Borja López Cotelo y Maria Olmo Béjar, arquitectos por la ETSAC desde 2007. Borja López Cotelo, arquitecto doctor por la Universidade da Coruña desde 2013.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
ARTÍCULOS DEL AUTOR
0 0 votos
Article Rating
Suscribirse
Notificarme
guest
0 Comments
Los más recientes
Los más viejos Los más votados

Espónsor

Síguenos

23,683FansMe gusta
5,321SeguidoresSeguir
1,844SeguidoresSeguir
23,782SeguidoresSeguir

Promoción

También:

feedly

Columnistas destacados

Íñigo García Odiaga
87 Publicaciones0 COMENTARIOS
Antonio S. Río Vázquez
57 Publicaciones0 COMENTARIOS
José del Carmen Palacios Aguilar
54 Publicaciones0 COMENTARIOS
Aldo G. Facho Dede
50 Publicaciones0 COMENTARIOS